Perdón una vez más por la demora pero entre la falta de inspi para este capi y el fregaderal de cosas q tengo q hacer no había podido avanzar, así que aki tienen el nuevo capi recien terminado

Creo q no hay advertencia salvo que ya saben drama y una caja de pañuelos para las lágrimas...


III.

Lucero blanco

Cabalgaba a toda velocidad por el sendero, la lluvia hacia su andar más lento…

-Dios mío no permitas que le pase nada –rezaba el moreno

Descubrió el caballo que había montado su pequeño al partir improvisadamente de la mansión Vongola, lo cual le indicaba que no debía de estar lejos, desmontó entonces de su propio corcel y amarró ambas bestias a uno de los árboles.

Caminó por unos minutos bajo la lluvia, hasta llegar a la orilla del arroyo, estaba completamente empapado y notó entonces que el caudal del riachuelo había aumentado a causa de la tormenta, convirtiéndolo en un río a punto de desbordar, en aquel momento contempló su figura a la distancia justo en la ribera.

-¡mamá! ¡mamá! –gritaba con todas sus fuerzas ahí arrodillado

El moreno sentía su corazón resquebrajarse al mirar semejante escena, ese niño no merecía algo así…

-¡Ryohei! –le gritó

La corriente del río empezaba a tocar al pequeño infante peliblanco, quien al estar tan sumido en su tristeza no lo había notado.

Lloraba con todas sus fuerzas tratando de aminorar un poco el dolor que invadía su cuerpo, en toda su vida jamás se había sentido de esa forma, su sueño desde que tenía memoria era conocer a su madre, porque aún cuando el recibía cada mes una carta de ella desde el convento con anécdotas y palabras dulces, jamás se compararía a escuchar su voz, sentir su calor o percibir su aroma. Ahora todo estaba perdido, no había forma de dar marcha atrás.

-¡mamá, mamá, MAMÁ! –gritó desde el fondo de su pecho

De repente sintió unos brazos rodearlo…

-Ryohei, Ryohei ¿estás bien? –reconoció la voz de su tío

Sus ojos grises llenos de lágrimas a penas y podían distinguir la figura del sacerdote, se aferró a él, porque después de todo era la única persona que le quedaba en este mundo.

Knuckle miraba con preocupación al pobre niño de tan solo 8 años, estaba pálido y tembloroso, no podía decir a ciencia cierta si era a causa de la lluvia o de la noticia que su pequeño se encontraba de esa manera…

-Al límite que no debiste salir de esa manera –le dijo al oído al tiempo que lo cargaba en sus brazos

-yo quería verla, yo… yo… -hipó el pequeño peliblanco aferrándose a su cuerpo

El pobre infante no había probado bocado alguno en todo el día y se había perdido al intentar dirigirse al convento de Montecassino, por eso se encontraba tan débil que al poco tiempo se quedó dormido.

Cuando despertó sus ojos grises se encontraron con el techo blanco y esterilizado de la enfermería, respiró entrecortadamente tal vez había sido un sueño, se decía mentalmente.

-¿cómo te sientes Ryohei? –le preguntó una voz femenina

Contempló a su lado a una mujer de cabellos plata y ojos verde oliva antes de sentir la calidez de una mano sobre su frente

-tía Lucrecia –susurró con un hilo de voz

La peliplata le dedicó una sonrisa amable

-¡con que ya despertaste cabeza de césped! –exclamó un niño de su edad con facciones similares a las de la mujer entrando a la habitación

-¡Hayato! –le regañó Lucrecia

-¿qué? –contestó con un poco arisco el niño

-Ryohei está cansado y enfermo, ¿quién te dijo que era el momento de molestarlo? –explicó su tía

-che… -se quejó el peliplata cruzando los brazos

Ryohei entonces se dio la vuelta en el colchón dándoles la espalda, pues esa opresión en su pecho había regresado, poco a poco las lágrimas invadían sus ojos y sollozaba involuntariamente.

-¿Ryohei? –

-quiero estar solo –hipó el peliblanco

-tsk estúpido cabeza de césped haciendo que todos se preocupen –se quejó

-Hayato ese lenguaje, ven acá –lo reprendió su madre halándolo de la camisa –descansa Ryohei, volveré en un rato a ver cómo te sientes -

En secreto sentía envidia de sus primos Hayato, Mukuro, Nagi y Takeshi, los 3 primeros podían ver a su madre cada mañana, en cambio Takeshi la veía un par de veces al mes cuando el tío Asari lo llevaba al puerto.

Una a una trataba de recordar las cartas que su madre le había enviado y que amablemente su tío Knuckle le leía cuando era más pequeño, con un entusiasmo desmedido y contrario al hecho de no ser tan brillante como sus demás primos, había aprendido a leer y a escribir para releer y contestar las dulces palabras de su madre cuando lo desease.

-mamá… mamá –sollozó aferrándose a la almohada

Afuera de la habitación se encontraba un grupo de infantes…

-¿qué es lo que tiene onii-san? –interrogó el varón más pequeño

-al parecer el chico hiperactivo recibió una mala noticia –respondió cierto peliazul

-¿mala noticia? –

-sí –

-che… ese tonto, solo nos tiene preocupados –soltó Hayato

-pues al medio día llegó un mensajero que pidió hablar con el tío Knuckle –explicó Takeshi

-¿mensajero? –interrogó la única niña de cabello violeta

-al parecer venía desde Montecassino –continuó Takeshi

-Herbívoros, ese es el convento donde vive su madre –informó el mayor de cabello negro y ojos grises

-Sempai se quedó escuchando tras la puerta y en cuanto oyó el mensaje salió corriendo de la mansión –

-así es, el cabeza de césped se llevó uno de los potros del tío Lampo de la caballeriza y salió todo encarrerado de la mansión quién sabe a dónde –expresó el peliplata

El pequeño peliblanco continuó sollozando aferrado a la almohada, en su última carta su madre le había prometido que le hablaría más de su padre, quien ella le había descrito en sus palabras como un gran hombre y le tenía una grata sorpresa para cuando la fuera a visitar por primera vez.

Tan abstraído se encontraba en su tristeza que no escuchó cuando la puerta se abrió y por una pequeña rendija le observaron curiosos sus primos. Entonces gritó desde el fondo de su pecho tratando de olvidar el dolor que le calaba el alma, pues en todos esos años se había portado bien, había entrenado al extremo y también había estudiado con fervor, todo para poder convencer a su tío Knuckle de llevarlo a reencontrarse con su mamá, incluso le había pedido clases al tío Lampo para cabalgar y así viajar más rápido.

El alarido de dolor del peliblanco asustó de sobremanera a los demás infantes quienes corrieron despavoridos del lugar.

En el despacho del jefe Vongola, se encontraba el religioso sentado en uno de los sofás, cabizbajo y completamente desmoralizado. Un rubio de platino vistiendo una gabardina y otro muchacho rubio con una capa larga.

-Giotto, ¿cómo? ¿por qué? –balbuceó el moreno cubriéndose el rostro con sus manos

-Knuckle –susurró Primo dedicándole una mirada de consideración

-por los detalles que nos dio el mensajero todo indica un saqueo –explicó el guardián de la nube –no parece algo haber señas de otro móvil como una venganza o algo que involucre a la mafia –

Repentinamente la puerta de la oficina se abrió de golpe, develando la figura de un infante de cabellos castaños que desafiaban a la gravedad.

-¡papá! –gritó asustado el pequeño lanzándose al jefe mafioso

-Tsunayoshi ¿por qué corres de esa manera? ¿qué sucede? –

-onii-san, onii-san no deja de llorar, ¿por qué llora? ¿qué es lo que tiene? –interrogó preocupado el pequeño de ojos chocolate

-Tsuna –le respondió el rubio a su pequeño besando su frente –Ryohei está triste porque esta mañana recibió la noticia sobre la muerte de su madre -

-¿Muerte? ¿La mamá de onii-san murió? ¿Se quedó dormida como mi mamá Serena? –preguntó Tsunayoshi

-así es, se quedó dormida -le dijo el rubio al castaño con una sonrisa melancólica

Desde el marco de la puerta el mayor de los Vongola se encontraba observando a los demás.

-Kyoya –le llamó su padre –Primo, nos retiramos, por la mañana te daré un informe más detallado –se despidió

El religioso se puse de pie y se dirigió hacia la puerta…

-Knuckle –le llamó el rubio -entiendo el juramento que hicieron, pero ¿no crees que ya es hora de que Ryohei lo sepa? –le dijo

Por un instante el moreno se quedó en silencio, él sabía que ese momento llegaría, pero no esperaba que fuera tan pronto o de esa manera. Por su mente jamás cruzó la idea de que ella ya no estaría en este mundo.

-al límite que… -suspiró antes de salir de la habitación

-papa, onii-san ¿estará bien? –

-esperemos que sí Tsuna –le dijo a su pequeño

Knuckle llegó hasta la enfermería, se detuvo frente a la puerta donde se encontraba el pequeño Ryohei, desde ahí podía escuchar sus sollozos, su corazón se resquebrajaba, no sabía qué era lo que debía decirle o como podía consolarlo, porque él mismo estaba luchando con su propio dolor.

-Knuckle –le llamó la atención una voz femenina

El moreno volteó para encontrarse con la esposa del guardián de la tormenta, quien llevaba en sus manos una bandeja con comida.

-Lucrecia -

-le he traído un poco de sopa al bambino Ryohei –explicó la peliplata

-gracias Lucrecia –le dijo con una sonrisa melancólica -¿dónde están los demás? –

-los niños están con Elena y Melissa, no creo que sea el momento para que visiten a pequeño Ryohei –explicó

El religioso se quedó en silencio aún indeciso de entrar a la habitación

-Knuckle, creo que lo mejor es que tú hables con Ryohei –le dijo sacándolo de sus pensamientos -Es verdad que lo conozco desde que era un bebé, que como Tsuna, Kyoya o Hayato, es un hijo más para mí –explicó -pero yo sé que Ryohei te necesita a ti, y tus palabras significarán más de lo que cualquier otra persona pueda decirle –concluyó la ojiverde entregándole la bandeja que llevaba en las manos

-¿Lucrecia? –dijo el ojimiel sorprendido

Mientras la peliplata abría la puerta y empujaba al guardián del sol dentro de la habitación

-al límite Lucrecia… –susurró sorprendido el moreno

Sin embargo solo pudo ver como la peliplata desaparecía tras la puerta de roble, Knuckle suspiró antes de caminar hacia la cama

-quiero estar solo –sollozó una voz infantil

-al límite que debes de comer Ryohei –le respondió

-no tengo hambre –

El moreno no dijo nada dejando la bandeja sobre la mesita a un lado de la cama y se sentó a un lado de Ryohei, el pequeño pelinegro se aferraba a la almohada aún sollozando.

Sin pensarlo mucho levantó al infante entre sus brazos encontrando sus miradas, pudo ver como esos ojos grises estaba rojos de tantas lágrimas que había derramado, acarició entonces su cabello antes de darle un beso en la frente.

-tío ¿realmente he cometido un pecado tan grande como para que Dios me castigue de esta manera? –le interrogó con voz temblorosa

-¿qué? ¿de qué hablas? –

-es cierto que algunas veces me quedaba dormido mientras el tío G nos daba clases, que interrumpía las siestas de Kyoya en el techo para que entrenara conmigo, que alguna vez asusté a Tsuna en el jardín o que alguna vez empuje a Hayato contra Takeshi, que yo le pinté el cabello verde a Mukuro para que fuera una piña de verdad, e incluso me comí sin permiso algunos dulces del tío Lampo –confesó el pequeño –pero jamás creí… jamás pensé… -lloró un poco más

Knuckle acarició con suavidad su cabello, esas solo eran travesuras inofensivas de un niño inocente

-mi pequeño, nuestro Señor no castiga a los buenos, les pone pruebas sí, pero a veces debemos entender que a todos nos llega el momento de ser llamados por el Señor –le explicó

-entonces… mi mamá… -

-tranquilo Ryohei, ella te está observando desde el cielo y se entristecerá si sigues así –

El pequeño de ojos grises sollozó un poco más y se recargó en el pecho del moreno

-come un poco Ryohei, no has probado bocado desde la mañana –le pidió Knuckle

-tú tampoco has comido –le respondió

Tomando por sorpresa al moreno, lo cierto era que Knuckle ya estaba acostumbrado a los ayunos prolongados desde hacía varios años

-no te preocupes, estaré bien –

-si tu no comes yo tampoco –protestó haciendo puchero en su carita el peliblanco

Provocando una risilla al guardián del sol

-¿cómo resistirse a ese rostro? Me recuerdas a tu madre –le dijo pellizcando suavemente su mejilla

-desearía haberla conocido, saber cómo era su rostro, su cabello, ver si yo me parecía a ella o si me parezco al "gran hombre" como ella lo llamaba de mi padre –susurró

Knuckle sintió su corazón palpitar con fuerza, las palabras de Ryohei le habían hecho tomar una decisión…

Despertó algo desorientado, por alguna extraña razón sentía que todo a su alrededor se movía, abrió sus ojos perezosamente y descubrió que lo estaban cargando

-al límite que ya despertaste -

-¿tío? ¿qué hora es? ¿a dónde vamos? –interrogó ligeramente adormilado

-aún no amanece, te tengo una sorpresa, espera un poco –le explicó

Caminaron por los pasillos durante un par de minutos, Ryohei tenía un pésimo sentido de orientación, sin embargo podía distinguir que hacia donde se dirigirán era una parte de la mansión que no había visto antes. De repente se detuvieron frente a una puerta de color blanca, con una luna de herrería colgada, era dorada con pequeñas estrellas plateadas dentro, llevaba algunos adornos de acero. Entraron a la habitación y Ryohei vio que todo el mobiliario era blanco, en las paredes había algunos rectángulos muy grandes cubiertos por sábanas del mismo color. El moreno se apresuró a acercarse a una de los enormes cuadros.

-¿qué es este lugar tío? -

-¿Recuerdas lo que me dijiste ayer sobre saber cómo era tu madre? –

El peliblanco asintió ligeramente confundido, Knuckle quitó entonces una de las sábanas y develó una pintura con lentitud, Ryohei observó dibujada sobre el lienzo la figura de una joven de larga cabellera miel y ojos grises, piel bronceada con una sonrisa amable dibujada en sus labios rosados, llevaba un vestido amarillo, a sus espaldas había un riachuelo. El infante se quedó callado por unos instantes al contemplar a la mujer, no cabía duda que era hermosa.

-Raquel, tu madre –le dijo el religioso acercándose a él

-mamá –e inevitablemente las lágrimas inundaron sus ojos grises –ella es… es muy bonita, parece una muñeca –hipó

Knuckle llevó al infante consigo hasta uno de los sillones, donde se sentaron a contemplar la pintura, lo acomódo de tal forma que estaba recargado en su pecho bajo su brazo.

-Raquel quedó huérfana con tan solo 6 años, y fue enviada a vivir con sus padrinos, en ese momento conoció a tu padre, un chico tan solo par de años mayor que ella –le explicó

-¿mis padres se conocieron desde niños? -Interrogó con cierta emoción el pequeño Ryohei

-así es, desde el principio formaron un vínculo muy fuerte, incluso Raquel le acompañaba a la escuela a estudiar, porque al ser la niña más linda del pueblo nadie podía negarle lo que desease, pero gracias a su dulce y noble carácter jamás abusó de su virtud, tu padre en cambio era un niño impulsivo e hiperactivo, como tú –le dijo palmeando su cabeza –desde pequeño le gustaba meterse en competencias y peleas para medir su fuerza, hasta que el maestro del pueblo y el párroco le recomendaron a sus padres entrenarlo en box, en poco tiempo se convirtió en un excelente atleta y en todos sus entrenamientos Raquel permanecía a su lado, ayudándole con cosas pequeñas y en secreto él le enseñaba un poco del box, porque si él en algún momento se encontraba ausente Raquel pudiera defenderse –

-mi mamá sabía boxear –

-sí, claro que sabía, tu padre se marchó a la ciudad por unos meses, pero en ella descubrió la injusticia y la violencia que azotaban a los pobladores, que empezaban también a afectar a los pueblos cercanos, entonces conoció a otros jóvenes que se dedicaban a cuidar y defender a los habitantes, fue entonces que decidió unirse a ese grupo de Vigilantes, regresó entonces a su pueblo natal y se llevó consigo a Raquel quien para ese momento ya era su novia, durante un tiempo vivieron tranquilamente, hasta que ese grupo prosperó por toda Italia y así como se ganó una enorme cantidad de enemigos, convirtiéndose en una mafia…-

-¿como Vongola? –interrumpió el peliblanco

-así es, un año antes de que nacieras hubo un suceso que marcó a todos los miembros y amigos de tus padres, uno que los hizo pensar con mayor detenimiento sobre su seguridad, pues fue el preludio a una guerra entre muchas famiglias que duró bastante tiempo; sin embargo eso no le impidió a tus padres y por la gracia divina de Dios, concebirte a ti, cuando naciste tus padres eran las personas más felices del mundo, les habías traido una luz de esperanza en un momento de enorme tristeza –le contó acariciando su cabello

Ryohei esbozó una sonrisa enorme y sincera, mientras sus mejillas se coloreaban de rojo.

-por desgracia los tiempos de guerra no les permitieron a tus padres casarse como lo dicta la ley del Señor, sin embargo eso no quería decir que no eran felices, al cabo de unos meses cuando parecía haberse calmado la guerra, decidieron que era el momento de unirse, sin embargo la voluntad del señor sería otra… -narró el religioso

Flash back

Iban de camino a la mansión Vongola, viajaban discretamente en un carruaje sencillo, Raquel con el pequeño Ryohei en sus brazos envuelto en una manta, la primavera se acercaba pero aún no dejaba de sorprender esa brisa fresca que podía ser algo cruenta para las delicadas y pequeñas criaturas como lo era su primogénito de tan solo unos 7 meses.

-al límite que yo lo cuidaré -le dijo el moreno tomando al bebé entre sus brazos

-está bien –respondió ella dedicándole una sonrisa

-y al límite que debes descansar más en tu estado –insistió Knuckle

-¡oh vamos! Knuckle que esté encinta otra vez no significa que no voy a mimar a Ryohei –le contestó negando con la cabeza

-No digo que no lo mimes Raquel, pero al límite que debes de cuidarte –dijo el ojimiel besándola en la mejilla

La chica sonrió ampliamente mientras acariciaba su vientre redondo, seis meses, faltaba muy poco para conocer a su nueva criatura, pensó la joven.

Repentinamente sintieron como el carruaje se detuvo, los caballos empezaron a inquietarse.

-al límite ¿qué es lo que sucede? –se asomó Knuckle descubriendo que en el camino había sido bloqueado

-Señor Knuckle, hay una barricada que nos impide seguir por este camino –le informó el conductor

-¿al límite dices que hay una barricada? –dijo el moreno con un mal presentimiento

-¿Qué sucede? –le preguntó la ojigris

-nada de lo que debas de preocuparte Raquel, cuida por unos momentos a Ryohei, en seguida vuelvo –

De repente se vieron rodeados de un grupo de hombres con apariencia desprolija y armados.

-vamos amigos es solo una pequeña cuota para poder circular por este sendero –rió el que parecía ser su líder

-al límite que este camino es libre para ser transitado por cualquiera –dijo el moreno

-respetable señor –le respondió irónico –por su vestimenta y transporte puedo juzgar que no es un campesino como nosotros, digame qué le cuesta compartir sus recursos con unos pobres aldeanos –

-al límite que los campesinos son aquellos que trabajan de sol a sol en las huertas y plantíos, ustedes son bandidos, nada más que eso –respondió el guardián Vongola

-con que planea resistirse, bueno muchachos ya saben que hacer –ordenó el líder

De inmediato el grupo de hombres se acercaron a ellos, con la firme resolución de darle una paliza, Knuckle sabía que podía derrotarlos a todos, sin embargo debía de hacerlo discretamente pues si alguno de ellos se daba cuenta de que era un miembro de los Vongola los expondría en un grave peligro pues la guerra de mafias no había terminado aún.

Empezó a combatir y uno a uno los bandoleros caían inconscientes a sus pies, de repente escuchó la voz de Raquel gritar desde el carruaje, seguida del llanto de su hijo.

-oh, con que no está solo señor –se burló el jefe

El pánico invadió su cuerpo, sin pensar en las consecuencias hizo uso de su anillo para derrotar a todos los bandidos y apresurarse a llegar con su amada, cuando se internó en el carruaje descubrió que Raquel había noqueado a sus atacantes, y que se encontraba asustada aunque sana y salva al igual que su hijo.

-con que un Vongola –susurró a sus espaldas el líder –espero que la recompensa por su cabeza siga en pie –sonrió burlón al tiempo que lo atacaba

No supo cómo pero el sujeto lo golpeó fuertemente contra el suelo, por todos los medios trató de ponerse de pie, se enfrascó entonces en una pelea no podía bajar su guardia ese hombre era fuerte y no solo eso parecía tener algo que le alimentaba de cierto poder como lo hacía su anillo Vongola. De repente solo pudo distinguir un brillo rojo antes de que fuera violentamente lanzado contra uno de los árboles, se levantó como pudo solo para descubrir a Raquel desmayada cerca del carruaje con Ryohei en sus brazos.

-Raquel, ¡Raquel! –gritó con todas sus fuerzas

Fue entonces que el moreno perdió el control de sí mismo y como nunca antes atacó a su oponente sin piedad, hasta que finalmente en un golpe de fuerza desmedida lo envió al más allá. Por unos instantes se quedó helado al comprender las consecuencias de sus acciones, pero al escuchar el llanto de su hijo se apresuró a consultar el estado de su mujer.

-¿cómo están? –interrogó al cochero quien tenia en sus brazos a su bebé

-Ryohei está sano y salvo, pero la señora Raquel –hizo una pausa

-Knuckle me duele, me duele mucho –se quejó la chica de cabello color miel llevando sus manos a su vientre

El moreno dirigió su mirada al suelo y descubrió entonces una mancha de sangre.

-pronto, tenemos que llevarla –

-aquí cerca hay un convento, el convento de Montecassino –dijo el conductor

A toda prisa llegaron hasta la abadía, donde aunque con un poco de recelo los religiosos les recibieron, Raquel fue llevada de inmediato por las monjas mientras él se quedaba con su pequeño en brazos, el llanto de Ryohei era demasiado y fue cuando descubrió que su hijo llevaba en su piernita un dardo

-por todos los cielos –susurró aterrado –madre superiora –llamó a la monja

0*0*0*0*0

El guardián del sol se encontraba en el jardín del convento, de sus ojos miel brotaban incesantes lágrimas, todo había pasado muy rápido, demasiado, Raquel había dado a luz hacía tan solo un par de horas a su hija, la pobrecilla era muy pequeña y no tenía muchas esperanzas de vivir, y Ryohei, se encontraba con fiebre, una terrible fiebre a causa del veneno, ambos estaban en un peligro inminente de muerte, ¿era acaso un castigo del Creador por haber matado a ese hombre? ni siquiera sus llamas podían ayudarlos, se encontraban en las manos de Dios.

Como pudo caminó la luz de la luna le guiaba entre las sombras de la abadía hasta llegar a una de las capillas, se dirigió al altar y contempló la cruz antes de arrodillarse y juntar sus manos en forma de plegaria.

-Señor –le llamó –Señor, si les permites vivir a ambos, a mis hermosos hijos, -murmuró –yo… yo…juro que serviré a tu nombre por lo que resta de mi vida…-prometió -que dejaré de ser un hombre y renunciaré a todo lo terrenal –ofreció con resolución –por favor Dios mío permíteles vivir, no dejes que mi pecado caiga sobre esas inocentes criaturas –rogó el moreno de rodillas frente al altar mientras las lágrimas brotaban de sus ojos

Al mismo tiempo en su habitación la pelimiel se ponía de pie como podía y luego se arrodillaba a la orilla de la cama…

-Padre –le llamó -Padre, por favor -rogó -no te los lleves, por favor –con voz entrecortada -mis hijos, mis pequeños, son lo más hermoso en este mundo –se explicó –si les concedes la gracia de vivir, juró que renunciaré a lo que más amo en este mundo –prometió con un nudo en la garganta -renunciaré al amor que siento por Knuckle, por favor padre mío –lloró la mujer arrodillada a un lado de la cama

Fin de flash back

-Esa noche tus padres hicieron un juramento a cambio del bienestar de sus hijos –le explicó Knuckle -durante una semana estuviste entre la vida y la muerte, pero lograste reponerte del veneno con la única secuela de tener el cabello completamente blanco

El pequeño peliblanco contempló incrédulo al moreno

-La bebé ¿qué sucedió con la bebé? –interrogó preocupado

-sobrevivió con un poco de trabajo, pero en tan solo un mes ya se encontraba saludable, decidieron bautizarla con el nombre de Kyoko, fue entonces que tus padres se separaron, Raquel se quedó entonces en el convento para criar a Kyoko y cuidar a los niños que ahí residían –le explicó

-¿y mi papá? –preguntó con interés

-tu padre… mientras cumplía su juramento se convirtió en un religioso y te llevó consigo a Vongola, la Famiglia a la que pertenecía, renunció entonces a practicar el box y solo se dedicó a partir de ese momento a curar con su poder –

-Religioso, ¿mi padre se convirtió en un religioso? –Ryohei dijo aún sin comprender sus palabras

Knuckle por su parte sentía su corazón palpitar con fuerza, Ryohei era un niño, pero aún así no sabía si comprendería las razones de sus padres por lo que hicieron todo eso, ni siquiera sabía si lo perdonaría por ocultarle que él era su padre…

-entonces… mi padre es… ¿mi padre eres tú? –sollozó el ojigris mirando fijamente al ojimiel

Era cierto que se parecían, que tenían hábitos similares, pero nunca lo había visto de esa manera pues si era de su familia consanguínea tenía que haber parecido, pero ahora lo entendía, el gran hombre era él, había estado a su lado todo el tiempo…

-¡papá! –lloriqueo abrazándolo con fuerza –papá, papá, papá –repitió con fervor entre sollozos

Knuckle dio un suspiro de alivio mientras unas cuantas lagrimillas escapaban de sus ojos, entonces miró una vez más el cuadro que estaba en la pared.

-mamá y papá –sonrió el peliblanco mirando nuevamente el retrato en la pared

Y como si desde el cielo les respondiera la luz del sol que se colaba por los ventanales iluminaba el rostro de la joven, como diciéndoles "mi pequeño Ryohei y mi amado Knuckle"

Cabalgaban a buena velocidad, a la distancia se podía ver el convento de Montecassino, si pensarlo demasiado se adelantó por el camino.

-Ryohei espera! –le gritó Knuckle sin embargo no pudo más que negar con la cabeza él también estaba emocionado

-síguelo Knuckle –le dijo el rubio que iba con ellos nosotros los alcanzaremos después

-grazie Primo –hizo una reverencia antes de acelerar el paso en su corcel y seguir al peliblanco

Se apresuró a correr por el sendero aledaño al convento, donde la madre superiora le había dicho que estaba, miró con atención el campo y encontró entonces una cruz de madera, se acercó rápidamente sin reparar en la presencia de alguien más.

-mamá –susurró con tristeza

Entonces notó que arrodillada frente a la cruz había una niña, lentamente la pequeña volteó a verlo

-¿quién eres? –le interrogó la infanta de cabellos y ojos miel

Ryohei por su parte se quedó boquiabierto, era hermosa, idéntica a su madre, la única diferencia eran sus ojos, sus orbes eran del color de su padre.

-mi nombre es Ryohei, vengo a visitar la tumba de mi madre –respondió

-¿Ryohei? –de repente los ojos de la pequeña se llenaron de lágrimas

-¿por qué lloras?

-Hermano! –sollozó abrazándolo con fuerza –tú eres mi hermano, yo soy Kyoko –le respondió aferrada a él

-Kyoko, mi hermanita Kyoko –respondió él también al borde de las lágrimas

-¡Ryohei! –una voz masculina llamó su nombre en las cercanías

Lentamente dio la vuelta para encontrarse con Knuckle quien de inmediato reconoció a la pequeña

-¿quién? –interrogó

-no te preocupes Kyoko, él es Knuckle, nuestro tío –le explicó el peliblanco

El moreno guardó silencio, aún si su hijo mayor sabía la verdad, Kyoko era muy pequeña para entenderlo por el momento, con los años le dirían la verdad, pero no por ahora.

-así es pequeña Kyoko, nosotros somos tu familia –le dijo arrodillándose y envolviendo a los dos en sus brazos –Raquel ya estoy aquí, ahora soy yo quien se encargara de protegerlos –susurró mirando al cielo

-al extremo que así será –aseguró Ryohei enérgicamente

Kyoko simplemente sonrió.


Algunas notitas...

Ammm De acuerdo a la wikia Ryohei nació en agosto y Kyoko nació en marzo, lo que tecnicamente hacen q se lleven 7 meses aproximadamente xD...

Segun este pequeño universo sí existen las box weapon y anillos con poder, pero m dio flojera describir más...

Del veneno ... pues digamos q no se m ocurrió otra explicación para q Ryohei tuviera el cabello blanco xD...

Ah, ya sé q no les puse ni a Ryohei ni a Knuckle sus muletillas, al menos no muchas, pero pensé que le agregaría un poco de seriedad debido a la situación...

Creo q ya, si m falló algo lo editare después

Bye bi!