Disclaimer:Los personajes fueron creados por la maravillosa de Stephenie Meyer. Yo Lorena Millersolo juego con ellos. La historia es una locura de mi inapropiada imaginación y mi evidente enfermedad mental xD. Se prohíbe la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. DileNOal plagio.
CAPITULO CUATRO
Bella soltó un suspiro de alivio cuando un auto negro se detuvo frente a ella. Aguardó hasta que el cristal bajó y se acercó un tanto desconfiada; era el tercer automóvil que pasaba por el camino pero el primero en retornar, se acercó lo suficiente para ser escuchada pero lo suficiente para huir si presentía peligro.
—Buenas noches. Me quedé sin gasolina, ¿Podrían llevarme al hotel más cercano? —imploró para que el conductor aceptara, por un instante se encontró con la mirada de una chica, ella le sonrió y Bella le sonrió de regreso.
Carlisle feliz por como Alice le había llamado después de medio año desde su adopción, bajó del auto y ayudó a chica a subir sus maletas en la cajuela. Ella se presentó como Isabella Dwyer. Bella no quería que nadie supiera que era una Swan, así como su padre la había catalogado. Por supuesto que se sentía cobarde por haber huido de su propia casa pero necesitaba formar su propia identidad.
En el transcurso se enteró de que el señor se llamaba Carlisle y la muchacha Alice, su hija. La chica trato de hacer plática con Bella, pero ella estaba concentrada en lo que haría después que terminó ignorando la mitad de lo que Alice le platicaba.
Llegaron a un hotel con diseño contemporáneo, Carlisle y su hija acompañaron a la castaña hasta la recepción. Alice nunca había pisado un hotel tan elegante, miró embobada el diseño en las paredes, las pinturas rupestres, los colores e incluso las texturas de los muebles, disfrutó el aroma a canela del lugar y la tranquilidad que desprendía el hotel. Después de unos minutos, Bella se acercó a Carlisle y Alice.
—No hay habitaciones disponibles, ya que la mitad del hotel esta en mantenimiento —anunció apunto de arrepentirse y volver a su casa—. Supongo que lo mejor será que se vayan, tomaré un taxi que me lleve a otro hotel. Gracias por su ayuda —les agradeció con una sonrisa amable.
—¿Pero tienes idea de a dónde ir? —le pregunto Alice, renuente de alejarse de la chica.
Bella negó conscientemente.
—No, pero hay muchos hoteles en chicago y debe de haber una habitación disponible.
Carlisle sintió que la castaña intentaba sonar segura y con esperanza, Alice no parecía estar segura de si dejarla por su cuenta era lo mejor y así se lo hizo saber a su padre; Carlisle empezó a creer que estaba perdiendo su cabeza cuando tomó las maletas de Bella y las metió a su auto, Alice tomó el brazo de una incrédula Bella y la arrastró también hasta el auto con mucha alegría.
—Esta noche dormirás en nuestra casa —le comunicó Alice—. Y antes de que hables, no eres una molestia y si quieres sólo quédate por hoy, no es seguro que no sepas donde ir de noche.
—Pues... Gracias —respondió.
Le sonrió a Carlisle con agradecimiento; Bella incluso se parecía en Esme físicamente, confiaba en la intuición que tenía como médico y que le decía que Isabella no representaba un peligro para su familia.
Esme se maravilló al observar a Bella en el umbral de su casa; se recordó tanto a sí misma en su adolescencia, la única diferencia de Bella era su cabello en un tono más claro, antes de siguiera pedir explicaciones a su marido o a su hija le preguntó a Bella si había cenado, al principio Bella se sintió aturdida y tardó en responder afirmativamente.
La sala como toda la casa Cullen era bonita, espaciosa y tranquila. La casa Swan estaba ambientada en tonos chocolate a diferencia de los tonos claros de ésta; tan sólo en la sala se sintió como en el cielo. Esme se sentó al lado de su marido y le sonrió, Bella se entristeció al recordar a sus padres cuando hacían lo mismo.
—Isabella no tenía donde dormir ésta noche, el hotel estaba lleno y creo que no es buena idea que deambule sola en la noche —habló Alice con su ceño levente fruncido.
—Por supuesto que no es buena idea —concordó con Alice—. Fue una buena idea traerla en la casa —felicitó a su marido.
—Isabella, puedes quedarte el tiempo que desees; de todas maneras tenemos muchas habitaciones disponibles —le comentó Carlisle con diversión.
—No quiero aprovecharme de su ayuda —la castaña sonrió a medias.
—No eres una molestia, además a Alice no le vendría mal tu compañía —murmuro Esme y Carlisle estuvo de acuerdo con su mujer.
—¿Cuántos años tienes Isabella?, no me gustaría que nos detuvieran por tener a una menor de edad —Carlisle le preguntó.
—No será un problema, tengo dieciocho* —respondió con una sonrisa, se empezaba a sentir más cómoda —. Y por favor, llámenme Bella.
—Bella, ¡Tienes que dormir al lado de mi habitación!, te encantara —Alice le parloteó alegremente.
—Cualquier habitación estaría bien —murmuro tímidamente.
Nunca antes había conocido a alguien tan alegre como Alice y nunca había tenido una conversación tan larga como con los Cullen. Sólo conversaba con Sue, y eso cuando Carmen no estaba cerca porque para ella los empleados y los dueños de la casan no debían de convivir.
—Alice enséñale a Bella la habitación que dices —le pidió Esme, Alice obedientemente se llevó a la chica escaleras arriba. Esme y Carlisle sonrieron divertidos, era como una niña a quien le acaban de comprar una muñeca nueva—. Vas por Alice y regresas con otra chica; es muy eficiente, Doctor Cullen.
—Así de eficiente soy —le respondió a su esposa—. Sin embargo, siento que Bella oculta algo.
—Como todos —sonrió compresiva—. Por algo está igual de sola que Alice lo estaba y por algo la encontraste. Es cuestión de tiempo, Cariño, las personas siempre guardan secretos. Incluso a veces siento que Alice tiene uno —murmuro Esme mirando hacia la dirección en que ambas muchachas se habían ido.
—Tienes razón —la miró con amor.
—Subiré a despedirme de las chicas —se despidió de su marido con un beso.
Después de hacer unas cosas más Esme entró en la habitación donde Bella platicaba animadamente con Alice.
—¿Todo bien?, ¿Necesitas algo? —le pregunto a Bella.
—No, han hecho mucho por mí, gracias.
Le restó importancia y observó la habitación limpia que Alice había elegido para Bella; disponible como la mayoría de las habitaciones, todos amueblados y sin inquilinos, Esme seguía sin comprender lo que les llevó a comprar una casa tan grande.
—Así son ellos, tendrás que acostumbrarte; son demasiado buenos para ser reales —le comentó Alice, sacándole una sonrisa a Esme—. Mejor te dejamos descansar debes de estar cansada.
Esme le dio un beso en la frente a Alice y uno a Bella, la primera se había acostumbrado pero la segunda había olvidado lo bonito que era una muestra de cariño; para Esme era algo normal, pero esa vez fue un beso de bienvenida.
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Al otro extremo de Seattle Edward Cullen no podía dejar de dar vueltas en la comodidad de su cama, cuando sentía los parpados pasados se sobresaltaba y despertaba. No sabía bien que ocurría con su cuerpo pero dormir no era algo que quisiera. Bajó al salón de su casa y se entretuvo tocando una canción de cuna, la melodía era hermosa y fluía ligeramente por el aire llenando el lugar de tranquilidad y armonía. Armonía que desapareció cuando se dio cuenta de que tenía público.
—Edward, ¿Por qué demonios no me dejas dormir? —lo reprendió su tío, Edward bajó la tapa del piano y miró avergonzado a su tío.
Aro Masen no era precisamente un hombre compresivo, odiaba que su sobrino no lo dejara dormir después de un día tan agotador, se moría de ganas para que el heredero Masen desapareciera de su vida; o al menos de su vista.
—Lo siento, no volverá a pasar.
—Lo siento, lo siento, ¡Eso dijiste ayer! —gruñó Aro de mal humor.
—Es sólo que...
—Olvídalo, solamente déjame dormir porque mañana será un gran día —interrumpió a su sobrino.
Edward salió del salón y se dirigió a su habitación, odiaba no poder tocar el piano pero odiaba aún más enfadar a su tío; no sabía hasta donde podía llegar su notoria molestia hacia él y tampoco quería averiguarlo.
Sus padres habían muerto en un accidente automovilístico cuando tenía doce años, había sido horrible y recordaba el funeral al día siguiente: todos estaban ahí mirándolo con pena; había escuchado lo que le ocurría aun huérfano, estaba completamente seguro de que lo mandarían a una casa hogar pero antes de leerse el testamento apareció su tío Aro, al principio se negó a hacerse cargo de él pero después de leerse el testamento se volvió su tutor.
Desde eso Aro Masen había sido su tutor por ocho años aparte de que manejaba la empresa automotriz que su padre fundó con mucho esfuerzo, Edward no tenía ni idea de cómo llevar al éxito una empresa mundialmente conocida aunque sabía que llegaría el día en que tuviera que hacerse cargo ella. Su tío era injusto con él pero el que no lo hubiera dejado solo lo recompensaba.
Después de un largo tiempo concilió el sueño. Ésa mañana desayunaría con un hombre que haría un acuerdo de negocios con Aro. Era extraño que su tío lo llevara a una cita de trabajo. El desayuno era en un restaurante muy privilegiado en la zona, tal vez él fuera un ignorante pero no venia la diferencia entre algo costoso, la comida era igual.
—Edward, éste señor quiere hacer negocios, es muy importante sólo escuches y no hables, ¿Entendido?
—Sí, ¿Y si tengo dudas?
—No los tendrás —Aro le respondió.
Llegó un hombre que no había visto nunca en su vida, cuando se presentó tuvo un presentimiento no muy bueno, sobre todo no entendió que negocios podían existir entre una empresa automotriz y una de Derecho. Su tío llevó la conversación y discutió varios puntos sin piedad con el hombre hasta que su tío le llamo la atención.
—¿Sabes qué es esto?
—¿Un contrato? —se aventuró.
—Lo es. Es un contrato y tú tienes un papel muy importante en esto —el chico no comprendió a que se refería su tío y el otro señor estaba distraído como para prestarle atención.
—¿Yo? ¿Cómo? —Aro nunca lo había querido en el negocio, no era un secreto ni para los socios.
—Una de las cláusulas del contrato es tener que casarte con la hija del señor —murmuro sólo para que Edward lo escuchara.
—Yo no puedo hacer eso... —titubeó el chico aturdido—. Ni siquiera conozco a su hija.
—Eso no importa y no te lo estoy preguntando te lo estoy comentando.
Sin que Edward pudiera hacer algo, Aro firmó el documento cerrando el contrato y planificando la vida de su sobrino. Fácil y rápido, únicamente le faltaba quedarse con la empresa de su hermano.
Cuando la reunión finalizó Aro sacó del brazo violentamente a Edward con toda la sutileza que pudo demostrar en el restaurante, el chico estaba en shock y Aro no tenía tiempo para sus estupideces.
Edward entró a su habitación sintiéndose un aturdido, las noches anteriores no había podido dormir y era seguro que esa noche tampoco lo haría. Su tío no le había dado más explicaciones antes de irse a la empresa, sabia de lo que su tío era capaz pero un matrimonio era demasiado.
Se acostó en su cama para pensar con claridad. Su madre lo había llenado de ideas acerca del matrimonio, le había aconsejado acerca de que hacer para que funcione y un matrimonio sin amor no era una de ellas. Su madre había dicho que cuando conociera una chica que llenara sus días y noches, lo hiciera reír y viceversa entonces él sabría que habría encontrado a la mujer indicada. Su madre no hubiera permitido ese matrimonio, su padre tampoco ¿Él lo permitiría?
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Por la mañana siguiente, Alice corrió a la habitación siguiente al suyo y tocó suavemente, Bella le abrió la puerta y la saludó.
—¿Te desperté?
Bella negó suavemente regalándole una especie de sonrisa.
—La verdad es que no pude dormir.
—¿No te sientes cómoda? ¿La colcha es muy dura? —Alice quiso saber.
—No es eso, me enamore de toda la habitación —respondió divertida.
—Entonces… ¿Preocupación?
—Supongo —aceptó de mala gana.
—Carlisle no tiene su turno hasta mañana por lo que se despertará hasta tarde con Esme. ¿Qué te parece si hacemos nuestro desayuno? —le propuso.
La castaña aceptó y entro a la habitación para cambiarse y acordó encontrarse con la pelinegra en la cocina, cuando terminó se encontró con ella en la amplia cocina.
—¿Bella, sabes cocinar? —la chica asintió.
—¿Qué quieres desayunar? —le preguntó a Alice.
—Realmente no tengo idea. No soy buena cocinando nada ¿Alguna idea? —Bella le sonrió suavemente.
Usualmente en casa no cocinaba pero gracias a Sue podía sobrevivir. Después de pensar por un minuto un menú apto para desayunar ambas chicas pusieron manos a la obra. Cuando Esme y Carlisle bajaron se sorprendieron al ver un pequeño banquete sencillo y con un aroma prometedor. Esme entró en su cocina y comprobó que Bella le estaba enseñando a Alice a cocinar un omelette.
—Buenos días, chicas —las saludó mientras las observaba con curiosidad —. ¿Cocinando?
—Buenos días, no se preocupe Señora Cullen, dejaré la cocina limpia —murmuro Bella, apenada.
—No hay problema, bueno sí... dime Esme. ¿Acaso ustedes cocinaron todo lo que está en el comedor?
—La magia lo hizo Bella —le explicó Alice poniéndole relleno a su omelette con precisión.
—Huele delicioso —comentó Esme.
—Y sabe delicioso. Buenos días, chicas —Carlisle hizo acto de presencia en la cocina, Bella se sonrojo por la aprobación a su comida.
Mientras desayunaban Alice comenzó un pequeño cuestionario que la castaña respondió sin problemas hasta que Esme le cuestionó sobre sus padres, por supuesto bajó la mirada a su plato incomoda pero respondió.
—Mi madre falleció.
—Lo siento —se disculpó la mujer totalmente arrepentida de su pregunta.
—Fue hace tiempo, no importa —la castaña intentó restarle importancia.
—Mis padres también fallecieron —comentó Alice logrando que Bella estuviera confundida—. Esme y Carlisle no son mis padres biológicos, pero los quiero de esa manera.
Esme sonrió y sintió sus ojos cristalizarse de la emoción de escuchar hablar abiertamente a su hija sobre su historia, su marido tomó su mano suavemente como apoyo.
—Mi padre está vivo, pero se casó de nuevo, su esposa e hija no son las mejores personas del mundo así que decidí alejarme un tiempo de él, de cualquier manera él se ha olvidado de que soy su hija —les confesó Bella en un susurro.
—Ningún padre podría olvidarse de su hija —le dijo Carlisle suavemente.
—El mío me dijo que soy digna de ser su hija —Isabella soltó un suspiró.
—¿Crees que podrás arreglártelas sin un familiar?, ¿Rompiste la relación con tu padre para siempre?
—Carlisle —intervino Esme.
—No hay problema. No estoy segura de sí podré pero no quiero ser lo que mi padre quiera que sea, quiero descubrir quién soy. Y no, no rompí mi relación con él, espero que él me acepte tal como soy —respondió Bella con seguridad.
—Estoy seguro de que le demostraras que eres una gran hija —Carlisle le dijo un poco aturdido por las palabras de la chica y le sonrió con comprensión.
—Gracias, aunque primero tengo que demostrármelo a mí misma.
Sintió un abrazo repentino y se dio cuenta de que Alice la abrazaba, le regresó el abrazo con media sonrisa; sintiéndose ligera y comprendida.
—Créeme, estoy segura que lo lograras —le dijo la pequeña de la familia.
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Bella estuvo días buscando un lugar para vivir pero los departamentos eran grandes o muy costosos. Ella tenía dinero pero tampoco lo iba a malgastar. Una tarde fue al supermercado por unas cuantas cosas que Esme le encargó y esa tarde se encontró con Sue, ambas se sorprendieron. Hicieron las compras juntas, charlaron y Sue le comentó que conocía el lugar perfecto para ella.
Tiempo después Bella decidió inscribirse en una escuela pública y mudarse al departamento que encontró. Esme le hizo prometer que pasaría a cenar en la casa Cullen siempre que pudiera, por supuesto no se pudo negarse, los conocía por apenas dos semanas pero se sentía comprendida por los Cullen.
El departamento era pequeño; Sue, Esme y Alice la habían ayudado para ambientarlo y que se identificara con ella. Por Sue sabía que su padre estaba bien pero seguía sin preguntar por ella, Carmen y su hija habían salido de viaje y la casa estaba muy silenciosa y fría.
Un día durante una de las cenas con los Cullen, Alice mencionó que deseaba asistir a una escuela como Bella. Una publica y no para adultos aunque estuviera algunos años atrasados.
—¿Estás segura? —le había preguntado su padre.
—Sí, creo que estoy lista. Me tomara tiempo adaptarme pero podré hacerlo.
A Carlisle se le dificultaba el hecho de aceptar las apresuradas decisiones de su hija, miró a dirección de Isabella y le preguntó:
—¿Bella crees que sea buena idea?
La chica dejó de comer para mirar a los Cullen confundida.
—No creo que deba opinar; es algo familiar.
—¡Vamos, Bells! —chilló Alice por su ayuda.
—Eres parte de nuestra familia, ahora queremos tu opinión —Esme le insistió.
Bella les sonrió afligida y sorprendida de ser aceptada como parte de aquella familia pero sobre todo porque le pidieran su opinión.
—Me parece una buena idea, Alice tendría amigos de su edad.
Alice dio saltitos de alegría en su lugar y miro a su padre con ilusión.
—Lo pensaremos —Carlisle aceptó con media sonrisa.
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—Edward, necesito que vengas a la empresa. Hay algo que tienes que ver —le dijo su tío Aro por teléfono—. Y Edward, ven en el Aston Martin.
Se sorprendió notablemente, el Aston pertenecía a su tío y no le dejaba tocarlo. Aun así busco las llaves y se dirigió a la empresa automotriz.
En la oficina presidencial de la empresa automotriz: Aro Masen tomó su teléfono con línea privada, cuando escuchó que descolgaran el teléfono habló con seguridad.
—Viene para la empresa.
—Espero que la paga sea buena —la voz grave del otro lado le gruñó.
—Espero que no dejes pistas —cortó la comunicación.
Aro levantó su rostro con una sonrisa que provocaba escalofríos, miró con orgullo la placa que presumía con letras cursivas la palabra: Presidente; ya no tendría por qué despedirse de el. Observó desde el ventanal la ciudad de Seattle sintiéndose el rey del mundo.
Por otro lado, lo único que Edward Masen sintió fue un escalofrió, el miedo fluir desde lo más profundo de sí y la oscuridad dominarlo.
