Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a la gran Rumiko T. pero la historia es mía.

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Esta historia se sitúa en Inuyasha Kanketsu-hen, capítulos después de la muerte de Kikyo.

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Aburrido. Simplemente lo que sentía en ese momento era un puro y molesto aburrimiento. Suspiro con fuerza por tercera vez en lo que iba de la mañana. El platinado se encontraba sentado en su acostumbrada pose india, apoyado del marco de la puerta corrediza que conectaba la cocina con el pequeño pasillo de la humilde casa Higurashi. Movió una de sus orejas caninas al captar un molesto y chillón trino a su izquierda. Una de sus piernas flexionadas empezó a inquietarse moviéndose de arriba hacia abajo ¡Que molesto!, pero era algo incontrolable y lo distraía de su colorido acompañante ruidoso. Otro silbido y su pierna iba con más velocidad.

― ¡Arg! ¡Ya basta pierna! ― gritó abrazando su extremidad ― ¡Y tú ya cállate pajarraco del mal! ― gruñó señalando al animal con un dedo acusatorio.

Eran alrededor de las once de la mañana, y estaba prácticamente solo en la casa, bueno sin contar al gato y a Souta. La madre de Kagome se había ido de compras con el abuelo, y dudó bastante sobre dejar al extraño dúo solos en la casa, pero confiaba en ellos ¿Qué daño podían hacer? Además, ¿Quién mejor que un medio demonio para cuidar la casa y un niño? Pensó la mujer. Claro que, les recordó las palabras de su hija antes de marcharse, a lo que ellos, cabizbajos, mascullaron un 'Si señora.' Recordando la escena en el desayuno que los dejo a todos con los pelos de punta.

Souta se había llevado al gato con él a la sala donde tenían la caja mágica que muestra imágenes. El niño le había insistido que lo acompañase para que no estuviera solo, pero el hanyou se negó, alegando que no le gustaba ese raro objeto, lo cual obviamente era mentira, es más, ese objeto le era curioso e interesante, pero en esos momentos no se sentía con ánimos. Quería estar solo para reorganizar sus pensamientos: A ver, tuve la oportunidad de besarla, me sentó, se llevó mi espada, la intento recuperar, me sienta unas tres veces más… ¿y al día siguiente jura matarme si me acerco a la paloma esa? Keh, ¿Qué le sucede? ¿Acaso esa cosa es as importante que yo? ¿Acaso no se da cuenta de que yo…?

¡Kagome, Kagome! ¡Linda, es mía! ―el emplumado interrumpió sus pensamientos, repitiendo las palabras de Naomi Higurashi y de la joven del futuro.

― ¡¿Acaso estás loco?! ¿Quién demonios te crees que eres para decir esas cosas? ― su ataque de ira había sido tan repentino, que no se había dado cuenta de que estaba de pie sujetando la jaula como si fueran los hombros de alguien ― Escúchame bien pequeño vomito de caballo mágico ― masculló chirriando los dientes ― Kagome es solo mía ¿Entendiste? MíA. Ni tuya, ni del sarnoso de Koga, ni del humano baboso que está en su escuela. Yo soy el único que podrá protegerla, así que espero que te quede bien claro… ―soltó la jaula todo sonrojado, como si de pronto el metal le quemara las manos. Ahora analizaba sus palabras que terminaron por colorearle toda la cara.― Solo esto faltaba, que un animal se enamorara de Kagome… ― chasqueó la lengua, dándole la espalda cruzado de brazos. Aún nuestro pequeño Hanyou no comprendía que el ave solo repetía. Para él, la cotorra era un ser maligno enviado por sus enemigos para fastidiarlo hasta sacarlo de sus casillas.

Souta estaba muy concentrado viendo su programa favorito de televisión, tenía el gato entre los brazos y una sonrisa en su inocente rostro. Había dejado solo a Inuyasha, pero esto no era un problema, ¿no? Bueno, si él no quería acompañarlo era su problema, ¡por nada del mundo se perdería su programa! Buyo se removió en sus brazos, moviendo sus orejitas de vez en cuando, cuando el gato entendió que el niño no lo soltaría dio un largo maullido esperando atención.

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― ¡Shhh Buyo, haz silencio!―ahogó una risita cuando uno de los personajes tropezó y cayó al suelo.

Un horrible estruendo resonó por toda la casa, el suelo se estremeció un poco. Algo se había caído, ¡Dios, sabía que no podía dejarlo solo! Se levantó con gran velocidad temiendo lo peor, dejo la tele encendida y el gato atrás que no dudo en seguirlo, curioso. Chillidos insoportables para su tímpano se oyeron en el corto trayecto cuando llego 'a la escena del crimen' se quedó estupefacto y no dudo en taparse los oídos por aquel insoportable escandalo: Inuyasha tenía sus dedos de la mano izquierda enredada entre los sumamente estrechos barrotes. La jaula se había caído, esparciendo el agua y comida en el suelo que minutos atrás, estaban en los platitos de plástico. Y para su peor suerte, el ave revoloteaba libre sobre la cabeza del hibrido, chillando asustado.

― ¡Vuelve aquí cobarde! ― le gritaba orejas de perro al pájaro, mientras intentaba liberarse de agarre de los barrotes ― ¡Baja para que pueda estrangularte!

― ¡¿Inuyasha pero que has hecho?! ¡Mi hermana nos matará! ― estaba horrorizado, no era posible que Inuyasha fuera más idiota ¿Es que acaso no había oído a su hermana?, para colmo Buyo no ayudaba, el gato flojo daba torpes saltos al aire, en un vano intento de alcanzarla.

― ¡No me eches la culpa, él empezó!...No, por ahí, ¡atrápala! ― indicó el oji-dorado cuando el ave cambio de rumbo y buscaba una abertura por la cual escapar mientras el niño la perseguía como podía, pero todo estaba cerrado, era inútil.

― ¡Estamos en casa! ― la puerta se abrió de par en par, avisando de su llegada con grandes bolsas a cada lado de sus manos. Las caras de Souta e Inuyasha no pudiesen haber estado más pálidas. El ave vio la luz y con todas sus fuerzas aleteo lo más rápido que podía. Ni siquiera el abuelo y su mamá se dieron cuenta cuando el pajaro sobrevoló sus cabezas y surco el cielo. Los dos chicos estaban boquiabiertos, pálidos, sentían que su mundo se venía abajo y se desintegraban con el momento.

― ¡Esto no puede ser posible! ¡¿Que vamos a hacer, que vamos a hacer?! ¡Orejas de perro piensa algo rápido, rápido! ― gritaba Souta, dando saltitos desesperados en su sitio mientras agitaba sus manos. El pobre niño estaba teniendo un pequeño ataque de pánico de solo pensar de lo que su hermana mayor podría llegarle a hacer. Era niño muerto.

― ¿Qué? ¡¿Y yo porque?! ― el oji-dorado se intentó zafar, pero era imposible. Ya él se imaginaba su cabeza en el inframundo de tantos "abajos" que la azabache le proporcionaría.

― ¿Se puede saber por qué tanto escándalo? ¿Y este desastre?― interrumpió la señora Higurashi señalando con el ceño fruncido la jaula y los alimentos en el suelo. El abuelo, tan astuto como siempre, había escapado al templo para librarse de limpiar o desempacar las compras.

― ¿Eh?― fue lo único que dijeron los chicos, reparando en la presencia de la madre.

― ¡Lo que ocurre es que... Que...! ¡Llevamos al pajarito a la veterinaria! ¿Ve-verdad amigo? ―inventó el menor, con unos ojos suplicantes que le decían al platinado 'sígueme el juego'.

―Si...lo llevamos a la Terevinaria. Digo... ¡eso!

― ¿Le paso algo malo? ―preocupada, la mujer se llevó una mano a la boca.

― ¡Se sentía mal de la panza, nada grave y ahora nos llamaron para pasarla a recoger e Inuyasha se tropezó con la jaula... Pues es, es, es... Sonámbulo! ¡Adiós! ―balbuceó Souta, halando de la mano al mayor, saliendo por la.

―Espera, ¿cómo sabias que le dolía la panza hijo?, ¿Inuyasha eres sonámbulo? ¡Pero si es casi medio día!

Mierda.

―Eso fue porque... ¡Se lo dijo a Inuyasha! Ya sabes mamá, como es un perro, es normal que pudiera hacer eso ¡JÁ JÁ JÁ! Además, los perros duermen mejor durante el día ¿No es así? ― estaba nerviosísimo y perdiendo tiempo valioso, Solo Dios sabia a dónde demonios había huido el animal.

― ¡Así es! Emm, el pájaro dijo... ¿Ouch, como me duele?

― ¡Nos vemos más tarde!― corrió hasta llegar a los escalones de piedra que daban la entrada al terreno con su amigo agarrado de la mano. Bajó unos cuantos hasta que la casa se perdió sobre los escalones ―Por favor dime que tenemos una oportunidad de vivir. ― lloriqueó Souta.

―Keh, no seas tonto. La encontráremos― se cruzó de brazos, cerrando los ojos como si fuera el hombre más sabio del mundo. ― Kagome dijo que era muy rara en Japón, así que es muy vistosa. Y con lo apesta, no creo que sería muy difícil encontrarla. Usaremos mi olfato, ahora súbete ―Inuyasha se agachó y puso sus manos atrás, cuando vio que el niño no reaccionaba, le miró mal. Estaba perdiendo la paciencia.

― ¿Qué haces ahí parado? ¡Vamos, no tenemos todo el día!

―Yo paso. Creo que sería mejor si vamos a pie.

El mayor hizo una mueca de desagrado. Una venita palpitaba en su sien, sus colmillos sobresalieron un momento por sobre sus labios.

― ¿Acaso quieres morir? ―explotó el hanyou en un gruñido. El niño se quedó estático por la personalidad volátil de su acompañante.― ¡Keh! Si no la recuperamos, TÚ serás responsable de mis actos.― el hibrido sonrió con sorna, provocando al menor con sus crueles pero ciertas palabras― ¿Recuerdas? Cualquier idiotez que haga la culpa recaerá sobre tus hombros. ―dijo haciendo una mala imitación de la voz de Kagome.

La cara del pequeño no podia estar mas pálida.

― ¿Qué estás esperando? ¡Vámonos, vámonos, vámonos! ―le gritó a las orejas caninas cuando ya estaba sobre su espalda, en una posición muy torpe. No era miedo, sino que había pasado mucho desde la última vez que saltaba por los edificios en la espalda de Inuyasha. Bueno, si, era miedo.

El oji-dorado dio una sonrisa de lado satisfecho por el resultado antes de dar un alto y ágil salto, confiándole esta difícil tarea a su aguda nariz.

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― ¡Por ahí! ¡Rápido, la vamos a perder! ―señaló al pajarito que estaba cómodamente instalado en un nido ajeno sobre un alto edificio. El ave enseguida reconoció la voz, y aleteo con pavor lejos de allí.

― ¡No escapes engendro del demonio! ―tomó impulso sobre la cornisa de una edificación y sin dudarlo dos veces, se apresuró a seguirlo.

El pajarito bajo en picada hacia una obra en construcción en plena labor. Aterrizó en una viga sucia de un viscoso líquido gris, escondiéndose de sus dos 'depredadores'.

― ¡Aquí estas! ―pero era tarde, la cotorra ya había alzado el vuelo de nuevo ―¡Maldición! Debería cortarle las alas con Colmillo de acero y así resolveríamos este embrollo. ―Inuyasha apretó tan fuertemente el metal del cual se mantenía agarrado, que dejo marcado sus dedos en este de la rabia que sentía.

Simplemente quería estrangular a esa cotorra, pero por Kagome no se atrevía a hacerla papilla. Ya estaba atardeciendo, y querían recuperarla para antes de que la chica volviera. No fue fácil encontrarla, Tokio era un lugar bastante grande. Darle caza era lo peor, cada vez que la sentían cerca, huía hábilmente. Era como una escurridiza y cobarde pulga que conocía bastante bien.

Souta sabía de más que hermano orejas de perro no era el hombre más paciente del mundo, por eso quería atraparla rápido. Si su amigo llegaba la desesperación, de seguro recurriría a cualquier método posible por tenerla entre sus garras, y eso implicaba su espada si era posible...

― ¿A dónde fue? ―cuestionó el niño en su espalda. Cuando el aludido no respondió de inmediato, Souta le zarandeó el collar, ahorcándolo ―¡Habla Inuyasha!

― ¡Ay! ¡Niño malagradecido, tranquilízate! ―movió varias veces sus orejas peludas mientras se acomodaba el collar de conjuros ― Estoy buscando su rastro ―el olor familiar y ese aleteo inconfundible llego a él ― ¡Ya lo tengo! ―Inuyasha no le dio tiempo al menor de reaccionar, pues saltó como un felino que acorrala a su presa hacia donde provenía tal peste.

Paso rápidamente por varios edificios más, hasta que la ubicó con sus doradas irises acomodada en el tubo superior de una barandilla de un andamio colgante donde un humano, ajeno a todo, limpiaba las ventanas de un edificio alto mientras silbaba pacíficamente.

El pobre hombre no lo vio venir.

El chico de la época feudal se lanzó hacia el ave con tal violencia, que el andamio se balanceó de izquierda a derecha vertiendo la cubeta de agua sobre los cuatro individuos mientras el plumifero forcejeaba el agarre del platinado, chillando como cerdo en el matadero.

― ¡Mamá, mamá! ¡AYUDAME! ¡Ah, auxilio! ―lloriqueaba desesperado el pobre hombre enredando sus brazos en el tubo de metal. La superficie temblaba sin control.

Plumas coloridas, gritos, maldiciones y quejas se oían desde arriba.

― ¡Já, estúpido animal! ¿Acaso creíste que podías escapar de mí?― rió sádicamente cuando todo se había calmado ―Ahora solo queda llevarla... ¡AAAY PAJARRACO ENDEMONIADO DEL MAL!

Resultado:

Lo había mordido la mano con fuerza. Soltó la cotorra por acto reflejo. La cotorra escapo, una vez más. Estaba oscureciendo...

Mierda. Definitivamente Kagome lo iba a sepultar vivo.

XxxX

Si chicas, me quieren matar, lo se U_U tuve un ataque de desinspiracion y no sabia como iba a acabar esta historia, pero gracias a un usuario que me agrego a Follow la semana pasada (you know that its you) me subio la autoestima al 100 por 100 y aqui estoy de nuevo je je jee... LO SIENTO!

Bueno primero que nada, actualizare pronto, ya que tengo el delicioso final planeado. Si, se que quedo super corto, pero lo tuve que cortar para poder seguir el orden natural de las cosas .

Se que esta cotorrita es una desgraciada, pero quiero que haga perder los estribos a Inuyasha... ya veran por que *Muajajajaja* Aqui quise hacer comico el capitulo, reflejando la relacion de Inu con Souta como de un hermano mayor que no tiene pelos en la lengua, ni paciencia XD no se preocupen, habra final feliz y toda la cosa...

LOS REVIEWS SON GRATIS y creanme, me ayudan mucho a la hora de escribir, asi que porfis considerenme aunque me quieran succionar el cerebro.

Hasta la proxima! besos! :)