MAYOI NEKO

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CAPITULO 3

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Kai llego a casa de Dimitri a primera hora de la tarde. Dimitri le dio la bienvenida y Arimi, su novia, le hizo un lugar en el sofá junto al jefe de la expedición.

-Hiwatari -lo saludó el profesor Brand con la boca llena, levantándose y estrechándole la mano con entusiasmo para volver a sentarse -Mi querido compañero, es un placer conocerte al fin. Quise escribirte para decirte cuánto me gusto tu ultimo libro, pero siempre lo olvido todo si no me lo recuerda mi mujer. Y bien, vas a venir conmigo a Kenia, ¿no es así?

Kai se sobresalto ante lo directo de la pregunta.

-Pues me encantaría pero...

-¿Tienes otros compromisos? -preguntó el profesor cortés -¿Algún plazo límite para algún libro? ¿Un contrato con alguna cadena de televisión?

-No, nada de eso. Es un compromiso personal.

El profesor pareció molesto. Luego su rostro se iluminó.

-Puedes traer contigo a esa personita especial. Kenia es un lugar precioso para una luna de miel.

Arimi se echo a reír. Dimitri la hizo callar.

-Es una buena idea, pero no voy a casarme -contestó Kai molesto -Para ser sinceros el compromiso es con mi familia.

Aquella respuesta estaba enteramente fuera del alcance del profesor, de modo que la ignoró y comenzó a hablar sobre la expedición como si el asunto de Kai hubiera quedado zanjado. Cuando finalmente Brand se fue, Dimitri le dio unos golpecitos a Kai en la espalda.

-Entonces dejarás la expedición para antes de fin de año, ¿no, conquistador? Brand se mostrará mas interesado ahora que tú no pareces darle importancia -le guiño un ojo -¿Es que te has vuelto un Maquiavelo, o de verdad hay algo que te retenga aquí?

-No seas metiche, Dimitri -lo regaño Arimi.

-¿Es por esa presa que quieres cazar? -insistió Dimitri.

-¡No! -contestó Kai con excesiva agresividad. Dimitri levantó las cejas sorprendido, y entonces Kai añadió, con más moderación -Se trata de mi tía abuela. O más bien de las propiedades, para ser exactos. Las he administrado desde hace tiempo.

-Bueno, y dime, ¿quien es esa nueva presa? Sin lugar a dudas será tu futura pareja de cama.

-No será mi pareja, ese arrogante gato no será nada mío -contestó Kai irritado.

-Y sin embargo estás a punto de dejar a Brand y a Kenia por él -bromeó Dimitri -Tiene que tener algo.

-Sí, desde luego. Ese chiquillo se ha mudado a vivir al apartamento de mi tía, y es evidente que para conseguirlo le ha contado una mentira. Tengo que llegar hasta el final de este asunto.

-¿Y cómo te propones hacerlo? ¿Vas a hacer de detective privado?

-Si es necesario...

-¡Vaya contigo, Kai! ¡De veras ese chico te ha picado!

-No, no creo que llegue hacerlo -aseguró Kai con soltura -Los Hiwatari tenemos contactos. Haré unas cuantas llamadas, eso es todo -explicó perdiendo luego la calma -Descubriré todo lo que haya que descubrir sobre Rei Kon.

-¿Y luego que? .-preguntó Dimitri practico -Aunque resulte ser el hijo de Fu Manchu, ¿que crees que puedes hacer al respecto? ¿Y desde Rusia?

Pero Kai había tomado una decisión.

-No voy a volver a Rusia, me quedaré en Japón por lo menos hasta que esté solucionado el asunto.

-¡Pero si tú detestas Japón!

-Pero detesto mas aún que me tomen el pelo. Ningún granuja se va a mudar a casa de mi tía sin pelear primero.

-Quieres decir que él no va a tener el gusto de disfrutar de tus buenos modales, ¿no?

-Exacto -contestó Kai sonriendo.

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Rei se marchó a casa musitando y se dedicó a las tareas del hogar. Puso la música a todo volumen y comenzó a pasar la aspiradora por la alfombra. Entonces sonó el teléfono. Apagó la aspiradora y lo miró molesto.

-Kai Hiwatari, se lo voy a contar a tu tía.

Pero no era Kai, sino su madre. Y estaba llorando.

-¿Que ha ocurrido? -preguntó Rei preocupado. Luego de escuchar a su madre cerro los ojos mientras su preocupación aumentaba.

Mariah, su hermana menor, había sido anoréxica desde los diecisiete años, y desde entonces su madre siempre temía que todo volviera a comenzar. A veces, incluso, Rei se preguntaba si la excesiva ansiedad de su madre no era la causa de los problemas de Mariah.

-Mariah no ha comido conmigo ni una sola vez esta semana.

-¡Oh, Dios!

-He llamado a la Universidad -continuó su madre. Mariah estudiaba ingeniería de sistemas -El decano de la facultad me ha dicho que era una madre demasiado ansiosa y que todo iba bien, ahora.

-¿Ahora?

-Mariah ha estado saliendo con un profesor bastante mayor que ella. El decano dice que lo tienen vigilado por un asunto de drogas, así que saben que ha estado saliendo con otras dos chicas últimamente. Por eso...

-La ha dejado -afirmó Rei .-Mamá, ¿podrías por favor poner a Mariah al teléfono? Quiero hablar con ella.

-Ya mismo la comunico contigo.

-¿Hola? ¿Rei? -preguntó la titubeante voz de Mariah luego de algunos minutos.

-Hola Mariah, ¿como estas?

-Bien, creo.

-¿Crees?

-Ajá.

-Podrías bajarle un poco al volumen de tu estéreo. Casi no te escucho.

-Ya esta .-dijo Mariah después de bajarle todo el volumen a la música.

-¿De verdad te gusta esa música? ¿Cómo diablos se baila eso? Quiero decir, es imposible moverse con ese ritmo.

-Yo no bailo -contestó Mariah.

-¿Y como es eso? Yo creía que la vida de los universitarios consistía en ir de una discoteca a otra.

-Sólo si eres guapa y tienes éxito -musitó Mariah.

Rei permaneció en silencio. Sabía que era inútil decirle que su largo y sedoso cabello rosado y sus ojos dorados resultaban envidiables para otras chicas. Cuando Mariah se hundía siempre se mostraba suspicaz con cualquiera que tuviera algo bueno que decirle. Por eso buscó algo que la distrajera y la apartara de sus amargos pensamientos.

-¿Te he contado ya que estoy en la lista de candidatos a un premio?

-Fantástico, ¿y que premio es?

-El de agente de bolsa del año. Se concede todos los años, en una cena. Es el martes, pero va a ser un infierno, porque no sabré hasta el final si he ganado o no.

-Ganarás -afirmó Mariah.

-Quizá... -hizo una pausa -¿Sabes? Me iría bien que alguien me apoyara.

-¿Como? -preguntó Mariah perpleja.

-Bueno, ¿crees que podrían venir mamá y tú a la cena? -sugirió Rei. Mariah siempre estaba dispuesta a hacer cosas por los demás. Rei esperó su respuesta impaciente, pero su hermana permaneció en silencio por mucho tiempo -Ya se que será aburrido, pero significara mucho para mí.

-¿Por que?

-Bueno, mi jefe no va a venir, eso seguro. No puede soportar que otros me den palmaditas en la espalda.

-¿Y por que no?

-Porque no le gusto mucho desde que... -desde su romance con Brooklyn, omitió Rei, incapaz de terminar la frase -Él también trabajaba a las órdenes de Brooklyn.

Mariah gruño suavemente. Sabía más sobre el desastre amoroso de su hermano que nadie. Por aquel entonces Rei tenía dieciocho años y se sentía como si estuviera en la cima del mundo. Se había dado cuenta de que no sólo le gustaba su trabajo, sino que además lo hacía bien. El departamento había confiado en él, y aquello le había abierto nuevas perspectivas más allá de lo que nunca hubiera imaginado. Pero entonces apareció Brooklyn.

Brooklyn estaba en pleno apogeo. Como jefe resultaba inspirador para todo el equipo, y como hombre era un verdadero conquistador sin escrúpulos. Rei había caído rendido a sus pies.

-¡Pero si Brooklyn se marcho a Nueva York hace años! -objetó Mariah.

-Hace dos años, pero Yamato no perdona. Piensa que los romances en la oficina demuestran falta de profesionalidad, que nunca debería de haber permitido que eso ocurriera.

-Es un estúpido -afirmó Mariah -Y de todos modos a ti te da igual que él vaya a la cena o no.

-Bueno, también preferiría que no fuera contando por la ciudad cuánto me desaprueba -rió Rei amargamente.

-Olvídalo -la voz de Mariah pareció revivir -¿Qué vas a ponerte?

-Eh, que no son los Oscars, ¿sabes? -contestó Rei perplejo.

-Para ti sí. Y tienes que demostrarle a todo el mundo quién eres. Traje negro de diseñador y zapatos italianos, además de un hermoso reloj suizo y un elegante anillo.-sugirió Mariah con una sonrisa.

-No es mi estilo -contestó Rei sonriendo también al imaginarse la sonrisa que tendría en ese momento su amada hermana.

-¿Entonces como piensas ir vestido?

-Tendré que buscar algo adecuado pero muy a mi estilo, además nada de anillos ni relojes caros, llevare el que siempre llevo, no tengo como pagar un fino reloj suizo.

-Te gastas mucho dinero en nosotras, ¿verdad? Sobre todo en mí. Todas esas sesiones de terapia y esas consultas...

-¡Por supuesto que no!

-No mientas. La última clínica a la que fui... dijiste que era de caridad, pero todos los que había allí eran niños ricos.

-Los niños ricos también se ponen enfermos -contestó Rei a la defensiva.

-Sí, pero sus padres pagan la factura. Tú pagaste la mía, ¿verdad?

-La salud es importante -afirmó Rei tratando de desviar la atención de su hermana.

Mariah sacudió la cabeza y se calló. Luego de unos eternos segundos le dijo:

-Te pondré al teléfono con mamá, fue maravilloso hablar contigo, Rei. Un beso.

-Lo he echado todo a perder -dijo Rei con tristeza a su madre, contándole lo ocurrido.

-Puede que vaya a la cena, sólo que le cuesta un poco hacerse a la idea.

-Las estaré esperando a las dos ¿de acuerdo?, debes ir hoy mismo a comprar lo boletos de avión, así tendrán asegurado un asiento y estarán a tiempo.

-Así será, hijo. No te preocupes por Mariah, la estaré cuidando muy bien. Desde que la dejo ese maldito profesor ha estado muy vulnerable.

-Todos podemos ser vulnerables si dejamos que el "amor" entre en nuestra vida.

-No es cuestión de dejarlo o no -indicó entonces su madre.

Rei recordó. Su padre los había abandonado poco después de que naciera Mariah. Rei apenas se acordaba de su cara. Lo que sí recordaba, en cambio, era que su madre no había vuelto a mirar a ningún otro hombre, que toda su vida no había sido más que una constante lucha contra la pobreza.

-Lo siento -dijo arrepentido -es sólo que... no entiendo cómo alguien puede tomar el amor en serio. Mariah no debería tomarlo tan así y tampoco debería tomar tan en serio a ciertos hombres. Yo no perdería mi tiempo de esa manera. Ahora que toco ese tema te diré que los "hombres de mi vida" son un desastre: Mi jefe está celoso de mi, Lee se ha comportado como un niño mimado, y acabo de conocer a un hombre que parece un sueño. Y sin embargo ha resultado ser el peor de todos.

-¿Y quien es ese hombre ideal? -preguntó la madre de Rei, totalmente interesada en el asunto.

-Es sólo un pariente entrometido de mi casera -contestó Rei restándole importancia al asunto.

-¿Y como es que has conocido a ese pariente entrometido?

-¿A Ken? Llamó a mi puerta en la mañana, cuando estaba en la cama.

La madre de Rei contuvo una sonrisa. Conocía las costumbres de su hijo durante los fines de semana.

-En ese caso me sorprende que pienses que es un sueño.

-No es que yo lo piense, es que se ajusta a todos los requisitos de la descripción. Alto, guapo, arrolladoramente masculino. Incluso amable cuando se lo propone.

-Y tú lo odias -comentó la mujer interpretando el tono de voz de su hijo -¿Sólo porque te ha sacado de la cama?

-Bueno, eso no ayudó mucho -admitió Rei.

-Pobre hombre.

-No malgastes tu lástima con Kai Hiwatari.

-Creí haberte oído llamarlo Ken.

-Sí, así es como lo llamo para molestarlo -rió satisfecho.

-Pues parece que tuvieron una larga conversación.

-Sí, me llevó a comer.

-Que él te llevó a... -la mujer se quedó perpleja -¿Desde cuando conoces a ese hombre?

-Desde hace algunas horas.

-¿Y fuiste a comer con él? -preguntó la mujer impresionada, que conocía las tácticas de su hijo con los hombres. Desde el episodio con Brooklyn, Rei los mantenía a distancia antes de aceptar siquiera una taza de café -Debe ser un verdadero sueño.

-Es un verdadero cerdo -soltó Rei de mal humor.

-¿Y que piensa él de ti?

-Que soy el mejor artista del timo del mundo, y además no le gustan mis modales -contestó Rei apretando los dientes.

-¿Qué?

-Se cree con el derecho de juzgar por las apariencias.

-Debe estar loco -aseguró la mujer.

-No -contestó Rei haciéndole justicia -fui yo quien lo provocó. Él creyó que podría conquistarme y yo le demostré que estaba equivocado.

-Eres perfectamente capaz de hacerlo -asintió la mujer sonriendo -Ningún hombre va a conquistarte ni a hacerte perder el juicio, ¿verdad, cariño?

-Asi es.

No era necesario que Rei dijera "no, nunca más".

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Kai había utilizado y obtenido buenos resultados con la tarjeta profesional de Rei, pero había llegado a la conclusión de que necesitaría más tiempo del planeado para llevar a cabo su investigación. Demasiado tiempo como para permanecer en un hotel por muy lujoso que fuera, se dijo.

De modo que llamó a unos cuantos amigos. Para el lunes por la mañana contaba ya con unas cuantas ofertas de pisos en alquiler, y para mediodía se había mudado a uno de ellos. Era un apartamento de estilo antiguo demasiado alejado de la Biblioteca de lo que él hubiera deseado, pero a la vuelta de la esquina de la casa de Tatiana. Aquel mismo lunes Kai obtuvo respuesta a sus otras llamadas:

-¿El conde Hiwatari? Soy Gary Ishido, editor del Financial Monthly. Me ha pedido usted que lo llamara.

-Sí -contestó Kai, a quien no le gustaban los periodistas.

-Creo que los dos podemos ayudarnos -dijo Gary -Usted quiere información sobre Rei Kon, y yo acabo de hacer ciertas averiguaciones. ¿Qué quiere saber exactamente?

-¿Es que es famoso? -preguntó Kai perplejo.

-Tiene éxito. Pero me temo que su carrera no ha sido del todo limpia -explicó el periodista con delicadeza -Obtiene buenos resultados, pero hay ciertas dudas sobre su forma de promocionarse. Si quiere puedo conseguir que ciertas personas hablen con usted, y a cambio...

Gary Ishido le explicó lo que deseaba. Kai sonrió triunfante. Iba a enseñarle a Rei Kon lo que significaba cruzarse en el camino de un hombre insensible, esos dorados ojos aprenderían la dolorosa lección, se dijo decidido. Gary le dio unos números de teléfono.

-¿Podemos contar a cambio con su ayuda mañana por la noche?

-Lo considero un deber de honor -respondió Kai.

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Mariah llamó a Rei por teléfono para decirle que no asistiría a la cena. Rei discutió con ella, pero su hermana se mostró firme, su madre tampoco iría. De pronto toda su alegría por el premio se desvaneció. Otra vez se quedaba solo, recapacitó. Finalmente acudió a Hiro, el hermano mayor de su amigo Tyson.

Rei se deslizó por los salones de la Asociación decidido a desafiar a todo el que entrara. Hiro lo miró nervioso. Nunca había visto a Rei en ese estado. Tomó un par de copas de la bandeja de un camarero y le ofreció una a Rei. La sala, de altos techos, estaba medio vacía.

-Hay poca gente este año.

Los dorados ojos de Rei se entrecerraron como los de un gato. Luego sonrió de aquella forma lenta y especial que hacía que todos se echaran a temblar.

-Pronto llegarán.

-¿Que quieres decir? -preguntó Hiro tragando, alarmado. Rei se echó a reír sin contestar -No hagas ninguna estupidez -rogó. Rei levantó el mentón -Te lo digo en serio, no creas que Yamato no se va a enterar de lo que ocurra sólo por el hecho de que no esté aquí. Han venido todos sus compinches, y si te pones a bailar encima de la mesa llamarán inmediatamente por los teléfonos móviles.

-Está bien, está bien -contesto Rei impaciente -No bailaré encima de la mesa, al menos aquí -añadió con malicia -¿Te apetece que vayamos a algún sitio después?

Hiro asintió aliviado. Entonces empezaron a llegar más personas y él y Rei se separaron entre la multitud. No volvieron a verse hasta el momento de sentarse a cenar. Rei parecía haberse calmado. Tomó el programa que había sobre la mesa y Hiro lo observó quedarse inmóvil de pronto. Estaba pálido y con la mirada perdida.

-¿Que ocurre? -pregunto Hiro.

-El invitado de honor -dijo un Rei furioso.

Rei apenas habló durante la cena, y sólo cuando el invitado de honor comenzó su discurso salió del letargo. De hecho se sentó terriblemente tenso y volvió la vista hacia el invitado mirándolo como si le lanzara rayos láser.

Kai debía sentir que alguien le estaba lanzando aquellos rayos, pensó Hiro con cierta simpatía, porque miraba hacia su mesa con más insistencia que ninguna otra. Finalmente anunció que Rei era el ganador del premio y levantó el trofeo para enseñárselo al público.

Rei se levantó y se quitó la chaqueta. Llevaba debajo una camisa china blanca sin mangas. Luego ladeó la cabeza en un gesto silencioso y desafiante hacia Kai.

El peliazul permaneció impasible. Ninguno de los dos veía a ninguna otra persona en el salón, y los dos lo sabían. Al darse Rei la vuelta para rodear una mesa de camino al podio Kai vio que el Neko-jin tenía tatuado en la parte de atrás del hombro derecho el pequeño rostro de un tigre blanco de ojos dorados.
De pronto el duelo entre los dos se transformó en algo mucho más primitivo. El pulso de Kai se aceleró como si hubiera recibido un impacto, y su sangre comenzó a bombear caliente y acelerada. Rei subió las escaleras del podio como si fuera un gato cazando, inconsciente por completo de que iba a enfrentarse a la lujuria más descarada.

Kai permaneció impasible, pero le costo un gran esfuerzo. No iba a demostrarle a Rei cuanto necesitaba hacerlo suyo, pensó. Al menos de momento. Levantó la pequeña estatua y sonrió mirando a Rei. Los ojos dorados se tornaron casi negros de ira.

-Felicidades -dijo Kai alargando una mano para estrechársela -Me han dicho que te mereces este premio.

-Gracias -contestó Rei con voz estrangulada.

Los ojos carmesí de Kai brillaban mientras le daba la estatua. Entonces, para sorpresa de Rei, lo rodeó con el brazo y lo atrajo hacia sí para ponerse ambos de frente al público.

Un rayo lo sacudió, tan fuerte que casi gritó. Trató de apartarse de Kai, pero el brazo que lo sujetaba era más vigoroso de lo que esperaba. Estaba atado a él, pensó. Volvió la cabeza y lo miró.

-Quítame las manos de encima -dijo sin molestarse en bajar la voz.

-Sonríe a las cámaras -comentó amable.

Rei hubiera podido gritar, sin embargo permaneció quieto mientras los fotógrafos tomaban instantáneas. Luego hizo su discurso de gratitud por el premio y se dio la vuelta caminando hacia su mesa sin mirar atrás.

Kai se quedó observando su espalda y el tigre en su hombro. Y se hizo una promesa, besaría aquel precioso tatuaje, preferiblemente esa misma noche.

Rei no vio ningún rostro mientras caminaba hacia su mesa. Todo su cuerpo temblaba como si hubiera tropezado con una alambrada electrificada. Estaba atónito.

Se habría sentido mejor si hubiera visto los ojos de Kai observándolo, pero Hiro que sí los vio, y se quedó perplejo al reconocer el hambre de sexo. Por eso no le sorprendió que, al terminar la cena y comenzar los comensales a levantarse para saludar a personas de otras mesas, Kai se acercara a ellos. Hiro avisó a Rei con un leve toque en el brazo.

-Pégate a mí, Hiro -dijo en voz baja.

Aquello era tan poco habitual en Rei que Hiro se sobresaltó. Entonces llegó Kai.

-Joven Kon, cuánto me alegro de volver a verlo.

-Pues tiene suerte -contestó con una rudeza calculada -yo en cambio, espero que ésta sea la última vez que lo vea.

Hiro hizo una mueca, pero Kai sonrió y lo ignoró.

-¿En serio? Es poco probable dadas las circunstancias -contestó Kai mirándolo con ojos acariciadores.

¿A que circunstancias se refería?, se preguntó Hiro que, violento, quiso marcharse y comenzó a murmurar excusas. Rei no se dio cuenta. Toda su atención estaba dirigida hacia su principal enemigo.

-¿Tienes reputación de perseguir a las personas, acaso? -lo desafió Rei.

-Tengo la reputación de que siempre termino lo que comienzo -lo corrigió Kai con amabilidad.

-Pero conmigo no has comenzado nada -contestó Rei apretando los dientes.

-Creo que los dos sabemos que eso no es verdad -dijo Kai inmutable.

Kai agarró la silla vacía y la giró como si no pesara nada. Luego se sentó a horcajadas sobre ella, con los brazos sobre el respaldo, apoyando la barbilla sobre las manos, y se quedó mirando a Rei.

Rei sintió que aquellos ojos color rubí lo escrutaban. Bajo la atenta inspección de aquella mirada no pudo más que sentirse incómodo. Más que incómodo, furioso.

Rei observó aquellos ojos rojos y su expresión, y vio en ellos diversión, desafío y... para su horror, sintió que su rostro se ruborizaba al comprobar que había mucho más.

-¿Que vas hacer al salir de aquí? -le preguntó Kai en un susurro.

-Nada que te importe -soltó Rei, demasiado agitado con sus propias emociones como para pensar en otra respuesta.

Entonces Kai sonrió como si le hubiera dicho exactamente lo que deseaba saber.

-No pensé que fueras de los que se van a casa a dormir -comentó con complacencia -¿A que club?

Rei trato de controlarse. Él no era de los que se aturdían fácilmente, se dijo. Ni nadie lo obligaba a rendirse. Nadie, se juró. Se reclinó sobre el respaldo y lo miró de arriba abajo con insolencia.

-Bueno, no creo que tú puedas entrar en ninguno de los clubs a los que vamos mis amigos y yo.

Kai arqueó las cejas. Sus ojos color rubí tenían una expresión suave y calmada. Miraba a Rei como si se los estuviera imaginando a los dos, solos, besándose y besándose sin parar. Parecía acariciarle la piel desnuda con la vista.

-¡Basta! -exclamó entre dientes, un enfadado Rei.

-¿Acaso vas a decirle al portero del club que me eche? -bromeó Kai con voz seductora.

-No hace falta -contestó Rei con dureza, tragando y tratando de calmarse -Eres demasiado aburrido para entrar.

Kai frunció el ceño. Todo su aire seductor se desvaneció. Por un momento Rei creyó que lo había acorralado. Pero luego el Conde Hiwatari sacudió la cabeza.

-Ese comentario no ha sido muy amable.

-La verdad no suele serlo.

-No creo que vayan a echarme por aburrido.

-Bueno, de todos modos no vas bien vestido.

-¿Y cuantas cosas crees que debo quitarme para que me admitan? -sonrió Kai de medio lado. Rei parpadeó. Kai acercó la silla hasta que su boca casi le rozó la oreja -Yo también puedo desnudarme, ¿sabes? -murmuró con voz ronca.

Rei dio un salto en la silla como si algo lo hubiera quemado y recogió la chaqueta para ponérsela sobre los hombros. Kai rió maliciosamente.

Rei estaba horrorizado. Se sentía como si estuviera cayendo en el vacío: sin nada estable a que agarrarse. Todo lo que siempre había dado por supuesto parecía tambalearse de pronto, se sentía humillado y fuera de sí. No se había sentido así desde la noche en que Brooklyn se rió de él tal y como lo estaba haciendo Kai.

No pudo evitarlo. Lo miró a punto de desmayarse y huyó. Atravesó el salón frenético. Recibió docenas de besos y de felicitaciones, y el fotógrafo siguió haciéndole fotos. Pero él no dejó de hablar en voz alta y apresurada, como si de esa forma pudiera evitar lo inevitable. Sus ojos miraban incansables a todas partes, pero nunca atrás. Y no mencionó a Kai Hiwatari ni una sola vez. Casualmente volvió a encontrarse a Hiro.

-¿Listo para marcharnos al club?

-¿No preferirías ir a casa? -Pregunto Hiro a su vez.

-¿A casa? ¿Yo? Tonterías. Estoy muy despierto, nadie va a detenerme esta noche. Pienso pasármelo bien.

-Tranquilo Rei, hace siglos que se marchó -le dijo Hiro.

-¿Quien?

-El conde al que tanto odias.

-Yo no odio a Kai Hiwatari, me importa un rábano.

-Bueno, pues se ha ido.

-Me da igual si ya se fue o no. Vámonos al club a bailar toda la noche.

-Creo que afuera hay una limosina esperándote.

-Cortesía hacia el ganador, supongo -comentó Rei extrañado -Estupendo, vamos. Ehhh, busquemos a Tyson y Max, deben de estar de golosos por ahí.

Al final seis colegas más se unieron a Rei, Hiro, Tyson y Max en la limosina. Al llegar al club los recibió la estruendosa música de moda, Rei estaba más que ansioso por moverse al ritmo desenfrenado de la música y veinte excitantes minutos más tarde se sentía maravillosamente. Había bailado con Hiro, Tyson, Max y con el resto de compañeros, solo y con completos desconocidos. El dolor, la ira e incluso la preocupación por Mariah se evaporaron. Sólo Kai permanecía al borde de su conciencia, pero Rei se negaba a seguir pensando en él aquella noche.

-¿Quieres beber algo? -preguntó Max bailando a su lado.

Rei asintió con los ojos brillantes, pero no lo siguió fuera de la pista. Max sonrió y sorteó a un grupo de personas en dirección al bar.

Solo, en la pista, Rei echó la cabeza hacia atrás y alargó los brazos exuberantes en el aire. Estaba completamente absorto, y sus músculos se movían flexibles. Su piel brillaba a la escasa luz de aquella discoteca.
Para el hombre que lo miraba desde la entrada tenía el aspecto de alguien poseído por la magia de la música. Rei sonrió inmensamente, mientras se movía al ritmo descarado de la música. Y el efecto de ese gesto sobre el hombre que lo observaba fue inmediato.

"Quiero que Rei se sienta así cuando le haga el amor", pensó Kai sin dejar de observarlo.

Rei sintió que alguien le tocaba la espalda. Otro más que quería ligar, pensó sin darle importancia mientras se volvía, para bailar con él. El recién llegado, cuyo rostro quedaba semioculto entre las sombras, le ofreció una botella de agua.

-Gracias -dijo Rei.

La botella estaba helada. Rei bebió y se la puso contra el cuello, agradecido. El desconocido siguió bailando y acercándose a él. Aquel extraño era incansable. Por lo general Rei seguía bailando cuando todos caían rendidos, pero en aquella ocasión fue él quien desfalleció. Y el desconocido lo vio. Enseguida puso un brazo alrededor de su cintura y lo guió fuera de la pista. Su fuerte brazo le aceleró el pulso mucho más de lo que se lo había acelerado la música.

A medio camino, en la escalera de caracol, Rei, que iba delante, se dio la vuelta y lo miró por encima del hombro.

-Muy bien Ken, ya has demostrado lo que querías -dijo tratando de aparentar naturalidad.

-¡Deja de llamarme Ken, mi nombre es Kai, K-A-I! Y como ya viste me han dejado entrar -contestó sonriendo y mirando los dorados y ardientes ojos de Rei.

-Probablemente les haya dado miedo no dejarte entrar. Pareces un animal salvaje.

-Pero no un animal aburrido, ¿no? -rió Kai desafiante.

-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Visitando los barrios bajos, Conde Hiwatari?

-Te estoy siguiendo -confesó Kai con total sangre fría -Tengo planes para tu tatuaje .-murmuró en voz baja y excitante. Rei tembló ligeramente -¿Que iba hacer sino en un sitio como este? -otra pareja pasó obligándolos a estrecharse en una alarmante intimidad -¿sabes?, creo que sería buena idea marcharnos, estamos bloqueando las escaleras.

-¿Que? -pregunto Rei, tratando de recuperar el aliento.

-Irnos -susurró Kai con los labios a escasa distancia de su oreja.

-Ah, sí.

Rei, confuso, se apresuró a bajar las escaleras. La cabeza le daba vueltas.

-Te llevare a casa.

-Yo siempre vuelvo a casa con el mismo hombre con el que me he ido, y no ha sido contigo.

-Cierto, pero tres de las personas con las que viniste se han ido, y los demás ya saben que yo te llevaré.

-Me iré solo -afirmó tenso.

-De ningún modo -sacudió Kai la cabeza -Recoge tus cosas, quieras o no, yo te llevare a tu casa.

Rei trató de soltarse, pero Kai lo agarraba fuerte. El reloj marcaba las tres de la mañana. Tenía que admitir que era la hora de volver. Afuera los esperaba la misma limosina que había traído a Rei.

-Supongo que esta limosina fue uno de tus planes -dijo Rei tenso y molesto.

-Exacto, Mitsuo es mi chofer y fue quien te trajo. ¿Como creías que iba a saber sino a qué club habías ido?

Rei se lanzó contra él. No podía pensar de un modo razonable, sólo sabía que no podía soportar más a Kai Hiwatari y su estúpida arrogancia. Kai parpadeó y lo agarró de las manos con facilidad, sujetándolo para que se estuviera quieto.

Rei trato de soltarse, sus dorados ojos echaron chispas.

-¡Déjame! ¿Cómo te atreves a espiarme y seguirme? Déjame de una maldita vez -gritó.

-¡Cállate!

Aquello había sido una orden , un grito autoritario. Rei dejó de luchar. Sus gatunos ojos se abrieron tremendamente. Estaba perplejo. Y Kai no podía creer lo que veía en sus ojos. De pronto, inesperadamente, se arrepintió y lo soltó. Rei se restregó las muñecas instantáneamente.

-Lo siento, Rei.

Rei no contestó. Se retiró a un rincón del asiento, junto a la puerta, y se volvió casi de espaldas para mirar la noche iluminada. Estaba tembloroso. Nunca había vuelto a sentirse tan frágil ni tan vulnerable desde la noche en que Brooklyn lo abandonó. Apoyó la frente contra la ventana y rogó por llegar pronto a casa.

-¿Rei, te encuentras bien?

-He llegado demasiado lejos como para dejar que ahora lo eches todo a perder -dijo Rei con voz apenas audible.

-¿Cómo?

-No lo entenderías.

-Pruébame -contestó Kai, sorprendiéndose incluso a sí mismo. Sin embargo Rei no contestó, ni siquiera lo miró. Tras una pausa, él añadió -He alquilado un apartamento, déjame que te invite un café.

-Es tarde, mañana tengo que estar en el trabajo a las siete -le dijo Rei mientras lo miraba amargamente.

-¿Estas cansado, Neko?

-Por supuesto que estoy cansado -contestó Rei encogiéndose de hombros.

-Pues cuando bailas parece que nada podría cansarte. Nunca he visto a nadie bailar como tú.

-Pues me cansó como todo el mundo.

La limosina atravesó un breve tramo de la calle lleno de tiendas, brillante de luces. Finalmente se detuvo justo en la puerta de la casa de Tatiana. Todo estaba a oscuras.

Rei salió del coche y sin perder tiempo, Kai lo siguió.

-Si tú no vienes a mi casa, entonces iré yo a la tuya.

Aquello era una orden. Kai parecía estar acostumbrado a darlas, pensó Rei. Sin embargo no vaciló.

-Necesito dormir.

Kai lo miró. La suave brisa soplaba sobre su largo cabello negro acariciándolo, el conde Hiwatari se moría por ser brisa y poder acariciar también ese brillante cabello oscuro. Momentáneamente se conformo con acariciar a Rei sólo con la mirada.

Segundos después, sin previo aviso, Kai se acerco al neko y lo estrecho en sus brazos. Sus manos se movieron calientes sobre la cintura de Rei. Por un momento Rei se quedó inmóvil, helado. Luego dejó escapar un gemido de furia y volvió a la vida. Luchó contra aquel abrazo, trató de apartarlo de sí.

Kai respiró hondo. Sus brazos se relajaron brevemente. Por un segundo Rei pensó que iba dejarlo marchar, de modo que dejó de luchar. Y entonces Kai lo besó. Tan inesperadamente como una tormenta en verano, y con la misma furia. Su lengua lo saboreó y sus manos lo sujetaron con fuerza. Aquello no iba en broma, pensó Rei.

Sentía la determinación de Kai. Rei se presionó contra su cuerpo y exploro el calido pecho. Su piel era tan suave y agradable. Aquella sensación lo hizo temblar. Y Kai lo notó. Rei lo oyó gruñir victorioso. Aquellas fuertes manos apretaron más su cintura y luego se movieron hacía arriba, como si quisieran palpar algo. Entonces sintió la palma de su mano tocarle el hombro, justo donde tenía el tatuaje, posesivamente.

Kai movía todo su cuerpo con facilidad, como si Rei no tuviera voluntad, como si supiera que no podía resistirse.

-Llévame adentro, Neko -murmuró Kai contra su cuello.

Por un segundo Rei no supo si quería que lo llevara dentro de su casa o dentro de su cuerpo. O ambas cosas, reflexionó. Era una locura, pero estuvo a punto de acceder y dejarlo ir a donde quisiera que fuera.
Entonces abrió los ojos. Tras la cabeza de Kai pudo ver la elegante limosina, y recupero el sentido común: aquél era un hombre millonario, sólo estaba jugando. Y esa experiencia ya la había saboreado con Brooklyn. Dolía, recordó.

Kai sintió que Rei se trasformaba en un témpano en sus brazos. Levantó la cabeza.

-¿Que ocurre?

Rei no contestó, no luchó contra su abrazo, simplemente se quedó quieto, inmóvil, mirándolo sin realmente verlo. Entonces Kai lo soltó.

-Cambias rápido de opinión -comentó frustrado.

-No, no es cierto. Te he dicho siempre que no quería mantener ninguna relación contigo.

-¿Acaso estas negando que me deseabas hace un momento?

-La atracción sexual puede ser una droga muy poderosa -afirmo Rei -pero por suerte, en mí se desvanece antes de que pueda cometer alguna estupidez.

-¡Estupidez! ¡Qué... conveniente! -exclamó Kai herido por la afrenta.

-Es como un salvavidas -asintió Rei alegre, como si se estuvieran despidiendo después de una reunión de negocios -Gracias por traerme a casa. Hasta nunca.

Rei reprimió las ganas de correr por las escaleras. Durante todo el trayecto hasta la puerta sintió los ojos de Kai fijos en él, clavados en su espalda llenos de frustración. Pero no miro atrás.

.-.

CONTINUARA...