Cap. 4 Creer en la justicia
La relación entre Madoka y Homura se volvió algo extraña. Pasaban juntas más tiempo de lo normal, iban juntas a todos lados y Akemi nunca despegaba la mirada de su ahora novia, o al menos eran algo parecido a eso. Se tomaban a veces de las manos y a veces había un beso sorpresa, tímido y sonrojado.
En cuanto a las brujas, por alguna razón todo parecía estar tranquilo. También los sueños de Homura habían cesado y ahora al despertar no recordaba nada en especial. El problema con tanta calma era que al no tener gemas de las brujas las suyas se iban acumulando un poco. Las cinco chicas trataron de estar lo más calmadas para que esto no les pudiera traer malas consecuencias.
-¡Mira!- dijo una tarde emocionada la chica del cabello rosado mientras señalaba con emoción un anuncio sobre el tablero de la escuela. "Festival de las luciérnagas", decía.
-¡Vamos! Seguramente habrá manzanas cubiertas de caramelo… y algodón de azúcar –contestó con sonrisa ensoñadora Kyoko.- ¡Tenemos que ir! –se unió a su entusiasmo Sayaka y así quedó acordado al poco rato que irían al evento.
Por la tarde, cuando Mami estaba rizando su cabello mientras Kyubey dormía plácidamente, Sayaka tocó el timbre de su hogar. –No tengo algo que usar hoy…-dijo con una sonrisa tímida que fue respondida con otra más dulce. Mami se encargó de prestarle un kimono y arreglar su cabello para la ocasión.
-¡Madoka! Llegó Homura-chan –anunció el padre desde la planta baja. La chica bajó corriendo y sonrió ampliamente con un ligero sonrojo a la chica frente a ella. Homura se ruborizó un poco al verla usar ese kimono que se veía algo infantil por el color rosa tan clarito lleno de estampados de sakuras y el cabello recogido apenas por una pequeña hebilla. –Diviértanse chicas –dijo con una sonrisa antes de verlas partir.
-Homura-cha… Akemi, tengo una para ti –y antes de darle chance de hablar, se paró de puntillas y le amarró el cabello con una hebilla.- Combina con tus ojos –sonrió y caminó balanceando su pequeña bolsa de un lado a otro.
-Gracias, Madoka –susurró feliz, creyó escuchar una especie de explosión pero al voltear no notó nada fuera de lo normal. Tuvo una extraña sensación, como si alguien la vigilara. Escuchó su nombre y respondió con una sonrisa, antes de correr para alcanzarla y continuar su camino.
En un templo cercano encontraron a sus amigas. Todo estaba adornado con lámparas de papel y los niños corrían de un lado a otro con pequeñas figuras de libélulas, con un cascabel en la cola, llenando el lugar de suaves tintineos. Mami tenía un lindo kimono algo corto color amarillo, con listones adornando, Sayaka tenía un kimono azul con rayas más claras y Kyoko sonreía sonrojada en un ajustado kimono rojizo. Se saludaron todas con emoción y emprendieron su camino.
Los tambores marcaban una música alegre a su alrededor mientras caminaban entre los puestos. Antes de que lo notaran estaban con las manos llenas de algodones de azúcar y crepas dulces. Kyubey miraba con curiosidad un estanque lleno de pececitos de plástico de colores, observaba a los niños intentando atraparlos con una caña con punta magnética, con cierta dificultad, sin duda se preguntaba cómo era que a los humanos les gustaban esas cosas.
-¿Qué te darán de premio? –preguntó Kyoko mientras recargaba su brazo en el hombro de Sayaka.
-Seguramente un pez dorado –respondió mientras miraba a una parejita que habían logrado pescar uno y se les estaba entregando uno.- Sí, es un pez dorado. Sería lindo tener uno…
-Lo conseguiré para ti –sonrió decidida, sintió la mirada de sorpresa de su amiga.- Y tú luego me compras algo más ¿te parece? –dijo rápido como tratando de ocultar el verdadero motivo.
-Solamente si logras conseguirlo en un intento –respondió antes de solicitar una chance.
Mami, Homura y Madoka observaban cómo intentaban por quinta vez atrapar uno de los pececitos sin tener mucho éxito. Se miraron entre ellas y rieron un poco antes de caminar en busca de algo más que hacer. Las otras dos chicas estuvieron mucho rato intentando hasta que por fin obtuvieron uno.
-Gracias. Es bonito –dijo con una sonrisa Sayaka mientras miraba al pez dar una vuelta en la pequeña bolsa, Kyoko solamente disfrutaba de su triunfo.- Bien, ¿qué quieres?
-Ya sabía yo que un pececito no podría contra mí –rió, la miró.- Nada, dijimos que al primer intento… Aunque… si me quieres comprar algo… vi manzanas cubiertas de caramelo allá atrás- la tomó de la mano y se encaminaron.
Mami y Madoka iban de puesto en puesto, viendo lo que les llamaba la atención y lo que olía sabroso. Un puesto de máscaras fue uno de estos destinos y el vendedor vio partir tres de sus trabajos con una sonrisa por la ganancia. Homura se sentía un poco incómoda con su máscara pero prefirió no darle mucha importancia, por unos segundos se preguntó por qué en ningún otro tiempo habían ido a ese festival ¿Siempre había estado allí? Llegaron a la cima del santuario y se sentaron en una colina desde la que podían ver la ciudad a sus pies con algunas estrellas en el firmamento. La suave briza acariciaba el cabello de las tres y solamente el sonido de las cigarras rompía la paz del lugar.
De nuevo le pareció escuchar un ruido extraño, miró a su alrededor pero no había nada, notó que Kyubey la observaba.- ¿Algo te preocupa, Homura? –preguntó, ella negó. Por el rabillo del ojo creyó ver de nuevo a la Madoka de su sueño y se giró con rapidez, no había nadie.
-¿Homura-chan? ¿Estás bien? –preguntó con voz dulce la Madoka real.
-Sí, estoy bien –sonrió.- Necesito ir al baño, eso es todo –se levantó.- Ahorita vuelvo –las dos chicas en el pasto asintieron y la vieron partir. En cuanto supuso que no podían verla ya corrió en dirección al bosque, alejándose de las zonas llenas de gente hasta llegar a una zona que parecía abandonada. Entonces notó que había allí la entrada al mundo de una bruja, o al menos eso le hizo pensar. Se transformó como medida preventiva y entró al lugar, notando con asombro que era el mismo que el de afuera. Hubo una explosión y cayó de espaldas, al levantarse pudo ver a un ángel blanco alejarse hacia el cielo nocturno. Algo se posó detrás de ella.
-Este mundo es diferente a los demás, debes de haberlo notado ya –dijo la persona tras ella, misma cara, mismo cuerpo, pero con alas negras, ropa que le parecía extraña y una mirada de cierta forma desquiciada.
-¿Quién eres tú? –dijo con duda, una sonrisa se posó en la otra. La miró con rostro inflexible.
-Soy tú –caminó agitando sus alas.- Pero de otro tiempo –acomodó su cabelló y la miró.- Madoka… va a morir de nuevo y el mundo se reiniciará si no hacemos algo.
-¿De otro tiempo? –sintió desconfianza.- ¿Del… futuro?
-Más bien de uno de tus pasados –se acercó a ella con paso lento y felino.- Yo te creé… porque por fin he comprendido el error que hemos estado cometiendo, la razón por la cual Madoka no deja de morir –acarició su mejilla.
-Nadie me creó a mí –dijo apartando con brusquedad la mano.
-¡Yo te he creado y te he traído a este mundo! Una y otra vez esperando que te des cuenta de lo que solucionará todo… ¡Pero no lo has hecho! –rió desquiciada mientras miraba el cielo antes de volver a verla con rostro sereno.- Existimos para traer justicia al mundo, al universo, a nosotras… a Madoka. Nadie ha salvado a nuestra Madoka y eso no es justo… Pero al fin sé por qué es y creo que ya lo sabes tú también.
Homura agachó la mirada, pensando, sintiendo un extraño mareo debido a la confusión, por alguna razón presentía que todo lo que ella le decía era verdad.- No sé de qué hablas… Nada es justo… nosotras no podemos traer justicia… solo pelear y pelear eternamente para rescatar a una chica que no…
-¿Qué no nos ama? ¿Aun te das cuenta? En esta vida hay una pequeña y hermosa niña esperando a que regreses del baño –rió, tras ella apareció una silla alta de frío metal oscuro, elegante e imponente, se sentó cruzando una pierna sobre la otra.- Aquí hay una Madoka que te ama… ¿es real? ¿Lo sientes real?
La miró con firmeza pero sin prestarle atención. Tenía razón, era el primer universo donde Madoka parecía amarla y el universo donde el amor entre Sayaka y Kyoko era más evidente. No, nada le parecía completamente real, todo tenía algo surreal, algo confuso, como si no hubiera dejado de soñar, como si alguien la hubiese puesto en un receso.
-Ella no es nuestra Madoka, nuestra Madoka está peleando por todos, está sufriendo una y otra vez. Alejada de sí misma y tan cerca pero tan lejos de nosotras…-unas lágrimas amenazaron con surgir de sus ojos.- Pero ya no más… he entendido lo que es justo y hay que creer en ello…-estiró una mano hacia ella y Homura se acercó a paso lento como si estuviera hechizada.- Creé en mí y salvaremos juntas a Madoka, al mundo, controlémoslo juntas y tengamos con nosotras a la persona que más queremos –acarició su cabello y se acercó a su oído.- Para salvar a Madoka definitivamente…
-Hay que salvarla de sí misma…-susurró antes de que todo desapareciera a su alrededor.- Creer en la justicia… hacer justicia por ella y para ella… Siempre lo he sabido –sus ojos se llenaron de lágrimas, mordió con fuerza su labio inferior hasta que el sabor a sangre invadió su boca.
-¿Te has dado cuenta, Homura? – Kyubey saltó hasta donde estaba.- Ya lo sabes ahora.
- ….-
Ya había dejado abandonada esta historia =P ando algo metida en mi otra cuenta de Fanfiction, donde tengo los fanfics de Harry Potter así que no me había dado tiempo para hacer nada más… Seré sincera, me está costando algo de trabajo esta historia, aun así le echaré ganas :)
¡Gracias a quienes la leen!
