Cap. 3: La aldea Mujtar
- WolfFang, levántate… - Dijo un hombre calvo, con una barba sentado en la silla más alta en el medio de todas – El gran consejo estelar te lo demanda.
El joven se veía confundido, pensando que se referían a él, pero se sorprendió más cuando un sujeto difuminado, se levanta lentamente, cabizbajo y de él calleron lagrimas al suelo.
- WolfFang, tu valentía se ha valido sola, y nos ha mostrado la oportunidad… tú… vida,… familia… - El espacio se distorsionaba a su alrededor, mientras, el chico llamado WolfFang, se desaparecian lentamente, mientras todo se desmoronaba y se envolvía en negro, el joven se acerco al chico, le parecía familiar de una peculiar manera, pero… no sabía porque, al asercarse descubrio que se parecía a…
Un frio le recorrió la espalda, mientras el joven se despertaba alarmado, miro a su alrededor, era aquella choza de madera pequeña en la que el amable aldeano Mucklock le había dejado quedarse. El joven intento calmarse y recordar el sueño tan vivido que había tenido, pero no podía, parecía que nunca hubiera dormido. Se paró de la cama y miro detenidamente la choza, era una choza pequeña de 10 cubos de lago por 15 de lago, con una altura de 4 bloques, tenia ventanas de vidrio y cubos suspendidos en el aire con libros en ellos, estaba la puerta en una esquina y al final de la pared, estaba la cama puesta, una especie de mesa con lo que parecían ser sillas a su alrededor, también había un cubo extraño, con lo que parecían ser herramientas a sus lados, y algo extraño sobresalía de este, el joven lo miro pero escucho un ruido, era la puerta que se había abierto, era Mucklock se asomo por la puerta para ver como se encontraba su huésped.
- Bueno, parece que tuvo una buena noche de descanso, Sr. Viajero. ¿Cree que ahora podrá presentarse formalmente? – Pregunto con cierto tono de duda el aldeano, vestido con una túnica verde.
- La verdad, Mucklock, es que no recuerdo mi nombre, ni de dónde vengo, ni quien soy – Dijo el joven con la voz llena de tristeza y lagrimas en sus ojos.
- Oye, calma. Si no puedes recordar, tal vez es porque quisiste olvidarlo, no te pongas así. – Dijo Mucklock con una sonrisa grande en su rostro.
- Bueno, quizás tengas razón. – Dijo el joven secando se los ojos y saliendo de la choza.
Caminando por la aldea a la cual Mucklock hiso alusión como Mujtar acompañado por su hospedador y nuevo amigo, noto que todos se parecían y lo único que parecía diferenciarlos eran sus voces y sus atuendos. A pesar de que todos llevaban túnicas, siempre eran de distintos colores, y cada uno parecía tener algo especial en su casa, las había con culticos, ganado, incluso bloques oscuros que botaban fuego. Pero de ahí no pasaban.
- Mucklock, ¿porque todos se parecen a ti? – Pregunto el joven confundido.
- Oh eso, somos aldeanos, creados por el dios Notch. No sabemos porque pero todos nos parecemos, tal vez él tenga planes especiales para nosotros. – Dijo esperanzado Mucklock hasta que llegaron a una casa donde al parecer terminaba el tour por la pequeña aldea.
Era distinta a las otras. Era grande y cuadrada, hecha con roca o un material parecido, tenía lo que parecía ser un pilar en una esquina, y lava encerrada entre los bloques que sobresalían en la pared, formando una especie de sostenedor, que llegaba a la altura del pecho de aquel joven. Mucklock estaba a punto de devolverse pero la curiosidad del joven hizo que este detuviera a su acompañante y obligo al joven a entrar. Dentro estaba un aldeano con bata oscura, algo chamuscada, guardando una espada de piedra, algo de pan y algunos lingotes de lo que parecía ser hierro.
- Hola soy Jarnol, el herrero de la aldea – Dijo el que se presento, con una voz algo ronca y los brazos cruzados – Bienvenido a la aldea Mujtar.
