Capítulo 4: Confesión (1ra parte)

Al salir de la habitación me acerco a una de las enfermeras que están cerca de la recepción.

-Hola, soy Kirigaya Kazuto. De seguro ya me conocen.

-claro –dijo la enfermera –tu eres el suele visitar a aquella niña apellido… ¿Yuuki cierto?

-sí, Yuuki Asuna. Quería decir que despertó hace más de una hora y media.

-oh… pero… ¿espera ella no es del incidente SAO? –dijo sorprendida la enfermera.

-Sí, ya despertó, oh… bueno, ahora volvió a dormirse. Era para hacérselo saber y también para ver si puede llamar a la familia Yuuki.

-¿en serio? Pues, mandaremos a alguien para suministrarle un medicamento para que pueda dormir mejor. E inmediatamente me comunicare con su familia.

-¿Pues me pudiera comunicar con el señor Yuuki? tengo algo importante que decirle.

La enfermera me dijo que esperara, a la vez que fue a la habitación para confirmar lo sucedido y para inyectarle aquel medicamento. Cuando regresó, la enfermera tenía una gran sonrisa en la boca, pues aquello era cierto.

Ella paso a decirme:

-durante los últimos dos años, esa pobre niña ha estado sufriendo en esa cama. Su familia estaba muy triste por lo sucedido y era algo que nos hacía sufrir mucho también a nosotras las enfermeras del hospital. Pero qué alivio es ver una noticia así.

-¿Se lo va a informar usted a los padres?

-Recomiendo hacerlo mañana, pues ella está descansando de verdad por primera vez.

Me imagino lo cansada que debió estar Asuna pues en los juegos virtuales aunque se puede dormir, pero solo es una imagen, no es un verdadero descanso pues su mente siempre está ocupada. Recuerdo que cuando desperté de SAO dormí durante horas y horas todos los días. Ya es muy tarde en la noche para llamarlos y no queremos que despierten a Asuna con sus gritos de felicidad.

-¿Qué le parece si viene mañana temprano? Así los llamo para que vengan y usted pueda hablar con su padre en persona, Kirigaya-san.

-Gracias, está bien. Suena bien, aquí estaré.

Si quería hablar con Yuuki-san tendría que ser al otro día, menos mal así tendré tiempo para prepararme para lo que tengo que decirle. Aunque también me encontraba extraño el que ellos no se dieran cuenta de que cuando Asuna despertó, desconectara los cables de la maquina cardiovascular que medía los pulsos de su corazón. ¿Por qué no se dieron cuenta cuando se desconectó? No le puse mucha atención a eso pues recordé algo que tenía que hacer.

-disculpe, necesito un favor –le dije a la enfermera – ¿Me pudiera comunicar con el departamento de policía? Necesito reportar algo.

La enfermera accedió un intrigada pero sin darle tanta importancia. Yo no iba a permitir que Sugou se escapara, llamé con las esperanzas de que si aún continuaba en ese lugar la policía lo encontrara.

-Departamento de policía, ¿en qué le puedo ayudar?

Cuando escuché esto inmediatamente lo reporté:

-Saludos, quería reportar un intento de asesinato. Un señor con lentes y una bata blanca. Él se lanzó contra mí hiriéndome en el brazo. Pero pude contender contra el con todas mis fuerzas y lo até a un poste de luz. Es un poste de luz que está en un parque por el estacionamiento del hospital privado de la ciudad de…

-Sí, ya una patrulla encontró el sospechoso –me interrumpe el policía – Unos de los vecinos vio de lejos la pelea y lo reportó inmediatamente. ¿El nombre suyo cuál es?

-Kirigaya, Kirigaya Kazuto –le dije

-Kirigaya-san, el juicio de este señor tiene que ser testificado. ¿Le importaría pasar mañana por el departamento de policía?

-Está bien, iré en la tarde –le dije sin ningún temor. De tantas cosas por las que he pasado, el tener que contarle mi versión de la historia a la policía no era algo que me atemorizaba en lo absoluto.

Entonces, después de colgar, le agradecí a la enfermera y le dije que pasaría mañana para lo acordado. Ella asintió sonriendo.

Sin embargo justo cuando estaba en la puerta de salida, ella me llama. Y viendo como mi brazo, el cual le había dado la más mínima importancia, sangraba un poco debido a aquel corte con el cuchillo en la pelea contra Sugou. Ella se ofrece a curármelo.

Al rato, después de aquella dolorosa limpieza y aquel vendaje, tomo mi bicicleta y regreso a casa. Ya era bastante tarde y tenía mucho en que pensar, como las cosas que tenía que decirle al padre de Asuna.

Las cosas que tenía que demostrarle, el amor que le tengo a su hija. Lo que estaba dispuesto a hacer. Lo que tenía que confesarle.

Cuando llego a la casa, ahí está mi hermana esperándome en la sala, estaba despierta a tal hora de la noche. Entonces, con una gran sonrisa, le digo: ''ya volví, Suguha''.

Ella responde con otra sonrisa pues, estaba contenta de verme sonreír.

-¿Cómo está Asuna-chan? –me pregunta.

-Está bien, Suguha, ella… Está bien – Le dije llorando mientras me siento en el sofá y pongo mis manos en mi boca para controlar los ligeros llantos. Recordé cuando me miraba al espejo diciéndome: me he convertido en un llorón, Asuna. Pero esta vez era de felicidad. Lloraba pues de tanto luchar, al fin lo había conseguido. Después de tantas preocupaciones, después de tantas angustias, por primera podía decir que ella estaba bien.

Suguha se acerca y me da un gran abrazo, mientras yo sigo diciendo con lágrimas en los ojos de gran felicidad: ''Ella está bien, está bien.

Después una vez que me voy a la cama, me lavo la cara y me acuesto. Pero no podía conciliar el sueño pues todavía había un pensamiento que me enloquecía: en la vida real, no estamos casados.

Pero tampoco, hay un compromiso oficial. Tenía que cobrar valor. Sugou estaba por casarse con ella aun estando en esa condición, y su padre estaba dispuesto a permitirlo. Las familias adineradas sufren de hacer cosas así por dinero. Pero yo, de alguna manera tenía que hacerle saber que Asuna me pertenecía. Y no permitiría que se me fuese arrebatada. Tenía que decirle lo que ocurrió en Sao, lo que pasó en ALO, y lo que hizo Sugou. Tenía que confesarle.

Asuna aún no era mayor de edad para tomar ciertas decisiones lo cual la familia podría comprometerla otra vez. No permitiré que eso ocurra. Se lo diré y le mostraré lo mucho que la amo.

No podía dormir en la noche pensando en que decirle y con qué valor lo haría del poco que me quedaba. Solo pensaba en las consecuencias y cosas que ocurrirían si la respuesta que recibo es negativa. En realidad no entiendo por qué no puedo pensar en que todo saldrá bien. Solo pensaba en eso y pasaban los minutos y las horas.

Entonces me dormí…

-Rayos! Me quedé dormido. Gracias Sugu.

Corro en mi bicicleta a toda velocidad hacia el hospital, se supone que debía estar temprano y ya son las diez y media de la mañana. Menos mal que Suguha me despertó, sino tal vez seguiría en la cama. ¡Que me pasa! Estos no son momentos de quedarse dormido hasta tarde.

Al fin llego al hospital, y jadeando subo las escaleras de la entrada. Estaba cansado de tanto pedalear pero al fin llego.

Entonces me asomo a la enfermera con la que hablé anoche:

-ah! Al fin llegas. Lo haces justo a tiempo, ya mi turno se acabó y me dirigía a casa –me dijo ella.

-lo siento mucho, de verdad.

-calma, calma, no te preocupes tanto. Ya su familia está aquí y le dije al señor Yuuki que querías hablar con el –me dijo ella mientras me calmaba –él te está esperando.

-gracias, muchas gracias –le dije con una sonrisa.

-¿Cómo sigue tu brazo?

-está mejor, gracias otra vez.

-no hay de qué. Ah! otra cosa, ella está despierta y ya puede escuchar mejor –me dijo.

Aunque me sentí contento al saber que su oído había mejorado, también estaba asustado pues, ella escucharía todo. Pero no sé porque me asusto pues, es bueno que me escuche.

Entro a la habitación y trago con la garganta, estaba nervioso pero decidido. Entonces ahí lo veo de nuevo. Esa maldita cortina verde frente a mí, tapando la habitación. Aquel obstáculo se interpuso de nuevo en mí. Pero esta vez es diferente, no permitiré que esto me detenga.

Tomo todo el valor que me quedaba en un solo movimiento, levanto mi mano y arrastro las cortinas para ver lo que hay del otro lado. Para ver a mi amada, mi tesoro, para confesarle mi amor a ella y a la familia. Para ver aquella belleza que era la razón por la que desvelaba todas las noches. Aquella chica con la voz más dulce que he escuchado. Mi amada Asuna, mi querida e inigualable belleza.

Arrastré las cortinas. Y vi lo que estaba del otro lado.

Una lagrima sale de cada ojo, amarga y llena de dolor. Mis piernas estaban temblando y mi fuerza de voluntad se había desvanecido por completo. La fuerza de mi cuerpo se había esfumado y caí al suelo de rodillas.

-No! –me dije en voz baja.

No tuve tiempo de confesarle. Yo estaba tarde y fui el culpable. Un sentimiento de culpa, un sentimiento de soledad. Un corazón roto y el orgullo de tanto luchar desaparecieron en solo un momento.

No había tomado su dirección, no tenía su número. El único contacto que tenía con ella en esta vida, era esta habitación. Y esta habitación, estaba vacía…


tan tan tan...¿no se esperaban eso verdad? Saludos. Pues espero que les haya gustado, dejen sus reviews por favor que eso me anima a continuar y actualizar mas rapido. Gracias a todos los lectores, en manage stories puedo ver que mas de 200 han visto este fic, lastima que no comentan. El capitulo 5 vendrá pronto y pueden darle a seguir la historia para que así se den cuenta mas rapido de cuando sale. Nos leemos... :)