Capítulo: 4

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— Dime, Mogami-san... ¿Qué pensamientos impuros surgen cuando estoy cerca tuyo?

Se aproximó hacia el sofá, inclinando levemente su cabeza hacia ella. La tenía frente a él, con sus ojos bien abiertos, y con su linda boquita formando una gran "O". Su mirada se detuvo con avidez en esos tentadores labios. Quería probarlos, ansiaba saborear cada rincón de su boca, tenerla pegado a él, y entonces...

Súbitamente esa anhelada boca se cerró, y salió de su vista en un parpadeo. A sus ojos la volvió a tener en la misma posición anterior: dándole la espalda, mientras se hacía un ovillo tembloroso y escondía su rostro entre el almohadón.

En una reacción tardía, tragó saliva, y se pasó la mano por el cabello, desviando después su mirada de ella. ¿Pensamientos impuros? ¿Estaba hablando de lo que la escuchó decir o de lo que en realidad surgía en su mente mientras estaba ella cerca?

Exhaló un suspiro.

— Mogami-san...

Tal vez no fue el momento correcto de dejar a su otra versión y ascender para quedar cara a cara. Pero no podía contenerse, y aspiraba mirarla y escucharla decir con exactitud cada uno de esos pensamientos. Claramente, aquello era una invención que ni en su mente podía imaginar.

— No lo entiendo... —le oyó murmurar— No...No lo entiendo Tsuruga-san... ¿A qué quiere llegar con esto?... —enderezó la espalda, pero no se atrevió aun a mirarlo— No...No quiero que me confunda...usted...usted... No haga esa cara... ¿Se está burlando de mí?—volteó y lo miró con gesto compungido— Yo...ya no quiero estar aquí...—ella desvió sus ojos, que la miraban con asombro, y bajó sus pies al suelo, dispuesta a hacer lo que sea para salir.

— Creí que todo estaba yendo bien... ¿Por qué crees que me burlaría? —la siguió con cierto disgusto, hasta que la vio detenerse en la puerta— Por favor, Mogami-san. ¿Por qué persistes en escapar? ¿Por qué te abstienes a creerme? No puedo...No quiero dejarte salir.

— Ya no me obligue a esto —repuso sin mirarlo—. Por favor, solo déjeme... Déjeme salir.

Cogió el picaporte, pero una mano tomó la suya.

— ¿Por qué? —Ren apretó su mano a la de ella— ¿Qué más tengo que hacer para que no te vayas? Dime una razón.

La sintió ponerse tensa. Su silencio duró un largo rato, hasta oírla por fin musitar algo.

— La chica de preparatoria —giró el picaporte—. Ya...Ya sé que tiene a...a alguien...a alguien que... Si es lastima lo que siente por mí, solo déjeme en paz, por favor.

Abrió forzosamente la puerta, pero ésta se cerró con brusquedad apenas logró tener unos centímetros de espacio para salir.

— ¿Lastima? —dijo él con ironía—. ¿Y por qué de repente es que hablas de otra chica? Entonces de verdad, ¿eras Bo? —rió entre dientes— Mogami-san, ya me cansé de esto.

Soltó lentamente su mano. Kyoko sintió que un agudo dolor en el pecho la amenazaba, tembló, las lágrimas estaban cerca de desbordarse de sus ojos.

Giró nuevamente el picaporte, pero la puerta no se movió.

— ¿Quien dijo que podrías salir?

Kyoko ahogó un grito de sorpresa, al sentir que él la tomaba del brazo y la giraba hacia sí.

— Aun no hemos terminado —dijo él apoyando la palma de su mano en la puerta— Kyoko...

La vio dar un respingo al pronunciar su nombre. Escudriñó su rostro, inclinado hacia abajo, evitando obstinadamente su mirada; mordiéndose el labio inferior, rojizo y tentativo. De imprevisto percató una lágrima deslizarse en su sonrosada mejilla.

La respiración se le suspendió, sus movimientos y las palabras en su boca murieron, quedando paralizado, al ver su llanto.

— Kyoko... —musitó incapaz de decir o hacer algo más.

— Por favor...—su quebrada voz hizo a su corazón latir con más fuerza— Ya no... No me haga esto... Es imposible... No me confunda más...

Ren retiró su mano de la pared, y con lentitud, asió su rostro entre ambas. Sintió como se tensaba ante su tacto, pero se negó a soltarla. Con delicadeza, alzó su rostro y trató de buscar su mirada.

— No quiero volver a cometer el mismo error tantas veces —dijo él tomando con su pulgar una lágrima—. No me quedaré sin hacer nada, después de todo lo que te he oído querer decirme... Yo nunca podría odiarte, Kyoko... No podré retenerlo sin más.

Desconcertada con sus palabras, Kyoko alzó su mirada. Sus ojos se abrieron como platos, al ver que él acercaba su cara a la de ella. Contuvo la respiración, y se petrificó, al sentir sus labios tomar una de sus lágrimas. Su corazón casi se le salió de su pecho, y toda su tez se tornó enteramente carmesí.

— ¿Q-Q-Q-Qué ha-ha-haces...? —tartamudeó temblorosa, con sus aceleradas palpitaciones haciendo eco en sus oídos.

Vio que él de nuevo se inclinaba, y su miraba apuntaba directo a sus labios. Sus ojos se ampliaron, e inmediatamente sus brazos se extendieron, alcanzando a empuñar su camisa entre sus manos. Él se detuvo, pero entonces continuó acercándose a sus labios. Kyoko sintió la tibia caricia de su aliento rozar suavemente su boca. Cerró sus ojos fuertemente, y la presión de sus labios contra los de ella, hizo que su corazón enloquezca desesperado. Sus manos se apretaron todo lo que podía a su camisa, olvidando que debía respirar.

En cuanto sintió que se alejaba de su boca, soltó de golpe el aire retenido en sus pulmones, sus rodillas temblaron, pero antes de permitirse derretir como hielo con el calor del verano, sintió que de pronto él la tomó en sus brazos.

Kyoko entreabrió los ojos, lentamente, avergonzada, y extremadamente roja. Su rostro estaba tan cerca a la de él, y podía sentir el calor de su cuerpo. La piel de ella, en cambio quemaba, y quemaba aún más en dónde sus manos permanecían para sostenerla en vilo.

— Después de que te besé, te siento muy caliente, Mogami-san —le oyó decir, encontrándose a la vez con su mirada y con una sonrisa que caracterizaba al Emperador de la Noche.

Con la boca trémula, y con los ojos abiertos de par en par, Kyoko alargó una mano, cubriéndola con ella los ojos.

— No... ¡No lo diga de esa manera! —gimió ladeando la cabeza hacia un costado.

— No veo nada...

Kyoko alejó su mano, y la puso sobre su hombro, sosteniéndose de él. Ren la miró estar con la cabeza inclinada para evadir su mirada, y sonrió, saciado de que ella ya no se rehúse a su cercanía.

La llevó hasta el sofá, bajándola hasta dejarla sentada. Se colocó frente a ella, y se arrodilló, extendiendo un brazo, y tomando en su mano su ruborizada mejilla. Verla con la mirada de una liebre asustadiza, le hizo sacar una pequeña risa.

— Te amo —le dijo tan de repente que Kyoko se sintió sobrecogida, con un corazón a punto de estallar, al tenerlo con la mirada de un hombre enamorado.

La palma de su mano aun acunaba su mejilla, y su pulgar la acariciaba con lentitud; inconscientemente, la joven, en un acto de retraimiento, bajó la cabeza y besó por accidente su palma. El acaloramiento llegó a tope, y ésta alzó el rostro, abriendo y cerrando la boca, tartamudeando entonces sílabas que jamás se convirtieron en palabras. Al mirarlo y hallarlo con una sonrisa, que expresaba un abierto deleite, ésta se dio por vencida, y buscando algún escape, percató los ahora dos brazos acorralándola a sus costados. Frustrada, gimió de bochorno, y se cubrió con ambas manos la cara.

Escucharlo reír entre dientes, hizo que sus orejas quemaran aun más.

Su mente estaba hecho un desastre y, con los ojos cerrados, solo podía recordar la sensación de sus labios en los de ella. Un "Te amo", se repetía incansablemente, y creía que perdería el juicio si seguía de esa manera.

Decidió dejar de cubrir sus ojos y, entonces vacilante, descubrió su rostro, y lo encontró esbozando todavía una sonrisa.

Inclinó hacia abajo su cabeza, y tragó en seco.

— Ehm... Tsu-Tsu...Yo...Ehm...La...La chi-chica...de pre-preparatoria... —balbuceó rojísima, mientras se entretenía con las manos en su regazo; muestra de su nerviosismo.

Ren exhaló un suspiro, y meneó la cabeza.

— Yashiro-san me ha contado algo sobre la audición, y después de lo que te escuche decir, deduzco lo erróneo de tus cavilaciones. No sé como habrás pensado que fuera esa tal Morizumi, ¿no te has dado cuenta de que siempre fuiste tú? —reclamó tomando una de sus inquietas manos.

Las manos de Kyoko se paralizaron, y todo su cuerpo se halló rígido ante aquel contacto nuevamente inesperado y mortífero para su corazón.

El silencio se prolongó durante segundos y, Ren dudoso de que lo haya comprendido, alcanzó con su otra mano la de ella, teniendo ambas en los de él.

— Siempre fuiste tú, Mogami-san... Te amo.

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Continuará

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N/A: Lamento la tardanza. Y es que creo, no, sé que estoy en las nubes, y el tiempo pasa volando, y ni cuenta me doy de que debo actualizar jeje

Gracias a todos por los hermosos comentarios :D