Clasificación de Hynek
Disclaimer: Haikyuu pertenece a Furudate Haruichi. Sin otro fin que no sea diversión.
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Esto me ha costado un trozo de hígado o lo que sea pero ha costado, espero no sea muy forzado. En el capítulo anterior metí la pata hasta el fondo, esto se desarrolla a finales de JUNIO no de mayo. Ya está arreglado. Gracias por leer.
La cuestión es si esto es la vida real o una fantasía sin retorno alguno. No es la primera vez que me siento pequeño ante ciertas circunstancias. Recuerdo una vez, cuando niño, durante uno de esos partidos de volleyball que se juegan entre amigos, pero que se sienten enemigos, me tocó dar el último servicio.
La red permanecía inmóvil, pero ante mis ojos nerviosos, sólo le veía alejarse a kilómetros de mi a cada segundo. Me sentía tan pequeño que tuve miedo de no poder alcanzarle con mi golpe.
Pequeño y perdido. Justo como ahora, sentado frente a la mesa del café mientras Kuroo-san juega de mediador entre los berridos de Tendō y Oikawa.
Es muy temprano para escuchar gritos agudos y argumentos que se, no tienen sentido. Ya hay movimiento en la casa, me han dicho que el movimiento comienza mucho antes del amanecer, en cuanto llegamos se nos fue ofrecida una taza de café, Reon-san es un buen anfitrión.
Mientras daba el servicio, relucía su conciliadora sonrisa mientras habla de lo animado que parecía Ushijima desde temprano. Sin embargo mi madre me ha dicho que desarrollé de alguna forma una patologia de filtrar conversaciones y darle seguimiento a sólo unas cuantas, finamente selectas.
Parece que Reon se da cuenta y sin dejar la perorata se retira a la cocina.
El pago a esa habilidad es perder mi ser consciente entre burbujas de recuerdos recuerdos.
Sin embargo, pronto las burbujas explotan. Explotan junto a la paciencia de Kuroo-san.
— Oikawa, entiendo que todo el material que usas es caro y delicado. Ya. Tendō es un bruto que no sabe la importancia del material lo que le hace un imbécil por aventar todo al almacén cual saco de patatas, Tendō, sueltas una palabra y no tendré piedad con la macana. Como decía: Oikawa estaba sospechoso en el establo y por temor a algún daño de propiedad le diste con un…¿Colector de ordeño? Queda claro que eres un bruto.
Los acusados frente al alguacil principal están como para reírse.
Parece que Semi piensa igual y suelta la sonrisa. Pero no hace mayor ruido; pese al despreocupado y bohemio aspecto de Kuroo-san, es alguien a quien respetan.
—Ushijima no presentó denuncia — Kuroo-san hace gala de su experiencia al escribir de manera rápida y clara—. El delito no va más allá de un malentendido así que, Oikawa, ya te puedes ir. No vuelvas a Shiratorizawa.
Y pone un exagerado punto final al informe.
Claro que Tendō se suelta inconforme. Y no es el único.
Los alaridos de Tendō merman junto a la despreocupación de mi superior, incluso yo me atiendo a la seriedad de Oikawa quien se pone de pie y con la misma mirada profunda y destellante que le vi apenas anoche, encara a Kuroo-san y simplemente le dice: No
— Mi investigación me ha traído aquí y aquí me quedaré.
Kuroo-san suspira y se le nota fastidiado — Que necio. Permanecer aquí es un delito.
— Ushiwaka dio el visto bueno.
Semi así como Tendō se quejan por el mote, sin embargo Oikawa continua impávido con los ojos chocolates brillando desde su lugar. Siento el estomago removerse en mi interior, con ese mismo calor de excitación que me hace apretar los labios.
La situación pronto se transforma en un duelo de miradas entre Kuroo-san y Oikawa.
Se vuelve un encuentro tan pesado y violento que incluso Semi y Tendō dejan las quejas y se acomodan a mi lado alternando la atención, de Kuroo-san a Oikawa y tras un instante, de Oikawa de vuelta a Kuroo-san.
Escucho a Ten morder sus uñas y Semi comienza a respirar de forma profunda y exaltada.
— Bien —es Kuroo-san, quien da inicio con esos ojos gatunos y dorados—, cada día que regreses a la granja será una noche en la comisaría.
— Lo acato.
— Tu expediente será procesado.
— Me parece bien.
— Básicamente serás un delincuente.
— Me han llamado de maneras más despectivas.
En duelo continúa tras el breve intercambio. Oikawa levanta el mentón y ensancha los hombros para hacerle frente a la altura nada despreciable de Kuroo-san. Mi superior inclina el rostro y agudiza la mirada, mientras que a Tendō, Semi y a mi se nos comienza a juntar el sudor en la frente y en el cuello de la camisa. La corbata nunca me pareció tan molesta como ahora.
— ¡De acuerdo!— los cuatro saltamos por el exabrupto entusiasmo de kuroo-san quien se sonríe con esa mueca chueca pero auténtica—. Soy una persona bondadosa y confío en el conocimiento. Así que cuéntenos, Oikawa-san ¿De qué va su investigación?
Kuroo-san se sienta en el sofá de una plaza, cruza la pierna izquierda y acomoda la barbilla sobre sus dedos entrelazados.
Me siento estúpido por apenas caer en cuenta que nunca pregunté aquello.
Oikawa imita el gesto de mi superior sobre el sofá doble que compartía con Tendō. Carraspea un poco. Levanta nuevamente la barbilla con orgullo y dictamina con una sonrisa enmarcada por un par de hoyuelos — Soy ufólogo.
Quedamos un rato en blanco.
Y toda esperanza que pude albergar en mi interior se desvanece como agua corriente entre una mano abierta.
— Ya —aciente Kuroo-san concentrado—. Eres un vago.
— ¿Que? ¡No!
Oikawa salta en el sofá con el rictus descompuesto, Semi suspira a mi lado y seca un poco el sudor con un pañuelo para secundar: — Un completo vago.
— Un vago y un loco, claro— .Termina por decir Tendō.
Ese comentario incluso me cala.
Oikawa desde su lugar se torna rosa debido a la vergüenza, y pronto da paso a una rabieta de marcada indignación.
— La ufología no es de locos ni vagos. Soy licenciado en matemáticas, para que lo sepan, y tengo un máster en física.
— Ya. Un vago que sabe sumar.
Observo a Kuroo-san decir aquello tan campante que incluso me dan ganas de lanzarle con la taza del café.
Por su parte, Oikawa retoma la posición en el sofá. Es su turno de cruzar las piernas y entrelazar las manos. Gira la cabeza en torno Kuroo-san unos momentos con una calma y concentración impropios de alguien quien hace unos segundos hacía pucheros.
Descansa las manos aún entrelazadas sobre su regazo.
— ¿Que tan mentecato o necio puede ser un grano de arena para pensar que es el único grano existente en toda la playa? —suelta aquello con total calma. Kuroo-san sigue en su posición pero asiente dando permiso a que continuara—. De noche, si tenemos suerte, vemos el cielo negro y millares de millares de puntos blancos diminutos esparcidos por sobre nuestras cabezas. Pero digame, Kuroo-san ¿Alguna vez a ha visto el mismo firmamento por medio de un telescopio? Cuando uno asoma la cara por la mirilla del telescopio lo primero que hace es pegar un salto hacia atrás. El mismo firmamento a través de la lentilla es todo lo contrario. Todo es luz y apenas se ven pequeños espacios negros vacíos.
Ignoro el momento preciso, pero me percato que la atención de Kuroo-san así como la de Semi y la del mismo Reon, quien a saber cuando ha a aparecido de vuelta en la sala recaen en la figura de Oikawa quien habla lento y seguro.
La gota de sudor que cae de la punta de mi nariz rompe con la magnética atención que le tengo a Oikawa. Limpio con un pañuelo los vestigios del verano y en el camino me encuentro con el rictus que jamás creí ver en Tendō.
Sus ojos no dejan de seguir los movimientos de Oikawa. Aprieta los puños hasta tornar blancos sus nudillos.
— Patrañas —escupe Tendō, al fin con clara molestia, mientras se pone de pie y se encamina a la salida de la habitación —, es normal suponer que hay billones y billones de estrellas. El universo es infinito. Pero sólo los idiotas creen que enanos verdes de cabezas grandes se asoman específicamente en un planeta donde somos tan primitivos que ni nosotros mismos nos respetamos. Eso es caer en el narcisismo, o peor, señor investigador.
— No investigo a esos enanos verdes, sapo-chan, investigo otras cosas.
Tendō suelta un bufido entremezclado con burla— ¿Que buscas entonces? ¿Fotografías alteradas? ¿Mensajes crípticos en los campos de cultivos? Pues dejame decirte que aquí no hay de eso. Este es un pueblo tranquilo donde esas ideas radicales no tienen cabida. Toma tus cosas y vete.
Con la mano hace la mueca para ahuyentar perros.
La justa es ahora entre Oikawa y Tendō. Siendo nosotros los testigos de las profundas miradas de orgullo de cada uno para sostener su propio punto de vista.
Afuera se escuchan a las cigarras y el viento mece el fūrin con tranquilidad.
Así como el ambiente se torna de inmediato acalorado, todo se rompe al momento de que Ushijima aparece en la habitación.
El rostro de Tendō vuelve a la expresión bobalicona y saluda al dueño de la granja.
Ushijima, adusto y sin mayor palabras saluda a los presentes y pide la comida.
Sin percatarme, suelto un sonoro suspiro que presiento, salió de los más profundos de mi alma. Había estado manteniendo la respiración durante el intercambio de palabras entre Oikawa y Tendō.
Por su parte, Semi parece igual de aliviado puesto que se acomoda de forma más relajada en el sillón. Y Kuroo-san al fin cambia la postura. Presiento que él también sintió aquel enfrentamiento como algo incómodo.
— Ushijima —llama Kuroo-san al dueño. Éste ignora el ambiente y las posturas exhaustas de nosotros. Sólo se encamina y queda frente a mi superior.
— Oikawa se va a quedar.
Suelta de pronto y descoloca a todos en la sala. Tendō le salta un lado y se aferra al fornido brazo de su jefe.
— Wakatoshi, con OKawa aquí esto se va a descontrolar ¿Acaso te has enamorado de él?
Y para sorpresa de todos los presentes, Ushijima suelta una suave risa, algo tan extraño que el mismo Tendō se eriza cual gato.
De algún modo yo igual me estremezco.
— Lo odio —dice tan tranquilo. Claro que las quejas del nombrado no se hacen esperar—. Pero me alegra que Oikawa viniera a Shiratorizawa. Es de esos que saca el 100% de quien le rodea.
Me vuelvo a estremecer cuando la pesada mirada oliva de Ushijima se centra en mi persona.
Sin más, se dirije a Kuroo-san para que le siga al comedor.
Reon, Semi, Oikawa y yo quedamos como estatuas en la sala sin saber bien que pasa.
No quedamos en silencio pues Reon se suelta a hablar sobre los juguetes que le ha conseguido a Tsutomu, sobre lo ridícula que es la camiseta de Semi (este se indigna, claro) y que la leche de la granja Shiratorizawa es la mejor leche de todo el poblado.
Las cigarras siguen con sus chirridos y una ráfaga vuelve loco al fūrin.
Todo se vuelve una orquesta de suspiros, campanadas, chirridos y la conciliadora voz de Reon.
Mis ojos necios quieren desviarse de la mesa a Oikawa, lucho para que no se de el caso. Me digo que la taza de café es mas interesante que el penetrante café chocolate de los ojo de Oikawa. La ansiedad es palpable en especial cuando golpeo sin ritmo definido el suelo con el pié.
Supongo que no me queda otra opción. Resignado a la poca voluntad, lentamente viajo la mirada por la habitación.
Las paredes amarillas, las fotografías de Ushijima cuando niño. La vieja consola de radio, los sillones estilo francés y al fin, Oikawa.
Me esta mirando. A saber desde hace cuanto tiempo. Me mira cómplice. Como sin le conociera las locuras de la que es capás.
En estomago me vuelve a dar un vuelco junto con el corazón bombeando más de la cuenta. De cierta forma me recuerda a un niño antes de hacer una travesura y me quedo sumamente sorprendido al darme cuenta que, de hecho, no me molestaría seguir esa travesura.
El recuerdo de la red en el campo de voleyboll regresa. Veo a la red alejándose lentamente de mi, y pronto, la red y la profunda mirada chocolate de Oikawa se tarsiverjan en una misma visión.
La red ya no se mueve. Y mi remate pasa sobre ella sin ningún problema. Sobre ella y sobre todo. Veo el valón alejase y por primera vez, en mi pequeñez me siento enorme.
Salgo nuevamente de la burbuja justo para ver como Kuroo-san entra a la habitación mientras se acomoda la gorra de plato ybse seca el sudor con el pañuelo rojo que siempre lleva.
— Quedamos en términos medios—dice— Oikawa-san se queda, pero no interfieras en el trabajo de la granja. En especial con las vacas de Tendō.
Oikawa no disimula su entusiasmo pero pronto es detenido por la seria expresión de mi superior—, sin embargo, tu estadía no será gratis. Trabajaras durante la mañana, y ya en la noche puedes hacer lo que quieras.
La seriedad de Kuroo-san pronto se trasmuta a una de esas sonrisas gatunas que no augurian más que desastre. Comienzo a temer por instinto—, En cuanto a ti, Iwaizumi —trago duro. De verdad que tengo miedo—, has sido ascendido a policía privada.
— ¡Me opongo!
— Muy tarde —el muy cínico se sonríe más —, desde hoy serás el guardaespaldas de Oikawa-san. Espero se lleven bien.
Y ahí se da inicio a mi calvario.
— Iwa-chan, será como una pijamada o un campamento de verano.
— ¡Cierra la boca, idiota!
Y al fin pude lanzar la taza del café.
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Bien, ya comenzó la ñoñería. No crean en mi, soy ingeniero. Después de mil años al fin culmino la carrera universitaria. A saber que sigue, estoy más perdida que un queso.
En fin. Perdonen todo eso del tren del meme pero de verdad quería poner esas frases, y aún faltan. No me odien.
Gracias por leer y claro, por los buenos deseos.
