NADA ES MIO. TODO ES STEPHANIE MEYER. MIO SOLO ES EL ARGUMENTO
La mañana siguiente me despertó un sonido irritante en incesante. Levante la cabeza de mi almohada con pesar para destrozar el objeto que me había despertado en uno de los mejores sueños que había tenido en mucho tiempo. Miré hacia la izquierda, el despertador temblaba con el sonido que producía.
PIIIIIII – PIIIIIIII
''estúpido despertador'' murmuré dejando caer la cabeza sobre la almohada ''para qué demonios lo habré puesto tan temprano''
Me acurruqué entre las sabanas y me dispuse a dormir otra vez cuando recordé el por qué despertarme tan temprano.
-¡mierda!—exclamé mientras me levantaba corriendo de la cama—no puedo llegar tarde el primer día.
Corriendo me puse una camiseta de manga corta azul, unos pantalones vaqueros claros y las zapatillas de deporte. Me recogí el pelo en una coleta alta y Salí pitando con el monedero y el móvil.
Por suerte llegue a tiempo, creo que incluso antes de la hora. Jonás me estaba esperando en la puerta. Me saludo con la mano cuando lo vi.
-hola. Sr Smith—saludé cuando llegué a su lado.
-hola Isabella—me saludó el.
-mejor llámeme Bell...Isa. Mejor llámame Isa.
-como quieras.
Entramos en la cafetería y Smith m estuvo mostrando cómo funcionaba cada cosa antes de abrir. Jonás Smith era un hombre grande. Tenía barriga y brazos gruesos, papada y siempre parecía enfadado por algo. Había otras dos chicas más trabajando en la cafetería. Se llamaban Luna y Silvia. Luna era un chica responsable y simpática, era rubia con los ojos marrones oscuros casi negros, muy mona, aunque demasiado modesta. Silvia es…como decirlo sin ofender…algo… zorra… se pasa su turno coqueteando con los clientes. A Smith no le importa siempre que no pase de miradas coquetas y besos tirados al aire, ya que él se llena los bolsillos de la clientela que trae.
-bien, trabajas de ocho a cuatro de la tarde, con un descanso de media hora para comer a las dos, de lunes a viernes. Los sábados esto se transforma en otra cosa y todavía no tienes la experiencia necesaria. ¡ah! Y aquí se pagan por días…
La jornada se pasó volando. Aunque por la tarde solíamos tener mucho trabajo, nos las apañábamos bien. Se sacaban más o menos cien dólares al día para cada una, así que ganaba mucho en poco y nadie se podía quejar porque todos teníamos la misma cantidad de dinero.
El sábado llegó rápido. Por la mañana, aunque quería salir a hacer unas compras, aproveché para levantarme tarde. A eso de las doce y media me levanté todavía con ojos soñolientos. Me lo tome con calma. Preparé la bañera con agua caliente (aunque hacía calor las viejas costumbres no se pierden) y dejé la ropa que me iba poner cerca de esta. Unos vaqueros y una camiseta de tirantes servirían y las zapatillas de deporte.
Estuve en la bañera cerca del cuarto de hora. Solo cuando el agua se empezó a enfriar me salí. Me vestí deprisa y me hice un moño con unas cuantas gomas. Cogí "algo" (bastante) de dinero, salí y cerré con llave y me dispuse a coger el autobús en la parada más cercana, que estaba a dos manzanas de mi casa.
Silvia me había contado que había buenas tiendas de ropa en una de las calles del centro. Así que pararía en el centro y desde allí me pararía a ver.
Lo que no me esperaba es que el centro fuera taaaaan grande. Me quedé parada, con cara de boba, en mitad de la plaza del centro de Jacksonville, incluso algunos guiris se pararon a echarme fotos. Estúpidos guiris…
Cuando me repuse del asombro empecé a mirar tiendas. Lo primero que hice fue entrar al supermercado a comprar un par de cosas, lo justo para la cena de esa noche. Lo metí todo en una bolsa y empecé a mirar tiendas de verdad.
Entré en unas cuantas, pero salía casi enseguida. La mayoría de prendas no me gustaban. De nunca me habían gustado los pantalones de pitillo, las camisas, las faldas de tablas, etc. Así que acabé por meterme en una tienda de lencería. Por lo menos allí no habría pijerías…
Distraída como estaba mirando prendas, no me di cuenta de que iba a chocar contra algo hasta que choqué contra él. El impacto fue tal que los dos acabamos en el suelo.
-mira por dónde vas—me gritó la persona con la que había chocado. Era un chico alto, con el pelo de un negro intenso y los ojos azules oscuros. Tenía una expresión de enojo en el rostro.
- aplícate el cuento, guapo—exclamé indignada.
De repente el muchacho se empezó a reír a carcajadas.
-¡de que te ríes!—exclame roja de ira.
El solo dijo:
-bonito sombrero.—y después se siguió riendo.
Al principió no comprendí y me llevé una mano a la cabeza. Que yo supiera no llevaba sombrero… palpé mi cabeza vi que tenía algo en ella. Me lo quité y lo vi. Era un tanga. Se lo tiré a la cara y salí de la tienda sin mirarle dos veces.
Cuando llevaba una manzana andada me di cuenta de que me estaba siguiendo. Me di la vuelta y lo encaré.
-¿Por qué me sigues?—le pregunté.
-¿quién te ha dicho que te estoy siguiendo?—me respondió con una sonrisa burlona—solo sigo el mismo camino que tú.
Me di la vuelta sin mirarlo y seguí mi camino.
Lo malo era que cada vez que entraba a aun sitio, me lo encontraba. Y cada vez que le decía que porqué me seguía me soltaba alguna como: "no eres el centro del universo…" o "puedo ir donde quieras, es un país libre…"
Cuando me harté de ver tiendas, miré el reloj y con asombro vi que eran cerca de las cuatro y media.
"será mejor que me busque un bar para ir a comer"
Me dirigía un bar cercano y me senté dentro con el aire acondicionado. Cuál fue mi sorpresa al ver al hombre pesao.
-¿otra vez tú?—le pregunté por enésima vez esa tarde.
Él me sonrió con una sonrisa torcida.
-ya que nos encontramos a todos los lados a los que vamos ¿porqué no empezamos a conocernos mejor? Te invito a comer—me propuso.
Yo lo miré con una ceja alzada.
-¿pretendes que acepte una invitación de alguien de quien ni siquiera se su nombre?—le inquirí.
-no hay problema con eso. Me llamo Ángel Danawer y tú eres…
-Isabella Swan.
-una vez presentados ¿aceptas mi invitación?
Hice como si lo pensara.
-vale, pero solo si invitas tú
Gracias a todas por comentar vuestros rewiens me hacen feliiiz!!
Bss wapas
Cuidaros!
