Disclaimer: Digimon y sus personajes no me pertenecen. La trama de esta historia sí ;). Hago esto sin fines de lucro, sólo por el puro placer de escribir.
Mimi
¡Esto ya era el colmo! Entendía que en los conciertos las chicas suelen perder el control, a ella misma le había pasado en ocasiones, pero propasarse de esa manera… No, es que estas tipas estaban mal de la cabeza. ¿Cómo se atrevían?, y además en su presencia. No tenían respeto por nada.
'Estúpidas brujas re sueltas' pensaba la castaña con indignación.
Todas querían echarle mano encima. Y lo peor de todo es que él no hacía nada, nada, para evitarlo.
'Seguro que le encanta' refunfuñó en su fuero interno con rabia.
Estaba decidida a marcharse del concierto sin decirle nada, cuando entonces la vio. La acción más descarada que ella podía soportar.
Una tipa se acababa de subir al escenario y le había echado los brazos encima, gritando y llorando como loca, jurándole amor eterno y paseando sus manos por todo el cuerpo de él. Y cuando digo todo, es todo. Mimi vio con horrorizada estupefacción como las manos de aquella chica se paseaban por las partes más íntimas del rubio, partes que ni ella misma, Mimi, había tocado. ¿Cómo se atrevía?
Mientras Matt trataba de quitarse a la loca fanática de encima, Mimi salió de tras bambalinas y se plantó justo al lado de la chica.
—Disculpa —dijo, con un tono que trataba de sonar lo más molesto posible. —¡Disculpa! —pero la muchacha la ignoraba olímpicamente. —¡Oye! ¡Ya suéltalo! —y cómo si quisiera provocarla, la tipa se aferró a Matt con más fuerza (si acaso eso era posible) y le agarró con firmeza el trasero.
Los ojos de Mimi se abrieron con tal gesto de indignación, que Matt trató de suavizar la situación.
—Ya viene seguridad… —murmuró, pero Mimi no le escuchó.
La castaña estaba fuera de sí. Con la mano derecha tiró fuertemente del cabello la muchacha, que aulló de dolor, soltándolo al fin.
—¡Quítale las manos de encima! —le gritó en el oído.
La muchacha rugió y se abalanzó sobre Mimi, pero la castaña ya estaba preparada.
No fue un espectáculo muy placentero. El concierto fue cancelado, y fue todo un lío el hacer que la gente desalojara el lugar y tratar al mismo tiempo que Mimi y la fanática de Matt se dejasen de arañar y tirar de los cabellos.
La peor parte se la llevó la fanática, porque después de que le quitaran de encima a Mimi (que parecía una loca desposeída de sí misma dispuesta a matarla), y después de curar los feos arañazos en su rostro y brazos, y darle una camiseta porque su ropa estaba hecha jirones, el mismo Matt le informó que levantaría cargos contra ella por acoso y que no podría volver a asistir a ninguno de sus conciertos nunca más.
Y la muchacha estalló en llanto, y se tiró a los pies del rubio a suplicar. Matt estaba a punto de dar su brazo a torcer. Consideraba la medida un tanto exagerada, después de todo, no era la primera vez que una fanática tocaba sus partes. El problema era que Mimi lo había presenciado todo, y la castaña le había exigido tomar medidas extremas a su representante.
—Lo lamento —fue lo único que atinó a decir el rubio, alejándose de la chica, que ahora era sujetada por dos guardias de seguridad para evitar que se le abalanzase encima nuevamente.
El rubio suspiró y se acercó a la castaña, que estaba sentada en una silla, con una toalla en las manos.
—¿Estás bien? —le preguntó.
—Quiero estrangularla —le dijo, y el rubio puso los ojos en blanco.
—Eso no estuvo bien.
—Claro que no. Debí haberla tirado del escenario.
—Mimi —dijo él con tono de reproche.
—Tú no lo entiendes Yama —y comenzó a usar su tono de voz infantil. —Sentí feo cuando la vi tocarte por todas partes. ¿Qué hubieras hecho tú si un baboso me hiciera algo como eso?
—Lo mataría —respondió el rubio sin pensarlo demasiado.
—¿Ves? —ella le sonrió y se levantó de la silla, echándole los brazos al cuello. —Yo debo ser la única que puede estar así de cerca contigo —le rozó los labios con diversión, mientras él le rodeaba la cintura.
Él le sonrió de medio lado, y ella le abrazó con fuerza.
Detrás de él se escuchaban las súplicas de la fanática mientras los guardias tiraban de ella para sacarla de allí.
Matt soltó un suspiro, ignorando los gritos de su fan.
Mimi en cambio, tenía una vista privilegiada hacia la chica, y la miró con el entrecejo fruncido y le sacó la lengua antes de que desapareciera por una puerta.
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