-¡Hola, Kiba-kun!
Hinata observo con admiración a su mejor amigo. No solo porque no se esperaba la visita (Kiba no tenía por costumbre estar levantado a las nueve y media de la mañana a no ser que hubiera de por medio algo muy importante) si no por el aspecto de su amigo.
En vez de la típica ropa deportiva que a él tanto le gustaba, llevaba unos vaqueros y una camisa que dejaba únicamente un par de botones sin abrochar, que resaltaba el aire informal que lo caracterizaba…e incluso parecía que su cabellera castaña estaba menos desordenada que de costumbre.
En pocas palabras, Kiba estaba guapísimo.
- ¡Hinata-chan! Me alegro de verte – dijo él dedicando una deslumbrante sonrisa a su tímida amiga. - ¿Ya esta lista Hanabi-chan?
- ¿Hanabi? – Hinata abrió los ojos de par en par, incrédula. No le resultaba tan sorprendente el hecho de que él hubiera ido a ver a Hanabi –que si le sorprendía- como el tener en cuenta que nunca se habían llevado precisamente bien…la situación le resultaba bastante peculiar. - ¿Has venido a ver a Hanabi?
- He venido a buscarla. Tenemos una cita – puntualizó el Inuzuka con una amplia sonrisa de satisfacción.
-¿Una cita? – la morena se pellizco un brazo, incrédula. La situación se volvía más irreal por momentos. Hanabi era muy poco dada a las citas…y lo que era peor ¡No le había contado absolutamente nada!- ¿Has venido a buscar a Hanabi por que tenéis una cita?
- Sí, bueno. En realidad, le dije que pasaría a buscarla a las diez…pero digamos que ella no estaba del todo de acuerdo con la cita – dijo Kiba, rascándose nerviosamente la cabeza – Así que decidí pasarme antes para acabar de convencerla.
Hinata meneó la cabeza.
Eso ya tenía más sentido…y le seguía resultando imposiblemente absurdo.
- Bueno…iré a despertarla a ver que dice y…- sugirió la morena con dulzura, cuando el chico la interrumpió.
- ¿Aun sigue dormida? – Kiba alzo una ceja divertido. Otra cosa que jamás sospecho de Hanabi. Ella parecía del tipo de persona responsable que madrugaba incluso un sábado, para entrenar - ¡No te preocupes, Hinata! Ya la despierto yo. – añadió subiendo a toda velocidad las escaleras que llevaban a los dormitorios principales, mientras se guiaba por el olor de Hanabi, para encontrarla.
Hinata echó a correr detrás de Kiba, intuyendo que la "excursión al cuarto de Hanabi para despertarla" no tendría un buen final.
………………………………………………
Cuando por fin el ninja, encontró la que suponía, era la habitación de Hanabi, entró, sin ningún tipo de reparo.
Acurrucada en la cama, medio destapada, y abrazada a un regordete oso de felpa, con el cabello castaño cayendo en desordenados mechones por la cara y la almohada, Hanabi era la viva imagen de la ternura.
Una lastima que no fuera ese sentimiento el que dominara a Kiba en esos momentos.
Sigilosamente se acerco a ella.
Vista de cerca, resultaba incluso más tierna que de lejos. Observo extasiado, como ella se estremecía al ritmo de su respiración. Planeando impulsivamente despertarla con suaves besos, él acercó sus labios a la mejilla de ella, y deposito un casto beso.
Hanabi se removió, y abrazo con más fuerza al peluche. Divertido, Kiba le dio otro beso, acercándose un poco más a la boca.
Ella volvió a moverse, refunfuñando algo ininteligible, aun dormida. Animado, Kiba se decidió, y finalmente la besó en los labios, deseando algo más que ese inocente roce. La respuesta cambió. Hanabi enrosco sus brazos alrededor de su cuello y lo acerco más a ella, abrazándole como instantes antes había abrazado al osito.
Kiba suspiró, y dejándose llevar, le abrazó por la cintura, apoyándose en ella, y con intenciones de volver a besarla, cuando ella abrió los ojos, y gritó.
Hinata desde la puerta, observo la escena con la cara más roja que un pimiento. Podía sentir la confusión que sentía su hermana…y sabía que dicha confusión no tardaría en verse sustituida por otro sentimiento menos pacifico.
- ¿Qué esta pasando aquí?
Antes de que Hanabi tuviera tiempo de darle algo más que un empujón para apartar a Kiba, Neji aparto a Hinata de la puerta y miró a Kiba con sus claros ojos echando chispas.
Sonrojada y escandalizada a partes iguales, Hanabi le dio a Kiba un tortazo y corrió a esconderse tras la espalda de su primo.
Neji miró con un poco de dulzura a su prima menor, antes de volver a adoptar una mirada fulminante para dirigírsela a Kiba.
- ¿Se puede saber que le estas haciendo a Hanabi-sama, maldito miserable? – exigió saber el Hyûga, mientras apretaba los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.
- Yo… ¡No es lo que parece! – balbuceo Kiba, sin saber que palabras utilizar. Un Neji enfurecido, no entraba en sus planes. – Bueno, sí es lo que parece, pero, ¡no de la forma que tú crees! – aseguró.
- Tienes tres segundos para explicarte – amenazó Neji – Y si tú explicación no me convence, te mataré.
Lo que Kiba acababa de hacer era algo inaceptable para el Hyûga.
Adoraba a Hanabi. Ella era fuerte, talentosa, rápida, seria, orgullosa, la perfecta kunoichi, y al mismo tiempo era delicada, alegre, bonita y cariñosa. En definitiva, Hanabi era la niña de sus ojos.
Y que alguien como Kiba Inuzuka, se hubiera atrevido a besar a su niña –en su habitación, encima de la cama- en su opinión era un motivo más que suficiente como para matarlo. Sin necesidad de escuchar explicaciones.
- Neji, ya basta – intervino Hinata, intentando disolver la tensión de la situación. Sabía que eso no iba a acabar bien. – No ha hecho nada…
Hanabi miró a su hermana mayor, ofendida. ¿Cómo que no había hecho nada? ¡La había besado! ¿Acaso le parecía poco?
Neji miró a Hinata.
Al igual que antes de mirar a su prima menor, su mirada en endulzó…pero la expresión de indignación no desapareció.
- ¿Nada? ¿Quedarse a solas, en la habitación de una chica –menor que él, por cierto- y tirarse encima te parece poco? – aulló, olvidando todo su autocontrol.
- Yo estaba presente – musitó Hinata. La indignación de Hanabi se hizo más notable. – Solo la estaba despertando.
La morena se sintió culpable. Tenía la sensación de que estaba traicionando vilmente a su hermana. De la peor de las maneras.
- ¿Estabas delante? – Chilló Hanabi, poniendo los brazos en jarras y mirando a Hinata con fiereza.- ¿Has permitido que este pervertido me besuqueara, estando tú delante?
- ¡Oye, que yo no soy ningún pervertido! – se defendió Kiba, atrayendo de nuevo todas las miradas hacía él. Sin embargo la suya solo se dirigió hacía Hanabi. Incluso despeinada, con un soso y suelto camisón blanco que cubría desde el cuello hasta los tobillos, estaba preciosa. Si a eso se le añadía un sonrojo en las mejillas, provocado por la furia, y el brillo centelleante de sus ojos, Hanabi no merecía un calificativo menor que "irresistible".
Las miradas asesinas que le dedicaron a dúo Neji y Hanabi, le indicaban que ellos no pensaban lo mismo de él.
Kiba observo admirado lo mucho que se parecían ambos primos.
Tanto en el físico como el carácter. Ambos aparentaban ser fríos, pero con solo rascar un poquito en la superficie…se descubría un ardiente temperamento.
Por si acaso, se abstuvo de comentar algo al respecto. No parecía que ese fuera el momento indicado.
- ¿Qué tal si por esta vez, lo dejamos pasar? – sugirió Hinata tímidamente, mientras jugueteaba con un suave mechón de pelo negro.
- Me parece una buena idea – apoyó Kiba, agradeciendo la presencia de su amiga. Sospechaba que de no ser por Hinata…ya se lo habrían cargado.
- Además ¿Qué demonios estaba haciendo este cretino aquí? – inquirió Neji, cruzándose de brazos en actitud intimidante, e ignorando olímpicamente la sugerencia de su prima.
- ¡Vino a verme! – improvisó Hinata. No creía que a su primo le agradara escuchar lo de la cita. En absoluto.
- Si vino a verte a ti, ¿Qué demonios esta haciendo en la habitación de Hanabi-sama? – insistió el Hyûga no muy convencido.
- En realidad, ayer acorde una cita con Hanabi-chan, y vine a buscarla. – confesó Kiba, metiéndose las manos en los bolsillos.
Ese fue el turno de Neji de quedarse sin palabras.
- ¿Una cita? – Preguntó petrificado - ¿Una cita con Hanabi-sama?
Hanabi escucho a Kiba y se puso pálida como la nieve. ¿Cómo se atrevía a…? ¡Ella había dejado bien claro que no había aceptado el trato!
Maldiciendo a Sayuri, miró a Kiba indignada.
- Te dije que no – masculló con un tono acusador, saliendo de la relativa seguridad que le producía estar oculta tras su primo, para enfrentarse a Kiba. – No, es no.
- Y yo te dije que pasaría a buscarte a las diez – Kiba miró su reloj - ¡Y ya son las diez! Venga, vístete, yo te espero.
La castaña escucho las firmes palabras del chico, perpleja. ¿Es que acaso no la había escuchado?
- ¡No lo permitiré! – Intervino Neji, irritado, moviéndose para volver a ocultar a su prima - ¡Nunca!
Hinata suspiró, y dudo seriamente si no seria mejor largarse. Sin embargo, y dado que presentía que era la única persona que no consideraba seriamente el asesinato como mejor forma de resolver el dilema, decidió quedarse.
- Neji, no estas siendo objetivo – expuso, intentando mantener la calma, lo cual no le resultaba nada fácil, teniendo en cuenta lo cansada que se sentía.
- ¡Claro que estoy siendo objetivo! – Masculló Neji – Pero me niego a que Hanabi valla sola con alguien como él.
- ¿Qué tengo yo de malo? – se quejó Kiba apretando los puños.
- Todo. – la respuesta de Hanabi fue escueta, pero no por ello menos impulsiva.
- Bueno, pues si lo que no quieres es que vallan solos ¡Ve tú con ellos! – sugirió Hinata sonriendo, en un pésimo intento de parecer relajada.
- ¡Pues claro que iré! – afirmó Neji, con energía y sin dejar de fulminar con la mirada a Kiba – Me niego a dejar a ese, solo con Hanabi-sama.
- No habrá que dejarnos solos, porque no pienso ir – refunfuñó Hanabi. Hay veces que una pared resulta más comprensiva y atenta que las personas que te rodean. La castaña tenía la sensación de que esa vez era una de ellas.
……………………………………….
- Pásame las palomitas.
Neji reprimió las ganas de pasarle también una cuerda al cuello a Kiba, y tirar de la cuerda hasta ahorcarlo, mientras le alcanzaba con brusquedad el paquete de palomitas.
Con una pareja que no paraba de hacerse arrumacos a su derecha, un molesto Neji Hyûga a la izquierda, y con Hanabi demasiado lejos de él, al otro lado de Neji, y finalizando la fila, Kiba no tenía la menor duda de que esa era la peor cita de su vida.
Por su parte, Hanabi ya hacía un buen rato que había decidido que el día no podía ir peor de lo que ya iba.
Tras haber sido obligada a vestirse por su hermana, y arrastrada literalmente por él Inuzuka a la calle, seguida de su receloso primo, habían comenzado sus desgracias.
Y solo había pasado la mañana. Aun le quedaba toda una tarde que se le antojaba infinita. Para rematar, habían acabado en un cine, viendo una película aburridísima.
- ¿Hanabi-chan, quieres palomitas? – preguntó Kiba agitando el paquete, y sonriéndola, mientras ignoraba la presencia de Neji.
- Yo le daré las palomitas – apuntó el Hyûga sin esperar la respuesta de la kunoichi, mientras le arrebataba las palomitas a Kiba.
- No, gracias – murmuró mirando con fastidio la película.
- A propósito, Inuzuka. ¿Qué pretendías, queriendo traer a Hanabi, sola, a un sitio oscuro, donde nadie intentaría impedir cualquier perversión por tu parte hacía mi inocente prima? – preguntó en voz baja Neji, quisquillosamente, mirando a la pareja sentada al lado de Kiba, que estaba dándose el lote apasionadamente.
- No tenía planeado traerla aquí. Surgió sobre la marcha – se excusó el de ojos marrones, mirando con culpabilidad a los enamorados que se sentaban a su lado y guardando las manos en los bolsillos, para reprimir el impulso de desordenarse el cabello, como hacía cuando se sentía nervioso.
Puede que sí hubiera planeado antes ir al cine. Pero en sus planes no entraba tirarse al cuello de Hanabi a la primera oportunidad que surgiera… Por lo menos no en la primera cita, teniendo en cuenta lo distante y susceptible que era la kunoichi.
- Sí, claro.- el Hyûga le dirigió una última mirada fulminante, antes de picotear unas cuantas palomitas.
- Dejad de cuchichear, algunos queremos ver la película – espetó una voz chillona desde la fila de atrás.
Hanabi palideció. Tal vez el día si que podía ir peor. Por que ella conocía esa voz tan aguda muy bien.
Era la voz de Moegi. Y teniendo en cuenta que desde que ella había descubierto la infidelidad de Konohamaru, tanto el chico como Moegi eran dos lapas humanas…
- ¡Anda! Si tú eres el renacuajo que idolatraba a Naruto – observó Kiba alegremente, al darse la vuelta para comprobar quien se había quejado.
Konohamaru miró a Kiba despreciativamente, intentando recordar quien era. Hacía ya tiempo que había aprendido que no merecía la pena recordar un nombre, si dicho nombre no pertenecía a alguna persona importante, o a una chica despampanante, que no era el caso de Kiba.
- Me llamo Konohamaru, no "renacuajo" – replicó, con absoluta arrogancia – y si te apetece hablar, lárgate. Molestas a mi chica.
-¡Oh! Cariño, me encanta cuando te muestras protector.
Moegi suspiró, encantada, y se acercó más a su acompañante. Kiba alzo una ceja, divertido, y observó a Moegi, quien se sonrojo bajo el escrutinio.
Hanabi en su asiento, deseó desaparecer. No quería que la vieran. Ni quería hablar con ellos. Ella, que presumía de ser fuerte y capaz de aceptar cualquier situación, temía derrumbarse por el simple hecho de volver a ver a su ex-novio.
Kiba, que no parecía tener intenciones de colaborar con Hanabi en pasar desapercibidos, estalló en ruidosas carcajadas tras terminar de evaluar a Moegi.
- Valla. Yo soy Kiba Inuzuka. Y en cuanto a tú chica…no parece tener buen carácter – comentó, volviéndose hacía Konohamaru – y tampoco es guapa. ¿Cómo puedes estar tan orgulloso de ir con semejante adefesio chillón del brazo?
-¿Qué has dicho?.- masculló el nieto del tercer Hokage, mientras trataba de tranquilizar a la kunoichi de coletas, que estaba iracunda- A saber con quien has venido tú. ¿O has tenido que venir solo porque a ninguna chica le agrada tu presencia? – añadió maliciosamente, mientras se inclinaba hacía delante para comprobarlo.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente al toparse con los claros ojos grisáceos de Neji Hyûga, el cual lo miraba con furia mal disimulada. ¿Qué pintaba Hyûga, en un cine de los malos, con un mequetrefe como ese Inuzuka? Mejor dicho ¿Qué pintaba Neji Hyûga viendo una película patéticamente cursi en un cine de los malos con un mequetrefe como ese Inuzuka? ¿Acaso era…?
Entonces reparó en Hanabi, que estaba sentada al otro lado de Neji, blanca como el papel, y cerrando los ojos con fuerza.
Sonrió, recordando la última vez que la había visto. Aquella vez se había mostrado comprensiva y distante, como si no le importara.
Pero conociéndola como él había llegado a conocerla, sabía que no era así como se había sentido.
- Hanabi-chan, cuanto tiempo. – saludó, mientras su sonrisa se ampliaba.
Todas las alarmas intuitivas de Kiba saltaron inmediatamente ante ese saludo tan familiar hacía la castaña.
El crujir del paquete de palomitas, que estaba siendo apretado con una fuerza excesiva por Neji, aumento la sensación de posesión del Inuzuka.
No sabía que tipo de relación tenía Hanabi con ese tipo, (y por la molestia que se reflejaba en los ojos de Neji, sospechaba que algo importante) pero tenia intención de dejarle muy claro, que ella era suya.
Le había gustado desde el primer momento en que la volvió a ver, y todo lo que a Kiba le gustara, acababa consiguiéndolo.
Hanabi no sería la excepción.
- Tiempo que a aprovechado entrenando, sin estorbos de por medio – apuntó Neji, pasando un brazo alrededor de los hombros de su prima – Y te recuerdo que debes llamarla Hyûga-san.
- ¿Formalidades a estas alturas? – inquirió Konohamaru, riendo. Hacía ya un rato que toda la sala había decidido que la discusión que estaban manteniendo, era más interesante que la película.
- Nunca es tarde para corregir un error ¿No crees? – dijo Hanabi, más tranquila, sintiéndose protegida por la presencia de su primo
Kiba escucho en un silencio inusual en él la batalla verbal. La tensión era obvia. Y se moría de ganas de saber a que error se refería Hanabi.
- ¿Ahora para ti soy un error?
- No es el momento ni el lugar para discutir lo que eres, o has sido en mi vida – afirmó ella consciente de la atención que estaban recibiendo por parte de los demás espectadores. Con elegancia, se levanto y avanzo hacía la salida, seguida por Neji y de un intrigado Kiba.
Konohamaru, se dispuso a seguirla, pero Moegi lo detuvo, sintiéndose culpable por Hanabi. Ella nunca había tenido intención de hacerle daño. Pero cederle a Konohamaru, tampoco había sido una opción.
- Otro día. Quiero acabar de ver la película – se excusó, sonriendo levemente. Konohamaru volvió a sentarse, con un mohín de fastidio. La película le aburría…y quería saber que de traían entre manos dos Hyûgas con un cretino como ese Inuzuka.
¿Sería que Hanabi y el Inuzuka estarían saliendo? No, Neji solía ser perspicaz, pero no a los extremos de acompañar a su prima.
¿Tan pronto le había olvidado? ¿A él? Sintiendo su ego masculino herido, Konohamaru tomo una decisión.
Hanabi era suya.
Cualquier pensamiento suyo, debía estar dedicado única y exclusivamente a él, como había sido cuando estaban juntos. Y haría lo que fuese, por hacer que las aguas volvieran a su cauce.
………………………………………………………
- ¿Y que tipo de relación dices que tienes con ese cretino?
Hanabi fulminó con la mirada a Kiba, antes de contestarle, mientras seguía caminando.
- No te he dicho que tenga una relación de ningún tipo con Konohamaru – contestó mordazmente.
- No es eso lo que él insinúo – protestó el Inuzuka.
- No es asunto tuyo – replico ella, sin dignarse a mirarle a la cara. Se sentía mal, muy mal, y lo único que deseaba era estar sola.
- ¡Claro que lo es! – Kiba se detuvo y sujetó a Hanabi para impedir que la kunoichi siguiera caminando, llevándose una mirada de advertencia por parte de Neji como consecuencia.
La castaña clavo en él sus claros ojos grisáceos con resignación.
- Las veces que nos hemos visto se pueden contar con los dedos de una mano, por lo que no se puede decir que tengamos una gran amistad que te excuse por meterte en mis asuntos – dijo, con un suave murmullo – Y, que seas el mejor amigo de mi hermana no significa que tengas que fingir que te preocupo.
Kiba escucho sorprendido la última frase.
- No es por Hinata por lo que me preocupo por ti. – contestó, mirándola fijamente. – y si es por tiempo, tenemos mucho por delante para pasar juntos ¿no crees, Hanabi-chan?
- ¿No decías que si salía contigo dejarías de tomarte tantas confianzas? – preguntó ella, irritada, cruzándose de brazos.
- Exacto. Dije que sí salías conmigo. Tú sola. – Afirmo Kiba con una sonrisa maliciosa – Tú primo no entraba en el trato…así que me debes una cita a solas, Hanabi-chan.
¡Hola!
Aqui con otro capitulo y todo un record de palabras. -Ejem- Me equivoque respecto a las edades (lo malo de hacer los deberes de mates y contestar a comentarios de un fic alternativamente, que acabas escribiendo números al tuntun) Tal y como me han corregido, Kiba tiene 22. ^^ (Gracias por recordarmelo, teniendo en cuenta que soy un despiste ambulante capaz habria sido de no darme ni cuenta .)
¡Gracias por leer!
