– Necesito salir de aquí y ver a mis padre y hermanos de nuevo, solo quiero saber si están bien.
– Me alegra ver que tu si te preocupas por tu familia...
– Henshiro...
– Está bien Yuka, te ayudare a escapar... después de pasar esta partida~
– ¡Idiota!
Miro a su alrededor, ya había pasado algunas semanas desde la llegada de los Yukihara, Ana era alguien soportable, un poco borde y bastante ermitaña, pero ambas se habían entendido a la perfección, coincidían en algunas cosas y se aguantaban una a la otra... pero él... no lo soportaba.
– ¿Puedes dejar de seguirme? –pregunto de mal humor, volteo y vio a Izumi o Yuki-sensei, daba igual, solo sabía que lo detestaba.
– Solo quería ser amable con mi alumna –respondió sonriendo, la castaña se agacho y tomo varias rocas entre sus brazos, el hombre se puso blanco sin abandonar sus gesto y salió huyendo mientras Yuka le aventaba las "balas"
– ¿Con que cara me pides soportar a Henshiro? –pregunto Ana llegando y alzando una ceja.
– Henshiro es tu pareja y compañero...
– Izumi es tu maestro...
Se miraron y encogieron de hombros–. ¿Vamos a comer?
– Claro –respondió la peli gris y ambas se alejaron hacia la cafetería hablando un poco sobre las maestras y sus horribles atuendos. Al llegar se encontraron con Henshiro el cual las saludo con la mano sin despejar su vista de la consola.
– Ana... no... no llores.
– Él que está llorando eres tú... ven acá idiota.
– No entiendo porque se fueron.
– Esas cosas pasan... vamos, tienes que ser fuerte, debes terminar tu carrera y ponerte a trabajar, mientras usaremos el dinero de la herencia.
– Lo sé, ahora mismo voy a arreglar eso... ¿Qué hacemos con sus cenizas?
– Yo me encargo, tu vete a estudiar.
Izumi llego al patio trasero y saco una pequeña botellita de alcohol la cual bebió de golpe, sonrió mirando al cielo. Vio a lo lejos, ahí estaban Kanade y Jinno, se acercó a ambos y de un brinco se montó en la espalda de su hermana quien rio y dio una vuelta en su eje con el encima.
– ¡Yukihara compórtate! –regaño el castaño, ambos se miraron y luego a él sonriendo de forma inocente.
– ¿Cuál de los dos? –preguntaron al unísono sacándole una venita de la molestia.
Kazumi estaba, como siempre, arreglando inscripciones y graduaciones de sus alumnos tomando un delicioso té. Tomo la taza alzándola al ver como el edificio temblaba.
– ¡Son unos idiotas!
– Debo aumentarle el sueldo a Jinno –se comentó el director a sí mismo y siguió trabajando.
– ¡Lo sentimos!
Yuka miraba con atención a su profesor dar la clase, era un idiota, pero sabía cómo atraer la atención de los alumnos, no entendía muy bien cuál era la materia que daba pero lo que siempre hacia era enseñarle a sus alumnos a apreciar su alice y su persona, por eso creía que era algo como ética, no lo sabía. Miro a Henshiro quien parecía molesto, lo sabía, el odiaba su alice porque gracias a eso causo una tragedia que lo llevo a ese lugar. Ana se veía tranquila, predicción y sellar, además, ella llego por voluntad a ese sitio. Le sorprendió cuando la de cabello gris poso una mano en el hombro de su compañero quien se relajó y la miro de forma seria.
– El fuego no es malo, solo hay que saber cómo usarlo –aclaro mirándolo indiferente, el chico desvió la mirada al piso. Ella no sabía que pensar, Kanade era igual, siempre decía que sin importar que, uno debe apreciar lo que kamisama les concedió.
– Tú no sabes nada... –murmuro sombríamente.
– No lo sé, pero sé que eres un estúpido –declaro con irritación–, alguien que no se sabe apreciar no vale la pena –afirmo y se levantó.
– ¿Ana? –pregunto Izumi confundido. Interrumpió su discurso de porque es importante casarse con una señorita de San Nicolás. Yuka la miro preocupada y luego a su compañero quien miraba dolido a la puerta, aquello fue un golpe bajo.
– Profesor, Henshiro no se encuentra bien ¿Puedo llevarlo a la enfermería? –pregunto Yuka.
– No –todos parpadearon confundidos–, tu sabes cómo tienes que decirme.
– ¡No mames wey! No es hora de hacer tus mamadas –se quejó parándose, todos se sorprendieron, la castaña se sonrojo–. Mucho tiempo con Ana –pensó al darse cuenta que termino insultándolo en español.
– Y eso alumnos, es una demostración de otro idioma al cual llamamos mexicano, México es un país tercer mundista donde la gente le gusta comer tacos y todos llevan mostacho y siempre elijen idiotas para presidente –aclaro Izumi, todos aplaudieron ante su explicación–. Puedes ir –la castaño jalo a su amigo y lo saco del salón–. Bueno, como decía, tienen que tener una mujer que sepa coser, que sepa bordar y que sepa abrir la puerta para ir a jugar.
– ¿En qué sentido? –pregunto un alumno alzando la mano.
– En todos los sentidos.
Ambos chicos llegaron a la enfermería y Yuka lo sentó en la camilla.
– No voy a justificar lo que dijo Ana, tal vez se pasó, pero ¿Te das cuenta de lo que le dijiste?
– ¿Eh? –balbuceo mirando a la castaña.
– Ana puede ser muy maldita a veces, lo sé, no sé por qué, pero sé que debe tener sus razones y no deberías simplemente ir por la vida diciendo "Tú no sabes nada", sus padres están muertos, solo tiene al idiota de su hermano, a la profesora Kanade y al director Yukihara –aquello le sorprendió al de pelo negro.
– No lo sabia...
– Claro que no, Ana no es de las personas que van contando sus problemas por todos lados –aclaro seriamente–, ni siquiera sabe entender sus propias emociones y trata de siempre ser fuerte por su familia, ese idiota de Yuki es tan emocional que ella se ve forzada a mantenerse firme para no preocuparlo.
– Yo.. –el chico murmuro y cerro sus ojos, se levantó y salió en busca de la peli gris. La castaña soltó un suspiro y se sentó en la camilla.
– Es interesante como tratas de ayudar a la gente –Yuka se asustó y miro a la profesora Kanade en el marco de la puerta, como siempre, tenía aquella sonrisa despreocupada en su rostro–, eres una chica muy interesante –comento.
– Son mis amigos, aunque su relación no sea perfecta no quiero que estén peleados –contesto desviando la mirada.
– No conozco del todo bien a mi hermana, sabía de ella por cartas, pero se porque finge ser fuerte... supongo que, ella debe hablarlo cuando esté lista –aclara tomando unas vendas, alcohol y algodón–, nos vemos Yuka-chan.
– ¿Eh? No vemos Profesora Kanade –se despidió la castaña algo desorientada, sin duda esa familia era muy enigmática.
– Y por eso estaba de mal humor —termino de decir Izumi a sus alumnos, todos exclamaron asombrados.
– Pobrecito, solo tenía calor –se lamentó Momoka.
– A mí me da más pena la hormiga, el chorrito la salpico y sus chapitas se despinto.
– Bien sigamos alumnos –interrumpió el maestro, comenzó a dibujar en la pizarra–. Hoy hablaremos de un personaje histórico que marco la vida de muchos, su nombre es Pin Pon, él fue un muñeco muy guapo y de cartón.
Su plática se vio interrumpida por la llegada de Yuka al salón, todos la voltearon a ver y ella solo hizo un ademan para que siguiera la clase.
– Como decía, entre sus costumbres estaba el lavarse la carita con agua y con jabón, desenredarse el pelo con un peine de marfil. Pin pon nunca lloraba cuando iba a la cama, sean como Pin pon.
– Profesor ¿Esto que tiene que ver con su materia? –cuestiono Yuka.
– Que Pin Pon era un muñeco que se quería a sí mismo, tenía tanta confianza en él, ustedes deben ser como Pin Pon –todos aplaudieron su explicación, la castaña negó y con una sonrisa resignada también comenzó a aplaudir.
Semanas habían pasado desde aquello, ya estaban en primero de octubre, para desgracia de Yuka, las cosas entre Ana y Henshiro no terminaron nada bien, cada intento de arreglar las cosas por parte del chico terminaba de mala forma, intento averiguar que que paso entre los dos, pero solo terminaba recibiendo la ley del hielo por parte de la peli gris.
– ¿Sabes qué pasa con tu hermana? –pregunto Yuka apoyando sus manos en el escritorio de Izumi, el hombre se exalto pues estaba viendo una revista, la guardo con cautela y la miro fijamente. La mirada de ambos se conectaron unos segundos perdiéndose en aquel color azul grisáceo y marrón avellana.
– No sé de qué me hablas –respondió después de un rato, Yuka se golpeó el rostro frustrada.
– ¡Sobre ella y Henshiro! –soltó molesta, Izumi pareció entenderlo y la hizo sentarse a su lado, la chica accedió.
– Henshiro intento arreglar lo que dijo, ella lo perdono pero él le pregunto el porqué de su forma de ser, eso le molesto a mi hermana que odia explicar razones así que comenzaron a discutir hasta que colmo su paciencia, lo demás no tengo detalles –explico–, Ana es así desde que mi madre se separó de su primer esposo.
– ¿Tuvieron dos padres? –pregunto Yuka curiosa, Izumi carraspeo incómodo.
– Solo uno, Hinata Yukihara –aclaro, la chica asintió –, en realidad, nuestro verdadero apellido es Gómez, es mexicano, por eso sabemos un poco de la lengua y algunos modismos.
– ¿Qué paso para que...?
– Es complicado, digamos que ese hombre era un machista de mierda y una discusión se salió de control... eso le costó a mi hermana algo que no podrá recuperar jamás... –desvió la mirada con tristeza.
– ¿Y que fue? –pregunto Yuka con asombro, no pensó que tuvieran un pasado muy... trágico. Izumi se acercó a ella y le susurró al oído, la castaña cubrió su boca con sorpresa, ambos se separaron y se quedaron en silencio.
– Ana –llamo Izumi mirándola, la chica volteo a verlo con molestia.
– ¿Qué quieres Izumi? –pregunto cansada.
– Encontré este bonito cuento –le mostro un libro que decía "La bella durmiente"–. Es el original~
– A las once en punto en mi cuarto, no te hagas el misterioso al llegar ni te hagas pasar como un pedófilo, no quiero a nadie irrumpiendo en mi habitación –ordeno y se alejó yéndose a su salón, aún quedaba medio periodo de clases.
– Claro~ –sonrió y la vio alejarse, miro al piso con tristeza y se alejó del lugar. Saco una botellita del alcohol de su bolsillo y se la bebió de golpe, vio a lo lejos a Kanade con Jinno y se acercó corriendo subiéndose en la espalda de su hermana quien dio una vuelta sobre si misma riendo.
– ¡Yukihara!
Mientras tanto, en una ventana se veía la silueta de alguien alto mirando con malicia a los hermanos jugar y tontear. Esa familia siempre le sorprendía. Se preguntaba si aquellos hermanos podían serle más útiles de lo que él pensaba.
...
– Princesa Isabela –llamo Yefri mirando a la joven de ya catorce años arreglándose para una fiesta que se iba a dar en unos minutos.
– Mande —pregunto la joven mirándolo.
– Su abuelo la está esperando –aviso mirándola de pies a cabeza–. Se le ve mal ese vestido.
– Lo sé –se lamentó–, pero los otros no me atraen mucho que digamos –el joven se acercó a su armario y rebusco entre las prendas hasta sacar uno color crema.
– Este.
– Pero es el que uso para cuidar a los cerdos –comenta acercándose, no entendía como su mayordomo siempre lo tenía limpio.
– Por eso es algo que jamás le han visto –animo, la chica haciendo caso se quitó lo que llevaba puesto, si, aún estaba el chico mirándola, y se colocó la prenda. El chico busco entre sus joyas y tomo un collar de perlas blancas y negras colocándoselo.
– Muchas gracias Yefri, ahora vamos a escogerte a ti tu ropa.
– ¿Mi ropa?
– Me acompañaras al evento, soy una inútil sin ti –explico caminando a la habitación de su fiel compañero, el chico la siguió sin decir nada y cuando llegaron la joven le busco algo decente.
– Este –eligió una camisa blanca, un saco gris y un pantalón del mismo color. Se los puso y luego busco unos zapatos que combinaran.
– Ah, aquí están, tardaban –comento Arthur viéndolos.
– Lo siento, pero no encontraba unos zapatos para él, mañana tenemos que ir con el zapatero para que le haga unos, ya no tiene el pobre –explico Isabela.
– No se moleste princesa –contesto el joven, ella negó y le sonrió.
– Bien, mientras vamos a la fiesta que tu madre ya nos debe estar esperando.
– Claro abuelo –respondió la rubia y tomando la mano de su mayordomo se adelantaron a la celebración, Arthur suspiro.
– Rule, ya puedes salir –murmuro el hombre, una mujer de cabello castaño y ojos del mismo color salió tras un pilar.
– Creo que ya me debo ir, nos vemos mañana –susurro acercándose y besándolo con cariño, el hombre correspondió cerrando los ojos–, me preocupa Angélica...
– Si... últimamente esta rara, por lo menos desde que se enteró de que estas embarazada.
– No, es desde que se encontró ese libro extraño –aclaro mirándolo, ambos estaba extrañados de la actitud de la reina de los ángeles.
