Capítulo 4: Deja Vu

Tuve un sueño…Un sueño realmente extraño…

Bella…

Alguien me llamaba… una conocida voz…

Bella…

¿Quién eres?

"¡Bella!"

Salté violentamente de mi asiento al escuchar la voz de Brenda llamarme…

"Hola, Dennis, Brenda " – saludé – "No las vi llegar"

"Bella, hemos estado a tu lado tiene varios minutos" – informó Brenda con una sonrisa – "Estas muy distraída, ¿Te pasa algo?"

"No" – mentí – "supongo que son los nervios de comenzar un nuevo año escolar"

"Hablando de nuevos años escolares" – comenzó a decir Dennis, en medio de cuchicheos – "Se esta corriendo el rumor de que unos vampiros vendrán a estudiar a esta escuela… Solo espero que sea mentira. Yo no estoy dispuesta a compartir ninguna clase con monstruos"

Bajé la mirada, ¿Qué pasaría si mis amigas supieran que tenía como amigo a un hombre lobo?

Había conocido a Jake tenía no más de dos meses. Me había salvado de ser atropellada por una descontrolada motocicleta. Era un buen chico y una muestra clara para demostrar que era mentira todo lo que se decía acerca de los no humanos… al menos, si de licántropos se trataba.

"Creo que no te quedará otra opción" – murmuró Brenda, con voz entrecortada.

Dennis y yo levantamos nuestras miradas, y la guiamos hacia la misma dirección, encontrándonos con cinco figuras que, obviamente, no se trataban de simple mortales... Aquella gracilidad tan exagerada y perturbadora no podía considerarse como algo normal.

Uno de los tres hombres me miró por un momento y, sus dorados ojos me traspasaron como una corriente eléctrica, que se volvió en una extraña sensación de Deja vu. Una repentina oleada de melancolía me invadió y, de manera completamente inconciente y repentina, tuve muchos deseos de llorar.

"Bella, ¿Qué te pasa? Estas completamente pálida" – señaló Brenda cuando, con un movimiento violento de mi rostro, me deshice de ese par de pupilas

"¿Todavía lo preguntas?" – repuso Dennis – "¡La pobre esta completamente asustada!"

No. No era eso… No era miedo, ¿O si?

Volví a levantar mi mirada para verlos. Ya no estaban.

Todo el mundo estaba completamente alborotado. Y los malos rumores se alzaron entre el viento. La campana sonó, anunciando el inicio de clases.

Entré al salón con la mirada inclinada hacia abajo y no la levanté hasta que Dennis detuvo su marcha de manera violenta. Miré a mí alrededor y, al instante, supe cuál era el motivo. Con un rápido movimiento, alejé mi atención de aquel joven vampiro que tanto me había perturbado hacía pocos minutos.

"¿En qué esta pensando el gobierno?" – comenzó a decir mi compañera una vez estuvimos en nuestros lugares – "Mira que el permitir que estas bestias tengan derecho de adentrarse a una escuela es una barbaridad"

"Dennis, ya basta" – ordené de manera tajante, sin siquiera planearlo – "¿No te parece suficiente que ya todos estén calumniándolos?"

"Se merecen eso y mucho más… Ellos no deberían estar entre nosotros, ¡Son un peligro, lo peor que en este mundo puede existir!"

Suspiré pesadamente y preferí dejar que siguiera con su injurioso parloteo. No pude evitar dirigir, durante toda la clase, mi mirada hacia el vampiro y me pareció ver un gesto de dolor en sus pálidas facciones. No me sorprendió, después de todo, ¿Qué persona, siendo humana o no, se sentiría bien al estar rodeado de tanto desprecio?

Un fuerte golpe de dolor llegó a mi pecho poco después… ¿Por qué?

Las clase de Matemáticas terminó prontamente. Cabe destacar que hasta los catedráticos se mostraban ofensivamente cautelosos y distantes con el muchacho. Y, aunque luché por no darle importancia, no pude evitar sentir cierta pena por él.

Me despedí de Dennis al salir, ya que las clases que se avecinaban nos tocaban por separado. Mientras caminaba hacia el otro salón sentí aquella extraña presencia… como si alguien estuviese cuidándome, siguiéndome. Volví mi rostro y mis ojos se dilataron al ver que él venía detrás.

Sus ojos penetraron los míos de la misma manera que en la mañana e, inexplicablemente, mi corazón comenzó a latir de manera desbocada. No me había dado cuenta que había dejado de caminar hasta que Mike llegó a mi lado y, tomándome del brazo, me jaló de manera violenta, llevandome lejos del pálido chico.

"Bella, recuerda que no debes acercarte a esos monstruos, pueden hacerte daño…"

"No era necesario el que casi me llevaras arrastrando por todo el pasillo" – dije, soltándome de sus manos.

"Te hubieras visto" – continuó, ignorando mi comentario – "Te encontrabas perdida mientras le veías. Recuerda lo que se dicen de ellos: hipnotizan a sus presas para después beber su sangre"

Decidí, al igual que lo había hecho con Dennis, no discutir más sobre el tema. Al fin de cuentas, ¿Por qué habría yo de pelear con mis amigos solamente para defender a un vampiro al cual ni siquiera conocía?

Mentira, dijo una voz en mi mente y no entendí a qué se refería…

"Solamente espero que la junta de firmas ayude en algo" – murmuró, atrayendo de nueva cuenta mi atención.

Pude percatarme de la forma tan displicente que le dedicó al muchacho inmortal en cuanto entró sigilosamente al salón…

"¿Qué junta de firmas?" – pregunté para distraerme ¿Por qué su presencia me llamaba tanto como un fuerte imán?

"Se ha hecho un oficio, en el cual se pide la expulsión de estos aborígenes, al igual que la abnegación absoluta de inscripción para cualquiera que no sea humano ¿Firmarás a favor de su exilio?"

"No" – contesté rápidamente. Un impulso del cual me arrepentí casi al instante

"¿Me vas a decir que eres de esas personas que están con ellos?" – preguntó de forma retadora.

Antes de que pudiera contestar, una señora con traje se asomó a la entrada del salón y preguntó por mí. Anunciando que se me requería en la dirección. Caminé hacia ese lugar demasiado extrañada, preguntándome constantemente cuál sería el motivo ante la solicitud de mi presencia.

Traspase la puerta y me sorprendí de ver a mi madre en la pequeña oficina. Por su gesto, supe que estaba realmente enojada

"Mamá" – susurré – "¿Qué haces aquí?"

"Tome asiento, señorita Swan, para que le expliquemos qué es lo que pasa" – indicó el señor de avanzada edad y voz amable. Accedí, sin poner resistencia, ya que la situación era demasiado extraña – "Verá, Señorita Isabella" – comenzó a decir el anciano, mientras veía un paquete de papeles ordenados – "Como seguramente usted ya ha de estar enterada, un grupo de vampiros se ha inscrito en la escuela" – asentí, aún sin comprender qué tenía que ver yo en todo el asunto – "Estos casos son demasiados extraños y generalmente se dan más en las universidad debido al intelecto que estos seres poseen, así que decidí mejor investigar acerca de ellos y me encontré con este detalle demasiado interesante"

Me tendió un oficio de tamaño ligeramente más grande que una hoja común, el cual leí rápidamente.

"Es la orden de alejamiento que mi madre levantó hace años contra un vampiro" – reconocí

"Así es, y va dirigida hacia Edward Cullen" – agregó el señor, quien hizo una pausa dramática – "Quien se encuentra estudiando ahora mismo en este lugar"

Tensé mi cuerpo ante las palabras dichas y supe, sin necesidad de más información, que Edward Cullen era el mismo muchacho de cabello cobrizo que estaba en mi clase de matemáticas y español. No tuve ninguna duda.

"¡Ese monstruo esta obsesionado con mi hija!" – exclamó mi madre – "La ha seguido desde que es una niña…"

"Tranquila señora" – interrumpió el director – "Tal vez estamos mal interpretando las cosas. Puede que el joven este aquí por buena voluntad "

"¿Joven?" – repitió mi progenitora con voz mofa – "¡Bestias, Demonios! ¡Así es como debe llamárseles. Deberían sacarlos a patadas de aquí"

El director endureció el gesto. Era claro, por su actitud, que era de las pocas personas que estaban de parte de los vampiros

"Siento no poder complacerla. Le recuerdo que la ley no prohíbe el derecho de la educación a los no humanos"

"Pues debería"

"Mamá, ya basta" – interrumpí la discusión

"Si" – apoyó el director – "Ya es suficiente. Lo único que podemos hacer en este caso es prevenirla a usted, señorita Swan, que tenga mucha cautela al tratar con el joven Cullen, solo por si las dudas. Tenga mucho cuidado de no mantenerse a solas con él"

Asentí, mientras el anciano me dedicaba una sonrisa.

Cuando mi madre se fue y regresé a mi jornada escolar, me sentí repentinamente ansiosa. Había escuchado de algunas cuantas historias muy similares a lo que se suponía la mía: vampiros obsesionados con la sangre de sus victimas, a las cuales persiguieron durante años por el simple placer de estar cerca de ese olor, hasta que hubo un momento en el que no pudieron controlar su instinto y…

Estaba claro que dentro de mis prioridades no estaba el ser comida de vampiro, así que estaba dispuesta a tomar el consejo del director muy en serio.

La inquietud se agrandó al notar que él estaba en todas mis clases, volviendo mis movimientos más torpes de lo habitual. Me encontraba caminando, a paso rápido, rumbo a la cafetería al mismo tiempo que acomodaba mis libretas dentro de mi mochila (estaba tan ansiosa de huir de aquel salón – más bien, de aquel vampiro – que había salido de ahí sin siquiera detenerme a ordenar mis cuadernos)

Como era de esperarse, mi maravillosa habilidad hizo de las suyas y, por tener la atención fija en los objetos escolares, no me fijé del pequeño escalón que se levantaba frente a mí y tropecé. Me aferré inmediatamente a la pared para no caer, dejando que mi mochila volará a unos cuantos metros de mí y, cuando recobré el equilibrio, me dispuse a cogerla. Fue ahí cuando un par de manos níveas se movieron más rápidamente que las mías y me tendieron los objetos anteriormente caídos.

No tardé mucho el saber de quién se trataba. Solamente uno de ellos era capaz de exhalar ese tipo de aliento tan peligrosamente embriagante. Inconcientemente, levanté la mirada para encontrarme con la suya y, tal como había pasado en la mañana, un extraña sensación me invadió al perderme en el ocre derretido de sus pupilas.

No es que jamás hubiera visto a un vampiro con ojos dorados – aunque ciertamente no eran muy comunes, la mayoría había optado la donación de sangre humana – pero no recordaba jamás haber visto algo tan hermoso en mi vida.

Tal vez se deba lo que anteriormente me había dicho Mike, pensó una parte conciente de mi cabeza. Tal vez lo veo tan hermoso, tan magnifico, debido a que se encuentra ejerciendo sobre mi un efecto hipnótico

Si era así, debía admitir que era realmente bueno empleando el papel de cazador seductor ya que, en ese momento, me importó poco el hecho de que se extendía ante mi la probabilidad de morir (es más, en ningún momento llegué a sentir ese tipo de aflicción), solamente me importaba aquella mirada melancólica que era demasiado profunda, demasiado difícil de interpretar y, al mismo tiempo, viejamente conocida…

"¿Te encuentras bien?" – preguntó, logrando que el suave sonido de su voz me confundiera aún más…

¿Dónde había escuchado aquella voz que se me hacía tan familiar?

"Si" – logré contestar mientras tomaba mis cosas – "muchas gracias" – agregué antes de dar media vuelta, lista para alejarme lo más rápidamente posible de él.

"Espera, Bella" – pidió y, como si de una irrevocable orden se tratara, mis pies frenaron su marcha, sin dejar de darle la espalda

Bella…

Mis ojos se dilataron al momento en el que recordé

"Bella"

"¿Cómo sabe mi nombre?"

Siempre supe que mi madre había levantado una orden de alejamiento pero jamás, ni de lejos, tuve la oportunidad de ver cara a cara a mi vampiro acosador y, desde luego, nunca imaginé que ese vampiro acosador fuera el mismo "humano" (a quién, hasta ese momento logré recordar) que con tanta delicadeza había pronunciado mi nombre aquella tarde, hacía diez años…

Eso significaba también que, el par de ocasiones en que había visto una borrosa sombra cerca de mí, no había sido producto de mi imaginación como había supuesto, si no que se trataba de él, de Edward Cullen

Las palabras de mi madre adquirieron más veracidad que nunca: un vampiro me acechaba día y noche y, no podía haber otra justificación de semejante actitud, que no fuera el obsesivo deseo que, seguramente, sentía por mi sangre.

Aún así, lejos de que el miedo me invadiera, solo fui capaz de sentir confinada corazonada de que había un detalle que estaba olvidando… un detalle muy sutil y a la vez muy importante. Antes de que pudiera esforzar mi mente para descubrir qué era lo que retenía con tanto recelo, la voz de Dennis resonó por todo el pasillo

"¡Bella!" – gritó, mientras llegaba corriendo hacia mi, seguida por un numeroso grupo de estudiantes. Fue hasta ese momento en el que me percaté que el pasillo había estado habitado solamente por el vampiro y yo – "¿Te encuentras bien?" – preguntó y solamente me limité a asentir.

"¡Bella!" – llamó también Mike – "¿Te ha hecho daño este monstruo?"

"No" – contesté, levantando la mirada hacia Edward quien me miró fijamente por un segundo, antes de dar media vuelta e irse, ignorando todo lo que de él se decía a sus espaldas.

Ignoré el deseo que nació en mi de seguirle, de hablarle, al igual que intenté – fallando completamente al instante – el no sentir el incompresible dolor que su alejamiento me había dejado.

Hola, ¿Qué tal? Espero les haya gustado el capítulo. Me imagino que ya muchas saben el detalle que a Bella se le esta olvidando :-D, no se preocupen, pronto lo descubrirá… ^^. Aclarando una cosa: Digamos que Brenda y Dennis son las versiones nuevas y modificadas de Ángela y Jessica (respectivamente) a quienes ya no pude volver a meter en esta historia ya que, se supone, murieron hace muchooo tiempo, así como Renne y Charlie (Y aquí la única que renace es Bella XD). Mike si aparece por que en "Te Amo Aún después de la Muerte" no existe :-P…

Gracias a todas por sus comentarios. No hay mejor fuente de motivación que ellos.

Cuídense y hasta pronto.

Atte

AnjuDark