Los personajes reconocidos le pertenecen a L. J. Smith, los que no, son mios al igual que la trama.


Estar en la Universidad era como estar en la preparatoria, solo que mucho más importante.

Había grupos de todo tipo, pero básicamente se dividían en dos clases sociales: alta y baja.

Los de la clase alta era la elite, lo tenían todo y controlaban casi todo, se bañaban en dinero, podían quemar todo los billetes que se les antojara, y aun así seguirían siendo ricos, no necesitaban nada, lo tenían todo. No necesitan ir a la universidad ya que tienen la cantidad de dinero que no se podría gastar ni en tres vidas. Pero aún así iban a "estudiar" para hacer sus vidas más interesantes. Ah, y hay que agregar que les gusta refregar sus millones a cualquier "pobre" – las personas que ellos consideraban "pobres" – que se les cruzara enfrente.

Los de la clase baja eran todo lo contrario, no hace falta explicar.

En la preparatoria Robert E. Lee, Bonnie había pertenecido a la elite. Pero en la universidad de Brown, ella era de la clase baja, ya que trabajaba para ganarse el dinero y lo poco que tenía, no lo utilizaba para poder darse un lujo. Sus padres le pagaban los estudios pero nada más. Bonnie trabajaba todos los días para llegar al mes de renta, y poder seguir comiendo lo suficiente para seguir viva.

Pero no le demos mucha importancia a eso ahora.

Bonnie McCollough, como todos los días, llegó temprano a su primera clase del día, encontrándose con su compañera, la perspicaz Amanda, se sentó a su lado y hablaron lo complicado que eran los temas del semestre. El salón comenzó a llenarse, y como de costumbre, cada grupo se sentaba de un lado diferente al otro. El profesor Dior llegó pidiendo silencio para empezar con su clase. Luego de explicar cómo predecir las tendencias, pidió un resumen, y dio por terminada la clase.

Bonnie pasó los veinte minutos del receso comenzando con ese resumen, sentada en un banco en el parque de enfrente. Vio la hora y decidió volver al edificio.

Un Mercedes-Benz deportivo de un brilloso color negro le llamó la atención, pero no le sorprendió mucho, ya que otros universitarios solían tener ese tipo de autos. En el aula de Alta Costura, solo se encontraba la profesora Nina Ricci, quien era la profesora favorita de Bonnie. La pelirroja y la señora charlaron acerca de qué iba a ir la clase del día hasta que los otros alumnos comenzaron a llegar.

La profesora estaba revisando los bocetos de los alumnos cuando alguien parado en la entrada golpeo la puerta, provocando que la atención de casi toda la clase se centrara en su persona.

- ¿Esta es la clase de Alta Costura?

Bonnie, que había estado dibujando muy concentrada, levantó la vista al oír esa voz conocida. ¿Por qué a mí? ¿Es que no te parece suficiente su existencia que me lo tienes que mandar a mi? ¡Dios!

- Si, ¿te acabas de inscribir? – Damon asintió, la profesora Ricci tomo su lista de alumnos. – Déjame ver si estás aquí, ¿Cuál es tu apellido?

- Salvatore, Damon Salvatore.

Mientras la mujer buscaba en su lista, Damon miró de reojo a Bonnie, y ella pudo jurar que él estaba disfrutando sacarla de quicio.

- Bien, esta todo en orden. Puedes sentarte.

Damon sonrió a sus nuevos compañeros – algunas chicas suspiraron – y se sentó, ¿adivinen dónde? Si, al lado de Bonnie.

- ¿Qué haces aquí? – le susurró furiosa.

- ¿Vengo a estudiar, tal vez? – respondió como si fuera lo más obvio del mundo.

- Enserio, ¿ahora te interesa en diseño de moda?

Damon le sonrió socarronamente.

- Tengo estilo.

- Eres un…

- ¿Alguna duda, Bonnie? – su profesora favorita le taladraba con su mirada.

- Eh… no, profesora Ricci.

La profesora le dedicó una mirada severa y siguió dictando la clase.

- Pajari…

- No me hables – estaba visiblemente enojada.

Cuando Nina Ricci dio por terminada la clase del día, Bonnie fue la primera en irse, hecho que era poco común, ya que ella solía quedarse a charlar con la profesora.

Bonnie se encerró los veinte minutos de descanso en el baño para maldecir su suerte e intentar decidirse entre quedarse en Brown o largarse a una universidad muy muy lejana. Recordó que estaba allí para demostrarles a sus padres que llegaría lejos, asi que ni ebria iba a irse por un vampiro psicópata que le seguía a todos lados para volverla loca. No señor.

La próxima clase era diseño de ropa deportiva. Pero para la sorpresa de los alumnos, les hicieron ir al salón de fiesta para comunicarles algo.

Bonnie pudo ver que todos los profesores estaban sentados en una hilera de sillas puestas en el escenario. Cuando todos los universitarios se acomodaron en sus asientos, la directora de la carrera, la señora Chanel – aunque le gustaba que le llamasen Coco – se levantó y fue hacía el frente, parándose cerca del micrófono.

- Buenas tardes, futuros diseñadores de segundo año. Sé que se estarán preguntando por qué están aquí.

La pelirroja intentó fijar su vista completamente fija en la mujer que estaba en frente, pero no pudo evitar mirar a Damon, unos asientos más a derecha. Él estaba sonriendo, y Bonnie no quiso saber por qué.

- Como saben, el final del trimestre se acerca, y es por eso, que deben poner en práctica todo lo que aprendieron en primer año y lo que va de este.

La mayoría de los alumnos se miraban excitados.

- Harán un desfile.

La directora espero que todos calmaran su felicidad.

- Tendrán todo el mes para confeccionar un vestido de gala, un conjunto deportivo de tres piezas para mujer, un calzado deportivo y ropa que usarían cada uno de ustedes. No deberán venir hasta que sea la entrega, el treinta uno.

Las chicas chillaron con efusividad.

- Ah, y lo harán en grupos de a dos.

Aquel último aviso hizo que a todos – menos a Damon – se les cayera el alma a los pies, sobre todo cuando la directora aclaró que los profesores asignarían los grupos. La perspicaz Amanda levantó la mano, tenía algunas dudas.

- No comprendo. Cada uno tendrá que hacer un vestido, la ropa deportiva, las zapatillas… ¿o debemos hacerlo en conjunto?

- Deberán hacer todo en conjunto menos la ropa que ustedes usarían. Cada uno tiene su propio estilo así que no funcionaría. Eso es todo.

Amanda volvió a levantar la mano.

- Teniendo en cuenta que será un desfile… ¿Quién modelara nuestros diseños?

Los profesores sonrieron. Coco Chanel respondió:

- Ustedes, por supuesto.


Debían ir a hacía la pizarra de informes para saber con quién les tocaba. Bonnie observó a algunos ricachones confundidos porque no conocían a sus compañeros. La pelirroja espero a que quedara poca gente para saber con quién debía trabajar. Se acercó a la pizarra donde estaba la hoja clavada, sentía un nudo en el estomago, teniendo un mal presentimiento.

21. Bonnie McCollough/Damon Salvatore.

La muchacha sintió aumentar el dolor de cabeza.

La historia de mi vida.


Gracias al cielo esto es todo por hoy, agradeció mentalmente. Aunque no se consoló mucho al caer en la cuenta de que tendría que soportar a Damon Salvatore cinco días a la semana.

Cinco putos días a la semana.

Gimió de tan solo pensarlo.


Para irse a su departamento, Bonnie debía pasar por el frente de la salida del estacionamiento de su universidad. Paró para que un lujoso deportivo saliera, pero para su sorpresa, el auto se detuvo en la mitad. Ella miró contrariada al conductor, a pesar de que no le podía ver por los vidrios tintados. El dueño del auto bajo las ventanillas, y Bonnie no se sorprendió de que fuera nada más y nada menos que Damon. Siempre aparecía en los momentos y lugares que ella menos deseaba.

- Sube, muñeca.

- Avanza de una vez – le exigió ella, él solo sonrió.

- Solo si tu estas a bordo de mi Mercedes. – su sonrisa se acrecentó – Por cierto, ¿te gusta? Lo compre ayer.

Damon parecía dispuesto a mantener la charla. Bonnie pudo ver que tras él, una hilera de autos se estaba formando. Las chicas al volante no se quejaban, habían visto al dueño del auto, y no deseaban ganarse su antipatía. Los chicos era todo lo contrario, de parte de ellos, Damon solo recibía bocinazos.

Bonnie se mordió el labio dubitativamente. Miró a los conductores molestos, y todo por Damon…

El Salvatore mayor siguió con la mirada a Bonnie, que pasaba por enfrente de su auto, y abría el asiento la puerta del co-piloto. Pero ella se detuvo de repente, y cerró la puerta.

Bonnie tuvo una repentina idea, sacó sus llaves de su bolsillo.

Nunca le gustó el ruido que se hacía al rascuñar un pizarrón, o rayar un auto, le hacía doler los dientes.

Pero el sonido que ella misma provocó al rayar el Mercedes Benz recién adquirido de Damon Salvatore, fue como música para sus oídos.

Huyó de ahí como alma que lleva el diablo. Riéndose.


Damon Salvatore entró a su apartamento en el centro de Manhattan cerrando de un portazo. La amaba, si. La amaba muchísimo, más que ninguna otra persona en el mundo… ¡PERO CON SU AUTO NADIE SE METE!

No se percató de que había cerrado tan fuerte la puerta que rompió las bisagras, la puerta cayó abajo.

Se sentó en un sofá. Se tranquilizó, respiró hondo. Y se sirvió un whisky.

Me las pagaras, Pajarito. Claro que me las pagaras.

Ya podía sentir el sabor de la venganza. Dulce venganza.


En el próximo capítulo… No, no pienso adelantar nada.

Dulce venganza…

Eva.