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Capítulo: 3

¿LO SIENTES?


Fuyutsuki carraspeó. Teniendo en cuenta su carácter, prefería no tocar al chico que dormía en frente de él. Ni siquiera sabía cómo iba a reaccionar. Los alumnos les dedicaban una expresión divertida al pasar por al lado de la mesa de la cafetería.

"Hasta aquí mi tapadera" pensó el profesor con un profundo suspiro.

—Rokubungi —dijo simplemente con tono autoritario, deseando que aquello fuera suficiente para despertarlo.

No lo fue en absoluto. Gendo continuaba roncando ahí sentado, cabeza hacia atrás y brazos cruzados, como si no hubiera dormido en toda la noche. Cosa que, de hecho, casi había ocurrido, ya que el joven se había pasado gran parte de la noche pensando acerca de su pequeño problema con Yui.

Con un gruñido, Fuyutsuki se inclinó hacia su alumno y le pegó una ligera palmada en la mejilla izquierda, pues la derecha todavía tenía un moratón y prefería no hacerle más daño del necesario.

—¡Rokubungi! —repitió, esta vez más alto.

Gendo masculló algo, sorbió y siguió durmiendo como si nada hubiera ocurrido.

"Tienes que estar tomándome el pelo" pensó Fuyutsuki, llevándose una mano a la frente para masajeársela.

Golpeó de nuevo a su tutorado, esta vez más fuerte.

Gendo abrió un ojo y se encontró cara a cara con su profesor.

Casi se cae de la silla de pura sorpresa.

—¡Profesor! —exclamó, inclinándose hacia delante y agarrándose a la mesa para evitar que su silla cayese hacia atrás— ¿Qué hace aquí?

—La pregunta correcta es ¿qué haces durmiendo en la cafetería? —preguntó Fuyutsuki de vuelta—. Yo solo venía a tomar un café, pero era inevitable que te viera. No muchos alumnos vienen con chaqueta de cuero negra a la facultad ¿sabes?

Gendo contestó con un gruñido. Cruzó los brazos de nuevo, evitando deliberadamente la mirada de su tutor.

—¿Has dormido mal? —pregunto éste, su voz denotando sospecha— Por favor, no me digas que has vuelto a meterte en problemas…

—No, señor, no es nada de eso —contestó Gendo mientras se pasaba una mano por la cara para quitarse las legañas—. Es solo que he tenido problemas para dormir esta noche, lo prometo.

Fuyutsuki inspiró profundamente. Se quedó mirando a la nada por un momento mientras saboreaba los olores.

—Tienes razón —concluyó—. No apestas a alcohol. Y no parece que tengas peor aspecto que la última vez. Aunque, si quieres mi opinión, aquello ya era bastante difícil de por sí.

Gendo volvió a su sonrisa condescendiente tan pronto como oyó estás palabras.

—No volverá a pasar, se lo prometo —dijo—. No mientras usted sea mi tutor.

—Bueno, confío en que eso sea cierto —respondió Fuyutsuki con una sonrisa orgullosa—. El lunes tenemos nuestra próxima sesión, no te olvides. Ten un buen fin de semana ¿vale? Relájate y piensa en lo que hemos estado hablando. Necesitamos sacar adelante esa tesis tuya.

Gendo asintió. Se frotó los ojos para aclarar su visión y soltó un largo bostezo sin taparse la boca mientras Fuyutsuki se iba hacia la barra de la cafetería. Sin embargo, al ver a su profesor allí, se le ocurrió algo.

Se levantó en silencio y caminó hacia la barra también. Se apoyó en ella justo al lado de Fuyutsuki, como quien no quiere la cosa.

—Oiga, profesor —dijo con fingida naturalidad—. ¿Usted conoce a Yui Ikari?

Fuyutsuki sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Tardó un momento en procesar la pregunta y responder.

—Oh, claro que la conozco —dijo—. Es una de mis estudiantes de investigación. ¿Por qué lo preguntas?

Gendo asintió, fingiendo lo mejor que pudo una expresión de reconocimiento.

—Me la encontré ayer por el pasillo y vi que se dirigía a su oficina, eso es todo —mintió.

Fuyutsuki soltó simplemente un sonido de aprobación, pero Gendo pudo notar algo más en él. Su expresión había cambiado ligeramente. Ahora parecía algo más tenso.

Gendo no dijo nada. Fuera lo que fuera lo que su profesor estaba pensando, estaba seguro de que no era problema suyo. Sin embargo, tenía que preguntarle algo a Fuyutsuki.

—Oiga —dijo, su voz casi expresando timidez—. ¿Ha visto alguna vez a su padre?

Su profesor frunció el ceño ante la extraña pregunta.

—¿Su padre? —repitió— No, no lo conozco en persona. Pero sí que he oído hablar de él, si eso te sirve de algo.

—¿Y qué es lo que ha oído? —preguntó Gendo entonces.

Fuyutsuki no contestó inmediatamente. En su lugar, se quedó mirando al chico a los ojos durante un buen rato.

—¿No estarás intentando…?

—Profesor, por favor —lo interrumpió Gendo—. Si quiere que confíe en usted, usted va a tener que confiar en mí. Conteste a la pregunta.

Fuyutsuki continuó mirándolo sin atreverse a decir nada.

¿Estaba el chico intentando acercarse a Yui? Y, si era así ¿era solamente por su relación a SEELE, o estaba Gendo buscando algo más?

Si era tan frío con ella como lo era con él, Fuyutsuki podía descartar perfectamente la segunda opción. Rokubungi no parecía alguien interesado en una relación estable, sino más bien en llevarse a alguna chica a la cama de vez en cuando.

El profesor liberó la tensión acumulada en un profundo suspiro. Tal vez aquella fuera la oportunidad perfecta para dejar de ser tan sobreprotector y paternalista con su alumna. Al fin y al cabo, ni siquiera a él mismo le gustaba aquella actitud.

—Formando parte, como sabrás, de una organización del gobierno, tiene una cantidad de influencias altísima —dijo el profesor—. Por lo que he oído, siempre está pendiente de su hija, incluso pasando la mayor parte del tiempo alejado de ella. Se entera de todo lo que le pasa en la facultad. Lamento no poder serte de más ayuda.

—Eso servirá —concluyó Gendo—. Nos vemos, profesor.

Mientras su alumno abandonaba la barra, Fuyutsuki se giró bruscamente para agarrarlo por la manga de la chaqueta. Gendo se apartó automáticamente, librándose de su agarre casi de inmediato.

—Rokubungi —dijo Fuyutsuki—. Si vas a ir por ese camino, hazme un favor. Ten cuidado.

Gendo lo miró a los ojos con curiosidad. Aunque las palabras de su profesor parecían decirle que tuviera cuidado con lo que hacía, él entendió algo totalmente distinto.

"Ten cuidado con ella."

Asintió y se giró para abandonar la cafetería, dejando a Fuyutsuki con su café. Para bien o para mal, Gendo Rokubungi estaba tramando algo.

Cerca de las seis de la tarde, Gendo llegó a su apartamento. El chico vivía en un lugar barato y poco cómodo, un piso alquilado de cuatro habitaciones que no llegaba siquiera al tamaño de la cafetería de la facultad. Sin embargo, él estaba cómodo en su pequeño salón-cocina, y se sentaba todas las tardes en su modesto sofá, poniéndose los cascos y conectando su reproductor S-DAT para olvidarse de los problemas de la vida diaria.

Había tenido la opción de compartir piso con otros chicos de la universidad, pero había rechazado la oferta sin pensárselo dos veces. No le gustaba compartir su intimidad con otras personas, por lo que vivir con otras personas se le hacía desagradable. Más cuando aquellas personas eran totalmente incapaces de ver el mundo como él lo veía.

"Todo se basa en el control" se decía Gendo. Desde su más tierna infancia, el joven había aprendido a valerse por sí mismo a partir de las conexiones de otras personas sin desarrollar él mismo esas conexiones.

Al pensar en el padre de Yui, no pudo evitar sentir un escalofrío. Había tenido algún que otro problema de mayor escala que una pelea de bar, pero todos habían acabado resolviéndose con el paso del tiempo. Aquello, sin embargo, era un obstáculo en su camino.

Se miró la mano vendada, poniendo la palma hacia arriba. Trató de cerrarla en un puño, pero las punzadas de dolor en los tendones de sus dedos se lo impidieron. En lugar de eso, se quedó abriendo y cerrando la palma de su mano repetidas veces, tratando de acostumbrarse al dolor.

Pero era inútil. Aunque el dolor del resto de su cuerpo era soportable, aquella mano continuaba doliéndole cada vez que movía los dedos o se apoyaba en algo con ella. Pensó en lo que diría su padre si estuviera vivo y pudiera verlo ahora. Para él, la fuerza y el poder eran los únicos valores importantes, y Gendo no poseía ninguno de ellos. Consideraba que el control sobre uno mismo y aquellos que lo rodeaban era mucho más importante que las cualidades físicas.

Sin control, no se podía conseguir nada. Sin control, uno era una marioneta, una vasija vacía que podía ser fácilmente manipulada por todos a su alrededor. Gendo siempre había sido capaz de manipular a los demás, y por eso sentía que el tema de Yui Ikari se le iba de las manos.

Porque era incapaz de controlarla. No se veía capaz de ver en ella los pequeños engranajes que funcionaban en la cabeza de todas las personas que había conocido en su vida.

Había algo en Yui que le hacía perder el control sobre sí mismo y sobre ella, y se negaba a admitir que se tratase de algo más allá de su propio interés. No quería caer en la misma trampa que muchos seres humanos, que terminaban sufriendo terribles miserias por el mero hecho de habar amado a alguien.

Y, sin embargo, también sentía una extraña sensación de calidez cuando la chica estaba a su alrededor. Hablaba con un tono tranquilo y dulce, como si lo tuviera todo bajo control en todo momento, y sus ojos le causaban a Gendo escalofríos cada vez que lo miraban fijamente. El desafío que suponía su mente era lo más atractivo de todo, no obstante, pues para Gendo era un misterio por descubrir.

Miró su teléfono móvil, que ahora reposaba sobre la pequeña mesita de madera en la que solía dejar sus bebidas, y la servilleta con el número de teléfono de Yui que yacía a su lado. No tardó en agarrar ambos.

Marcó con manos dudosas cada uno de los dígitos del número de la chica, todavía inseguro de lo que estaba haciendo.

¿Era buena idea? ¿De verdad quería seguir adelante cuando estaba involucrándose emocionalmente en algo que podría acabar destrozándolo por dentro?

"Al diablo" pensó mientras presionaba el botón de descolgar y se ponía el móvil en el oído.

Cuando oyó el sonido intermitente de la línea de móvil, supo que estaba cometiendo un error.

Sonó un pitido.

Y otro.

Y otro.

Y, entonces, escuchó el sonido de un teléfono descolgándose.

—¿Hola? —dijo la familiar voz de Yui al otro lado de la línea, y Gendo pudo imaginarse su rostro al instante.

—Eh… hola, Yui —contestó con un carraspeo—. Soy yo.

La línea se quedó en silencio. Gendo se aclaró la garganta antes de continuar.

—Gendo —añadió el joven—. Gendo Rokubungi. Me diste tu número ayer.

—Ah, cierto —respondió ella riendo—. No es muy buena idea llamar a alguien que no sabe que eres tú y decir "hola, soy yo" ¿no crees?

Gendo no pudo evitar soltar una risita nerviosa. No sabía cómo lo hacía, pero aquella chica lograba hacerle sentir como un idiota en situaciones en las que otras personas jamás lo conseguirían.

—Lo siento —dijo, recuperando la compostura—. Mira, quería hablarte acerca de eso de quedar el fin de semana. Estoy libre y me encantaría poder tomar un café o algo así.

—Pues dime tú un día —contestó ella.

—¿Te parece bien mañana? —preguntó Gendo— No tengo nada que hacer de todas formas.

Después de unos instantes, la voz de Yui volvió a escucharse.

—Yo tampoco —dijo—. ¿Qué quieres hacer?

Gendo se lo pensó un momento, pero no tardó en llegar a la conclusión que más tiempo para conversar le daba.

—¿Tomamos un café después de comer? —preguntó, queriendo alejarse de la idea de consumir alcohol por el momento— Hay uno en frente del campus que tiene unas vistas interesantes.

—Ah sí, ya sé cuál dices —contestó ella—. Pero ese no me llama mucho, para serte sincera. Prefiero alejarme todo lo posible del campus durante el fin de semana. Así evito que se me acumule el estrés ¿sabes?

—Ya —dijo simplemente Gendo—. ¿Se te ocurre un lugar mejor, entonces?

—Tengo una idea —respondió Yui—. ¿Por qué no vas a esperarme a la puerta de mi edificio sobre las cuatro? Cuando baje podemos dar un paseo y ya decidiremos a dónde queremos ir.

Gendo sonrió. Aquello le daba incluso más tiempo para hablar con ella. Estaba jugando bien sus cartas.

—Vale, perfecto —dijo—. Espera que coja algo para escribir tu dirección…

Sin embargo, mientras estaba fingiendo recoger papel y bolígrafo, Yui dijo algo totalmente inesperado.

—Oh, ambos sabemos que eso no será necesario. Al fin y al cabo, ya sabes dónde vivo.

Gendo se quedó petrificado de nuevo.

Lo sabía.

—Esto… —balbuceó— Yui… yo…

Escuchó como la chica se reía. No era una risa sarcástica o incluso malvada, sino algo mucho más natural. La reacción de Gendo le había hecho genuina gracia.

—Nos vemos mañana, entonces —dijo, ignorando por completo los balbuceos del chico o la ausencia de una explicación—. Buenas noches, Gendo.

Acto seguido, colgó. Gendo se quedó con la palabra en la boca mientras escuchaba de nuevo el sonido de la línea telefónica.

—Buenas… noches… —masculló, aun sabiendo que nadie podía oírle. Tardó unos instantes en bajar el teléfono y colgarlo finalmente.

Derrotado, se tumbó en el sofá y se quedó contemplando el techo en silencio. Le recomendaba a un profesor, sabía que había estado buscando información sobre ella… estaba seguro de que había algo que esa chica le estaba ocultando.

Y aquello no solo lo aterrorizaba, sino que también le resultaba enormemente atractivo. Una persona que actuaba de forma misteriosa o incoherente era para Gendo un desafío mental, un puzle esperando a ser resuelto. SEELE había pasado, sin que él se hubiera dado cuenta, a un segundo plano. El misterio que escondían los ojos verdes de Yui Ikari era algo mucho más atrayente para Gendo en aquel momento.

—¿A qué estás jugando, Yui Ikari? —se preguntó en voz alta mientras contemplaba el triste y simple techo del salón. Un techo que habitualmente le parecía familiar y acogedor, pero que esta tarde le resultaba totalmente ajeno.

Como si algo hubiera cambiado, sin él saber si aquello era bueno o malo.

Se sentía mal cuando su impertérrita máscara de hierro, lo único que le aseguraba la supervivencia en el campus, fallaba.

Se quedó dormido allí mismo, en el sofá.

—¿Quién era? —preguntó Kyoko mientras ordenaba una pila de papeles.

Yui se quedó mirando el móvil sin responder.

—Eh —su compañera le pasó una mano por delante de la cara, sonriendo divertida— ¡Tierra llamado a Yui! ¿Estás ahí?

La chica no pudo evitar reír ante las monerías de su amiga. Finalmente, guardó el móvil en el bolsillo de la bata de laboratorio y volvió a ponerse a trabajar.

—No… no puedo contártelo, Kyoko —respondió—. No de momento, al menos.

—Oh, ya veo —la pelirroja le dedicó una mirada pícara—. Ese tipo de cosas ¿no?

Yui puso los ojos en blanco.

—Ya estamos —soltó al recibir un potente codazo de parte de su amiga—. ¿Por qué tienes tanto interés en conseguirme pareja?

—¿Quién ha dicho nada de pareja? —preguntó Kyoko encogiéndose de hombros— Yo solo digo que no estás disfrutando todo lo que deberías de la experiencia universitaria.

—No vengo aquí a acostarme con gente, Kyoko —respondió Yui, frotándose la zona del brazo que había recibido el codazo de su amiga.

—Lo que tú digas —dijo ella, levantando los brazos y dirigiéndose hacia el otro lado del laboratorio—. Ya me contarás que tal es en la cama.

Yui soltó un gruñido de frustración al notar que su amiga conseguía hacer que se ruborizase una vez más.

Lay it, lay it down, let me see your hand

Show me what you got

You're always talking, but you're not playing

It doesn't match your face

—Chaos Chaos, Do You Feel It?