Este fic es para el reto de Takari95 en el foro Proyecto 1-8
CROSSFIRE
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Capítulo 3
"Opposites attract"
-Los opuestos se atraen-
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I.
Kouichi sonrió, divertido, cuando vio a Neemon devorar la comida que le habían conseguido después de que se quejase por quinta vez de que tenía el estomago vacío. Por suerte habían encontrado un lugar para que pudiesen estar tranquilos y los digimon no tendrían que preocuparse porque alguien más pudiese verlos.
Habían terminado allí después de regresar de la estación Shibuya porque los gemelos habían tenido la sensación de que debían regresar. Encontraron a Junpei y Tomoki, que les explicaron que llevaron a un par de digimon para que pudiesen regresar al Mundo Digital en el Trailmon. Kouichi le pidió a Kouji que lo esperase y caminó tímidamente hacia las escaleras, vacilando a medida que se acercaba a ese lugar. Allí encontró a uno de sus compañeros, para sorpresa de su hermano gemelo. Sin embargo, un segundo después resultó evidente por qué los espíritus de la oscuridad habían optado por esperar al joven en ese lugar.
Después de todo, Kouichi no habría llegado al Mundo Digital de no haberse caído por las escaleras. Kouji lamentaba mucho lo ocurrido pero la idea que se le presentaba como más terrible era saber que, de no haber ocurrido lo que pasó, nunca habría conocido a su hermano. Probablemente nunca habría sabido que su madre estaba viva y, seguramente, muchas cosas de su vida habrían seguido el mismo rumbo que tenían en el pasado.
Resultaba hasta gracioso lo retorcido que el destino podía ser.
—Entiendo porque encontraste a KaiserLeomon en la estación —Kouji suspiró, mientras jugaba con el D-Scan negro y azul con facilidad—, allí es donde todo comenzó para ti, ¿verdad?
Kouichi asintió. Y luego decidió regresar al tema que habían estado platicando.
—¿Piensas que ir a la florería donde estuviste cuando llegó el mensaje es una buena idea, no? —inquirió el mayor, encogiéndose de hombros. Sus ojos se desviaron hacia su D-Scan. En la pantalla se reflejó el rostro del spirit bestia y no pudo evitar sonreír— Tal vez encuentres a Wolfmon o Garmmon.
—Pensé que hallaría algo en la estación, como tú —Kouji murmuró. La florería había cerrado pero aun recordaba la dirección en la que estaba, no demasiado lejos de su hogar— Mi D-Scan también había empezado a reaccionar en ese momento. Supongo que olvido que nuestros espíritus están conectados, también.
Kouichi ladeó el rostro para contemplar la expresión de su hermano, con curiosidad. Había algo de diversión en su mirada — ¿Te ha sorprendido lo de los niveles?
Kouji negó con la cabeza después de ver como Bokomon también acababa con lo que habían comprado para él. Era sorprendente el apetito que podían tener los digimon —No, realmente. Creo que siempre lo supe —ante la mirada confusa que le dio su hermano, no pudo evitar reírse—, desde que llegamos al Mundo Digital sabía que había algo que debía buscar. Tú eras la respuesta, ¿no? Ya te lo dije, estamos conectados. Quizás me haya sorprendido un poco que existiesen más niveles que ese.
Kouichi hizo un asentimiento silencioso.
Era cierto que los elementos de la luz y la oscuridad parecían tener un vínculo estrecho, recordaba que Patamon le había dicho algo al respecto. Pero él siempre se había sentido intrigado de que no existiese ninguna otra división, era evidente que los poderes de los guerreros diferían aunque la forma en la que lo hacían era algo extraña.
—Lo dimos por sentado —Bokomon interrumpió la conversación de ambos y se giraron hacia él. Aun seguía tratando de comer algo de lo que su compañero le permitía—, todos ustedes siempre se llevaron tan bien con sus elementos. Creímos que lo habían notado, de alguna forma…
—Y olvidaste mencionárselos —acotó Neemon, ganándose una mirada fulminante.
—Bueno —Kouichi se encogió de hombros después de reírse ante el intercambio —Junpei y Tomoki siempre se llevaron muy bien entre sí. Izumi y Takuya…
—Ellos no se llevaron jamás bien —Kouji comentó, con la sombra de una sonrisa en sus facciones. Izumi era la persona que más se enfrentaba a Takuya. A diferencia de lo que todos pensaban, él y su mejor amigo sólo discutían cuando tenían que tomar decisiones y para ponerse de acuerdo —que no era nada fácil— pero Izumi siempre encontraba algo para pelear con Kanbara. Y viceversa.
Kouichi sonrió —No, pero ya sabes, son un matrimonio. Sólo falta que se den cuenta.
Minamoto enarcó una ceja ante el tono de su hermano —¿Hay algo que no sepa, Nii-san?
—No lo sé. Tú también eres intuitivo —Kouichi suspiró, sonriendo con diversión. Kouji mantuvo su expresión, confundido esta vez— Por cierto, ¿por qué les dijiste en tu casa que te quedarías con nosotros? —inquirió.
—No lo dejarás pasar, ¿cierto?
Kouichi lo miró con firmeza y él tuvo que suspirar. Evidentemente, algunas cosas no habían cambiado. Su hermano mayor seguía siendo la única persona a la que no le bastaban las cosas directas y siempre tenía que buscar más de lo que encontraba. Y seguía siendo francamente incapaz de discutir con él. Se preguntó si eso algún día podría cambiar ese hecho.
—Estaba preocupado.
—¿Preocupado? —repitió Kouichi y le frunció el ceño— ¿Por qué?
Kouji alzó las cejas —Por ti y por nuestra madre, evidentemente.
Kouichi suspiró —Mamá no ha mejorado mucho —aceptó— Pero no tienes que preocuparte por mí, ¿de acuerdo? Estamos bien, mejorará.
—Eres un poco demasiado optimista —Kouji bufó— Se te está contagiando de Takuya.
Kouichi se rió entre dientes —No soy optimista, mamá saldrá bien. Ya sabes como es y no…
Antes de que pudiese concluir la frase, los D-Scan comenzaron a resonar. Kouji levantó su dispositivo digital con curiosidad y Kouichi copió sus movimientos sólo para ver que el radar que tenían los digivices mostraba un punto rojo que parpadeaba.
—¿Será un digimon o alguno de nuestros espíritus? —inquirió Kimura.
—Sólo hay una forma de averiguarlo —Kouji espetó, se puso de pie con agilidad— Andando, Niisan.
II.
Tomoki frunció el ceño y se adelantó hacia el parque. Conocía ese lugar con mucha seguridad porque iba a jugar al futbol con sus amigos cada fin de semana. Katsuharu y Teppei formaban parte de su equipo y los saludó con un gesto de su mano cuando los vio. Tomoki no puedo evitar un pequeño deja vu cuando llegó al sitio señalado. Cuando el mensaje de Ofanimon había llegado él había estado allí jugando con su celular y también habían estado sus ahora amigos —y entonces acosadores—. Los tres habían recibido el mensaje al mismo tiempo, en ese lugar.
Era el sitio donde la aventura había comenzado para él.
Su D-Scan sonaba repetitivamente mientras corría hacia el gran árbol de cerezos que estaba en un extremo del parque. Había dejado muy atrás a Junpei, el mayor no corría tan rápido y él sí, porque se ejercitaba a menudo.
Se detuvo frente al árbol y sujetando el D-Scan verde y negro con sus manos, extendió ambos brazos hacia el frente. La figura familiar que representaba al digispirit humano del hielo flotó hacia él con rapidez y el calor del dispositivo le provocó una sonrisa amplia.
Junpei se aferró a sus rodillas intentando recuperar el aire perdido —Eres rápido, enano.
Tomoki sonrió a medias al verlo. No le gustaba que siguiese llamándole enano aunque se había acostumbrado a que Junpei casi nunca utilizase su nombre. Alzó la barbilla, demasiado alegre por haber obtenido a Chackmon y divertido por encontrarse en una nueva aventura. La adrenalina corría por sus venas a toda velocidad.
—Tengo mucha resistencia —se mofó, colgando su D-Scan en el cinturón de su pantalón—… anciano.
Shibayama se exaltó ante el nombre y lo miró con fingida indignación. Hizo un intento por atrapar al más joven pero Tomoki dio un salto hacia atrás, riéndose a carcajadas.
—Ni lo intentes, Junpei-oniichan.
Hacia mucho tiempo que no utilizaba esos sufijos para referirse a sus amigos. Tomoki no se había dado cuenta de cuanto había echado de menos compartir aquellos momentos con sus compañeros de aventuras. Después de haber regresado del Mundo Digital, con la realidad golpeando a sus puertas, pensaron que lo más sensato era seguir con sus vidas.
Y eso fue lo que hicieron.
No es como si olvidasen lo que los había unido, ¿no? Pero lo dejaron atrás por voluntad propia. Las reuniones semanales se transformaron en mensuales y él pronto dejó de darle importancia a esos encuentros con los niños mayores. En su casa, Yutaka-niisan había hallado extraña su amistad y sus padres parecieron aun más sorprendidos por ver su cambio de actitud. . Tomoki sabía que no tenía que dejarse consentir aunque seguía siendo el benjamín de la familia y todos lo trataban de esa forma. Explicarlo fue difícil pero lo alabaron por haber madurado cuando lo demostró.
También consiguió muchos amigos. Katsuharu y Teppei dejaron de molestarlo, se volvieron más sociables y aprendieron a llevarse mejor. Tomoki los apreciaba sinceramente.
—¿Qué pasa, niño? —cuestionó Junpei. Él se había quedado pensando en cuando fue la última vez que Tomoki lo había llamado "oniichan" y luego fue conciente de que el pequeño se había quedado en silencio.
Tomoki bajó los ojos. Junpei tuvo la súbita imagen del niño avergonzado de ocho años y no pudo contener una sonrisa amplia. Tomoki era, después de todo, una especie de hermano pequeño. Colocó una mano en su hombro, esperando que pudiese sincerarse con él.
—¿Qué es?
—Nada —musitó. Al ver que Shibayama continuaba en silencio, esperando una respuesta se decidió a continuar, aunque su voz se escuchaba vacilante—. Estaba pensando…
—¿Es eso posible? —bromeó Junpei. Siempre le había gustado cortar los momentos de angustia, quizás era porque no los soportaba.
Tomoki medio sonrió. Esa situación la habían vivido miles de veces en el Mundo Digital. Él recurría a Takuya y a Junpei en busca de consuelo, para aligerar sus dudas. Eran como sus hermanos mayores. Kouji le había intimidado en su momento y Kouichi lo hizo por un tiempo pero era imposible no querer a ese par. Ni hablar de Izumi-neechan.
Suspiró, forzándose a seguir la conversación.
—Estaba pensando en lo mucho que abandoné todo esto.
Esperaba que Junpei comprendiese lo que quería decir. Shibayama le revolvió el cabello como si lo hubiese estado esperando y le sonrió.
—Todos lo hicimos —replicó. Luego negó— Tal vez, Izumi y Takuya no tanto. Pero no podíamos hacer otra cosa, Tomoki. Teníamos que crecer, no podíamos seguir de ese modo para siempre.
—Pero…
—Oye, que no nos veamos como antes… Que no estemos juntos todo el tiempo no quiere decir que no seamos amigos. Ustedes son mis mejores amigos, podría decir que los considero de mi familia.
Tomoki sonrió, a medias conmovido. Se sentía de nuevo como el niño pequeño del enorme sombrero naranja y casi podía ver al Junpei de doce años tratando de confortarlo pese a que todo era demasiado diferente.
—Nos vemos menos pero eso no cambia nada, ¿de acuerdo?
—Sí —asintió— Pero me gustaría que no volviésemos a olvidarlo.
—También a mí, niño —aseveró— Sigamos caminando. Ahora debemos ver si encontramos algunos de nuestros espíritus. Sólo espero que Takuya no haya hallado alguno o los demás porque no quiero ser el último de nuevo…
Tomoki se rió al escucharlo y tardó un segundo en reemprender la marcha.
III.
Izumi Orimoto
Considerando que mis espíritus del viento estaban en línea más cercana, al menos en la teoría, seguimos avanzando hacia donde se encontraba mi casa. Takuya estaba comentando lo poco que había cambiado el lugar con los años y le dí la razón. La verdad es que, desde mi llegada, apenas y había visto grandes cambios en la zona. Quizás más en el centro, sí, pero no tanto en la periferia de la ciudad.
Ciertamente, Tomoki y yo vivíamos en Shibuya aunque no precisamente cerca de la estación. Mi hogar quedaba más alejado de allí, de todos modos.
Mi pequeño Tomoki solía pasar mucho tiempo en uno de los parques cercanos, jugaba mucho al soccer. Recordaba que los chicos intentaban juntarse por el futbol ya que era algo en el que casi todos participaban. A Kouichi no le gustaba demasiado pero cuando Takuya y Kouji comenzaban a competir, él y Tomoki siempre se veían arrastrados. Junpei se quedaba conmigo y solíamos caminar por los alrededores, hablando de mucho y nada. Shibuya era un lugar de jóvenes. Por supuesto, hacia tiempo que esas cosas no ocurrían.
Estaba siendo especialmente nostálgica al respecto.
—He estado pensando...
Me volví violentamente hacia Takuya y él me miró con alarma.
—Tienes que dejarlo. Nunca es buena señal —intenté mantener mi cara seria pero no logré reprimir una carcajada.
Me dispiace, se suponía que yo era la más adulta de los dos y era la primera en molestarlo.
No podía evitarlo, discutir con Takuya era más natural que ese silencio que comenzaba a ponerme nerviosa cuando estábamos los dos.
No era que me sentía incómoda a su alrededor, era algo en la forma en la que sus ojos me miraban que me hacia sentir… extraña. ¿Por qué mi relación con Takuya tenía que complicarse más y más? ¿No podía ser como antes?
Él rodó los ojos —Quiero hablar de algo importante. ¿Cómo se supone que lo haga si no me tomas en serio?
Tuve la decencia de parecer avergonzada. Mi sonrisa me traicionó, sin embargo —Lo siento, dime… ¿En que pensabas?
Trató de imprimir seriedad en la conversación, pero también esbozó una sonrisa leve. Takuya no era de conversar con formalidad, tampoco.
—En nuestros Spirits, los del fuego y los del viento.
Vaya, algo que no esperaba. —A mí también me sorprendió lo de los niveles —comenté. Aunque, sí lo pensaba bien, no había sido realmente una sorpresa. Tal vez, Bokomon estaba en lo cierto y siempre lo supimos… Aunque no de forma conciente.
¿Me sabía inconcientemente conectada con Takuya? No quería pensar tan terminantemente sobre eso.
—No me refería a eso. No me sorprendió, en realidad —Takuya declaró. Habló con tanta seguridad que fue imposible no creerle. Lo miré, confundida, cuando se detuvo—, quiero decir… Lo sabía, de alguna forma. Tiene sentido, incluso, con lo mucho que Ranamon quería destruirte...
Lo miré con extrañeza, intentando seguir la línea de su razonamiento —El agua se opone al fuego, Takuya. No al viento.
—Lo sé, pero mira tú y yo nos lo pasábamos peleando... Siempre sentí algo diferente contigo que con los otros —luché para que mis mejillas no me delatasen ante eso último. Él miró a otro lado—. Y es que el viento apaga el fuego... Creo que tiene un poco de sentido.
Fruncí el ceño, mitad divertida, mitad exasperada —El viento aviva al fuego, Takuya. Honestamente... ¿no lo sabías?
Me miró con irritación, aunque parecía avergonzado, al mismo tiempo. Seguro había comentado las cosas sin pensar porque era claro que se dio cuenta de su error.
Por otro lado, eso era tan Takuya.
—Lo que quiero decir, básicamente, es que yo siempre me sentí co...
Quizás hubiésemos seguido discutiendo sí nuestros D-Scan no hubiesen vuelto a sonar de improviso. Parecía como sí se quejasen de nuestras peleas pese a que yo quería saber —realmente, quería saber— como se había sentido Takuya.
Probablemente nunca lo sabría porque la mirada decidida se había plasmado en sus ojos y me indicaba que cualquier conversación iba a ser relegada.
Un grito de espanto me detuvo durante un segundo. Parpadeé asustada y Takuya se envaró cuando los D-Scan comenzaron a sonar con mayor intensidad. Eso solo podía significar una cosa: alguien estaba en problemas.
—Será mejor que te transformes —Takuya declaró con firmeza, aunque había algo en el fondo de sus ojos que me pedía que tuviese cuidado. Le di una pequeña sonrisa y lo vi salir corriendo hacia adelante, sin decir nada más.
No entendí su prisa por llegar antes que yo, aunque siempre había tenido el complejo de salvador. No había mucho tiempo que perder, por supuesto. Que los digivices sonasen sólo podía indicar la presencia de un digimon. Ninguno digispirit lograría que alguien gritase de ese modo. No eran agresivos y, por supuesto, estaban inactivos mientras no estuviesen con nosotros.
Saqué mi D-Scan con rapidez y me pregunté si la transformación sería igual que antaño, en el Mundo Digital.
Realmente, esperaba que lo fuese. No había tenido tiempo para transformarme antes pero, definitivamente, tenía que hacerlo y no quería ningún contratiempo. Ya se sentía como estar nuevamente en la aventura, cuando a casa paso hallábamos un enemigo.
La adrenalina recorrió cada una de mis terminaciones nerviosas y mis ojos se abrieron cuando la cinta brillante que forma el digicode se enredó alrededor de mi mano, formando un aro simple.
Fairymon me estaba esperando.
Por el aire, era más rápida que Takuya y, además, quería serlo. Necesitaba serlo. No podía dejar que mi amigo se expusiese tan pronto a algún ataque de los monstruos digitales y menos en las condiciones actuales. Sí se trataba de algún digimon poderoso, él no podría hacer nada por el momento. Tenía que protegerlo, devolverle el favor por todas las veces que él me había defendido, así que me apresuré a llegar al otro lado. Los gritos habían aumentado pero también podía notar otras cosas. El aire susurraba, el aroma que se movía en la brisa…
Todo parecía tan diferente a los ojos de Fairymon.
Concéntrate, Izumi.
Regañarme a mí misma fue el impulso suficiente para adentrarme en el callejón, que parecía ser el lugar del que provenían los gritos. Que conveniente, pensé. Tampoco había nadie a la vista, podría actuar con total libertad —sin temor a ser vista por otros ojos— pero igualmente me quedé inmóvil un minuto entero, buscando alguna señal de peligro inminente.
Tardó otro instante en localizar a la dueña de los gritos. La figura de una joven acurrucándose entre las paredes parecía contrastar contra los ladrillos, intentando camuflarse y también distinguió una silueta familiar, la que era su atacante.
Claro que podía comprender porque la niña gritaba puesto que la apariencia de la criatura era curiosa pero, sin dudas, no era extremadamente peligrosa.
Es un Evilmon. Pequeño y cobarde. Fairymon susurró en el fondo de mi mente. Parecía que no necesitaba a Bokomon para decirme de que especie digital se trataban. Algo bueno, por supuesto. Hice una nota mental para preguntarle a nuestro guía porque podía comunicarme con el Spirit del viento.
El aspecto de algunos digimon podía ser desagradable y provocar recelo, otros resultaban ser totalmente adorables a la vista. Dependía, por supuesto, de cada uno. Patamon siempre me había causado una inmensa ternura cada vez que lo miraba pero tenía una memoria desagradable de los digimon que se habían pegado a la ventana del Trailmon cuando llegamos, la primera vez, al Mundo Digital.
Las alas de murciélago que sobresalía de su cuerpo gris, los dientes filosos y la respiración errática, los ojos pequeños, inyectados con sangre se convirtieron en el foco de mi atención.
Tardé un minuto en darme cuenta de que el digimon dirigía toda su atención a mí. Una risita divertida escapó de su boca.
Demon Darts.
—¡Fairymon! —gritó Takuya, cuando logré esquivar los dardos que había lanzado como ataque aquel digimon tramposo. Parecía preocupado y enfadado— ¡Tienes que concentrarte!
Lo sé. Tenía que ser más rápida y veloz. Tenía que ser más fuerte.
Remolino de Pétalos. Cuando protegerse del viento resultó inútil, dirigió su ataque hacia Takuya y la niña que antes había parecido tan aterrada. Pensar rápido era algo que solía hacer, así que volví a concentrarme. No tenía sentido perder ante un digimon como ese. Yo era más fuerte. Y tenía que proteger a Takuya. Tenía el poder de defender a Takuya.
Fue una batalla sencilla, pensé. Algunos digimon no volverían a su casa tan tranquilamente como lo había hecho el Gabumon que Junpei y Tomoki habían encontrado.
Y, entonces, purifiqué a Evilmon.
.-.-.-.-.
—¿Estás bien, entonces? —cuestionó Takuya, por tercera vez. Quería asegurarse de que le hubiese dicho la verdad. Le había dicho que no estaba cansada, que la batalla no había sido ardua —en absoluto— pero parecía reacio a creerme.
Eso me molestó. Le di mi respuesta con una mirada fulminante.
—No soy una damisela en apuros —espeté, con frialdad. ¿Por qué todos tenían la impresión de que era débil? ¿Por qué era una chica? Podía defenderme sola y ese digimon no había sido el peor enemigo al que me había enfrentado en todas mis batallas.
Casi me sentía ofendida con su desconfianza.
—Oye —se defendió, repentinamente inquieto por la dureza de mi voz. Levantó los brazos, como para defenderse de un ataque— Me preocupo por ti, ¿está bien? No estamos en el Mundo Digital, aquí puedes resultar herida y no quiero que eso pase —explicó, con seriedad— Yo era el que estaba en el suelo y te vi luchar. Dame un respiro, Izumi. Sabes que no me gusta quedarme atrás.
Me tomó otro minuto entero darme cuenta de que hablaba en voz baja. Nunca hubiese esperado que él hablase de algo así por voluntad propia. ¿Él, Kanbara Takuya, hablando de tener cuidado? Era la clase de persona que tomaba los riesgos y se preocupaba por mí, se preocupaba por mi seguridad…
Era como si me estuviese gritando: ¿Te das cuenta de que me importas?
Antes de reponerme de la sorpresa que causaron sus palabras, el dispositivo digital emitió una melodía familiar. Me alegré de tener una excusa para apartar la mirada de sus ojos marrones.
La canción que anunciaba una llamada en mi móvil estaba sonando y parpadeé. Cuando levanté mi D-Scan me pregunté algo en lo que no había reparado hasta el momento... ¿cómo se suponía que utilizaría me teléfono ahora?
Lo acerqué a mi oído, vacilante, como sí se tratase de mi celular. Temía parecer una loca.
—¿Hola?
—Orimoto Izumi, ¿donde se supone que estás en este momento? Te fuiste de casa cuando no estábamos y aun…
Al parecer, los D-Scan tenían doble funcionalidad. Podía escuchar perfectamente la voz de mi madre al otro lado. Pensé que solo funcionaba con los chicos porque ellos también tenían Digivices. El mundo digital y su tecnología jamás dejarían de sorprenderme.
—Hola, mamá —saludé, interrumpiendo su discurso. Me estaba regañando por estar ausente en casa, porque estaba anocheciendo y, probablemente, seguiría enfadada cuando llegase a la casa con el aspecto que tenía—, estoy cerca de casa. En la nota les dije que... —pausé al ver que Takuya me estaba haciendo gestos para que apresurase la conversación—. Mamá, escucha, no te preocupes. Perdí la noción del tiempo y me pasaron algunas cosas... —no pude continuar porque comenzó a hablarme otra vez, sobre lo que era salir de casa por tanto tiempo sin dejar más que una nota. Fruncí el ceño mientras lo escuchaba. Comenzaba a ser cansador—, mama, mi dispiace... Ya te dije que la hora se me pasó. Yo... Iré enseguida, ¿está bien? No te preocupes... De hecho, estoy a un par de calles. Bien. Sí me dejases hablar, lo habrías sabido antes y...
Me tomó unos minutos —más de los que esperaba— convencerla para cortar la llamada. Sinceramente, mi madre podía ser tan dramática. Ya sabía a quién culpar, en cualquier caso. Lo importante era, sin embargo, que nadie había resultado herido. Ni Takuya, ni la tal Ki-lo-que-sea. Ambos habían podido salir ilesos... Yo tampoco había conseguido salir herida, lo cuál era algo.
No podía esperar para ver sí nuestros amigos habían tenido suerte el día de hoy.
Me volví hacia Takuya, suspirando —Quieren que regrese a casa —declaré, finalmente.
Mis padres me estaban reclamando en mi hogar: seguro que los había preocupado con mi nota de escasos detalles y mi salida apresurada, no planeada. Ellos tenían mucha imaginación y papá un alto sentido de preocupación por su única hijita. Los comprendía, claro, me preguntaba si dejarían de verme como la pequeña Izumi alguna vez. Por momentos, quería que lo hicieran.
Por otro lado, era agradable ser la consentida… A veces.
—Eso pensé —Takuya comentó, mientras comenzábamos a caminar nuevamente. La discusión, o la no-discusión, quedó abandonada. Sus palabras seguían dando vueltas en mi cabeza. Él se preocupaba por mí—. Se está haciendo tarde.
Un día realmente emocionante, con todas las letras incluidas. Pero había terminado para mí, al menos. La sensación era un tanto extraña, una mezcla de melancolía con inquietud.
—Encontraste a Fairymon y enviaste al primer digimon al mundo digital. Yo diría que fue un día productivo, para ti —Takuya comentó cuando comenzamos a alejarnos de donde habíamos hallado a nuestro primer enemigo.
Me sorprendió que nuestros pensamientos hayan estado en sintonía pero lo único que pude hacer fue coincidir con él. Tristemente, había algo en su tono que me hizo sentir mal.
—Fue suerte —declaré, aunque me sentía feliz de haber recuperado a Fairymon apenas después de saber que los Spirits estaban en este mundo—, seguro que encuentras a Agnimon o a Vitramon cuando regreses a tú casa —alenté.
Hizo un asentimiento pequeño y guardó las manos en los bolsillos de su pantalón. Tenía que reconocer que se veía mucho más serio que antes, cuando no habíamos sido atacados. Pero sin su sonrisa eterna, todos sus rasgos parecían alejarse lentamente del viejo Takuya de mis recuerdos.
Claro que era un niño en mis memorias y el contraste con el adolescente me hizo preguntarme como me vería él. Yo sabía que no era la misma niña que antaño, tampoco.
Oh, que difícil es crecer.
—Sí, quizás sí —confirmó, después de meditar sobre algo que me era ajeno— Aunque me molestó quedarme allí, sin poder ayudarte.
Esas palabras reafirmaban las anteriores. Que se preocupaba por mí, que no quería que resultase herida, que quería protegerme.
Escuché los latidos de mi corazón en mis oídos cuando lo miré a los ojos, buscando… buscando ¿qué?
Takuya, ¿por qué me haces esto?
Me dio una sonrisa que mezclaba resignación y amargura, así que decidí súbitamente que debía alejar esa expresión de su cara.
—Sí hiciste algo —comenté, arrugué la nariz sin proponérmelo y fui conciente después de hablar de lo ridícula que era—, te quedaste con la chica…
¡Hey! Había sido lo primero que había llegado a mí cabeza.
La figura de la chica se había perdido en el horizonte hacia ya mucho tiempo y habíamos vuelto a ser solamente nosotros dos, lo que me alegraba. Nunca reconocería en voz alta el alivio que eso implicaba, la muchacha había sido realmente molesta después de que el digimon desapareció y quedó mi amigo para consolarla. Quizás en su vida anterior fue una garrapata, por eso se había apegado tanto a Takuya. Yo me quedé como Fairymon hasta que desapareció, pensé que sería mejor que no supiese que una humana era la criatura que había llamado hada.
—Kimi —Takuya sonrió, al devolverme la mirada.
Reprimí el impulso de rodar los ojos —Sí, ella. La chica.
—Su nombre no es tan difícil, Izumi: sólo son cuatro letras. Dos son iguales, además…
Mi nombre es más bonito.
—No puedo recordar todos los nombres de las personas que conozco —aseveré. Sí, sabía que se llamaba Kimi, sabía que había estado muy animada al hablar con Takuya y que parecía haber olvidado el encuentro con el Evilmon.
Él me lanzó una mirada totalmente divertida. Me felicité a mí misma por haber cambiado su expresión —Es extraño que estés celosa de una desconocida.
Y eso hizo que cambiase mi expresión. No me lo esperaba —¡No estoy celosa!
Su sonrisa se volvió burlona —Ah… ¿no?
—¿Por qué estaría celosa, según tú? —refuté, mientras miraba a otra parte.
Tuve la tentación de cruzarme de brazos y dar por ganada la batalla cuando Takuya habló. —No lo sé —él comentó, aunque persistía la sonrisa llena de diversión. Tuve que esforzarme para mantener el ceño fruncido y fingirme molesta—. No tienes nada que envidiarle a nadie, supongo que lo sabes.
—Claro que lo sé —aseguré. Takuya se rió porque soné como una presumida, supongo.
No pude evitarlo, ¿de acuerdo?
Además… ¿Qué quería decir con eso? A veces tenía la sensación que, por mucho que intentásemos acordar en algo, la base de cualquier cosa entre nosotros no tenía posibilidades para llegar a ningún acuerdo. Como sí hablásemos idiomas diferentes en tiempos distintos.
—Siempre va a ser difícil que nos llevemos bien —comenté al aire, con un suspiro.
—Pero es más divertido, ¿no te parece?
Después de llegar a mi casa y despedirlo, tuve que darle la razón otra vez. Cuando lo vi alejarse, tranquilo y casi relajado, no pude contener la sonrisa que estalló en mi cara pese a que lo intenté.
A pesar de todo, no podía dejar de sentirme extrañamente feliz.
N/A: Tengo abandonadas unas cuantas historias y estoy tratando de ponerme al día con ellas. Le tocó a Crossfire el día de hoy, me di cuenta que hacia muuucho que no la actualizaba. Voy a tratar de no dejarla tanto tiempo perdida ahora. Muchas gracias a los que la siguen y/o leyeron.
Takumi033, muchas gracias por tu comentario y por tus palabras *-* Me alegra que te haya gustado sobre los niveles, yo siempre pensé que tenía alguna relación con los elementos también (en alguna forma digimon retorcida jajaja) así que me gustó la idea de que estuviesen conectados en algún nivel. Los chicos dicen algo más o menos así, creo. Bueno, los gemelos hablan de una conexión... Y ellos siempre me inspiran ;D
Guest, mil gracias por tu comentario ;) Izumi es la narradora principal y la mayoría de la historia será desde su perspectiva pero también quiero incluir a los chicos -todos tienen su parte en la historia, después de todo- y seguramente será como en este capítulo, con pequeños fragmentos de lo que hacen cuando estén separados.
