Disclaimer:

Bleach es propiedad de Tite Kubo.

La historia es de LEANNE BANKS

UN PLAYBOY ENAMORADO

Capítulo Tres

Lo que de verdad le apetecía era una mujer desnuda y un coito ardiente seguido de un poco de paz y un vaso de vino. Ichigo exhaló un profundo suspiro al alcanzar la puerta de entrada de su casa. Estaba muy cansado tras su jornada de trabajo y todavía tenía que asistir a una fiesta en casa del alcalde.

-Bienvenido a casa -lo saludó rukia con una amplia sonrisa, con Molly en brazos-. Tenemos dos sorpresas para ti.

Ichigo se pasó la mano por la mandíbula. Algo le decía que ninguna de las dos incluiría una mujer desnuda ni un coito apasionado. Exhaló un suspiro y trató de apartar de sí sus instintos más bajos para prestarle a su hija toda su atención.

-Hola, señorita Molly. ¿Cómo está usted?

La niña torció suavemente la cabeza con timidez. Aquello era un adelanto. Al menos no se había echado a llorar.

-Hoy hemos ido por primera vez a clase de natación para bebés en el club -dijo rukia-. Los primeros quince minutos se los ha pasado llorando, pero luego se lo ha pasado fenomenal. Creo que es medio pez. Y luego ha estado mirando tu fotografía y apretando el botón del mensaje todo el tiempo. Mira lo que ha aprendido a decir...

-Pá-pá-pá -dijo la niña tras escuchar algo que rukia le dijo al oído.

-Qué niña tan lista -comentó ichigo acariciándole la cabecita, absolutamente encantado-. Al parecer, lo habéis pasado muy bien hoy. Maldita sea, ojalá no tuviera que ir esta noche a esa fiesta -aseguró con una pizca de envidia.

-No te preocupes por nosotras -respondió rukia sintiendo una punzada de desilusión-. Esta remos bien.

-Ya, el que no estará bien seré yo -dijo con amargura-. Por cierto, puedes tomarte la noche libre. Mi padre está fuera de la ciudad y mi madre dice que tiene síndrome de abstinencia de la niña, así que esta noche se va a encargar de Molly. -Muy bien. Así le enseñará la nueva palabra que ha aprendido. -¿Y tú qué harás?

-No lo sé -aseguró rukia encogiéndose de hombros-. Tal vez llame a renji.

Aquella idea no le sentó nada bien a ichigo.

-O tal vez podrías convertir esa fiesta en algo más soportable acompañándome -sugirió sin pararse a pensar.

-¿Yo? -preguntó ella abriendo mucho los ojos.

-La chica con la que iba a ir tiene la gripe -dijo ichigo encogiéndose de hombros-. Para serte sincero, se me había olvidado que me había comprometido a ir hasta que ella llamó para cancelar la cita.

-Ya veo -murmuró rukia parpadeando mientras registraba sus palabras-. ¿Y por qué no buscas en tu agenda, o debería decir en tu gran agenda, y...?

-Porque esta noche no tengo ganas de divertirme. Estoy cansado -aseguró mientras se aflojaba la corbata-. Pero tengo que ir porque se trata del alcalde, y tiene que haber allí un Kurosaki.

-Pero hay muchos Kurosaki, ¿no?

-Sí, pero... -comenzó a decir ichigo antes de interrumpirse y encogerse de hombros.

-Ya, pero tu eres el mayor y es lo que se espera de ti... ¿es una fiesta formal?

-Yo iré vestido con lo que llevo puesto, y tú puedes ponerte lo que quieras -aseguró él sacudiendo la cabeza-. Las zapatillas de conejitos podrían ser un buen motivo para iniciar una conversación.

-Estoy segura de ello -respondió rukia mirán dolo de reojo-. De acuerdo, iré -añadió tras una pausa.

La sensación de alivio que ichigo sintió en aquel momento lo pilló completamente por sorpresa. Ya tendría tiempo de analizarla más adelante.

-Estupendo. ¿Podrías estar lista en treinta minutos? -preguntó, conociendo de antemano la respuesta.

Aquella era una de las cosas buenas que tenía rukia. Estaba seguro de que se arreglaría en un periquete.

Rukia abrió la puerta del armario y tragó saliva. Estaba aterrada. Acababa de aceptar una semicita con Ichigo kurosaki. Aunque de hecho no se trataba ni siquiera de eso, sino que ella era un remiendo de última hora para un plan al que a él no le apetecía ir.

Rukia sintió que el corazón le golpeaba con fuerza en el pecho. Entonces, ¿por qué había aceptado? Ichigo le había parecido tan guapo y tan indefenso, y tan enternecido cuando Molly lo había llamado papá, que había sentido lástima por él.

Sabía que aquello era ridículo. Se trataba del soltero más deseado de Boston. Era tan atractivo que cualquier mujer necesitaría un traje ignífugo para estar a su lado. Rukia le echó un vistazo a su guardarropa, preguntándose si tendría algo que repeliera el fuego.

Miró el reloj y sintió otra oleada de pánico. Se suponía que tenía que convertirse de niñera a acompañante adecuada en menos de veinticinco minutos, cuando lo cierto era que necesitaría al menos una semana para llevar a cabo semejante transformación.

-Una semana... -murmuró mientras sacaba del armario un jersey marrón y una falda larga a juego.

Confiaba en que todavía le cupiera. Luego sacó un par de botas, y pensó que le harían falta también unas medias. Se dirigió a la cómoda donde guardaba la lencería. El último par que se había puesto tenía una carrera, y, al parecer, no tenía otro.

De nuevo una oleada de pánico. Intentaría taparla con la falda. Luego se miró en el espejo. Tenía que hacer algo con el pelo y con la cara.

Tras varios intentos fallidos de pintarse la raya del ojo, rukia se rindió. Se aplicó un poco de lápiz de labios y luego rimel en sus pálidas pestañas, se recogió el pelo en un moño informal del que se escapaban varios mechones rebeldes, pero no tenía forma de controlarlos. Nerviosa y llena de dudas, bajó las escaleras.

Ichigo se la quedó mirando durante un rato tan largo que estuvo a punto de darse la vuelta y regresar por donde había llegado.

-Chocolate -dijo él finalmente-. Te sienta muy bien el color chocolate.

Y rukia se sintió casi hermosa. Tras un corto trayecto en el deportivo de lujo de ichigo, llegaron a casa del alcalde. Un aparcacoches se encargó del vehículo y una doncella con uniforme negro les guardó los abrigos. Con una sola mirada al recargado salón del alcalde Foorwood, rukia supo que no estaba adecuada mente vestida. Casi todas las mujeres de la fiesta llevaban el típico vestido corto de color negro. Rukia ni siquiera tenía uno de ese tipo. No lo había necesitado para su anterior trabajo, y desde luego tampoco para la pista de voleibol. Trató de dejar a un lado su incomodidad e intentó proyectar hacia el exterior una seguridad que no sentía.

Una mujer vestida con traje negro y collar de perlas se acercó hasta ichigo y le tendió la mano.

-ichigo , estamos encantados de que hayas venido. Gin siempre dice que una fiesta no es una fiesta si no hay representación de los Kurosaki. Pensé que Nell se reuniría también con nosotros -dijo la mujer observando a rukia.

-Nell está enferma, y rukia hasido lo suficientemente amable como para acompañarme en el último momento -aseguró Ichigo- kuchiki, Rankigu Matsumoto .

-Es un placer conocerla. Tiene usted una casa preciosa -dijo rukia .

-Gracias. ¿Trabaja usted con ichigo? -preguntó Matsumoto mirándola con mal disimulada curiosidad.

-Bueno, acabo de empezar a...

-Rukia es una buena amiga de la familia -interrumpió ichigo-. ¿No acabas de decirme que tienes sed? -preguntó girándose hacia ella.

Rukia se preguntó por qué no querría que Matsumoto supiera que era la niñera de su hija.

-Avisaré al camarero para que os atienda -dijo Matsumoto-. Disculpadme un momento.

-¿Por qué no quieres decirle que soy la niñera de tu hija? -le espetó rukia en cuanto la otra mujer se hubo marchado.

-Porque no es asunto suyo -aseguró ichigo con irritación.

-¿Y no será porque te da vergüenza estar aquí con una niñera?

-Yo hago lo que me viene en... -comenzó a decir él con los ojos llenos de rabia-. Luego hablamos. Por aquí viene el alcalde.

Durante los siguientes treinta minutos, rukia conoció a seis personas, y todas ellas preguntaron por Nell. Ruki cada vez se iba poniendo más sombría ante la expresión de duda que mostraban sus rostros cuando la miraban. Se sentía como un pez fuera del agua. Y, para ser sinceros, no tenía ningún interés en entrar en el agua. Por alguna extraña razón, lo único que quería era agradar a ichigo. Pero la fiesta siguió su curso, y rukia pronto sevio separada de él. Una mujer hermosa tras otra reclamaba su atención.

Desplegando mentalmente la bandera blanca de rendición, rukia se bebió otra cerveza y deambuló por el salón sin saber muy bien qué hacer. Finalmente, optó por sentarse en una butaca que estaba en la habitación adyacente. Al menos, allí estaría a salvo de todas las miradas.

-Al fin te encuentro -dijo la voz de ichigo a su espalda al cabo de bastante rato-. No estoy acostumbrado a tener que perseguir a mis acom pañantes.

-Bueno, yo no soy realmente una acompañante —aseguró ella—. Más bien soy la niñera de tu hija ejerciendo de ello y a la que no tienes que atender en un acto al que no tenías ganas de acudir.

Ichigo guardó silencio mientras la guiaba fuera de la fiesta tras despedirse de los anfitriones y los invitados.

Aquella sensación de noser lo suficiente mente adecuada persiguió a rukia durante los siguientes dos días. Cuando llegó el jueves por la noche, el día de partido, estaba ya preparada para liberar toda su tensión en la cancha de voleibol. Jugó con fuerza, con demasiada fuerza, y se le montó un músculo del hombro cuando faltaban tres minutos para terminar el partido.

Su equipo había ganado, y sus compañeros estaban encantados con la actuación de rukia. Querían llevarla a su bar favorito para celebrarlo, pero a ella le dolía demasiado el hombro como para andar por ahí. Condujo hasta casa, abrió la puerta principal con su llave y avanzó por el pasillo tratando de no hacer ruido. Lo único que quería era disfrutar del silencio y de la paz de su habitación.

-¿Qué tal el partido? -preguntó a su espalda una conocida voz masculina en un tono que le provocó un vuelco al corazón.

Rukia se puso tensa, pero no se dio la vuelta. No quería mirarlo. Últimamente, aquel hombre ocupaba demasiado sus pensamientos.

-Estupendamente. Los machacamos. El único problema es que yo también me he machacado el hombro en el intento.

-¿Es grave? —se interesó ichigo acercándose más.

-No creo que me muera de esto.

-Pero tiene que dolerte muchísimo -aseguró él con una sonrisa de conmiseración-. ¿Por qué no te metes en el jacuzzi que hay en el gimnasio del piso de abajo? Te vendrá muy bien.

Rukia no podía negar que la idea de sumergirse durante unos minutos dentro de una bañera caliente de burbujas era de lo más tentadora.

-Eso haré, y luego me meteré directamente en la cama -dijo finalmente mirándolo-. Gracias.

Rukia subió a toda prisa las escaleras, se quitó la ropa y se puso un bañador. Al darse cuenta de que tal vez se encontraría con ichigo, decidió ponerse además un chándal. Bajó las escaleras que llevaban hacia el mini gimnasio y se encontró con que la luz ya estaba encendida y la bañera burbujeando con aspecto incitador.

Exhalando un suspiro de alivio al comprobar que ichigo no estaba a la vista, rukia se quitó el chándal y se metió en la bañera de hidromasaje. Se hundió en el agua caliente y gimió de placer mientras sus músculos comenzaban inmediata mente a destensarse. Cerró los ojos y se relajó.

-Es el hombro derecho, ¿verdad? -preguntó ichigo a su espalda.

Le dio tal susto que rukia se incorporó como movida por un resorte.

-Tienes que relajarte -aseguró él colocándole la mano sobre la piel desnuda.

-Sería de gran ayuda que no aparecieras de trás de mí como una serpiente.

-No ha sido así. Estabas casi dormida -dijo ichigo mientras le masajeaba suavemente el hombro-. Relájate.

¿Cómo iba a hacerlo con él tocándola? rukia cerró los ojos y suspiró. Mientras ichigo se mantuviera fuera de la bañera, no habría problemas. Se permitió a sí misma relajarse mientras los dedos de ichigo le trabajaban el músculo agarrotado.

-Es muy difícil hacerlo desde esta posición -lo escuchó decir entre dientes-. Voy a entrar.

-I-C-H-I-R-R-U-K-I-

-UN-PLAY-BOY-ENAMORADO-

HOLA HOLA LO PROMETIDO ES DEUDA AQUI EL OTRO cap

grasias por tu reviews

lucy-nya

nos vemos (n_n)/