Twilight así como todos sus personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, la historia es una adaptación.

Algo azul

Sumary:

Alice tenía una vida perfecta hasta que su mejor amiga tomó —algo prestado— de ella. Alice creía tenerlo todo, hasta que Bella, su mejor amiga, le roba a su prometido días antes de su boda. Pero eso no es lo peor, ella está embarazada del padrino. ¿Cómo alguien con la vida perfecta puede perderlo todo... y luego recuperarlo?

Capítulo 3

Irónicamente fue Bella quien nos presentó, a Edward y a mí. Ellos estaban en el primer año de facultad de derecho de la Universidad de New York y como Bella insistía en que ella no estaba en la universidad para enamorarse, sino para aprender, ella me pasó a su amigo Edward, el soltero más codiciado del campus. Me acuerdo bien del momento exacto en que sucedió, Bella y yo estábamos en el bar esperando a Edward, cuando él entró. Me di cuenta que él era especial en el mismo instante en que lo vi, él pertenecía a un aviso publicitario de Ralph Lauren, el hombre que está en un barco a vela en el comercial. Tuve la certeza que él no era un hombre vicioso de esos que cae borracho por ahí, que él nunca había dicho una palabrota delante de su madre, que usaba productos para después de afeitar muy caros, y que tal vez fuese cabeza dura en alguna ocasión. Sabía con sólo mirarlo, que él podía disfrutar la ópera, que podía resolver el crucigrama del periódico del domingo y que pagaría la cuenta después de una cena fabulosa. Juro que vi todo eso en una mirada. Vi que él era mi ideal, mi sofisticado hombre de la costa este, lo que yo necesitaba para criar mi versión de la vida de mi madre en Manhattan.

Edward y yo tuvimos una buena conversación esa noche pero él demoró algunas semanas para llamarme e invitarme a salir, lo que sólo me hizo desearlo más. Cuando él llamó, dejé al tipo con quien estaba saliendo, porque estaba segura que algo maravilloso iba a comenzar. Estaba segura. Edward y yo rápidamente nos convertimos en pareja, y las cosas eran perfectas. El era perfecto. Tan perfecto que a veces sentía que no lo merecía. Sé que soy linda , pero a veces me preocupaba no ser lo suficientemente inteligente o interesante como para que alguien como él y que si Edward descubriese la verdad sobre mí , podría no quererme más.

Bella no ayudaba mucho, porque como siempre, ella tenía un modo de acentuar mis momentos de apatía e indiferencia sólo hablando de temas que a ella y a Edward le interesaban como la situación de los países del tercer mundo, economía, quién estaba presentándose para las elecciones del congreso. Estoy segura que los dos escuchaban la radio estatal, por el amor de Dios.

El sonido de las voces de esa estación de radio me hacían cerrar los ojos por algún rato, me hacían viajar, sin preocuparme por el asunto comentado. Luego, después de algunos meses de exhaustivas tentativas de interesarme en cosas que no me importaban, decidí mostrarle a Edward mi verdadero yo. Entonces, una noche, mientras Edward estaba viendo un documental sobre algo que estaba sucediendo en la política de Chile, tomé el control y cambié de canal a Nickelodeon.

—Ey, yo estaba viendo eso!— él protestó

— ¡Estoy cansada de ver gente pobre!, yo dije colocando el control entre mis piernas. Edward lanzó una carcajada débil. —Lo sé, Alice. ¿Ellos pueden ser muy irritantes, no ?

De repente me di cuenta que por más intelectual que Edward fuese, no le molestaba el hecho que yo viviese la vida un poco superficialmente. Y que tampoco le molestaba mi gusto de comprar cosas caras y vivir una buena vida. En vez de eso, descubrí que él admiraba mi franqueza, mi honestidad de vivir a vida que yo quería. Podía no ser la persona más inteligente del mundo, pero tampoco era la más burra.

La cuestión es que Edward y yo teníamos nuestras diferencias, pero yo lo hacía feliz. Y la mayor parte del tiempo fui una buena y leal novia. Solamente dos veces, antes de Marcus, mi admiración por el sexo opuesto traspasó algunas barreras, lo que considero que fue muy admirable para un noviazgo de siete años.

Mi primer , y pequeño, tropiezo sucedió hace algunos años atrás con Benjamin un chico con carita de bebé que conocí en el Lemon bar una noche mientras estaba tomando unos tragos con Bella y Charlotte, quien era mi mejor amiga en el trabajo, compartía el departamento conmigo y era la chica mejor relacionada de la costa oeste. Bella y Charlotte eran tan diferentes como Laura Ingalls y París Hilton, pero las dos eran mis amigas y solteras, entonces frecuentemente salían juntas. Volviendo al asunto, estábamos las tres conversando en el bar cuando Benjamin y sus amigos llegaron y se acercaron a nosotras. Benjamin era el más extrovertido del grupo lleno de muchachos de mucha pinta, hablando de sus historias sobre partidos de Water polo de la universidad de Princeton, donde ellos acababan de graduarse. Yo acababa de cumplir 27 años y me estaba sintiendo un poco cansada y vieja, entonces me sentí halagada porque un chico como Benjamin pudiera estar interesado en mí. El estaba me entretenía mientras dos de sus amigos (dos versiones menos guapas de Benjamin) trabajaban con Bella y Charlotte.

Bebimos cocktails y coqueteamos, y mientras a noche pasaba, Benjamin y sus amigos intentaban hallar un lugar para estirar el encuentro (probando mi teoría que el número de veces que cambias de bares en una noche es inversamente proporcional a tu edad). Entonces, tomamos dos taxis y fuimos a una fiesta en el SoHo. Pero Benjamin y sus amigos, tenían la dirección y el teléfono equivocados del amigo del amigo que era primo del tipo que organizaba la fiesta. Ellos comenzaron la fingida e inepta escena de culparse el un al otro: ¡Por Dios! No te creo que hayas perdido la mierda de teléfono, etc. Acabamos a pie en Prince Street, con frío, terminando la trasnochada.

Bella y Charlotte se marcharon primero, compartiendo un taxi hacia Upper East Side. Los amigos de Benjamin tomaron otro taxi determinados a hallar la fiesta. Y entonces los dos nos quedamos solos en Prince Street. Yo estaba enojada, y él parecía tan tierno, entonces intercambiamos unos besitos inocentes. No fue gran cosa. Realmente no lo fue. Por lo menos para mí.

Por supuesto que al otro día Benjamin me llamó varias veces, dejándome varios mensajes en el celular. No aguantando más le devolví una llamada confesándole que tenía un novio serio y que lo quería mucho, y que él no podía continuar llamándome.

Entiendo, él dijo pareciendo desbastado. Tu novio es un tipo de suerte... si ustedes terminan, llámame.

El me dio el número de su trabajo, de su casa y su celular, que yo escribí detrás del menú de comida china y que acabé tirando a la basura esa misma noche.

—Bien. Genial, gracias y disculpa de nuevo.

Después que corté, me sentí un poco culpable y me pregunté por qué lo había besado, en primer lugar. No existía motivo, por más enojada que estuviese, no veía razón para haber hecho aquello, no tenía ningún interés en él. La única cosa que contó fue la pregunta que me hice a mí misma: ¿y era si quería besarlo en el momento que lo hice o no? Y la respuesta fue si. No sé. Tal vez estuviese aburrida. Tal vez extrañase los primeros días de noviazgo cuando Edward parecía estar loco por mí. Comencé a pensar que ese asunto con Benjamin podría evidenciar algún problema en nuestra relación pero, después me di cuenta que sólo había sido un beso, nada demasiado grave . Ni me molesté en contarle a Bella sobre Benjamin, estaba acabado y no había necesidad de oír el sermón que ella hacía siempre que yo engañaba a algún novio en el colegio o en la Universidad.

Después de Benjamin me comporté como la novia ideal por un buen tiempo, casi un año , pero entonces conocí Lair en un almuerzo festivo que mi firma organizó para una línea nueva de ropas deportivas llamada Emmeline. Lair era un lindo modelo sudafricano de piel marrón y ojos tan azules que hacían juego con el equipo celeste que él estaba usando.

Después que él me sonrió por segunda vez, me acerqué a él. Tenía que conocerlo, hablé por encima de la música fuerte. — ¿Son de verdad?

— ¿Qué?

— Tus ojos. ¿Son lentes de contacto?

El se rió, una risa con melodía sudafricana.

—No, zopenca, son míos—.

— ¿Me dijiste zopenca?—

El se rió y confirmó.

Qué anticuado. Estudié el fondo de sus córneas para estar segura que él decía la verdad. Sin duda, si, no había ninguna señal de lentes allí. El sonrió exponiendo una hilera de dientes blancos. Entonces extendió su mano y dijo:

—Yo soy Lair.

— Leah? — Dije apretando su mano fuerte y tibia.

—Lair—, él dijo de nuevo, pero todavía sonaba como Leah. —Ya sabes igual mentira en inglés sólo que con la a y la i invertidas.

—¡Ah! Lair, Qué nombre extraño—, yo dije, imaginándonos juntos en algún lugar lejos de allí. —Yo me llamo Alice.

—Un placer Alice—, él dijo, y luego dio una mirada a la fiesta que yo había planeado por meses. — ¡Qué evento este!—.

Gracias, yo dije orgullosa. Luego le hablé usando la jerga de los RP. Algo sobre el desafío de dejar al cliente satisfecho en el mercado competitivo de hoy en día.

El confirmó sacudiendo la cabeza.

Yo me reí, pasando la mano seductoramente por mis cabellos negros. — También es muy placentero. Puedo conocer personas estupendas como tú.—

Continuamos conversando, siendo interrumpidos de vez en cuando por algunos de mis compañeros de trabajo y otros invitados.

Otra modelo Kimmy, que estaba con un pantalón de algodón rosado escrito —navy 69— justo encima de sus nalgas y un top haciendo juego, venía todo el tiempo a sacarle fotos a Lair con su cámara digital.

—Sonríe querido—, ella decía, mientras yo me esforzaba por aparecer en las fotos.

A pesar de las interrupciones de Kimmy, Lair no le dio muy atención, y nuestro coqueteo se fue haciendo más serio. Conversamos sobre su vida en Sudáfrica. Admití que no sabía nada sobre su país a no ser el Apartheid antes que Nelson Mandela fuese liberado. Mientras Lair me explicaba más sobre la política sudafricana, el problema con el crimen en Johannesburgo, y la belleza del Parque Nacional Kruger, me di cuenta que era algo más que un rostro bonito. Me contó que sólo era modelo para pagarse la universidad.

Después del evento, Lair y yo tomamos un taxi juntos. Mis intenciones eran puras – sólo quería un beso en la calle como había sucedido con Benjamin. Pero cuando Lair susurró en mi oído,

— Alice, ¿considerarías la posibilidad de ir a mi hotel conmigo?— No pude resistirme. Entonces fui al hotel Palace con él, convencida de solamente hacernos unos mimos más calientes y marcharme. Y fue eso lo que sucedió. Luego , más o menos , a las 3 de la mañana, me levanté, me vestí y le dije que necesitaba ir volver a casa. Técnicamente, podría haberme quedado, ya que Edward estaba afuera de la ciudad en un viaje de negocios, pero de algún modo pasar la noche con un tipo iba a parecer que realmente lo había engañado. Yo creo que si existiese un test de engaños sería así: ¿Si tu pareja pudiese ver un vídeo de la situación, él pensaría que lo engañaste o no? Un test alternativo sería: ¿si tu pudieses ver a tu pareja en la misma situación, pensarías que él te traicionó o no? En las dos situaciones, yo fallé, pero no crucé la línea del sexo, y ese hecho me dejaba orgullosa.

Dejé a Lair hirviendo esa noche, y después de unas semanas de e-mails calientes, gradualmente fuimos perdiendo el contacto hasta que no nos hablamos más. Esa noche se fue borrando de mi cabeza y casi me olvidé de sus increíbles ojos hasta que me encontré con ellos, usando unos boxers blancos, sonriéndome en un afiche publicitario en Times Square. Me acordé de los detalles de esa noche, imaginando como sería si hubiese terminado con Edward para quedarme con Lair. Nos imaginé viviendo en Johannesburgo entre elefantes y ladrones de automóviles, y decidí de nuevo que había sido mejor nuestra relación hubiese quedado restringida al Palace Hotel.

Edward y yo nos comprometimos pocos meses después, y yo me declaré a mí misma que sería honesta con Edward para siempre. Y aunque no teníamos nada en común y él no me excitaba todo el tiempo, continuaba siendo un gran partido y un buen tipo para tener a mi lado. Me iba a casar con él y viviría feliz para siempre en Upper West Side. O tal vez nos mudásemos a la Quinta avenida, pero sin que me importasen los pequeños detalles, mi vida ya estaba escrita.

Pero no había planeado la presencia de James.

Bueno, en estos capítulos se darán cuenta que Alice es muy manipuladora y superficial, a parte que ya había engañado a Edward otras veces, así que estuvo muy bien que él la dejara por Bella. En él capitulo de mañana, la historia de como Alice se enrolla con James.