El Escarabajo Dorado - Jim Mizuhara
Capítulo
4 (Final)
En el atestado aeropuerto Kai aguardaba ansiosamente la llegada del avión, constantemente despegaban de la pista con varios destinos, aunque ninguno era el suyo. Desde que el chofer lo llevó hasta el aeropuerto estuvo consultando el reloj cada quince minutos, le parecía que el tiempo se agotaba más pronto, que no alcanzaría la meta, pues se transformó en una carrera donde solamente había un corredor. Después de una eternidad escuchó por los altavoces que su avión despegaría por el portón 8. No consideró seguro llevarse el dinero consigo, por eso hizo una transferencia bancaria a una sucursal de El Cairo, retiraría al tocar tierra. Aún en la inspección se puso nervioso, la demora era excesiva.
Ya dentro de la aeronave, no pudo conciliar el sueño, miraba el techo y luego la puerta de la cabina, una aeromoza observó su actitud y preguntó:
- Algo le molesta, señor? Le haría bien que duerma un poco.
- No, nada. Apenas ansiedad para llegar a destino.
- Entiendo – dijo, asintiendo – pero el viaje durará siete horas, si descansa no se sentirá agotado al bajar.
La mujer se apartó, y Kai volvió a su agitación, pero fue lentamente cansándose y dormitó, pesados sueños lo envolvían como una niebla, el temor de fracasar le invadía. Le vino a la mente Max, lo estaría aguardando con expectación, pero una vez solucionado… qué haría Kai? Sabía perfectamente todas las intenciones del ojiazul, y por agregación viviría en Rusia. Todo lo que pasó sirvió para encender nuevamente una antigua llama que luchaba por mantenerse, y ahora encontró un sitio en el corazón del ruso. Vivirían juntos, fue su absoluta decisión, una vez se alejaron… no permitiría que eso sucediera otra vez.
Un ligero traqueteo del aparato lo despertó, por la ventanilla observó el amanecer rojizo del desierto, un polvoriento remolino de arena proveniente de las dunas envolvió los pasajeros mientras bajaban, con prisa Kai recogió sus pertenencias y de un ademán hizo parar un taxi.
- Lléveme al banco, rápido!
Con un rechinido de neumáticos fueron por estrechas calles, atravesaron el mercado donde infinidad de tenderos ofrecían sus mercancías, algunos pregonándolo en voz alta, exhibiendo exquisitos tejidos provenientes de distantes lugares, alfombras con diseños geométricos, ánforas alineadas conteniendo especias exóticas y jarrones de cerámica vitrificada, utilizaban el mismo procedimiento de fabricación que sus antecesores milenios atrás.
El conductor se detuvo frente a una puerta de vidrio, una placa con arabescos colgaba de ella.
- Qué dice allí?
- Dice "Horario de atención 10 AM".
- Maldición!
Solamente restaba a Kai esperar que abra el banco, para posteriormente presentarse en la tienda del cual anotó cuidadosamente la dirección. Consultó paranoicamente su reloj hasta que abrieron la puerta, el funcionario se asustó con tamaña urgencia.
- Buenos días, señor. Qué servicio necesita?
- Tengo que retirar diez mil libras en efectivo transferidos a mi cuenta.
- Su pasaporte, por favor, y el número de cuenta.
- 1680379405-420, de la sucursal en Moscú.
- Ya tengo… señor Kai Hiwatari… lo siento, señor Hiwatari, pero aquí no aparece ningún movimiento de dinero. O sea, no hubo transferencia de ninguna especie. Por alguna razón su dinero quedó en Moscú, pues no tenemos conocimiento de ninguna operación.
- Qué me dice? – se llevó una mano al cuello, desesperado – pero si necesito de esa suma para hoy! Tiene que haber alguna opción.
- La única que puedo ofrecerle es que telefonee a Moscú y hable con el gerente de allá.
Solícitamente lo hizo pasar a un despacho donde habían una mesita con un teléfono. Frenéticamente hizo la llamada, se preparaba para soltar una suprema maldición mientras oía el tono de llamada.
- Buenos días, Banco de Rus…
- Buenos días un bledo! Páseme ya con el gerente, no estoy con humor para rodeos.
- Quién se cree usted para hablar en ese tono?
- Creo que soy Kai Hiwatari, el accionista mayoritario de ese maldito banco que está a punto de despedir una secretaria indolente. Vamos, quiero hablar ya con ese torpe!
Una fastidiosa música de espera se escuchó mientras transferían su llamada. Su rabia aumentó más cuando una voz aprensiva contestó, el gerente ya estaba a la corriente de su error.
- Bueno? Habla el gerente.
- Maldito inútil! Hasta para hacer una simple transferencia eres incapaz! Te das cuenta del perjuicio que causas? Eh?
- Señor Hiwatari, yo, este… fue un error lamentable, pero…
- Déjate de excusas sin sentido y soluciona esto, necesito del dinero, o usted piensa que vine aquí de vacaciones? Tengo problemas para resolver y tú no cargas el dinero a mi cuenta. Cómo pude confiar en un imbécil como tú?
- Sí, no se preocupe… tendrá su dinero, pero solamente para mañana, el sistema sufrió un desperfecto y es por eso que la oficina de El Cairo no está enterada del procedimiento… pero mañana temprano ya estará listo.
- Tienes 24 horas, idiota! Si no veo el efectivo en mi cuenta para ese plazo puedes decirle adiós a tu puesto. No necesito incompetentes al frente del banco.
Cortó la llamada, el gerente estaría tembloroso con las imprecaciones que lanzó, pero se sintió un poco más aliviado. Agradeció al funcionario por la llamada y le avisó que pasaría al día siguiente para retirar su dinero. El taxista, que lo esperó mientras ingresó al banco, indagó el próximo destino.
- Vamos a algún hotel, el mejor que conozca.
Asintiendo el conductor tomó otra calle, saliendo a una ancha pista asfaltada. Pasaron por hileras de palmeras plantadas en las orillas hasta que lejanamente vieron una gran construcción revestida con placas de piedra color crema. Las cúpulas, al estilo sarraceno, dominaban el panorama, era parecido a un castillo. El taxista paró frente al edificio.
- Este es el Hospedaje Sebek, no hay mejor en El Cairo.
- Excelente.
Maletas en mano fue a registrarse, observó los altorrelieves que adornaban los frisos de las paredes, representaban una extensa mitología. Le asignaron una habitación grandiosa, una cama inmensa ocupaba uno de los extremos, cubierto por finos lienzos amarillos; las cortinas ondulaban cubriendo las ventanas, agitando levemente el cubrecamas de lino importado de Bukhara. Una araña de intrincada geometría pendía del techo esparciendo una luz diáfana, iluminando a Kai en sus habituales meditaciones, recostado en uno de los almohadones de plumas. Pensaba cómo sería bueno que Max estuviese a su lado, quizá si eso fuera un viaje de turismo, donde estuvieran juntos… acostados en esa cama, entregándose ambos en desenfrenados actos de amor, por días y noches enteras, hasta que uno de ellos suplique para descansar, y después, recomenzar todo de nuevo… solamente mentalizar ese deseo lo animaba, un agradable calorcillo lo dejaba ruborizado.
Y la noche que dejaron sus instintos sueltos, oh, como olvidarlo… Kai no recordaba haber disfrutado tanto de alguien como lo hizo con Max, fue extasiante. Lo que amaba con locura en el rubio era precisamente esa mezcla de ingenuidad infantil y lujuria, lo hacía único, especial. A veces se preguntaba, sin encontrar respuestas, por qué dejó alejarse de él, si tan bien lo conocía. Quizás por su natural indiferencia que dominaba sus demás sentimientos, como si los llevara atado por cuerdas, y ahora el niño le hacía ver que para el amor no existe impedimentos, prejuicios, tampoco edades. Y si… dejaba la cosa así como estaba? Ciertamente era un chico de infinita dulzura, pero ni el propio Max estaba más contento con su estado, literalmente "hizo todo lo que correspondía a su edad", y quería regresar, no sería por eso que dejaría de amar a Kai, siempre sería él mismo.
Lentamente fue cayendo en los brazos de Morfeo, los pesados párpados solamente vieron la difusa luz alejándose, y se sumió en un sueño profundo, poblado de sus recuerdos felices, viendo a Max de niño, de adolescente, de adulto… esas facciones eternas, incambiables siquiera al paso del tiempo. Oyendo distantemente su alegre voz, animándole a hacer cosas que creía ser imposibles, felicitándole cuando lograba sus metas; el primer beso, aparentemente distante si contados en días, pero cercano en años, cuando Kai ya sentía un hormigueamiento al hablar con el rubio, que no desconfiaba ni un poco de sus intenciones. Tomó su rostro entre sus manos, el ojiazul ciertamente se ruborizó aunque no se apartó ni se opuso. Un cálido beso, que Max, en toda su inexperiencia, correspondió. Aunque pensaba que no lo hizo tan bien, fue en ese instante que Kai se enamoró, perdidamente, de sus facciones, de su personalidad, de su inexperiencia.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXLos sonidos provenientes del exterior lo despertaron, aún era de tarde. Las manecillas del reloj marcaban las cinco, el sol candente tardaría para su ocaso; decidió salir, pasear por los estrechos callejones polvorientos mientras esperaba el dinero, para el día siguiente. Hizo los cálculos, pasaron tres días en total, restaban cuatro, parecía mucho pero los contratiempos siempre existen, como el que sucedió con la transferencia bancaria.
Altos edificios de adobes bordeaban ambas aceras del callejón, las semicerradas puertas dejaban escapar sonidos y aromas provenientes del interior, madres que reprendían a sus hijos, ancianos entonando canciones en un idioma que desconocía, el acre humo del fuego calentando las ollas, preparando los manjares para la cena, ropas puestas a secar en tensos hilos, sacudidas por el tórrido viento que soplaba sin cesar. Dio vuelta en una de las esquinas, y un mundo de personas y objetos apareció repentinamente, era la calle del mercado. Apresuradas mujeres hacían sus compras, caminando con soltura entre la muchedumbre, hombres y mujeres anunciando sus variadas mercancías, en todos los idiomas imaginables, apostados en las veredas o sentados en banquillos, charlando amenamente; una de las calles transversales, la Calle de los Orfebres, era un largo tramo de pequeñas tiendas con puertas más pequeñas aún, sin iluminación más que la natural.
En esa calle se establecían los joyeros y orfebres, verdaderos maestros en su oficio, que trabajaban sin detenerse en los metales nobles, como el oro, la plata y el platino. Exquisitas piezas salían de sus manos, permanecían expuestas en vitrinas o sobre mesas en las afueras de la tienda; eran anillos, collares, cadenas, pulseras, aretes, diademas, réplicas de objetos antiguos, entre esos halló una réplica del escarabajo que poseía. Solamente las fraguas daban algo de luz, ligeros tintineos de martillos golpeando el metal sobre el yunque eran escuchados por toda la calle, por doquier resplandecía el dorado metal. Los serios propietarios, tocados con el tradicional fez, aguardaban posibles clientes sentados en sillas.
Giró en otra calle, donde también halló tiendas dispuestas en perfecto orden, todos ofrecían los mismos artículos. Era el Camino de los Antiguos, únicamente los anticuarios y casas de restauraciones se ubicaban en este sector de la ciudad. Otros olores flotaban aquí, predominantemente el de objetos enmohecidos o carcomidos por insectos, algunas tiendas eran especializadas apenas en arte y cultura egipcia, exhibiendo prolijos mostradores, las piezas restauradas parecían como nuevas, y alineados cuadros aparecían en las paredes, eran certificados emitidos por las autoridades garantizando la autenticidad de los objetos allí vendidos. Aunque había otras tiendas al lado de éstas, lugares oscuros donde piezas extrañas casi no se veían, solamente siluetas de los objetos, todos de procedencia dudosa y sin ningún certificado, pero a precios más bajos. Era por estos lugares que su abuelo recorría buscando cosas para su colección, siempre pensando en el precio antes que nada. Y de esa forma empezó toda la corrida de Kai en busca de la solución.
Retornó al hospedaje con el sol poniéndose en el horizonte, un fresco viento empezaba a soplar viniendo del desierto que se enfriaba, las luces prendidas iluminaban soberanamente el edificio, poderosos reflectores inundaban de luz la fachada. Entró en su habitación con intenciones de dormirse ya, pero suaves golpes a la puerta lo hicieron levantar nuevamente, al abrir una bella mujer sonrió. Le traía una invitación.
- Buenas noches, señor Hiwatari. No estaba usted durmiendo ya, verdad? Serviremos la cena en cinco minutos, no puede faltar.
- Ah…sí? Está bien, ya voy.
Minutos después Kai bajó al comedor, algo como un banquete lo esperaba.
- Cuál es el plato de hoy? – preguntó, extrañado con la bandeja en su frente, cubierta.
- El especial de la casa: cordero con salsa de menta. Plato típico, ciertamente le gustará.
Probó un trozo, no sabía mal. Se sirvió un gran pedazo, se lo estaba comiendo concentradamente cuando la misma mujer le sirvió una copa de un líquido blanquecino, poniéndole en su frente.
- Y esto, qué es?
- Ah, esto es una bebida excelente, llamado kefir. Bueno para la digestión, acalma los nervios.
Kai cogió el vaso, con una aspirada comprobó su olor, dio un sorbo. Un sabor raro, aunque bueno, ligeramente ardiente. De un golpe se tomó todo el contenido. Siguió comiendo. Le fue servido una segunda copa, que también la vació.
Al terminar la cena, Kai volvió a su habitación, le parecía estar andando sobre las nubes. Cuántos vasos mismo tomó de aquel líquido? Cinco? Siete? Se sentía algo mareado, aparentemente lo que bebió tenía alcohol, pero no sabía atinar si tenía poco o mucho. Decidió acostarse, pues pasaban de las diez.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXCuando despertó, al día siguiente, le parecía oír un estruendo dentro de su cabeza, aunque el cuarto estaba en silencio. Definitivamente aquello tenía alcohol. La luz del sol entraba a raudales por las ventanas, pensó que había amanecido recién, era acostumbrado a despertarse a primeras horas de la mañana. Con desgano consultó su reloj.
- Demonios! Son las once de la mañana! Perdí casi medio día durmiendo!
De un salto se levantó de la cama, apresuradamente se vistió y salió en las calles, detuvo un taxi. El dinero, que finalmente había llegado, lo recogió en el banco, y después extendió una tarjeta al conductor, era la tienda de antigüedades donde debía presentarse.
- Lléveme a esta dirección.
- Veamos – dijo el conductor – hum… conozco, este es el Camino de los Antiguos.
- De prisa!
Fueron recorriendo por las mismas calles que Kai pasó el día anterior, llegaron al mismo lugar de tiendas enhileradas, pasaron por las tiendas arregladas y se dirigieron cada vez más hacia las oscuras. Un desvencijado edificio correspondía al número de la casa. Kai comprobó dos veces de que estaban en la dirección correcta. La puerta principal estaba cerrada.
- Está seguro que es aquí? – preguntó, paseando la mirada por el edificio.
- Perfectamente – contestó el conductor – no hay dudas.
Miró entre los sucios cristales de una ventana, parecía un lugar abandonado. Decidió preguntar por los ocupantes entrando en una tienda contigua.
- Dígame, qué sucedió de todos los habitantes de esa casa?
- Se refiere a Muhammad? – preguntó el vendedor – se mudaron de aquí, ayer por la tarde.
- "Oh, no! Ayer a esas horas yo estaba paseando por aquí, pasé enfrente y no me dí cuenta!" – Y sabría decirme adónde puedo encontrarlo?
- Infelizmente no puedo ayudarlo. No dejó ninguna dirección.
Con las esperanzas por el suelo, Kai salió de la tienda, ahora estaba perdido. No conseguiría solucionar el caso, y no conocía a más nadie por esa ciudad. Sin embargo, una de las vecinas del frente de la tienda lo escuchó hablar, y con una seña lo llamó.
- A quién buscas, joven?
- Estaba buscando a Muhammad Al-Rhazis, él era…
- Lo conozco. Se mudaron ayer, por la tarde, y oí que se trasladaba a otra ciudad, llamada Suez.
- Necesitaba hablar con él!
- Comprendo… pero será un viaje un poco cansativo, es una ciudad un poco alejada. Buena suerte.
Kai subió en el taxi, ahora desesperado. Le parecía increíble cómo pudo acumularse tanto azar en su búsqueda, cuanto más se acercaba a su meta, más esta se distanciaba. Con expresión seria, ordenó al taxista.
- Al hospedaje.
Con toda la prisa posible, volvió al hotel, arregló sus pertenencias y canceló su estadía, subiendo nuevamente al automóvil. Estaba determinado a ir a Suez, de avión, barco, ferrocarril, cualquier cosa. Preguntó al taxista si sabía cuál transporte salía a esa hora con ese destino, recibiendo la siguiente respuesta.
- Dentro de quince minutos sale un carguero, navega por el Nilo y llega en aproximadamente… dos días, eso si el tiempo es favorable. Las últimas tempestades de arena cubrieron todas las rutas, está intransitable, y hay pronósticos de nuevas tormentas, por eso los vuelos aéreos están cancelados por los siguientes cuatro días.
- No hay otra opción. Lléveme al puerto.
Un incesante movimiento fue lo que Kai halló al llegar allí, el muelle totalmente ocupado por las barcazas competían por espacio con pequeñas embarcaciones, algunos todavía construidos con haces de papiro, como siglos atrás. Los estibadores se ocupaban en cargar y descargar las naves, mercaderías provenientes de todo el mundo entraban por ese puerto. Algunos utilizaban grandes máquinas provistas de poleas y cabos de acero, de esa forma sacaban grandes cantidades de cajas del fondo de los depósitos. Algunos pescadores, en la costa, se afanaban en desollar el pescado, cubriendo sus brazos y la arena de centelleantes escamas. Un carguero gris, de cuarenta metros de eslora, con el nombre Imhotep grabado en uno de los costados, estaba amarrado en espera de una encomienda, el conductor señaló a Kai el barco.
- Es ese. Hable con el capitán, dígale cuál es su destino y llegarán a un precio. Ojalá consiga lugar pues el número de pasajeros en ese carguero es bastante reducido.
Kai se dirigió a la nave, subió por el puente para hablar con alguien, pero nadie parecía ser el capitán. Finalmente encontró a un hombre moreno, de complexión fuerte, sentado cerca del timón. Sonrió al ver el ruso entrar.
- Diga, joven, en qué puedo ser útil?
- Necesito llegar a Suez, tendría algún lugar disponible? Dinero no es problema.
- Está bien, hay un lugar. Zarparemos en breve, tan pronto lleguen las cajas. El camarote se ubica allá atrás, si deseas puedes acomodarte ya.
- Gracias.
Un estridente silbato anunció la partida, soltaron los cabos que sujetaban la embarcación. Lentamente fue apartándose de la costa, las profundas aguas del Nilo sostenían grácilmente la pesada barcaza. Primeramente recorrió por entero los compartimientos, luego fue a sentarse cerca del mascarón de proa, mientras un fuerte viento seco soplaba, cargado de polvo, yendo en dirección del mar. El sol estaba candente a esas horas, pero era indiferente a eso. Uno de los estibadores fue a sentarse cerca de Kai, exhausto por el cansativo trabajo.
- Qué viento, no? – comentó – este es el harmatán, un viento constante que sopla del desierto al mar, por días seguidos. Este viento nos acompañará hasta que lleguemos a Suez.
El ruso asintió, pensativo. Para ese entonces ya habrían pasado seis días, fecha límite para encontrar a la persona que buscaba. No podía haber más contratiempos. Solamente conseguía concentrarse en el final, deseaba regresar a Rusia, encontrar a Max normal, terminar este cansativo viaje.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXDos días después, por la tarde, anclaron en Suez, un puerto tan lleno de gente como en El Cairo. Kai ya estaba queriendo casi saltar por la borda, pues solamente ya se contaban en horas para terminar el plazo; bajó por el puente y se mezcló con la multitud, no sabía por dónde empezar a buscarlo. Fue directamente al centro de la ciudad, preguntando llegó a enterarse de una nueva tienda que abrió sus puertas recientemente, era una tienda de antigüedades. Pasando por el lugar que le indicaron alcanzó a ver efectivamente una puerta abierta, donde varias personas ordenaban los objetos. Un hombre gordo de fez y bigotes cuidadosamente cortados se volteó para atenderlo.
- Qué se le ofrece, joven?
- Hola, yo soy Kai Hiwatari.
- Kai Hiwatari… Kai Hiwatari… me parece que escuché ese nombre en algún lado…
- Yo soy el dueño del escarabajo de oro, el del número 65088.
- Ahora recuerdo! Entonces eres tú? Veo que viniste así como te indiqué… con todos los deseos de saber cómo deshacer el hechizo.
- Exacto.
- Primeramente quiero ver el dinero aquí, en mis manos. Después te contaré.
- Unf… aquí lo tienes – replicó Kai con desprecio, arrojándole el fajo – ahora cuéntame cómo hacerlo.
- Uno, dos, tres…cinco… diez mil, correcto… ahora cumpliré mi parte del acuerdo: la solución es que el niño duerma esta noche con el escarabajo en la mano derecha, pero con las patas del escarabajo volteadas hacia arriba. Al despertar estará con la edad que realmente le pertenece.
- Esa… esa era la solución? Tan… absurdamente simples – Kai estaba perplejo, y enojado también – pero por qué demonios costó tan caro la respuesta?
- La respuesta es secundario – contestó agresivamente el hombre – lo que realmente cuenta es que cobré el dinero, siempre dije que alguien pagaría la suma del viejo ruso tacaño, no importaba quien sea. Ahora está saldada la cuenta, y tú joven… estás perdiendo tu tiempo aquí, ya esta oscureciendo y el tiempo se te agota. Tienes que instruirle al afectado que haga como indiqué, esta noche termina el hechizo.
Por los cristales Kai advirtió que el Sol se ponía en el horizonte, en Rusia sería más oscuro ya. Corriendo llegó a una compañía telefónica, marcó los números de su casa, tocó varias veces antes de Dimitri atender, con voz aletargada.
Explicó a Dimitri lo que debía hacer, repitiéndole dos veces para que no olvide. Al cortar la llamada, una sensación de alivio lo invadió, cumplió su cometido. Era cuestión de esperar hasta el día siguiente para ver los resultados, contaba con que no le hubiera mentido el vendedor.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXA la siguiente mañana, cuando el Sol estaba naciendo aún, Kai ya estaba despierto; en realidad no durmió casi toda la noche, deseoso de saber si todo terminó efectivamente. Por las calles de Suez no había movimiento de personas, era temprano. Mismo así salió a caminar, dirigiéndose específicamente a la compañía telefónica, no podía esperar más. La voz de Dimitri, que atendió la llamada, era más despierta y, de cierto modo, alegre.
- Señor Hiwatari, usted no va a creer lo que sucedió! Se trata del señor Mizuhara… en una noche creció nuevamente! Es impresionante! Sucedió así como usted mencionó!
- Sí, Dimitri, ya lo sé – no pudo reprimir un suspiro de alivio – eso era esperado. Ahora desearía hablar con él.
Aguardó durante algunos segundos, luego una voz que reconocería en cualquier rincón del mundo habló. Era Max.
- Kai? No sabes el tamaño de mi felicidad! He vuelto al normal!
- Max? Cielos, y tú no sabes cómo me tranquiliza escucharte nuevamente! De veras has vuelto al normal?
- Sí! Una experiencia que no me gustaría repetir. Pero bien… ahora solamente espero que regreses. Y aparte… no tengo palabras para decirte cuánto te agradezco, nunca pensé que alguien se importe de veras conmigo así como tú lo haces…
- No me agradezcas, Max… haría por ti esto tantas veces fuera necesario. Además… hice simplemente porque te amo.
- Yo también te amo, Kai. Estoy ansioso ya para que vuelvas.
- No te preocupes, veré si consigo salir hoy.
Al terminar de hablar, Kai se sintió invadido de júbilo, salió riendo de la compañía telefónica para consternación de los funcionarios. Tomó un taxi y fue directamente al aeropuerto, habían reanudado sus itinerarios porque la amenaza de tormentas había pasado. El avión que tomó solamente demoró algunas horas para aterrizar en Moscú.
El automóvil verde lo esperaba en el portón de salida, raudamente fueron a la casa. El ruso se sentía feliz y nervioso a la vez, no sabía como reaccionar cuando lo viera. Entró por la puerta principal, esa casa era totalmente silenciosa cuando Kai no estaba, pero escuchó voces al fondo, una voz que hablaba y reía al mismo tiempo.
Con pasos silenciosos se acercó al comedor, allí lo encontró: Max, en su tamaño normal. El mismo chico delgado que llegó una semana atrás, sacudió toda la existencia de Kai y estaba de vuelta. El rubio pudo percibir que alguien se acercaba, giró la cabeza, clavando sus transparentes ojos en el ruso, una inocultable sonrisa iluminaba su rostro.
- Kai, volviste! Oh, no imaginas cómo te extrañé! – exclamó Max, abrazándolo con fuerza, pero repentinamente se apartó, sonrojado, como avergonzado de su efusividad. Pensaba que no correspondía más esta actitud, tenía que contenerse más.
- Y yo a ti! Finalmente terminó todo! – contestó Kai, correspondió el abrazo, pero observó la conducta del rubio – por qué te alejas de mí?
- Es que yo… no sé, pienso que algo mudó desde que te fuiste, creo que no será la misma cosa. Fue divertido mientras duró, pero…
- Yo te amo, Max, antes, durante, después… siempre – interrumpió Kai, después besó cálidamente esos labios que tanto añoró mientras viajaba – y te traje dos obsequios, espero que te agrade.
- A verlos? – dijo Max, en sus ojos brillaban una curiosidad infantil.
- El primero es este – contestó Kai, extendiéndole un talonario impreso.
- Esto es… pasajes para El Cairo! Y estadía en el Hospedaje Sebek, en la habitación de lujo! Esto es sensacional!
- Son lugares donde pasé, pienso que debíamos hacer un viaje los dos juntos. Y este es el segundo obsequio – dijo Kai, pasándole una cajita.
- Qué es esto? – abrió la cajita – oh, no, Kai, otro escarabajo dorado? No puedo ni ver uno de estos en mi frente! Ya basta con todo lo que pasamos!
- No, no te alarmes – le tranquilizó Kai - es una réplica apenas, de oro, compré en El Cairo. Y mandé grabar algo en su costado, mírala.
- Veamos… aquí dice "K & M: A. E. D. Q. N. U. N.". Supongo que K y M sea nuestras iniciales, pero… qué significa el resto?
- Ah, es una dedicatoria – contestó Kai, sonriendo – significa "Al Escarabajo Dorado Que Nos Unió Nuevamente", bellísimo, no te parece?
- Vaya, Kai, tienes un sentido de humor algo raro.
- Tú ya me conoces, Max - susurró Kai, acariciándole los cabellos – tú ya me conoces…
(FIN)
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Aquí les dejo el capítulo final de este glorioso, pervertido e instructivo fic... Espero sus reviews, me animan mucho leerlos! Gracias por la atención que dieron a este en específico, y les traeré otros que, espero yo, sean cada vez mejores.
