Capítulo 4

Observó el problema expuesto en la pizarra sin mucho interés. Era sencillo, ya hacía tiempo que había deducido la solución. Sin embargo, al parecer la chica que debía hallarla no era precisamente buena en la materia, aunque también era más que probable que no hubiese atendido a las clases.

Era lunes por la mañana y el día se veía nefasto.

Podía recordar que hacía poco menos de veinticuatro horas se había despertado en un espléndido domingo... espléndidamente lluvioso. Ni siquiera había podido salir a la calle, pues la tormenta no había cesado hasta bien entrada la noche. Tampoco había olvidado el momento en que había decidido buscar información sobre los vampiros en internet, tenía que encontrar la forma de matar el tiempo y quizás hubiera una remota probabilidad de que descubriese algún dato real entre los resultados. No obstante, descartó esa idea poco después de ver varios artículos sobre el vampirismo como práctica de índole sexual (¿en serio la gente se excitaba al ver la sangre de otra persona?) o repeticiones de la idea cliché de aquellos seres que parecían ser tan fascinantes para las quinceañeras por alguna extraña razón incomprensible. Y es que no lo entendía, ¿cómo podían las mujeres sentirse atraídas hacia algo semejante? Los vampiros no eran el prototipo a "novio ideal" como los que se veían en las películas románticas ni nada por el estilo. Al menos, no los que él había conocido (después de todo, dos habían intentado matarlo y los otros dos eran Near y uno de los guardaespaldas de éste último).

No, no le resultaban agradables ni en lo más mínimo.

Volvió a posar sus ojos en aquellas ecuaciones claramente erróneas que la pobre estudiante escribía con la tiza que, sumadas a su expresión de auténtico desagrado, demostraban que definitivamente las matemáticas nunca serían su punto fuerte. Corrigió mentalmente los cálculos. En realidad esa asignatura jamás le había llamado la atención, prefería resolver problemas más complejos o llevarlos directamente a la práctica, como en las clases de física y química. Por otro lado, tampoco tenía muy claras sus preferencias, después de todo no era como Matt, que desde niño había sentido gran pasión por la informática y con tan sólo quince años sabía que esa era su vocación.

El día transcurrió con suma lentitud. Se estaba quedando dormido allí, en su asiento al final de la clase, las profesores parecían no haberse dado cuenta o de lo contrario simplemente habían optado por ignorarlo, no era algo que soliese pasar, pero dado que era el segundo mejor estudiante de todo el instituto —ya que el primero no podía ser otro que Near— quizás pudiera permitirse ese lujo por una vez.

Ya no faltaba mucho para que el horario escolar finalizase, aunque eso tampoco era algo que le preocupara demasiado. Siempre era de la misma forma: sus compañeros cruzaban los dedos esperando que así el tiempo se apiadase de ellos y la campana se adelantase mientras los profesores de turno daban explicaciones largas e incluso enrevesadas para algo que podía resultar extremadamente sencillo, si se observaba con simpleza y detenimiento.

Se talló los ojos al escuchar el sonido del timbre y las pobres sillas chirriando al ser arrastradas por los alumnos que nunca parecían estar por la labor de levantarlas para no rayar el piso. Y él no era la excepción a esa regla; tampoco tenía la intención de tomarse la molestia de tratar con cuidado la suya.

Caminó con desgana dejando avanzar velozmente a los demás adolescentes. Se detuvo para bostezar y estirar sus brazos con el fin de desperezarse. Luego volvió a mirar al frente y cuando iba a retomar la marcha, la escena que se presentó frente a sí lo desconcertó. Podía reconocer la figura de Matt perfectamente, también tenía claro quién era la joven que lo acompañaba, pero incluso conociendo el hecho de que su amigo había comenzado una relación hacía poco, no podía evitar que el verlo besar a su nueva novia le resultara algo un tanto sorprendente. O tal vez lo que lo dejaba estupefacto fuese el que lo hiciera en mitad de uno de los pasillos del centro educativo. Hasta podía escuchar alguna que otra risa cómplice de un grupo de chicas que se encontraban algo alejadas, observándolos.

Sin embargo, la atención hacia ellos fue suprimida al vislumbrar una cabellera blanquecina pasar por su lado ignorando su presencia así como la del resto de estudiantes. Entonces lo agarró del brazo.

—Te agradecería que me soltaras; es molesto tener que detenerse a mitad del camino.

—No me vengas con obviedades —suspiró—. ¿Acaso quieres estropearles el momento? —preguntó ladeando la cabeza hacia la pareja para señalar a qué se refería.

—Ciertamente me resulta irrelevante, pero creo oportuno el señalar que a alguien como tú no le debería resultar tranquilizador saber que una de sus amistades mantiene una relación sentimental con una vampiro.

—¡¿Cómo?! —exclamó soltándole para después taparse la boca con las manos al darse cuenta de que había gritado lo suficientemente fuerte para que varios de los que allí se encontraban fijaran sus ojos en él.

Matt y Sayu también le dedicaban miradas de extrañeza.

Sintió que la vergüenza y la irritación se apoderaban de él mientras una pequeña sonrisa traviesa se dibujaba en el rostro del chico que tenía a su lado —cosa que no lograba más que aumentar su estado—. Apretó los puños maldiciendo al vampiro entre dientes y se apresuró en irse de allí cuanto antes dejándolo atrás. No podía ser, aquello no podía estar sucediendo, ¿por qué lo que hasta hacía poco tiempo había sido una ciudad normal (o lo que él entendía por "normal", mejor dicho) se había convertido en un nido de chupasangres?, ¿y por qué Matt se tenía que enamorar de una?, ¿acaso se habían propuesto hacerle la vida imposible apareciéndosele por todas partes como si fueran una plaga?, ¿es que no existían más humanos normales y corrientes? ¡Todo eso no tenía ningún sentido!

Acabaría volviéndose completamente loco.

Ralentizó el paso tan apresurado que llevaba a unos pocos metros del edificio y soltó un largo suspiro. Levantó la vista al cielo, como esperando que contemplar aquellas nubes de color gris monótono pudiera ayudarle a no perder la calma.

¿Sayu Yagami era una de esos seres? No es que él conociera mucho a aquella chica, sin embargo, por lo que sabía de ella, actuaba casi como la idea preconcebida de cualquier chica de dieciséis años: salía con sus amigas, le gustaban los centros comerciales, iba a fiestas, los estudios no le iban ni demasiado bien ni demasiado mal, leía revistas de moda… Nunca se le podría haber ocurrido que alguien como ella fuese una vampira. Y encima tenía que salir con Matt. La idea era desagradable, no quería que su amigo estuviese en peligro, y quizás no lo estaba, mas el contacto que había mantenido con los vampiros en aquel pequeño lapso de tiempo había causado un gran resentimiento en su interior hacia cualquiera de ellos.

¿Habría habido —o seguiría habiendo— otros vampiros cerca de sí de los que él no hubiese tenido constancia en los años que llevaba de vida? Sentía pavor hacia la posible respuesta.

Tras caminar durante unos minutos, pudo visualizar a una persona que seguía el mismo trayecto. Se trataba de una mujer adulta con tétrica apariencia: tenía el cabello liso y largo de un color negro opaco, al igual que sus ojos; su piel era pálida y vestía una cazadora de cuero negro a juego con sus botas junto a unos ceñidos vaqueros. Giró un par de veces, dando rodeos, sin embargo, ella todavía estaba siguiéndolo. Se detuvo y se dirigió hacia la mujer.

—¿También eres un vampiro? —preguntó sin miramientos.

—En realidad, no, aunque mantengo relación con algunos de ellos.

—¿Debería considerarte una enemiga? —hizo una pausa—, no, seguro que el idiota de Near te ha enviado como parte de su equipo de vigilancia, ¿me equivoco?

—Eres realmente inteligente —afirmó—. Me llamo Naomi Misora y me encargo de recaudar información, encantada —le extendió una mano.

—Yo soy Mello, es un placer —respondió estrechándosela sin demasiada confianza—. Realmente me cuesta creer que también haya personas normales entre todo este caos.

—Uno se acaba acostumbrando, en realidad está bastante bien organizado.

—¿El qué está organizado? —preguntó un tanto confuso; Near le había hablado por encima de varias cosas y no estaba seguro de a qué se refería.

—Es algo de lo que no se puede hablar a la ligera, es mejor que N te lo explique con el tiempo. Te acabarás acostumbrando.

Mello iba a replicar, pero entonces el sonido del teléfono móvil de la mujer los interrumpió y esta tuvo que marcharse del lugar; al parecer tenía algo importante de lo que ocuparse, algo que tenía que ver con un tal Raye (nombre que el chico había escuchado salir de los labios de Naomi cuando había contestado a la llamada). Nuevamente las respuestas se le escapaban. El chico decidió que lo mejor sería regresar a casa y hacer las tareas que habían dejado los profesores para el día siguiente. Al fin y al cabo, la existencia de los vampiros no iba a hacer que dejara de intentar superar al niño albino y para eso necesitaba mucho trabajo. Por fortuna las pruebas de nivel global sólo se hacían una vez cada año.

La tarde pasó igual que el día: lenta y aburrida.

Ya hacía horas que había terminado los trabajos escolares y se hallaba tirado en el sofá viendo la televisión; cambiando de canal cada diez minutos, para ser exactos. A veces llegaba a sorprenderle la cantidad de basura que había en la mayoría de los programas. Tampoco es que le importara tragarse las tonterías de las cadenas televisivas, pues no tenía nada mejor que hacer, pero el hecho de que no hubiese nada interesante sólo conseguía que siguiera pensando en lo que no quería pensar. Quizá sería todo más fácil si aceptara la realidad con madurez, sin embargo, había demasiadas dudas, miedos y odios de por medio. No se veía capaz de convivir con gente que podría matarlo por simple capricho y la idea de convertirse en vampiro era nauseabunda. Nunca pasaría tal cosa. Eso era lo único que sabía con certeza.

Jamás sería como Near.

Bufó, le cansaba que, incluso cuando no estaba allí, el albino siempre consiguiera molestarlo metiéndose en su cabeza, él y su maldita personalidad prepotente y asocial.

Pocos minutos después apagó el televisor, no le interesaba nada de lo que veía ni tenía sentido gastar electricidad porque sí. Se levantó y salió del salón para luego emprender el paso hacia el cuarto de su hermana, donde encontró a Halle leyendo una revista tumbada sobre la cama.

—Sigo sin entender cómo pueden gustarte los melodramas que se montan en esos artículos —opinó sentándose a su lado—. Cuando un famoso rompe con su pareja, se pasan todo el año lamentándose; ni que eso no les pasara constantemente a los demás.

—Tengo derecho a utilizar mi tiempo libre como me plazca, ¿no crees, hermanito?

—No me gusta que me llames así —dijo haciendo una mueca—, ya no soy un niño pequeño.

—Mientras yo sea mayor que tú, siempre serás pequeño, te guste o no —rió—. Además, a veces te comportas como uno.

Mello resopló y decidió que había sido una mala idea buscar distracción en Halle, esa mujer se tomaba demasiadas confianzas con él, lo cuál era irónico, pues a pesar de ser hermanos, a penas se veían. Halle Lidner era una persona demasiado centrada en su trabajo, del cual pocas veces hablaba. Su hermano la había escuchado tener conversaciones por teléfono algunas noches con Dios sabría quién, a veces hablaba de lo que parecía ser algún tipo de producto farmacéutico, otras de grandes movimientos en masa que habían ocurrido en su área especializada, e incluso algunas, mientras se apoyaba contra la pared al lado de la ventana, comentaba con voz triste cómo habían vuelto a perder a alguno de los miembros novatos de la empresa debido a diversos accidentes. Ella no sabía que Mello lo escuchaba, así que cuando él le preguntaba algo sobre su trabajo tan solo sonreía y decía alguna cosa genérica o lo agotador que era. La conclusión era simple: Halle nunca le contaría en qué trabajaba. Aún con todo, su hermana siempre tenía esa actitud de hablar medio en serio medio en broma con él. Quizás tan solo le daba demasiadas vueltas.

El joven echó a caminar hacia su habitación, al llegar, cerró la puerta con pestillo, no quería que aquella mujer o cualquier ser no deseado que pudiera colarse en su casa lo molestara. Encendió el ordenador y esperó a que este terminara de arrancar mientras se dejaba caer en la silla que estaba junto a la mesa con este y cruzó los brazos durante un momento. Cuando finalmente estuvo totalmente encendido, Mello abrió el navegador y comenzó a teclear. "Naomi Misora". La página de resultados comenzó a desplegarse y el ceño del chico se frunció al comprobar la información que daba cada una de las páginas.

Ficción.

Era un jodido personaje de ficción.

La única información acerca de aquel nombre la describía como una agente del FBI que protagonizaba una novela policíaca, una de esos populares libros de detectives en el que un loco iba matando gente que tenía las misma iniciales que él. Se había encontrado un personaje ficticio por la calle, genial, sencillamente perfecto. ¿Sería pura coincidencia? Con la suerte que tenía, Mello habría jurado que no, y que simplemente aquella mujer le había dado un nombre falso, pero tampoco era algo de lo que pudiera sorprenderse.

Probó de nuevo. Esta vez, las palabras "Teru Mikami" fueron las que se vieron escritas en el teclado. Casi se sorprendió de que por fin algo diera resultados, no sabía sí le iba a ser útil, pero ahí estaba: Teru Mikami, fiscal penal. Mello evitó reír, ¿quién en su sano juicio pondría a ese loco como defensor de la justicia? Parecía ser que había sido el blanco de varios escándalos, se destacaba en particular su supuesta relación con la reportera de televisión Kiyomi Takada. No estaba seguro de si alguna vez la habría visto, pero le sonaba de algo.

—Con que Takada, eh... —apuntó la información en una libreta que tenía cerca, si sus deducciones eran correctas, la tal Kiyomi también debía estar relacionada con los tipos que estaban intentando matarlo— Veamos si hay suerte —masculló después mientras pulsaba las letras hasta que "Sayu Yagami" fue lo que apareció en pantalla.

La novia de Matt. Una chica cualquiera. Y también un vampiro.

—Tienes que estar de broma —le dijo al ordenador cuando el perfil de Facebook de su compañera de clase se plantó frente a sus ojos, un perfil con cero privacidad, un millón de fotos y de contactos, sin duda la chica no perdía el tiempo.

¿Y esa niña era un ser sobrenatural? ¿Qué clase de ser sobrenatural exponía toda su vida en internet? Near le había dicho que había vivido más de cien años, pero aún así tenía la apariencia de un niño, no podría llegar a los veinte con ese aspecto, lo que dejaba en claro que en algún momento debería fingir su muerte, o mudarse y desaparecer del mapa. Entonces, si Sayu Yagami era un vampiro, ¿no debería guardar más su imagen? ¿Borrarla de donde la pudieran reconocer? Navegó por el perfil hasta dar con algo que le llamó la atención, en una de las tantas fotografías que había subidas se veía a su compañera de clase sonriente (como de costumbre) y al fondo de la habitación donde había hecho al foto, un espejo de cuerpo entero donde la silueta de un hombre se veía abriendo la puerta. Era una silueta borrosa, como si la luz que la reflejaba fuera menor y llegara a transparentarse. Mello descargó la foto. Algo le daba mala espina, ¿quién era ese hombre?

"Mañana a las seis iré a ver la nueva entrega de la saga con mi novio, ¡¿no es genial?!" El nuevo estado de Sayu apareció.

—¿A las seis? —Mello entrecerró los ojos antes de escribirlo también en la libreta. Una idea descabellada había cruzado por su mente.

Después de todo, Near no era el único que podía vigilar a alguien, ¿verdad?

Cerró la pestaña del ordenador e instantáneamente miró hacia la ventana de su habitación, aún se veían las nubes de tormenta que habían estado todo el fin de semana fastidiando a los transeúntes, de nuevo llovía. Se acercó para cerrar la persiana y evitar cualquier mirada del exterior. Sin embargo, al apoyar la mano en el cristal, pudo ver entre tantas gotas de agua una figura blanca cubierta por un paraguas negro. Dejó caer la persiana sumiendo la habitación en la oscuridad sin molestarse en comprobar quién era esa persona. Ya lo sabía de sobra.


Notas finales:

Espero no haber hecho un capítulo demasiado aburrido, ojalá fuera tan fáciles de plasmar los hechos como en mi cabeza ;;

#Camy:

¿Puedes creer que el review que me dejaste en AY me inspiró? Siento tardar tanto con las historias largas, ah, como me gustaría que se me diera mejor crear los long-fic, espero poder sacar adelante esta historia con más continuidad.