Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.
Advertencia: En un futuro, la historia tratará con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.
"Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío." André Maurois.
Capítulo III
Edward's POV
Nuestra madre se ve decaída a la dura luz gris de la mañana. Lleva una taza de café en una mano y un cigarrillo en la otra. Su pelo teñido es un lío y el delineador de ojos corrido se ha filtrado en la media luna negra bajo sus ojos enrojecidos. La bata de seda rosa está anudada sobre un pequeño camisón: su aspecto desaliñado es una clara señal de que Marco no se quedó anoche. De hecho, ni siquiera recuerdo hacerles escuchado entrar. En las raras ocasiones en las que vuelven a esta casa, golpean la puerta principal, se escuchan risas apagadas, las llaves que se caen en la puerta, como se silencian y más golpes, seguidos de carcajadas mientras él intenta subirla a cuestas por las escaleras. Los otros han aprendido a dormir con ello, pero siempre he sido de sueño ligero, y sus voces arrastradas me obligan a reconocer la conciencia; incluso mientras cierro los párpados e intento ignorar los gruñidos y chillidos y el rechinar rítmico del somier del dormitorio principal.
El martes es el día libre de mamá, lo que significa que por una vez prepara el desayuno y lleva a los pequeños al colegio. Pero ya son las 7:45 am y James aún no ha aparecido, Emmett está desayunando en ropa interior y Alice no tiene calcetines limpios y se queja sobre ellos con cualquiera que la escuche. Voy a buscar el uniforme de Emmett y le obligo a vestirse en la mesa, ya que mi madre parece incapaz de hacer mucho más que tomarse un café y fumar por la ventana. Bella va en busca de los calcetines de Alice y la oigo dar golpes en la puerta de James y gritar algo sobre las consecuencias de conseguir otra falta por atraso. Mamá acaba su último cigarrillo y viene a sentarse con nosotros a la mesa, hablando sobre los planes para el fin de semana que yo sé que nunca se realizarán. Tanto Alice como Emmett comienzan a charlar a la vez, encantados con la atención, su desayuno olvidado, y siento que mis músculos se tensan.
—Tienen que estar fuera de la casa en cinco minutos y tienen que terminar el desayuno antes de eso.
Mamá me agarra por la muñeca cuando paso.
—Ed-Ed, siéntate un momento. Nunca nos sentamos así, como una familia.
Con un esfuerzo monumental me trago la frustración.
—Mamá, tenemos que estar en la escuela en quince minutos y tengo un examen de matemáticas en la primera hora de clase.
—Oh, ¡tan serio! —ella me tira hacia la sala a su lado y toma mi barbilla en la mano— Mírate, tan pálido y estresado; siempre estudiando. Cuando yo tenía tu edad era la chica más hermosa en la escuela, todos los chicos querían salir conmigo. ¡Solía faltar a clase y pasar todo el día en el parque con uno de mis novios! —hace un guiño de complicidad hacia Emmett y Alice, quienes irrumpen en paroxismos de risa.
— ¿Besabas a tu novio en la boca? —pregunta Emmett con una risita malvada.
—Oh, sí, y no sólo en la boca —me guiña el ojo, pasándose los dedos por el pelo enredado, con una sonrisita de niña.
— ¡Que asco! —Alice balancea sus piernas violentamente debajo de la mesa, echando hacia atrás la cabeza con disgusto.
— ¿Lamías su lengua —continua Emmett— como lo hacen en la televisión?
— ¡Emmett! —grito— Deja de ser desagradable y termina tu desayuno.
Emmett coge la cuchara a regañadientes, pero su rostro rompe en un sonrisa cuando mamá asiente rápidamente hacia él con una sonrisa pícara.
—Aargh, ¡eso es asqueroso! —comienza a hacer ruidos de náuseas justo cuanto entra Bella tratando de convencer a James a través de la puerta.
— ¿Qué es asqueroso? —pregunta mientras James se escabulle de mal humor a su silla y deja caer la cabeza sobre la mesa con un ruido sordo.
—No quieres saber —comienzo rápidamente, pero Emmett le cuenta de todos modos.
Bella hace una mueca.
— ¡Mamá!
—Sí, bueno, esa pequeña historia realmente me abrió el apetito —comenta James, irritado.
—Tienes que comer algo —insiste Bella—, todavía estás creciendo.
—No, no, ¡se está encogiendo! —carcajea Emmett.
—Cállate, mierda.
— ¡Ed! ¡James me dijo mierda!
—Siéntate, Bella —dice mamá con una sonrisa empalagosa—. Ah, mírense, tan inteligentes con sus uniformes. ¡Y tomaremos desayuno todos juntos como una familia!
Bella le da una sonrisa forzada mientras le pone mantequilla a una tostada y la deja en el plato de James. Siento que mi pulso comienza a elevarse. No puedo irme hasta que están listos o habrá una gran probabilidad de que James falte a la escuela otra vez y que mamá mantenga a Emmett y a Alice en casa hasta media mañana. Y no puedo llegar tarde. No por la prueba..., sino porque no puedo ser el último en entrar en el aula.
—Tenemos que irnos —le informo a Bella, que todavía está tratando de persuadir a James para que desayune mientras él permanece decaído con la cabeza en sus brazos.
—Oh, ¡por qué mis conejitos tienen tanta prisa esta mañana! —exclama mamá—. Bella, ¿harás que tu hermano se relaje? Míralo...—ella frota mi hombro, su mano es como una quemadura a través de la tela de mi camisa—, tan tenso.
—Ed tiene una prueba y vamos a llegar realmente tarde si no nos movemos —le informa Bella suavemente.
Mamá todavía tiene su otra mano apretada con fuerza alrededor de mi muñeca, lo que me impide levantarme para tomar mi habitual taza de café.
—Honestamente, no estás nervioso por una prueba estúpida, ¿verdad, Ed? Porque hay cosas mucho más importantes en la vida, ya sabes. La última cosa que quieres hacer es convertirte en un nerd como tu padre, con la nariz siempre metida en un libro, viviendo como un vagabundo sólo para conseguir una de esas cositas inútiles de doctorados. Y mira dónde lo llevó su elegante educación en Cambridge: un poeta serio, ¡por Dios! ¡Ganaría más dinero barriendo la calle! —dice con un resoplido de burla.
Levantando la cabeza de repente, James pregunta burlonamente:
— ¿Cuándo ha fallado Edward en una prueba? Sólo tiene miedo de llegar tarde y...
Bella amenaza con meterle la tostada por la garganta.
Me suelto del agarre de mamá y me tambaleo a través de la sala recogiendo mi blazer, la cartera, las llaves y el bolso. Me encuentro con Bella en el pasillo y me dice que me adelante, que va a asegurarse de que mamá se vaya a tiempo con los pequeños y que James llegue a la escuela. Aprieto su brazo en agradecimiento y luego me voy, corriendo por la calle vacía.
Llego a la escuela con unos segundos de margen. El enorme edificio de cemento se alza ante mí, extendiendo sus tentáculos hacia el exterior, absorbiendo los otros bloques feos y más pequeños con pasillos estériles y túneles interminables. Llego a la sala de matemáticas justo antes de que el profesor entre arrastrando los pies y comience a repartir los exámenes. Después de ochocientos metros de carrera apenas puedo ver, hay manchas rojas vibrando ante mis ojos. El señor Varner se acerca a mi mesa y mi aliento queda atrapado en mi garganta.
— ¿Estás bien, Edward? Parece como si acabaras de correr una maratón.
Asiento con rapidez y tomo el examen que me tiende, sin levantar la vista.
La prueba comienza y desciende el silencio. Me encantan las pruebas. Siempre me han gustado las pruebas, los exámenes de cualquier tipo. Siempre y cuando sean escritos. Mientras abarquen toda la lección. Mientras no tenga que hablar o levantar la vista de mi trabajo hasta que suene la campana.
No sé cuándo empezó esta situación, pero está creciendo, envolviéndome, asfixiándome como hiedra venenosa. Crecí dentro de ella y está creció dentro de mí. Difuminamos los bordes, nos convertimos en una cosa amorfa, que se filtra y se arrastra. A veces me las arreglo para distraerme, me engaño para salir de su morada, me convenzo de que estoy bien. En casa, por ejemplo, con mi familia, puedo ser yo mismo, ser normal otra vez.
Hasta ayer por la noche.
Hasta que sucedió lo inevitable, hasta que la noticia finalmente se filtró por todo Belmont: que Edward Masen era un bicho raro socialmente inepto. A pesar de que James y yo nunca nos llevamos bien, el darme cuenta de que se avergüenza de mí se afianza: una sensación horrible, que me aprieta y se hunde en mi pecho. Sólo pensar en ello hace que el suelo se incline debajo de mi silla. Me siento como si estuviera en una pendiente resbaladiza y todo lo que puedo hacer es caer en picada.
Lo sé todo acerca de avergonzarse de un miembro de la familia; el número de veces que he querido que mi madre actúe como una persona de su edad en público, ya que no lo hace en privado. Es horrible estar avergonzado de alguien que te importa, te corroe. Y si te dejas ir, si renuncias a la lucha y te entregas, con el tiempo esa vergüenza se convierte en odio.
No quiero que James se avergüence de mí. No quiero que me odie, aunque siento que lo odio a veces. Pero ese jodido niño pequeño lleno de ira y resentimiento sigue siendo mi hermano, sigue siendo familia.
Familia: lo más importante de todo.
Mis hermanos pueden volverme loco a veces, pero son mi sangre, son todo lo que he conocido. Mi familia y yo. Ellos son mi vida. Sin ellos caminaría solo por el planeta.
El resto son todos extranjeros, extraños. Nunca se transforman en amigos, y aunque lo hicieran, incluso si encontrara, por algún milagro, una manera de conectar con alguien fuera de mi familia, ¿cómo podrían compararse con los que hablan mi idioma y cómo podrían saber quién soy, sin tener que contarles? Incluso si fuera capaz de encontrar sus ojos, incluso si fuera capaz de hablar sin que las palabras se quedaran atrapadas en mi garganta, incapaces de salir a la superficie, incluso aunque sus miradas no quemaran agujeros en mi piel y me dieran ganas de correr un millón de kilómetros lejos de ellos, ¿cómo voy a ser capaz de preocuparme por ellos de la forma en que me preocupo por mis hermanos y hermanas?
Suena la campana y soy uno de los primeros en salir de mi asiento. Cuando paso por las filas y filas de alumnos, todos parecen alzar la mirada hacia mí. Me veo configurado en sus ojos: el tipo que siempre se entierra en la parte trasera del salón, que nunca habla, siempre está sentado solo en una de las escaleras al aire libre durante los recreos, encorvado sobre un libro. El tipo que no sabe cómo hablar con la gente, que sacude la cabeza cuando lo escogen en clase, que está ausente cada vez que hay algún tipo de presentación que hacer.
Durante los años han aprendido a dejarme ser.
Cuando llegué aquí, hubo un montón de bromas, un montón de empujones, pero finalmente se aburrieron. En ocasiones, un nuevo alumno ha tratado de entablar una conversación, y lo he intentado, realmente lo he hecho. Pero cuando sólo te salen respuestas de una palabra, cuando tu voz falla por completo, ¿qué más puedes hacer? ¿qué más pueden hacer ellos?
Las chicas con las peores, sobre todo en estos días. Se esfuerzan más, son más tenaces. Algunas incluso preguntan por qué no hablo, como si yo pudiera responder eso. Coquetean, tratan de conseguir que sonría. Sus intenciones son buenas, pero lo que no entienden es que su sola presencia me hace querer morir.
Pero hoy, gracias a Dios, me he quedado solo.
Veo a Bella a través de la cafetería, y ella mira a la chica que siempre está charlando a su lado y rueda los ojos. Sonrío. Mientras hago mi camino a través de bocas llenas de pastel de carne acuoso, la veo fingir que escucha a su amiga Jessica, pero sigue mirándome, haciendo muecas para que me ría. Su camisa blanca de escuela varias tallas más grande, se cierne sobre su falda gris varios centímetros demasiado corta. Está usando sus zapatos con cordones, porque ha perdido sus zapatos de la escuela. No lleva calcetines, y un gran esparadrapo, rodeado por una multitud de contusiones, cubre una rodilla raspada. Su pelo castaño le llega a la cintura, largo y ondulado como el de Alice. Tiene pecas que salpican por encima de sus pómulos, lo que acentúa la palidez natural de su piel. Incluso cuando está seria, sus profundos ojos cafés siempre tienen una luz que sugiere que está a punto de sonreír. Durante el último año ha pasado de ser linda a muy bella en una forma inusual, delicada y desconcertante. Los chicos charlan con ella sin fin, de una forma alarmante.
Después de almuerzo, tomo mi copia de clase de Romeo y Julieta, que de hecho leí años atrás, y me instalo en el cuarto escalón de abajo de la escalera norte, fuera del bloque de ciencias, el menos frecuentado.
Así es como se acumulan mis horas perdidas, al igual que mi soledad.
Mantengo mi libro abierto en caso de que alguien se acerque, pero realmente no estoy de ánimo para volver a leerlo. En cambio, desde mi puesto concreto, veo un avión trazar una raya banca en el azul profundo del cielo. Miro el pequeño avión, encogido por la distancia, y me maravillo con la vasta extensión entre todas las personas en el avión lleno de gente, y yo.
Adelanto: Capítulo 4.
Hay un largo silencio. Todo lo que puedo ver es la coronilla de Edward. Él se inclina ligeramente hacia mí. Lo alcanzo, lo rodeo con mis brazos y lo aprieto con todas mis fuerzas. Bajo mi voz a un susurro.
—No solamente eres mi hermano, eres mi mejor amigo.
Hola, hola.
Aquí está el tercer capítulo.
Hoy todo mi amor está dedicado a Richard Griffiths, más conocido como el actor que representó al Tío Vernon Dursley en las películas de Harry Potter, que murió anteayer debido a unas complicaciones en una cirugía de corazón. Fue un gran actor y un gran ser humano, lo recordaremos por siempre.
¡Hasta la próxima, personas!
Camila.
