Capítulo 4

-¿No hay manera de que vengas? –conocía de sobra la respuesta. De lo contrario, no estarían ahí sentados.

Miró el fondo de su copa, turbio por el líquido.

-Lo siento, Will. Tengo que estar en Virginia mañana, ya lo sabes –suspiró esbozando una triste sonrisa.

-Pero... –dio un trago. Mañana se casaría con Terri. Era el día más importante de toda su vida y su mejor amiga iba a perdérselo. Y todo por el estúpido nuevo trabajo. Se alegraba de que tuviese un buen empleo y todo eso, pero la quería a su lado mientras le decía a su prometida el "Sí, quiero".

-A mí también me hubiese gustado ir, Will.

Ni siquiera fue capaz de mirarle mientras le decía eso. Era mentira, y según la propia Emma, la mentira es de las peores cosas que hay. Pero sabía que no podía decirle que no soportaría verle casándose con una mujer... que no era ella. Él no podría entender como le dolía ni en un millón de años, por la simple razón que sus sentimientos no eran iguales que los de ella. Para él, Emma era su amiga. Sólo y únicamente su amiga. O al menos así es como siempre lo vio ella.

-Ya veré las fotos.

-Por supuesto. Vete preparando porque te pienso hacer una peli animada –bromeó.

Emma se rió, aunque sabía que era muy capaz. Will no tardó en secundarla y el ambiente entre ellos se relajó.

-Bien. Que no se te olvide –se volvió hacia la barra y removió el hielo con su cañita antes de beber- ¿Sabes? Hacéis muy buena pareja. Tú y Terri. Seguro que seréis muy felices juntos –le sonrió.

Will buscó su mano para apretarla.

-Soy tan feliz, Emma. Quiero a Terri y sé que ella me quiera a mí igual. Es la mujer de mi vida. Estoy seguro de que todo a partir de ahora será perfecto. Como ella, Em –dijo con suspiro de enamorado.

-Estáis hecho el uno para el otro –le devolvió el apretoncito y escapó la mano de suya.

El silencio cayó sobre ellos mientras los pensamientos de cada uno viajaban por la cabeza de cada cual.

-Emma –ella le miró interrogativa. No se percibía la lucha acuática en sus ojos- ¿Sabes quién me preguntó el otro día por ti? Ken.

-¿Ken? –repitió- Oh, hace muchísimo que no le veo. ¿Cómo está?

-Como siempre, ya sabes. Medio loco por ti. Un poco frustrado por el equipo del instituto. Han vuelto a perder. Creo que le va a dar un algo, Em.

-Muy típico de Ken –rió.

Cuando Will y Emma empezaron a ser amigos, también lo fueron de Ken. Desde que tenían uso de razón, no había parado de estar detrás de ella. Para su desgracia, Emma pasaba de él. Cualquiera diría que había tenido tiempo para superarlo, pero...

-Creo que será mejor que me vaya ya –dije Emma tras echar un rápido vistazo a su reloj- No quiero perder el vuelo –se puso en pie y Will la imitó para poder abrazarla contra él. Era un abrazo de verdad, de los que se dan los amigos cuando se van a despedir.

-¿Estás llorando, Emma? –preguntó cuando se hubieron separados. Un par de lágrimas resbalaban por las mejillas de la pelirroja que se dio prisa en limpiar.

-Sí. Estoy tan feliz por ti, Will –susurró buscando un pañuelo en su bolso simplemente para no tener que mentirle a la cara.

La próxima vez que le viese, sería el Sr. Will Shuester, compartiría su vida con la Sra. Shuester siendo feliz.

-Te voy a echar de menos, Em. Debiste darme un cursillo de cómo conseguir mis propios consejos antes de irte –bromeó haciéndola sonreír.

-Puedes llamarme siempre que necesites algo. ¿Hacía falta que te lo dijese?

-Iba a hacerlo igualmente.

-Bien –sintió su estómago molestándola con sentimientos que trataba de esconder en un baúl bajo llave. Al fin y al cabo, era culpa suya. Podría haber sido más rápida que Terri, haber intentado conquistar a Will antes de que le pusiese el ojo encima a la que iba a ser su mujer. En cambio, nunca se había preocupado, lo había dejado pasar hasta que... hasta que fue demasiado tarde. Estaba locamente enamorado de ella, y nada de lo que Emma hiciese serviría más que para perder su amistad. Y eso era lo último que quería.

Will le apartó un mechón de pelo que se había quedado pegado a su mejilla por la humedad de las lágrimas.

Aún seguían estando muy cerca.

Se apoyó en su hombro para poder alzarse. Incluso con sus tacones seguía siendo más alto que ella. Sus labios presionaron tiernamente sobre cerca de la comisura de los suyos.

Cerró los ojos en la despedida, sabiendo que aquello sería lo más cerca que volvería a estar de él.

Sintió como le correspondía el toque, sujetando también su espalda levemente.

Tras aquello, Emma se sentía mucho más despejada que la anterior despedida.

-Me tengo que ir ya –repitió y le golpeó el pecho con cariño- Ya nos veremos, Will. Cuídate mucho.

-Buen viaje, Em. Y ten cuidado.

Porque fuese a donde fuese, y aunque la extrañase, quería que estuviese bien allá donde ella hubiese elegido.