NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE RUMIKO TAKAHASHI Y SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO SIN GANAR MÁS QUE COMENTARIOS.
¡Hola! aquí está el último capítulo. Después le sigue el epílogo que ya tengo en mente. Gracias a todos los que leyeron mi historia y más a los que se animaron a dejarme comentarios, tuve un buen recibimiento en el fandom de Ranma y por eso planeo hacer otro fic largo del anime. Ahí haber que inventa mi imaginación.
Sin más preámbulos, aquí os dejo el capítulo. Disfruten y comenten.
Revisión de Comentarios:
PFCP: No, ya subí el capítulo :)
Akai27: ¡Me alegra saber que te gustaron esas escenas! La que más me gustó escribir es cuando están en el altar, me pareció una situación muy buena para que les caiga el veinte de que deben empezar a pensar a futuro y no en el presente. ¡Gracias por el apoyo!
Lucille: Me halaga que te gustara tanto y más sabiendo que es de lo primero que lees de Ranma. Te recomiendo fics de R y Trekumi. Ambas autoras están en mi perfil xD
Capitulo 4: Recepción.
El salón era grande, lo necesario para albergar a todos los amigos, conocidos y colados de la familia Tendo y Saotome. Los primeros en llegar fueron, obviamente, los familiares de la novia. La decoración era más que espléndida; los floreros colocados en estratégicos lugares brillaban por el ligero rocío sobre las flores. Los centros de mesa eran esferas de cristal que reflejaban los colores de reflectores para proyectar enormes arco iris. Los manteles bordados y listones que colgaban de las mesas y paredes hacían ameno el ambiente.
La mesa para los novios estaba colocada en la parte central del fondo. Detrás, seis enormes pilares sostenían lo que simulaba ser un techo romano descuidado, rodeado de flores blancas que le daban un toque mágico, como una ruina sacada de un cuento de hadas. En los rincones, pensando en los niños, había globos plateados y algunas pelotas pequeñitas de goma que no molestarían a nadie.
No pudieron hacer más que aplaudirle a la buena organizadora, Yuka Iwakura. Esta mujer es muy buena para crear ambientes románticos… creo que debo tomar en serio su consejo.
Mientras, Ranma estaba admirando el bellísimo salón que olía a flores frescas. De reojo observó la ilusionada mirada de su prometida; sabía que, como toda mujer, Akane ansiaba casarse. Y no dudaba de que ella estuviese ya cansándose de tanto esperar. Repentinamente, se sintió entristecido y melancólico, experimentando auténtica envidia ¿No podría ser ése el salón para festejar su boda con Akane?
De inmediato se retracto por tal pensamiento. Kasumi merecía ser muy feliz en su día por lo bondadosa y paciente que era. Ranma admiraba a esa mujer, bueno, a las tres Tendo, pero quizá un poco más a Kasumi. Y es que, desde la muerte de su madre la señora Tendo, ella se hizo cargo de sus hermanas menores y su familia con una dulce sonrisa en sus labios y maternales atenciones.
¿De dónde había sacado tanta fuerza una niña que debería llorarle a su madre? Esa perseverancia y dulzura le hacían profesarle un respeto más que profundo. Nabiki, en cambio, era otra cosa. Comprendía que perder a su madre la habría hecho más fría y calculadora, quizá de ahí surgía la razón de que siempre pensara en dinero. Pero, fuera de eso, podía llegar a ser buena.
Akane era harina de otro costal. Su prometida había perdido a su mamá cuando era demasiado pequeña como para intentar comprender del todo a la muerte. Sabía por las fotografías que recelosamente guardaba en su álbum y las veces que hablaba con ella, de lo mucho que extrañaba a su madre. Por más fuerte que fuera, Akane demostraba ser una niñita, la misma que era cuando partió su mamá, cada vez que visitaban ceremoniosamente el panteón para bendecir y orar sobre la tumba de la Señora Tendo.
Y sabía que era eso lo que despertó ese interés en ser autosuficiente. En no depender de nadie, ser fuerte, decidida, una mujer capaz de defenderse por sí misma. Ranma era consciente de que si Akane viviera en un mundo normal con personas comunes le tendrían miedo. Pero, conviviendo con puros artistas marciales expertos en las artes de la magia y el engaño, era lógico que se sintiera menos que ellos.
Su vida podría ser más feliz y normal sin que todos mis lunáticos enemigos y amigos estén alrededor de ella. Pensaba Ranma, viendo que Akane no dejaba de ver entusiasmada las flores. No obstante, ella parece ser tan feliz conmigo… ¿Qué pierdo con decirle, mínimo, lo que siento?
Se movieron rápidamente. Distribuyéndose por todo el salón, solo Soun y Akane quedaron parados en el umbral recibiendo a los invitados que llegaban lentamente con invitaciones en mano.
-¡Bienvenido!—decían siempre al unísono—Pero ¿Qué hacen aquí en la puerta? ¡Pasen, que se está bien dentro!
Ranma estaba sentado al lado de Nodoka en una de las mesas principales—destinadas a la familia cercana—viendo que las expresiones de Akane se tornaban dulces y amables cada vez que veía a un invitados. Su madre lo notó.
-¿Y bien hijo, con quién piensas bailar durante la boda?—preguntó, sonriéndole de una manera curiosamente coqueta que le hizo enrojecer.
-Yo… etto… ¡No sabía que debía bailar!—dijo lo primero que se le ocurrió.
-¿Cómo que no? Entonces ¿Para que vienes a la boda?
-¿Para apoyar a Kasumi?
La mirada de su madre le borró toda intención de hacerse el gracioso ante la situación que le estaba planteando. Se encogió de hombros y suspiró mientras hacia acopio de valor para que el sonido saliera limpio de sus cuerdas vocales.
-Pensaba… pedírselo a Akane.
-Ah…-dijo ella—Me parece muy bien, tesoro.
Nodoka no podía ocultar su cara de satisfacción y eso a Ranma le molestó. Ese había sido un día bastante pesado y seguía sin terminar. Había tenido muchos sentimientos encontrados con respecto a su relación con Akane y no atinaba a decidirse por qué hacer. ¿Decirle que con ese vestido estaba acaparando toda la atención masculina por ser tan bella, y más para él? ¡Ah, no! Podría burlarse… o… rechazarlo.
Ahí recaían casi todos sus temores, por no decir todos. Ranma amaba a Akane y por eso también le tenía miedo. Era como había leído en un libro, hacia tiempo "cuanto más amor le das a una persona, más oportunidad le das para destruirte" ¡cuánta razón tenía el que hubiese escrito eso aunque no recordara su nombre! Si lo rechazaba, dolería demasiado. Más de lo que ya dolía no poder tenerla.
"¿Y si ella en público se burla de mí? ¡No! Tampoco sería tan malvada, la conozco pero… ¡Estúpida incertidumbre! ¿es que debe existir, no puede eliminarse? ¡Ah!"
Nodoka, notando esa inseguridad en su hijo, se inclinó a su oído y habló.
-¿Sabes? Hay una cosa que todas las mujeres admiramos y buscamos en un hombre, hijo—pronunció las palabras con una seriedad a la vez envuelta en dulzura que dejó a Ranma atentísimo a lo que dijera.
-¿Y qué es?
-Confianza—respondió con simplicidad—La que los hace lo suficientemente valientes para acercarse a una mujer y decirles: "Te quiero, y quisiera estar a tu lado". Cuando un hombre, sea como sea, se nos para firme y seguro de sí mismo enfrente para decirnos eso, aunque no podamos corresponderle a sus sentimientos, sentimos hacia él un gran respeto que jamás desaparecerá.
-Pero… ¿Y si siente… es decir… corresponde?
-Entonces, nos ponemos de lo más felices al saber que el hombre al que amamos es valiente y lleno de seguridad. Toda vacilación que tengamos desaparece entonces y decimos "Si".
Ranma pensó en las palabras de su madre. Eran verdad, pues recordaba que cuando era más joven siempre sintió admiración de las chiquillas que se le paraban enfrente para revelarle sus sentimientos, aún cuando llevara una semana de conocerlas. Las despedía con cortesía y sabía que podrían ellas superarlo porque no las humillaba para nada. Además, el paso por las aldeas donde esas niñas vivían era corto y con su padre emprendía rápido otro viaje.
-¿Por qué siempre tienes razón, mamá?—dijo con fingido fastidio.
-Experiencia amor, experiencia—respondió sonriente—Sólo piénsalo hijo y toma las decisiones correctas. No siempre tenemos segundas oportunidades.
Dicho eso se paró y caminó al tocador. Ranma pensó en las segundas oportunidades de la vida, reviviendo en sus recuerdos el espantoso accidente de Jusenkyo. Fue como sentir nuevamente el pálido y frío cuerpo de Akane contra su pecho, inmóvil, entumida, y sin vida.
Tuvo que cerrar los ojos y controlarse, ese recuerdo siempre le era espantoso. Pero en el fondo Ranma sabía que en aquel momento se le dio otra oportunidad. Una para decirle lo mucho que la quería y sus ansias de hacerla feliz. De hacerla plena, de vivir con ella toda la eternidad de ser posible. Exageraba ¿No? Quizá. Pero sus sentimientos eran más profundos de lo que él mismo pensó tener.
-Ay Akane… ¡Cómo me haces sufrir!—resopló, tomando un sorbo de soda del vaso enfrente suyo.
Siguió tranquilo, mirando pasar a la gente, hasta que escuchó una voz a sus espaldas.
-¡Airen!—dijo la china, acercándose al chico hasta abrazarlo.
-¿Shampoo?
-¡Deja de meterte donde no te llaman!—gritó Ukyo, apareciendo con un bello vestido morado de escote y encaje negro… y una pala de comida en sus manos.
-Tú no ser llamada aquí—respondió Shampoo con frialdad, separándose de Ranma para encarar a Ukyo. Las dos se lanzaron miradas lascivas; Ranma pudo entonces ver bien a Shampoo, que llevaba un lindo vestido al estilo chino de brillante tela roja y bordado dorado.
-¡Vete de aquí!
-¡Irte tú!
Las dos chicas se abalanzaron una contra la otra. El estruendo llamó la atención de casi todos los invitados, quienes ya se habían hecho la idea de que en cada fiesta Tendo o Saotome habría pelea. Apartándose de la esquina donde peleaban las dos mujeres, pronto el círculo de batalla se hizo más grande.
-¡Alto, las dos!—gritaba Ranma, pero ninguna le hacía caso. Murmurando en su lenguaje de chicas, se lanzaban patadas, navajas, golpes y todo tipo de cosa con tal de obtener la victoria.
Ranma estaba desesperado por detenerlas, pero no atinaba a qué hacer para conseguir su objetivo. No fue si no hasta que un florero estuvo a punto de caerse, salvado milagrosamente por Ranma, que apareció Akane rodeada de un aura dos veces más grande y roja de lo normal.
-¿Qué. Están. Haciendo?—la furia contenida en cada una de sus palabras detuvo abruptamente la pelea entre ambas guerreras.
-Nosotras…—quiso hablar Shampoo.
-¡Ustedes estaban arruinando la boda de mi hermana!—gritó Akane, con manos sobre su cintura y mirada llameante que dejó congelada la sangre de Ukyo y Shampoo por igual.
-Eh…
-¡CÁLLENSE! Lo diré una sola y vez y creo que será suficiente. Peleen lo que quieran, cuanto quieran y cómo quieran ¡PERO NO AQUÍ! Es una boda ¿No pueden estar tranquilas ni en una fiesta? ¡Se me comportan o las hecho a patadas! ¿Me oyeron?
Sorprendidas por la agresividad de la menor de los Tendo y del duro carácter multiplicado por mil, las dos chicas bajaron la cabeza avergonzadas y susurraron "sí" yéndose lejos de Akane y reapareciendo ya más calmadas después de varios minutos sin ganas aparentes de pelear.
-Con ese carácter das miedo, Akane—dijo Ranma, costándole reprimir su propio miedo.
-¿Tú crees?—ella no se mostraba menos furiosa—¡Estamos en serios problemas, baka! ¡Y todo por tu culpa!
-¡Ah caray! ¿Mía? Estás loca, marimacho—respondió, parándose de su asiento y encarándola.
-¿No? Dime una cosa ¿Dónde fregados está el Tío Genma, idiota?
Ranma rodó los ojos buscando a su padre por todo el salón. Miles de invitados charlando, sentados, parados, tomando ponche o soda fueron lo que captaron sus pupilas. Y, después, a una nerviosa Nabiki y un Soun comiéndose las uñas con ansiedad.
-¿No ha llegado?—¡Tonto! ¿No pudiste hacer una pregunta mejor? Se recriminó.
-¡NO! ¿O lo ves aquí y estoy yo ciega?
Retrocedió un poco ante los ojos despectivos y desesperados de su prometida. Sabía que le iría mal. Pero, así como ese miedo había llegado, se fue para aparecer en él una furia igual o hasta mayor que la de Akane. ¡Le había dado clarísimas instrucciones a su padre de que fuera cuidadoso y prudente con ese encargo! ¿Y qué hacía? ¡Llegaba tarde! ¡Menudo apoyo!
Golpeó con fuerza y puño cerrado la mesa, haciéndola temblar y las copas caerse. De milagro no se rompió.
-¡Maldito panda nunca se le puede pedir nada!—maldijo, con coraje.
-Sí, dime algo que no sepa—respondió Akane—Ahora el punto es ¿Qué hacemos?
-Lo primero, voy a llamarse.
Para la ocasión y modernizarse, Nabiki había dado a la familia la idea de comprarse teléfonos celulares. La cosa fue curiosa, porque nadie estaba acostumbrado a esos aparatos y aunque eran funcionales se les olvidaba cómo usarlos de vez en cuando. Ranma, ahora, bendijo esa decisión de su futura cuñada y tomó el celular para marcarle a su progenitor.
Como hecho adrede, Genma no contestó. Sólo al tercer intento respondió.
-¡¿Dónde estás?—gritó Ranma sin darle tiempo a su papá de decir algo más.
-¡Ah, eres tú Ranma! Perdón por no contestar, se me olvida qué botón aplanar todavía, jejeje—fue su respuesta.
-¡No me importa! ¿en donde fregados estás, que deberías haber llegado hace casi una hora?
-Bueno… Ranma… esto es vergonzoso.
-¡Qué!
-Si te lo digo me odiarás.
-Más lo haré si no me lo dices ¡Anda, hazlo! ¡Sé hombre, papá!
-Me perdí buscando la tienda y no he recogido el regalo—Ranma juraba haber escuchado romperse parte de su cordura en su mente—Y pues… no sé dónde estoy…
Los gritos de Saotome fueron afortunadamente opacados por la música del oportuno DJ. Akane lo esperaba impaciente a que terminara su berrinche para hablar con él. Ranma colgó bruscamente su teléfono y nunca aflojó sus puños.
-¿Y bien?—preguntó la chica.
-Se perdió.
Akane sentía que le daría un colapso.
-¡Así que vamos nosotros!—declaró Ranma, para sorpresa de su prometida.
-¿Qué?
-faltan aproximadamente cuarenta minutos para que termine la sesión de fotos entre Kasumi y Tofú. Tenemos ese tiempo para recoger el maldito regalo ¿entendido?
Impresionada por su determinación, Akane se limitó a asentir. Los dos chicos salieron del salón por la puerta trasera para que nadie los viera, claro, antes fueron con Nabiki para pedirle de favor que los cubriera. Ella aceptó, pero por la cuota de seguro los dos aristas marciales quedarían en banca rota después.
-¡Vamos Akane, a correr1—dijo el chico, agarrando su mano para que pudieran ir más rápido. Pero ella en vez de seguirlo se agarró del poste de luz y así evito que Ranma lo jalara, el chico sintió dolor en su hombro y luego el reboto cuando regresó como elástico hacia su prometida.
-¿Qué tienes ahora?—demandó enojado.
-¿Acaso crees que con este vestido podré correr tan rápido como tú? ¡Si tuviera pantalón o algo menos formal desde luego! Pero estoy de gala, baka.
-¿Y no puedes por una maldita noche olvidar tu etiqueta?
-Sólo si por una noche dejas de pelear.
Ranma se calló, no encontrando con qué devolverle ese ataque. Miró bien la vestimenta de su prometida, la tela del vestido ciertamente era delicada y podría romperse o mancharse con mucha facilidad. Aparte, se le veía tan bien… ¡No! No era el momento de pensar en eso. Sacudió un poco la cabeza y después la miró penetrante.
-Bien ¿Y qué propones que haga?—inquirió molesto.
Akane adoptó una postura más cómoda, mirando entre nerviosa y curiosa a su prometido. Sentía que sus ojos penetraban hasta lo más escondido de su alma y las ganas de decirle cuánto la afectaba eso a su enamorado corazón iban creciendo. Pero lo detuvo. No era el momento, tenían cosas más importantes ahora por hacer.
Se levantó un poco la falda de su vestido y caminó por la calle mientras pensaba, Ranma siguiéndola a poca distancia, guardando ambos silencio para despejar la mente.
-¿Podríamos ir en carro de sitio?—propuso después.
-¿Con qué dinero?
-La casa está cerca—replicó la chica—Tengo suficiente dinero para un viaje de ida y otro de regreso.
-Déjalo, yo pago ¡Pero vamos!
Quiso decirle que ella bien podía pagar, pero Ranma no le dio tiempo y saltó a la barda para perderse en la lejanía, dejando a Akane bajo la luz de una farola.
-¡Idiota!—le gritó, mientras levantaba aún más su falda en un patético intento de mínimo trotar. Se rindió pronto, los tacones la cansaban demasiado.
Así de pronto como la silueta de Ranma desaparecía, el chico regresó ya con dinero en uno de los bolsos de su pantalón.
-Volví.
-¿Qué te crees dejándome así?—demandó Akane furiosa.
-¿Cómo? Sólo fui por el dinero, tonta—respondió enfadado.
-¿Y no podías esperarme?
-¿Con lo lenta que eres en tacones? ¡Hubiésemos llegado mañana!
-¡Grosero!
-¡Boba!
Molestos se dieron las espaldas, pero pasados apenas unos cuantos minutos se les pasó el enfado y se miraron apenados. Estaban ahí, corriendo contra el tiempo para recoger el regalo de Kasumi y ni eso podían hacer sin pelear. Que patético.
Ranma fue el que rompió el silencio.
-¿Vamos? Se hace más tarde.
Sin decir nada, Akane recogió algo su falda y caminó al lado de él. Siguieron así hasta llegar a una calle donde detuvieron a un taxi. El trayecto aún en el vehículo fue completamente silencioso, ninguno se atrevía a hablar. La tensión contagió al propio taxista que miraba extrañada cómo era posible que dos jóvenes tan atractivos y buenos tuvieran tales problemas.
-¡Es ahí!—indico Akane.
-Bien—el chofer se estacionó—Son quinientos yenes.
-Aquí tiene—Ranma le dio el dinero exacto y ayudó a Akane para que bajara del auto. Los dos caminaron hacia el establecimiento. Ya cuando estaban algo lejos, el conductor volteó hacia adelante y miró la delicada estatua que colgaba de su retrovisor, pequeñita y fina.
-¿Los ayudas? Creo que de verdad lo ocupan—el taxista besó suavemente la imagen y murmuró una oración por lo bajo, antes de emprender otro viaje en busca de clientes.
Mientras, Ranma y Akane entraron al local.
-¡Buenas noches!—saludó la empleada, que se mostró curiosa al notar los trajes de gala que tenían—Eh… ¿En qué puedo ayudarles?
-Vinimos a recoger un encargo—habló Ranma ahora—A nombre de Tendo.
-¿Tendo?
-Sí.
-Permítame.
La chica bajo los ojos para buscar en su libreta todos los encargos. Encontró al final un encargo a nombre de Akane Tendo, pero algo llamó su atención. Los miró con el ceño fruncido.
-¿Akane Tendo?
-Soy yo—respondió la susodicha.
-Ya vinieron a recoger el paquete.
Ambos chicos se quedaron con la mirada completamente desenfocada, mirando como loca a la señorita.
-¿¡QUE!
-¿Quién?—conteniéndose, Akane no gritó agudo.
-Un hombre llamado Genma Saotome, decía ser familiar. ¡Es más, se acaba de ir hace como cinco minutos!
Akane se movió un poco miedosa al notar el aura de Ranma crecer más… y más… y más.
-¡PAPÁ!—Gritó al fin, con todas sus fuerzas, causando que dos clientes salieran apresurados del local y la empleada quedase petrificada atrás del mostrador. Akane tomó suavemente su mano y lo guío a la salida.
-Ya Ranma, calma, ya tranquilo.—Iba susurrando para poder tranquilizar a su prometido, que parecía haber entrado en una crisis nerviosa.
-¡Es qué…!
-¡SHH!—Colocó dos dedos sobre sus labios, callándolo de inmediato—El punto es que el regalo ya va camino al salón y con eso es suficiente. Llegará a tiempo. Y nosotros debemos irnos también.
Miró el reloj. Sí, como quince minutos aproximadamente para que Kasumi llegara.
-Vámonos.
Se pararon sobre la banqueta, justo al lado de la calle ¡Pero no pasaba ni un solo auto de sitio! ¿Dónde habían quedado los condenados? Nerviosos imploraban que un dichoso taxi dignase aparecer. Miles de personas iban y venían en sus autos particulares, desesperados, incluso pidieron aventón a ellos. Pero la caballerosidad quedó olvidada esa noche porque se hicieron locos y fingieron no verlos alzando los brazos desesperados y gritando "¡Pare!"
-¡Pero así les va en el futuro, viejos estúpidos!—gritaba Akane, mientras otro auto pasaba enfrente de ella a toda velocidad sin voltea a verla—Malditos groseros…
-¡Acá! ¡Por favor!—Ranma daba una señal a otro coche, que pasó sin mirarlo—¡Estúpidos así les haré cuando tenga mi auto!
Akane tuvo ganas de reír por la manera tan furiosa y de cierto modo graciosa con la que Ranma había gritado aquello. Pero en vez de eso sintió más coraje porque tenían muchísima prisa y no había ni un alma solidaria que se dignase ayudarlos.
Hasta que, lejana, apareció una forma que al reconocerla les hizo escuchar el coro de los ángeles y una inmaculada luz celestial rodearlos. ¡Era un taxi! ¡Parado enfrente suyos! Quisieron llorar ¡Al fin la vida era justa! No demoraron nada en subirse los dos en la parte trasera del auto, emocionados, mientras el amargado y gordo conductor refunfuñada malhumorado.
-¿A dónde?—preguntó de mal modo.
La alegría menguó ante esos espantosos modales, pero no desapareció.
-Al Salón de Eventos "Claro Marcial"—respondió Ranma, con tono también molesto.
El chofer replicó.
-¿Hasta allá? Debe estar bromeando.
-¡Pero si le vamos a pagar!—reclamó el artista marcial.
-¿Y? ¿El esfuerzo con qué me lo pagas?
-Vámonos Akane, este hombre flojo por demás no le gusta trabajar—dijo Ranma, agarrando la mano de Akane y tratando de abrir la puerta del coche.
-¡Oiga! ¿A dónde cree que va? ¿Es que acaso no lo voy a llevar al Claro Marcial?
Ranma se quedó quieto. Akane solo escuchaba la conversación sin participar en ella, puesto que no sabía qué postura tomar ¿Estaría loco ese hombre?
-Pero…
-¡Epa, no replique y siéntese bien porque será un viaje agitado!
Pisó el acelerador.
Los cuerpos de Ranma y Akane golpearon el respaldo con fuerza y se quedaron ahí presionados por la fuerza de la aceleración. Sus manos, que no se habían soltado, solo se aferraron más uno al otro por el miedo y adrenalina. La inercia les jugaba malas pasadas cuando el conductor daba vueltas repentinamente de calle en calle y tan pronunciadas, que los hizo pegarse en varias ocasiones con las puertas. En una de esas, Ranma no pudo evitar caer encima de Akane quien respingó.
-¡Tenga más cuidado!—le reclamó el chico, a lo que el chofer hizo poco caso.
Akane no dijo nada porque sabía que Ranma no tenía la culpa, pero no por eso estaba menos molesta. Sabiéndolo, su prometido rodeó su cuerpo con ambos brazos y estrechada contra su pecho, trató de protegerla de los constantes choques con respaldos y puertas. El conductor hacía como que no escuchaba sus quejas.
Entre sus maniobras extrañas, abrió la ventanilla y por ahí tiró algunos papeles que tenía en el asiento delantero. Por la velocidad a la que iba el auto entró de colado fuerte viento al auto que pegó brusco y directo a los dos pasajeros. Ambos cerraron los ojos por la sorpresa y después gritaron por la incómoda sensación de cosquilleo en sus estómagos, productos de las tres vueltas seguidas que casi los estampa contra el suelo del auto.
-Una más y me bajo—murmuró Ranma en el oído de su prometida, molesto, mientras ambos se recostaban en el asiento para evitarse tantos movimientos bruscos.
Eso funcionó, pues las siguientes vueltas y el viento que seguía entrando por la ventana no les afectaba de la misma y directa manera.
-Llegamos—anunció repentinamente el chofer, haciendo que al fin abrieron sus ojos y se sentaran. Cuando notaron que seguían abrazados y muy juntos, se sonrojaron fuertemente.
-¡Ya era hora!—exclamó repentinamente Akane, separándose renuente de Ranma para bajarse del coche.
El arista marcial quedó extrañado por ese comportamiento por parte de su prometida. No era anormal, pero… él quería tenerla en sus brazos. Era confortable. Se siente muy bien sentir su cuerpo junto al mío. Suspirando, Ranma pagó de mala gana al chofer no sin reclamarle su "delicada" manera de llevar pasajeros. Éste no dijo nada y lo esperó a que bajara del taxi.
Akane lo esperaba parada en la acera, tenía los brazos cruzados y trataba inútilmente de peinarse el cabello, todo esponjado por el intenso aire que se coló por la ventana. Ranma no Baka, ¿Porqué me abraza de esa manera? ¿Es que no entiende que si lo hace jamás querré dejarlo? ¡Idiota! ¿Por qué sus brazos tienen que ser tan tentadores?... detuvo sus pensamientos cuando el dueño de ellos descendió del auto y la miró intensamente.
El taxista sonrió de manera satisfactoria cuando miró a la parejita adentrarse al salón tímidamente agarrados de la mano. Sacó un radio de su bolsillo y aplanó el botón del comunicador.
-Misión cumplida—susurró. La suave voz le contestó: "Bien, ya puedes volver" Inmediatamente prendió al coche y se perdió entre la oscuridad de la noche, curiosamente, tras pasar una misteriosa luz blanca.
Ni Ranma ni Akane presenciaron eso, porque ellos estaban demasiado sonrojados y pensando en sus manos entrelazadas como para percatarse de lo que les rodeaba. En la pista de baile danzaban ya los esposos, que recién habían llegado, mirándose con un cariño impresionante y dando vueltas al compás de la música en una atmósfera mágica de amor puro.
Todos los observaban maravillados, Ranma quedó impresionado y apretó inconscientemente más su agarre hacia su prometida. Quiso abrazarla, pero se contuvo ligeramente, aún así, las ansias le ganaron y dijo en voz baja:
-Quisiera que nuestra boda sea así—cuando se percató de lo que dijo, quiso retractarse, pero al ver la ilusionada mirada de Akane solo pudo sonrojarse más y sonreír tímidamente para desviar sus ojos.
Akane, por su parte, sentía que volaba de felicidad por eso. Y susurró bajito, pero lo suficientemente alto para que él la escuchara:
-A mí también.
Tras esas palabras no hubo ya necesidad de pedir permiso para un abrazo. Fue lento pero tierno. Aunque no se habían declarado abiertamente sus emociones, los sentimientos que escondieron esas simples oraciones eran demasiado claros como para dudar. Y eso los ponía felices.
Pero la necesidad de expresar sin límite el amor que se profesaban estaba ganando terreno. Pronto muchas parejas rodearon a los novios en bailes lentos y llenos de ternura; ellos mismos querían imitar esos delicados movimientos, miradas y besos en las mejillas. Pero ¿Cómo, si no se declaraban?
Desesperados, ansiados del amor mutuo, voltearon para mirarse fijamente. Los ojos de ella y los de él encerraban sólo dos palabras; la misma emoción nadaba en los mares de Ranma como caminaba sobre las lozas de tierra de Akane. ¡Y querían decirlo, sin limitaciones, abrir sus labios y pronunciar dos simples palabras! Maldito miedo que los paralizaba.
-¡Airén! ¿Poder bailar una pieza conmigo?—preguntó Shampoo, tranquila y nada escandalosa, pues había tomado en serio la amenaza de Akane y su propio honor le decía que no era decoroso arruinar bodas ajenas.
Ranma salió de sus cavilaciones cuando notó a la esbelta china sonreírle dulcemente. Detrás estaba Ukyo, pero su amiga tenía rastros de lágrimas en sus mejillas y le sonrió antes de darse la vuelta.
-¿Sí?—insitió.
-Anda Ranma—le animó Akane, comprendiendo que de seguro su prometido eso querría—Ve.
Quiso soltarse de su agarre, pero Ranma apretó más su mano para que no soltara y miró a Shampoo con firmeza pero a la vez delicadeza.
-Me encantaría Shampoo, pero ya se lo prometí a Akane y sabes que jamás rompo mis promesas—le habló de una manera que ninguna de las dos chicas pudo terminar de interpretar. La china murmuró un "está bien" antes de irse seguramente desconsolada.
-¿Conmigo?—repitió Akane, escandalizada y mirándolo con ojos desmesuradamente abiertos. A lo que Ranma le sonrió con una confianza impresionante.
-Sí
-Pero…
-¡Sin peros! Vamos Akane, sólo es un baile.
La jaló con suavidad y colocó su mano sobre la cadera de la chica. Ella estaba más roja que un tomate cuando tuvo que poner su propia mano sobre el fornido hombro de su prometido. Así, llegaron a la pista y comenzaron a moverse primero torpemente al son de la música. Después, daban giros con delicadeza y mientras más lenta se hacía la canción, más romance se sentía.
Akane solo miraba a Ranma, nada más. Nadie más le importaba en esos momentos. Con sus ojos puestos en el chico que tanto amaba, recordó las palabras de la buena decoradora y pensó en tomar la iniciativa. Se inclinó hacia él, cada vez más cerca. Pero Ranma se apartó para su sorpresa. Iba apena a decir algo cuando él le ganó:
-Primero, soy un tonto, de eso no hay duda—guardó un poco de silencio, acopiando valor para proseguir—Pero necesito ya decirte esto que he guardado por mucho tiempo. Ha sido el miedo y el orgullo lo que me ha impedido decírtelo ¡Pero no aguanto más!
-Ranma yo…
-¡Déjame acabar!—ella calló, extrañada y mirándolo sin dejar ninguno de los dos de moverse al son de la música.
Bajó la mirada unos segundos, que acaso se hicieron minutos. Empero, al levantarla, sus ojos brillaban de lágrimas contenidas y sentimientos encontrados en una revolución de ideas muy rápidas. La acercó más y estrechó en un abrazo donde ya no sabían dónde terminaba su cuerpo y empezaba el otro. En su oído, susurró:
-Te quiero… mucho.
Ante esas ansiadas palabras Akane soltó un llanto silencioso lleno de gratitud. Le entraron hartas ganas de gritar de alegría pero se contuvo. Separó su rostro del de Ranma y se le acercó de frente hasta que sus labios quedaron a pocos milímetros.
-Y yo a ti baka—susurró.
Solo faltaban esas palabras.
Y entonces sus labios quedaron apresados en un beso tan tierno y a la vez apasionado, que dejó con la cara de tonto a los testigos morbosos y miradores de la parejita joven. Su corto, no muy largo, y tras el beso Akane recostó su cabeza en el pecho de su prometido. Abrazados, siguieron meneándose al ritmo de la canción.
-Era hora—declaró Nabiki.
-¡Mi hijo!—exclamó Nodoka llorando de felicidad.
Soun y Genma yacían desmayados en el suelo. Sabrá el señor si por la alegría o la sorpresa. Y el público en general… bueno… con decir que Shampoo y Ukyo desaparecieron el resto de la velada es suficiente.
Pero todo desapareció para la pareja. Que seguía inmersa en un mundo perfecto, donde todo al fin era como debía ser.
Pibliqué hace poco dos one-shots de Ranma por si les interesa leerlos:
20 de enero que es un song-fic a mi parecer muy tierno y Con Ella que me salió curiosamente romántico. Los dos están en mi perfil ¡Pasen y vean, por favor!
Publicaré el epílogo muy pronto, se los prometo.
¡Chao!
