A/N: Aquí traigo otro drabble por el Día de Muertos. De nuevo, la idea surgió en una conversación con Matt Christophe uwu espero que les agrade :)

Cuando escribí los drabbles para Halloween este fue el primero que hice, pero después de escribir el de "No Leído" me di cuenta que este puede funcionar como una secuela. Así que pueden considerarlo como una historia aparte o como la secuela al anterior, como gusten :D


Posesión


"¿Por qué me miras así?"

Los ojos azules de Haru se ocultaron por un instante detrás de sus párpados. Quizá era la forma en que la luz de la ventana resplandecía en el suelo y a su vez se reflejaba indirectamente en su rostro, haciendo que su tez luciera más suave y etérea y que sus ojos brillaran de una forma encantadora; pero Rin pensaba que no era justo. No era justo que alguien tan bello lo mirara de esa manera. Aunque...

¿Era su imaginación, o Haru estaba asustado? Su rostro lucía más pálido de lo normal y sus manos temblaban.

¿Por qué? ¿Por qué temblaban?

"Tsk, y yo que pensé que te alegrarías cuando llegara."

"Rin," enuncia Haru en voz suave, vacilante. Rin frunce el ceño y Haru repite con un poco más de seguridad: "Rin."

Rin chasquea la lengua. "Nanase, me estás asustando. ¿Qué pasa?"

Haru da unos pasos al frente y extiende su mano. Rin abre los ojos desmesuradamente y retrocede por instinto cuando Haru intenta tocar su cara.

"¡¿Q-qué mierda, Ha—?!"

Haru se cubre el rostro con ambas manos y emite un sonido extraño. Rin siente una punzada de ansiedad en su estómago.

¿Está llorando?

"...mu-m-muer-to," Haru descubre su cara, las mejillas ligeramente arreboladas y el rostro mojado por el rastro de lágrimas. "S-se supone que tú estás muerto."


En el cementerio todo es tranquilidad. En el lugar donde reina la muerte el tiempo no pasa, y las criaturas que ahí habitan lo resienten en la quietud de todo.

Haru siente un escalofrío. No le gusta estar ahí, no le gusta recordar que Rin debió haber llegado hace dos semanas a verlo, pero en vez de eso solo llegó una noticia del avión que venía desde Australia y se estrelló en el mar. No hubo sobrevivientes. No hubo restos encontrados. El cuerpo de Rin debía estar descansando en algún lugar remoto de la Tierra, sepultado bajo toneladas de agua salitre mientras que ahí, en Iwatobi, lo único que habían podido hacer en su honor era colocar una lápida junto a los restos de su padre.

"No..."

Rin roza los caracteres que forman su nombre y aparta la mano como si quemaran.

"No puede ser..."

El viento sopla fuerte y algunos pétalos de cerezo revolotean a su alrededor. Haru tiembla. Lo que ha hecho es cruel, mas Rin es terco y no le creería de otra manera.

Los fantasmas no pueden llorar, pero eso no impide que Rin caiga de rodillas y solloce amargamente.


"¿En serio te vas a comer eso?" inquiere Rin, enarcando una ceja. Haru frunce el ceño.

"Sí, ¿por qué no habría de hacerlo?"

"Tienes que comer otras cosas si quieres ser Campeón Olímpico, Haru. No puedes alimentarte solo de caballa toda la vida."

Haru suspira y se muerde la lengua para evitar responderle de una manera poco agradable. Han pasado apenas unos días desde que Rin sabe que está muerto, pero sorprendentemente lo está tomando muy bien. Después de la crisis inicial, claro. La crisis inicial en la que Haru le prometió que no se rendiría y que cumpliría su sueño de llegar a las Olimpiadas ahora más que nunca, por los dos. Y quizá se deba a esa promesa que Rin esté un poco más tranquilo, pero a la vez insoportable recordándole lo que tiene que hacer.

"Debes ejercitarte más."

"¡¿Bromeas?! ¡¿A eso llamas correr?!"

"Tus giros podrían mejorar, sabes. Un pequeño error podría costarte la carrera."

Lo que Haru pretende no saber es por qué sigue haciéndole caso. Se dice a sí mismo que es porque Rin la ha pasado muy duro desde que se enteró que no podrá cumplir su sueño, y quiere ayudarle. No obstante, muy en el fondo sabe que en realidad es porque Rin continúa dándole motivación para seguir, algo que Haru pensaba haber perdido para siempre cuando se enteró de su muerte.

Y Haru quiere aferrarse a esa motivación. Después de todo, todos necesitamos una pequeña luz que nos guíe.

Y Rin siempre ha sido su luz.


Haru regresa a Tokio con Rin. Después de todo, no puede dejar de entrenar.

El tiempo pasa increíblemente rápido y cuando Haru se da cuenta, ya está a una semana de irse a los Juegos Olímpicos. Debido a eso sus amigos y familiares deciden visitarlo y hacerle una fiesta sorpresa. Makoto llega a su apartamento en la mañana, interrumpe una conversación entre Haru y Rin mientras el primero estaba en la tina —Makoto lo mira raro al encontrarlo 'hablando solo' mas Haru solo se encoge de hombros y pretende que todo es normal— y lo saca todo el día con pobres excusas de que le haría bien salir a otro lado que no sea la piscina. Haru se va a la fuerza, incapaz de no mirar atrás mientras Rin lo observa con una sonrisa fingida y agita su mano.

Es mejor así, de todas formas. La presencia de Rin lo distrae y la gente pensará que es un loco. Pero cuando regresa y abre la puerta, la sonrisa de Rin es real; mientras todos sus amigos gritan exclamaciones de sorpresa y se abalanzan sobre Haru para felicitarlo. Rin se suma al abrazo aunque no puedan verlo, y cuando se separan Nagisa tiembla y se queja de lo fría que está la habitación. Todos menos Haru coinciden en ello y Makoto prende la calefacción aunque sea verano, mientras Haru y Rin se miran perplejos.

La velada transcurre entre largas y animadas conversaciones, risas y recuerdos. Rin se les une aunque Haru sea el único que pueda notarlo: se sienta entre Gou y Sousuke y se alegra de que sigan adelante; responde a las bromas de Nagisa; se burla de Rei amistosamente y colabora con las anécdotas de Makoto; añadiendo observaciones que solo alguien tan detallista como él podía agregar, ya sea sobre los pétalos de cerezo que volaban en el aire, las manos temblorosas de Makoto o las micro-expresiones de Haruka que pocos podían descifrar. Y así como él puede notar tan sutiles cambios en Haru, este también puede hacerlo. Puede notar la manera en que la mirada de Rin se suaviza al hablar de sus amigos y los buenos tiempos, la manera en que la luz afecta el variable color de su cabello y la forma en que sus dedos no paran de juguetear como si estuviera nervioso. Puede notar los matices de tristeza alrededor de esa sonrisa, el brillo nostálgico en sus ojos...

Y Haru entonces sabe cómo se siente extrañar a alguien que está justo frente a ti.


Por supuesto que los amigos de Haru notan su distracción, mas asumen que, para tan poco tiempo desde que ha pasado la tragedia, está lidiando con el dolor bastante bien. Y no es que a ellos no les duela, no es que no sientan melancolía al rememorar hechos pasados donde una persona más complementaba su grupo, una persona que ahora ya no está. Pero para Haru debe ser todavía peor, porque todos saben lo importante que era Rin para él. Rin su rival, Rin su amigo, Rin su compañero.

Rin, su amor...

Esa noche Haru yace en la cama contemplando un boleto de avión, cuando el cuarto se torna frío —aunque él ya se ha acostumbrado— y siente la mirada de Rin sobre él.

"¿En qué piensas?"

Haru parpadea, y Rin enarca las cejas con incredulidad cuando ve sus labios elevarse en un esbozo de sonrisa.

"Estoy pensando en que siempre has sido una molestia."

Rin frunce el ceño, ofendido. "¡¿Eh?!"

Haru no puede evitar una risita muy tenue.

"Tu presencia siempre me ha seguido. Incluso cuando no estabas ahí yo te sentía, hasta el grado en que has influido en mis decisiones más importantes. Rin, siempre has sido un fantasma, atormentándome incluso cuando estabas vivo."

Rin se queda sin palabras, al menos por un momento. Haru no lo está mirando, probablemente demasiado avergonzado para hacerlo. El cuarto se torna cada vez más y más frío y una extraña energía invade a Rin, haciéndolo sentir más poderoso.

Se acerca a Haru y entrelaza sus dedos. Haru da un respingo, Rin está helado. Sus ojos encuentran y se siente hipnotizado, hay un brillo que nunca ha visto en la mirada penetrante de Rin...

"Y, ¿quieres que lo siga haciendo?"

De todas las respuestas, esa era la que Haru se esperaba menos. Pero eso no impide que responda solemnemente:

"Quiero que estés conmigo. Para siempre."

Rin asiente.

Oh, Haru no sabe en lo que acaba de meterse.


El vuelo es una semana después. Una semana en la que Rin no se ha aparecido para nada y Haru se está volviendo loco, preguntándose si ha alucinado todo...

Mas no se rendirá. Esté o no esté, cumplirá su sueño, cumplirá el sueño de Rin. Es así como los Juegos Olímpicos pasan en un abrir de ojos, y cuando se da cuenta ya está en las finales de los 200 metros estilo libre.

Rin; es su único pensamiento antes, durante y después de las competencias. Rin, se dice a sí mismo mientras toma posición para acabar con todo...

Rin; piensa antes de dejarse ir.


¿Qué tan extraño es que el momento de tu vida pase en un ensueño?

Haru emerge del agua con los ojos muy abiertos. La multitud ovaciona pero él no sabe cómo reaccionar, así que por inercia voltea a ver el gran monitor que anuncia las posiciones y se queda congelado al descubrir que quizá lo que acaba de pasar no haya sido una alucinación.

En primer lugar el nombre de 'Rin Matsuoka' parpadea en la pantalla por unos segundos, para entonces ser reemplazado por el de 'Haruka Nanase'.

"Amigo, ¿estás bien?" el rival a su carril derecho pregunta en un inglés maltrecho. Haru voltea a verlo, muy pálido.

"¿Viste eso?" inquiere con los ojos muy abiertos, en un inglés igual de extraño. El otro chico imita su expresión y asiente, ligeramente decepcionado.

"Felicidades," le sonríe amablemente, y Haru comprende que no tiene idea de lo que él está hablando. Pero no puede ser cierto porque él jura, jura que sintió la presencia de Rin en el agua. Es más: jura que ni siquiera sintió el agua, algo tan extraño —sintió a Rin. Sintió a Rin dentro de él, en su pecho, en la sangre corriendo por sus venas, hasta jura que pudo escuchar su voz en su mente. Es casi como si Rin se hubiera apoderado de su cuerpo por un instante, para disfrutar del momento que la vida le arrebató...

Haru sonríe.

Rin se ha tomado su promesa muy literalmente, pero al menos se ha quedado a su lado.


En Iwatobi, los amigos de Haru y Rin no se han despegado de la pantalla de la televisión. Gruesas lágrimas corren por las mejillas de todos, exclamaciones y abrazos se hacen presentes en el ambiente. Incluso Sousuke, quien parece rudo y estoico no puede evitar sentirse conmovido al pensar en lo lejos que Haruka ha llegado y en lo que sentiría Rin si aún estuviese presente. Un escalofrío lo recorre: no está seguro, pero siente una corazonada de que Rin no se ha ido del todo. Y quizá no está del todo equivocado, porque entonces la cámara hace un acercamiento cuando Haru se inclina para recibir su medalla de oro y Makoto comenta:

"Donde quiera que esté, Rin debe estar muy feliz."

Haru se irgue, y Sousuke vislumbra un destello de rojo en su habitual mirada celeste. Una sonrisa confiada y ajena a él florece en su rostro, dejando asomar dientes blancos y filosos, como los de un tiburón...

Sousuke parpadea y cuando abre los ojos, Haru luce normal.

Nadie parece alterado. Tal vez fue su imaginación, aunque hay algo que le incomoda; un aura fuerte y poderosa, completamente diferente a la de Haruka...

Sousuke traga grueso.

"Sí, lo está."