"If I could have just a moment of you. Would I be wanting more?
If I could have just a taste of you. Would I be addicted?
If I could have just a touch of you. Could I tear myself away?"
(Taste – Lorna Vallings)
Cuando se marchan del despacho de la entrenadora Sylvester, Rachel camina durante un rato con los ojos clavados en el suelo. No sabe exactamente con qué frase puede iniciar aquella conversación que, en su mente, suena tan perfecta.
—¿Por qué has mentido? — La pregunta de Quinn le pilla desprevenida.
—No quería que recibieras un castigo.
—Tú ni siquiera sabes si he sido la culpable o no.
—No me importa.
—¿Por qué te metes en mis asuntos? — Rachel se encoge de hombros y Quinn insiste, con tono molesto. — ¿Te he pedido yo que vengas a salvarme el culo?.
Aquella última frase provoca que todos y cada uno de los poros de Rachel Berry comiencen a rezumar orgullo. O habla ahora o su garganta se convertirá en un volcán y lo siguiente será escupir lava en dirección a la desagradecida de Quinn.
—No, no me lo has pedido. Lo he hecho de forma desinteresada. ¡Pero te he librado de un problema mayor! — Hace un aspaviento con las manos. — ¿Tan malo es que me importes?.
Quinn frena el paso en seco y se queda mirándola fijamente. Rachel sigue hablando, pero las palabras se le escapan a tal velocidad que ni las controla ni las entiende.
—¿Qué has dicho?
—Que lo he hecho de forma desinteresada.
—Eso no. Lo otro. — Quinn enarca una ceja y traga saliva. Nerviosa. — ¿En serio te importo?.
—¿Tú harías algo así por una persona que no te importase lo más mínimo?.
—Supongo que no.
—¿Supones?
—Sí, supongo. — Se encoge de hombros.
De pronto, no hay ni rastro de aquella nueva Quinn rebelde y desagradecida. Se ha esfumado. Y todo lo que Rachel ve es aquella sonrisa dulce y aquellos ojos brillantes con los que tantas veces ha soñado en secreto.
—Esta no es una de esas cosas que la gente supone, Quinn. Uno sabe cuando alguien le importa.
—Pero no entiendo el por qué, Rachel. ¿Por qué te importo? — Se lleva una mano al cuello y se rasca muy despacio.
—Porque, en el fondo, entiendo por lo que has pasado. Y si me pongo en tu lugar, yo necesitaría a alguien que estuviese ahí para escucharme, apoyarme y demostrarme que no estoy sola. Todos necesitamos a alguien así.
Rachel no sabe cómo seguir. Si se le va de las manos, confesará algo que nunca ha dicho en voz alta. Y no quiere hacerlo. No puede.
Siente que acaba de vivir otro de sus éxitos, pero no está segura de que Quinn haya vuelto a ser la misma de antes. No de repente.
Quinn la mira a los ojos. Rachel esboza media sonrisa. Mueve una mano y la vuelve a colocar en el sitio donde la tenía cuando estaba quieta. Suspira. Daría cualquier cosa por poder adivinar las intenciones de Quinn.
Y comienza a hablar de nuevo.
—No volveré a meterme en tus asuntos. Tranquila. Pero no es necesario que seas tan mezquina cuando intentamos entablar una conversación contigo. Tal y como ocurrió el otro día.
Las palabras le salen solas. Descontroladas.Y Quinn sigue sin decir nada, mirándola de forma directa. Intimidándola. Así que ella sigue hablando y hablando sin parar.
— Esta no eres tú, Quinn. Puedes decirme un millón de veces que te sientes a gusto. Que no necesitas a nadie.— Resopla. Y la incertidumbre la consume por dentro. — Pero yo no te creo.
Quinn sonríe y comienza a acercarse a ella. Lentamente. Rachel retrocede dando pasos cortos, pero la rubia no se detiene; la toma de las manos y no desiste hasta que los labios de ambas terminan chocando en un beso. Rachel se queda inmóvil. Un golpe de calor la recorre de arriba abajo. No le salen las palabras.
El cuarto paso lo ha dado Quinn.
Y el mundo acaba de pararse alrededor de ambas.
