4.- Nada más fácil ni más sencillo que hacer más grande un problema.

Echa nieve con picante en tu guitarra.

La noche era tibia y pudo arrebujarse en sus sábanas. Sus ojos se cerraban y apenas podía distinguir en el avance del sueño, las cortinas cerradas de su cama de dosel. Su mente, alejándose de la conciencia, divagó involuntariamente hacia Luna y sus excéntricos problemas. Pero sobre todo, lo llevó hasta aquél momento en las mazmorras. Se revolvió inquieto. No quería pensar en eso. Su mente le jugaba trucos sucios y casi podía percibir el perfume de la Ravenclaw. Le parecía sentir su presencia.

- ¿Harry?

Hasta le parecía oír su voz.

- ¡Harry!

Se levantó sobresaltado. No podía ver a nadie pero sabía que algo no andaba bien. - ¿Luna? – se atrevió a preguntar con un presentimiento haciendo un nudo su estómago.

Una risa cantarina le respondió. Oh, no, su presentimiento había sido acertado.

- Luna, no me digas que...

- Soy invisible Harry, el hechizó me alcanzó.

Grandioso, por si pensaba que no podía complicarse más el problema. Se restregó los ojos tratando de asustar el sueño. - ¿Desde a qué horas estas así? – preguntó con voz cansada.

- Casi desde que llegué aquí – contestó Luna en susurros alegres, haciendo que Harry pusiera los ojos en blanco.

- ¿Y desde a que horas llegaste aquí? – Lento pero seguro, así eran las cosas con Luna. Harry, inquieto, espió a través de la cortina. Si alguien descubría a Luna en su cama... en fin, que fuera invisible se convertía entonces en una ventaja, aunque si lo escuchaban hablar solo pensarían que estaba loco. Afortunadamente sus compañeros y amigos dormían profundamente.

- Llegué antes de que todos se subieran a sus habitaciones, esperé un rato en su sala común y luego, cuando ya no se veía más movimiento, subí hasta aquí. No quería despertarte.

- Bien, Luna, ahora lo importante es saber que vamos a hacer – Harry caviló un poco. El sueño a ratos parecía vencerlo, por fin, recordando algo, dijo despreocupado. – El hechizo no tardará en deshacerse, yo ya no huelo a fresas, Parkinson ya no tiene la cabeza cuadrada y seguramente tú, mañana, ya no serás invisible. Descansa y despreocúpate. – Terminó entre bostezos.

- Oh, no estoy preocupada, sólo vine para contarte lo gracioso que es estar invisible, no puedo verme las manos, ni el cabello, ni mi pijama, pero puedo sentirlos, y es una experiencia basada en otros sentidos. El olfato, el tacto...

- Ajá... –respondió Harry sin saber exactamente cuando había resbalado para volverse a acomodar entre sus sábanas. Sintió algo y volvió a despertar sobresaltado - ¡Luna! ¿qué haces? – preguntó en la voz más baja que pudo.

- Quiero que tú también lo percibas.

- ¡Pero Luna, yo no puedo tocarte!

- ¡Claro que puedes! –dijo muy tranquila, subiéndose encima de él, tomando sus manos y haciéndolas resbalar por su figura haciendo que Harry se pusiera de un rojo difícil de describir apartándolas rápidamente.

- ¡Luna, por dios! -Se ahogaba en su voz tratando de hacerla lo más baja posible, pero a la vez, intentaba hacerla parecer segura - ¿po... podrías bajarte?

- Oh, sí, disculpa, es que fue la forma más cómoda que hallé – dijo sin percatarse del estupor del chico – peso un poco más de la cuenta, sucede que en vacaciones comí como nunca...

Aunque realmente no era el peso de Luna lo que le preocupaba a Harry. Se oyó el roce de tela y la cama se cimbró un poco, Harry supuso que Luna se estaba poniendo cómoda.

- Oye, Luna...

- ¿Has sentido el cabello invisible? – Luna no se tomó la molestia de escuchar a Harry, al parecer, por su voz, había encontrado algo más interesante - es como tocar agua con la punta de los dedos... ¡mira! – un movimiento brusco de Luna y la cama se balanceó de forma peligrosa. Seguro estaba muy cerca, Harry, con horror, sintió algo cálido cerca de su rostro, muy seguramente el aliento de Lovegood. – Préstame tu mano – susurro y Harry no pudo oponerse, estaba muy ocupado intentando respirar con naturalidad - ¿verdad que es cierto?

Y lo era. El cabello invisible de Luna era como tocar el agua fría de un río y eso le provocaba escalofríos. Mejor terminar con todo ese asunto – Luna... – intentó poner firme la voz, aunque esta le tembló un poco – creo... creo que es mejor que duermas y no te preocupes, mañana todo estará arreglado.

La mano de Luna se detuvo aún con la de Harry entre sus dedos. Un segundo de silencio y luego un suspiro muy cerca de su oído. Harry tenía la impresión de que jamás volvería a recobrar la tranquilidad – Ya te dije que no estoy preocupada – un suave bostezo y luego una risita – pero tienes razón, ya es hora de descansar. Tú también deberías hacerlo. – Silencio de nuevo, quizás lo estuviera mirando – pero si estás preocupado no te resultará tan fácil... ¿sabes lo que hacía papá para dormirme cuando tenía pesadillas?

- ¿Tenías pesadillas? – Curioso, Harry no hubiera imaginado que algo pudiera asustar a Luna. No lo encontraba factible.

- Si, muchas, después que murió mamá. – ¿cómo no lo había pensado? Era lógico. Aunque Luna fuera así... así como era, y tuviera esa fortaleza, era lógico pensar que también debió ser frágil en algún momento de su vida. Luna podía ser dulce y de pronto podía ocasionar una explosión en su pecho, como hacía unos momentos. Era tan extraña y tan singularmente divertida, era... era casi como encontrar una nieve con picante. Vaya, estaba empezando a pensar cosas absurdas. – Te quedaste callado, ¿en que piensas? – preguntó la Ravenclaw moviéndose suavemente. Tal vez se hubiera acostado a su lado.

- En la nieve con picante – una verdad a medias pero Luna pareció convencida.

- ¿Y sabe bien? ¿La has probado?

Harry sonrió sin darse cuenta, para contestar sin titubeos – si, lo he hecho y es deliciosa. - Oh, oh... ¿qué rayos estaba diciendo? - Luna... yo creo que...

- Otra vez pareces preocupado, déjame enseñarte lo que hacía papá para dormirme. – Y comenzó a acariciar el cabello de Harry. El chico supo enseguida que esa no era la mejor forma de tranquilizarlo. – Había una vez una gárgola en Gargololandia...

- ¿Qué? – preguntó Harry divertido.

- Shht, quédate quieto, no te muevas y escucha... y en Gargololandia había un hipogrifo, el hipogrifo tenía plumas hermosas y las presumía frente a las gárgolas de Gargololandia...

- Luna, eso es absurdo, ya no tengo cinco años. – protestó Harry sin contener la risa.

- Si no guardas silencio te lanzaré un hechizo – Harry muy a su pesar hizo caso y Luna continuó. – Las plumas hermosas del gran hipogrifo eran la envidia de las gárgolas de Gargololandia y de los dragones vecinos también. Todos envidiaban las plumas hermosas del gran hipogrifo que se pavoneaba majestuosamente cerca de las gárgolas de Gargololandia....

La voz de Luna era un arrullo. Suave y tranquilizadora. Harry ya no supo quien más podía envidiar las plumas del hipogrifo ese, porque poco a poco, acompañado de la voz de Luna y de sus dedos acariciándole el cabello, se fue quedando dormido.

****

- Oye Harry... ¡oh, demonios! ¡lo siento, disculpa! – El ruido de la cortina abriéndose y cerrándose de golpe. Harry se puso los lentes torpemente y aún medio adormilado se incorporó. Casi se cae de la cama percatándose de la presencia de Luna, ahí, durmiendo justo a su lado. Se levantó como bólido enredándose en las cortinas de su cama.

- Harry ¿pero que rayos?

Ron lo miraba con los ojos más abiertos que le hubiera visto en la vida. Harry tampoco entendía pero poco a poco fue recordando.

- Pensé que estabas teniendo pesadillas anoche, que por eso se movía la cama.

- ¿Qué? Ah, no... no... espera un segundo...- Sería mejor explicar las cosas antes de aumentar el malentendido – Ron, escucha, no es lo que piensas ni como lo piensas...

- ¡AHHHHHH....! - El grito los sobresaltó, Luna, abriendo los ojos con dificultad, miró hacia el techo de donde procedía el grito. Peeves, en el colmo de la alegría malsana, daba volteretas con exagerada temeridad - ¡Oh, pipipote! ¡Eres un niño malo! ¿Qué dirán en la escuela cuando sepan que has hecho cosas... malas? – y le lanzó una trompetilla.

- ¡Cállate Peeves! - Gritó Harry intentando pescar a Peeves por los pies, logrando con ello únicamente ir a parar al piso - ¡ayúdame Ron!

- ¡Pipipote es un niño malcriado! ¡Pipipote y Lunática son novios! – gritaba Peeves dando volteretas y riendo como loco, escapando de las manos del pelirrojo.

- Peeves... cállate por favor – rogó Harry presintiendo que no sería todo. Y no se equivocó, porque Peeves mirando de reojo a Luna que muy tranquilamente se bajaba de la cama, salió disparado de la habitación anunciando a toda voz.

- ¡Pipipote y Lunática son novios! ¡Pipipote y Lunática durmieron juntos! ¡Oh, Pipipote! ¿Quién diría que eres un degenerado?

Tenía que detenerlo, no podía dejar que saliera anunciando a toda la escuela que Luna había dormido con él. Bajó las escaleras atropelladamente chocando con Ron que también lo seguía pero al llegar a la sala común supo que estaba perdido.

- ¿Puedo saber qué pasa? ¿Qué significa todo ese escándalo?– Minerva McGonagall estaba en medio de la sala, al parecer anunciando algo importante a media casa Gryffindor. Todos, sorprendidos, miraban a Peeves dar vueltas y a Ron y a Harry poner la cara más asustada de su vida.

- ¡Oh, profesora Macgonagall!- exclamó Peeves con exagerada adulación - ¡Yo no quisiera decírselo! ¡No debiera usted enterarse pero...!

- ¡Peeves, cierra la boca! – Harry , sin medir consecuencias se abalanzó una vez más sobre el poltergheist logrando sólo que este se escabullera lanzando carcajadas estrambóticas por todas la habitación.

- ¡Potter! ¿Quiere hacer el favor de comportarse? – exigió McGonagall con gesto adusto y el enfado a flor de piel - ¿puedo saber que lío se traen Peeves y usted? ¿O tendré que esperarlos toda la mañana y dejar para después mi charla con sus compañeros de quinto?

- Profesora... – Harry intentaba ganar tiempo, tal vez si lograra sacar a Peeves de ahí – yo le explicaré todo si saca a...

- ¡Ooooooh! ¡Pipipote quiere que me vaya! ¡Pipipote no quiere que sepan que es un niño malcriado! – comenzó a vociferar Peeves mientras Harry sentía ganas de convertirlo en un sapo mudo - ¡Pipipote quiere que guarde silencio! ¡Pipipote no quiere que nadie se entere que durmió con Luna Lovegood! – un silencio sepulcral y un gesto exagerado de culpa por parte del alborotador de Peeves, luego una sonrisa de intensa maldad y un "upss, ya lo dije", y con tremendas carcajadas escapó de ahí.

- ¿Qué dijo?

Fue la pregunta general mientras la atención de todos se centraba en el pobre de Harry. Si hubiera una manera de desmentir todo eso. Tenía que encontrarla antes que...

- Buenos días ¿sucede algo?

Preguntó una voz de ensueño. Luna, en pijama y con el cabello alborotado, miraba a todos con curiosidad desde la puerta de la habitación de los chicos.

*****

- A ver, explícame de nuevo ¿qué quieres decir con eso de las gárgolas de gargoloquesea?

- Ron, basta, Harry ya ha tenido suficiente por hoy.

Harry estaba totalmente abochornado, Ron, no conforme con crisparse por la explicación del chico, encima se burlaba de lo sucedido entre él y Luna. Hermione, por su parte, no había podido evitar un gesto de exasperación ante lo sucedido con ellos. Y para completar la escena, todos murmuraban y se reían con malicia mientras se dirigía a la dirección.

- No fue mi culpa, Luna llegó en la noche y yo estaba cansado y...

- Y te arrulló con las gárgolas de...

- ¡Ron!

- ¿Es verdad Potter? ¿Es cierto eso que dicen? - Lo único que faltaba, Draco Malfoy para que la escuela completa se riera de él. – Que pena, deberías de andarte con cuidado, una cosa así es merecedora de una expulsión. ¿Y si la lunática llegará a tener un bebé? – Malfoy se estremeció por completo al decirlo, mientras el pobre Harry lo miraba con horror – pobre chico, con tu miopía y su loquera, no creo que llegaría muy lejos.

- ¡Cállate ya Malfoy o te juro que...!

- Déjalo Harry, no vale la pena – Hermione, del brazo, lo alejó de ahí en tanto el slytherin con sus amigos se partían en carcajadas – bien, hemos llegado – dijo la chica cuando estuvieron frente a la gárgola – no te preocupes, cuando expliques como sucedieron realmente las cosas todo se arreglará.

- Si estuviera en tu lugar Harry, yo preferiría que pensaran mal a decirles lo de las...

- ¡Ron!

- No deberías gritarle, a pesar de todo es un buen chico. - Luna llegaba interrumpiendo la reprimenda de Hermione con una voz muy tranquila. - ¿Podemos pasar ya, Harry? Tengo hambre y quiero pronto salir de aquí.

Antes de subir la escalinata que daba a la dirección, Harry les dirigió una mirada a sus amigos, Hermione le sonreía dándole ánimos y Ron, con gestos y señas, le indicaba que mejor se mantuviera callado.

****

Y ahí estaban los tres, Snape, McGonagall y Flitwick, mirándolos con una mezcla de exasperación, consternación y escepticismo, en tanto Dumbledore jugueteaba alegremente con los pies y tarareaba una canción.

- Quiere decir señor Potter...

- ¿Qué entre usted y la señorita Lovegood no pasó absolutamente nada? – preguntó Flitwick con voz embarazada interrumpiendo a McGonagall.

Todos los profesores intercambiaron una mirada, todos exceptuando Albus Dumbledore, quien tan sólo se ajustó las gafas y se quedó callado y satisfecho.

- La verdad señor Potter, usted comprenderá que no es fácil creer la absurda historia que nos acaba de contar – McGonagall, con algo de bochorno, evitó mirar a Harry a la cara – desde lo del filtro de amor que se dio a sí misma la señorita Lovegood, hasta... lo más común es que...

- Es cierto – atajó Luna con las manos en la espalda y meciéndose suavemente – lo que dice Harry – aclaró – simplemente estábamos platicando y para que Harry durmiera, le conté la pequeña historia del hipogrifo que se...

Snape parecía a punto de vomitar. Se levantó interrumpiendo a Luna y sin dignarse a decir una palabra, se dirigió a la puerta.

- Severus ¿a dónde vas?

- Después de escupir mis entrañas en el sanitario me ocuparé en algo más fructífero que en poner atención a niños estúpidos haciendo estupideces. Conociendo a Lovegood y a Potter, por supuesto que creo esa incoherencia que acaban de contarnos – siseó el profesor y dando un portazo salió de ahí.

McGonagall suspiró abatida mientras Harry únicamente quería desaparecer de la dirección, de Hogwarts, de Escocia... del planeta. Luna seguía muy tranquila tarareando por lo bajo lo mismo que hacía unos momentos tarareara Dumbledore. De pronto se quedó quieta, pensando, y sin saber por que carambas, comentó muy circunspecta. – Lo que yo no entiendo es porque tanto alboroto por esto – miró a los profesores directamente a la cara y muy seria preguntó - ¿es qué acaso ustedes nunca han dormido con nadie?

Harry no pudo controlar la risa, que intentó pasar por tos, al ver la cara azorada de sus profesores, Dumbledore en cambio si echó a reír y dio por terminada la reunión diciendo – por supuesto señorita Lovegood, por supuesto – ante el desconcierto de McGonagall y Flitwick y la hilaridad contenida de Harry – y creo que un buen budín en estos momentos es más oportuno que estar aquí insistiendo en necedades, así que si gustan, pueden venir a la cocina conmigo.

Los profesores, ruborizados, declinaron la invitación disculpándose y saliendo rápidamente, en tanto Harry y Luna se despidieron del buen director y salieron de la dirección con un poco más de alivio, al menos en lo que concernía a Harry.

- Tenían prisa, ni siquiera nos pusieron una detención – comentó Luna mientras echaban a andar con rumbo incierto – aunque... la verdad no había motivo para hacerlo. todo fue un pequeño infortunio.

- Si, es cierto – respondió Harry alegrándose de que en los pasillos prácticamente no hubiera nadie.

- Todo, menos el dormir contigo. – Harry casi se ahoga con su saliva, miró a Luna que parecía evaluarlo con ojo crítico haciéndolo enrojecer de un modo escandaloso – te mueves mucho y tienes el brazo muy pesado – Harry movió la boca como pez fuera del agua intentando articular un vocablo – y hablas dormido más de la cuenta, pero... la noche contigo fue más cálida, menos solitaria – sonrió para luego abrazarlo – gracias – susurró terminando con un pequeño beso en la mejilla. Luego, simplemente, se fue dando brinquitos rumbo a adivinación.

Harry intento respirar hondo y poner en tregua su pecho, sentía su corazón tan desbocado como si hubiera estado corriendo dos horas por todo el colegio. Tenía que encontrar la forma de evitar que Luna lo siguiera alterando así, tenía que encontrarla.

Aunque (aceptó para si mismo) muy por debajo de todo eso, flotando sobre la superficie, había sentido ganas inmensas de abrazarla.