|| Heridas ||

.

El destello de luz cubrió todo el campo.

Una bala dorada pasó a gran velocidad, rozando su mejilla.

Sentía como el pulso de su cuerpo aumentaba a cada segundo, las sombras de su equipo corrieron hacia la otra cuadra, al mismo tiempo que una nueva lluvia de balas le bloqueaba el paso.

Levi trató de mover los pies, algo lo mantenía estático en su sitio. Algo estaba mal. De alguna forma podía sentirlo.

La primera guardia se hallaba en el flanco derecho cuando el segundo destello lo dejó completamente cegado.

Se encontraba solo. La bomba cayó en el blanco que ahora era una mancha roja de sangre.

Su equipo estaba muerto.

Despedazado.

Una huesuda mano rodeó su tobillo, la voz pedía ayuda, lo culpaba.

Era su culpa...

Abrió los ojos.

Pudo distinguir un techo oscuro, la pequeña lámpara de cristal tambaleante, las gruesas y frescas cobijas sobre su cuerpo.

No estaba muerto.

El reloj cucú de la pared, con forma de casa, vomitó una bola de pelo amarillo sin ojos que cantaba la hora.

Levi pasó una mano por su frente, limpiando el sudor y apartándose el pelo de la cara.

Vio una nota roja sobre la cómoda.

.

.

Buenos días, papi.

Hoy tienes trabajo.

Habrá una fiesta y quieren que

desaparezcas a Eren de la casa

hasta la medianoche.

Suerte :)

.

.

Hizo una bola de papel con la nota de Hanji y la tiró al cesto de basura.

Se levantó y fue a darse una ducha, el agua tibia caía sobre su cuerpo. Agradeció mentalmente que el maldito mocoso pervertido no se apareciera por detrás para tocarle las bolas y decirle que era todo un sueño.

Ese mocoso de trece años era un caso perdido, malévolo hasta la médula. A veces le gustaría averiguar quién demonios le enseñaba esas cosas o si las hacía por falta de atención.

Pero lo que hicieran con él o como lo educaran no era asunto suyo.

Al salir se encontró con la sirvienta que tendía la cama, ella lo saludó pausadamente y metió las sábanas en una cesta.

Sus movimientos eran delicados y parecía algo perturbada, lo miraba de cuanto en cuanto, ocultando sus blancas mejillas teñidas de rojo.

Ella hizo el ademán de acercarse para decirle algo.

Entonces unas manitos se aferraron de la toalla que cubría su cintura.

–Levi, no me quieren –dijo el niño, enterrando la cara en la espalda del mayor.

La mucama se disculpó antes de salir apresuradamente.

Los desquiciados y celopatas ojos que tenía Eren en ese momento, la siguieron hasta verla cerrar la puerta.

Soltó a Levi.

Ya estaba vestido con el uniforme de la primaria y una marca roja adornada su mejilla.

Rojo y verde.

La marca ardiente de una bofetada y las joyas esmeraldas de sus ojos.

Levi olvidó la intromisión del mocoso, tocó la marca con un dedo, tratando de borrarla.

El menor se dejó hacer, aferrándose a esa mano como un gatito de la calle.

–¿Quién te hizo eso? –le preguntó Levi.

–Dianna –susurró el niño.

No conocía ese nombre.

–Ella dice que será la nueva esposa de mi papá –prosiguió Eren–, entró a mi habitación para pegarme. Ella no me gusta. Me hace daño, Levi.

El mayor frunció el ceño.

Su trabajo era proteger al mocoso, sus habitaciones se encontraban frente a frente y en lugar de hacer su trabajo le había prohibido a Eren que lo molestara en las noches.

–Si vuelve a molestarte solo tienes que llamar –le explicó.

Hace meses hubiese odiado admitir que tan solo era una niñera. Ahora estaba conforme.

–Eres el único que me quiere de verdad –rezongó el menor.

El guardaespaldas se soltó del agarre del niño, su ropa estaba planchada sobre la cama. Pantalones negros, el cinto para guardar su arma, la camisa de color vino claro que tanto le gustaba y una chaqueta negra sencilla. Optó por dejar la chaqueta y se puso todo lo demás junto con un reloj de plata, ese que su madre le había comprado hace diez años y logró rescatar antes de desaparecer de su vida.

Bajaron al comedor luego de que otra mucama le trajera el desayuno y él se vistiera.

Sus primos, Annie y Armin, desayunaban en la gran mesa del comedor junto a sus tutores privados. Su padre y Zeke habrían salido más temprano para arreglar algunas negociaciones.

Eren miró los innumerables platillos de la mesa y las copas angostas con un huevo pasado en la base, la gran jarra llena de jugo de naranja.

Miró su uniforme negro y camisa desaliñada

Hizo comparaciones, odiaba la escuela, él también quería tutores privados y clases que le gustaran. Quería montar a caballo en las tardes, aprender matemáticas y jugar al criquet con Armin.

La vida no era justa.

Un nudo se instaló en su pecho y sintió el suave escozor de lágrimas en el borde de sus ojos.

No lloraría, no lloraría, no lloraría.

Fue corriendo hacia dónde Levi estaba parado, limpiando su arma en el patio, se sentó en uno de los escalones de la entrada.

–Me dijeron que ya no puedo comer con ellos –explicó.

El guardaespaldas no se molestó en contestarle. Le puso seguro a su arma y la guardó en la cintura. Eren hizo un puchero, raspando el suelo con la punta del zapato. El fino lustre desapareció con el polvo.

Levi hizo una mueca de asco antes de llevárselo al auto.

—Ponte el cinturón de seguridad —indicó, reacio.

Eren obedeció.

Emprendieron la marcha

La escuela pública quedaba a una hora en auto.

Niños de clase media asistían ahí, niños y niñas con uniformes sosos y oscuros. Faldas hasta las rodillas, medias largas, corbatas ceñidas al cuello, pantalones de anciano.

La secundaria y preparatoria se encontraba detrás del patio de la primaria, poseían uniformes similares. Eren asistiría a ella dentro de dos años.

Se acercaron a los altos muros del colegio Sthones, Levi detuvo el auto en el estacionamiento de padres y le abrió la puerta a su pequeño custodio.

De pronto. Recuerda la nota de Hanji.

—Eren —comienza—, después de clase. ¿Quieres ir a algún lugar en especial?

Los ojos del niño brillan, enormes y saltones. Infantiles.

Esa dulce expresión en su rostro que transmite una tibia calidez sobre su pecho.

¿Lo estará haciendo bien?

Todos esos sueños, la sombra de los otros que quieren devorarlo, desaparecen.

Apegarse a ese niño, aferrarse a su inocente amor...es como la morfina. Puede opacar el punzón de sus heridas y en cierta forma, cauterizarlas.

—Cine...cine —sugiere el de ojos verdes—. Quiero ir al cine contigo —parece un perrito, uno mullido y rechoncho—. Podemos ver tantas cosas y comprar palomitas y refrescos.

—De Acuerdo.

Un gritito de felicidad llena el ambiente.

El verdadero rostro del menor se muestra, ya no es el mocoso del demonio precoz obsesionado con manosearlo todo el tiempo y trata de hablar como todo un adulto. Ni el chico deprimido porque sus padres no lo quieren. Solo es Eren, el mocoso de trece años que quiere jugar con su guardaespaldas en fin de semana.

Inalcanzable sueño.

No debería sentir lo que está sintiendo.

La guerra, la muerte, el dolor. Todo eso ha dejado profundas heridas en su ser. Heridas que solo al maldito infante le importan.

Levi se muestra indiferente, con el rostro seco y amargado.

Golpea la cabeza del mocoso para que se apresure en entrar y lo ve alejarse corriendo con la pequeña mochila cargada en la espalda y la sonrisa estúpida de siempre.

Algunas mujeres llevan a sus niños de las manos. Otros bajan de autos baratos y bicicletas prestadas.

Para ellos Levi es el tío de Eren, en ocasiones un hermano e incluso han insinuado que puede ser su padre.

Los rumores corren a flor de piel y él lo sabe. Pero ninguno nunca estuvo cerca de la verdad.

Eren Jaeger lleva otro apellido. Sus datos fueron cambiados y la gente nunca se imaginaría el tipo de familia del que en verdad proviene.

Más que salvarlo, es un infierno para el mocoso.

La gente lo cree huérfano, sabandija, atrevido. Un niño al que pueden culpar de todos los errores, sin sentir ningún remordimiento, porque no habrá madre que interceda por él.

Trataron de alejar a Eren de una vida llena de lujos y corrupción a otra más clara y feliz, sin embargo es imposible. El mal estará en todos lados y nada de lo que Carla pueda hacer, nada de lo que sea capaz de entregar a cambio, impedirá que esa maldad lastime a Eren.

Ni siquiera un guardaespaldas.

Muchas veces lo vio llorando, pero se negó a decir quienes lo golpearon.

Eren el fuerte, el que trata de luchar y sobrellevar pesos mucho más grandes que él.

Eren el estúpido.

Mocoso del demonio.

Y Levi fuma. Aguarda dentro del auto y espera. Puede salir a caminar o rondar por la escuela. Jugar Angry Bird en el celular, e incluso, estas últimas semanas, se dio el lujo de frecuentar un bar donde incomprensiblemente conoció a otros veteranos.

Luego vuelve por Eren.

Lo sube al auto y trata de soltar alguna de sus cortas y secas frases amables, muchas veces hirientes, para que el niño cuente todo lo que hizo en clases.

A excepción de hoy.

Hoy debe llevarlo de vuelta a la medianoche, no más antes ni menos.

Abre la cajetilla y saca un cilindro blanco. El encendedor está en la cajuela.

El humo se eleva y sale por la ventana.

Recuerda que cuando era un niño, al igual que Jaeger, estaba en contra del tabaco.

Una vez escuchó una frase.

Los tiempos cambian. La gente no.

Frunce el ceño y limpia el retrovisor. Bloquea las memorias de los otros. Suspira.

Encuentra una barra de chocolate que compró el otro día. Tira la envoltura en el diminuto cesto de basura. Si. Tiene un maldito cesto de basura dentro del auto.

Siempre fue un maniático de la limpieza.

Son las once y quince.

...maniático.

Lleva un arma en el cinturón.

Podría salir y matar a todos en un ataque de locura. Atraer a la muerte.

Piensa en otra cosa.

Eren en traje de baño, esa delgada y elástica ropa interior azul que no combina con sus piernas flacuchentas, su piel bronceada, los pezones rosas.

No le agradan los niños, si fuera un poco mas grande le haría el honor de ponerlo en su lista de mocosos lindos.

Tal vez dentro de dos años más pueda hacerlo.

Abrirle paso a la imaginación es tedioso. Llena tu mente de mierda, mas que todo si no tienes nada que hacer.

Golpean la ventana del auto.

Es Eren.

Son las doce en punto.

Lo deja entrar y van a comer a un MCDonald's.

Un batido de fresa, una hamburguesa y medio ejército de patatas fritas para el mocoso. Él pide una de esas sopas vegetarianas y jugo. Menú que recientemente han accedido a comercializar.

Su conciencia lo reprende por alimentar a Eren con comida basura. Entonces recuerda que el mocoso tiene un metabolismo de otro mundo y olvida la imagen mental de un posible Jaeger obeso.

—¿Terminaste? —se permite decir a pesar de la obviedad del asunto.

Eren muestra su bandeja vacía.

El guardaespaldas asiente y lo deja terminar su batido mientras va al baño.

Se lava las manos meticulosamente y sale.

El mocoso no quiere ir para no perder la función de la tarde.

Algunas cosas siempre nos llevan a otras.

Levi tiene un mal presentimiento al ver la necia cara del mocoso, aferrándose a su combo de gaseosas, aún así forman la fila y compran dos entradas para una película de comedia que resulta ser una de esas mierdas infantiles de dos horas y media que los niños disfrutan tanto.

Un hermoso preliminar para el desastre.

Los padres ya andan viendo la hora, sus hijos perdieron el hilo de la trama y berrean como ovejas y uno que otro desafortunado ronca apaciblemente mientras el descerebrado protagonista vuela sobre una paloma en 2d.

Levi no es así.

El es un guardaespaldas.

Su trabajo se basa en contar las cabezas de abajo, está sentado en la última fila, y proteger a Eren que se remueve una y otra vez sobre su asiento.

De pronto se siente tentado a preguntarle si se está masturbando.

Una pequeña mano se posa sobre su muslo.

—Detente.

Aprieta con fuerza. Los cinco dedos pellizcan su piel, avanzando hacia arriba.

El guardaespaldas suspira en voz baja. Cruza los brazos, permaneciendo en la misma posición de prisionero.

Los dedos rozando su miembro.

Mira de reojo al maldito mocoso del demonio, dispuesto a bajarle los pantalones y darle nalgadas tan fuertes que lo maten.

Erene está sentado incómodamente, frota sus piernas sin dejar de mirarlo.

—Necesito...—susurra bajito. Un millar de sucias ideas pasan por la mente del mayor. Quien ha olvidado que Eren solo tiene trece años y no le ofrecera una espectacular mamada en medio de aquel oscuro cine.

Los ojos verdes titilan con ayuda de la luz de la gran pantalla. Entreabre los labios ante su expectante guardaespaldas.

Y un gemido, mitad lamento, mitad vergüenza; escapa de sus labios.

Levi procesa las tres últimas palabras con rapidez.

"...ir al baño".

Necesita ir al baño.

En ese momento cae en cuenta de que las mejillas de niño están rojas, bebió un batido y dos vasos de gaseosa gigantes y tiene una testarudez tan grande que le impidió decirle aquello antes.

No sabe qué hacer.

Nunca fue un padre o tío, ni hermano mayor o...lo que sea.

—Puedes ir —se limita a contestarle.

Eren lo mira feo. No quiere ir solo.

—No.

—Trata de aguantar —no puede creer lo que está pasando—. Falta poco para que esa mierda termine.

Recibe un gruñido como respuesta.

Toma la mano del niño y la oprime contra la suya en un gesto condescendiente.

Los segundos pasan. Minutos...

Le frota el dorso con el pulgar.

Podría ser un recuerdo memorable, una anécdota para contar.

Pero él no quiere anécdotas de ese tipo.

Tampoco pretende crear recuerdos junto al mocoso.

Ni sentimientos.

Los otros se burlan de él.

Un hombre como él no pertenece a nadie, ni dejaría nada por nadie.

Esas son las reglas del mundo.

Pero toma la mano del niño que no es tan niño y lo carga entre sus brazos.

Sin saberlo, está rompiendo sus reglas por él. Comenzando una nueva ruta. Eren se convierte en una pequeña parte importante, un valioso fragmento que quisiera atesorar por siempre.

No era un sentimiento que se pudiera tomar a la ligera, al menos no con Eren.

Valdrá la pena.

Vale la pena...

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

La suerte nunca estuvo de su lado.

Comenzó a extinguirse cuando le compró la puta malteada al mocoso. Pero es un niño de trece, debería...debe controlar sus necesidades.

Maldito mocoso cochino del demonio.

Guarda los pantalones oscuros y la ropa interior blanca en una bolsa. Tiene la camisa doblada hasta los codos y una expresión de asco que no se toma la molestia en ocultar.

No. No lo hará.

Que se joda Eren Jaeger y su familia.

El no es una niñera.

Tira la inocente bolsa en el interior del auto y entra. Su reloj de plata marcan las diez de la noche. El aire viciado del cubículo desaparece con rapidez. Deja las ventanas abiertas.

El niño de ojos verdes está en el asiento trasero. Con las desnudas piernas dobladas contra el pecho y la frente apoyada sobre las rodillas infantiles. Sus manos abrazan su propio cuerpo con eficacia. Mudo como una roca. Su cara hierve al igual que un guiso rojo y las últimas lágrimas ya se han secado en sus mejillas.

Puede ver su pequeño pene desde el asiento delantero.

Levi no dice nada.

Toma la chaqueta del maletero y cubre con violencia al niño.

Eren no se queja.

El guardaespaldas conduce en silencio hacia la mansión. Pasan por un lujoso barrio y muchos árboles que camuflan la zona. Enciende las luces delanteras.

Los guardias no se encuentran en la entrada.

Se toma un tiempo para abrir por sí mismo la verja negra, conducir el auto dentro y volver a cerrarla.

Las luces de la casa están encendidas.

Debería ingresar por la parte trasera de la casa, ese es el reglamento. Pero el mocoso necesita una muda de ropa y un baño que obviamente él no hará.

Activa el intercomunicador de su bolsillo y trata de ubicar a algún empleado que venga en su ayuda.

Eren baja las piernas del asiento. Entonces cubre su vergüenza con el saco de Levi atado en su cintura.

La música suena con fuerza en el interior de su casa.

Ambos se quedan dentro del auto.

Quedan dos horas para la medianoche y ninguna mucama se ha acercado a ellos.

—¿Es una fiesta? —pregunta el de ojos verdes. Olvidando la humillación.

Levi recuesta su espalda en el mullido asiento.

¿Debería ponerse a fumar ahora?

—Te hice una pregunta —sisea el menor. Sus manos apretadas en el borde de su asiento.

Los ojos grises del guardaespaldas lo miran.

—Lo siento —dice de nuevo.

—No estás invitado —responde Levi.

El menor se muerde el labio. Lo sabe. Claro que lo sabe.

—No, no lo estoy —afirma.

—Los niños que usan pañales no necesitan estar en una fiesta.

—Yo no uso pañales.

—Te measte en mi auto.

Silencio.

Levi extiende una mano para frotarle el pelo. No sabe porqué lo hizo. Ese niño es un cachorrito que necesita afecto.

—Levi —susurra—. Quedémonos en el auto.

—¿Porque?

—Prefiero estar contigo.

No es una opción.

Pero es lo único que les queda.

—No soy una buena compañía.

Eren se deshace del abrigo y trepa hasta el asiento copiloto. Se recuesta apoyando la cabeza entre las piernas del mayor. Esta tibio.

—Eres mi guardaespaldas.

La calidez ño es inigualable.

Descansan de esa forma por unos buenos minutos.

Levi se atreve a tocarle un muslo, el cuerpo del niño se estremece, esta helado. Decide llevarlo dentro. No importa si Hanji lo reprende por ellos.

Eren cierra los ojos y gime calladamente. Quiere provocarlo.

—Mocoso de mierda...

—Papi —lo interrumpe con una de sus traviesas miradas.

Ha vuelto a ser el de antes.

El guardaespaldas le pellizca la carne del muslo, lo suficientemente suave como para hacerle cosquillas. En cierta forma se encariñó con el mocoso. Ya no quisiera que el tiempo corra tan rápido. Quedarse a su lado no parece tan malo.

—¿Donde aprendiste eso?

—Hanji dijo que es un fetiche y te sientes bien cuando te llaman de esa forma.

—No esta mal.

Lo esta.

No debería sobrepasar los límites de su trabajo.

Cierra los ojos.

Años después, cuando Eren tenga que utilizar anteojos, recordará que ese posiblemente fue su mayor error.

Nunca cubras tus ojos ante el enemigo.

Porque en el momento cuando lo hizo, algo rompió el parabrisas y toda la tranquilidad murió al instante. Fue rápido. Sintió dos cortes en la mejilla y la tibia sangre de la cabeza de Eren empapando sus dedos.

Un hombre los apuntó con el arma. Levi fue más rápido pero el contrario ya había atacado y hecho daño. No tardó mucho en caer.

Levi se dio cuenta que la mansión estaba en completo silencio. Los disparos silbaban.

Alguien gritó.

Una vocecita se burló de él. Por fin la acción que tanto deseaba se hacia realidad.

Eren levantó la cabeza cubriéndose los ojos llenos de sangre con las manos. Gritó su nombre.

Su trabajo era protegerlo.

A pesar de ello había deseado que esto pasara por meses. Aunque no de esa forma.

No en ese instante.

Nunca a Eren...

Próximo capítulo

Fuego intenso

Lo conocí y le juré que moriría por él; lo que nunca prometí es cumplir una cadena perpetua a su lado.


.

En el primer capítulo Levi ve a un niño de 12 o 13 años. En el tercero puse que tenía 10. No se que me fume xD para hacer eso. Lo siento. Oficialmente tiene 13.

Quería poner un poco de shota \._./ hasta esta parte.

Agradecimientos:

Sumire crazzy Murasaki

Fujimy

00Katari-Hikari-chan00

Karen Lester-Howell

AcosadoraKawaii

Charly Land

Van

Xochilt Oda

Yaritza9

Ame8910

Sweetvioleth

Grisha no lo odia. Solo es tonto.

Escribir desde elcelular es un proceso largo y tedioso. XD gracias por sus review. Y por esperarme. Ya tengo los siguientes capítulos. Les mentí :'v no creció aquí pero si en el otro. Quiero un Eren provocador y sepsi. Arreglé los anteriores cap.

Mis vecinos siempre sacan a sus perros y es odioso.

Nos leemos.÷