Gracias Zai por ayudarme con el beteo. Te quiero

DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.


Summary: Una vida perfectamente planeada, un futuro trazado. Sí, lo tenía todo, ¿entonces qué hago con dos niños y un hombre? Edward es un padre soltero que busca iniciar una nueva vida en una ciudad diferente, Caroline y Seth -sus hijos- han detestado a todas y cada una de las mujeres que a lo largo de seis años se han insinuado a su padre, cuando conocen a Bella, su mundo se vuelve patas arriba debido a que ella transmite seguridad y fragilidad.

Vidas cruzadas

Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad

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Capítulo 4

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Bella

Corrí a mi auto y lo encendí, mientras conducía me puse a pensar en los sucesos de este día.

¡Joder, casi atropello a una niña! ¡Nunca, jamás volveré a oír música mientras manejo!

Habia tratado de disculparme un montón de veces con el padre de la niña, pero él no me escuchó ni me prestó atención, él estaba tan preocupado por la pequeña que no veía a nadie más.

En mi vida habia visto a alguien tan preocupado, ni siquiera Charlie que jura amarme. Charlie es un buen padre, es comprensivo, encantador, complaciente pero nunca ha sido cariñoso, él odia los abrazos y las muestras de afecto.

Mi madre, en cambio, detesta todo... En especial a mí.

Recuerdo una vez cuando tenía once años, un chico –creo que era Brad- y yo salimos, o más bien mi madre me obligó a hacerlo diciéndome: "Míralo Isabella, es guapo, caballeroso y sobre todo es de buena familia", ante tal argumento me negué aún más a aceptarlo, pero en segundos me vi siendo jaloneada por ella, mientras me ponía una estúpida y nada cómoda ropa gritando histérica algo como "¡Dios Santo, Isabella!, ¿es que no tienes compasión por tu pobre madre?, trato de conseguirte un buen partido y me lo pagas de esta manera. ¡Malagradecida!, no sé como no tuve una mejor hija, ni siquiera eres bonita".

Y así mi autoestima se fue al caño, traté de hacer que no me doliera, pero siempre fallaba y no es que mi madre me lo dijera y ya, sino que siempre que podía me reprochaba que no fuera como ella.

Rubia, con cuerpo escultural, ojos celestes y labios perfectamente delineados.

No...Para la mala suerte de Renée yo era más como Charlie.

Cabello marrón, ojos del mismo color, labios regordetes y unas cuantas curvas, pero mi piel era demasiado pálida y, según ella, no los podía justificar con unos ojos celestes o verdes.

Moví la cabeza para quitarme esos pensamientos y aparqué frente la escuela en donde sería mi entrevista, llegaba diez minutos tarde.

Agarré mi maletín…. Un momento, ¿y mi maletín?

Bufando bajé del auto mientras pensaba en donde lo había dejado, desde que llegué aquí no lo había sacado, así que debía estar... ¡En la cajuela!

Lo agarré y rápidamente corrí hacia la oficina de la directora. La secretaria estaba hablando por teléfono y cuando me vio enarcó su -mal depilada- ceja, mirándome inquisitoriamente.

—Sí Ty, te llamo luego —dijo y colgó el teléfono—. ¿Quién eres? —preguntó evaluándome con la mirada.

—Soy Isabella Swan y vengo por el puesto de maestra, tengo una entrevista con la directora —le dije sonriendo con autosuficiencia.

—No creo que estés calificada para ese puesto —dijo con una mueca de desprecio-

—Oh, sí que lo estoy, tu jefa me está esperando, así que dile que estoy aquí —le exigí.

—Yo no tengo...

—Claire, ¿llegó ya la señorita Swan? —preguntaron por el intercomunicador.

—No Victoria...

—Aquí estoy señora Lefevre, perdón por el retraso —dije mientras me encaminaba a su oficina—. Gracias, querida —le dije a Claire.

Sentada en una inmensa silla de cuero estaba una mujer de cabellos rojizos, piel blanca, labios regordetes, unos hermosos y enormes ojos verdes y un par de hoyuelos.

—Pasa Isabella, toma asiento —pidió amablemente.

La mujer inspiraba respeto, pero tambien ternura, no era como me la había imaginado, pedante, prepotente y orgullosa.

—Sólo Bella, señora Victoria, llámeme Bella —le pedí mientras tomaba asiento.

—Claro Bella, entonces puedes llamarme Victoria o Vicky, bueno, empecemos con tú entrevista, ¿lista? —asentí emocionada mientras Victoria planeaba un sinfín de preguntas a las cuales respondí entusiasta—. Con eso hemos concluido, ¿trajiste tú currículum? —preguntó.

—Sí, aquí está —le entregué mi portafolio con las referencias de mis maestros, de Charlie y mi no tan extenso currículum.

Victoria ojeaba cada cosa con curiosidad y al llegar a mi hoja de vida abrió los ojos como platos.

—¿Eres hija de Charlie Swan? —preguntó visiblemente asombrada.

—Eh, sí... ¿Hay algún problema con eso? —rogaba que Victoria no fuera una de las tantas mujeres que se involucraron con Charlie cuando era joven.

—Sí, por supuesto que sí, Bella, estás contratada —dijo dejando a un lado los demás papales.

—Uh... Muy bien, gracias —le dije mientras los guardaba en el portafolio y los metía bajo mi brazo.

—Te espero mañana a las seis y cuarto para mostrarle las instalaciones, pasa donde Claire para que te tome las medidas para tu uniforme.

Edward.

Varios días después

Miraba a mis hijos dormir tranquilamente, abrazados el uno al otro y sobre sus cabezas estaba Goober. El dinero ya no me alcanzaba para otro día en el hotel, la recepcionista me lo dijo, mañana debía desalojar.

¿A donde los iba a llevar? Nadie quiere darme trabajo por no tener un título universitario y los que había aceptado me daban un sueldo mísero.

Mi billetera tenía veinte dólares y la habitación costaba cuarenta y cinco el día.

Me levanté de la cama y me coloqué una vieja chamarra, la única lo suficientemente abrigadora para este frío.

Besé el tope de la cabeza de mis pequeños y bajé sin hacer ruido.

Sali rápidamente y me monté en mi auto, conduje sin rumbo hasta que se me ocurrió una idea.

Fui hasta la terminal y aparqué cerca de los buses que acababan de llegar, camine rápidamente hasta donde estaba la chica que vendía los boletos.

—Buenas noches señorita —saludé—. Disculpe, vi que no tenían nadie que cargara las maletas de los viajeros y me preguntaba si yo podía hacerlo —le propuse dudoso.

—Buenas noches joven, pues que yo sepa no están buscando a nadie, pero mañana en la mañana suele estar el jefe y podría acercarse a él.

—Es que me urge el dinero —me quejé.

—Puedes probar ahora y quedarte con las propinas —dijo mirándome con sus pequeños ojos negros

—¿De verdad? —pregunté y la chica asintió—, muchas gracias —le dije con una sonrisa. Me giré para ir hasta los autobuses pero me volví rápidamente para preguntarle otra cosa—. ¿Y cómo se llama?

—Me llamo Ángela, ¿y tú? —preguntó.

—Eh... Yo me refería al nombre del jefe —expliqué riendo al ver un sonrojo inundar todo su rostro—. Pero me llamo Edward Cullen —dije ofreciéndole mi mano, la cual estrechó rápidamente.

—Lo siento, creí que me lo preguntabas a mí, pero el jefe se llama Laurent Trezer.

Intercambiamos unas cuantas frases más y fui hasta mi nuevo empleo temporal.

Decir que me sentía cansado era poco, cargué maletas inmensas, bolsos con perros fastidiosos y bolsas con compras.

Me metí a mi auto, sintiéndome desfallecer; me dolían los pies y sólo quería echarme a dormir.

Y no era para menos, el reloj marcaba las dos de la mañana. Aparqué frente al hotel y entré corriendo para ver que mis hijos estuvieran bien.

Respiré tranquilamente al verlos dormir como dos angelitos, metí las manos en mis bolsillos y saqué todas las propinas que gané.

Las personas fueron muy generosas con las propinas… Especialmente las mujeres, me estremezco al recordar como esa mujer con inmensas uñas había rasguñado mi pecho para luego guiñarme un ojo.

Conté los centavos y billetes, los reuní con los veinte dólares que tenía y sonreí por haberlo conseguido. Tenía cincuenta y dos dólares con treinta y tres centavos.

Al menos tenía asegurada otra noche en un sitio seguro para mis hijos. Debía conseguir un empleo para las mañanas y otro para las noches, sólo así lograría tener suficiente dinero para mantenernos a los tres.


¡Hola chicas!, gracias a Zaida - mi beta y amiga- el capi llego antes así que todo el crédito a ella xD

Gracias por leer.