Re-Editado (25-03-2016)

¡Hola! ¡Cuarto capitulo! :)

Espero que les agrade.


The Last Light

(La última luz)


IV


"Siempre habrá esperanza. Tal vez no seas tú, tal vez no sea aquí, pero sí alguien en algún lugar..."
Rick Grimes. 06x01. The Walking Dead.


Marcus y Daryl se habían arriesgado nuevamente a ir al atascadero de automóviles en busca de cualquier cosa que les pudiera servir. En su búsqueda habían encontrado un par de cauchos de reemplazo para la pickup, otro galón de gasolina, herramientas, cables y cuerda. Tenían pensado desplazarse a una ciudad cercana en busca de armas y provisiones, así que necesitaban todo lo que estuviera a la mano para sobrevivir.

Beth observaba a los hombres sentada en las escaleras del frente de su casa mientras estos acomodaban los recursos que se llevarían en su expedición. El sol estaba a mitad de camino de ponerse, lo que les daba unos pocos minutos de luz antes del toque de queda auto impuesto, así que se movían en frenético silencio.

— Eliminé a algunos caminantes por el puente – dijo Jacob en voz baja al acercarse a donde ellos se encontraban, se le notaba ansioso —. Todo despejado por ese lado.

Daryl asintió, mientras terminaba de asegurar los tres galones de gasolina que se llevarían, así como unos cuantos recipientes vacíos.

— Estamos listos por aquí — comentó, bajando de la zona de carga de un salto.

— Y por aquí — terció Marcus, cerrando las puertas del carro —. Revise cada centímetro del motor, no debería fallar.

Ambos hombres parecieron conforme ante su observación.

— Es mejor que nos metamos ahora, no queremos atraer más atención de la necesaria — advirtió Daryl, observando la barrera más cercana.

Todos estuvieron de acuerdo. No necesitaban problemas antes de emprender una misión tan compleja como la que planeaban realizar.

Daryl se acercó hasta la pequeña Greene y le ofreció una mano que la chica no dudo en aceptar, ambos se despidieron con un gesto de cabeza y se encerraron en su respectiva casa. Daryl se aseguró de que la casa se encontraba perfectamente bloqueada, como hacía cada noche desde que llegaron, negándose a confiar en la ilusión de seguridad que el caserío les ofrecía. Beth preparó la cena, restos de carne del venado que hace días habían cazado y una lata de guisantes verdes en conserva. No era la cena de ensueño que ambos hubieran deseado, pero hace tiempo que cualquier tipo de decencia a la hora de la comida había quedado relegada a un tercer plano.

— Les empaquetaré algunos enlatados, por si acaso — comentó Beth, sentándose en la mesa.

Daryl gruño como toda respuesta, tomando asiento y agarrando con sus manos un trozo de carne. Aunque habían encontrado unos cuantos cubiertos, el hombre pasaba de ellos al menos que fuera necesario.

— Daryl... — susurro la rubia, su mirada fija en su cena — Daryl, por favor, llévame con ustedes.

No era la primera vez que habían tenido aquella discusión en los últimos días. Daryl posó sus ojos azules en los de Beth, masticó lentamente el trozo de carne que se había llevado a la boca y bebió un trago de agua.

— Ya está decidido — gruño el hombre.

— ¡No me puedes dejar aquí! — chillo la chica, estrellando las manos contra la madera y poniéndose de pie ante el agite.

Ambos se mantuvieron en silencio ante la repentina reacción de Beth, escuchando atentamente cualquier sonido proveniente del exterior. Nada, al menos su grito no había atraído la atención de algún caminante.

— Perdón...— susurro la rubia, volviendo a sentarse — Pero... Por favor, entiende, déjame ir contigo.

— Beth, ya hemos hablado de esto — repitió con cansancio el cazador.

— Y aún no lo entiendo...— siseo la rubia, cerrando sus manos en puños —. Siempre te acompaño a cazar, he mejorado, tú lo has visto — declaró la rubia —. Sé defenderme, puedo hacerlo.

— Esto es distinto — dijo —. Esto no es ninguna excursión al bosque donde podemos perder de vista fácilmente a los caminantes, montarnos en un árbol, cruzar un río o correr contra una pendiente. No sabemos que podemos encontrarnos en una ciudad, el número de muertos es mayor, hay carros destrozados, alcantarillas, calles sin salida...— explicó el castaño, apartando su plato —. No puedo dejar que vayas.

— ¡Pero tú sí que puedes ir! — volvió a exclamar la rubia —. Me prometiste que nunca me dejarías y ahora lo estás haciendo.

— ¡He hecho esto muchas veces, voy a estar bien! — exclamó lo más bajo que pudo el castaño, con los dientes apretados y el ceño fruncido.

— Pero estabas con Rick, Gleen, Maggie, Tyreese o Michonne — los ojos de la rubia se tornaron brillantes — ¡Pero ellos ya no están, Daryl! ¡No intentes dejarme sola!

— ¿No confías en Marcus? — preguntó el hombre.

— ¡No es eso! Ustedes dos no son suficiente ¡No es seguro! — Se defendió — ¡Yo puedo ayudarles!

— ¿Y exponer tú vida? — está vez fue Daryl quién golpeo la mesa, volcando un vaso con agua — ¡Que brillante idea, Beth! ¡Como si pudiera arriesgarme a perderte!

— ¡Me puedo defender!

— ¡Sé que puedes, pero sí vas no podré concentrarme en otra cosa que no sea mantenerte a salvo! — Escupió — ¡Maldita sea, Beth! ¡Entiende que eres lo último que me queda! No quiero perderte...

— Pero... — comenzó la rubia; sin embargo, Daryl ya se había puesto de pie.

— ¡Sin peros! ¡No iras, te quedarás a salvo!

Y sin agregar algo más, dio media vuelta y se marchó escaleras arriba.

.

.

.

.

.

Cuando Beth decidió subir a la habitación encontró a Daryl tirado en el colchón que compartían, sin camisa y con su brazo izquierdo sobre los ojos, la luz que se filtraba por la ventana apenas delineaba su perfil. La chica suspiró, con la pequeña llama de una vela se lavó el rostro y despojo de su ropa, quedándose tan solo con una franela y sus bragas, antes de echarse a un lado del cazador.

Mordiéndose los labios en un torpe intento de evitar comenzar a llorar le dio la espalda, apretando la ligera manta contra su pecho. No paso mucho tiempo para que sintiera el brazo de Daryl colarse por debajo de la sabana y aferrarse a su cintura, mientras que el otro se coló bajo su cuerpo y la jalo hasta el pecho masculino. Sentía el aliento de Daryl acariciándole la nuca.

— No puedo arriesgarme a que te ocurra algo — susurró el hombre — No puedo perderte, no a ti.

— Lo sé – respondió la chica, entrelazando sus dedos con los del cazador —. Te necesito, Daryl. Sí algo te pasará, si algo ocurriera mañana, no podría soportarlo. No más. Por eso necesito ir contigo, saber que vas a estar bien.

— Voy a estar bien, niña — dijo, besándole la nuca.

— Lo sé, sé que lo harás. Daryl Dixon será el último hombre en pie — afirmo la chica.

— Y tú, tú estarás conmigo hasta el final. No voy a permitir que me dejes extrañarte.

Ninguno agrego algo más. Beth se acurruco contra el pecho de Daryl, mientras que él la envolvía lo mejor que podía con sus brazos y se embriagaba con el aroma de la muchacha.

.

.

.

.

.

Se habían levantado antes del amanecer.

Marcus recorría las trampas, eliminando unos pocos caminantes que se habían quedado atrapados en ellas, mientras que Daryl y Jacob volvían a repasar el plan y el equipo que se llevaban.

El joven Larson y el cazador se habían ofrecido a ir a una ciudad a casi cuatro horas de distancia en carro, visitarían los suburbios y las tiendas que se encontrarán a las afueras, evitarían el centro de la misma o cualquier lugar que supondría un peligro para ambos. Buscarían armas, comida, medicina y cualquier cosa que pudieran cargar sin exponerse demasiado. Entrarían y saldrían lo más rápido posible, sin separarse mucho, ya que solo contaban con la ballesta de Daryl, el rifle de Beth, un par de cuchillos y el martillo de Marcus. A cualquier señal de peligros tendrían que salir lo más rápido posible del lugar.

Jacob se quedaría en el caserío junto con Donna, Beth y los niños. Jacob y Beth serían los encargados de actuar como vigías y limpiar las trampas, y aquella noche los Larson permanecerían en la casa de Daryl y Beth que era la que se encontraba en mejores condiciones. En caso de que se presentaran mayores inconvenientes tendrían que esperar escondidos en ella, sí las cosas se ponía realmente mal y tenían que salir corriendo, se encontrarían en la cascada que se encontraba a unos kilómetros del lugar.

Daryl y Marcus pretendían regresar aquella misma noche, pero en caso de algún inconveniente regresarían al día siguiente.

Donna se despidió de su cuñado con un beso en la frente, Jacob le dio un apretón de mano seguido por un abrazo. Ambos se despidieron de Daryl, deseándoles suerte así como el mayor de los éxitos. En todo momento Beth se mantuvo lejos, envuelta en un abrigo más grande que ella.

— Hey – le saludo Daryl, acercándose a ella.

— Hey – respondió.

— ¿Cómo te sientes? — pregunto, acariciándole la mejilla y obligando a la rubia a que lo mirara.

— ¿Cómo quieres que me sienta, eh? — le interrogo en respuesta — Te aseguro que no muy feliz con todo esto.

— Lo sé.

— Yo no me despido, Daryl. No me gusta — comentó la rubia, acercándose a él y llevando las manos hasta su pecho.

— Lo sé — volvió a repetir el cazador, tomando un mecho de su cabello rubio entre sus dedos — Todo va a ir bien.

— Eso no lo sabes — le reclamo en un susurro la rubia.

— Volveré.

— Eso espero, o sino Daryl Dixon te buscaré en el infierno para patearte el trasero.

Él hombre sonrió de medio lado.

Sin mediar alguna palabra más, Daryl se agacho para besarla. Ambos podían sentir la mirada de los Larson sobre ellos, Beth sabía que su relación no era muy bien vista por Donna y su esposo, por la diferencia de edad... ¡Pero al infierno con ellos! Amaba a Daryl Dixon y no le importaba una mierda lo que pensará el resto, el mundo estaba suficientemente destrozado para preocuparse por aquellas moralidades absurdas.

— Regresa o soy capaz de buscarte hasta en el puto infierno — afirmo Beth.

— Más pronto de lo que imaginas estaré de vuelta, dulzura.

.

.

.

.

.

El viaje a la ciudad había durado un poco más de lo previsto, pero ya a unos cuantos kilómetros del lugar, Daryl le dirigió una fría mirada a los edificios que lentamente se iba haciendo más grande a medida que se acercaban. En unos meses más se cumplían tres años desde que todo se fue a la mierda, y como muy bien le mostraba la ciudad, el mundo no parecía mejorar sino todo lo contrario.

La naturaleza había hecho mella con los restos de la urbe. La maleza había comenzado a apoderarse de las calles, en algunos jardines las hierbas habían crecido tanto que fácilmente le llegaban a la cintura al cazador y mientras más se adentraban en los suburbios, Daryl era capaz de observar como unos cuantos animales rastreros, así como perros salvajes, se alejaban corriendo seguramente asustados por el rugido de la camioneta.

Su intención era mantenerse alejado de los problemas lo mejor que pudieran, así que Marcus aparco el carro cerca de un conjunto de tiendas y ambos se bajaron con sus armas lista para cualquier ataque, todo lo silenciosos que pudieron. Daryl le dirigió una mirada a su alrededor, no había caminantes a la vista, situación que le hizo respirar en calma más no por eso bajo su ballesta.

Ambos hombres se dirigieron a una farmacia cercana, Donna les había enviado por medicina así como cualquier equipo médico que les fuera útil en caso de emergencia. A su señal, Marcus abrió la puerta e inmediatamente una flecha rasgo el aire y se clavó entre los ojos a un caminante. Daryl se adelantó, tomó la flecha e ingresaron al lugar. El local había sido saqueado con anterioridad, pero aún quedaban algunas cosas en la bodega: un respirador manual, algunos antibióticos, analgésicos y anti gripales, algunos frasquitos que ninguno de los dos perdió el tiempo en revisar que eran pero que igual guardaron, así como gazas y alcohol. No fue un gran botín, pero cualquier cosa era mejor que nada.

Su siguiente parada no fue tan rápida ni tan exitosa, habían entrado a un pequeño supermercado. Sí en la farmacia no habían encontrado mucho en aquel lugar encontraron menos, en cambio se tropezaron con 5 caminantes que les costó despachar — una mujer estuvo a punto de morder al menor de los Dixon, mientras que Marcus se las había arreglado para quedar acorralado entres dos caminantes y la pared, por suerte para ambos habían logrado controlar la situación —. Su botín en el supermercado estaba conformado por unas pocas latas de carne seca, atún y frijoles, y dos paquetes de leche en polvo. Por suerte encontraron un juego de cuchillos de cocina, una caja de cigarro que Daryl se guardó inmediatamente en el bolsillo y un paquete de baterías.

— Solo nos faltan las armas – comentó Daryl, dejando su botín en la parte trasera de la camioneta.

— ¿Y dónde podemos encontrarlas? ¿Alguna estación de policía, una armería?

Daryl negó levemente.

— Podríamos arriesgarnos, pero dudo que encontremos algo. Sí la farmacia y el supermercado fueron saqueados, a estas altura dudo que esos lugares les quede algo útil.

Marcus bebió un largo trago de agua desde una botella plástica y le dirigió una mirada al cazador.

— ¿Podemos intentarlo o tienes una mejor idea?

El hombre escupió al piso.

— Al menos que sepas donde podemos encontrar una tienda de departamento o alguna tienda con artículos de caza.—

El chico negó levemente.

— De todas maneras, seguramente esos sitios también fueron saqueados — admitió el cazador —. Lo mejor que podemos hacer es echarle un vistazo, evaluar si vale la pena entrar o no, y ver si encontramos algo que nos sirva.—

Caminaron un largo trecho en silencio, con el cuerpo curvado y con sus sentidos alerta a cualquier sonido, movimiento o aroma, Daryl sujetaba su ballesta en alto mientras que Marcus mantenía su martillo a la mano y el rifle en su espalda. Mientras Daryl se abría camino, el joven cerraba la marcha y en ocasiones caminaba de espalda, de manera de tener cada ángulo controlado. Tras veinte minutos de haber recorrido un par de calles hacia el interior de la ciudad, esquivando unos cuantos caminantes en el proceso, llegaron a una gasolinera con unas cuantas tiendas cercanas.

— Necesitamos más gasolina – observo Marcus, Daryl asintió e inmediatamente el chico se dispuso a buscar algún recipiente y probar suerte con los vehículos que estaban estacionados frente a la tienda, ambos dudaban que la gasolinera aún tuviera combustible.

Daryl en cambió se dirigió a las tiendas, una cuya vidriera había sido destruida hace tiempo ya, llamo su atención. En el pasado había sido una pequeña tienda de ropa, el cazador se guindo la ballesta sobre la espalda y entró, aplastando unos cuantos cristales en su camino. Como se lo imaginaba, los saqueos anteriores no habían dejado mucho para elegir, así que metió en su bolso algunas prendas, franelas y unos vaqueros, que seguramente Beth podría adaptar para ella o Donna.

En la caja aún quedaba algo de bisutería, Daryl observo los collares de fantasía que a nadie le había interesado llevar y tomó entre sus rugosas manos uno que tenía como dije una libélula. De alguna manera, aquel insecto le recordó a Beth, así que sin darle muchas vueltas al asunto lo tomó y guardo en su bolsillo, para así seguir con su recorrido.

El resto de las tiendas no tenían mayores cosas, pero una sonrisa victoriosa surco su rostro cuando se topó con un local de artículos deportivos. Los saqueadores también habían hecho estragos en la parte frontal de la tienda, pero la entrada a la bodega estaba bloqueada; debajo de una cruz roja grabada con aerosol se leía: "Muertos adentro, aléjense".

Marcus se había quedado en la gasolinera, así que Daryl se encontraba en ese momento solo. Frunció un poco el ceño, apretó los dientes y sin darle muchas vueltas a la idea, apartó el estante que había estado bloqueando la entrada. Pego el oído a la puerta, sentía al menos tres juegos de pasos en su interior. Se acomodó la ballesta y de una patada abrió la puerta, no había delicadezas cuando se era el único en una misión casi suicida.

El ruido atrajo el interés inmediato de los caminantes, el primero se lanzó sobre Daryl con los brazos y boca abiertos, pero antes que pudiera alcanzarle el hombre ya le había clavado un cuchillo en la cabeza. Empujo el cuerpo hacia un segundo caminantes, mientras disparaba una flecha al tercero de ellos. Sintió como unas manos putrefactas rozaban su espalda y olvidándose prácticamente del segundo caminante, se volteó y con una patada despidió el cuarto muerto. Le clavó un cuchillo en la frente a tiempo para encargarse del último de los cadáveres, que estaba tratando de ponerse de pie sin mucho éxito.

Barrió rápidamente el lugar con la mirada, asegurándose de que ya no quedaban muertos en la bodega. Cuando estaba seguro que el lugar se encontraba solo empezó a revisar las cajas empolvadas, encontró dos juegos de pernos para su ballesta, así como un arco que le podría servir a Beth. Unos cuantos cuchillos de caza, armas largas con sus municiones y un par de sacos de dormir. Metió todo en un bolso montañero que encontró y se lo guindo al hombro.

Dejo que una ladina sonrisa surcara su rostro por un segundo, aunque está no durará mucho.

Escucho el suave click del martillo de un revolver tras de sí, inmediatamente su sonrisa se borró de su rostro.

— Pon las armas en el suelo — dijo una voz ronca pero juvenil, trago saliva.

Marcus se encontraba (sí es que no le había pasado nada) muy lejos de la tienda, seguramente aun tratando de obtener la mayor cantidad de combustible posible. No podía confiar en el menor de los hermanos Larson, tampoco podía creer en la amabilidad de quién ahora le apuntaba.

— ¡Baja las armas! — exclamo fríamente aquella voz.

Daryl dejó caer el bolso y lentamente colocó la ballesta en el suelo.

— Alza las manos sobre tú cabeza, da la vuelta lentamente.

El cazador gruño y maldijo por lo bajo, pero barajando sus posibilidades lo mejor que podía hacer era seguir las instrucciones de su captor. Dio media vuelta y enmudeció inmediatamente.

.

.

.

.

.

Marcus gruño fuertemente, golpeándose la cabeza contra la puerta del carro por su estupidez. Estaba amarrado, amordazado y siendo vigilado.

Había estado extrayendo gasolina de un vehículo cuando un hombre lo tomó del cuello y le amenazó con un cuchillo. El tipo lo había desarmado rápidamente, le había inmovilizado contra el suelo y le amarró rápidamente con unas esposas plásticas. Quiso gritar, advertirle a Daryl de alguna manera que no estaban solo, pero cuando lo intentó el mismo hombre que lo había atrapado le pateó el abdomen y se quedó sin aire. En segundos, el hombre lo amordazó.

Su frustración se reflejó en un par de díscolas lagrimas que se resistió a soltar, solo deseaba que el hombre que les había ofrecido refugio un mes atrás estuviera a salvo.

.

.

.

.

.

Ambos se miraban fijamente, claramente sorprendidos.

El joven frente a él bajo el arma, Daryl se puso de pie lentamente.

— ¿Daryl? — preguntó el chiquillo, que ya no lo era tanto.

— Carl – asintió.

Estaba seguro que ninguno de los dos esperaba encontrarse con otro sobreviviente. No ahora, no después de tanto tiempo, no tan al norte como habían llegado. Daryl trago saliva fuertemente, Carl se acercó al cazador. Se reconocieron. El más joven le ofreció una mano al castaño que esté acepto, luego se abrazaron como si aquel joven fuera sangre de su sangre.

— No pensé verte nunca más — admitió el cazador, con la voz ronca.

— Pensé que estabas muerto — le confesó a su vez el chico.

Se separaron y Daryl comprobó que Carl trataba de ocultar unos ojos brillantes a causa de las lágrimas.

— ¿Cómo...? ¿Tú padre?

Carl asintió, frotándose los ojos.

— Escapamos cuando todo se fue al demonio, mi papá estaba herido y tuvimos que refugiarnos un tiempo. Michonne nos encontró.

— ¿Están solo ustedes tres? — preguntó Daryl, tomando el bolso que había dejado caer — ¿Los demás?

— Michonne está enferma, pero nos hemos mantenido a salvo — comentó Carl, observando hacia el exterior de la tienda —. Tuvimos algunos problemas, pero nos las hemos arreglado — admitió –. Tú eres el primer sobreviviente que nos encontramos.

— ¿Dónde está tú padre ahora? — preguntó el castaño, no queriendo ahondar en sus sentimientos con respecto al resto de los miembros de la prisión.

— Afuera.

— Vamos a buscarlo – respondió, colocándole el sombrero de sheriff a Carl, el cual se había caído en el momento en que se abrazaron.

.

.

.

.

.

Cuando Rick observo a Carl acercarse con un desconocido, en un principio no comprendió la sonrisa que había florecido en el rostro de su hijo. Al menos no esa, una que hace tiempo no veía realmente en él, de esas que le llegaban a los ojos. Luego, cuando observo con mayor detalle al hombre que venía tras de él, lo entendió todo.

Sin explicación alguna, Rick dejó escapar una carcajada que resonó por toda la gasolinera. Ronca, como el ladrido de un perro, casi se escuchaba oxidada ante sus oídos. Ya no recordaba la última vez que había reído así.

Marcus observó la escena con los ojos abiertos como platos, como su captor se despegaba de él y se aproximaba a Daryl. Ambos hombres se abrazaron, con palmadas en la espalda y articularon palabras que desde su posición no escucho, pero que Carl quién estaba junto a ellos capto a la perfección.

— Maldito cabrón, lo lograste — murmuró Rick, a penas rodeo a Daryl con sus brazos.

— Y tú, eres todo un hueso duro de roer — afirmó el cazador.

Daryl Dixon, mi hermano — dijo el policía, al apartarse del castaño pero manteniendo las manos sobre sus hombros —. Porque eso eres, Daryl. Mi hermano.

Daryl no tuvo más que decir, eso era mucho más de lo que necesitaba. Apartó su mirada del policía y la dirigió a Marcus, quién observaba la escena anonadado.

— Sheriff ¿así es cómo tratas a mis amigos?

Y sin decir más se acercó a Marcus, corto las esposas y ayudo al moreno a ponerse de pie. El joven se quitó inmediatamente la mordaza, dirigiéndole una mirada asesina al ex policía.

— No sabía que era tú amigo — admitió Rick, ofreciéndole la mano a Marcus —. Cualquier amigo de Daryl es mi amigo.

— Esa es su forma de decir disculpa – dijo el cazador, pendiente de cualquier reacción del joven Larson.

— Disculpa aceptada, pero ni piense que le voy a estrechar la mano — respondió el chico, quién regreso a donde había abandonado sus cosas y se cargó su bolso en su espada.

— Es momento de irnos — les alerto Carl, señalando a varios caminantes que se acercaban.

Los cuatro hombres se pusieron en movimiento.

.

.

.

.

.

Por suerte para todos Michonne había estado oculta en el interior de una de las casas que se encontraban a la afuera de la ciudad, a un par de cuadra donde dejaron la vieja camioneta. La mujer se alegró de ver al cazador con vida, le abrazo y le regalo una sonrisa que ambos compartieron. Durante aquellos meses en prisión los sobrevivientes habían forjados lazos entre ellos, eran una familia.

No tuvieron que preguntar mucho a donde iban, Daryl les ofrecía un lugar seguro y los tres compañeros hasta ese momento aceptaron sin dudar. Marcus tampoco opino, aunque se le notaba descontento por la compañía.

Se pusieron en marcha al atardecer, les quedaba un largo viaje de regreso.

.

.

.

.

.

— ¿Cómo lo lograste? — preguntó el ex policía a Daryl, ambos iban en la zona de carga ya que en la parte delantera de la camioneta iban Michonne, Carl y Marcus conduciendo.

— ¿Escapar? — preguntó, a lo que Rick asintió — Corrí, volé el maldito tanque y corrí. Me tropecé con Beth y ambos huimos.

— ¿Beth, estas con ella? ¿Está viva? — preguntó el ex policía, con sorpresa y cierto entusiasmo palpable en la voz.

— Si – contesto –. Nos las hemos arreglado para mantenernos con vida.

— Pensé que había muerto – admitió Rick –. Cuando huíamos, encontramos el asiento de bebe que teníamos para Judith, había sangre y caminantes alrededor. Pensé... pensé... que todos estaban muertos.

Daryl bajo la mirada, no quería que Rick notará el dolor en su rostro. Él de verdad se había encariñado con la pequeña patea traseros.

— Beth siempre estaba con Jude...

— Ella regresó por los niños — explicó Daryl —. Maggie la había empujado al autobús pero al no encontrar a los niños ahí, regreso. Fue cuando yo la encontré. Ella regresó por Judith, nunca la encontró.

Rick asintió.

— Beth se alegrara de verlos — continuó el menor de los Dixon, desvió su mirada hacia un sol que comenzaba a ocultarse en el horizonte.

— Gracias.

Daryl le dirigió una mirada a Rick, sin entenderlo.

— ¿Por qué?

— Porque lo has vuelto a hacer, has mantenido a mí familia a salvo. Hershel, Maggie, Glenn, Beth... todos eran parte de mí familia — explicó –. Y la has mantenido a salvo cuando daba por sentado estaría muerta. Te agradezco en nombre de Hershel, también. Ahora, ustedes son la única familia que tengo.

— No tienes porque agradecerlo – contestó –. Yo pude haber mantenido a Beth con vida todo esté tiempo, pero ha sido ella la que me ha mantenido cuerdo. En este momento, Beth es lo más importante para mí, nunca permitiría que le pase algo. No a ella, a todos menos a ella.

Rick le dirigió una mirada profunda, confundido por las palabras del hombre frente así y a la vez palpando en su tonó de voz cierta posesividad que nunca había escuchado por parte del hombre.

— Ha pasado mucho tiempo ¿eh? — comentó Rick, sin apartar los ojos del cazador — ¿Beth y tú...? — empezó, dejando la pregunta al aire.

Daryl le dirigió una mirada de pocos amigos al policía.

— Eso no es tú problema.

Rick no agregó nada más, no tenía por qué hacerlo. Daryl le había contestado todas sus interrogantes sin la necesidad de hablar.

Todo se había ido al demonio, pero habían manías que aún se mantenían. Rick no podía juzgar a Daryl, él también era un hombre, que extrañaba a su mujer hasta el punto de llegar a enloquecer, echaba de menos su tacto y la calidez de su piel. Mientras él tenía a su hijo, dejando en segundo plano aquellas necesidades, Daryl había tenido a Beth y el policía sabía muy bien que la chica era una persona que se podía ganar el cariño de cualquier persona con facilidad. Les entendía, pero aun así frunció el ceño; la diferencia de edad entre ambos era demasiada. Aunque, ahora que todo se había ido a la mierda eso no debería importarle, aunque sí lo hacía.

.

.

.

.

.

Beth se había encaramado en el techo de su casa desde que el sol se ocultó. Jacob se mantenía vigilante ante cualquier sonido, sin abandonar su lugar en la barrera, haciendo caso omiso a la orden que le había dejado Daryl de refugiarse en su casa al anochecer. Donna por su parte se había acomodado en su casa, había acostado a sus niños en la habitación continua a la que ella usaba con Daryl y se mantenía alerta desde la ventana. Estaban demasiado preocupados por los suyos como para dormir.

La rubia fue la primera en ver como dos faros se acercaban rápidamente, utilizando el mismo sistema que Daryl y ella usaban para comunicarse, le aviso con un silbido a Jacob que rápidamente se dirigió hacia el norte y empezó a destrabar la barricada. En un par de minutos tanto Beth como Donna se encontraban en el exterior, la más joven corrió a ayudar a Jacob con la barricada, despachando a dos caminantes que se habían quedado atrapados entre las estacas recientemente. Ambos se encargaron de cerrar el paso cuando la camioneta hubo ingresado. Beth dio la vuelta justo en el momento en que la camioneta se detenía y un hombre se bajaba de un salto de ella.

Beth lo reconoció y en segundos corrió hasta el cazador, enroscando sus brazos alrededor de su torso.

— Bienvenido — susurro la joven, dedicándole una sonrisa.

El hombre sonrió y le beso la frente, cariñosamente.

— Te he traído una sorpresa — dijo, apartándose lo suficiente para que Beth se diera cuenta de que dos pares de ojos les observaban sorprendidos y un tercer par con cariño.

La chica dejo escapar un gemido, sintiendo como las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Se apartó de Daryl y corrió hasta Rick, quién le esperaba con los brazos abiertos.

— Beth...— susurro el hombre, apretándola contra sí.

— ¡Estas bien, estas vivo! — lloriqueo la rubia, alzando la mirada hacia los otros dos sobrevivientes de la prisión — ¡Carl! — grito, corriendo hasta el chiquillo que ya la había alcanzado en tamaño y envolviéndolo con sus brazos.

— Te extrañe – admitió el más joven, mientras abrazaba a la rubia —. No sabes cuánto te extrañe.

Beth sollozo un poco más fuerte, Michonne se acercó hasta ella y comenzó a frotarle la espalda, mientras que la chica aún seguía aferrada al joven.

Daryl se encaminó lentamente hasta ellos, sabía que Rick le observaba atentamente, cuando los alcanzó rozo la espalda de Beth para que la chica desviara sus ojos a los de él.

— Llévalos adentro, voy a acomodar todo esto.

La chica asintió, les dedico una sonrisa tanto a Carl como a Michonne, y los guio al interior de la casa.

— Este es un buen lugar — comentó Rick, observando lo que habían logrado sus amigos y dispuesto a darle una mano al cazador.


Continuara...


Un review, y Rick te dará un abrazo de oso.