Disclaimer:
Los personajes pertenecen a la gran S. Meyer, solo juego con ellos. La historia tampoco es mía solo la adapto por diversión
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Capítulo 4
Aunque las intenciones de Edward Masen eran impulsadas por el deber, Bella se acaloró.
—De acuerdo —repuso con voz trémula—. ¿Nessie? ¿Por qué no pones un plato en la mesa para Edward mientras sirvo la cena?
La niña asintió y corrió al cajón de los cubiertos, olvidada su ansiedad por el momento.
Mientras Bella se ocupaba del horno, sintió su mirada intensa. Pero se negó a reconocerla o a responder a la pregunta que flotaba en el aire mientras servía un plato de la comida aún caliente. Un minuto más tarde, se hallaban sentados, pero en esa ocasión fue Edward, y no Nessie, quien devoró la comida, como si llevara siglos sin degustar una receta casera.
Lo observó con ojos velados mientras bebía un poco más de sidra caliente. También a Nessie le resultaba una fuente inagotable de fascinación.
¿Por qué no? Era el hombre más atractivo del estado de Washington, quizá de todo el país.
Con su duro físico de un metro noventa y su vibrante voz masculina le derretía las entrañas. Al recorrer su rostro inteligente con los ojos, se dio cuenta de que las líneas de experiencia alrededor de su boca lo hacían más interesante. Debería haber una ley contra un hombre...
— ¿Has dicho algo, Bella?
Santo cielo, ¿había hablado? Otra oleada de calor la recorrió.
—Nessie y yo queremos oír el resto de tu historia, ¿verdad, cariño? —repuso con celeridad para ocultar su bochorno. La pequeña asintió.
—Muy bien. ¿Por dónde íbamos?
—Después de la tormenta, el árbol estaba solo en la montaña —indicó Nessie.
Tenía la mente de una niña precoz. ¿Existiría un padre que la había buscado? ¿Hermanos, familia? ¿Habían estado esperando ansiosos esos dos años alguna noticia de ella? Una docena de preguntas sin contestar pasó por la mente de Bella.
—El árbol —comenzó él— se quedó en la montaña durante años. Al hacerse mayor, le proporcionó sombra a la gente que necesitaba abrigo del sol y un hogar a una familia de ardillas y pájaros. Los niños podían jugar en él. Algunas personas utilizaron sus hojas para fabricar medicinas para la gente enferma, y los habitantes del poblado más próximo recogieron algunas de sus ramas viejas para preparar un fuego cálido.
—Era un árbol bueno, Edward.
—Era el mejor —confirmó él. Bella notó que la pequeña Nessie se le había metido hondo y también tiraba de sus emociones—. Pero el árbol seguía sin sentirse importante. No hasta Nochebuena.
— ¿Qué pasó? —Nessie estaba tan entusiasmada con la historia que se bajó de la silla para acercarse al lado de Edward. Él le rodeó los hombros con un brazo y bajó la cabeza como si quisiera compartir una confidencia.
—Acababa de nacer un bebé varón. Un niño muy especial. Necesitaba una cama, pero sus padres no tenían ninguna. De modo que el padre subió a la montaña y cortó el único árbol que quedaba para fabricarle una.
— ¿Lloró el árbol?
—No, cariño —le revolvió el pelo—. El árbol jamás había sido tan feliz en su vida.
— ¿Y eso?
—Porque la madera se empleó para hacer la cama del niño Jesús.
— ¡Lo sé! —exclamó, saltando—. Bella me enseñó al bebé. ¡Ven a verlo! —tiró del brazo de Edward.
En un momento sin barreras, capturó la mirada de Bella. La suya pareció decirle que también él reconocía que Nessie era una pequeña muy especial que necesitaba desesperadamente el amor y la atención de personas cariñosas después de lo que se había visto obligada a soportar los últimos dos años. Si una mirada podía transmitir una promesa, ella sintió que Edward acababa de decirle que haría todo lo que estuviera en su poder para manejar esa situación precaria con la máxima delicadeza posible. En ese momento la admiración que le inspiraba obró una nueva dimensión. Edward Masen no a un hombre corriente. Su corazón lo sabía. Y también su alma.
La revelación la dejó débil al levantarse de la mesa y seguirlos al salón, donde la pequeña le señaló la escena que había visto.
— ¿Cómo es que Jesús no le tiene miedo a los perros?
Una vez más los ojos atribulados de Bella se encontraron con la pregunta no formulada en los de Edward antes de arrodillarse junto a Nessie.
—Son vacas, cariño. Jesús nació en un estalo, donde viven las vacas. Dan leche.
— ¿Muerden?
—No. Son amables. También aman al niño Jesús.
Nessie se acercó más y pasó el brazo por el cuello de Bella.
— ¿Tienes perro?
—No.
—No me gustan los perros.
— ¿Por qué no?
—El amigo de James tenía un perro que se parecía a esas vacas. Decía que me mordería si me alejaba de la casa.
Santo cielo.
Bella contuvo un sollozo.
— ¿Qué le pasó a ese hombre y su perro? —preguntó Edward.
—No lo sé. Un día James y él se pelearon. Luego James me hizo subir al coche.
— ¿Y después de eso no volviste a ver al hombre?
—No. Pero me asusta que me encuentren —hundió la cara en el hombro de Bella y se agarró a ella.
—No te preocupes, Nessie. No saben dónde estás. Además, yo nunca les permitiré que vuelvan a acercarse a ti —juró Edward con la voz más helada que le había oído Bella.
Nessie alzó la cara y lo miró con ojos tristes.
— ¿Lo prometes?
—No te mentiría, y menos en Nochebuena —él también se había puesto en cuclillas.
—No le tienes miedo a nada, ¿verdad?
—Claro que sí —lo oyó musitar.
— ¿Sí?
—Por supuesto. Por ejemplo, tengo miedo de que Bella te quiera para ella sola y no me deje quedarme a pasar la noche.
Ella ya le había dicho que podía quedarse, pero, en su sabiduría, Edward buscaba el permiso de Nessie.
—Puede quedarse con nosotras, ¿verdad, Bella? —suplicó girando la cara.
Como él sabía lo que sentía al dejar que un hombre entrara en su vida, Bella no necesitó mirarlo para darse cuenta de que probablemente disfrutaba con su oportunidad para aprovecharse de su hospitalidad. Pero en el fondo de su corazón, no podía enfadarse con él. Debía realizar un trabajo en el que se encontraba involucrada Nessie.
Ganarse su confianza le proporcionaría los hechos que necesitaba para solucionar el caso. De hecho, ya había obtenido información gracias al hecho de que Nessie confiaba en él. Por ello, supo que tendría que hacer todo lo que atuviera a su alcance para ayudarlo, aunque significara dejarlo pasar la noche en su casa y volver a poner en peligro sus propias emociones.
«Pero solo por esta noche, Bella. Solo por esta vez. Por el bien de Nessie».
—Desde luego que es bienvenido. Incluso buscaré el saco de dormir de mi padre para ponerlo junto al fuego. Tú y yo ocuparemos el sofá cama.
— ¿El sofá qué?
—Hay una cama dentro de ese sofá —señaló el sofá que había junto a la pared.
—No la veo —repuso Nessie mirándolo.
—Es porque se encuentra escondida —explicó Edward con sonrisa divertida. Con economía de movimientos, se levantó y se acercó al sofá. Como por arte de magia, lo convirtió en una cama ya hecha con sábanas y mantas. Nessie aplaudió encantada.
—Ahora podré mirar el árbol toda la noche.
—Puedes si no te cansas mucho —bromeó él—. Pero veo a una niña pequeña cuyos ojos se ven muy somnolientos.
— ¿Sí?
—Ven conmigo, Nessie —comentó Bella—. La chicas tenemos que prepararnos para irnos a la cama —el brillo misterioso que captó en los ojos de él hizo que le temblaran las piernas.
—Mientras las espero, lavaré los platos.
—No es necesario —musitó ella.
—Sigo con hambre —gruñó, provocando una risita de Nessie—. No me negarás la oportunidad de acabar con los restos, ¿verdad?
El encanto de él le quitó el aliento. En cuanto a Nessie, la tenía totalmente enamorada.
—Puedes probar todo lo que tenemos —dijo antes de darse cuenta de lo atrevida que parecía.
— ¿Es eso verdad? —la voz de Edward la siguió fuera del salón.
Sonrojada, tomó la mano de Nessie, con la otra el bolso que había llevado de la tienda y se dirigió hacia la escalera del pasillo.
—Hablaba de la comida —dijo por encima del hombro. Prácticamente subió los peldaños a la carrera, arrastrando a la niña detrás de ella.
—Me decepcionas, Bella —le llegó su voz—. Haces que me entusiasme y luego...
Cerró la puerta del dormitorio para ahogar el resto de las palabras.
— ¿Estás enfadada? —Nessie la miró con ojos ansiosos.
—No, cariño —se apresuró a tranquilizarla—. En absoluto. A veces Edward comenta cosas que yo no quiero oír. Por eso cerré con fuerza, para que se enterara de lo que siento, pero jamás podría estar enfadada con él. De hecho, si nos asomáramos, seguro que veríamos que se está riendo.
—Eso es bueno —volvió a sonreír—. Me gusta Edward.
—Y a mí también.
La pequeña la siguió al armario ante el cual Bella se puso un largo camisón de franela con volantes.
—Ojalá él fuera mi papá y tú mi mamá.
«Oh, Nessie. Pobrecita. Tienes tanta necesidad de afecto que aceptarías a cualquiera que fuera amable contigo».
—Si tuviera una hija, querría que fuera justo como tú.
—No tengo mamá. ¿Puedo ser tu hijita?
—No estoy casada, Nessie —se aclaró la garanta.
—Puedes casarte con Edward.
—Edward es un soltero declarado.
— ¿Y eso qué significa?
—Que no quiere casarse —la verdad de esas palabras no mejoró su estado de ánimo—. Y ahora vamos a meterte en la bañera para lavarte el pelo.
Distraída, Nessie dejó de hacer preguntas el tiempo suficiente para seguirla al cuarto de baño. Diez minutos más tarde, salió limpia del agua, con el lustroso pelo castaño recogido en una coleta.
Después de cerciorarse de que la pequeña se lavaba los dientes con un cepillo nuevo que le proporcionó Bella, buscó en el bolso los pijamas navideños rojos y blancos y las zapatillas a juego.
—Veamos cómo te quedan.
Al rato la pequeña desfiló por la habitación con su nuevo atuendo en cuya parte frontal se veía a Rudolph, un ciervo de nariz roja.
—Acércate un segundo, cariño. Hay una cosa más por hacer.
— ¿Qué? —los ojos de Nessie brillaron excitados.
— ¡Esto! —alargó la mano y apretó un interruptor diminuto. Luego repitió el movimiento en las zapatillas. La nariz roja se puso a parpadear—. Ve a mirarte en el espejo que hay detrás de la puerta.
En cuanto la niña lo hizo, gritó encantada y comenzó a dar saltos.
— ¿Puedo mostrárselo a Edward? —pidió sin aliento.
—Por supuesto. Adelante.
Mientras Nessie salía gritando su nombre, Bella recogió las almohadas de la cama, bajó las escaleras y fue al dormitorio de sus padres a buscar el saco de dormir y el colchón inflable para Edward.
Cuando llevó todo al salón, vio que Edward, que jugaba con la niña, no le quitaba los ojos de encima. El corazón le dio un vuelco. Para ocultar sus emociones, se puso a inflar el colchón con un viejo inflador de bicicleta. Nessie parecía ajena a todo y se mostraba tan feliz que su carita parecía un sol. Tenía unos rasgos bonitos y una actitud femenina. Un día crecería y se convertiría en una mujer atractiva.
Entre la música y los cantos, a Bella le pareció oír una llamada a la puerta. Edward y Nessie debieron oírla también. Cuando la pequeña se quedó paralizada, él le lanzó una mirada con la que le indicó que manejaría la situación.
— ¿Bella? ¡Somos Jasper y Alice! —dijeron unas voces familiares. La llamada sonó con más fuerza.
Por ese entonces Nessie se hallaba en brazos de Edward.
—No pasa nada, Nessie —aseguró Bella—. Te dije que iban a venir mis amigos.
Hasta que abrió la puerta y percibió la expresión en los ojos de Alice mientras observaba todo y a todos, Bella había olvidado lo íntima y acogedora que debía parecer esa escena doméstica para sus amigos. En particular al abrir la puerta en camisón.
Un brillo de suspicacia se reflejó en los ojos de Alice cuando Jasper y ella entraron y cerraron la puerta.
—Feliz Navidad para todos, en especial para ti, primo.
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Les pido miles de disculpas, pero no me había dado cuenta que había borrado los capitulo de la historia. A la lectora anónima que me avisó del problema gracias. Hasta el domingo...
¡Ay mi madre! Ahora se juntaron Alice y Nessie. Creo que entre ellas, ya tienen planeada la boda, la luna de miel y la casa donde van a vivir…. Jajaja ;)
¿Les gustó?
Espero sus comentarios (buenos o malos, no importa)
La próxima actualización será este domingo o lunes…
Los quiero
Christianna
