"...y entonces he ido atravesando esta especie de cueva hasta encontraros."

Ahí Sumika terminó de explicarles su historia a sus amigas Kazama, Kiyori, Tomoe, Miyako y Azusa. Éstas se quedaban impresionadas debido a las fuertes situaciones que tuvo que enfrentarse Sumika.

"Sumi-chan..." Kazama trató de decir "Lamento mucho lo de tu familia, no esperaba que..."

"No tienes por qué disculparte, Kazama... Nadie pudo haber sabido el desenlace..." Sumika dijo "Lo superaré, tarde o temprano."

Sumika miró a su alrededor... En la cueva había un montón de estudiantes, todos ellos adolescentes, la mayoría asustados, unos abrazándose el uno al otro...

"Mira a todos estos estudiantes..." Sumika dijo "Poco se esperarán de lo que pasa ahí arriba... No estamos preparados para esto, ni siquiera sabemos qué planes tienen nuestros enemigos..."

"No te desanimes, Murasame-kun." Tomoe animó "No hay que rendirse nunca, hasta que lo demos todo."

"Ya... Gracias por el ánimo..."

De pronto, un militar se acercó y dijo en voz alta lo siguiente:

"¡Atención todos!" Dijo él "Seguidme todos, el comandante quiere veros a todos en el nivel bajo, inmediatamente."

"Vaya, ¿qué será?" Miyako susurró "¿Nuestra liberación?"

"Mejor no hacerse ilusiones..." Tomoe dijo "Todavía es pronto para eso..."

Todo el mundo se levantó y siguió al militar hasta el nivel bajo. Todos se hallaron en una sala muy, muy amplia, tanto que parecía un gimnasio. Todos los estudiantes (y otras personas) hicieron lo que pudieron para caber allí, ya que apenas había sitio para tanta gente.

Al estrado estaba otro militar con un micrófono y comenzó su discurso:

"Damas y caballeros. Jóvenes, estudiantes o académicos..." El militar dijo con el micrófono "No os voy a mentir, estamos en guerra con un grupo enemigo desconocido. No tenemos ni idea de quiénes son, pero lo que sí sabemos es que no tienen piedad con nadie, sea quien sea. Se está desatando una guerra civil a nivel mundial. Sé que sonará peligroso lo que voy a decir, pero lo diré... Quiero que vosotros forméis parte de esa guerra, cooperéis con el Ejército Japonés y hagáis historia como los japoneses que trajeron la paz a su país natal."

En ese momento, todas las personas se asustaron, y no era de extrañarse.

"Lo sé. Pero no tenéis por qué ir; podemos esperar a que vengan ellos y nos maten, nos torturen o algo peor... Si queréis participar en esta guerra, sólo pedídmelo y recibiréis una instrucción. Rápida, pero suficiente. No tenéis mucha elección en estos momentos, así que vosotros decidís. Buenas tardes."

Entonces, el comandante dejó el estrado y abandonó la gran sala, dejando a los estudiantes sin habla.


Después de reunirse en el sitio anterior del refugio, Sumika estaba hablando con sus amigas sobre el tema de participar en la guerra.

"¿Pero habéis visto qué tan directo ha ido?" Sumika dijo "¡Como si pensara que todos hubiésemos jugado a aquel videojuego de disparos!"

"¡Y con ese lenguaje soez de que si podemos elegir morir!" Miyako dijo "¡Qué falta de delicadeza!"

"Aunque pensadlo un poco, chicas..." Tomoe dijo "No tenemos mucha elección, y estamos jugando en desventaja... ¿Qué vamos a hacer?"

Ante la frase de Tomoe, las chicas empezaron a ponerse pensativas durante un buen rato. "¿Merecería la pena?" "¿Deberíamos sacrificar nuestras anteriores vidas por esto?" eran algunos de los dilemas que se estaban planteando seriamente.

Después de unos minutos en silencio, Sumika se levantó y dijo lo siguiente:

"Voy a alistarme."

Eso dejó sorprendidas a sus amigas, especialmente a Kazama y Kiyori.

"¡Pero...! ¿Estás mal de la cabeza?" Kiyori exclamó.

"Esos idiotas mataron a mi familia, y probablemente también a la vuestra." Sumika respondió "Creo que tengo derecho a mancharme las manos de sangre."

"Sumi-chan... escucha..." Kazama dijo "Entiendo que quieres hacerlo por venganza, pero si vas por ahí sin más te perderemos. ¡No lo hagas!"

"Chicas..." Sumika dio un suspiro para explicarse por última vez "He visto cosas que vosotras no creeríais: bombarderos en casas ya destruidas, militares asesinando a quemarropa a gente inocente incluso después de su muerte, varias patrullas enemigas bien entrenadas..."

El monólogo de Sumika captó la atención de cierta persona, las chicas estuvieron al margen de él.

"...y fui, desde el instituto destruido, con escenarios sangrientos, yo sola a este sitio... Bueno, contando con la ayuda de un transporte de rescate que posteriormente había sido destruido por esos enemigos misteriosos, pero escapé de allí por muchísima suerte." Sumika continuó "Eso es todo lo que he pasado, y si vais a ese infierno, darlo todo porque si le dais a vuestro enemigo una mínima oportunidad, os matará antes de que vosotras respiréis... ¡De hecho, ¿por qué quiero alistarme sólo yo?! ¡No puedo hacerlo todo sola, necesito vuestro apoyo, y la de los demás para salvar Japón, quizás el mundo entero! ¡Debemos unirnos todos!"

Después de esas palabras, sorprendentemente, hubo muchos aplausos por parte de muchísima gente, excepto las amigas de Sumika, que se quedaron impresionadas por la tremenda charla que dio ella tanto que hasta pensaron que toda esa experiencia que sufrió Sumika afectó en su personalidad.

La persona que prestó atención a Sumika era un hombre con traje militar, se acercó a Sumika:

"Tienes valor, chica. Mucho valor." Empezó él.

"Se agradece." Sumika dijo.

"Supongo que estaría encantada por colaborar con la Resistencia, ¿verdad? Soy el coronel."

"Desde luego. Yo soy Sumika Murasame. ¿Por dónde puedo empezar?"

"Tenemos un campo de tiro." El coronel fue con Sumika acompañada hacia el lugar que vendría ser el campo de tiro "¿Manejaste un arma alguna vez?"

"Pues... Va a ser que no, pero ahora tengo interés.

"¡Sumi-chan! ¿Qué haces?" Kazama se acercó a Sumika.

"¿Qué crees que voy a hacer?" Sumika respondió.

"No puedes hacer esto, ¡es demasiado para ti!"

"Entonces ayúdame, no puedo hacerlo sola."

"No... Así no..."

"No tienes por qué hacerlo. Tienes dos opciones: o te alistas conmigo y nos ayudamos la una a la otra sin cometer riesgos innecesarios, o puedes quedarte aquí sin peligro a que te secuestren, te maten o algo peor."

"Sumi-chan..." La propuesta de Sumika dejó petrificada a Kazama "Tengo que pensarlo..."

"Muy bien..."

Así, Kazama se dio la vuelta para volver con sus amigas.


El coronel, una vez en la sala de tiro, le estaba enseñando las básicas a Sumika. La sala de tiro era como otro lugar cualquiera de la cueva de la Resistencia, sólo que era más amplia, tenían tablas de madera con dibujos de representaciones de blancos.

Lo sorprendente fue que mucha gente estaba atendiendo a la explicación del coronel a Sumika.

"Esta palanca determina el tipo de disparo, que incluye el seguro, el tiro a tiro, a ráfagas y automático." El coronel le estaba enseñando el AK-74 "Ése será nuestro arma preferida, pero tenemos otras si no tenemos tantas para todos. Ése de ahí es el gatillo para disparar, y la mirilla, para que veas a dónde apuntas."

"Me vale." Sumika respondió.

"Hay unas cuatro normas que hay que saber sobre la seguridad en las armas. Las definió Jeff Cooper: Uno, todas las armas están siempre cargadas; dos, nunca permite que el cañón apunte a elementos que no desee destruir; tres, mantener el dedo alejado del gatillo hasta que su vista está sobre el objetivo; y cuatro, asegurarse de tener el blanco correcto y de lo que se encuentra detrás de él."

"Suena sencillo."

"De acuerdo, allí hay unos cuantos objetivos a distancias distintas. Toma tu tiempo y recuerda apuntar con la mira. Inténtalo con el más cercano."

El más cercano estaba a unos 15 metros. Sumika, decidida, se posicionó y comenzó a apuntar al objetivo.

"Recuerda que para apuntar mejor es preferible agacharse." El coronel avisó.

"Dispararé levantada, por probar." Sumika respondió, sin dejar de apuntar al objetivo.

Pasaron unos casi interminables segundos hasta que Sumika apretó el gatillo con la función de ráfagas... el retroceso del arma fue bastante violento, empujando a Sumika hasta que cayera al suelo. No le ha dado al objetivo.

"Je, je." El coronel se rió "Siempre pasa la primera vez. Cada arma tiene un retroceso diferente; normalmente las más potentes o las que tienen mayor cadencia de fuego tienen un retroceso mayor."

"Ya..." Sumika respondió, levantándose "No es como en las películas, ya sabes, esas típicas que un solo tío se carga a un ejército."

"Te entiendo. Tan realista no es."

Sumika comenzó a apuntar de nuevo, esta vez con anticipación al empujón del retroceso del arma, para que no vuelva a ser empujada de nuevo.

"¡Ánimo, chica, que tú puedes!" Dijo una voz entre las personas que estaban observando el entrenamiento.

Sumika seguía concentrada, tomó un par de segundos hasta que apretó el gatillo. Esta vez el arma no le empujó a ella como antes, y le dio al objetivo por el torso. La gente le aplaudió.

"¿Has visto?" El coronel dijo "Lo puedes hacer, cualquiera puede manejar un arma, te sorprenderías de las cosas que llega a arreglar hasta una simple pistola."

"Ya veo... Supongo que las pistolas tienen menor retroceso, ¿verdad?" Sumika preguntó.

"Gran mayoría. Las pistolas de mayor calibre como una Desert Eagle tienen gran retroceso, aunque no tanto como el rifle habitual."

"Me hago a la idea..."

"Bueno, ¿quién quiere aprender a disparar?" El coronel se dirigió a los demás "Veo que habéis estado atendiendo, así que vemos qué es lo que habéis aprendido, si tenéis una pregunta no tenéis más que decírmelo..."

Sumika siguió practicando, mientras que los demás entraron a la sala de tiro para aprender.


"Chicas..." Kazama estuvo triste "Estoy preocupada por Sumi-chan..."

"No eres la única." Tomoe dijo "Ha perdido a su familia brutalmente y, por lo visto, le ha afectado mucho."

"Si en verdad ella va a la guerra..." Kazama empezó a soltar lágrimas "...ella va a morir..."

Sus amigas empezaron a abrazarla, y Kazama hizo lo mismo con ellas muy fuerte.

"No quiero perderla..." Kazama susurró, llorando "No quiero que Sumi-chan me deje..."