Capítulo 4 — Naoko
"Haku ha vuelto".
Permanecieron allí, todos juntos, un rato más. Sobre las nueve decidieron volver a casa, y tanto Naoko como Haku salieron a despedirse de ellos a la puerta.
—Bueno, chicos, ¿mañana nos vemos?—preguntó Naoko, alegre. Las luces de la ciudad ya estaban encendidas, dando al lugar un aire fresco a pesar de ser aún agosto.
—Sí, por supuesto que sí—respondió Chihiro sonriente, mirando de reojo a Haku. Éste se sonrojó y se llevó la muñeca a la boca, apartando la mirada.
—¿Qué os parece si quedamos e iniciamos a Haku en el maravilloso arte de estudiar?—inquirió Makoto, solemne, una mano en su pecho.
—Cuando pienso que no puedes parecer más tonta, vas y lo consigues—repuso Suoh, y suspiró—. ¿Qué te parece, Yukio? ¿Los ayudamos?—se volvió hacia él, hacia sus ojos.
Yukio asintió, sintiendo su corazón henchido de felicidad.
—Bien, entonces mañana en casa de Makoto a las diez. Decidido—Suoh asintió, cruzado de brazos.
—¡¿Eeeehh?!—exclamó Makoto, llevándose las manos a la cabeza—. ¡¿Otra vez?!
—No te preocupes, Mako—sonrió Hinata, apoyando las manos en sus hombros—. Yo te ayudaré a recoger.
—Yo también, por supuesto—Haruka hizo un gesto de victoria con el puño.
—Todos lo haremos—replicó Chihiro—. ¿Verdad, Haku?
Haku asintió vehementemente. No podía esperar a verla al día siguiente.
—¡Bien, está decidido!—Makoto se animó de pronto, sus piernas casi tan abiertas como sus fosas nasales, sus brazos encogidos en su tronco—. ¡Estudiemos mañana como si no hubiera un... mañana!
El grupo rió, Suoh frotándose las cejas.
—Mako, de verdad que eres genial—le dijo Hinata—. Bueno, ¡hasta mañana, Haku! ¡Hasta mañana, Naoko!—se acercó a este último y le abrazó. El chico respondió a su abrazo dándole un beso en la mejilla, y ella se sonrojó.
—Tonto—susurró, mirando al suelo—. ¡Baibai!—chilló, y echó a correr en dirección a su casa.
—De verdad, esa idiota...—suspiró Suoh—. Yukio, ven, vamos a acompañarla.
—¿Eeehh? ¿Y nosotras?—preguntó Makoto, defraudada.
—Van contigo, así que estaréis bieeeen—respondió Suoh sin darse la vuelta, y levantó la mano para despedirse. Yukio, por su parte, sí se dio la vuelta, y les sacó la lengua, alegre.
Naoko rió.
—Nunca cambiaréis, ¿verdad?
—Nunca—sonrió Makoto, e hizo también un gesto de victoria—. Bueno, yo me voy yendo. ¿Os venís?—se giró hacia las chicas.
—De acuerdo, así podemos hablar de qué llevar de comer—sonrió Rin—. Estaba pensando en patatas fritas y cosas así.
—¡Ooohh, buena idea!—Makoto puso cara de que le hubiera regalado las pirámides de Giza.
—Bueno, vámonos—intervino Haruka, mirando su reloj—. Debo estar en casa en media hora o mi madre me matará.
—Madres estrictas...—suspiró Chihiro—. Yo también debería estar en casa antes de las diez, la verdad—se volvió hacia Haku, dubitativa.
—No te preocupes—sonrió él—. Estaré bien—se acercó un paso hacia ella—. De verdad.
Chihiro lo miró, y acto seguido miró a Naoko.
—Explícale lo que necesite, ¿vale?—parecía avergonzada por decir aquello—. No sabe muchas cosas de este mundo.
Naoko levantó el pulgar.
—Tú déjamelo a mí—sonrió.
La chica asintió y pareció dudar unos instantes. Entonces, se lanzó hacia el chico de pelo corto y oscuro y le abrazó. Fueron apenas unos segundos, pero para ellos fueron eternos.
Tras que las chicas se fueran, los dos jóvenes entraron de nuevo en la tienda y, traspasando una puerta, subieron unas escaleras hacia la casa de los Watanabe.
—Haku, si no te importa, todo lo que necesites saber pregúntamelo a mí, ¿vale?—Naoko se giró, hablando en susurros para que sus padres no lo escucharan—. Se extrañarían de que no supieras cosas así.
Haku asintió y esbozó una leve sonrisa.
—No hay problema—respondió, y Naoko continuó su camino sin más, hacia su cuarto, por delante de sus padres.
La mirada de Haku se encontró con la de los señores Watanabe, y ellos le sonrieron amablemente.
—Buenas noches, chicos—dijo el padre, y Naoko levantó la mano como respuesta.
Haku, por su parte, hizo una ligera reverencia conforme pasaba por delante de ellos.
Una vez en el cuarto de Naoko, éste rebuscó en unos cajones, y poco después le lanzó un pijama a la cara.
—Es algo viejo, pero te irá bien—le dijo, y comenzó a cambiarse allí mismo. Aquello no alteró a Haku, que lo imitó sin pudor alguno.
Una vez tuvieron puestos los pijamas, Naoko se quitó su cintillo, dejándolo encima de la mesa de cualquier manera, y abrió un cajón bajo su cama. Resultó ser otra cama, para sorpresa de Haku. El castaño colocó una almohada sobre la litera recién mostrada, y se encaramó hasta su lecho. Haku se quedó allí, mirando la cama con incertidumbre.
—¿Ahí es donde duermo yo?—preguntó.
Naoko se echó a reír, sentado con las piernas cruzadas y el pelo suelto alrededor de su cara.
—¿Dónde ibas a dormir si no? ¿En el suelo?
Haku tomó aquello como una afirmación y, dejando las bolsas y su ropa, hasta ahora en sus manos, en una esquina del cuarto, se subió a la cama.
—Todo esto es muy extraño—murmuró conforme se metía entre las sábanas.
—No me digas que nunca has dormido en una cama—bromeó Naoko, ahora apoyado sobre la pared.
Haku negó con la cabeza.
—Ni siquiera había dormido hasta ayer—respondió casualmente, y Naoko pareció sorprendido.
El silencio invadió la estancia. La luz seguía prendida a pesar del ambiente tranquilo del cuarto, y entonces el castaño la apagó, invitando a Morfeo a entrar en el cuarto.
Haku se giró en medio de la oscuridad.
—¿Cómo se supone que se duerme uno?—preguntó de pronto.
Naoko reprimió como pudo la risa.
—¿Cómo quieres que te explique?—la sonrisa se notaba en su tono de voz—. Simplemente cierras los ojos y ocurre.
—¿En serio?
—Totalmente.
Haku soltó un sonido de exclamación.
—Sí que sois complicados los humanos.
Naoko frunció el ceño desde su cama. Aún no se había tumbado siquiera.
—¿Complicados?—preguntó, curioso—. ¿Qué te hace decir eso?
—Mmm...—Haku parecía pensativo—. Bueno, primero está esto de crecer y del pelo... El cambio de la voz... Todo eso. Además tenéis que comer y dormir para manteneros vivos, y no entiendo cómo funciona todo eso del amor, ni cómo nacen los bebés o cómo se siente morir. Es todo... muy extraño—elevó las manos por encima de su cara, a pesar de que no podía verlas—. Pero a la vez es fantástico. Sentís... Sentimos—se corrigió— muchas cosas, y todo es divertido e interesante. Tenéis tantas cosas que yo desconocía... Como esta cama, ¿a quién se le habrá ocurrido algo tan útil?—soltó un par de carcajadas—. Sois muy extraños.
Naoko se quedó en silencio, pensativo, y se dejó caer hasta apoyar la cabeza sobre la almohada.
—No sé qué responderte a eso. Cierto es que crecer y que te salgan pelos por todas partes es un engorro pero lo demás es bastante genial... Aunque no te creas que todo son cosas buenas. Incluso en el amor, hay momentos duros y dolorosos, y muchas dudas...—Naoko se giró hacia la pared—. Pero merece la pena vivir.
—Sí, sí que la merece—replicó Haku, recordando cómo Chihiro le había salvado de morir aquella vez en la casa de baños, tras robarle el sello a Yubaba... El mismo sello que le había llevado hasta aquel momento.
El silencio volvió a asentarse entre ellos, y entonces la voz de Haku surgió en medio de éste.
—Naoko—lo llamó. Él hizo un sonido con la garganta, como confirmando que seguía despierto—. ¿Qué pasa entre Hinata y tú?
Aquella pregunta despertó por completo al castaño, que se giró hacia el chico.
—¿Qué quieres decir?
—No entiendo qué ocurre entre vosotros—respondió Haku—. No entiendo qué relación tenéis, y me produce curiosidad, porque creo que Chihiro... que yo...—la vergüenza paralizó su lengua, y Naoko, conocedor de esto, sonrió en medio de la oscuridad.
—Verás, Hinata y yo somos novios—replicó—desde hace dos años ya. Es la chica más maravillosa que existe.
—¿Y cómo... cómo os volvisteis novios? ¿Qué hacen los novios?
Naoko rió.
—De verdad que eres como un crío, ¿eh?
Haku no respondió, y el castaño suspiró.
—Qué remedio, te lo contaré...—dijo, y comenzó a recordar—. Hinata y yo no nos conocimos hasta tercero de primaria. Ella era una chica tímida, de pelo muy largo, que se pasaba los recreos dibujando con una sonrisa en la cara. Yo era el típico payaso de clase que siempre está haciendo ruido y alborotando—soltó una carcajada—. Ella era la única que no se reía de mis bromas, y aquello me molestaba mucho. Así que un día decidí ir a incordiarla en el recreo. Me acerqué a ella, al banco donde se sentaba, y justo cuando iba a llamarla "tonta", ella me miró, me enseñó su dibujo y me dijo "Nunca sonríes de verdad"—Naoko miró al techo, sintiendo calor en su pecho—. El dibujo era yo, mitad de mi cara llorando, y la otra mitad riendo. Como esas máscaras del teatro. Después de decirme eso, me dio el dibujo y se marchó a otro lado, como si estuviera enfadada.
Aquello me sorprendió mucho, y me entraron muchas ganas de llorar, porque se había dado cuenta de que yo estaba triste, pero a la vez era reconfortante saber que alguien me entendía. Así que desde entonces comencé a acercarme más a ella cada recreo. Cuando estaba con ella, no tenía que fingir nada, y eso me hacía feliz. Así que al final abandoné a mis antiguos amigos por ella, y ella parecía que también era feliz conmigo. Y así cuarto llegó, y volvimos a estar juntos en clase.
Pero no esperaba aquello. Cuando fui a saludarla, ella me ignoró. Aquello me congeló el corazón. Daba igual lo que hiciera, ni siquiera me miraba. Entonces, un día, la vi llorando al salir del baño, y entendí qué ocurría. Mis antiguos amigos la habían amenazado. Así que fui a por esos chicos, y les dije todo lo que no les había dicho hasta entonces. Ellos se enfadaron muchísimo, me llamaron "basura" y cosas por el estilo, y después me hicieron moretones por todo el cuerpo. Hinata llegó justo cuando ellos se iban, y no dudó en ayudarme a levantarme. Iba a decirme algo, pero le corté diciendo "no volverán a molestarnos, así que por favor, no llores más". Ella sonrió, y desde entonces no dejó de hacerlo.
Al día siguiente vino con el pelo corto, muy corto, y mi corazón dio un vuelco. Entonces supe que ella había empezado a gustarme, pero oculté esos sentimientos. Y quinto llegó. Chihiro llegó a clase, y ella nos reunió a nosotros, al grupo. Comenzó a hablar con Hinata y conmigo como si nada a la semana de llegar, y poco después se nos unió Makoto. Rin y Haruka no tardaron en llegar, y el último fue Yukio. Éramos un grupo extraño, pero nos reíamos juntos, y entendimos que que nos sintiéramos como una familia no era casualidad.
Hinata ahora sonreía todo el rato, y siempre se giraba hacia mí para contarme tal o cual cosa si me la perdía, con sus mejillas sonrosadas. Mi corazón se volvía loco con esa expresión. Aún lo hace.
Así que así fue pasando el tiempo. Nos graduamos del colegio y entramos al instituto, y a mitad del primer año, dio la casualidad que a Hinata se le declaró un chico. Ella lo aceptó, y aquello me puso muy, muy celoso. Yo quería que Hinata fuera solo para mí y que yo fuera solo para ella. Pero me daba miedo su respuesta, así que me callé mis sentimientos y la felicité... Y poco a poco, sin darme yo cuenta, aquel sentimiento creció y creció, y alcancé un punto en que no podía más.
El segundo año llegó, y decidí que debía decírselo. Así que les conté a mis amigos, y todos se miraron con complacencia. "Al fin te decides", me dijo Rin. "Ella ha estado esperando por ti todo este tiempo, ¿sabes?". Aquello me sorprendió. Entonces, Hinata llegó. Aquella tarde de viernes, todos fingieron que tenían que irse a casa temprano, y yo me quedé a solas con Hinata. Ella trataba de no mirarme, y yo sentía cómo aumentaban mis ganas de llorar.
Entonces ella dijo que tenía que irse, y yo le agarré del brazo. "Hay algo que tengo que decirte", le dije. "Desde hace mucho tiempo". Ella se dio la vuelta, y entonces, al verla, las palabras salieron solas. "Me gustas", le dije. "Muchísimo, desde hace mucho tiempo, Hinata. Sé que es egoísta, pero... solo quiero que me mires a mí. No pienso perder ante tu novio." Ella negó con la cabeza, el atardecer tras su rostro medio lloroso. "Tú también me gustas, Naoko, desde hace mucho tiempo". Entonces nos abrazamos y la acompañé a casa.
Al día siguiente, Hinata terminó con su novio y empezó a salir conmigo. Más tarde me enteré de que había salido con él porque pensaba que yo a ella no la quería, y ella necesitaba deshacerse de sus sentimientos, pero había resultado imposible. No sabes lo que me alegré al oír aquello, Haku. Fue increíble... Amor correspondido—Naoko rió—. Es genial.
Haku permaneció en silencio.
—¿Y qué hacéis ahora como novios?
—¿Que qué hacemos?—Naoko bostezó, el sueño comenzando a invadirle—. Bueno, pues lo típico. Quedamos a solas, damos paseos por la ciudad cogidos de la mano. Pasamos por tiendas, compramos cosas, comemos en cafeterías o restaurantes los dos juntos—se giró hacia la pared—. Aunque a veces solo nos sentamos en un parque y nos besamos, y la verdad, son los mejores momentos de mi vida.
Haku guardó silencio, pensativo. Conocía los conceptos de los que él le hablaba, incluso el de "besarse". Y a pesar de todo, le resultaba inmensamente extraño todo aquello.
—Sí que sois complicados—murmuró, y escuchó la pesada respiración de Naoko desde la cama de al lado. Esbozó una sonrisa, divertido, y se sorprendió de aquel sentimiento—. O quizá no.
Y así, Haku se dio la vuelta y cerró los ojos, esperando a que el sueño acudiera por él, esperando por un nuevo amanecer.
Esperando para ver de nuevo a Chihiro.
