LA VISITA DEL MINISTRO DE MAGIA
-¿Quieres un poquito de magdalena, pequeña? -le preguntó Draco a su hija, después de dejar su café en la mesa.
-¡Si! -exclamó Cissy quitando de las manos a su padre la magdalena, y levantando las sonrisas de sus abuelos y su padre.
-Vaya, vaya. Draco Malfoy, ¿cuánto tiempo?
La fuerte y conocida voz de Zabini hizo levantar la cabeza de Draco, sus padres y suegros.
-¿Señores Malfoy? ¿Señores Granger? -saludó zabini amablemente, y éstos devolvieron el saludo del muchacho con un gesto de cabeza.
-Zabini... ¡qué sorpresa! -lo saludó de forma fría y arrastrando las palabras, Draco.
Hacía casi ocho años que no tenía contacto con ninguno de sus antiguos "amigos", y el haberse encontrado allí con Blaise Zabini no le hizo ninguna gracia.
-Bueno, amigo ¿qué tal estás? ¿Qué te trae por San Mungo? -preguntó sentándose en una silla que quedaba libre, como si no le hiciera falta invitación. Algo que molestó muchísimo a Draco.
-Estoy estupendamente, gracias. ¿Y tú qué tal? -dijo sin variar el tono frío que había adquirido al verlo, y pasando por alto la pregunta sobre qué hacía allí.
-Pues muy bien, también. Gracias. Hace dos años que trabajo como ayudante del ministro de magia. Me casé hace tres años, con Pansy Parkinson, como sabrás y, bueno ya vamos por nuestro tercer hijo. Nació hace dos días, he bajado a desayunar algo - le informó entusiasmado Zabini.
-Hum. Me alegro mucho, Blaise. Enhorabuena. ¿Y qué ha sido, niño o niña? -dijo suavizando el tono al dejarse llevar un poco por el entusiasmo de su antiguo amigo.
-Pues a sido niña, es preciosa. Tienes que venir a verla, Draco -contestó Zabini muy emocionado-. Así te presentaré también a los gemelos. Son niños, los dos... unos diablillos.
-Claro. En cuanto pueda iré -concedió Draco, limpiando a Cissy con la servilleta.
-¡Oh, por Merlín! Lo siento, Draco. No me había fijado -se disculpó como si hubiera cometido alguna especie de sacrilegio-. Esta señorita tan divina, debe de ser tu hija, ¿no?.
-Así es. Mira Cissy, saluda a Zabini, un amigo de papá -le costó un poco omitir lo de "antiguo", mientras presentaba a su hija.
-Hola, bonita -dijo Zabini cogiendo en brazos a Cissy, que lo miraba con curiosidad y al mismo tiempo con desconfianza-. Pero qué alta y guapa estás. ¿Cuánto tiempo tiene, Draco?
-A finales de junio hará tres años -contestó con una leve sonrisa Draco.
-¡Vaya! -exclamó sorprendido devolviendo a Draco a Cissy-. Mis gemelos harán dos años, en marzo.
Durante unos minutos, nadie dijo nada. Salvo los padres de Draco y Hermione, que hablaban entre ellos, para dejar a Draco que hablara con su amigo.
-Bueno. No me has dicho todavía qué haces aquí, Draco -dijo finalmente Blaise Zabini, rompiéndo el silencio.
-Hermione, ha tenido a nuestro hijo, hace un par de horas -contestó de mala gana Draco. Sabía perfectamente lo que Zabini y Pansy habían pensado de Hermione y no le apetecía nada comenzar una pelea allí mismo, con el cansancio que sentía y la gente que había allí aquella mañana.
-¡Ah, si! -exclamó Zabini- Es cierto, te casaste el año pasado con Hermione Granger, ¿no es así?
-Así es -contestó secamente Draco.
-Enhorabuena, por ambas cosas, amigo. Pero he de decirte algo -Draco se sorprendió de aquél tono de alegría de Zabini-, nos has echo perder una gran trabajadora, Draco. Nunca pensé que diría esto, pero esa muchacha es increíble. Tenía revolucionado a todo el ministerio, pero de una forma positiva, no te enfades Draco -se apresuró a añadir Zabini cuando vio que Draco fruncía el ceño de manera amenazante.
-Bueno, pero la vida es así -contestó Draco intentando sonar tranquilo-. Además, yo no la obligué a dejarlo. Simplemente hablamos, y bueno, ella quería pasar más tiempo con Cissy, y al final decidió dejar su trabajo en el ministerio -explicó Draco cansinamente. No sabía porqué estaba hablando con Zabini sobre eso.
-Yo no he dicho que la obligaras, Draco. Simplemente, he echo una observación. En fin, no te molesto más, tengo que ir a desayunar y volver pronto a la habitación o Pansy me matará. Pero tenemos que quedar un día para vernos, cuando nuestras mujeres estén bien, ¿de a cuerdo? -dijo Zabini ilusionado.
-Si, claro. Cuando quieras -contestó Draco para ser cortés, aunque en su fuero interno pensaba todo lo contrario; jamás se le ocurriría juntar a Hermione con Pansy Parkinson en la misma habitación ni aunque estuviera en juego todo el oro del mundo mágico.
-Bien. Estaremos en contacto, Draco. Dale saludos de mi parte a Hermione. ¿Señores Malfoy? ¿Señores Granger? Que tengan todos un buen día -se despidió Zabini con un gesto de cabeza, antes de irse.
-¡Vaya, ese chico está eufórico! -exclamó la señora Malfoy-. ¿Qué le pasará? Nunca lo había visto tan amable. Nunca me gustó demasiado...
-Pssh. Vete a saber -coincidió Draco.
Hacía ocho años que Draco no veía a Zabini, aunque sabía que trabajaba en el ministerio y que se había casado con Pansy. Pero no había vuelto a verle; él no se había preocupado de seguir en contacto con él ni con nadie de su antigua vida (en realidad no quería volver a tener relación con ellos), y Zabini tampoco es que se hubiera herniado por ponerse en contacto con él, lo que Draco agradecía enormemente. Algo le olía mal a Draco. ¿Porqué se había acercado a él Zabini? ¿Porqué le había dicho que quería que quedaran un día los cuatro? Algo se cocía tras aquel comportamiento, estaba seguro.
Los padres de Draco y Hermione se fueron a casa a eso de las diez de la mañana, puesto que Hermione no despertaba aún, llevándose con ellos a Cissy. En cambio, Draco se quedó con Hermione y su nuevo hijo. Estaba bastante cansado, cuando entró en la habitación, así que se tumbó en el sofá que había en la habitación y se quedó dormido casi al instante.
-Tendrás tortícolis para lo que queda de semana, cariño -Draco escuchó la voz divertida de Hermione mientras se frotaba los ojos, cuando despertó.
Estaba desorientado y, en efecto, le dolía el lado derecho del cuello horrores, sin embargo, tragándose un quejido para evitar más risas de Hermione, se incorporó y giró todo su cuerpo para mirar a su esposa.
Estaba sentada en la cama leyendo un libro. Miró por la ventana y vio que estaba anocheciendo.
-¡Madre de Dios! -exclamó alarmado- ¿Qué hora es?
-Las cuatro y media, cielo. ¿Has dormido bien? -contestó Hermione dejando el libro en la mesita que tenía al lado.
-Hum. Si, creo que sí -contestó Draco poniéndose de pie y frotando su cuello con la mano al tiempo que lo movía ligeramente-. El sofá no es demasiado incomodo, a pesar de todo.
Hermione rió con ganas.
-Eso me pareció. Han venido nuestros padres, después de la comida, con Cissy. Harry, Ginny, los señores Weasley, y Bill y Fleur, también estuvieron aquí, poco después. Y hace un momento se han marchado tu amigo Zabini y el troll de Parkinson, su mujer -terminó de enumerar la lista de visitas, haciendo un gesto de asco cuando nombró a Zabini y Parkinson-. Al parecer, también han sido padres estos días y ya la han dado de alta. A Dios gracias que ha sido así y no tendré que encontrármela por los pasillos mientras esté aquí confinada.
Draco rió aliviado. Al parecer Hermione había vuelto a la normalidad y eso le gustaba. Se acercó a ella y la besó dulcemente antes de inclinarse en la cuña para admirar a su hijo, que dormía plácidamente.
-Ya a comido dos veces -le informó Hermione-. Es muy bueno, no llora a penas. Y cuando lo ha echo ni te has enterado. Bueno... que tampoco es que te hubieras despertado si hubiera comenzado la tercera guerra mundial... no te has despertado ni con las carcajadas de tu amigo Zabini...
-Lo siento, Hermione. Estaba cansado -se disculpó Draco sonriendo.
-Lo sé, mi vida. Solo te tomaba el pelo. ¡Ven, tumbate aquí! -le pidió Hermione haciéndose a un lado, para que Draco se tumbase junto a ella.
Draco sonrió y se subió a la cama, abrazándose con delicadeza a Hermione, recostando su cabeza en el pecho de su mujer.
-Bueno, ¿me vas a contar porqué el trol y su marido han venido a visitarme? -inquirió en voz baja Hermione, acariciando el pelo de Draco, que no pudo evitar sonreír. Le resultaba graciosa la forma en que Hermione se refería a Pansy.
-Esta mañana, cuando estaba desayunando con nuestros padres y Cissy en la cafetería, Blaise me vio y se acercó a saludarme -informó pausadamente Draco a Hermione-. Estuvimos... charlando, por así decirlo, unos minutos y después se fue. Pero no sé... creo que algo se trae entre manos... me dijo que te diera saludos de su parte y me preguntó si podíamos quedar algún día, cuando vosotras os hayáis recuperado un poco. No sé, no me huele bien.
-Hum. Ya me parecía a mí... -murmuró Hermione-. Creo que tienes razón. Hay algo raro. Zabini me dijo que habíais estado hablando y que habíais quedado para cenar este fin de semana en casa, pero que se había debido de dejar la dirección en la cafetería. Me preguntó si yo se la podía proporcionar de nuevo puesto que tú estabas dormido... me sonó extraño, pero si tu le habías invitado...
Draco levantó la cabeza lo justo para que sus miradas se encontraran. Ahora sí tenía la certeza de que algo tramaba Zabini.
-¿Le diste...? -preguntó Draco con la voz ahogada, pero se detuvo al ver su misma expresión de sospecha en la cara de su mujer-. Hum. Tendremos que buscar una buena excusa para no cenar con ellos este sábado. ¿Crees que te podrán dejar aquí hasta entonces? -la mente de Draco funcionaba a toda pastilla, cuando volvió a recostarse en el pecho de Hermione, en busca de una buena excusa para escaquearse de aquella cena.
-No lo sé, estamos a miércoles... quizá, con un poco de suerte, no me den de alta hasta el lunes... -contestó esperanzada Hermione.
Draco conocía a Hermione desde los once años, y jamás la había visto escaquearse de nada, es más, siempre andaba metiéndose en líos con Potter y Weasley, así que no pudo evitar sonreír al comprobar que ella también intentaba encontrar alguna excusa para zafarse de aquella extraña e incomoda cena. Levantó la cabeza para mirar a su mujer, con gesto burlón y ambos se echaron a reír cuando Hermione se encogió de hombros y dijo:
-¿Qué? No soporto a ese trol de Parkinson.
-Draco, deberías irte a casa ya. Duchaté, come algo y descansa -le dijo Hermione una hora más tarde a Draco, cogiéndolo por la barbilla, después de que éste diera tal bostezo que casi se partió la mandíbula-. Yo estoy bien. Aquí estoy bien atendida. Mañana nos vemos antes de que vayas a trabajar, ¿vale?
-Está bien. Mañana nos...
-Perdón, señores Malfoy -los interrumpió de pronto una enfermera-. Tienen una visita. Se trata del Ministro de Magia -se apresuró a aclarar la muchacha, cuando vio la cara de sorpresa de Draco y Hermione.
-Muy buenas noches -dijo sonriente el Ministro-. Disculpad la intromisión tan tarde, pero no me he enterado de la buena nueva hasta hace un par de horas, cuando Harry ha ido a entregarme unos documentos.
Ambos jóvenes no supieron qué decir en un primer momento. Draco estaba muy sorprendido y Hermione muy emocionada. Desde el día de su boda no había vuelto a ver a Kingsley Shacklebolt, el Ministro de Magia.
