Esta puede que sea más subjetiva, no sé... ustedes juzgarán.
La primera vez que ella lo comprendió
Palabras: 503
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La empatía no era su fuerte, pero lo intentaba, en serio. Sentía pena por el sufrimiento de los demás, pero sentir por los demás, no era algo de ella. No al menos siendo apenas una chiquilla. Y el cielo sabe cuánto le gustaría ser capaz de ponerse en los zapatos ajenos y, sí, entender qué les pasaba, porque con compadecerse no bastaba.
A ella no le gustaba ser el único "libro abierto", porque todos —incluso Hikari— opinaban que comprender a Miyako era la cosa más sencilla del mundo: bastaba con observarla un momento, las emociones afloraban con una facilidad que a la misma Inoue le generaba malestar, pero tampoco las querría ocultar; tan sólo disimularlas mejor.
Y, en el otro lado de la balanza, estaba Ken. Sí, siempre manifestaba sentirse culpable o poco especial, pero, ¿qué más? Él era más difícil de descifrar. Y a Miyako, nunca le ha gustado quedarse con las dudas, ¡menos con la curiosidad insatisfecha! Quería saber qué pensaba realmente él, pero siempre parecía existir un muro invisible y alto entre los dos. No, era más allá de la curiosidad, era un deseo genuino por conocerle mejor.
Apenas vio las manos de Hikari tomándose a su brazo, fue como si su propio cuerpo supiera qué le tocaba hacer. No imaginó que sólo por darle fuerzas, llegaría a comprender tanto.
El miedo, las dudas, la culpa, la inseguridad. Y algo más, algo que renovó sus propias fuerzas: un valor allí, escondido, detrás de otros cuantos sentimientos de culpa. El escalofrío que recorrió su espalda no fue por el portal oscuro ante sus ojos, no fue por Demon, fue más que eso.
Sintió su miedo. No como si lo hubiese asimilado por mimetismo. Fue tal como si, por espacio de varios segundos que parecieron minutos, ella y él, ellos y él, fueran solo un ser. El miedo de uno en seis. El miedo de seis en uno. Pero estaba también el valor que unos a otros se transmitían, el valor de un corazón que se ha cansado de vivir escudado entre miedos y sentimientos negativos, un corazón valeroso que espera, de forma impaciente, integrarse a los otros, el enorme deseo de hacer las cosas bien, no por él, por los demás, la bondad más profunda que puede alguien profesar.
Ahora, queda seguir. Todos se soltaron y se dedicaron palabras y miradas de aliento, para volver nuevamente a la acción y trazar planes a seguir en el corto plazo, todavía quedaba un largo camino en su misión —casi apostolado— contra la Oscuridad.
Pero, algo había cambiado para siempre en el corazón de Miyako. Algo, muy pequeño, ese algo que despertaba con lentitud.
Fue capaz de comprenderle, de sentir lo mismo que él sintió. Antes de volver a casa, le sonrió y Ken, pese a la fatiga de ponerse al límite momentos atrás, pudo devolverle la sonrisa.
Para ella, alguien que deseaba ser empática y no lo lograba, fue la primera vez que pudo ponerse en el lugar de alguien en su totalidad.
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Gracias por llegar hasta aquí.
Carrie.
