Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.


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Capitulo Tres:

...Venid amigos míos.

Planeta Theros, Sistema Cnosos,

Cúmulo Artemis Tau,

Través Ático, en el confín del Brazo Galáctico Perseo.

El polvo de aparente arcilla roja, y la grava suelta del piso de la instalación de investigación proteana, podían ocasionar que cualquier despistado resbalara en las empinadas pendientes, y terminara en el suelo de las excavaciones, diez metros mas abajo. Y lo menos que acarrearía semejante caída sería una fractura de huesos. Los menos afortunados podían ir a dar contra algunos de los extremos afilados del equipo de excavación que yacía abandonado en el piso mas bajo, terminando sus vidas en un espectáculo dantesco, digno de las paginas de nota roja de cualquier diario poco respetable del siglo veinte.

Ashley Williams tomó todo eso en consideración cuando empezó el descenso desde la escotilla de entrada a los sótanos, hacia la pasarela mas lejana. Ella era la avanzada del grupo de Shepard y era su deber darse cuenta de todas las posibles amenazas que se pudieran presentar en el camino. Cerca de la bajada de tierra, que insinuaba una espectacular caída a quien no tuviera cuidado, había una rampa metálica que conducía a una pasarela bastante sucia y esta a su vez a un elevador, viejo en apariencia y el cual -estaba segura-, no había recibido mantenimiento desde hacía ya algún tiempo. La mujer soldado bajó con cuidado hacia la rampa y una vez sus botas estuvieron asentadas en suelo firme, hizo una seña hacia sus compañeros, Tali, Garrus y Shepard:

– ¡Por aquí se puede bajar sin riesgo de matarse, Comandante!.

– ¡De acuerdo Williams!. Con cuidado todos, vamos...

Los tres compañeros empezaron a bajar pausadamente. Primero Garrus, cuyas fuertes piernas y afiladas garras le daban tracción suficiente para bajar semejantes pendientes. Después Tali, la esbelta mecánica quariana, ayudada por el turiano y al ultimo el roble que era Shepard. Caminaron en fila india apuntando sus armas hacia los ángulos de ataque mas probables, cuando de pronto un zumbido suave, casi imperceptible, perturbo el oído de Ash. Un movimiento semi-lento en el rabillo de su ojo le avisó del peligro:

– ¡Dron Geth!.

El autómata de ataque, de forma ovalada, con estabilizadores a lo largo de su cuerpo y sensores ópticos en el frente, los había detectado y el arma de pulso montada en su carcasa abrió fuego. Shepard agarró a Ashley y a Tali, jalandolas a ambas al suelo, los disparos del enemigo rebotando en sus barreras cinéticas. Garrus, cuyos reflejos eran mas rápidos, despachó al dron con varios tiros de su rifle Avenger, los disparos de su oponente rebotando en su armadura. El artefacto cayó al suelo apenas a tiempo para revelar que otros seis de ellos estaban acercándose con rapidez, sus armas listas para acribillarlos.

– ¡Comandante, se aproximan más! – grito el turiano mientras tomaba refugio detrás de una de las cubiertas metálicas que conformaban la baranda de la pasarela. Los disparos de los robots se estaban volviendo mas precisos conforme se acercaban.

– ¡Tali!, haz lo tuyo – grito Shepard, mientras él y Ashley disparaban sobre dos de los drones, que se había acercado para flanquear la barrera.

La quariana invocó su omniherramienta, el reflejo anaranjado de ella rebotando en el visor de su casco. A una velocidad impresionante, la mujer movió el dial de su mando remoto, pulsando intangibles botones e introduciendo secuencias de código sin parpadear. Los drones estaban ya sobre ellos, cuando un pulso invisible los alcanzó. Un momento después empezaron a lanzar chispas y a mostrar arcos eléctricos que recorrían sus cuerpos. Sus sensores ópticos parpadearon y se tambalearon erraticamente, chocando unos con otros hasta que sus núcleos de efecto de masa fallaron y cayeron al suelo. Al oír eso Tali levantó la cabeza y preguntó con su voz de niña aun no mujer:

– ¿Fueron todos? – mientras recuperaba su escopeta.

– Sí. ¡Esa omniherramienta tuya es muy útil! – comentó Garrus, su reverberante voz exacerbada por el eco de la caverna, mientras escudriñaba alrededor suyo.

– Solo la modifique un poco... – mencionó ella con un poco de falsa modestia – ...pero era una buena pieza de equipo para empezar. Agradecele a Shepard. Sin él no tendríamos cosas tan confiables...

– Eso es cierto comandante. Nuestro equipo no es exactamente el estándar de la Alianza... – comentó Ashley, mientras acariciaba el rifle Volikov que había modificado hasta dejarlo perfectamente a su gusto. -Una obra de arte funcional-, era lo que había dicho Garrus. Eso le había ganado puntos en su escasa lista de "Me-gustan-los-extraterrestres".

– Una misión como esta requiere buenos soldados y buenas armas, y por mucho que me pese decirlo, el equipo estándar de la Alianza no es de calidad particularmente alta... – comentó Shepard reincorporándose.

– ¡Gracias por el cumplido comandante!, pero mejor agradezcanos cuando saquemos su trasero intacto de las minas – comentó Ashley sin hacer muchas concesiones, pero con una amplia sonrisa en el rostro. "Algo que voy a disfrutar mucho", pensó la soldado.

Después de verificar que no había moros en la costa, entraron en el ascensor y la militar presionó el botón de descenso. Mientras eran trasladados, Ashley observo a sus compañeros no-humanos y reflexiono en silencio acerca de ellos: Piernas fuertes, tobillos altos característicos de especies digitígradas como los gatos o perros, cuerpos fuertes y ligeros. "Quizá no tanto en el caso de Tali", pensó con malicia:

"¿Como puede siquiera caminar con ese culo "gordo" que tiene?..."

Otra cosa que compartían era su metabolismo. Casi todas las razas de la Ciudadela tenían la misma tendencia al desarrollo de aminoácidos levógiros. Las únicas excepciones eran los turianos y los quarianos, a los que Garrus y Tali pertenecían.

Las similaridades sin embargo, acababan ahí. Los turianos usaban una armadura gigantesca, que pasaba por darles una amplitud de hombros considerable, lo cual le recordó sus días en la Alianza, en los que algunos de sus mas intolerantes instructores le enseñaron fotos de un turiano despojado de su armadura. Le daba la impresión de haber visto la cruza entre un ave y un reptil flaco y escamoso. No era una vista agradable.

Los quarianos eran todo un misterio. Sus sistemas inmunes eran tan débiles -inexistentes para efectos prácticos-, que se veían obligados a vestir trajes ambientales especiales en todo momento. Pocas criaturas en la galaxia podían recordar como eran los quarianos debajo de las "segundas pieles" que llevaban puestqas. Su silueta era definitivamente muy parecida a la humana, o por lo menos eso era lo que sus ropajes insinuaban. Cuando eran saludados, la cara era velada por un casco con visor de un polímero transparente muy resistente, que estaba relleno de una especie de gas esterilizante, cubierto por un velo generalmente confeccionado de una tela fina y cuyos bordados artísticos le recordaban al khimar, de las mujeres del medio oriente de la Tierra. Sus voces se oían siempre ligeramente distorsionadas por los sintetizadores vocales incorporados en el diseño. Y ni siquiera mencionar el asunto de los dedos de las manos y pies...

Ambos, Garrus y Tali, eran ciertamente agradables. Tanto como podían serlo los miembros de razas extrañas. Sin embargo no aprobaba del todo que el Comandante hubiera confiado en ellos, y más aún, hubiera consentido en alojarlos sin restricciones en una nave que era considerada máximo secreto por la Alianza. Había discutido el asunto con él, en su última conversación amistosa -una de las varias que habían tenido a lo largo de esa semana-. Su respuesta sin embargo, la dejó desarmada:

– ¿Entonces crees que es poco conveniente que la Alianza me permita tener extraterrestres a bordo de la nave, no es así Ash?.

– ¡Lo haces sonar como si fuera el comentario de una de esas chifladas xenófobas de Terra Firma, Capi!... pero sí. Ese es mi punto. Sabes que estoy de acuerdo con las decisiones que creas mas convenientes. Es lo menos que puedo hacer después de Virmire. Sin embargo me llama la atención tu preferencia...

– Mira Ash: Entiendo tu preocupación... – dijo él acercándose y tomándola de las manos, en un gesto que ella no permitía usualmente. En otras circunstancias hubiera sido la primera en poner un alto a su comandante, recordándole acerca de la política de no-involucramiento entre soldados de la Alianza. Pero desde Virmire, había caído en la cuenta de realmente cuan importante se había vuelto, para ese hombre, en quién la galaxia había depositado sus esperanzas:

– …y una de las ventajas de rango es que no tienes que explicar nada a los que están debajo de ti. Sin embargo en este momento no soy el Comandante ni tu eres la Jefa Artillera, así que creo necesaria una aclaración...

El comandante adoptó una cara seria, que no escondía bien su aparente diversión con el asunto:

– En otro tiempo y circunstancias yo también hubiera puesto objeciones y quizá hasta hubiera denunciado a mi oficial superior por semejante falta al protocolo... – dibujo una sonrisa sencilla, ante la memoria de una situación pasada que no compartió con ella, – ...pero si hay algo que he aprendido a lo largo de mi vida, es que la cooperación entre los seres sapientes, de todas las formas y colores -Azules, verdes, amarillos o rojos-, es un factor de importancia si se quiere alcanzar grandes metas... – mencionó al tiempo que se recargaba en la estación de reparación y afinación en la que ella normalmente trabajaba, en el hangar de la Normandía:

– Entiendo lo que sientes: He visto como miras a Garrus, como si trataras de meterte en su cabeza buscando la respuesta de porque los turianos son como son. Te preguntas como es que un tipo agradable puede pertenecer a una raza militarista y agresiva como la suya. Nunca me lo ha comentado, pero creo que él piensa lo mismo de nosotros... – el comentario provocó una ligera reacción de asombro en la chica.

Después se alejó de ella un poco, en un gesto teatral que sin embargo rindió frutos:

– Mira a Wrex y a Tali: La gente se asusta de los krogan, considerándolos unos bárbaros y salvajes. El mismo Wrex no da la impresión de ser otra cosa. Los quarianos son tratados como si fueran parias. Las criaturas de la galaxia creen que deben perennemente pagar por su error, al crear a los Geth, en lugar de ayudarles a corregirlo. Sin embargo es posible encontrar la grandeza propia de sus pueblos si estas dispuesta a buscar... si estas dispuesta a ver el mundo con una mente que no rechace lo que hay ahí fuera, solo porque es diferente de lo que nos enseñaron...

Se acercó a ella de nuevo, colocándose de frente, sin invadir su espacio personal, pero dirigiéndole una intensa mirada que decía muchas cosas:

– Ambos entienden eso. Puedo decirlo con certeza. Y si hay esperanzas para un krogan que mucho tiempo estuvo sumido en la desesperación y la tristeza, y para una quariana cuyo único delito fue pertenecer a una raza que se equivocó hace ya mucho tiempo, creo que también las hay para nosotros... – terminó su monologo en la misma posición en la que comenzó.

Ashley no podía dejar de mirarlo, a medio camino entre el bochorno y la risa. Recordaba haber reído un poco, y cuando él le preguntó con gesto serio, si estaba burlándose de él, le explicó acerca de la teatralidad estudiada de sus expresiones, aclarándole por supuesto que sus palabras le merecían la mayor consideración y prometiendo meditar sobre ellas con calma. En muchos aspectos le recordaba a las sesiones en que su padre declamaba la poesía de Tennyson. El gesto serio que escondía una alegría indecible, era de una familiaridad tal, que no pudo menos que imaginar que Shepard le hubiera caído bien a su padre.

El ascensor paró y la muchacha miró hacia abajo a través de la reja de seguridad. El aparato no había descendido completamente, sino que se había quedado varado a un metro del piso. Shepard quitó la reja y Ash bajó de un salto, tomando su posición de avanzada de nuevo. El ultimo sótano tenía mucho equipo pesado de excavación y había señas de actividad reciente. Había materiales de limpieza tirados por el piso, en los lugares donde debían haber estado los arqueólogos. En ese momento sin embargo, no había nadie a la vista, y el lugar se hallaba en un silencio cauteloso, solo roto por un ligero zumbido opaco que venía de una de las paredes excavadas.

La soldado se acercó hacia la fuente del zumbido. Allí, atrapada flotando en un campo de fuerza, estaba una chica de muy buen ver, en un mono verde y blanco. Hubiera podido pasar por humana, de no ser por su tono de piel azulado y los pliegues carnosos y estilizados en su cabeza. Sin mucha gana, hizo una seña al comandante para que se acercara.

Shepard caminó hasta la barrera azul, de la cual le llegó un grito desesperado:

– ¿Pueden escucharme ahí fuera?, ¡estoy atrapada y necesito ayuda! – la chica no esperó una contestación y casi enseguida agregó:

– ¿Eres... de a deveras?... oh no, ¡no seas estúpida, Liara!... los humanos no suelen venir por aquí, estas alucinando... ¡y además hablas contigo misma! – una risita histérica, apenas controlada, hizo presa de ella:

– ¡Oh Diosa!, ¡voy a morir aquí!

Ash solo acertó a esbozar una sonrisa maliciosa, mientras ella, Garrus y Tali observaban la escena desde atrás del Comandante, preguntándose como esa aniñada chica azul había sido capaz de meterse en semejante embrollo. No quería perderse la explicación por nada del mundo...


Inmediaciones del planeta Virmire, Sistema Hoc

Cúmulo Centinela Omega, Través Ático,

en el extremo mas lejano del Brazo Galáctico Centauro.

Jean Grant, Jefa Medica de la nave fortaleza Arcángel, concentró su vista en las estrellas y se abandonó unos momentos a la contemplación. Estaba sentada en el gigantesco mirador de proa de la nave, casi en la oscuridad y sola. Contemplando la negrura del vacío y los puntos refulgentes en él, detrás de una cubierta de cristacero antirreflejante. No había nadie en el lugar a esa hora. Los asientos y butacas de piel escasamente repartidas a lo largo del cuarto estaban vacías, denotando que los asiduos regulares trabajaban o disfrutaban de su descanso en otra localidad. El silencio que reinaba en el cuarto era solo cortado por su casi imperceptible respiración.

La menuda mujer morena no podía olvidar los sucesos que habían acaecido hacía tres días... "¿o habían sido cuatro?". La respuesta no la sabía con certeza. Los médicos estaban condicionados para actuar con presteza y suficiencia con tal de salvar la vida de su paciente. Y todo había ocurrido tan rápido que cuando cayó en cuenta del paso real del tiempo, ya habían transcurrido por lo menos veinticuatro horas...

Las enfermeras habían trasladado al hombre que la partida de búsqueda rescató del planeta que las transmisiones locales denominaban Virmire. Recordaba haber sido notificada en persona por su esposo Vince Grant, acerca de su nuevo "huésped". Cuando llegó a la sala de operaciones, las cuidadoras, azuzadas por la jefa de enfermeras Mitchell, ya habían procedido a entubar de emergencia al paciente y a tratar de estabilizar sus signos vitales.

Había recibido varias heridas en diversos órganos y era un milagro patente, el hecho de que su cuerpo funcionara en un estado tan crítico. Treinta horas de cirugía, sudor y las técnicas mas nuevas de almacenamiento criogenico, estásis mental y clonación de órganos, aprendidas de los cirujanos y médicos de Tirol, habían logrado salvar su vida.

La Teniente Coronel Grant sin embargo, reflexionaba en lo milagrosa que había sido esa proeza, si consideraba que nunca había visto un humano como ese. Los primeros exámenes no revelaron anomalía alguna, pero las pruebas de laboratorio de sus tejidos y las verificaciones de información genética revelaron algo que no había esperado. Había sido modificado genéticamente para hacerlo mas fuerte y resistente. Lo realmente impactante empero, estaba presente a lo largo de su sistema nervioso... Situados en ciertos puntos a lo largo de su columna vertebral había una serie de nódulos no mas grandes que el tamaño de un guisante. Estas protuberancias mandaban señales eléctricas de considerable carga hacia el cerebro y el resto del sistema nervioso.

Jean tomó muestras de tejido, e hizo rápidos análisis por varias clases de patógenos, para no ser sorprendida por ninguna enfermedad rara. Las muestras dieron negativo a las enfermedades que ellos conocían, así que las almacenó, pensando en estudiarlas después, una vez que se le pasaran la confusión y perplejidad iniciales. Otro descubrimiento sorpresivo fue el de un implante pequeño, como del tamaño de un chip de computadora, en el cerebro del individuo, que parecía amplificar las señales eléctricas de los nodos del sistema nervioso. ¿Con que fin?, no lo sabía.

Pudo estabilizar el cuerpo y transferir de vuelta la mente del individuo, sin perdida de memoria aparente, pero no sabría con certeza si había daño cerebral notable hasta que recuperara la conciencia. El tipo había permanecido fuera de combate durante tres días, y ella había ordenado una guardia de enfermeras para monitorearlo en todo momento. En el último cambio de turno Vince le había preguntado acerca de la suerte del muchacho. No supo darle una certeza...

– Jefa Grant... – La voz de la castaña enfermera Mitchell la sacó de sus pensamientos.

– Dime Shelley, ¿despertó nuestro paciente? – sin voltear a ver a la voluptuosa mujer, imaginando que estaría parada en la puerta a contraluz, en su pulcro uniforme blanco y la actitud formal y de interés que la había vuelto su brazo derecho.

– De hecho sí...

Esa última frase la hizo despabilarse. Había que notificar a su marido y proceder a examinar al paciente. No se vuelve de la muerte todos los días.

– ¿Hace cuanto? – preguntó incorporándose del sillón donde estaba sentado y recuperando su tableta de datos.

– Tendrá unos cinco minutos al menos. No ha dicho demasiado, pero se nota que tiene un hambre atroz. He ordenado que se le prepare algo de gelatina suplemental, para ir probando su reacción a los sólidos de poco en poco... – comentó la siempre servicial Shelley Mitchell.

– Bien pensado. Estaré ahí en unos minutos... debo notificar a Vince – se acercó a ella y ambas salieron del cuarto. Jean se detuvo un momento, dejando que su vista se acostumbrara de nuevo al nivel de luz prevaleciente en los amplios pasillos.

– Le he notificado yo misma. Debe de estar en camino al cuarto de rehabilitación en este instante – la enfermera tecleo un par de cosas en su pad de datos. "Mensajes de actualización seguramente"...

– ¡Muchacha, de seguro quieres mi puesto!... Voy para allá entonces. Adelantate y trae un juego de pruebas neurológicas. Veremos que tan bien están sus respuestas a los estímulos conscientes – ordenó Jean, deteniéndose un momento y arreglándose los flecos despeinados de su cabello y acomodando el moño violeta que servía de contraste con su oscuro azulado cabello.

– De acuerdo jefa – la castaña se fue rápidamente. Cierto es que sabía que ella no quería su puesto. Shelley ya tenía bastante con las responsabilidades propias. Pero le sorprendía mucho la servicialidad de la mujer.

"¡Como si hubiera nacido para eso!".

Cuando llegó a la puerta del cuarto unos minutos y algunos pasillos después, ella ya la esperaba, con una paquete que contenía un martillo de reflejos y algunos instrumentos para medir sus reacciones cognoscitivas. Junto a ella estaba Vince Grant, con su recia figura dando vueltas de aquí para allá. Jean ya conocía esa actitud:

– Vince... – le dijo a su marido, observando el rostro familiar de cuando sentía impaciente por algo.

– Ya esta despierto. Tenemos una situación de primer contacto y la diplomacia es necesaria... pero hay que averiguar la mayor cantidad de información posible y... – el hombre farfulló rompiendo en un exabrupto que ciertamente no le había visto hacía ya mucho tiempo.

– ¡Vince! – la esbelta enfermera tuvo que remarcar, para lograr toda su atención.

– ¡¿Qué? – la cara de sorpresa de él escondía una sonrisa picara.

– ¡Olvida eso por el momento y deja que yo me encargue!. Creeme que no hay nada mas molesto para un enfermo que atosigarlo con preguntas.

El semblante del capitán presentó una máscara de estupefacción y se suavizó un momento después:

– De acuerdo, pero no sabemos nada de él. Debes prometerme que si las cosas se ponen mal saldrás de ahí sin chistar... – se acercó hacia ella, poniendo en juego su considerable masa muscular para inclinar la balanza en su favor.

– ¿Que, no vas a entrar conmigo? – ella lo puyó. La cara del capitán con el ceño fruncido era el ejemplo perfecto de la confusión.

– ¿Que no dijiste que...? – agregó el oficial con voz dolida.

– ¡Sé lo que dije y quiero que entres conmigo!. Solo mantente callado hasta que te introduzca en la conversación y listo – la mirada de ella era toda picardía y la de él toda suspicacia. Hubo un pequeño duelo de miradas que ella ganó sin hacer mucho esfuerzo.

Vince pensó seriamente en que había días en que era mas fácil manejar la nave que entender a su mujer.

Una seña de ella y la puerta se abrió. Ambos pasaron a la estancia, donde el joven caucásico y bien parecido, de una estatura menor a la de su marido pero mas alto que ella, descansaba recostado sobre su espalda. Su físico estaba bien formado y el cabello corto arreglado a la usanza militar, no dejaba lugar a dudas acerca de su afiliación. Junto a él había un plato vacío, de lo que consideró debía haber sido la gelatina suplementaria que Mitchell había ordenado para él. El joven se incorporó sobre su espalda cuando los vio entrar.

– ¡Hola buenos días!. ¡Es bueno verlo despierto!. ¿Como se encuentra hoy? – Jean uso su tono mas cordial.

Observó la mirada de confusión en la cara del joven. Sin duda las circunstancias en las que había llegado allí no eran las mejores:

– Me cuesta... trabajo... pensar. Me duele... la cabeza – habló el aludido, en voz pausada y un poco queda. Jean se acercó a verlo, sacando una linterna de lapicero de su bata.

– Voy a examinar sus reacciones neurológicas básicas. Siga la luz con sus ojos por favor, lentamente... – encendió el artefacto y lo movió de izquierda a derecha. Cuando hubo hecho lo que le ordeno, le tomó el pulso y la temperatura. Después hizo una prueba de reflejos con el martillo y colocó algunos sensores en su cuerpo, para una prueba sencilla de resonancia magnética. Jean conecto los sensores a un dispositivo en la pared y le pidió que dijera ciertas palabras y moviera los brazos y piernas. Una vez confirmado que estaba bien, le dijo:

– El dolor y la sensación de confusión son efectos secundarios de la terapia de regeneración que usamos para revivirlo. Le prescribiré un analgésico. Fuera de eso sus reacciones parecen normales. Todavía hay que hacer algunas pruebas mínimas para saber si realmente se encuentra bien, pero tomando en cuenta que llegó aquí casi muerto, su recuperación ha sido notable.

– ¿En donde... estoy?

– Esta en la nave-colonia Arcángel, de la FER. Soy la Teniente Coronel Jean Grant, jefa del Área Medica. Y este hombre es mi esposo, el capitán Vince Grant y oficial al mando de la nave.

– Teniente... Kaidan... Alenko... de la Alianza... de Sistemas. Gracias por... rescatarme – el chico se llevo la mano a la sien, en el típico gesto militar, mientras Jean le facilitaba una píldora para su dolor de cabeza.

– De nada. Un placer conocerlo, Teniente – mencionó Vince. El tipo era un militar de pura cepa, y eso hacía que le agradara casi al instante.

– No puedo mover... mi cuerpo como quisiera...

– Es otro efecto secundario de esta terapia. Será mejor que descanse. El malestar se le pasará en un día o dos máximo. Si requiere algo, toque ese timbre... – señaló un aparato transmisor acoplado por medio de un cable a la cama:

– ...nuestras enfermeras lo atenderán. Yo vendré mañana para evaluarlo de nuevo. Relájese Teniente. Está entre amigos.

– Gracias – dijo el muchacho y se recostó de nuevo, casi enseguida se levantó de nuevo:

– ¿Podría tener... otra ración de esa... gelatina?. ¡Esta deliciosa!...

Ambos oficiales sonrieron al oír eso. Ella asintió sin decir nada y enseguida salieron del cuarto.

A media noche Jean recibió una llamada urgente de la cubierta médica. Bahati Zuala, la jefa del segundo turno le comentó que era máxima prioridad que se presentara. Maldiciendo internamente la dedicación de su equipo, se incorporó sin hacer ruido, dejando a su marido tumbado en la cama sin perturbarlo. No le agradó mucho salir de su cuarto a la mitad de su turno de descanso, pero la otra mujer morena fue muy específica de que debía ver lo que pasaba.

Cuando llegó al puesto de guardia del ala médica, Zuala le mostró la imagen del monitor del cuarto del Teniente Alenko. Todas las enfermeras y algunos de los médicos residentes se habían congregado frente a la pantalla, sin dar crédito a lo que veían.

Jean reprimió un gritito ahogado, llevándose una mano a la boca para contenerlo. Corrió enseguida hasta la puerta del cuarto donde el muchacho dormía, mientras ordenaba a Zuala que iniciara una revisión remota de los signos vitales del paciente. Tenía que ver lo que el monitor le había mostrado, con sus propios ojos. Al acercarse al sensor, paso su identificación y la puerta se abrió inmediatamente, dejándola ver el espectáculo.

Allí, acostado como estaba, Kaidan Alenko estaba rodeado por una ligera aura azul de energía, que delineaba su cuerpo y que hacía que el timbre, la ropa y algunos otros objetos pequeños flotaran en derredor. El tinte azul de la luz que el cuerpo del joven emitía, le daba un aire de irrealidad a la escena.

Las enfermeras confirmaron que el cuerpo del soldado no presentaba anomalías de alguna clase, excepto una corriente eléctrica que oscilaba a través de sus sistema nervioso. Así, Jean se limitó a observar sobresaltada, mientras las cosas se movían lentamente por la habitación, envueltas en una especie de energía que resaltaba sus formas con el mismo color azul que envolvía al joven. La medica se acerco de regreso al puesto de guardia y habló al comunicador:

– Habla la Jefa Medica Jean Grant. Comuníqueme al Capitán... ¡despiertelo si es necesario!, ¡digale que habla su esposa y es urgente!... ¡Vince!... ¡levantate y ven a la cubierta médica!... ¡no, no puede esperar!.

¡Tienes que ver esto!


Planeta Theros, sistema Cnosos,

Cúmulo Artemis Tau,

Través Ático, en el confín del Brazo Galáctico Perseo.

El vehículo terrestre anti-infantería M35, conocido coloquialmente como el "Mako", por su trompa alargada y plana, se sacudió con violencia mientras trataba de huir de sus perseguidores. Varios pulsos electromagnéticos provenientes de un grupo de Colosos Geth lo hacían correr, mientras su ocupantes trataban desesperadamente de defenderse. Ashley había tomado control del cañón de ciento cincuenta y cinco milímetros y trataba de apuntar al grupo ofensor, a pesar de los movimientos tan bruscos que el Comandante Shepard estaba haciendo para no presentar un blanco fácil. Estaban atrapados en el cañón cercano a las ruinas.

Mientras Tali ajustaba los controles del núcleo de efecto de masa del vehículo para evitar una sobrecarga, Garrus ayudaba a afinar el dañado programa de movimiento de la torreta y Liara estaba encogida sobre si misma, tratando frenéticamente de no gritar a cada nueva maniobra. Los Geth los habían emboscado, después de lidiar con un mercenario krogan al servicio de Saren y escapar del derrumbe de las ruinas subterráneas. Entonces, cuando la Normandía había bajado para tratar de recogerlos apresuradamente, la nave de descenso enemiga que los había rondado desde su desembarco, había aparecido de la nada, abriendo fuego sobre ellos y había puesto a Jeff Moreau, mejor conocido como "Joker", el sarcástico pero habilidoso piloto, a hacer maniobras evasivas para evitarla.

Mientras las naves peleaban su propia batalla en el cielo, los sintéticos habían enviado varias armaduras y unidades de infantería para destruirlos, haciendo que el grupo tuviera que replegarse hacia el abandonado Mako. Los Colosos habían quedado atrás rápidamente, sin embargo una buena cantidad de drones de combate, equipados con armas de pulso y cohetes, habían desembarcado también. Cercados como estaban en un cañón de trescientos metros de extensión, era solo cuestión de tiempo antes de que los robots cerraran el cerco y los mataran a todos.

Una curva cerrada y un derrape para evitar una saliente rocosa, y Ashley ya había vaciado gran parte de la carga del acelerador de masa en disparos poco efectivos, y conminaba de manera colorida a Garrus para que afinara el arma.

– ¡Maldita sea turiano!, ¡si no te apresuras a corregir ese programa, no va a quedar nada de nuestros fregados traseros!, ¡y no me salgas con que los tuyos no tienen trasero! – la voz rugiente de la Jefa Artillera llenó el pequeño vehículo, opacando los grititos de angustia de una Liara delirante.

– ¡Ya voy!, ¡ya voy!, ¡lo hago tan rápido como puedo! – replicó el alargado alienígena mientras introducía nuevas instrucciones en la interfaz del cañón.

– ¡Quedan seis de esas cosas y los drones de de combate!, ¡Joker: Reporte de situación! – tronó Shepard a su vez, mientras daba otro derrape y golpeaba con el cuarto trasero del auto a un par de ofensores, que habían cerrado el cerco demasiado pronto.

–[¡Aguanta un poco comandante!, ¡acabo de convertir esa nave de descenso en un montón de chatarra, pero estoy lejos del área!. ¡Un minuto para extracción!]– la voz del piloto se oía agitada, y en el fondo del audio se podía oír al primer oficial Pressly lanzando invectivas a diestra y siniestra.

– ¡Apresurate Joker!, ¡no vamos a durar treinta segundos a este ritmo!

– [¡Allá va el lisiado, a salvar al héroe de la Alianza!... ¡tendrán que condecorarme por esto!]

– ¡Joker!

El piloto ya no respondió, pero Shepard sabía que llegaría a tiempo. Metió un cambio de velocidad, esquivando por muy poco varias ráfagas de disparos y uno de los cohetes de los drones. Llevó el morro del vehículo hacia una pendiente empinada, que en teoría el transporte no podía escalar. Eso no lo detuvo de intentarlo sin embargo. A veces el Mako lo sorprendía con su potencia y versatilidad.

– ¡Comandante!, ¡el reactor de efecto de masa se está acercando peligrosamente a su límite!, no se cuanto tiempo más pueda... ¡Keelah! – comentó Tali desde atrás, antes de que un pico de poder la hiciera volver a su omniherramienta rápidamente.

– ¡Cañón listo para disparar! – gritó Garrus, haciendo una seña a Ash, mientras los berridos de Liara se volvían mas agudos y notorios.

– ¡Ya era hora!. ¡Blanco adquirido!, ¡fuego! – rugió la Jefa Artillera.

El cañón retumbó una vez más, y otra de la armaduras cayó, destrozada. Los drones de combate dispararon contra el vehículo, pero la aporreada barrera cinética que los protegía, detuvo casi todos los tiros. Los que no fueron rebotados o detenidos, quedaron atascados en la gruesa armadura del tanque de seis ruedas. Varios pulsos electromagnéticos sacudieron las inmediaciones del transporte, sin alcanzarlos directamente. Liara salió disparada contra la pared interior, golpeándose la cabeza. El turiano cayó al suelo sintiendo la energía hacerle cosquillas en los filos de las escamas. La quariana trató de conservar el equilibrio, pero fracasó miserablemente y le cayó encima. Ashley apenas pudo sostenerse, agarrándose fuertemente del mando de la torreta mientras sentía que los cabellos se le erizaban. Shepard hacía milagros para mantener el vehículo en movimiento:

– ¡Joker! – la desesperación estaba trasluciendo en la voz del militar.

–[¡Arribando al área de extracción!... ¡extracción comprometida!, ¡enfrentando presencia hostil en tierra!]–

En el visor de ataque, Ash pudo ver la enorme silueta de la Normandía acercándose por encima del grupo de armaduras. Un torpedo disruptor salió disparado de la nave, impactando contra el grupo. El campo de efecto de masa diseñado para destrozar el casco de una nave espacial, hizo colapsar las estructuras de casi todos los drones y armaduras, desgarrándolas violentamente y reduciendo a sus oponentes a mera chatarra.

–[¿Me extrañaron, muchachos?]– se oyó por el comunicador. Shepard alcanzó a esbozar una media sonrisa, que bien podía significar un "gracias" o una invectiva, mientras conducía el tanque hacia la nave.

La Normandía descendió y bajo la rampa de recuperación justo a tiempo, mientras Wrex y algunos infantes de marina se apostaban en la entrada del hangar, repeliendo a los sintéticos que trataban de entrar a la nave por sorpresa. El tanque ingresó y literalmente expiró cuando fue apagado. La compuerta de sellado subió literalmente y la nave se elevó, dejando atrás la batalla.

– ¡La próxima vez recuerdame no despreciar una invitación a una misión tuya Shepard!. ¡Tu si que sabes divertirte! – dijo el krogan, mientras golpeaba ligeramente el chasis del Mako.

– ¡Seguro que Garrus va estar muy divertido también, en el camino de regreso!. ¡Esto va a requerir más que unas simples calibraciones!, ¿no es así? – comentó Tali con tono mordaz, cuando salieron del transporte y contemplaron el espectáculo.

El turiano no lo podía creer. Las descargas y disparos habían chamuscado la armadura en algunas partes, dejando los mecanismos expuestos. La ametralladora era irreparable y el cañón principal estaba derretido y dañado en varias partes. El cuerpo principal goteaba líquidos y las llantas estaban consumidas...

El Mako había sido reducido a un ataúd con ruedas, del que milagrosamente habían salido con vida.

El oficial de requerimientos, normalmente enfrascado en revisiones de los pertrechos de la nave, silbó notoriamente desde su puesto al ver la chatarra en que se había convertido el otrora orgulloso vehículo. Tomó un pad de datos y se lo dio a Garrus, quién solo movió sus mandíbulas protuberantes sin hacer ningún ruido. Por su cara sin embargo, pasaban un sinfín de expresiones.

Ashley ayudó al comandante a transportar a Liara a la cubierta médica. Se había desmayado a causa del fuerte golpe que había recibido en la cabeza durante la ordalía. Mientras la Doctora Chakwas verificaba la integridad de la alienígena y confirmaba su deteriorado estado de salud, la chica se dirigió al comandante, quien estaba sentado en una de las sillas frente a la enfermería, en el comedor.

– ¿Tiene un minuto señor?. Me gustaría hablar con usted...

– ¿Puede esperar a la reunión posterior Jefa Williams?, creí haber ordenado que todos se hicieran atender de cualquier herida.

– Yo no estoy herida señor. Además parece que nuestra nueva asociada necesita más la ayuda. No puedo oír a Chakwas ahí adentro, pero me pareció leer en sus labios que la Doctora T'Soni estaba bastante desnutrida. Tali y Garrus también van a necesitar una revisión profesional...

– De acuerdo Williams, morderé el anzuelo. ¿Que sucede?

– Permiso para hablar libremente señor...

– ¿Porque no me gusta lo que vas a decirme?... permiso concedido. ¿Crees que se me escapó algún detalle de la historia de nuestra protegida?

– No Capi... no es respecto a Liara... – Ashley sin embargo, se cuidó muy bien de opinar de la primera impresión que la asari le había dado. Si trataba de ser justa, podía achacar sus desvaríos -que eran tan vastos como rogar de rodillas a Shepard que no la entregara a ese jefe krogan que encontraron en las ruinas-, al hecho de haber estado confinada en suspensión durante por lo menos diez días. Le daba la impresión sin embargo -y quizás no justificada del todo- de que Liara poseía una mente frágil, no hecha para el rigor de la batalla que les esperaba.

Trató de dejar sus prejuicios de lado y se centró en el punto que en realidad le interesaba:

– ...es mas bien respecto a ti, Comandante.

El hombre alzó una ceja. No era propio de Ashley Williams estar preguntando acerca de la conducta de su oficial al mando, -ni siquiera era propio mostrar otra cosa más allá de su actitud de soldado profesional-, y lo había hecho por lo menos dos veces en la última semana. Esto -por mucho que le complaciera secretamente-, podía ser un problema...

– ¿Que sucede Ash?. Desde Virmire no has dejado de preguntarme como estoy, y hasta has llegado a cuestionar algunas cosas que en realidad no tienen importancia... – dijo y agregó en tono de sorna:

– Tengo la impresión de que la política de no-involucramiento de la Alianza comienza a volverse un estorbo para ti...

– ¡Ja!, ¡sueñas Shepard!... – se detuvo un segundo casi imperceptible, agregando raudamente:

– ...Pero es cierto que te ves muy preocupado a ultimas fechas. No me malentiendas. Siempre pareces muy preocupado. Pero si consideramos las visiones de la baliza proteana en tu cabeza y la información que obtuvimos en Feros, sin olvidar que no sabemos adonde está Saren, ahora te ves mas preocupado que de costumbre.

Shepard se acercó a ella, tratando de hablar en voz baja. Su cabello corto negro y sus facciones varoniles quedaron suspendidas cerca de su rostro. Si quisiera besarlo -¡y por dios como lo deseaba!-, solo tenía que alzar su rostro y acercar sus labios. Era solo cuestión de decidirse...

– ¿Y como te has dado cuenta? – la pregunta la saco de su ensoñación. Ash reencontró el dominio de si misma y dijo en voz baja:

– Intuición femenina Capi. Si tuviera que mencionar un motivo, diría que has estado preocupado por que el Consejo no ha respondido al informe de situación de Virmire. Normalmente los asuntos de los Espectros suelen ser prioritarios, por lo que te extraña mucho que no hayamos recibido mensaje alguno. Más, si se toma en cuenta que detonamos una improvisada arma nuclear en un planeta jardín. Lo cual el consejero turiano debe estar DEBATIENDO. A. RABIAR – agregó manteniendo la distancia, lo cual le estaba costando mucho trabajo.

– Tienes razón. Joker reportó que había una congestión en los canales de noticias. Y hasta la Extranet esta paralizada, lo cual quiere decir que varios nodos no están trabajando. ¡Solo el Consejo puede hacer un bloqueo de tal magnitud! – Shepard se recargó sobre una de las mesas, alejándose un poco de ella.

– ¿Crees que Saren haya atacado la Ciudadela?... ¡sería un suicidio! – alegó la soldado sin exaltarse demasiado. La luz se hizo en los ojos del Comandante, pero si creía la suposición de Williams correcta, no dijo nada.

– No si tomas en cuenta que tiene a los Geth trabajando para él, y además esta el asunto del Soberano... pero de ser así ya nos habrían mandado llamar. No... hay algo más...

– Comandante... – el flemático acento británico de la Doctora Chakwas, parada a distancia prudente de ellos, los interrumpió:

– La Doctora T´Soni esta desnutrida, pero sin ningún padecimiento grave. Mi recomendación es que debemos dejarla descansar por lo menos un día. Me encargaré de administrarle alimento por vía intravenosa, y si conozco bien la fisiología asari, mañana mismo estará en capacidad de responder preguntas...

– Acepto su recomendación doctora. Gracias.

Al oír eso, la ya madura mujer se dio la vuelta y regresó a su laboratorio con la dignidad y elegancia de una garza.

–[Comandante...]– llegó la voz de adolescente de Joker, por el altavoz del comedor.

– Estas muy solicitado hoy Capi... – mencionó Ash sonriendo.

– Así parece... – el militar alzó la voz, con patente disgusto, hablando hacia el micrófono ambiental:

– ¿Que sucede Joker?

–[Llegó un mensaje prioridad uno del Consejo Se nos ordena regresar. No era un mensaje personal. Mas bien como una llamada de emergencia automatizada]

Shepard volteó a ver a su acompañante y sus miradas se cruzaron unos momentos. Temores no mencionados pasaron por ellos:

– Pon rumbo a la Ciudadela. Esperemos que no sea nada grave. – El Héroe de Elysium ya no podía ocultar más la tensión en su voz.

–[Enseguida comandante]

Shepard se reincorporó, volteando hacia ella:

– Nuestra charla acaba de tomar derroteros inesperados, ¿no crees Ash? – comentó alejándose hacia el elevador.

– "...venid amigos míos. No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo." – el murmullo solo fue audible para él.

– ¿Mas poesía, Williams? – el N7 volteo a verla, con una sonrisa en los labios.

– Quizá Lord Tennyson tenga la respuesta que necesitas, Capi... – ella pasó junto a él, dirigiéndose a su propio casillero.

– Ojalá así sea Ash...

Ojalá.


¡En el siguiente capítulo!: Los preliminares de la llegada del SDF-3 a la Ciudadela, y la enorme conmoción que va a causar...

Por favor revisen y comenten. Esta historia tiene más aceptación que la anterior (un crossover de Dead Space y Mirror´s Edge, titulado "Redención"). Realmente me interesa saber sus opiniones acerca de esta historia, así que por favor... REVISEN Y COMENTEN. Gracias.