Abstinencia
Una cadena de cosas me ha hecho entender que las personas somos como los objetos. Cuando nos rompen no podemos operar bien, nuestras principales funciones se alteran, y al igual que un plato roto, nos transformamos en cuerpos inservibles. Es exactamente así como me siento, como los pedazos de un vinil que fue desmenuzado por el tiempo, y no sé exactamente como se pueda funcionar de esa manera.
2-D encontró su vieja nota sobre el escritorio. Recordó el día que la escribió, la razón por la que lo hizo, y una vez la sostuvo también recordó que Murdoc confesó haberla leído la noche del accidente.
Había sido por indicación de su psiquiatra a los 17 años después de su colapso emocional. Él le había aconsejado escribir una especie de diario, transcribiendo sus pensamientos y emociones que no se sintiera capaz de decir en voz alta. Stuart lo acepto, sin embargo, la libreta contenía esa sola entrada antes de una prescripción de dopaminas. Una mejor solución, se le ocurrió con una mueca satírica.
Se sentía inquieto, por el cuerpo le corría una sensación hormiguera, todos sus nervios susceptibles, y mariposas en la entrepierna. No pensó mucho antes de tomar un bolígrafo, y tras dos años sin si quiera planteárselo, escribir una segunda entrada.
Me siento atraído por un pecado, seducido por el vicio. Hoy por fin he entendido la naturaleza del humano, hoy he descubierto por qué la evolución de las personas ha dependido en la rebeldía. Revolución es evolución, eso dice él, y creo que hoy por fin me ha dado las pruebas para entender su punto. Como la primera vez que probé la nicotina, hoy siento que mi cuerpo ha degustado algo nuevo y peligroso, algo que se quedará impregnado a mi sistema hasta que me muera, y algo que, aunque hace daño, hace bien. Como las medicinas que nos curan e intoxican. Así sabe él.
Guardo la libreta, no pensó si Murdoc podría encontrarla y leerla, no le importo.
Se abrazó toda la noche de su almohada repitiendo en su mente como se habían besado, una y otra vez. Intentaba lidiar con un nuevo efecto en su cuerpo; euforia revuelta con elevación nerviosa. Se parece al enganche.
Murdoc llegó temprano el día siguiente, su prometida sonrió al verlo, y a él le recordó a 2-D.
Nunca se había detenido a pensar que en realidad se parecían; el cuello largo que besó, las manos cadavéricas que acarició, o su piel muy pálida que le excitó. Son hermanos después de todo.
Acarició la nariz de Hannah dándose cuenta que también era idéntica a la de él.
2-D apareció a desayunar y todo se le tensó cuando encontró a Murdoc con su hermana. Él respondió de la misma manera cuando vio a 2-D ajustándose su collar.
Desayunaron los tres, Hannah hablaba, Murdoc miraba, y 2-D correspondía. La tensión se mezclaba con el calor de la mañana y el vapor del té.
Hannah sin embargo lo ignoraba, continuó su monologo sobre la simetría y el minimalismo sin exigir reacciones considerables en su novio. Murdoc no podía prestar atención a temas como la simetría y el minimalismo cuando a poca distancia 2-D medía con diligencia como morder su pan tostado.
2-D no evitaba verlo, pero no podía sostener su contacto visual, sentía fervor en la piel a penas Murdoc le apresaba la miraba, y rodaba los ojos ciegamente a Hannah aprovechando su discurso.
A veces tanteaba el collar consciente de que se convertía en un hábito nervioso, pero inconsciente de lo mucho que lo disfrutaba.
La tensión no duró mucho, terminó con un pan mordisqueado y un beso desprevenido de Hannah a Murdoc. 2-D se levantó después de eso.
Se encerró en su habitación esperando ansiosamente que Murdoc apareciera por el hueco de la puerta, quería hablar, aun cuando le costará. Él tardó un par de horas, pero a penas lo hizo fragancia bochornosa aromatizo el aire; coctel de fluido natural, transpiración y perfume corporal, 2-D supo entonces que acaba de tener sexo.
—Hola 2-D— musito él con aliento de alientos
2-D se llevó las manos al rostro, como intentando escaparse de la escena.
—¿Qué te pasa? — gruñó Murdoc, 2-D negó con el rostro.
—Nada.
Murdoc se sentó a su lado —Hablo en serio.
—No es nada, Murdoc— aseguró.
Murdoc suspiró indignado, pero conforme. Entonces acarició inadecuadamente el collar en el cuello de 2-D, él se viro para que no se diera cuenta que se sacudía tras cada contacto.
—¿Te duele?
—Sólo cuando lo tocas.
Murdoc respondió con un murmullo de entendimiento y cuando 2-D se quedó en silencio de nuevo jugueteo un poco con la caricia hasta pasar los dedos del cuello al hombro superior, un abrazo accidental.
2-D no se recargó en Murdoc como su instinto quería hacer, volvió la cabeza hacia él sólo para evitarlo, y se lo encontró con media sonrisa y una mirada de capricho.
—Hueles a sexo— dijo 2-D pretendiendo monotonía.
Murdoc lo aprisionó un poco más con el brazo.
—¿A qué huele el sexo?
2-D sintió que se abochorno y entonces negó de nuevo con la cabeza.
—Olvídalo, Murdoc.
Murdoc rozó un poco la oreja de 2-D intentando acércalo más a él. 2-D lo rechazó.
—Sé lo que estás pensando— aclaró —Sobre lo de ayer…
—Por favor no me digas nada— lo detuvo 2-D con una sensación de opresión. —No quiero escucharte decirlo.
Murdoc exhaló, se mordió los labios, hastiado —Lo sabía, estás imaginándote cosas.
2-D hundió la barbilla sintiéndose estúpido. Se le había formado un nudo en la garganta, si perdía el control por un segundo rompería a llorar.
Tenía claro que Murdoc le gustaba muchísimo, y tenía claro que era capaz de romper sus propios principios por él. Pero no tenía claro si Murdoc rompería los suyos devuelta, si sacrificaría una pieza importante de lo que era sólo por él. 2-D era consciente de los efectos que Murdoc le causaba, pero no era consciente de los efectos que causaba en Murdoc. Y no estaba preparado para que lo desilusionará todavía.
—Apestas— murmulló.
—De acuerdo ¿Quieres saber algo? Si, tuve sexo con Hannah, pero ¿Eso qué? — escupió con desdén. 2-D intento quitarse su brazo de encima, pero Murdoc se lo impidió. Forcejeó un poco antes de que Murdoc lo atracara para tumbarlo sobre la cama.
—Eres un maldito ¿Sabías? — gruñó Murdoc aprisionándolo debajo de su cuerpo, 2-D sintió que se licuaría. —Nunca entiendes nada, eres un maldito estúpido.
Quiso responder algo, pero no encontraba palabras y de su garganta no salía ninguna. Sentía su pecho como una bomba que palpaba hasta sus venas, giró la cabeza para no mantener contacto visual, pero Murdoc le estrujó las mejillas para imposibilitárselo.
Entonces lo volvió a besar.
2-D sintió que se derretía ante el contacto, su lengua apresando su cavidad bucal cediéndolo hasta hacerlo pensar que estaba flotando.
Murdoc lo tomó con fuerza desmedida de los hombros acercándolo más a él. 2-D peleó contra sí mismo para tomar realidad y alejarlo, y apenas encontró un momento de sensatez le paso sus manos tímidamente desde el cuello hasta el cabello para tirar de él. Murdoc soltó una grosería.
—¿Te gusta jalarme del cabello?
—¡Acabas de tener sexo con mi hermana, y entonces vienes y…
—Sigues sin entender.
2-D lo soltó, y entonces se resignó. Cerró los ojos y se preparó para escuchar lo que fuera que Murdoc estuviera por decir.
—Tuve sexo con Hannah, y no me causo ni un poco… de la manera que tú lo haces.
2-D abrió los ojos de nuevo.
—¿Qué?
—¡Mierda, 2-D! ¿Acaso eres así de estúpido?
2-D frunció el entrecejo, Murdoc entendió que era un sí.
—Quiero estar contigo— musitó con voz burlona.
—Entonces ¿Te gusto?
Murdoc rodó los ojos con una mueca irónica —No, para nada.
2-D entendió que era un sí, y no pudo evitar sonreír.
—A mí también— dijo sonando más ilusionado de lo que quería, sin embargo peleó para tomar realidad, y apenas encontró un momento de sensatez, añadió algo más —Pero en dos semanas te casas con mi hermana mayor.
Ahora fue Murdoc quien rompió la conexión visual, ladeo la cabeza como quien no quiere enfrentar la situación y se quedó en silencio por un momento.
2-D empezó a pensar que decir, pero entonces Murdoc recupero la voz.
—Es increíble que esto esté pasando contigo
—¿Por qué? — jamás había querido escuchar la respuesta de alguien como lo quería en ese momento. Y es que no es que no entendiera lo que había de inconcebible en ellos, pero ansiaba conocer lo que Murdoc estaba pensando, lo que detrás de su lenguaje desesperado tenía para explicarle.
—Porque no te lo mereces…
2-D quedo perplejo.
—Quiero decir que, eres sólo un niño Stu, y no te mereces engancharte con un hombre mayor que es el prometido de tu hermana. No te voy a obligar a hacerlo, es todo lo que puedo hacer por ti.
Tragó saliva.
—¿Amas a Hannah, Murdoc?
—Ella va a ser mi esposa, 2-D.
2-D quiso entender si era un sí o un no. Pero se conformó con la duda.
—No soy la persona indicada— su voz sonó como un sollozo —Y evidentemente este no es el momento correcto, pero estoy enganchando contigo, no es como si tuviera otra opción.
Murdoc se preparó para responder, pero 2-D le paso los dedos por los labios.
—Sólo hay algo que sí puedes hacer por mí.
—¿Qué?
—Se termina cuando tú te cases con ella.
Murdoc hizo una mueca irónica.
—Y entonces nos olvidamos de todo. Cuñados y amantes no van.
La palabra amantes le agujero el pecho.
Murdoc se había referido a él como su amante, y no sabía concretamente qué clase de sentimiento lo hacía tener. Los efectos eran diversos y adversos. Una escala de emoción y turbación en la idea de que, aunque él no fuera más que un niño desagriado de casa, Murdoc, el hombre mayor comprometido con su hermana, lo viera como su amante. Que aun a pesar de parecer venir de diferentes universos y épocas, de ser diversos y adversos, Murdoc logrará sintonizar sus sentimientos con el mismo desliz pasional que él le ocasionaba. Por otro lado, náuseas y jugos gástricos le comprimían el pecho a penas lo pensaba; por Hannah, por Murdoc y por él. Porque todo era temporal y a diferencia de quienes se prometen eternidad frente un juzgado ellos lo sabían. Los amantes del universo lo saben, y ellos como amantes también tenían que tenerlo claro.
Ninguno de los dos había caído en cuenta cuánto podían significar dos semanas, y más específicamente cuando se tiene contada cada hora, cada minuto, y cada segundo. Como un detonador midiendo su límite de tiempo antes de colisionar.
Murdoc llegaba más temprano, y salía más tarde. 2-D pasaba más tiempo en su habitación que en ningún otro sitio de la casa. A ambos les gustaba las 5 de la tarde cuando se quedaban solos y también las 8 de la noche cuando se iban sin nadie.
Había una parte sensitiva, Murdoc era un hombre amplio; lleno de verbos peligrosos, cuentos ambiguos, pensamientos insólitos. Palabra tras palabra 2-D caía más en cuenta de lo interesante que era, la cantidad de sabiduría que llevaba, y aunque en gran parte del tiempo él inventará sus historias y 2-D lo supiera, se enganchaba. Como si Murdoc le recitará poemas rudimentarios y vulgares, pero poemas, y estos poemas le enseñaran a vivir. 2-D jamás replicaba, y era en realidad porque no se sentía apto para decir algo la mayoría del tiempo. A Murdoc no le molestaba que él sólo lo mirará con expresión de tonta admiración sin decir absolutamente nada. Se sentían placidos simplemente así, después de todo a Murdoc le gustaba hablarle y a 2-D escucharlo. Era un respiro emocional cuando 2-D se recargaba sobre el hombro de Murdoc con algún vinil y su voz sonando en conjunto, como un acompañamiento deambulando en la melodía.
Había una parte carnal, pero jamás paso a las relaciones sexuales. A pesar del deseo y la concupiscencia, 2-D tenía claro que Murdoc no era de él, Murdoc continuaba siendo el consorte de Hannah, el personaje de su historia, y eso que pasaba entre ellos era sólo un desliz, un intervalode la realidad.
Se estableció la limitación sexual con disconformidad, pero descompuesta aceptación. Murdoc se llevó la mano a la cara indignado, sin embargo 2-D sentía que así su traición a Hannah sería un poco menos traición. A pesar de eso, Murdoc rozaba lo más de cerca sus límites como quien se salva por un pelo de infringir la ley y nadie puede condenarlo. 2-D lo aceptaba, principalmente porque era lo justo y secundariamente porque le fascinaba.
A Murdoc le gustaban los tonos sonrosados de su piel, y a 2-D le gustaba su lengua larguirucha y viperina. Ambos contrastaban sus matices. Era un suplicio sexual cuando 2-D le pedía control, y se pedía control.
Por otra parte, sobra el tiempo en 336 horas para hacer un diagnóstico. Y Murdoc era bueno en el ámbito.
El martes 17 de octubre fue un día de calor, y Murdoc descubrió que 2-D temblaba, y él no era precisamente la causa.
El jueves 19, notó el matiz de moretones en la piel muy pálida de 2-D
El viernes 20, Murdoc encontró cabello azul en su chaqueta.
El domingo 24, 2-D lo llamó durante la madrugada con trastorno de sueño.
Durante el lunes 25 lo descubrió mordisqueando sus uñas rosadas con especial ansiedad.
El jueves 28, Murdoc decidió compensarlo con una escapada nocturna que terminó con 2-D vomitando exceso de alcohol. Y durante la mañana siguiente; viernes, 29. Murdoc concluyó su diagnóstico en la tercera entrada del diario.
"Un intervalo, una enseñanza, eso es lo que es él. Algo que es temporal pero que se va quedar para siempre en mí, recordándome cuanto pueden significar 2 semanas (O dos meses y medio) recordándome que ellos dicen que estoy mejor y que desearía estar mejor, recordándome como es vivir, y como es arriesgarse, y recordándome como nada de eso va importar para el mundo."
Murdoc tomó un bolígrafo azul y traicionó la intimidad del dueño del cuadernillo escribiendo en letras grandes una incógnita que, aunque sus sospechas le llenaban, necesitaba concretar.
"¿Qué significa esto?"
A la pregunta lo acompañaba una hoja arrugada con la caligrafía de Murdoc.
"2-D síntomas:
Deficiencia de vitaminas
Paranoia - ansiedad
Temblores
Problemas hepáticos
Abstinencia"
En la noche, el dueño del diario encontró la caligrafía de otro sobre sus propias páginas, y un pánico aberrante le estrujó el estómago, su labio tembló tras leer cada uno de los síntomas enlistados entre basto cinismo característico de su autor, y supo inmediatamente que cada una de esas palabras iban a tener que verbalizarse entre ellos.
Al día siguiente Hannah salió junto con sus padres para terminar los previstos de la boda. 2-D se quedó en casa a terminar los suyos, y Murdoc apareció con los propios en mente.
Sentado con un cigarrillo colgándole de la comisura de los labios, entre humo entrelazado fantasmagóricamente, una pierna sobre otra, y un gesto sobrio, 2-D se giró para seguirle el paso a la figura próxima de Murdoc. La expresión casi pornográfica de la figura de 2-D a Murdoc le recordó la propaganda cigarrera de los 60s.
—¿Y bien? — el olor de la nicotina le encaprichó la garganta.
2-D sostuvo la lista de síntomas desde su bolsillo.
—No sé si puedo hablarlo— susurró entre una calada y una bocanada de humo. Murdoc vaciló con la cabeza.
—Mira Stuart, esto es importante para mí, necesito que me lo cuentes.
2-D lo eludió negando con la mirada, la punta de su pie comenzaba a bambolearse. Murdoc supo que estaba nervioso.
—No soy estúpido— agregó con tono gélido —Sé que tuviste una sobredosis.
La palabra sobredosis apesadumbró la escena como si fuera la más fuerte grosería. 2-D cerró los ojos, como quien no quiere enfrentar la realidad, deseando desvanecerse como el humo del tabaco, pero no fue así. Y Murdoc se quedó, esperando su confrontación.
—¿Por qué tuviste una sobredosis, y por qué te dejo tantas secuelas?
La mirada de 2-D seguía oscilando, rehuyendo el demando de Murdoc.
—¿Qué significa que los demás piensen que estás mejor y tú sólo desees estar mejor?
La presión puesta por Murdoc le apretujó el pecho, sus hombros se tensaron, y sus ojos se pusieron borrosos de lágrimas.
2-D tuvo la sensación cálida de Murdoc en su rostro, sus dedos le acariciaban la mejilla con una composición entre mimo y estruje.
—¿Qué fue lo que hiciste cariño?— susurró, sus palabras sonaron forzosamente dulcificadas. 2-D restregó su rostro en la mano de él —Dímelo, 2-D.
—Fue…—su voz sonó ronca, quebradiza —…una recaída.
Murdoc lo analizó con recelo.
—¿Intentaste suicidarte?
2-D tragó saliva hundiendo todavía más el rostro para evitar mirarlo.
—Fue una recaída— dijo de nuevo.
—¿Por qué intentaste suicidarse?— su tono adquiría severidad y a su vez cierta incógnita.
Se sintió como en el terapeuta de nuevo.
—No fue como suena Murdoc…
—Continua.
—¿Sabes lo que es ser débil en un mundo que es muy fuerte? No concuerda Murdoc, no pertenece, no es funcional. Yo jamás entendí la sociedad… siempre fue mezquina conmigo, llena de malos tratos, de personas diligentes; no tuve amigos de verdad, todos quienes quise iban y venían, y lo único verdaderamente constante en mi vida fueron los analgésicos. Intenté aliviarme, pero el tiempo sólo me volvió solitario y triste. No sentía tener un propósito en el mundo, no era especial ni tampoco propio, era en realidad tonto, cobarde. Me deprimía constantemente. Y entonces… conocí a Paula Cracker, una compañera de curso de Hannah, y hermosa, ella…— el brillo en los ojos negros de 2-D se reflejaron en la nubla de la mañana —Ella me presentó la segunda única cosa constante en mi vida, la música. Fue la primera persona que vio algo más en mí que un niño tonto en…— su voz se paraba constantemente, como si pensará que decir, y a su vez quisiera no pensar lo que está diciendo —…ella encontró talento, encontró a alguien más allá de lo que yo podía ver. Me prometió que íbamos a cambiar el mundo mediante la música, que podríamos traer brío al universo. Ella fue mi primer amor, la primera persona que me hizo pensar que podía ser alguien, la primera que me hizo querer descubrir quién era ese alguien.
El cigarrillo entonces se desvaneció por completo, Murdoc se lo sacó a 2-D de los labios con cierta demanda y levantó un poco la cabeza para pedirle que continuará su relato. 2-D rodó la mirada, sintió los labios secos, aire descompuesto saliendo y entrando de sus pulmones, presión escurriéndole las entrañas. Un efecto que podría ser asmático si él fuera asmático.
—…Pero entonces todo se desbordó— se estaba quebrando, sollozos lo acompañaban ya para este momento —…ella se volvió poco a poco fría, indiferente. Yo intenté todo lo que tuve a mi alcance por no perderla, pero no fue suficiente, ella me dejó; dijo que la estaba dañando, que mis trastornos de identidad y co-dependencia la estaba afectado, que intentaba ayudarme, pero no... no era suficiente. Yo no podía hacerla feliz— apretujó los parpados contra sus ojos para exprimir las lágrimas acumuladas —…poco después Hannah la descubrió con otro hombre— sonó más agudo de lo que le hubiera gustado.
Murdoc escuchaba con atención. Parecía no haberse movido durante todo el relato, su cuerpo estaba tieso, su rostro se minimizaba a sus labios en línea recta y a sus ojos ininteligibles entre el cabello, sus manos firmes sobre el rostro húmedo de su amante.
—¿Qué hizo Hannah?— preguntó
—La abofeteo.
A Murdoc se le escapó una media sonrisa.
—Pero… a mí sólo me ayudo a... Las palabras de Paula me taladraban la cabeza, ella fue lo único que yo quería, y la perdí por mis propias deficiencias, por mi debilidad. Entonces de nuevo me deprimí, está vez con un más grande pesar encima, ella. El dolor no era sólo emocional, físicamente sentía mi cuerpo debilitarse, el estómago apretujado, una punzada en el pecho y mis constantes dolencias, pensar en que no fui suficiente,darme cuenta que en realidad jamás había sido especial, caer en la realidad de que… no tenía idea de quien era y esta vez no quería tenerla porque no quería ser yo mismo me hicieron ayudaron a… recaer— aunque entre pausas y sollozos, terminó tan rápido como su cuerpo se lo permitió, casi sentía como si no hubiera respirado durante toda la charla y necesitará una fuerte bocanada de aire directo a los pulmones.
—Y… entonces…— Murdoc rodó los ojos con una sonrisa forzosa y una posición tensa —¿Atentaste contra tu vida?
—Tomé analgésicos, pero el dolor era más fuerte que lo que siempre es, así que subí la dosis. Quizá demasiado.
Murdoc se quedó en silencio por un rato.
—¿Amas a Paula, 2-D?
—La amé— Por primera vez en el día, 2-D habló con basta seguridad, no se inmutó, y su voz no tambaleó, tampoco lo pensó.
Murdoc lo observó entrañado, y extrañamente fueron sus ojos está vez los que temblaron. 2-D notó que él nuevamente le mostraba una cara inusual, un desliz de debilidad, una crisis emocional.
—¿Y… qué sientes por ella ahora mismo?
—La apreció por lo que fue en mi vida, y porque jamás podré dejar de hacerlo. Pero la deje atrás, tuve que dejarla atrás— 2-D soltó una mueca irónica —Jamás deja de doler, uno sólo aprende a vivir con el dolor.
Por un segundo los papeles se invirtieron, y era Murdoc está vez el que veía a 2-D boquiabierto y con una expresión tonta. Pero fue sólo un segundo, al siguiente ambos se limitaron a un suspiro, y al siguiente el rostro de Murdoc ya se había vuelto severo y anónimo.
—Esa Paula suena como toda una zorra.
2-D no replicó nada. Murdoc lo miró decepcionado.
—¿Por qué era tan importante para ti saberlo? — quiso saber 2-D
—Porque tus síntomas me hicieron darme cuenta.
2-D vaciló con la cabeza, Murdoc entendió que necesitaba dar otra respuesta pero lo ignoró momentáneamente.
—¿Cómo se sintió, Stu?
—¿Qué?
—La sobredosis.
Entonces 2-D lo miró, y se encontró con algo parecido a un fantasma, gélido y terrorífico. A 2-D le recordó que en realidad conocía poco a su amante y que detrás de su rudimentaria él estaba lleno de secretos.
Quiso evadirlo, pero la mano de Murdoc lo apretó con una composición de necesidad y exigencia.
—Uno siente como va perdiendo poco a poco la razón, sientas las pastillas disolviéndose, algo parecido a los cables desatadonse— respondió 2-D con voz robotica.
La expresión de Murdoc se distendió, como si su rostro no tuviera un solo pliegue, 2-D tuvo una sensación de momentáneo alivio, y momentáneo miedo.
—¿Quieres ir por un truco en Halloween?
2-D arrugó la frente
—Halloween es mañana, y mañana te casas.
—Iremos hoy en la noche.
2-D respondió con una expresión recelosa.
—Y te prometo que tendrás una mejor respuesta.
