Nota de las Autoras: Jesús, María y José! Realmente lamentamos mucho la demora. Ha pasado más de un mes desde el último capítulo y hemos estado bastante ocupadas con los estudios de las pruebas para entrar a la universidad (en nuestro país es llamada PSU), nuestra graduación, más navidad y año nuevo y por último las postulaciones a las carreras que queremos entrar !Pero finalmente terminamos! Y ahora estamos de vacaciones, así que ahora no tenemos más excusas por las cuales no podamos escribir como mínimo un capítulo por semana. Muchas gracias a princes brazz y a Kalhisto azula por los reviews. Este capítulo es más corto que los anteriores por la urgencia que teníamos de publicar algo lo antes posible, pero les prometemos que los siguientes serán más largos. Algunas canciones que usamos para escribir y que pueden escuchar como opción son: Requiescat in Pache de Assassins Creed II (Para el inicio) y One Summer Day de Joe Hisahishi.
Aquí vamos.
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Capítulo 4: "¿Qué pasó ayer?"
Una parte por la otra
Era una voz grave y potente. Casi inhumana. Tan atronadora que traspasaba todo el cuerpo de Dalia, recorriéndola con intensas ondas desde su nariz hasta la punta de los dedos de sus pies.
Necesitamos de ustedes
No. Dalia estaba segura de que esa voz no era humana. Es más, podía jurar por su vida a que ni si quiera era de este mundo. Solo podía percibir la presencia de Shirley cerca de ella y la calidez adormecedora que las rodeaba por todas direcciones. Era como estar en el vacío, como flotar debajo del agua, y a pesar de la extrañeza de la situación, no sentía la urgencia de largarse de allí.
Restáurennos
-¿Quiénes son?- susurró. No tenia fuerzas para hablar más alto. La verdad es que no tenía fuerzas para nada en especial. Estaba tan aletargada que le era imposible levantar los parpados y ver quien era el ser (o los seres) que las envolvía tan dulcemente a las dos -¿Lily? - su conciencia le confirmaba que todo esto era un sueño; estaba segura que no era realidad, aunque podía sentir a su hermana a su lado. Estaba empezando a asustarse.
Hace mucho tiempo que no estaba asustada. Tal vez demasiado.
-¡¿Lily donde estás?- Dalia quería irse de allí, ahora mismo. La ansiedad crecía y crecía en su pecho por cada segundo que el sueño continuaba atrapándola. ¿Dónde se metió Shirley?
Restáurennos
Dalia despertó de golpe con una intensa bocanada de aire recorriendo sus pulmones. Al fijarse que estaba en la realidad se calmó un poco "Eso fue intenso". Su cabeza le daba vueltas, pero tenía que ver a su alrededor. "¿Dónde diablos estoy?" No es como si fuera la primera vez que despertaba en un lugar desconocido, pero nunca dejaba de ser menos desconcertante que la ves anterior. Así que analizó la situación.
Estaba recostada en un viejo sofá, con las ropas desechas, parte de su piel tirante por lo que suponía era sangre seca en su frente y mejilla y había un joven roncando plácidamente en un sillón en frente suyo. "Oh, cierto. El chico del auto amarillo" Fue cuando reconoció la cara del muchacho que se acordó de los eventos sucedidos el día anterior.
-¿Y ahora que?-dijo la al aire.
Por el lado de Sam, pasó bastante tiempo antes de se despertara con los rayos de luz en toda su cara, haciéndole imposible el volver a conciliar el sueño otra vez. Eso y los dos robots que no paraban de saltar sobre él, tirándole el pelo, y susurrando algo como ¡Esta acá, te va a matar, no se fue, Bee, en el invernadero, SAM DESPIERTA!
-¡QUE!- El chico solo quería dormir. Escuchó lo que creía era el murmullo de una radio llamando su nombre e imaginó que Bee había llegado, sin embargo su amigo se calló tan pronto como terminó de decir la primera palabra; Sam pensó que solo estaba siendo considerado con él para dejarlo dormir un poco más. Los dos robots se callaron de golpe junto con Bee y dejaron de molestarlo, cosa que Sam agradeció internamente y se acomodó en el reducido espacio; no tenía ni la más remota idea de por que estaba durmiendo en el sillón y no en su cama, pero su cuello ya se lo estaba reclamando. De todas formas tenía tanto sueño que tomó la decisión de quedarse un ratito más allí antes de subir a la cama. Escuchó el ruido de la tetera en la cocina. Debía ser Carly que acababa de entrar al apartamento.
Mientras ella hacía el desayuno Sam reflexionaba sobre el rarísimo sueño que tuvo, en el que había una chica y un choque con su auto, y la chica moría pero después resucitaba, luego aparecían tentáculos gigantes y extraterrestres asesinos y Bee tenía falda de tutú e intentaba coquetear a Optimus y…
El choque de algo contra la mesita de estar al lado de su cabeza le hizo abrir los ojos de una vez por todas –Ten- había una taza humeante en frente de sus ojos y la misma chica de sus sueños detrás de esta. "Debe ser una broma…" ¿Entonces todo era real? ¿El choque? ¿Las heridas? ¿La muerte que no era muerte y la organización? ¿Y los tentáculos?
-¡Mierda!- Se levanto de golpe de su no-tan-cómodo sillón- ¡Se supone que eras un maldito sueño!- exclamó Sam sonando casi decepcionado. Realmente había esperado que todo fuera parte de su imaginación como la chica le propuso antes de dormir -¿Por qué no te has ido?-
Dalia le dirigió una mirada curiosa al techo del departamento formándose la misma pregunta en su cabeza; ¿Porque no se había largado de una maldita vez? Le había dicho al chico que no se volverían a ver jamás y ella misma se había convencido de eso al taparse con las mantas en el sofá la noche de anterior. Quería saber la respuesta, así que empezó a rebobinar sus recuerdos desde el momento en que se despertó.
"La joven se desparramó todo lo que el húmedo sofá le permitió y se dispuso a observar los detalles y las grietas de la alta cúpula que formaba el techo de la residencia por un largo tiempo. La verdad es que debería estar partiendo en búsqueda de Shirley y desaparecer de este apartamento y de la vida de este jovencito que le había prestado su ayuda, no sin antes de haberle dejado algo de dinero al pobre que se hizo cargo de ella, claro. Estaba segura que debía tener algunos billetes por allí.
A pesar de la incomodidad de las ropas húmedas y sucias, se quedó en la misma posición pensando en todo y en nada por un buen rato mientras dirigía su vista a las motas de polvo que bailaban en los destellos de luz que traspasaban los altos ventanales del lugar. Las diminutas luces que se provocaban debido al contraste con los dorados rayos de sol la relajaban de tal manera que le daban ganas de seguir durmiendo (aunque no debía) por lo que entre su debate sobre levantarse del sofá y largarse y quedarse un rato más, aprovechó de descansar como estaba.
El jovencito llamado Sam soltó un ronquido especialmente fuerte y se acomodó como pudo en el pequeño sillón, y Dalia sonrió sabiendo que nadie más la veía.
Ya sin saber que hacer se estiró y se sentó, aun algo adormecida, para observar con mayor detenimiento el pequeño departamento. Tenía un poco de todo; sillones y muebles antiguos, un televisor plasma, un computador, una vieja cocina y un comedor discreto. Fue entonces cuando se fijó que había algo diferente. Un auto deportivo estaba estacionado a la mitad de la entrada; era un Camaro del 2008 ¿Porqué no lo había visto anoche? Creía estar segura de que no se encontraba allí cuando despertó del choque. Es más, podía afirmar a que ese no era el auto que el joven estaba conduciendo ayer, sino un pequeño Voltswaguen que ella misma escogió entre todos los autos por que supuso que el impacto sería menor. ¿Había alguien más allí? De inmediato se puso alerta buscando un posible acechante, pero nada le indicó que había otra persona en el apartamento, más allá de la respiración del chico.
Ahora que lo pensaba mejor, el choque realmente dolió bastante. Fácilmente le provoco más de un derrame interno, pero no podía confirmarlo así que le quitó importancia y continuó con lo que estaba haciendo. Se levantó y se dio la vuelta para ver mejor el segundo piso que estaba protegido a plena vista desde arriba por un barandal; allí debía estar la cama y el baño. Volvió su atención a los grandes ventanales. Había plantas afuera; era un diminuto invernadero.
Con algo más de emoción se acercó a la ventana para adivinar cuales eran las especies que contenía cada masetero y aprovechando la oportunidad abrió la puerta. Chirrió como el demonio. Miró a su espalda algo preocupada de que el chico se haya despertado por el ruido, pero este seguía en la misma posición que se había acomodado. Estaba tosiendo mientras soñaba pero nada señalaba que estaba despierto. Contuvo un suspiro de alivio y soltó su mandíbula que había tensado sin darse cuenta. Dormía tan plácidamente que no quería moverlo de allí.
El aroma a tierra húmeda llenó sus fosas nasales y la embriago de manera plena, llenándola de júbilo. Le encantaba ese olor. Era como volver al pasado y recordar los buenos tiempos con Lily, su hermana. El cielo totalmente azul le estaba indicando que ya no llovería más por un buen rato, pero un gruñido la alertó de que no estaba sola. Un perro enorme dentro de una casita de madera la estaba mirando y ella sin mayor interés le devolvió la mirada. Se quedaron viendo el uno al otro por lo que parecían minutos, hasta que Dalia se acuclilló y levantó la mano para que el canino se la olfateara. Descartando una posible amenaza, el animal dejó que la joven le acariciara detrás de las orejas. Apestaba a perro mojado, y Dalia sintió que los dos necesitaban un baño urgente.
Para cuando terminó de examinar el exterior ya le rugía el estomago del hambre, por lo que no se le ocurrió otra cosa que preparar algo de desayuno "...Bien, deben haber huevos y algo de té por aquí" pensó, solo para cambiar de tema en su cabeza al tiempo que abría la puerta del invernadero lentamente delante de ella. No sabía con exactitud la ubicación del edificio pero su hermana la encontraría, eventualmente se largarían de allí y no volverían a encontrarse con ese muchacho jamás, ¿Así que por que no disfrutar un poco lo que quedaba de tiempo?"
"¿Cuánto tiempo ha pasado… desde la ultima vez que estuve así?" Se preguntó con vana melancolía al rememorar los antiguos recuerdos. Sabia que, muy por dentro suyo, solo estaba buscando alguna excusa para seguir permaneciendo en ese departamento junto al chico, después de todo hace mas de una hora que se debió de haber marchado, pero la mera presencia del joven y la calidez del lugar la instaban a quedarse solo un poco más. Esta alienígena sensación del pasado no la dejaba en paz; era tan atrayente como aterradora. Se concentró en el presente y puso su atención nuevamente en el joven.
-Buenos días para ti también- le respondió en un amable tono que denotaba el obvio sarcasmo. Ella ya había supuesto que se estaba haciendo el dormido cuando entró, a pesar de los ruidos extraños que la dejaban con la intuición de que aun no estaban solos. Revisó por enésima vez el lugar, pero no había nadie ¿Tal ves era un espíritu?
-Aun no me contestas ¿Por qué sigues aquí?- demandó Sam. Por cada minuto que pasaba, quería saber menos de esta tal Dalia- ¿Y qué es esto?- señaló a la taza.
-Eso es té endulzado con miel y limón, te ayudará para la inflamación de la garganta- le dijo mientras rompía unos huevos en una pequeña sartén caliente. Desde que entró ya había supuesto en donde se encontraba cada cosa. Era demasiado obvio, todos los hogares tenían el mismo patrón de orden, así que no le tomó demasiado tiempo el encontrar la tetera o la sartén para cocinar.
-¿Cómo sabías que mi gargan…?-
-Por un momento pensé que eras tuberculoso de tanto que tosías mientras soñabas- le contestó concentrada en los huevos. Sam no supo que responder a esto y solo atinó a quedarse boqueando.
-Muy chistoso-dijo Sam- ¿Sabes que? No puedes llegar y simplemente tirarte sobre los autos de los demás para luego despertar de la nada y aprovecharte de su sofá y robar su comida-
-Toma- posó los huevos fritos en la mesita del comedor justo al frente del chico y se sentó en esta- Tu sofá no opuso resistencia anoche-
-¡Me da igual lo que mi sofá quiere o no!- soltó repentinamente el chico- ¡Esto… esto es extorción! ¡Estas sacando provecho de mi hospitalidad y me estas tomando como rehén en contra de mi voluntad!
-Dramático…-
-¡No soy dramático! ¡El que te haya salvado la vida tres, no, -Se corrigió refiriéndose a los ataques de los Decepticons los años anteriores- cuatro veces, no significa que puedas hacer lo que quieras conmigo! ¡Tengo derechos ¿Sabes?
Dalia tomó un sorbo de té y agarró el pan, cortándose un trozo para ella y otro para el chico- ¿Quieres?- se lo ofreció.
-¡No quiero ningún maldito pedazo de pan! -explotó finalmente Sam- ¡Lo que quiero es que salgas de mi casa ahora!-
-Espero que no seas así de maleducado con tu novia, por que si es así no quiero ni saber como es que le contestas a tu propia madre- le encaró alzando una ceja. La culpa siempre funcionaba. Y al parecer el truco fue efectivo, pues el chico pareció querer retractarse por un segundo.
-¿Por qué dices que tengo…?-
-Todo en tu casa es para dos. Dos butacas. Dos sillas. Dos paraguas… –señalaba los objetos con la mano a medida que iba nombrándolos- No tienes anillo de compromiso, por lo que deduzco que no están casados. Además, o es tu novia la que escoge el precioso estilo de los muebles y del interior, o tienes un gusto muy exquisito y eres gay – frunció el ceño y lo miro de arriba abajo-… ¡Oh! Emmm…Entonces… ¿Tu…?-
-¿Qué? ¡No, por el amor de Dios! ¡No soy gay!-
-Ah, lo lamento entonces- continuó la chica- Bueno, como iba diciendo no están casados. Sin embargo tú y ella pelearon, pues no se ve ninguna pertenencia femenina a la vista y ahora ella no está en el departamento. Eso… y tienes fotos de ella contigo alrededor de todo el lugar. Por cierto, linda foto con el Presidente allá arriba- Apunto a la foto de la pared cerca de la escalera y a la medalla de honor que estaba al lado.
-Gracias- sonrió un momento a su pequeño tesoro, luego volvió a la realidad- Espera un segundo… si ya sabias que mi novia era una chica entonces porque me dijiste…
-Siempre es chistoso preguntarle eso a las personas. Siempre- remarcó seriamente mirándolo a los ojos, pero repentinamente suspiró cansada y desvió la mirada hacia el invernadero- Mira, vengo de un largo viaje y tu sillón ha sido lo más confortable en lo que e dormido en semanas. Realmente estoy cansada y si salgo de tu departamento en esta facha tus vecinos pensaran que eres un "secuestra-viola-torturador" de jovencitas por las noches y nadie quiere eso ¿verdad?- Tomó otro sorbo del té- por lo que solo te pido que me dejes terminar el desayuno que preparé y que me prestes un poco de agua caliente (que no tienes idea de lo gloriosa que será para mi) y tu lavadora para limpiar mi ropa y me largaré de aquí. Lo juro-terminó de hablar y concentró sus intensos ojos verdes (¿o amarillos?) sobre él.
Si no fuera porque Sam tiene experiencia con seres que te atraviesan hasta el alma con la mirada, probablemente no hubiera logrado mantener la vista fija en la de ella por demasiado tiempo, pero tenía que admitir que la energía que fluía en esos ojos competía con la que tenían los Autobots en sus ópticos. Por lo mismo podía reconocer esa expresión de agotamiento donde fuera. La chica decía la verdad y la propuesta sonaba razonable.
- Okey, pero que sea rápido. Carly debe estar por llegar. La ducha está en el segundo piso-fingió un tono de derrota.
-Te lo agradezco- Le sonrió sinceramente a Sam, pero antes de continuar con el desayuno notó que él estaba mirando con escepticismo la taza que ella le había dejado por lo que con un suspiro se levantó de su asiento y se acercó, la agarró, tomó un sorbo y la volvió a dejar donde estaba en la mesita de estar, regresó al comedor y se sentó a tomar de su propia taza mientras miraba el invernadero desde allí. El muchacho miró con el ceño fruncido el oscuro brebaje y mientras Dalia estaba distraída acercó su nariz para olisquearlo. La agarró entre sus manos y tomo un pequeño trago. Era muy dulce y le daba algo de comezón cuando bajaba por su garganta inflamada, pero era agradable el alivio que dejaba de paso, aunque nunca lo admitiría frente a ella.
A Dalia se le ocurrió que tal vez debía comenzar con un tema de conversación para alivianar el ambiente. Tenía entendido que las personas tienden a conversar sobre cualquier cosa de poca relevancia mientras desayunan entre ellos. Buscó algo a su alrededor que sirviera "Oh si, me puede ser útil".
-Lindo auto- dijo de repente.
El chico que se había quedado parado en la misma posición sin estar seguro que decir, le dirigió una mirada de puro y sencillo pánico al auto "¡Oh, no, no, no, no, Bee!" ¿Qué le iba a decir a su amigo?
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NA: Awww Yeaahhh! El proximo capítulo se conocerán cara a cara por primera vez. ¿Qué dicen?¿Les gustó?
