CAPÍTULO 3:

Odies a tu padre un poco o ya seas mayor para pensar en que la felicidad de tus padres siempre es más importante, la noticia de la separación me dejó un poco afectada. No todos los días te enteras de que tus padres se divorcian. Supongo que ninguna familia llega a ser perfecta, aunque la mía nunca sería. A lo mejor, era incluso bueno ver alguna que otra prensa hablando alguna cosa que no fuera que somos los tiburones del mundo. "Edward West y su mujer Alison West se separan después de treinta años de casados" mejor que "West Industrias vuelve a comerse el mundo".

Por suerte, era sábado y lo más importante, tenía la fiesta de Cat. Me podría despejar la mente, divertirme un poco y emborracharme de nuevo. Tenía el domingo por delante, podía recuperarme de la borrachera cuanto quisiera. No había hablado con papá desde el almuerzo. En realidad, no había dado señales de vida, aunque en aquellos momentos, en realidad, no quería verlo. Incluso me había mantenido la mañana ocupada haciendo un poco de carrera y leyendo un poco para no pensar en nada.

Después de dos horas de peluquería y otra de maquillaje, me ajuste mi traje más cómodo, pero a la vez, más sensual y puse camino a la fiesta de Cat que, como no, no defraudaba. El lugar era una especie de discoteca inmensa. En el centro, habían puesto lo que sería la pasarela para el desfile, a su alrededor, las filas para los invitados y, en la segunda planta del lugar, la zona de ocio donde seguramente terminaríamos para empezar la fiesta que acabaría cuando los invitados lo quisiesen; política de Cat.

-¡Jade, Jade, Jade!- Cat salió corriendo hacia mí cuando me vio entrar después de la alfombra roja y los paparazis- Dime que lo has hecho.

Beck. Con todo lo que había pasado, ni me había vuelto a acordar de él. Con suerte, Cat entendería la situación.

-Lo siento, se me olvidó por completo- me disculpé- pero tengo una buena excusa- me adelanté a ella.

-Tiene que ser buena. Esperaba tener nuevos inversores para mi próximo proyecto…

-Mis padres se separan.- y lo entendió cuando observé su gesto.

-Dios, lo siento. ¿Estás bien?- mee encogí de hombros- Tengo casi veinticinco años. Me afecta, pero ahora mismo, prefiero a mis padres felices que mal.

-Está bien, no importa.- asintió Cat- Ahora olvídate de todo eso. Es una fiesta, diviértete todo lo que puedas, ¿vale?- asentí, al menos lo intentaría- ¿Nos vemos en media hora? Tengo que dejar todo mi trabajo preparado.

-Corre, señora diseñadora- me permití bromear un poco- Es tu noche, ¿recuerdas? Tienes que prepararte mentalmente para tus admiradores…

-Mis admiradores- caminó en su modo diva- me esperan…

Di gracias porque me hiciera reír. Lo necesitaba. El trabajo me dejaba agotada, mis padres me daban malas noticias. Al menos, Cat, me hacía reír y me mantenía entretenida.

El personal de la fiesta era interesante. La mayoría de ellos eran estilistas y modelos de fama internacional. Algunos los reconocía de eventos anteriores y otros de momentos más íntimos que habíamos llegado a pasar. Cuando ves a tanta gente guapa alrededor y con alguna copa bebida por ser ocasión especial, siempre termina pasando lo que no debe. Quizás, aquella noche podría ingeniármelas y acostarme con alguno de aquellos modelos. Una buena noche de sexo siempre viene bien.

Desgraciadamente, aquella noche, parecía que ni mi cuerpo ni mi mente querían estar allí. En apenas diez minutos empezaría todo, pero solo tenía ganas de irme a casa, no sabía por qué.

-Jade, ¿estás bien?- Aiden, un modelo al que había conocido hacía ya unas tres o cuatro galas, también lo notó- Si te aburro, puedo cambiar de tema.

Negué mostrándole una sonrisa amable. El pobre, era un buen chico. Atento, amable y divertido. Además de alto, musculoso y con unos ojos tan azules que parecían irreales. Siempre lo había pasado muy bien con él las veces que nos habíamos visto, pero aquella noche, parecía que incluso él me aburría.

-No, es solo que el maldito trabajo me tiene aburrida.- me hice la loca.

-Ah, sí, lo olvidaba. Ahora eres la mandamás de la empresa de tu padre, ¿no?

-Desgraciadamente.- respondí quitándole importancia a la manera tan espectacular que lo había llegado a decir- Créeme, es más un castigo que un regalo.

-Bueno, como te dije, siempre puedes venirte al mundo de la moda. Tienes cuerpo… Ya lo sabes.- se acercó empezando a juguetear con mi cuello y aunque me gustaba, lo paré.

-Lo siento, Aiden, pero… hoy no puedo.- me disculpé.

Aiden me miró, molesto un poco, pero suspiró y asintió. ¿Por qué no eran todos los chicos como él de comprensibles?

-Está bien. Disfruto cuando estoy contigo, pero hoy se nota que no estás por la labor.- asentí.

Me acerqué a él, alcé mi cuerpo y le di un pequeño beso en la mejilla:

-Llámame si te quedas más tiempo en la ciudad. Quizás, otro día, podemos.

-Lo tendré en mente.

Me despedí de él y salí del evento. Lo sentía por Cat e incluso por mí misma porque me había jurado pasármelo bien aquella noche. Beber, conocer a gente o irme a la cama con Aiden tal y como iba la cosa, pero mi mente parecía no estar conmigo aquel día, solo quería irme de allí. Salir de todo el ajetreo. Por desgracia, había venido aquella noche en coche y había avisado para ser recogida cuando la fiesta terminara. Asique, evitando los paparazis, comencé a caminar por el callejón de detrás del edificio hacia la calle. Volvería a casa andando. Sabía defenderme y si algún capullo se atrevía a meterse conmigo, sabía que hacer.

Había que decir que la caminata me servía en cierta manera. Siempre metida en el mundo de ricos, me hacía olvidar que había un mundo de personas que, con menos dinero, aún conseguían ser incluso más felices que yo, como las envidiaba. Poder ir a Burger King, Pizza Huts, Fosters Hollywood sin que te miren un poco rara…

Observé mi indumentaria. Tenía hambre y cuando observé McDonald a la vuelta de la esquina, no podía ignorarlo. Como mucho, me tomarían como una chica que había salido antes de la fiesta, ¿por qué no intentarlo?

-Un menú Big Mac grande con nuggles, alas de pollo fritas, sticks de mozarela, dos hamburguesas de euro y patatas extras, por favor- incluso el olor deleitaba.

-¿Jade?- me giré.

-Vega- me sorprendió verla- ¿Qué haces aquí?

-Venía por algo de comer…- vaya pregunta también la mía- ¿Y usted tan arreglada?

-Primero, no me digas usted cuando somos de la misma edad y segundo… es una larga historia que pretendo, al parecer, ahogar en comida.- tomé la bolsa, era un poco deprimente- Nos vemos el lunes, supongo.

-Nos vemos- asintió cuando no me dio tiempo a llegar a la puerta- Jade, espera.

-¿Sí?

-Esto... al parecer, parece que estás pasando un mal momento.- me podía leer la mente, desde luego- y… aunque era para pasar un rato entre amigos.- abrió su bolso y enseñó lo que era una botella grande de Jack Daniels- Podemos compartirla si compartimos algo de comida. Conozco un sitio donde podemos ir…

Hamburguesas y whisky, desde luego, no me podía negar a tan buena idea. Salimos rápidamente de allí, empezando a andar entre las calles de la ciudad. No tenía ni idea de donde podíamos ir, la verdad. Lo mismo me podía llevar a un descampado para matarme que a su casa para comer tranquilamente y emborracharnos. Aun así, en cierto modo, confiaba en ella. Me lo había demostrado, era leal, como había dicho anteriormente, me sabía defender si me atacaba.

Andamos un buen rato, sin decir palabra. Casi parecía que estábamos nerviosas la una con la presencia de la otra, pero el silencio se rompió cuando llegamos a una colina desde donde se veía prácticamente toda la ciudad. Era una vista hermosa, como si tuvieras el mundo en sus pies, literalmente.

-¿Qué te parece?- me preguntó al verme el gesto.

-Increíble- asentí- ¿Cómo conoces este lugar?

-Solía venir aquí con mis padres de picnic y demás- se sentó en el suelo lentamente, observando la vista- Era mi lugar preferido.- dijo con nostalgia.

-¿Era?- me uní a ella- ¿Qué pasó?- se mordió el labio, casi intentando evitar recordar- No es necesario que me lo digas.

-No…- sonrió triste- Está bien. Aún es duro, pero… Dejamos de venir cuando mi padre… se suicidó.- un nudo se me hizo en el estómago, tenía que haberme quedado callada- Mi madre se deprimió y… bueno, prefería no hacer nada que le recordara a él.

-Lo siento muchísimo- no sabía que otra cosa decir.- Los… míos van a separarse…- si aquello le hacía sentir mejor.

Victoria no dijo nada. Metió la mano en su bolso y sacó la botella. La abrió y bebió un largo trago, tomándose un momento para poder respirar a causa de lo fuerte que era:

-Por lo bueno que es la familia.- ironizó.

-Por la familia- se lo acepté.

-Bueno… supongo que es hora de ir sacando esa comida.

-Ya voy, ya voy- le devolví la botella, sacando la comida, acomodándola entre las dos- Cualquiera diría que solo estás haciendo esto por la comida.

-Que poco me conoces, West- reí, eran pocas las oportunidades de bromear y pasarlo bien que tenía en la vida y hacerlo con Victoria, era interesante- Ya sabes que te estoy haciendo de lameculos, así puedo conseguir el trabajo más fácilmente.

Iba a seguirle con la broma, pero me llamó la atención lo del trabajo.

-¿Significa eso que vas a presentarte al puesto de secretaria?- Victoria no dijo nada, se metió un nuggle en la boca, evitando su sonrisa- Es bueno saberlo- torpemente, conseguí partir la hamburguesa en dos, ofreciéndole el otro a Vega que aceptó.

-¿Esperabas que me presentara?

-Si digo la verdad, sí.- tomé la botella, bebiendo otro poco- Me ayudaste estos días atrás y, la verdad, esperaba que lo hicieras.

-¿Significa eso que soy la preferida del jefe?

-Tampoco te pases.

Aunque…. ¿lo era? No es que me lo pensara mucho, pero últimamente, había sido la única persona de la empresa que más se había interesado en mí, ayudándome cuando más lo necesitaba. Incluso en aquel momento que necesitaba eso, alguien con quien hablar. Cat estaba ocupada y aunque sabía que quería estar conmigo y hablar del tema, aquella era su noche y no se la podía arruinar. Por eso, cuando me preguntó aquello, me dio que pensar. Aunque, si era mi favorita, ¿qué mal era eso? Era mi padre el que no la aguantaba. Mi padre…

-¿Puedo preguntarte algo, Victoria?- quizás podía resolver el tema.

-Claro… y, por favor, llámame Tori.

-Tori- asentí- ¿De qué conoces a mi padre?

-Tu… ¿padre? De los periódicos, noticias y demás, supongo- respondió encogiéndose de hombros- ¿Por qué?

-Por…- me paré, ¿realmente debía de decirle lo que pasaba? Ahora era yo el jefe de todos modos, lo que pasara en mi empresa, era de mi jurisdicción- Últimamente, cada vez que te he mencionado delante de mis padres, ha habido cierta tensión.

-Pues sí que soy importante para ti, West.

-Tori, por favor- le rogué- Deja a un lado las bromas.

Tori me miró, como si la estuviera asustando o, como mucho, confundiéndola con todo aquello. Aun así, me negó:

-No lo conozco… al menos en persona. Sé lo que todo el mundo sabe de él por la prensa y poco más- se encogió de hombros, atacando las patatas- ¿por qué? ¿Debería preocuparme?

-No, no es nada, en realidad.- lo dejaría por ahora- Tonterías en realidad.

-Está bien… espero que esto no afecte mi trabajo.- aquello me hizo sonreír.

Realmente iba a ir por el puesto.

-Y dime, ¿qué te ha hecho realmente querer trabajar conmigo?

-No lo sé, en realidad…- bajó la mirada, ocultando una sonrisilla- Bueno, es un poco infantil, si tengo que ser sincera.

-Nada es infantil en este mundo- me puse un poco filosófica- Dímelo, vamos.- en realidad, me intrigaba.

-Es solo que… me gusta estar en tu compañía.- mordió su labio mirándome a los ojos, para volver a la botella y darle un largo trago- Ya te dije que era infantil.

-No es infantil- también me gustaba estar en su compañía- Últimamente, también me gusta estar en tu compañía si tengo que decir la verdad. Eres la única que…- me paré, ¿qué me estaba ocurriendo?

Siempre había sido una chica fuerte, que rara vez se dejaba mostrar tan "débil" como lo estaba haciendo en aquel momento. ¿Por qué con Tori se estaba convirtiendo en algo puramente normal? Estábamos allí, bajo las estrellas, bebiendo una botella de whisky mientras comíamos del McDonalds. Por el amor de Dios, hasta estaba haciendo cosas que jamás había hecho con mis amigos. Seguramente, aquello era lo que tanto me estaba empezando a gustar cuando estaba con Tori, la manera en la que me hacía sentir más normal, no como siempre, el mundo que me rodeaba, me había hecho sentir.

La miré cuando se quedó esperando a que continuara. Me aclaré la garganta, hasta el último trozo de hamburguesa se había atravesado en mi garganta y bebí un poco:

-¿Estás bien?- se adelantó Tori al ver que no hablaba.

-Sí, sí- me obligué a concentrarme- Que me gusta estar contigo, alguien que no es de negocios para variar.

-Soy tu empleada.

-Pero no hablas de trabajo tanto.- corregí.

-Está bien- sonrió.

Terminamos de comer y aunque lo que parecía demasiada poca comida para dos personas, terminó llenándonos a las dos, por lo que terminamos tendida sobre la hierba sin poder movernos.

-He comido demasiado- mi estómago iba a explotar.

-Y yo. Menudo atracón.- Tori se levantó tomando la botella que iba media ya.- ¿Jugamos a algo?

Giré mi cabeza, no podía ni levantarme. Observé la botella y luego a ella. Todo aquello podía ser la peor idea que jamás pudiera tener. Estómago lleno, casi borrachas, puesto que me notaba ya el mareo aumentando; solo podía terminar en una cosa:

-Sé que he comido demasiado, pero podía pasarme sin vomitarlo todo.

-Eres muy debilucha, ¿no?- aguantaba de todo, pero que me llamaran débil, no era una de ellas- ¿qué dices?

-Dime a qué jugamos.- me alcé como pude.

-Nunca he hecho… Dices algo que no has hecho, pero si en realidad lo has hecho, bebes.- tomé la botella, había jugado alguna que otra vez en la universidad, sería bueno para pasar el rato.

-Yo comienzo…Nunca he… salido con más de un tío a la vez.- ninguna de las dos bebimos.

-Ok, empieza la señorita fuerte- fuerte o el alcohol, que empezaba a hablar por mí- Nunca he me han pillado robando.- esta vez bebí yo- Ok, ahora tengo que saber por qué fue.

-Por unos vaqueros, en realidad.- recordé riendo.- En realidad no recordaba que los llevaba puestos, asique…

-Técnicamente, eso no es robar.- me cortó- Pero está bien, lo damos por pasable.

-Idiota- me arrancó la botella- A ver, señorita, ¿con qué vendrá ahora?

Su sonrisa ahora se volvió atrevida, ¿qué pretendía?

-Nunca he estado con una chica- bebió un largo trago.

-Chica atrevida- le tomé la botella para seguir- Creía que eras más reservada.

-Incluso la gente más reservada, son a veces las más interesantes- me quedé mirándola, podía asegurar que aquello iba con segundas- Aunque he de decir que fue incluso mejor que con un tío. La chica sabía lo que hacer.

-Ok, creo que esa es demasiada información- tampoco tenía que contarme sus aventuras sexuales, ni las quería escuchar- Sigamos.

-Oh, vamos. Como si doña Jade West, hija del todopoderoso Edward West no ha hecho algo parecido.

En realidad, en aquello tenía que darle la razón. No tanto como parecía que ella había llegado, pero sí que había tenido mis momentos en la universidad con Cat. Ella siempre había sido la más lanzada con todo tipo de cosas. Nunca se dejaba acobardar y siempre probaba lo "nuevo" como ella lo denominaba. En fin, noches de discotecas y borracheras en donde no encontrabas ningún hottie cerca, habíamos terminado, pocas veces, enrollándonos. Teniendo una sesión de besos, para ser más claros; pero siempre había quedado en aquello.

-He hecho lo mío- admití- pero no tanto como alguien presente frente a mí.

-Aburrida, lo pasarías bien.- ya no sabía si lo que hablaba era el alcohol o no- pero si alguna vez lo piensas…- se acercó demasiado, alargando su mano hacia mí, poniéndose cerca, demasiado cerca- con una chica es a veces mejor que un chico- tomó la botella, volviendo a su posición.

Volví a respirar porque por unos momentos, pensé que prácticamente, me iba a besar ¿Qué decía? No debía de tener aquellos pensamientos con Tori. Pronto se convertiría en mi secretaria y siempre se dice que las relaciones de trabajo nunca llegan a buen puerto. Tori era una amiga, nada más. No me tenía que poner nerviosa con las amigas, era como Cat o Aiden, amigos.

-¿Seguimos?- le asentí, aunque le arrebaté la botella, casi atragantándome cuando bebí el trago tan largo- Cuidado.

-Lo necesitaba- cerré los ojos aguantando las ganas de vomitar que me entraron- ¿Seguimos?