Capítulo 4

Unos fuertes golpes que provenían del pasillo que daba a mi habitación me hicieron incorporarme cuando me desperté y ví a mi perro postrado frente a mi puerta gruñendo antes de soltar unos fuertes ladridos. Me levanté con rapidez, tomé mi armadura ligera y me la puse con prisa. Mi perro no solía actuar así a no ser que hubiese algún peligro cercano. Tomé la espada de mi arcón y tras tranquilizar un poco al animal, abrí la puerta.

Había cinco soldados luchando contra algunos guardias de nuestro castillo; solo que dichos soldados llevaban el escudo de la casa Howe como emblema. Entrecerré los ojos y apreté con fuerza el puño al comprender lo que ocurría.

- ¡Hey chicos, aquí hay una!- dijo un soldado que acababa de clavarle la espada a uno de mis guardias en el estómago. Levantó el arma hacia mí y se acercó con celeridad. Salí a su encuentro decidida a luchar contra él; mientras mi perro atacaba a otros de los soldados.

Acabé clavándole la espada en el costado, y le rebané la cabeza a el que se me acercaba por detrás. Cuando les vencimos, salimos hacia el pasillo central y me topé de frente con mi madre; que al verme me abrazó con fuerza. Ella también llevaba puesta su armadura, y en la mano derecha llevaba su arco.

- ¿Estás bien?.- me preguntó asustada. Yo asentí y le pregunté lo mismo. Cuando me aseguré de que así era, ella miró los cadáveres que había a mi espalda.- Los soldados de Howe nos están atacando...están traicionando a nuestra familia...pero...¿por qué?...-miró alrededor.- ¿Has visto a tu padre?

Se me formó un nudo en la garganta y negué con la cabeza.

- No su...supuse que estaría contigo...

- No...-dijo cabizbaja.- Yo...fuí a acostarme antes que él; y cuando desperté con todo éste escándalo él no estaba a mi lado. Hay que buscarle...si está el arl Howe todavía aquí es posible que...

-Madre. No saques conclusiones precipitadas.- dije poniéndole las manos en los hombros. Yo estaba acostumbrada a mantener la cabeza fría en situaciones cruciales, pero se trataba de mi familia, y mi madre, aun que era diestra con el arco estaba muy asustada.- Seguro que está bien. Solo tenemos que entrarle. Padre es un hombre inteligente. Se habrá escondido en algún lado.- miré el arma de mi madre, la cual estaba apretando con tanta fuerza que sus dedos se estaban poniendo blancos. Le rocé la mano con suavidad, intentando pasarle algo de mi fuerza.- ¿Aún sabes cómo empuñar un arma, no?

Ella asintió.

- Pues claro. ¿Acaso crees que tu madre es una inútil?

Bueno, si podía contestarme así es que se estaba centrando, así que asentí con firmeza. Ambas tomamos aire y abrimos la siguiente puerta. Volvimos a encontrar la resistencia de algunos soldados, y tras derrotarlos entramos con rapidez en la habitación de Oriana y Oren; pero nada más entrar tuve que apartar la vista mientras notaba que mi estómago se removía con violencia y las lágrimas se agolpaban en mis ojos . Mi madre, que se encontraba detrás de mí soltó un sollozo.

- Mi pequeño Oren...-murmuró agachándose frente al cuerpo inerte de Oren, que aun tenía la mano agarrada a la de su madre, la cual estaba en el suelo del mismo modo. Puse los dedos en el cuello de ambos y negué con la cabeza a mi madre.-...ese monstruo...¿cómo ha podido...?

- Te juro que acabaré con él. Aun que tenga que recorrer todo Ferelden, madre. Mataré a esa bestia. Me cobraré venganza por todos nosotros.

Mi madre se limpió una lágrima que le caía por la mejilla, y me miró. Pero no era la típica mirada de una madre cariñosa, era una mirada madura, llena de confianza, ansiando una venganza. Asintió y se levantó.

- Vamos. Tenemos que ir a por tu padre. El tiempo se nos acaba.- asentí al igual que ella y me levanté. Abrí el armario y tomé una de las dagas de mi familia. Ya tenía la espada, pero luchando con dos armas a la vez era más diestra, rápida y letal.

Nos abrimos paso por casi todos los pasillos y salas del castillo; llegamos a la cámara familiar; tomé el escudo y las armas de mi familia; y llegamos hasta el salón donde se estaba librando una enorme batalla. Acabé lo primero con una maga que había junto a las puertas; donde se encontraban varios de nuestros guardias y Gilmore haciendo fuerza para que los soldados que trataban de entrar por ahí no lo consiguiesen.

Cuando conseguimos acabar con todos los enemigos; Gilmore se acercó con rapidez a nosotras.

- Mi señora, milady; debéis marcharos ahora mismo. No tardarán en conseguir entrar...van a asaltar el castillo; así que debéis poneros a salvo.

- ¿Habéis visto a mi marido?.- preguntó mi madre aún con el corazón compungido.

Él asintió.

- Sí. Se marchó hacia las cocinas al empezar al ataque. Le dije que se ocultase una vez ahí. Creo que llegaron a herirle, pero se puso a salvo.- los sonidos de las puertas eran cada vez más fuertes y se notaba que a los guardias les costaba contenerlas. Roland me miró con desesperación.- Marchaos ya. Por favor...

Mi madre se dirigió hacia las cocinas cuando le dije que ahora iría yo. Quería hablar antes con Gilmore.

- Vente con nosotros...ponte a salvo...-le cogí de la mano y él me sonrió con tristeza acariciándome la mejilla.

- No puedo. Tengo un cometido, y ese es asegurarme de que las fuerzas enemigas no venzan. Tengo que proteger el castillo, pequeña.

Suspiré despacio con un gran gesto de dolor en mi mirada y le dí un apretón fuerte en la mano. Asentí finalmente alzando un poco el rostro.

- De...de acuerdo...-murmuré mientras una lágrima rodaba por mi mejilla. No quería dejarle. No ahí donde era casi seguro que moriría... Roland me quitó la lágrima con suavidad y bajó el rostro hasta encontrar mis labios, los cuales acarició con los suyos. Me besó con desesperación, sabiendo que seguramente no nos volveríamos a ver nunca y apoyó la frente contra la mía al separarse.

- Ojalá en otras circunstancias...-murmuró.- Si consigo salir vivo de ésta te buscaré. Te lo aseguro.- me afirmó. Me tomó el rostro entre sus manos y me dio un último beso.- Te quiero, Avy

Yo le acaricié la mejilla y asentí con la cabeza.

- Y yo a tí. - le confesé. Mi madre me metió prisa y miré a Gilmore profundamente a los ojos.- No mueras. ¿Vale? Vive. Vive por mí. Por nosotros, No dejes que te maten.- Tomé aire, le miré una última vez y me alejé hacia las cocinas con rapidez mientras Roland gritaba órdenes a los demás soldados y se dirigía hacia el portón a ayudar a los demás.

Encontramos a mi padre en el suelo sujetándose el costado, del cual emanaba demasiada sangre. Mi madre y yo nos agachamos rápidamente a su lado.

- Cariño...-comenzó a decir tomando la mano de mi madre.

- Bryce, no, no hables...-dijó presionándole la herida, intentando contener la hemorragia.

- Tenemos que salir de aquí, no hay tiempo que perder.- dijo el guarda gris entrando por la puerta que hacía unos segundos había atravesado con mi madre. Me miró fijamente.- ¿Vendréis conmigo para convertiros en guarda gris?

Fruncí el ceño.

- ¿Q...qué? Pero...Sir Gilmore...

- Él prefiere quedarse aquí. Me ha dicho que me asegure de sacaros de aquí con vida. Y a vos siempre os tuve en cuenta. Sois muy buena luchando.

Negué con la cabeza.

- N...No. Tengo que quedarme con mis padres.- Era duro pero...estaba claro que mi padre no iba a poder salir de ahí con vida. Y no quería irme en ese momento decisivo.

- No...-oí a mi padre tragando saliva.- Lo que tienes que hacer es salir de aquí con vida y encontrar a tu hermano. Contarle lo que ha pasado.- hizo un gesto de dolor.- Él es el nuevo arl. Sois los últimos Cousland. Sobrevive. Sobrevivid los dos; y cobraros vuestra venganza.

Me quedé unos segundos pensativa y después miré al guarda gris y asentí de forma casi imperceptible, pero él me correspondió al gesto y me ayudó a levantar.

- Madre...

Ella negó.

- Márchate cariño, mi lugar está junto a tu padre. Haz que nos sintamos orgullosos de ti y asegúrate de que se nos recuerde.

-Os quiero...-les dije intentando no llorar. Oímos como los portones del castillo finalmente eran traspasados, y el guarda me cogió del brazo con rapidez para huir.

- Y nosotros a ti- logré oír antes de lograr escapar