hola a todos, les presento la sinopsis de mi nueva historia maquinada por mi cabecita loca. Los personajes son de la maravillosa Mangaka Rumiko Takahashi (lastima todos queremos que sean nuestros T-T), sin embargo la historia es mía y cualquier reproduccion total o parcial de esta es plagio y esta penado por la ley.
Dejenme reviews por fis :3 y marquen la historia como favorita.
Un saludo a mis hermanas del circulo mercenario que siempre me apoyan en mis locas ideas y me gustaria que al igual que con las adaptaciones me apoyaran en mi historia.
Saludos :*
Ya No Quiero
Capitulo 3
Un nuevo dia se asomaba en el sengoku jidai, donde dos amantes se encontraban desnudos, acostados sobre el haori que estaba en la fina hierba.
El hanyou de cabellos plateados abrazaba protectoramente a la miko muerta que se encontraba aparentemente dormida entre sus brazos.
Comenzó a fijarse en sus rasgos; la piel fría, nada comparada con la tibia y tersa piel de cierta joven de calidos ojos castaños.
Se fijo que a grandes rasgos, la miko muerta y Kagome ya no se parecían tanto.
Ahora que se encontraba viendo a la miko que yacia desnuda ante el, se daba cuenta que la miko del futuro había crecido.
Era un par de centímetros mas alta, sus caderas eran mas anchas, su cintura estrecha, las piernas mas torneadas gracias a todas las horas que pasaban, sus pechos eran ahora, incluso mas grandes que los de la sacerdotisa que se revolvía entre sus brazos. Se sonrojo furiosamente.
-Te amo Kikyo- susurró al viento.
Se preguntó a si mismo que veracidad tendrían las palabras pronunciadas hace unos momentos y si no se arrepentiría por la marca de media luna que se encontraba en el hombro de la Miko de barro y huesos.
Comenzó a olfatear en busca de algún aroma extraño. Pero, palideció considerablemente al notar la fragancia de la Miko del futuro, acompañados de un aroma a sal y tristeza. La fragancia aún estaba fresca, probablemente había estado ahí unas seis u ocho horas antes.
¿Habría encontrado a Kikyo y a él haciendo…?
Se bofeteo mentalmente y sacudió la cabeza frenéticamente, pero el miedo se instaló en el fondo de su corazón, calándole tan hondo, provocando que se pusiera su hakama con desesperación, y despertara con nula delicadeza a la Miko, que se encontraba muy molesta por la interrupción de su sueño.
-Pero qué demonios…- exclamo molesta.
-Kikyo, vístete. Tenemos que irnos- decía el hanyou que se encontraba desesperado.
En cuanto la sacerdotisa muerta se puso de pie, Inuyasha jalo el kusode y el haori donde habían pasado una larga noche de pasión, provocando que la mujer trastabillara y lo mirara molesta, pero en silencio.
Mientras le dedicaba una fría mirada, la Miko se vestía lentamente.
Había sentido el aura de su reencarnación y había disfrutado de la tristeza que embargaba el alma de la pequeña sacerdotisa.
Estaba segura que la había visto tener sexo con Inuyasha, y que eso destruiría su moral lentamente. El sufrimiento de la Miko del futuro le daba una extraña satisfacción, cosa que era impensable para una Miko calidad moral como lo era ella.
Pero a quien le importaba.
Ahora era la mujer de Inuyasha y se lo restregaría en la cara a su rival solo para verla sufrir.
Inuyasha subió a Kikyo a su espalda y partió con gran velocidad al campamento, donde estaba seguro que encontraría a la joven Miko.
Mientras tanto, en la época actual una joven estaba admirando el uniforme que se encontraba sobre su cama.
Ella nunca considero que le gustaría tanto llevar un uniforme, pero este era hermoso.
El saco, la falda tableada color azul, todo le daba demasiada ilusión.
Siempre había pensado que ya no necesitaría los estudios, que permanecería en la época antigua, al lado de Inuyasha.
¡Qué ilusa había sido!
Toda la felicidad que ella creía sentir, el afecto del hanyou por ella; se desmoronaba cada vez que la Miko de barro estaba cerca.
Pero no podía culparla, porque Inuyasha le pertenecía a ella.
Su cuerpo y su corazón ya tenían dueña. Y ella se sentía impotente. Tan tonta. Tan sucia. Se sentía usada.
Por sus mejillas surcaban ríos de lágrimas sin parar. Ahogo un sollozo.
"Esto no puede seguir así" se decía a sí misma.
La adoración del hanyou por la Miko muerta no acabaría, y ella debía dejar de ser un estorbo.
"Estorbo, Ja, ilusa, nunca ocupaste lugar en su corazón" le torturaba el lado oscuro de su mente
Por otra parte, en el patio del templo se encontraba cierto mercenario.
Agitaba su preciada Banryu una y otra vez.
Le daba vueltas a esta con una sola mano, lanzándola al aire, para posteriormente atraparla con la otra.
Anteriormente había bajado por las escaleras, pero había sido detenido por un gemido ahogado, que escucho tras una de las paredes, haciéndolo volverse sobre si, para recargarse a un lado del umbral de la mencionada habitación.
La puerta se encontraba entre abierta. Con sigilo propio de un ser sobre humano, se asomó al interior de la habitación, encontrándose con la Miko extraña abrazada y con la cabeza entre sus rodillas, llorando.
Su cuerpo se convulsionaba y temblaba.
"Se lo merece" había pensado el chico de ojos azules.
Estaba molesto. Si bien, él se había escapado de la muerte por un pelo, sus hermanos no lo habían hecho.
El líder de los Shichinintai se encontraba ahora en otro tiempo. Ya no podría regresar.
Ya no encontraría a su hermano Jakotsu esperándolo con una copa de sake, a Renkotsu haciendo pirotecnia y armas todo el dia, a Suikotsu con su sed de sangre y con sus personalidades múltiples, a Mukotsu con sus venenos y manías por las mujeres, a Kyokotsu devorando demonios y personas o simplemente a Ginkotsu con sus si, si, si.
Se encontraba solo.
En un mundo extraño.
Se golpeaba mentalmente cada vez que recordaba como el había influenciado en el viaje permanente de la Miko que se encontraba llorando como posesa en su habitación.
Pero, aunque no quisiera reconocerlo, seguirla había sido el peor error que había realizado en el transcurso de sus dos vidas.
"¡Maldita sea!" le decía su mente cada vez que tenía oportunidad.
Asiendo con furia su alabarda comenzó a dar golpes al aire.
Maldito Naraku.
Maldita Miko.
Maldito el mismo por ser tan dependiente de los demás y por sentirse tan solo
PLAF.
Ese fue el sonido de la fuerte bofetada que resonó por todo el Sengoku.
En el panorama se observaba a cierta Taijiya tirar oleadas de odio por los poros.
Lo odio en ese momento.
A Inuyasha y a la estúpida de Kikyo.
Desde el momento en el que despertó y su querida hermana no estaba.
Despertó de golpe al monje que la miraba con ojos entornados y con una gran interrogante.
Sin poderse refrenar sus ojos se llenaron de lágrimas y busco consuelo con los cálidos brazos de Miroku, que se encontraba dando palabras tranquilizadoras a su adorada Sango y acariciándole su larga melena.
Si bien, le extraño que Kagome no se encontrara con ellos pensó que la joven había dado vueltas por algún rio o en busca del desayuno.
Cuan equivocados estaban.
Pasaron un par de horas y al no saber de la sacerdotisa del futuro comenzaron a buscarla con vehemencia.
No la encontraban por ningún lado.
Por extrañas razones, ya fuera el destino o algo de lo que no tenían ni la menor idea, la Taijiya, el Houshi, el kitsune y la nekomata fueron a la aldea de la anciana Kaede.
La joven lloro como pocas veces lo había hecho, cuando la anciana Miko le mostro los fragmentos de la maldita perla que le estaba causando sufrimiento a tantas criaturas.
Eso solo significaba una cosa.
Kagome no regresaría jamás.
Sin poder controlarlo el odio broto a borbotones cuando vio a Kikyo bajar de la espalda de Inuyasha.
Los desprecio con todo su ser.
No podía creer que Inuyasha hubiera podido caer tan bajo.
Sin poder controlarlo había lanzado esa bofetada que le había dado al hanyou que la miraba sorprendido.
-Te odio- pronuncio la joven para luego echarse a llorar.
El monje Miroku le ofrecía consuelo en sus brazos, y la cobijó en ellos cuando sus lágrimas bajaban silenciosas por sus mejillas.
-¡Te odio perro tonto! Por tu culpa y de esa perra Kagome se fue- lloraba a gritos el pequeño zorrito.
-¿Se… fue?- pronuncio un confundido Inuyasha que tenía a Kikyo a su lado.
Sin poderlo remediar, Sango se apartó de los brazos de Miroku, y saco de su bolsillo un pequeño frasco que tenía tres fragmentos de la Shikon No Tama. Lo tiro al suelo a los pies de Kikyo y escupió antes de decir con voz sepulcral:
-Espero que estés feliz, maldita-.
-Al derecho y al revés, pasa por el arco, se jala y listo- decía la señora Higurashi, que intentaba colocarle la corbata escolar al joven de larga trenza.
Por lo que había visto el día anterior, el joven era un hueso duro de roer, al igual que su fallecido esposo.
Cuando Kagome y Bankotsu discutían, le recordaban tanto a ella y a Tanaka, que no podía hacer otra cosa que disimular su pequeña sonrisa y parpadear para no comenzar a llorar.
El joven Bankotsu era frio, calculador y callado, según lo que ella había podido observar.
Le pedía con todas sus fuerzas a Kami sama, para que tanto a su hija como al moreno les fuera bien en la escuela.
Naomi se le quedo viendo y sacudiendo arrugas y pelusas inexistentes en el uniforme azul del joven, le dio un asentimiento con la cabeza y se retiró con una sonrisa
"Así que esto se siente tener una madre, es… extraño" se decía el mercenario a sí mismo.
Minutos después, una pelinegra bajaba las escaleras tarareando una canción.
Se sentó a la mesa; el moreno observándola con ojos fríos frente a ella.
No le dio importancia y siguió en su labor de comer su desayuno.
Después de mirar el reloj varias veces, decidió que era buen tiempo para llegar a la escuela puntuales si se retiraban en ese momento.
Tomó su mochila verde y se la colgó al hombro, mientras le pasaba otra mochila color gris al mercenario, que se encontraba mudo observándola con el ceño fruncido.
Le dio gracias por la comida a su madre y antes de salir, esta les dedico una sonrisa y un:
-Kagome, Bankotsu, mucha suerte-.
Cerrando la puerta tras de sí, ambos jóvenes comenzaron a caminar entre las concurridas calles.
Fue un recorrido silencioso, pero no era un silencio que los incomodara, así que ninguno mencionó palabra alguna.
Cuando faltaban dos calles, la joven lo tomo del brazo y lo arrastro a un callejón.
Se plantó en el suelo con sus dos piernas y lo miro fijamente, perdiéndose en la profundidad del mar que eran los ojos azules del líder de los Shichinintai.
Sin poder resistirse miro su boca, y sin saberlo, se mordió el labio inferior.
Todo este intercambio fue observado por el moreno, que ahora le dedicaba una burlona mirada a su compañera y la tomo de los brazos para recargarla contra la pared y apoyar su peso contra ella, entrelazando sus piernas, confiriéndoles una posición bastante íntima y atrevida.
-¿Qué observabas, Miko?- le interrogaba el moreno con los labios en su oído, provocando que un escalofrío recorriera con fuerza por todo su cuerpo.
-¿Qué… que haces?, ¡suéltame!- dijo la joven extremadamente sonrojada por el atrevimiento de Bankotsu e intentaba inútilmente deshacerse del agarre.
Bankotsu comenzó a mover su boca por la oreja de la chica provocándole un gemido y escalofríos por todo el cuerpo.
Se retiró para mirarla a la cara.
Tenía los ojos cerrados, las mejillas sonrojadas y respiraba profundamente.
El joven no pudo más que ladear una sonrisa.
La Miko era muy crédula y si pensaba que se detendría a observar más detenidamente su cuerpo, se equivocaba.
Con una de sus manos, llego a su pecho, y apretó delicadamente el seno derecho de la joven azabache, haciendo que esta gimiera y se mordiera los labios.
Su sonrisa creció y se retiró por completo dejando a una Kagome completamente anonada, confundida y con el corazón martilleándole en el pecho.
¿Qué había sido eso? ¿Por qué se había sentido tan, tan placentero? ¿Tan bien?
No se lo podía explicar pero cuando vio la sonrisa de suficiencia del moreno, se enojó bastante.
-Con esto me doy por servido- decía Bankotsu mientras se retiraba entre risas, dejando tras el a una furiosa pelinegra que no paraba de maldecir y refunfuñar y jurar que patearía a Bankotsu en sus partes bajas hasta dejarlo estéril, sin hijos y con mucho dolor de por medio.
-¡MALDITO BANKOTSU!
Linitha-chan*
hola hola :)
Aqui les dejo el tercer capitulo del primer BankxKag de mi auditoria que pues, valgame la redundancia, hago yo XD
Espero que les guste, y que me dejen reviews :3
Gracias a:
yuli
Nicole Ig
Aidee Gv
Nina Shichinintai
rogue85
por dejarme reviews que me animan a continuar la historia.
Nos leemos en el próximo capitulo...
Saludos :*
