Hola gente perdón por tardar pero es la epoca de examenes, sorry,bueno a qui os mando un nuevo capitulo, por favor no dejen de comentar me encanta que comenten, un beso grande a tod s.
PD:Os recuerdo que los personajes no me… Esto ya va aburriendo asi que no lo pondre.
PDD:Os voy a preguntar una cosa ¿De país sois? Yo soy de España.
CAPITULO 4
Annabeth:
Annabeth estaba sentada en su sitio aburrida, sin saber que hacer, ya que el profesor esplicaba por enesima vez como se operaba con decimales. Annabeth empezó a pensar sin saber porque en Percy Jackson el chico con el que tenia que hacer un trabajo, nunca había notado su existencia, no era feo tampoco, pero iba siempre con su pelo despeinado como si fuera de una banda de delincuentes juveniles. El sonido del timbre le despertó de sus pensamientos.
Eso solo podía señalar dos cosas: primera que el instituto estaba plagado de llamas y había un peligro inminente de morir quemados o asfixiados por el humo, o que la jornada escolar había no había gente corriendo despavorida de aquí para alla, gritando que iban a morir y que no querian, ni se merecian morir de ese modo, Annabeth eligió la segunda opción. Así que recogió sus cosas y se dirigió al aparcamiento.
Su coche era un descapotable rojo con el maletero grande, tan grande que podría caber una tienda de ropa entera, ese coche era un regalo de su madre. La llave de ese maravilloso descapotable había aparecido en una carta para ella de su desaparecida madre, su madre les abandonó sin ninguna explicasión a ella y a su padre cuando apenas tenía tres años. Aquella marcha al principio había molestado muchisimo a Annabeth, pero con el paso del tiempo su madre empezó a comuniacarse con ella a medidas de cartas y ese hecho hizo que no le molestara su marcha porque su madre todavía se preocupaba por ella, sus cartas llagaban cada tres meses diciendole todo lo que la quería. Así, pues se subió a su descapotable rojo y condujó con su melena al viento hasta su casa. Entró a el hogar familiar y vió a sus dos medio hermanos tirandose legos en el recibidor.
-Hola a todos, ya he llagadó, gritó Annabeth para que todos los habitantes de la casa la oyerán, aunque alguno que otro no quería verla mas por allí.
Fue a su habitación y se enserro ha hacer sus deberes, deseando que nadie la molestara, pero no tubo esa suerte, ya que su "encantadora" madrastra, notese el sarcasmo, abrió su puerta sin vacilar.
-Annabeth vas a venir a comer,querida, esta última palabra le había costado un gran esfuerzo artidularla bien.
-Si, bajo dentro de un segundo, Annabeth fingió una sonrisa.
Su madrastra cerró la puerta denjandola sola con la única compañía de sus pensamientos, oyó como esa horrible mujer bajaba al comedor. Annabeth acto seguido se levantó a larverse las manos y se dirigió al comedor, aunque sin sentir ni un apise de hambre, no compartió ese pensamiento porque no quería empezar una guerra con la asquerosa mujer que se había casado con su padre. De repente alzó a oir una coneversación, no por el tono de voz era una discusión, entre su padre y su madrastra.
-Frederik, tenemos que tirar esa maldita foto, dijo esto su madratra con un tono de superioridad.
-A Annabeth le encanta esa foto, dijo la incofundible voz de su padre.
-Pero, así recuerda a su patetica madre, y por eso me odia tanto esa mocosa.
-No vas a tirar la foto de mi madre, entró Annabeth en la conversación.
-No te metas en las conversaciones ajenas, además esa foto no va a tirarse, en todo caso la quemaremos, sonrio malignamente su madrastra.
Annabeth ardia de rabia, no se lo podía creer, sabia que su madrastra era fría y calculadora y con una mente retorsida, pero no sabía que llegaría a tanto, ella sabía lo importante que era esa foto para ella, era el único recuerdo que le quedaba se su maravillosa y guapisima madre desde que decidió abandonarlos,pero lo que mas la sonrprendio por muy dificil que paresca no era eso, era que su padre, una vez más no la había defendidó ni tan si quiera había articulado una palabra, en lugar de eso se escaqueó de la discusión.
-No vas a tocar mi foto, Annabeth decía esto mientras ponía su mano en el bolsillo, buscando por si se le había caído la foto de su madre, que seguía sin moverse de su sitio en el bolsillo.
-Tú no decides nada en esta casa niña, además esa estupida foto te hce recordar a tú tambien estupida madre, y me comparas con ella y por ocupar su lugar que ella dejo por si misma en esta familia, de ahí que me odies tanto.
-No te odio por esa estupida razón, que solo se le ocurriria a la persona más retrasada de inmenso mundo.
-Me acabas de llamar re… Es que no puedo ni pronunciar esa palabreja, su madrastra dijo esto con un tono enfadado.
-Esa no es la cuestión, te odio porque eres una arpía asquerosa que no se preocupa por los demás y lo único en lo que se preocupa la única neurona que tienes en la cabeza es en ti, en definitiva eres la persona mas asquerosa, mala, manipuladora y tonta que he tenido la desgracia de conocer en esta vida.
Su madrastra al oír esa palabras, levantó su mano y le dió tal bofetada a Annabeth, que esta se calló y la dejo la marca en su rostro angelical. Annabeth depués de este acto violento, se dirigió moviendose como una muñeca, osea friamente y sin ningun sentimeiento que se la distinguiera en la cara, asía la puerta, ignorando completamente los amenazantes gritos de su madrastra y se fue sin mirar ni un sgundo, ni un instante atrás. Se fue decidida de esa casa de locos e ignorantes.
Fue al único sitio donde nadie podía jusgarla, al único lugar donde sentía que era su pequeño rincón en el mundo: la biblioteca avendonada.
Nada más entrar en ese lugubre lugar, cogió su libro favorito: Romeo y Julieta, y se fue a un rincosito a leer, pero antes de poder leer el libro, los ojos de Annabeth no aguantaron más y ella empezó a llorar. Su llanto era tan fuerte que no oyó que alguien entraba, solo se enteró cuando esa persona le ofreció un pañuelo. Lenvantó la vista y vió a Percy Jackson, sus ojos verdes mar mostraban preocupación. Annabeth sin pensarlon lo abrazó, y ese abrazo no le resulto incomodo como creía, le resulto calido y acojedor.
Sus ojos dejarón de soltar lagrimas y se depegó de Percy, que le miraba preocupado.
-No le digas a nadie lo que a pasado aquí, sentenció Annabeth.
-Va…vale, tartamudeo el pelinegro.
Annabeth se fue del establecimiento vagando por las oscuras y frias callejuelas, ella después de lo que había sucedido en sue casa, no quería, no es más, no podía volver a su hogar. Se sentó en un banco y esperó ahí sentada hasta que se hiciéra lo más de noche posible.
