Capítulo III: Realidades
No había palabras para describir el alivio que Ran había sentido al ver a aquel pequeño finalmente despierto y aparentemente bien, aunque siendo sincera consigo misma había algo que realmente le preocupaba sobre él y era que por más amable que se mostraba, él simplemente se negaba a hablar con ella y esa actitud era sumamente sospechosa ya que las únicas explicaciones para ello eran que ese niño realmente era un miembro del Clan y se negaba a hablar por el odio que sentía hacía los humanos después de la guerra o, en dado caso de que así fuera, ese niño era después de todo un esclavo y su amo le había prohibido hablar con otros fuera de sus dominios, lo cual también era sospechoso y alarmante ya que ¿Qué podía ser tan importante como para silenciar de esa manera a un niño? Quizás estaba siendo paranoica con todo este asunto, pero durante la guerra había presenciado como podías silenciar o hacer hablar a cualquiera a través de distintos métodos como la tortura física y psicológica, hechizos o maldiciones, a través de una simple orden o por medio de algún artefacto mágico como bien podría serlo la cadena que reposaba en su cuello. No lo sabía y no tenía manera de hacerlo aun a menos que recurriera a ciertos métodos que no eran de su agrado y que no estaba dispuesta a aplicárselos a un pequeño como él, por eso solo le quedaba una opción y era vigilar de cerca al misterioso Conan.
— Dime algo —Insistió Ran indispuesta a rendirse aun con aquel extraño que la veía con la misma intensidad y seriedad con la que lo haría un adulto— ¿Me tienes miedo?
Enarcando una ceja el pequeño la miro directo a los ojos seriamente para luego negar con la cabeza, lo cual era un gran avance para la cazadora si consideramos que aquella era la primera respuesta formal que él se había dignado a darle desde que había despertado.
— Entonces ¿Por qué no me hablas? —Insistió dispuesta a conseguir una respuesta mejor que la anterior, tomando sus manos entre las suyas tratando de mostrarle que podía confiar en ella. Sin embargo él tan solo desvió la mirada hacia un lado frunciendo el ceño— Vamos, todo esta bien. Aquí estas a salvo, te doy mi palabra.
Shinichi se atrevió a observarla de reojo disimuladamente y se maldijo a sí mismo internamente en el mismo instante en que lo hizo, pues simplemente no pudo negarse ante la seriedad y la honestidad que se reflejaba en aquellos ojos violáceos. Resignado suspiro pesadamente asintiendo a regañadientes sin atreverse a voltear a verla, dándole a entender que creía en sus palabras, pero que no esperara nada más de él.
— Dime ¿No quieres hablarme o es que no puedes hacerlo? —Shinichi se limito a alzar el dedo índice en respuesta, después de todo no hablaba porque simplemente no quería hacerlo, ni con ella ni con nadie que no fuera su compañero. No podía darse el lujo de confiar en nadie— ¿Alguien te obligo a hacerlo?
Indignado negó efusivamente frunciendo el ceño molesto, nadie podría obligarlo jamás a hacer algo que no quisiera ni mucho menos aceptaría que nadie se atreviera a darle ordenes, era demasiado orgulloso como para doblegarse ante nadie y aunque su orgullo era una de las razones por las que ahora se encontraba atrapado en el cuerpo de un niño, aun así seguía prefiriendo mil y un veces la muerte antes de someterse a los caprichos de algún imbécil con ínfulas de grandeza.
— ¿Sabes que no estamos llegando a ningún lado así verdad? —Shinichi tan solo se encogió de hombros indiferente ocasionando que una venita se brotara en la frente de la hábil cazadora que comenzaba a perder la paciencia con ese niño— y esa actitud definitivamente será un problema ya que yo me voy a hacer cargo de ti de ahora en adelante.
Incrédulo Shinichi volteo a verla boquiabierto, sintiendo como todos sus planes se venían abajo al igual que un castillo de cartas ante un soplo de aire. Ran no pudo evitar reír por lo bajo ante la sorpresa de aquel niño engreído, a la vez que una fugaz idea para hacerlo hablar surcaba su mente, aunque seguramente tardaría un poco en obtener resultados, pero estaba segura que con este método hasta la espera le resultaría divertida.
— ¿Qué? ¿No te lo dije? —Musito sonriendo con autosuficiencia a la vez que apoyaba el mentón en la palma de su mano alarmando a Shinichi, que no era tan tonto como para no saber que esa mujer estaba tramando algo— Como no sabemos nada sobre ti y no pudimos encontrar registros tuyos en el pueblo ni en las otras aladeas, villas y poblados de la región; no podemos dejarte nuevamente solo después de haber sido atacado por aquel misterioso asesino que apareció hace unos días. Es demasiado peligroso para un pequeño como tú.
Shinichi estuvo a punto de objetar aquello, pero logro detenerse al ver el brillo en la mirada de la cazadora. Trago saliva sintiéndose como la aterrada presa de un poderoso e imponente depredador que esta esperando el más mínimo descuido de su parte para abalanzarse sobre él apresando su cuello entre sus fauces. Debía de tener mucho cuidado con ella.
— Aunque viéndolo por el lado positivo estarás a salvo mientras vivas conmigo y ¿Sabes qué? —Shinichi negó con la cabeza efusivamente a la vez que se tapa lo oídos con las manos, si de algo estaba seguro era que no quería seguir escuchando los maquiavélicos planes de esa mujer, que ensanchando aun más su sonrisa se inclino peligrosamente sobre él haciéndolo contener el aliento cuando aquella abrumadora esencia llego a sus fosas nasales.
Viendo su oportunidad Ran tomo las manos de aquel niño y sin esfuerzo alguno las aparto de sus oídos, Shinichi trato de zafarse, pero se vio inmovilizado por el agarre de acero de esa monstruosa mujer que parecía no inmutarse en lo más mínimo a pesar de que él forcejeaba desesperadamente para liberarse… Por primera vez en su vida se sintió como un pequeño insecto tratando de mover un enorme árbol.
— Mientras estemos juntos podría enseñarte todo lo que sé, comeríamos juntos, dormiríamos juntos y nos bañaríamos juntos —Musito "alegremente" ocasionando que un leve hilo de sangre descendiera desde la nariz de Shinichi, que ahora estaba tan rojo que hasta los tomates sentirían envidia al verlo. Ran sonrió triunfalmente a la vez que le limpiaba la sangre con un pañuelo— Será como tener un hermanito.
Ahora si, aquella había sido la gota que había rebasado el vaso, Shinichi no estaba dispuesto a someterse a semejante tortura y menos cuando él mismo no podría disfrutar de aquel juego como quisiera al ser tan solo un "niño" y eso no era justo ni para él ni para ningún hombre que estuviera en su lugar. Fuera de si abrió la boca dispuesto a callar a esa mujer de una vez por todas.
— No…
— ¡Cabo Graham reportándose señor! —Justo cuando Ran creía que finalmente había logrado su objetivo, uno de los guardias irrumpió repentinamente en la habitación impidiéndole escuchar la voz de aquel niño con su estridente presentación— Disculpe la intromisión, pero…
— ¿Qué? —Dijo bruscamente asustando tanto al pobre guardia como a Shinichi, quien dio un respingo en la cama ante el drástico cambio de aquella mujer que ahora fulminaba a aquel pobre hombre con la mirada y si las miradas mataran, estaba seguro que aquel sujeto ya estaría muerto y enterrado.
— Pu… Pues verá —Tartamudeo nervioso ganándose un gruñido por parte de Ran— Ya lo… Logramos identificar quien era la victima de hace unos días —Ran tan solo asintió con la cabeza instando a continuar al pobre hombre que apenas si podía mantenerse de pie frente a ella— Se trata de Sasha Miller, trabajaba como asistente del encargado de la librería del pueblo y hay algo más. Encontramos esta extraña caja cerca del callejón donde se encontraba el niño, estaba cubierta por girones de la ropa ensangrentada de la victima… No pudimos abrirla.
— Déjame verla —Dijo seriamente la joven cazadora recibiendo la caja de manos del guardia y la examino con detenimiento sin percatarse de que el niño a su lado también observaba con sumo interés el objeto.
Se trataba de una caja de acero de color negro y de dimensiones de 30 x 30 x 30 centímetros, se veía bastante solida y resistente, sin ninguna abertura posible lo cual la hacía casi imposible de abrir como había dicho el guardia. Ran sostuvo la caja frente a ella con una sola mano ante la mirada extrañada del guardia y del niño a su lado, respiro hondo y sin pensarlo mucho la golpeo con fuerza en uno de sus lados, perforando la gruesa lamina de acero como si se tratara de una simple hoja de papel.
— Que extraño no tiene nada adentro —Pensó en voz alta para luego entregarle de nuevo la caja al aterrado guardia— Llévasela a la capitana Sato y espera instrucciones.
— Si señor…
Aquello fue todo lo que necesito Shinichi para saber que si realmente quería escapar de aquel lugar, la tendría bastante difícil si esa aterradora mujer tenia los ojos puestos sobre el las veinticuatro horas del día. Sin embargo tenía que intentarlo en cuanto tuviera la oportunidad sino todo lo que había arriesgado hasta ahora carecería de sentido, tan solo esperaba que su compañero donde quiera que estuviera, por lo menos haya tenido mejor suerte que él.
Lo que Shinichi no sabía era que mientras él tenía que enfrentarse a la temible Ran, su compañero se encontraba en una situación muy parecida a la suya en una aldea en el extremo este de la región, despertando a duras penas en una apacible cabaña de vividos colores y confortables habitaciones.
Desorientado y con un punzante dolor arraigado en su pecho, abrió apesadumbradamente los ojos observando con asombro como todo a su alrededor era gigantesco, incluida la cama en la que estaba acostado. Trato de erguirse para sentarse, pero no pudo hacerlo pues había algo en él que se lo impedía aunque no estaba seguro de que podía ser aquello porque, además del dolor en su pecho, él se sentía bien.
— Veo que por fin despiertas amiguito —Una voz a su derecha lo hizo saltar hacia el extremo contrario de la cama asustado al ver a aquella enorme mujer sentada en una silla con un libro en sus manos— Veo que ya te sientes mejor, de verdad me preocupe cuando te encontré en medio de la calle malherido en un charco de sangre.
— ¿En la calle? Pero si yo no recuerdo haber llegado a ninguna calle —Dijo tratando de recordar que demonios le había ocurrido para terminar en aquel deplorable estado en el que aquella mujer de alborotado cabello castaño oscuro y ojos azules cual zafiro lo había encontrado. El no poder recordar lo altero mucho— Dime todo lo que sepas mujer, tengo que irme de aquí y encontrar al que me hizo esto y…
— Wow, wow, wow cálmate amiguito —Lo detuvo la misteriosa gigante acariciándole la cabeza con una sonrisa cálida sonrisa dibujada en su delicado rostro— no puedo entenderte, yo no hablo idioma perro.
— ¡Pero ¿Qué diablos te pasa?! ¡Deja te de idioteces! Y dime lo… —Se detuvo abruptamente cuando una larga y esponjada cola de sedoso pelaje de color azulado lo golpeo en la cara. Extrañado y un poco asustado busco con la mirada a que animal pertenecía aquella cola, encontrando con horror que esta era nada más y nada menos que suya.
Asustado retrocedió al ver como sus manos se habían convertido en pequeñas patas, que no tenía mejillas, ni pulgares y que ahora un denso y alborotado pelaje azulado cubría todo su cuerpo; fue tal la impresión que le causo descubrir aquello que olvido completamente que con el salto que había antes, se encontraba justo en el borde la cama. Como era de esperarse al retroceder tan bruscamente termino cayéndose de la cama, emitiendo un agudo gemido al impactar con el suelo de madera.
— ¿Estas bien? —Preocupada la mujer "gigante" corrió hacía él y lo cargo acunándolo entre sus brazos y aunque en esa posición podía sentir por completo el no tan pequeño busto de ella, en ese momento era lo que menos le importaba al pobre hombre que aun no podía creer que en verdad fuera un perro.
—¿Qué demonios esta pasando aquí? ¿Por qué soy un perro? Y ¿Dónde demonios esta el idiota de Shinichi? —Pensó tratando de respirar hondamente en un vano intento de calmarse— Vamos Kaito cálmate y piensa, piensa qué fue lo que sucedió… No puede ser que no recuerdes como fuiste a parar en el cuerpo de un perro… Mierda tengo que encontrar a Shinichi, el seguramente tendrá alguna pista…
Un repentino golpeteo en la puerta lo hizo perder el hilo de sus pensamientos haciéndolo voltear exaltado con el pelaje erizado, los músculos tensos, las orejas pegadas a su nuca y con las fauces entreabiertas gruñendo amenazadoramente ante el intruso que se encontraba al otro lado de la puerta.
— Shhhh, tranquilo chico —Le susurro dulcemente aquella mujer acariciándole la cabeza conciliadoramente, en un vano intento de calmarlo. No sabía porque, pero sea quien sea el que se encontraba al otro lado de la puerta, simplemente no le agradaba— Adelante.
Aquel sujeto no se hizo de rogar adentrándose en la habitación como perro por su casa, enervándole los nervios aun más a Kaito, quien olvidando por completo su propio dilema existencial se centro en aquel hombre de fríos y vacios ojos, que nada más entrar le dirigió una mirada de desprecio para luego volver su atención a la mujer reprochándola con la mirada.
— Aoko ¿Por qué aun sigues perdiendo el tiempo aquí? —Dijo con severidad apoyando la espalda en el marco de la puerta— Se supone que hoy saldríamos al bosque a investigar la zona donde los mercaderes del sur fueron emboscados y robados. Al final termine yendo yo solo.
— Lo lamento Lucas, no podía simplemente irme y dejar a este pequeño abandonado a su suerte —Se disculpo acariciando suavemente la cabeza de Kaito bajo la severa mirada de aquel hombre— yo lo encontré y ahora soy responsable de él, además ya averigüe y aunque tiene collar, no tiene dueño o al menos su dueño ya no esta aquí.
— Creo que deberíamos hablar de prioridades otra vez Aoko —Dijo en un suspiro masajeándose la sien con yema de los dedos disgustado— Prácticamente acabas de decirme que desechaste un trabajo con buena remuneración por cuidar de un cachorro moribundo. Solo falta que me digas que piensas conservarlo.
— Pues fíjate que si Lucas —Refuto ya obstinada del sermón que el "Gran" mercenario Lucas Bertrand se había tomado la molestia de darle. Este solo la observo enarcando una ceja— No es mala idea, no tiene dueño y con un poco de entrenamiento podría ser un excelente perro de caza. Además no me haría mal tener un poco de compañía.
— Ya me tienes a mi para eso —Refuto cruzando los brazos y mirándola seriamente a los ojos.
— Me refería a "Buena" compañía Lucas —Dijo resaltando aquella palabra ganándose un sonoro resoplido por parte de aquel hombre y una gran sonrisa canina por parte de Kaito a quien comenzaba a agradarle aquella mujer llamada Aoko— además no se porque tienes la idea de que yo voy a quedarme contigo y a convertirme en una mercenaria como tú… Tienes que entender que mi estancia aquí es pasajera, en cuanto termine los asuntos que tengo pendientes me iré a buscar a Ran…
— Entonces haz lo que quieras —La interrumpió bruscamente gruñendo por lo bajo— cuando vuelvas a tus cinco sentidos ven a verme y hablaremos de negocios. Hasta pronto Aoko.
— Lo mismo digo —Contesto a la par que Lucas cerraba la puerta de un portazo dejándola finalmente sola con Kaito— Aunque espero que no sea tan pronto —Suspiro pesadamente dejándose caer pesadamente con el cachorro aun en sus brazos, para luego alzarlo frente a ella— ¿Qué dices amigo? ¿Te gustaría quedarte conmigo?
— ¡Arrrf, arrf! —Ladro Kaito meneando la cola, ladrido que traducido a la lengua humana seria un "Por supuesto" y que no solo le había agradado el fuerte carácter de esa mujer, sino que si ella de verdad viajaba tanto como suponía, podía aprovechar esa oportunidad para buscar a Shinichi mientras estaba con ella así se aseguraba de que podría estar a salvo mientras se adaptaba a aquel diminuto cuerpo de perro.
— Entonces está decidido… Kid —Dijo revisando el nombre que se encontraba inscrito en aquel grueso y peculiar collar de metálico de color verde jade— A partir de ahora serás mi perro hasta que encontremos a tú dueño ¿Si? —Kaito contesto con otro ladrido que ella interpreto como un "si"— Entonces espero nos llevemos bien, compañero.
