CAPITULO 4
Apenas amanecía cuando un dolor punzante despertó a Hayato de su inconciencia. El dolor viajaba por toda su espalda como si agujas calientes lo perforaran, haciéndose más intenso el dolor justo en donde sus alas crecían.
Un grito de dolor salió de sus labios al extender su brazo por encima de su cabeza, hacia su espalda. El más mínimo movimiento le causaba escozor. Su mano se manchó de sangre aun tibia que bajaba por su pecho, pigmentando de carmín su pantalón y el suelo en que estaba recostado. Sus dedos únicamente palpaban la humedad de la sangre y además, algo más en donde se suponía debía estar sus alas que no pudo identificar. Era blando y caliente.
Pese al dolor, Hayato giro su cabeza para intentar encontrar el origen de la sangre. El mundo se detuvo unos instantes para el hado cuando sus ojos observaron su espalda y no encontraron sus alas. No veía aquellas enormes y fuertes alas que le ayudaban a volar a grandes velocidades entre las colinas de El Páramo. Ya no estaban. Habían desaparecido y en su lugar solo quedaba carne expuesta y lacerada que alguna vez unió sus extremidades.
El miedo y la desesperación de no saber qué hacer lo invadió, descargando su frustración y dolor en un grito desconsolador que llego a varios rincones de El Páramo.
Diaval realizaba una pequeña inspección mañanera por El Rio de las Joyas Brillantes. A esa hora tan temprano el lugar estaba tan vacío que podía relajarse sin problemas escuchando el agua del rio.
No esperaba encontrarse con nadie, por eso le sorprendió ver a un joven elfo –que coincidencia o no- era el mismo con el que coqueteaba desde las últimas semanas. El chico era una hermosura. Poseía un cabello corto pero tan rubio como los rayos del sol que intensificaban lo blanco de su piel. Sus ojos eran grandes y expresivos, de un hermoso color miel que hacían juego con su nariz levemente respingadita que quedaba a la perfección con su rostro. Pero su cuerpo… Dios, su cuerpo era lo que más le gustaba a Diaval, sobretodo ese par de glúteos redondos y carnosos que rebotaban deliciosamente con cada pasito que el elfo daba.
En más de una ocasión, Diaval imagino ese par de glúteos rebotando sobre su pelvis mientras el muchacho lo cabalgaba con fuerza, empalándose su miembro hasta el fondo.
Era bien sabido por todos en El Páramo que Diaval era un rompe corazones innato. Nunca se le había conocido una pareja estable. Sus relaciones era de una sola noche o si se obsesionaba con el trasero de su conquista, de un par de semanas.
-"Esta es mi naturaleza. Soy libre como un ave."- Diaval siempre decía cada vez que Seigi –el padre de Hayato- lo regañaba por haberle roto el corazón a otro joven.
Simplemente, Diaval no podía evitarlo.
Como no podía evitar tener en esos momentos a aquel elfito rubio sobre él, escondidos tras unos arbustos espesos que le brindaba la privacidad para devorar su boca con pasión mientras sus manos descubrían el trasero del elfo.
-D-Diaval…- gimió el elfito fértil sobre los labios del pelinegro. Podía sentir sus glúteos ser manoseados por esas enormes manos masculinas y llenas de experiencia. Les gustaba sentirlas moverse por todas sus nalgas, apretándolas con lujuria mientras su cuello era marcado por los besos posesivos de Diaval.
Probablemente Diaval habría seguido con sus caricias hasta dejar al elfito desnudo y con el culo tan empinado y listo para recibir su polla dura, fallándolo duro y sin contemplaciones hasta rociar su próstata con su esencia. Probablemente lo habría hecho de no haber escuchado aquel grito lleno de angustia y desesperación que identifico inmediatamente como de Hayato.
-¿Q-Que fue eso...?- pregunto el elfito con el placer marcado en su rostro. Su piel quemaba ansiosa por sentir las manos de Diaval en todo su cuerpo, tocando partes que nunca antes nadie habían tocado.
-Hayato…- pronuncio en un susurro con la mirada lejos del cuerpo del elfo. Sin delicadeza, aparto el cuerpo del muchacho y sin despedirse, se marchó convertido en cuervo para ir en busca de Su Señor.
Sus oídos condujeron a sus alas hasta un poco más allá de donde los territorios de El Páramo terminaban, justo en uno de los lugares en donde Hayato solía encontrarse con aquel humano que no lograba caerle bien del todo.
Con horror observo aun desde el aire a Hayato tendido en el suelo mal herido.
-¡Hayato! ¡Dios!- exclamo con la preocupación marcada en su voz y rostro. Se había convertido tan aprisa en humano que algunas plumas negras aun volaban a su alrededor.- ¡¿Qué te sucedió?!- Diaval se quedó sin palabras al ver al chico que quería y cuidaba como a un hijo, un hermano, ahí tirado con semejantes heridas en la espalda.
-D-Diaval… D-Diaval…- Hayato jadeó buscando con desespero a la única familia que conocía.- D-Diaval… mis alas…-estiro su mano hasta el piel del hombre-cuervo quien se había arrodillado a su lado para socorrerlo.- ¿q-que tienen…? D-dime que están ahí, Diaval… n-no puedo sentirlas…- Hayato se negaba a aceptar la realidad que el mismo había visto.
-tranquilízate, Hayato. Todo estará bien.- evadió la pregunta. En estos momentos no era oportuno alterar más a Hayato quien estaba en shock y con la adrenalina a tope.
-M-Mis alas, Diaval… d-dime que están ahí…
-Hayato…
-N-No… ¡no! ¡No!- grito con desesperación. Diaval nunca evadía una pregunta. Siempre era honesto, demasiado a decir verdad. Si no le respondía era porque…- ¡no! ¡Diaval, dime que están ahí!- tomo desesperado la mano de Diaval.- por favor…- sentía demasiado dolor. Pensar lo agitaba.- ayúdame, Diaval… ayúdame…- fue lo último que pudo articular antes de caer en la inconciencia.
Diaval no tenía tiempo para averiguar cuanto tiempo llevaba Hayato en ese lugar, ni que tan serias –aunque era obvio- eran sus heridas. Si seguía perdiendo el tiempo, El Páramo se quedaría sin protector y él sin un amigo. Debía llevar a Hayato a la villa más cercana.
Con cuidado de no lastimarlo, Diaval coloco a Hayato en su espalda y con el paso más rápido que podía dar, llevo a su amigo a la aldea de los elfos del norte. Ellos lo ayudarían.
Nacil, uno de los elfos médicos de la villa de los elfos del norte, bebía té mientras leía algunos diarios medicinales que su padre fértil había escrito. Su familia llevaba generaciones estudiando y poniendo en uso los poderes curativos de las plantas y otros elementos que crecían en El Páramo.
Él como miembro de esa familia, debía seguir sus pasos y era un destino que le gustaba cumplir. Desde pequeño le había gustado ver a sus padres preparar tónicos y separar y clasificar hierbas que eran capaces de aliviar una gran cantidad de enfermedades y dolores. Y en cuanto tuvo la edad adecuada para comenzar a aprender el arte de la medicina elfica, supo que eso era lo que quería hacer para el resto de su vida.
Ahora sus padre se habían marchado con la madre naturaleza y él se encargaba de la salud de la mayoría de los habitantes en la villa y un poco a su pesar, del cuidado y entrenamiento de su hermano menor, Fiwë. Amaba a su hermano pero ciertamente el elfo que ya era un adulto desde hace un par de días, no ponía de su parte para aprender a ser un buen médico. Se quejaba todo el tiempo de lo aburrido que era aprender tanto sobre plantas y siempre buscaba cualquier pretexto para escabullirse de sus tareas.
Nacil comenzaba a pensar que Fiwë no tenía futuro como médico.
En eso pensaba el elfo cuando Diaval entro como tornado en su choza, espantándolo y haciendo que tirara un poco de su té de hierbas florares sobre los diarios que leía. Estaba a punto de recriminarle y echar de su choza al desconsiderado pelinegro, pero el cuerpo débil y sangrante de El Señor de todo El Páramo sobre su espalda le hizo retractarse.
-necesito tu ayuda, Nacil…-dijo entre jadeos el hombre-cuervo.
De inmediato y manteniendo la calma, Nacil guio a Diaval hasta una de las habitaciones que había de más en su choza, ordenándole al pelinegro que colocara a Hayato boca abajo sobre la cama mientras él se lavaba las manos.- ¿Qué le sucedió?- el elfo pregunto mientras revisaba con cuidado las heridas del hado.
-no lo sé. Lo encontré así esta mañana.- dijo observando atentamente como Nacil revisaba a Su Señor.- ¿está muy grave?- pregunto con cierto temor al ver el rostro que ponía el elfo.
-tiene quemada la piel…- pronuncio colocando algunos paños húmedos para tratar de limpiar la sangre y poder ver mejor la profundidad de la herida.- maldición… Diaval, necesito que traigas agua del rio de las joyas brillantes.- sus manos aplicaban fuerza sobre la espalda del hado para evitar que siguiera fluyendo la hemorragia. La única forma de detenerla era con la magia que esas joyas le daban al agua del rio.- ¡¿Qué esperas?! ¡Ya!- le grito al hombre que se había quedado estético del otro lado de la cama.- ¡y si ves a mi hermano, dile que lo necesito!- exclamo esperando que Diaval lo hubiera escuchado.
Fiwë caminaba refunfuñando palabras sin sentido. Se sentía un poco humillado por la forma en que Diaval lo había tratado esta mañana. Lo había dejado como a una puta con los pantalones debajo, el trasero manoseado y tan caliente como una. Fiwë pensaba que su relación con el Diaval iba por buen camino, que el pelinegro lo deseaba tanto como él. Pensaba que esta mañana, en medio de esos matorrales, Diaval lo tomaría y se llevaría su virginidad y lo haría todo un doncel adulto.
-quizás no me ama…-dijo el elfito con pesimismo.
Sus manos sujetaron con fuerza el jarrón que contenía un poco de agua del rio de las joyas brillantes que había recogido tras su "humillación". De nuevo se había escapado de las lecciones de su hermano y seguramente cuando llegara a casa, le esperaba un largo sermón que lo haría bostezar. Por eso había recogido esa agua, para intentar calmar a su hermano. El humor de Nacil siempre mejoraba cuando le regalaban algo medicinal.
Apenas iba a convertirse en cuervo cuando Diaval vio a Fiwë acercare a la choza. Con rapidez y alborotando un poco la tierra bajo sus pies, Diaval corrió hacia el elfo que se asustó al verlo frente a él.
-¡Diaval!- dijo entre sorprendido y contento de volver a verlo. Quizás venía a pedirle disculpas.- creí que…
-¡deja la charla para después!- el pelinegro interrumpió al elfo. No deseaba ser grosero pero la situación lo ameritaba.- tu hermano te necesita. Hirieron a Hayato y necesito ir al rio de las joyas brillantes por agua.
-¿al rio?- medio murmuro mientras procesaba la información.- ¡yo vengo de allá! ¡Y traigo agua!- le enseño el jarrón en sus manos.
Sin decir ni una palabra más, Diaval jalo el cuerpo de Fiwë hacia la choza. El muchacho había llegado en el momento justo. Probablemente había salvado la vida de Hayato.
-se recuperara ¿verdad?- Diaval pregunto sin despegar la vista de las manos de Nacil quien se dedicaba a remojar la espalda de Hayato con el agua curativa.
-debemos ser pacientes. El agua está haciendo su trabajo.- dijo el elfo que ahora llevaba su rubio y largo cabello amarrado en una coleta baja que le facilitaba hacer su trabajo con mayor eficiencia al no tener algún cabello en la cara que le dificultara la visión.
Nacil vio de rojo a Diaval que permanecía sentado en una silla del otro lado de la cama, pensativo pero sin despegar la vista de sus movimientos. Él sabía lo mucho que Diaval quería a Hayato y lo difícil que era para él, verlo en ese estado, mutilado y con la carne expuesta.
El elfo sentía un enorme coraje y odio hacia quien o quienes le habían hecho eso a Hayato. Lo habían quemado con saña, destrozándole de la piel de su espalda solo para conseguir sus alas. ¡Que la madre naturaleza se los tragara!
-será difícil para él adaptarse sin sus alas…- Nacil comento mientras dejaba de lado los paños húmedos y tomaba algunos vendajes. Las heridas ya no sangraban pero aun no cerraban del todo. Necesitaría aplicar agua curativa un par de veces más.
-Hayato es fuerte.
-lo sé. En cuanto se recupere, deberá darte las gracias.- la voz del elfo sonaba más calmada ahora que Hayato se encontraba fuera de peligro.- le salvaste la vida.- con cuidado comenzó a vendar la espalda del hado.- si no lo hubieras encontrado, Hayato habría muerto.
-está vivo gracias a ti.- comento Diaval, acercándose al elfo que terminaba de vendar al hado.
-yo solo limpie sus heridas. Si hay que dar crédito a alguien es al rio de las joyas brillantes y a Fiwë que trago el agua.- dijo algo nervioso el elfo. Tener tan cerca a Diaval le hacía recordar los tiempos en que gemía por sus caricias. Nacil sacudió la cabeza, no era momento para pensar en eso. Él había puesto fin a esa "relación" hace mucho tiempo.
Al terminar de vendar a Hayato, el elfo tomo el resto de las vendas y gasas –que había en el pequeño mueblecito junto a la cama- junto con los paños húmedos.
-iré a preparar un tónico para la fiebre y para que las infecciones no hagan de las suyas.- dijo con voz tranquila, echándole un ojo a Hayato antes de salir de la habitación, evitando en todo momento el contacto visual con Diaval.
-¿esa es tu forma de evitarme?- Diaval salió casi enseguida detrás de Nacil.
-yo no te evito.- dijo tranquilo el elfo aunque con una sonrisa divertida en los labios.- hace años que deje de hacerlo.- mientras hablaba, sacaba diferentes hierbas que estaban guardadas en algunos frascos sobre unas repisas en la cocina.
-sabes…- Diaval se acercó y recargó su cuerpo sobre el pequeño fregadero que no tenía ni un plato sucio.- aún recuerdo la última noche que…
-¡ni te atrevas a decirlo!- advirtió el elfo en voz baja y señalando al pelinegro con el dedo índice.- Fiwë puede entrar y escucharte. No sabe nada.- se justificó al ver que el "diablo" lo interrogaba con los ojos.
-no me sorprende. Me obligaste a mantener en secreto lo nuestro.- se quejó el pelinegro, cruzándose de brazos.
-discúlpame por no querer exhibirme como tu nueva puta.- dijo con cierta ironía mientras colocaba las hierbas que había seleccionado en una olla mediana con agua.- escucha, Diaval.- dejo un momento lo que estaba haciendo y miro fijamente al hombre junto a él.- no lo dije con la intención de reprocharte algo o para intentar revivir lo que hubo entre nosotros. Créeme, ya no me interesas.- dijo muy convencido aunque algunas noches aun recordaba la buena verga que Diaval tenía y había disfrutado entre sus piernas.-yo se…- soltó un suspiro.- que estas coqueteando con Fiwë. Y antes de que me digas algo.-levanto su mano izquierda en una ademan para evitar que Diaval dijera algo.- sé que solo lo buscas por motivos sexuales. ¡Y está bien! Así eres tú. Pero mi hermano piensa distinto. Aun es un elfo joven e inocente y desconoce muchas cosas.- Nacil calló unos momentos.- si vas a seguir coqueteándole, al menos ten la decencia de decirle que lo único que obtendrá de ti, será tu polla. Y eso, por un rato. Si después de eso, él quiere seguir adelante con…- dudo un poco. No sabía que palabra debía usar.- con lo que sea que ustedes tengan.- al final dijo.- será su problema. Pero déjale en claro que eres un casanova.- termino su dialogo con una mirada de advertencia justo a tiempo porque al finalizar su última palabra, Fiwë entro a la choza con algo de leña.
Diaval casi salto de la silla en la que descansaba cuando vio como Hayato despertaba tras casi un día de inconciencia.
-Hayato, por fin despertaste…- en su garganta se atoraron una gran cantidad de palabras que quería decir. Por un momento, paso por su cabeza la idea de gritarle a Nacil por si era necesario algún tónico o algo pero al final sus cuerdas vocales formularon algo diferente.- con un demonio, me tenías con el alma en un hilo.- intento sonar reprendedor y enojado pero su voz únicamente demostró la preocupación que sentía por el hado.
-D-Diaval… ¿Q-Que… paso…?- Hayato se sentía desorientado y con tanta sed que se creyó capaz de beberse un lago entero.- M-Mis alas…- susurro al recordar levemente lo que le había pasado, olvidando el hecho que no reconocía el lugar en donde estaba.
-tranquilo, no te muevas.- pidió Diaval, evitando que Hayato se levantara de la posición boca abajo en la que estaba y se hiciera daño y abriera en un descuido sus heridas.- estas herido.- hablo con la voz más suave que pudo y despacio para que Hayato entendiera.- pero Nacil logro curarte. Solo necesitas descansar y todo estará bien.- omitió el asunto que Hayato realmente deseaba saber. Pero cómo se le decía a un hada que sus alas, una parte impórtate y vital de su cuerpo, de su existencia y esencia como ser mágico, habían sido cortadas.
-las perdí… ¿verdad?- la voz del hado salió con cierta congoja. Había preguntado por sus alas únicamente para confirmar su perdida, teniendo la esperanza de que se equivocara. Pero sus alas transmitían cierto poder, quizás mas como una sensación de vida que viajaba constantemente por todo su cuerpo. Era un poco difícil de explicar pero en esos momentos, aquella sensación ya no la sentía más. Sus alas se habían ido.
-lo lamento…- fue lo único que Diaval pudo decir.
Hayato intento preguntar por qué o quién le había hecho semejante atrocidad pero no lograba formular ninguna pregunta completa por la gran cantidad de sentimientos mesclados que se quedaban en su garganta impidiéndole hablar.
-no sé quién te hizo esto o porque.- admitió el hombre-cuervo con frustración.- regrese al lugar donde te encontré.- jalo una silla del rico y se sentó en ella para que Hayato pudiera verlo sin tener que alzar tanto la vista y así poder informarle mejor.- y no halle nada fuera de lo normal.- Diaval esperaba encontrar algunas marcas en la tierra que le dijeran lo que había ocurrido. Hayato era una criatura poderosa y con una increíble fuerza. Al menos se necesitarían un puñado de hombres para lograr someterlo y así cometer semejante atrocidad. Una cantidad así de hombres no pasarían desapercibidos por ningún lugar, al menos dejarían una señal de su presencia, pero ni el bosque ni la tierra, mostraban marcas de su paso por ahí.- nada que me dijera que paso. Solo encontré esto.- de entre su ropa, Diaval saco el collar que Hayato había hecho para ese humano. La joya era inconfundible y no había forma de equivocarse.
-Stefan…- Hayato pronuncio al ver el collar. De inmediato recordó que esa noche, Stefan estaba con él. ¡¿Cómo pudo olvidarlo?!- ¡Stefan estaba conmigo! ¡Tienes que ir a buscarlo!- digo atormentado por que algo malo le hubiera pasado a su Stefan por su incompetencia.- los que me hicieron esto… pudieron hacerle daño…- si era necesario él mismo recorrería cada rincón del planeta para encontrar a Stefan, sin embargo su cuerpo le dio una advertencia en forma de dolor para decirle que aún no estaba en condiciones para aquella locura.- ¡búscalo, Diaval! ¡Búscalo! Por favor…- exigió. No era su intención gritarle a su amigo pero pensar en la posibilidad de perder a su Stefan, lo enloquecía.
-¡bien! ¡Bien! ¡Pero tranquilízate!- Diaval acepto. No le gustaba alzar la voz, lo hacía sentir viejo pero si no gritaba no lograría que Hayato se tranquilizara y lo escuchara.- iré a buscar a ese niño y lo traeré para que lo veas ¿de acuerdo? ¡Pero tranquilízate!- la última vez que había tenido mano firme con Hayato, este era solo un niño pequeño que se culpaba por la muerte de su padre. Diaval recordaba que tuvo que decirle entre gritos y con mirada seria que Seigi –su padre- solo había decidido protegerlo y que si su vida se había apagado en el proceso, eso no era su culpa.
Tal como lo prometió, Diaval partió ese mismo día en busca de Stefan. Tras casi un día de búsqueda, el pelinegro volaba de vuelta a la villa de los elfos, sin la menor idea de cómo iba a decirle a Hayato que ese humano, aquel que tanto amaba, había sido el que le mutilara las alas.
¡Ese pequeño miserable!
Todo el pueblo se regodeaba del chisme de que un joven llamado Stefan, había sido capaz de librar a todo el reino de la "amenaza y peligro" del "monstruo" de El Páramo, y que como recompensa por tal hazaña, el rey lo casaría con su único hijo y heredero al trono.
Diaval siempre espero lo peor de ese doncel castaño que siempre le pareció ambicioso e inconforme con todo. Pero ciertamente debía aceptar que el chico había superado su nivel de bajeza.
Pese a los chisme que se oían bastantes convincentes, su deber era verificar que se trataran solo de chismes deformados por los habitantes aun si eso le tomaba varios días.
Sus alas lo condujeron hasta la plaza central del reino en donde se encontraba el rey junto a Stefan y su hijo Henry. Y por supuesto la mayoría del pueblo como espectadores. El rey anunciaba el compromiso entre el castaño y su hijo y la fecha en la que se realizaría la ceremonia que no sería en más de una semana. El discurso del rey concluyo prendiendo fuego a la hoguera que quemaría un par de alas que Diaval pudo reconocer a la perfección.
Impotente y deseando convertirse en dragón para poder destruir a ese pequeño traidor y a su rey que se vanagloriaba probablemente pensando que era el mismo Hayato el que se quemaba entre las llamas, Diaval tuvo que permanecer en la torre de la iglesia desde donde sus ojos de cuervo observaban todo el espectáculo.
-no… es mentira…- Hayato se negó a creer las palabras que salían de la boca de Diaval.
-no miento. Todo lo que te dije es verdad.- dijo con voz firme el pelinegro.
-¡no!- volvió a refutar aventando la sabana que le cubría el cuerpo.- ¡Stefan no me haría esto! ¡Él me ama!- se levantó de la cama, enojado y con la decisión de ir hasta el reino para demostrarle a Diaval que aquello que le decía era una mentira. Una cruel mentira. Lamentablemente sin sus alas que le brindaran el apoyo y equilibrio al que estaba acostumbrado para caminar, Hayato cayó al suelo como un infante que empezaba a dar sus primeros pasos.- él me ama… él iba a ser mi reina…- murmuro tirado en el suelo con la cabeza gacha.
-lo lamento, Hayato. En verdad lo siento.- apoyo su mano en el hombro del hado.- pero yo lo vi y escuche todo. El matrimonio entre el príncipe Henry y Stefan será dentro de cuatro días.
-me hizo esto, solo para convertirse en rey…- la voz de Hayato salió llena de rencor al aceptar la verdad. Al aceptar la traición del hombre al que amaba. Sin ser consiente, Hayato dejo que la ira fluyera por todo su cuerpo, afectado su magia, contaminadora al igual que su corazón. Su magia alguna vez de color amarilla que solo transmitía la bondad y felicidad que había en su corazón, se volvió de un color verde aterrador que solo transmitía rencor y odio.-maldito…- apretó sus puños furioso.
Los habitantes de El Páramo no lo sabían aun pero muy pronto, el hogar cálido y tranquilo en el que vivían se vería sumido en una oscuridad y tristeza que no se desvanecería hasta que un rayo de sol iluminara el lastimado corazón de Hayato.
NOTAS FINALES:
NOTAS FINALES:
COMO VERÁN HE COLOCADO DOS PERSONAJES NUEVOS Y COMPLETAMENTE DE MI AUTORIA. LA RAZÓN DE ESTO ES PORQUE TENGO DECIDIDO DARLE MAYOR PROTAGONISMO EN UN FUTURO O QUIZÁS HISTORIAS INDEPENDIENTES COMO PIENSO HACER CON DIAVAL QUE NO SOLO SERA EL SIRVIENTE-GUARDIÁN DE HAYATO. ESTE MUCHACHOTE SEXY TENDRÁ PROTAGONISMO Y AVENTURAS EN LA HISTORIA PERO UN POCO MAS ADELANTE. YA LO VERÁN.
