Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Kimi
Sus dedos se enredaron en los cabellos azulados de Tommy, lo miró a los ojos fijamente mientras él acariciaba sus muslos con una ternura que le produjo cierto regocijo dentro de su estómago. Ella abrió las piernas tanto como pudo, sin dejar de observarlo, él la miraba con la misma intensidad con la que Kimi lo estaba observando en ese momento.
Los ojos castaños de Tommy siempre habían sido profundos.
Irradiaban una maldita aura que te hacía sentir como si cualquier maldito problema, por muy grande que fuese, tendría solución… Y si es que no la tenía, al diablo con eso. Y eso siempre le había gustado del líder de su pequeño grupo de amigos.
La mano de él comenzó entonces a subir hasta que dio con uno de sus pechos, masajeó con una suavidad tan extrema que ella soltó un largo suspiro. Entonces, él la besó con suavidad.
Los labios de Tommy encajaban a la perfección con los suyos, podía sentir la suavidad de su boca y la humedad de su lengua recorrerle la boca. Sus ojos se cerraron por instinto y entonces, él la penetró.
Abrió la boca y soltó un gemido ahogado, él con sus manos abrió un poco más sus piernas y profundizó la embestida. Besó su cuello y ella sintió que tocaba el cielo con la palma de la mano.
Tommy acarició con una mano su muslo y con la otra un pecho, ella enterró sus uñas en la espalda del chico mientras se movían rítmicamente, profundizando cada vez las embestidas. Los gemidos de ambos llenaron el cuarto del muchacho de pelo azul. Kimi estaba en el éxtasis.
Los dedos de los pies se le durmieron en el momento en que se sintió llenada por el líquido que salió del miembro del muchacho, avisando que había llegado al clímax. Y entonces ella también llegó al punto culmine del acto. Apretó los ojos y uno de sus dedos tocó la suave piel de la mejilla de Tommy.
Abrió sus ojos y pudo darse cuenta que él la miraba fijamente.
—Te amo, Kimi —susurró entonces.
Y entonces sus ojos se abrieron aún más que antes. Él también abrió sus ojos impresionado por sus palabras y pareció arrepentirse pronto de ellas, pero no dijo nada.
Comenzó entonces a removerse bajo el chico hasta que él torpemente salió de encima de ella. Kimi se incorporó sentándose mirándolo fijamente.
—Estás tomándome el pelo, ¿no? —preguntó ella mirándolo fijamente.
Tommy abrió la boca y la cerró en diversas ocasiones en apenas medio minuto, se removió incomodo en la cama.
—Bueno... No, yo… —iba a decir algo más, sin embargo, Kimi no lo dejó terminar.
Rápidamente se levantó de la cama y comenzó a buscar su ropa interior tirada en el suelo, sin embargo, solo dio con sus bragas, se las colocó con rapidez mientras seguía buscando por la habitación su corpiño.
—Kimi, no te vayas —le dijo Tommy mientras se levantaba de la cama y tomaba con rapidez sus calzoncillos para colocárselos sin dejar de mirarla.
Al no encontrar su ropa interior se colocó la camiseta del muchacho que encontró incluso antes de su ropa.
—Kimi, escúchame, por favor —continuó él.
Ella no lo miraba a los ojos mientras seguía en busca de su ropa entre el desorden de la habitación del chico. Le recordó vagamente a la habitación de Philli y aquello no hizo más que hacerle sentir peor.
—No, Tommy, basta —dijo ella con la mandíbula tensa.
—Solo escúchame un segundo… —le pidió él.
Ella levantó los jeans del muchacho, sin embargo, su corpiño tampoco estaba ahí.
—Teníamos un acuerdo —masculló mientras observaba el piso de la habitación del muchacho en busca de su ropa interior.
—Lo sé, yo… —dijo nuevamente Tommy.
—Las cosas no pueden ser así, Tommy, ya detente —le cortó ella.
—Kimi, por favor…
—¡Maldición!, ¿dónde está mi sostén? —se mordió el labio inferior sin mirar aun al chico, no quería hacerlo, no quería ver sus ojos después de haber dicho aquello.
—¡Escúchame! —gritó entonces él.
Ella dio un respingo en su puesto y por fin tuvo la valentía de levantar la vista y pegarla en el rostro del muchacho. Su corazón se estrujó en su pecho al ver el semblante atemorizado de él. Lo sabía, sabía que las cosas podrían salirse —nuevamente— de control, sin embargo, tampoco es como si ella hubiese querido detenerse.
Cruzó los brazos a la altura de su pecho y miró al chico.
—Lo siento —susurró el chico mirándola con culpabilidad—, realmente yo no quería que las cosas tomaran este curso, Kimi, en serio, pero… Maldita sea, no puedo ser como tú. No puedo enredarme contigo de esta manera sin comenzar a sentir cosas por ti, perdón.
Kimi suavizó sus facciones tensas y estuvo segura que por medio segundo su mascarilla se cayó y Tommy pudo darse cuenta de lo frágil que se sentía en ese momento.
—Voy a romper tu corazón, Tommy —susurró con suavidad la chica mirándolo con la mandíbula tensa.
Él bajó ligeramente su vista y luego volvió a pegarla en sus ojos profundos. Para su sorpresa, él sonrió.
—Lo sé —dijo.
—Y quizás en algún momento me odiarás —se encogió en su puesto, sintiéndose pequeña en media de la, ahora, inmensa habitación del muchacho.
Él amplió su sonrisa entonces, lo miró extrañada.
—Aunque quisiese odiarte, dudo que podría hacerlo, Kimi —susurró en voz bajita. No supo porqué, pero le creyó.
Después de aquello, ella se marchó con la camiseta del muchacho puesta y sin su corpiño.
Sabía que estaba mal lo que estaba haciendo, lo supo incluso antes de que se enrollasen ambos sexualmente. Sin embargo, con Tommy las cosas habían sido completamente diferentes a lo que había sido con Philli.
Cuando Phil le dijo que se había enamorado de ella, ella cortó todo de inmediato porque sabía que las cosas terminarían peor si no lo hacía, incluso se molestó con ello, sin embargo, con Tommy las cosas no habían sido así, luego de ella enterarse que él la amaba, ella no pudo detener nada y siguió involucrándose con él aun cuando su conciencia le decía que estaba mal, que rompería su corazón y que las cosas terminarían de peor manera si no lo detenía. Y no pudo hacerlo.
Hasta que Philli, Lili y Dil los había descubierto en la disco aquella noche. Luego de aquello realmente con Tommy tuvieron que terminar con todo. Teniendo como última conversación su término en la casa de los DeVille.
Sin embargo, ella no creyó que todo terminaría ahí, pero él se lo había tomado muy en serio, incluso ya no le hablaba más.
Como Lili, o Carlitos…
Solo Philli le había ido a ver una vez y luego de que se marchara se había quedado sola nuevamente.
Sus padres se habían ido por una segunda luna de miel y su pelirrojo hermanastro había desaparecido de su hogar, yendo a casa apenas por unos cuantos minutos y luego volviendo a salir quizás hacia dónde.
Y sentada en su cama, con apenas su pijama ligero apretó la botella que tenía entre sus manos, aquella botella de vodka que había robado de la estantería de su padre, dio un largo sorbo y cerró los ojos sintiendo como el sabor amargo le quemaba la garganta y luego la boca del estómago.
Jamás lo admitiría a viva voz, pero lo que más extrañaba de todo lo que había perdido era a Tommy.
Dios, cómo necesitaba sentir sus malditas manos grandes puestas encima de ella, y sus malditos ojos castaños profundo que la escudriñaban casi como si quisiese leer sus malditos pensamientos con apenas una mirada.
Lo extrañaba.
No solo extrañaba acostarse con él. Lo extrañaba a él, a su maldita persona, a su maldita sonrisa, su maldita mirada de advertencia cada vez que un chico se le acercaba.
—¿Estás celoso? —enarcó una ceja cuando Tommy la interceptó aquel día en la disco cuando Carlitos los había visto y luego había vomitado sus zapatillas.
Tommy se removió incomodo en su puesto, acercándose lentamente a ella, sacudió su cabeza y se encogió de hombros.
—No somos nada —aseguró él, sin embargo, a cada paso se acercaba más y más a ella—, puedes estar con quien se te dé la gana.
Ella sonrió y apegó su espalda a la pared de la disco, la gente bailaba a su alrededor y gritaba eufórica, pero a ella nada le importaba. Bajo las luces parpadeantes Tommy se veía completamente sexy.
—Lo sé —respondió ella estirando su mano para tocar los dedos del muchacho con suavidad, se mordió el labio inferior, incitándolo.
—Pero —Tommy acortó los centímetros que los separaba, enredó sus dedos con los de ella y apegó su cuerpo a Kimi, una de sus manos fue a parar a su cintura y terminó con cada milímetro que los separaba—, debes saber que estoy seguro que esos chicos tontos solo quieren agarrar tu trasero.
Ella enarcó una ceja y sonrió mientras apegaba su frente a la del chico. La respiración de Tommy estaba causándole estragos en su piel.
—Me gusta que me agarren el trasero —aseguró ella subiendo su mano por el pecho tonificado del muchacho.
—Lo sé —dijo él—, pero apuesto a que ellos no lograrán dormirte los dedos de los pies…
En el momento ella se había asombrado en demasía. Tommy había recordado la vez que ella soltó sin siquiera pensarlo que los dedos se le habían dormido luego de haber llegado a un orgasmo. Él siempre sabía qué decirle en el momento preciso para cortar su maldita respiración.
Encendió un cigarrillo al momento en el que sonó su teléfono celular.
Era su madre.
Pero ella no quería contestar. Últimamente no quería hablar con nadie.
Dio otro sorbo al vodka y arrugó el ceño, cada vez el sabor amargo era más suave a medida que se iba emborrachando.
Sonrió y volvió a fumar.
Su vida se había ido al infierno… Ella había sido la principal responsable de aquello y lo sabía, pero no le interesaba tampoco arreglarlo, era más fácil descansar en el infierno que volver a recuperar todo lo que tenía antes de volverse una maldita perra loca.
*.*.*.*.*
Estaba en el límite del sueño y el despertar. Frunció ligeramente el ceño cuando sintió una mano mover su cuerpo con suavidad, un olor bastante familiar entró por sus fosas nasales y sonrió en medio del ensueño.
—Kimi…
Genial, además estaba tan ebria que había comenzado a oír voces… Lo que le faltaba, volverse realmente una maldita loca.
Sentía su boca pastosa y los ojos pesados, el olor a alcohol proveniente de todas partes le mareaba ligeramente y la cabeza le estaba ya de por sí dando vueltas.
Abrió un ojo ligeramente y se sorprendió al ver a Tommy de carne y hueso. No era un sueño, o quizás, el estar ebria le estaba jugando una mala pasada. Torció el gesto.
No recordaba el momento en el que se había quedado dormida boca abajo, ni mucho menos recordaba el hecho de que Tommy estuviese dentro de su habitación, ¿sería que realmente estaba en un nuevo sueño jodidamente realista?, ¿o realmente el alcohol estaba haciéndole imaginar cosas?
Tommy estaba ahí, con sus malditos ojos castaños observándola fijamente, en cuclillas frente a su cara, mirándola con cierto aire preocupado. Se irguió ligeramente, sentándose en la cama, rápidamente se sintió mareada y el estómago se le revolvió con brusquedad.
El Pickles levantó de su mano derecha la botella de vodka media vacía, enarcó una ceja y entonces dejó la botella aun lado de su cama.
Kimi se rió.
—¿Por qué emborrachas tan en la mañana?, sin contar el hecho de que es miércoles y tenemos clases —le medio regañó mientras se sentaba en la orilla de la cama.
Ella se encogió de hombros sintiendo su rostro hervir.
—Estaba aburrida —aseguró con suavidad.
—Entonces porque estás aburrida faltas casi una semana entera a clases y te tomas media botella de vodka sola —apuntó él mirándola fijamente.
Ella sonrió ligeramente y sin siquiera pensar —y bajo los efectos del alcohol— se lanzó encima de Tommy, empujándolo hasta que él cayó de espalda hacia la cama.
Se colocó a horcadas encima de su estómago y apoyó sus manos en el pecho del chico. Si bien ella suponía que él no había ido a su casa precisamente a eso, Kimi tenía pleno conocimiento que él sabía a lo que se arriesgaba al ir solo hacia donde ella estaba.
Él bajo de ella se asombró al darse cuenta de cómo habían terminado las cosas en menos de un segundo, ella encima de él a horcadas. Sonrió victoriosa, sintiendo como si hubiese ganado una batalla.
—Hey, basta —le dijo Tommy, sin embargo, ella enarcó una ceja ante la poca lucha que dio él para quitarla de encima, fácilmente el chico podría sacarla.
—¿Con qué? —preguntó ella coqueta acariciando suavemente el pecho duro del muchacho.
Él apretó sus ojos y Kimi creyó que ya había ganado para cuando él soltó.
—Dijimos que nos detendríamos —murmuró Tommy— y yo realmente quiero detener este juego, Kimi, me está cansando.
Kimi soltó un bufido y lo miró fijamente deteniendo sus caricias en su pecho.
—No lo dices muy en serio —dijo ella con una media sonrisa.
Tommy torció el gesto.
—¿Por qué? —preguntó con suavidad.
Kimi rió divertido.
—Porque estás acariciando mis muslos —soltó.
Las manos de Tommy se encontraban aferradas a las piernas tonificadas de Kimi, haciendo un suave vaivén de arriba hacia abajo mientras hablaba, sin embargo, al escuchar lo dicho por ella se detuvo. Ella rió nuevamente.
Las manos del chico entonces se quedaron quietas, sin embargo, no se alejaron de las piernas de la chica.
—Philli me dijo que viniera hacia aquí —dijo entonces él.
Ella sintió un ligero revuelco dentro de su estómago ante las palabras del muchacho. Algo dentro de su pecho le dolió ligeramente al pensar seriamente que Tommy entonces no se encontraba en su habitación por voluntad propia, sino porque el castaño le había pedido que viniese a verla.
Torció el gesto y soltó con voz dura.
—Vaya, qué ironía.
—Es en serio —continuó él con suavidad—. Está preocupado por ti.
Kimi lo miró desde arriba sintiéndose ligeramente molesta.
—¿Y tú? —preguntó.
—Kimi —gruñó él.
—¿Qué? —hizo una mueca ligera y él suspiró.
—Me dijo que no te vio muy bien, también dijo —bajó la voz ligeramente—, dijo que si te llevaba de vuelta a la escuela podríamos hablar.
—Entonces viniste solo por lo que te dijo Phil —sacó por conclusión la japonesa.
Él asintió lentamente y ella sintió su corazón estrujarse aún con más fuerza.
—Anda —susurró entonces él con suavidad—, ve a bañarte, yo te prepararé algo para comer y nos iremos a la escuela.
Ella sacudió su cabeza negativamente sonriendo de manera coqueta. Se dejó caer lentamente encima de Tommy hasta que sus narices se rozaron, lo miró desde cerca y pudo escuchar los latidos del corazón acelerado del muchacho.
—¿Y si mejor me quitas la ropa —cerró sus ojos sintiendo el aliento de Tommy en su rostro, sentía el éxtasis llenar sus poros—, y follamos?
El muchacho de cabellos azulados cerró los ojos y tensó la mandíbula. Ella creyó que el hecho de que él no opusiera resistencia sería suficiente para poder obtener su cometido, sin embargo, las palabras de Tommy le cortaron todos los planes que venía maquinando en su cabeza.
—No, Kimi, por favor —murmuró Tommy abriendo sus ojos lentamente, mirándola fijamente—, ve a alistarte para ir a la escuela.
Ella se alejó entonces de él con lentitud, lo miró desde arriba una vez más y luego elevó su pierna para quitarse encima de Tommy, se sentó en la cama nuevamente con la espalda apegada a la pared.
—No iré, Tommy —aseguró ella viendo al chico fijamente con rostro dolido.
El muchacho se sentó lentamente nuevamente en la cama, Kimi pudo notar cierto gesto de disconformidad, sin embargo, no supo si fue por el hecho de que no iría a la escuela o porque se había salido de encima de él.
—¿Por qué? —preguntó con voz ronca.
—Porque no quiero —respondió como si no fuera la cosa.
Tommy frunció el gesto.
—¿Y qué planeas hacer? —preguntó—. Quedarte aquí y beber vodka todo el día.
Ella se encogió de hombro.
—No lo sé —respondió—, quizás después beba ron…
Tommy apretó los puños encima de la cama, le dio una mirada cargada de molestia y entonces se levantó de la cama sin darle ninguna otra mirada. Ella lo vio entonces caminar hacia la puerta sin siquiera darle una mirada, o decirle algo más y entonces sintió la rabia quemar sus venas y soltó sin siquiera poder frenarlo, sin poder siquiera pensarlo. Debió haber sido efecto del alcohol, o quizás lo dijo porque necesitaba decirle algo que lo retuviera, aunque fuese aquello…
—Philli me hubiese follado…
Si bien no era realmente algo que quisiese decir, aquello logró su cometido. Tommy detuvo su andar justo bajo el umbral de la puerta, Kimi pudo ver como su espalda se había tensado y lo miró fijamente, valiente.
El rostro de Pickles estaba enrojecido y ella sintió un ligero temblorcito recorrerle de pies a cabeza.
—Aviso de último minuto, Kimi —soltó con voz dura—, yo no soy Philli…
Kimi creyó que luego de aquello Tommy se iría. Ella muy bien sabía que él no era Philli y que nunca lo sería. Maldición… Se había equivocado, porque él se había quedado de pie bajo el umbral mirándola casi con una rabia ciega, incluso estando ebria ella pudo sentir lo tenso que se había vuelto el ambiente en la habitación.
—¿Sabes qué, Kimi? —oh, ella realmente no quería saber—, siempre creí que todo lo que intentabas aparentar era una mentira, pero ahora puedo ver que realmente todo te importa una real mierda.
Ella sintió sus ojos humedecer, Lili ya se lo había dicho antes y que ahora Tommy lo hiciera le hacía sentir como si realmente ambos tuvieran la razón, ella sabía que no era cierto, pero no tenía idea de cómo demostrar lo contrario al mundo sin salir lastimada en el proceso.
—¡Entonces qué demonios haces aquí! —le gritó encima de la cama intentando aguantar las lágrimas. Ella no lloraría frente de él.
—¡Vine porque Philli me lo pidió! —elevó él también la voz y Kimi dio un respingo en la cama, jamás se hubiese imaginado que el siempre apacible Thomas Pickles le levantaría la voz de esa forma—, porque, a diferencia de ti yo sí quiero recuperar la amistad que tenía antes con todos…
Ella lo miró dolida.
—¿Quién te dijo que yo no quiero hacerlo? —murmuró con la voz quebrada.
—Pues no te veo muy dispuesta a hacerlo —le dijo mirándola casi con odio, Kimi sabía que lo que Tommy quería en esos momentos era hacerle daño con sus palabras—, dijimos que detendríamos todo por Philli, pero lo primero que haces cuando me ves dentro de tu cuarto es tirarte encima de mí y pedirme que te coja.
Fue como si diez dagas se clavaran en su pecho, sintió el alcohol escalar por su garganta, sin embargo, lo retuvo. No se rebajaría de esa manera frente a él.
—Si no hubiese sido porque Philli me pidió que viniera por ti, porque creyó que quizás yo era el único en hacerte entrar en razón, créeme que yo no hubiese venido —dijo entonces como finalizando su ataque.
Aun retuvo las lágrimas en sus ojos, frunció el ceño y lo miró con rabia contenida.
—Ándate, Tommy —farfulló encima de la cama—, lárgate de mí maldita casa.
Él le dio una ligera mirada de molestia, se giró y cruzó el umbral, sin embargo, nuevamente se quedó estático antes de salir por completo de la habitación. Ella esperaba que le pidiese perdón por todas las palabras antes dichas, que se acercara a ella nuevamente y que la besara rogándole perdón.
Pero eso no pasó y muy por el contrario, cuando él se giró pudo ver en sus malditos ojos castaños dolor, un profundo dolor.
—Te amo, Kimi —soltó con voz ronca, ella sintió su corazón estrujarse con mucha más fuerza, él metió las manos a los bolsillos de su pantalón y continuó—, estoy jodidamente enamorado de ti, pero no tienes ni puta idea de lo difícil y doloroso que es hacerlo.
Le dio una última mirada entonces y salió de su habitación.
Ella sintió el corazón en su pecho saltar con fuerzas, tan fuerte que le resultó doloroso. Jamás hubiese imaginado que Tommy le dijese aquello, sabía que tenía razón, sabía que se merecía cada palabra proveniente de su boca, sin embargo, escucharlo de plano había sido el doble de doloroso de lo que era saberlo.
Escuchó la puerta abrirse y frunció ligeramente el ceño al sacar la cuenta de que realmente no era posible que Tommy fuese quien haya abierto la primera puerta —a no ser que este se hubiese ido corriendo— aunque no lo creía.
Sin hacer mucho ruido se acercó hacia la escalera y suavemente se sentó en la escalera para ver por entre los barrotes a Carlitos justo en frente de Tommy.
Vio al peliazul removerse incómodamente en su puesto, Carlitos lo miraba con cierta molestia en su rostro. Kimi esperó en silencio.
—Hola… —saludó entonces Tommy con suavidad.
Carlitos cruzó entonces los brazos a la altura de su pecho y Kimi pudo notar el nerviosismo en todo el cuerpo del Pickles.
—Espero que no se hayan revolcado en mi cama —soltó con voz mordaz el pelirrojo.
Tommy entonces suspiró y pudo darse cuenta que relajó los hombros.
—No nos revolcaremos en ninguna parte, Carlitos —aseguró el muchacho metiendo nuevamente las manos en sus bolsillos—, al menos ya no lo haremos más.
Carlitos pareció interesado ante aquello y enarcó una ceja mientras cruzaba los brazos a la altura de su pecho.
—¿A no?, ¿y por qué?
Kimi rodó los ojos, Carlitos siempre había sido tan chismoso.
Tommy se encogió de hombros.
—Porque nos dimos cuenta de la mierda que estábamos dejando atrás —contestó con suavidad y suspiró nuevamente—. Escucha, amigo, sé que quizás es tarde, pero yo realmente lo siento, lamento haberte ocultado todo esto, intentaré arreglarlo todo, lo prometo.
Carlitos esta vez suspiró.
—Está bien, Tommy —susurró el muchacho con tranquilidad—. Lo que haga o no haga mi hermana no debería incumbirme, tampoco con quién te acuestes tú.
—No digas eso —habló el chicho—, fue error nuestro, nunca debimos hacerlo.
El pelirrojo sacudió su cabeza con suavidad.
—Está bien… Lo hecho, hecho está.
Tommy pareció relajarse por completo.
—Gracias amigo.
Kimi frunció el ceño ligeramente y luego suspiró. Sabía que Carlitos sería el más fácil de convencer para que lo perdonaran. Tommy siempre había tenido la facilidad de llegar a su hermano primero que nadie, incluso primero que ella misma. De igual manera, aquello no le molestaba, sin embargo, no dejaba de sentirse ligeramente abandonada, Tommy decía amarla, pero no parecía que lo hiciese realmente.
Apretó los labios y escuchó un golpecito ligero, haciéndole entender que ambos amigos se habían abrazado. Se levantó de la escala sin hacer mayor ruido y se encaminó de vuelta hacia su habitación, sin embargo, cuando estuvo a medio camino sintió como todo lo ingerido en la mañana escalaba rápidamente por su garganta. Se llevó una mano a la boca y corrió hacia el baño.
Entró de un golpe y se agachó en el escusado, agarró un poco de su cabello, sin embargo, no fue lo suficiente y vomitó algunas puntas.
Sintió sus piernas flaquear y se dejó caer en el suelo abrazando el baño.
Sus ojos lagrimearon y se largó a llorar sin poder evitarlo mientras vomitaba. Parecía que nunca se detendría de devolver todo lo que su estómago tenía, necesitaba parar, sin embargo, no lograba hacerlo. Justo en el momento en el que parecía parar, llegó su hermano al baño.
Ella lo miró con los ojos rojos por las lágrimas.
—Vomité mi cabello —susurró, sintiéndose como una pequeña niña en ese momento. Extrañó de pronto a su madre y deseó que ella estuviese en casa para ir hacia el baño, recoger su cabello y llevarla luego a la cama, como cuando se enfermaba cuando pequeña y ella pasaba todo el día al pendiente solo de ella.
Carlitos en la puerta del baño sonrió con ternura y se acercó a su hermana a pasos tranquilos. Se arrodilló justo a su lado y tomó sin asco su cabello para afirmárselo, acarició la espalda de su hermana mientras ella volvía a erguirse al baño.
—¿Estás bien? —susurró Carlitos con suavidad.
Kimi debía admitir que siempre había sido mimada por toda su familia, incluso por Carlitos, que aunque se llevasen por pocos años, él siempre se había preocupado por ella más que quizás por él mismo. La chica asintió y sollozó suavemente.
El muchacho pareció tensarse, sin importarle que su hermana recién haya vomitado, la acercó a su pecho y la acunó entre sus brazos.
—Hey —susurró con suavidad—, ¿pasa algo?
—Perdóname, Carlitos —sorbió por la nariz e hipó—, de verdad siento mucho actuar como si todo me importase una mierda.
Sintió las manos de Carlitos acariciar su espalda con suavidad, ambos tirados a un lado del escusado, abrazados.
—Está bien, Kimi —susurró el pelirrojo contra la cabeza de la chica—, está bien…
*.*.*.*.*
Había sido una semana demasiado extraña para ella.
Siempre se había considerado una persona estable emocionalmente, o al menos, sabía controlar muy bien cada una de sus emociones. Se autodenominaba como una persona bastante controladora, sin embargo, parecía que las últimas semanas nada podía controlar.
Había faltado a clases la últimas dos semanas alegando que se encontraba enferma del estómago, al menos Carlitos eso fue lo que dijo al director de la escuela. Al menos, luego de que él la haya encontrada abrazada al baño aquel día las cosas se habían solucionado con él y parecían volver a la normalidad, aunque él no parecía querer contarle nada acerca de dónde había estado quedándose los últimos días.
Cuando llegó a clases aquel viernes seguía sintiéndose extraña, parecía ser que el hecho de ya no tener amigos —además de su hermano —le estaba afectando ligeramente al sistema nervioso, sobre todo a su estómago, que no dejaba de dolerle desde la semana anterior.
Si bien había pasado bastante tiempo desde que Philli los había encontrado en el baño, parecía que las cosas no tendrían una pronta solución. Tommy parecía querer arreglar la relación con sus amigos, aunque la vida se le fuera en ello.
Pero estaba fracasando.
Lili lo ignoraba y Philli cada vez que podía le soltaba palabras mordaces.
Al menos Carlitos ya no lo ignoraba, y aquello sabía que al muchacho de peliazul le aligeraba el problema un poco, aunque parecía ser que su hermano no era el mismo chico de siempre, ya que, se podía notar bastante ido y a veces parecía ser como si estuviese en cualquier parte del planeta menos en el lugar en el que se encontraba.
Cerró su casillero con su cuaderno en la mano y caminó con desanimo por el pasillo para llegar a su próxima clase.
Detuvo su andar en el momento en el que vio a Tommy en su casillero, no estaba solo y parecía realmente muy contento con la presencia de aquella chica.
Aunque, quién no lo estaría con la presencia de Emily Jones, pensó.
La rubia porrista sonreía divertida y se contoneaba de un lado hacia el otro mientras hablaba a Tommy quizás acerca de qué cosa.
Ella quiso irse de ahí, girarse y marcharse, sin embargo, sentía un nudo bastante molesto en la boca de su estómago que le impedía hacer cualquier cosa.
El peliazul sonrió divertido por algo que dijo la chica y luego, justo cuando el timbre sonó, la rubia de ojos azules se colocó en puntillas y depositó en los labios del Pickles un incitante beso. El muchacho pareció ligeramente asombrado ante aquel gesto, sin embargo, luego de despertar del shock, no perdió tiempo. Se inclinó hacia la chica y depositó nuevamente sus labios en los de la porrista por medio segundo.
Kimi sintió su corazón latir dolorosamente en su pecho.
Y dio un brinco en su puesto cuando ambos se separaron del beso y Emily pegó sus ojos en ella.
—Hey, hola, Kimi —le saludó.
Ella pudo notar como el cuerpo de Tommy se tensó, pareció elevar su vista hacia ella tan lentamente que le torturó por unos segundos. Kimi solo quería correr del lugar, sin embargo, sonrió ligeramente intentando guardarse las ganas de gritarle a ambos cualquier cosa.
—Hola, Emily —saludó y luego miró a Tommy—, Tommy.
Él corrió su vista de ella rápidamente y miró hacia el frente.
—Hola —saludó.
Sin poder detenerse caminó hacia donde estaban ambos chicos y sonrió enormemente.
—Sonó la campana, chicos —la voz le salió trémula—, podrían escaparse ahora antes de que alguien los note, la ventana del baño de chicos siempre está abierta y uno puede saltar por ella hacia afuera fácilmente, ¿verdad, Tommy?
Miró al chico por última vez, les sonrió a ambos y guiñó un ojo antes de seguir su camino sin decir nada más.
Pudo sentir la mirada castaña del muchacho quemarle la espalda, sin embargo, ella siguió su camino sin detenerse.
Llegó hasta la puerta del salón y se recargó en la muralla. Soltó un profundo suspiro y no fue hasta ese momento en el que se dio cuenta que había estado conteniendo el aire desde que les dijo aquello a ambos muchachos en el pasillo.
Sin duda, si Tommy no la odiaba antes, ahora sí que lo haría.
*.*.*.*.*
Sus piernas temblaban, agradecía estar sentada en aquel momento, porque o si no sabría de sobras que sus extremidades le fallarían y caería al suelo. Agradecía el hecho de que Carlitos siguiese tan soñador como lo había estado las últimas semanas, agradecía también el hecho de que sus padres aún no habían vuelto de su segunda luna de miel, también agradecía que Tommy pareciera odiarla de verdad, que Lili no le hablase y que Philli estuviese demasiado pendiente a los últimos exámenes como para estar pendiente de ella.
Sabía que si alguno de ellos se hubiese percatado de lo extraña que había estado actuando los últimos días, ella se pondría a llorar, o diría algo de lo que luego se arrepentiría, o cualquier otra cosa.
El aparatito pequeño entre sus manos temblaba ligeramente, más bien, sus manos que afirmaban el aparato lo hacían temblar.
Maldición.
Decían las instrucciones que debía esperar 60 segundos, pero, sin embargo, parecía ser que esos 60 segundos se habían transformado fácilmente en una hora. Realmente, el minuto más largo de su vida sería este.
Sonó la alarma en su celular y entonces miró con miedo la pantalla del aparato.
Nunca había pensado que algo así podría pasarle a ella, siempre fue una persona bastante comprometida con sus métodos anticonceptivos y aún así, aunque siempre tomase sus pastillas sagradamente cada día, siempre utilizaba condón. Excepto una vez.
Con Tommy.
Un nudo se le hizo en la garganta y abrió ligeramente los labios al ver la pantalla del aparato.
Su mirada cayó perdida en la nada mientras las palabras que rezaban el aparato se repetían una y otra vez por su cabeza, casi como si su mente intentase regañarla con esto.
Embarazada.
Salió del baño mientras metía el aparato en su bolsillo por cualquier cosa, caminó hasta su habitación y cerró la puerta con pestillo. Estaba sola en casa y no tenía idea de porqué lo hacía, pero lo hacía de igual manera.
Abrió el último cajón de su mueble. Dentro de este había ya siete pruebas de embarazos, donde todos dejaban en evidencia que claramente lo estaba. Metió el último y lo cerró con suavidad.
Su vida realmente se había ido a la mierda.
*.*.*.*.*
Fue una sorpresa completamente gigante cuando la noche del sábado llegó Carlitos a la casa junto con la maestra de reemplazo, Clarissa.
Ambos la invitaron a salir. Carlitos alegó que ella parecía estar demasiado triste últimamente y estaba seguro que una fiesta le animaría. Kimi no tuvo cómo negarse a ello y se vio saliendo junto con la maestra y Carlitos.
Era muy extraño para ella ver a su hermanastro junto a aquella mujer tan madura que realmente parecía disfrutar el tiempo con su hermano. Ella tampoco era como si se colocase nerviosa al estar ella junto a ambos, como si realmente no le importase que la vieran salir junto con su alumno y con la hermana de su alumno.
Kimi sabía que era antiético, pero si a la maestra de reemplazo no le importaba, pues, a ella menos.
Cuando llegaron a la disco, la oriental de inmediato supo que las cosas no iban a salir bien. Justo en el momento en el que entró a la disco, la luz blanca dio justo en un punto de la pista de baile en donde ella pudo reconocer una cabellera peliazul.
Vio unas pequeñas manos rodear el cuello del chico y luego pudo ver la imagen completamente. Tommy y Emily Jones se besaban.
¿Justo cuando ella entró a la disco la luz iluminó a la feliz pareja?
Ella realmente no podía creer tamaña suerte que tenía.
Carlitos y la maestra de reemplazo estaban conversando de lo mejor entre ellos como para notar su rostro.
Se acercaron a la barra entonces.
—¿Qué vas a tomar, Kimi? —preguntó su hermano mirándola sonriente.
Ella abrió la boca sin saber muy bien cómo responder a eso.
—Eh… —tragó saliva ligeramente, Carlitos enarcó una ceja, pareciendo notar por primera vez lo extraña que estaba su hermana.
—¿Estás bien? —le preguntó entonces.
Kimi sonrió.
—Sí, sí —dijo asintiendo frenéticamente—, quiero un chupito de vodka.
Carlitos entonces sonrió.
—Está bien…
Su pelirrojo hermano se puso a hablar con la maestra un poco más alejado de ella, Kimi podía oír como ambos reían, sin embargo, ella no podía sentirse peor en aquel momento, el chupito de vodka aún estaba calentándose en su mano y no sabía muy bien qué hacer. Buscó sin éxito —aunque no admitiría ni a sí misma que lo estaba haciendo— a Tommy entre la multitud, más no lo encontró.
—¿Kimi?
Ella dio un brinco en el asiento.
Genial.
Sonrió ligeramente a Emily Jones que había aparecido a su lado junto con Tommy, ambos tomados de la mano.
El peliazul la miró con asombro, como si no esperase por nada del mundo encontrarse con ella en aquel lugar.
—¿Qué hace tu hermano con la maestra de química? —preguntó Emily guiando su atención a su hermano y a la maestra que aún no se percataban de ambos muchachos.
Kimi carraspeó.
—Vine con Carlitos, nos acabamos de encontrar con la maestra aquí —mintió perfectamente. Ella sabía demasiado bien hacerlo.
—Oh —sonrió Emily, aunque parecía aún tener su atención en la pareja.
—Así que —Kimi intentó ganar nuevamente la atención de la rubia—, ¿ustedes ya son oficiales o algo? —preguntó con suavidad, realmente no le interesaba para nada, pero conocía el cerebro de las chicas del estilo de Emily, si se hablaba de ellas mismas, entonces, toda la atención a lo demás se dispersaba.
—Casi, casi —Emily miró a Tommy, quien no quitaba su mirada de ella, tenía el ceño fruncido—, solo que este tonto parece ser demasiado lento para esto de las relaciones, ¿verdad, Tommy?
Kimi enarcó una ceja ligeramente.
—No lo hubiese imaginado —susurró la oriental.
—Bueno, nos vamos —dijo Tommy entonces cuando su pedido, dos vasos de quizás qué cosa llegó frente a ellos—, que te diviertas Kimi.
Sin decir nada más se marchó, Emily le sacudió la mano en son de despedida y ambos se encaminaron con los vasos en sus manos hacia la pista.
Kimi no pudo evitar gritarle al peliazul.
—Tommy —le llamó por sobre la música.
Él se giró para mirarla con aquella mirada dolida.
—¿Kimi? —preguntó en un susurro.
Ella apretó los labios con fuerzas, bajó la vista hacia sus manos y luego volvió a mirarlo.
—Diviértete —susurró, sin saber muy bien si el muchacho la había oído o no. Él la miró con intensidad y luego de aquello se giró para marcharse junto con su nueva chica.
Los vio perderse en la pista y apretó los labios, miró su vaso y sin pensárselo dos veces se lo bebió de un sopetón.
El alcohol le quemó la garganta y le llegó a la boca del estómago, sintió que lo devolvería, sin embargo, tragó con fuerzas y luego se levantó del asiento para acercarse a su hermano que estaba tan absorto conversando con la maestra que ni siquiera había notado la presencia de su amigo hace un instante atrás.
—Iré a casa —anunció a su hermano, quien la miró extrañado y medio escandalizado.
—¿Qué?, ¿por qué?, no ha pasado ni una hora desde que llegamos.
Kimi se encogió de hombros ligeramente.
—Estoy un poco agotada —aseguró.
—Bueno —dijo su hermano levantándose del asiento—, entonces, vamos.
Ella sacudió su cabeza efusivamente.
—Está bien, Carlitos, quédense aquí disfrutando, tomaré un taxi aquí afuera, estaré bien —aseguró ella con una falsa sonrisa.
—No te dejaré irte sola, Kimi —el pelirrojo frunció el ceño.
Kimi rodó los ojos.
—Estaré bien, Carlitos —susurró con suavidad—, te avisaré cuando llegue a casa.
El muchacho pareció debatirse en su lugar, miró a la maestra quien sonrió al muchacho y luego miró a Kimi.
—Sabes que si no le avisas a este niño es muy seguro que le dé un ataque de nervios aquí mismo —sonrió dulcemente.
Kimi pensó que sin duda la maestra le agradaba, le sonrió de vuelta.
—Tranquilo, Carlitos, disfruten.
Sin decir nada más se abrió paso entre las personas para salir de la disco. Estuvo a punto de salir cuando se sintió ahogada y cuando al fin pudo estar afuera del tumulto de gente se sintió mareada por completo.
Desde hace días que no podía comer o beber cualquier cosa sin sentirse completamente enferma y devolverlo todo. El que se haya tomado el vaso de vodka de un golpe sin duda no había sido buena idea.
Salió de la disco y caminó unos cuantos pasos cuando sintió cómo todo el líquido se le estaba devolviendo, atinó a agarrar su cabello y se dobló en dos. Vomitó, y de pasó manchó ambas zapatillas.
Arrugó el ceño con asco y se afirmó en la pared mientras cerraba los ojos.
Pensó seriamente en devolverse a la disco para ir en busca de Carlitos y decirle que la fuese a dejar, sin embargo, sabía que si hacía eso era seguro que vomitaría a dentro y se desmayaría incluso antes de llegar a su hermano.
Abrió sus ojos y miró sus zapatillas arruinadas, sintió asco y sin miramientos se quitó rápidamente los zapatos. Prefería mil veces caminar descalza que con las zapatillas manchadas y para peor, con olor a vomito.
Las botó en el basurero que estaba justo frente de ella y comenzó a caminar por la calle a pies descalzo, sintiendo el frío colarse por sus pies.
Se abrazó a sí misma y sus ojos lagrimearon.
—¡Kimi!
Sintió como su piel se volvía de gallina, detuvo su andar y se quedó ahí, parada sin hacer nada. Realmente no tenía ganas de lidiar nuevamente con Emily Jones, tampoco con Tommy, mucho menos con ambos juntos.
—Hey —se oyó la voz del chico más cerca y entonces ella se giró.
Tommy la miró fijamente y frunció el ceño completamente. Se encontraba solo.
—¿Qué haces descalzo? —preguntó extrañado.
Ella se encogió ligeramente de hombros.
El muchacho acortó los varios centímetros que lo separaban y se plantó frente de ella separados por una distancia razonable. Él bufó ligeramente, parecía estar debatiéndose algo en su mente ligeramente y luego, como si dejase de pensar en un instante, se comenzó a quitar las zapatillas blancas que llevaba en esos momentos.
Cuando se quitó ambas se las tendió.
—Ten —dijo.
La muchacha sacudió su cabeza ligeramente.
Tommy pareció sonreír con dolor.
—Te conozco, Kimi —murmuró despacito—, sé que puedo soportar el frío más que tú.
Entonces, bajo todo pronóstico, la oriental se largó a llorar. Apretó sus ojos e hizo un puchero, las lágrimas no se hicieron esperar y cayeron por sus mejillas, soltó un ligero sollozo.
Tommy pareció que quedó petrificado en su puesto por unos segundos, sin embargo, luego de unos minutos sin saber muy bien qué hacer ante el repentino llanto de la chica pareció despertar del shock y sin decir ninguna palabra se agachó con las zapatillas en sus manos.
—Afírmate de mí —susurró el muchacho mientras elevaba con suavidad un pie de la chica y lo metía a su zapatilla, la cual le quedaba demasiado grande, amarró los cordones bien apretados, aunque no servía de mucho porque las zapatillas de igual manera se le saldrían, sonrió, la chica se afirmaba de sus hombros.
Cuando le colocó ambas zapatillas volvió a pararse y miró sus pies, sonrió ligeramente.
—Ahora eres Bob Patiño —soltó.
Kimi sonrió ligeramente y rió con suavidad mientras se limpiaba las lágrimas ligeramente con la palma de sus manos.
—Vamos —susurró Tommy mirándola esta vez a sus ojos—, te llevaré a tu casa.
La chica lo miró con el entreceño ligeramente fruncido.
—¿Qué pasa con Jones? —preguntó con suavidad.
Tommy frunció el ceño esta vez.
—No iba a funcionar de todos modos —se encogió de hombros levemente.
Kimi asintió con lentitud.
*.*.*.*.*
Kimi le devolvió los zapatos cuando ambos estuvieron en su habitación, le mandó un mensaje de texto de inmediato a Carlitos para no preocuparlo y luego miró a Tommy quien se estaba terminando de abrochar los zapatos.
—Bien —dijo el chico irguiéndose entonces—, debo irme.
Kimi sentadas en la cama lo miró fijamente.
—¿Debes o quieres? —preguntó la muchacha sin dejar de mirarlo.
El muchacho le devolvió la mirada con profundidad, soltó un suspiro.
—Sabes que tengo que hacerlo —susurró él.
—No lo hagas —masculló con suavidad la chica, sentía como los bellos de sus brazos se erizaban—, por favor quédate conmigo.
Tommy sacudió su cabeza.
—No me digas esas cosas, Kimi —la voz le salió ronca.
—Tommy —susurró la chica.
—Necesito sacarte de mi cabeza, Kimi —habló el muchacho con los ojos brillantes—, necesito reparar todo esto, necesito ya no quererte más.
Kimi sintió como su corazón se rompió ligeramente ante las duras palabras del muchacho, sus ojos se humedecieron y bajó la vista a sus pies.
—Solo quiero que te quedes conmigo hasta que me duerma —susurró ella intentando no rendirse—, no quiero sentirme sola —elevó su mirada y lo miró fijamente—, por favor.
Él la miró fijamente, casi como si estuviese sospesando la idea. Kimi sintió miedo ante su respuesta, sin embargo, en vez de responder, él le devolvió la petición con una pregunta que la dejó congelada en su puesto.
—¿Me amas, Kimi? —su mirada era intensa y ella podía sentir como él quería penetrarla con esta.
Ella guardó silencio y Tommy continuó.
—Si lo hicieras las cosas serían mucho más fáciles para mí —susurró el muchacho y luego agregó—; Si lo hicieras ya no todo estaría en la basura.
—Tommy —le dijo ella con la voz rasposa, lo miró a los ojos—, la hemos cagado hasta el fondo —susurró con suavidad—. Por hoy —sus ojos lagrimearon nuevamente—, solo por hoy quédate conmigo.
Y él no pudo resistirse ante aquello. Pareció como si hubiese olvidado la pregunta hecha con anterioridad por él mismo. Ambos en silencio se acostaron uno al lado del otro, el brazo de Tommy rodeó la cintura estrecha de Kimi mientras ella apoyó su cabeza en su pecho.
El corazón de Tommy parecía palpitar con fuerzas contra su pecho, era casi como una canción rítmica. Y entonces ella se durmió.
*.*.*.*.*
Cuando despertó aquella mañana, sintió el aroma de Tommy justo en su nariz. Sin duda era el aroma más atrayente de todo el mundo, y sin duda aquello podría haber sido una de las mejores razones del porqué no había despertado —como cada mañana— con la sensación de que vomitaría nuevamente.
Lo vio con los ojos cerrados durmiendo plácidamente, con sus brazos aún aferrados a ella, haciéndole sentir de una manera burda, completamente protegida.
Paseó su dedo por el contorno de la cara del muchacho y sintió unos deseos enormes de besarlo ahí mismo. Le pareció divertido el hecho de que aun dormido su cabello en punta no se aplastaba, aunque ahora parecía tener un corto flequillo tapándole la mitad de la frente.
Sonrió ligeramente.
Sin importarle nada, se acurrucó nuevamente en los brazos del muchacho y se volvió a dormir.
Cuando volvió a despertar, Tommy ya no estaba en su habitación, se había marchado y de seguro seguiría odiándola por el hecho de no haber respondido su pregunta.
Soltó un suspiro y estuvo a punto de sentir hambre cuando nuevamente sintió como las náuseas se apoderaban de su cuerpo, haciéndole levantarse de un salto para correr al baño mientras maldecía a viva voz.
*.*.*.*.*
No quería estar ahí.
Tampoco quería estar en el estado en el que se encontraba.
Tampoco quería estar despierta.
Ni quería sentir hambre en ese momento.
No quería tener que aguantarse las miradas mordaces que Lili le daba cada cierto tiempo desde unos puestos más atrás de ella.
Tampoco quería sentir la mirada temerosa de Philli quemarle la espalda.
Quería salir corriendo de aquel lugar y no volver más, o quería dormir, dormir por siempre y nunca despertar.
Cuando al fin sonó el timbre ella se apresuró a su casillero para poder guardar sus cosas, sin embargo, su tarea se vio interrumpida nuevamente por las náuseas que no parecían querer darle tregua ningún día.
Intentó controlarlo, tragó aire pausadamente y luego lo botó de la misma manera mientras caminaba con rapidez hacia el baño más cercano. Cuando entró, puso el pestillo lo más rápido que pudo y sin poder aguantarse por más tiempo vomitó el piso justo a un lado del baño.
—Jodida maldita suerte —masculló entre dientes mientras se arrastraba por la pared hasta acostarse en el suelo alejada del charco que había dejado cerca del baño—, porque no desapareces y ya —soltó con rabia contenida.
Y se maldijo luego ante no poder mantener su maldita bocota cerrada.
Una puerta del baño se abrió, dejando ver a una sorprendida Angelica Pickles, quien paseaba su mirada desde el vómito hasta Kimi.
—¿Qué mierda? —preguntó en un susurro mirando a la chica Finster con los ojos muy abiertos—, ¿qué significa esto, Finster?
Kimi abrió sus ojos sorprendida ante la voz repentina de Angelica.
Se levantó del suelo casi de un brinco y luego miró a la rubia con los ojos bien abiertos.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó.
La chica se cruzó de brazos.
—Es el baño, ¿o me equivoqué de lugar? —preguntó la muchacha con una ceja alzada.
La oriental se pasó una mano por su boca y luego miró a la prima de Tommy directamente a los ojos. Ella rió ligeramente.
—No puedo creer esto —susurró con suavidad—, Kimi Finster está…
—¡No! —le cortó de lleno mirándola con terror en sus facciones—, ¡cállate ya, Angelica!
—¡Estás…
—¡Basta! —gritó nuevamente Kimi.
—¡Sí que lo estás!
—¡No! —gritó otra vez la oriental y entonces se largó a llorar.
Malditas hormonas, pensó.
La rubia pareció por primera vez descolocarse ante la repentina acción de la muchacha, quien parecía no dar tregua a sus lágrimas. Kimi conocía a Angelica y sabía que la chica debía estar disfrutando aquel momento como nadie más lo haría, tenía una maldita suerte que realmente no creía que nadie además de ella tendría, porque entre el centenar de chicas que había en la escuela, justamente la pilló la muchacha que no tendría ningún pelo en la lengua y que diría a viva voz su maldito pequeño secreto.
—Hey —la chica pareció incomodarse ante su llanto—, está bien, Finster…
—No —sollozó Kimi—, está mal, todo está jodidamente tan mal —se llevó una mano a su boca y luego hipó.
Angelica pareció incomodarse, moviéndose en su puesto con suavidad, luego chasqueó la lengua y caminó hacia la oriental para estrujarla en un suave abrazo.
—¿Se lo has dicho a alguien? —preguntó con suavidad.
Ella sacudió su cabeza negativamente mientras lloraba en el pecho de la chica.
—Siquiera me lo he dicho a mí misma —la voz le salió amortiguada.
—Está bien —susurró con suavidad la rubia—, guardaré tu secreto, pero debes saber que esta bomba en algún momento explotará.
—¿Lo guardarás? —preguntó Kimi separándose de la chica ligeramente—, ¿no hay trampas?
Angelica se encogió de hombros.
—Nop —respondió.
Kimi entonces asintió.
Bien. Podía o no confiar en Angelica, esperaba que sí, porque ya no habría vuelta atrás. Ella sabía y esperaba que no se lo dijese a nadie, y le alegraba también el hecho de no querer saber nada más allá. Era extraño ser abrazada por Angelica, sin embargo, en esos momentos le parecía ser el abrazo más reconfortante que nunca hubiese tenido antes.
Ahora, solo necesitaba encontrar una solución a su pequeño gran problema.
