AN: ¡Siento mucho haber tardado tanto en publicar! He estado muy liado y quería escribir algo que mereciera la pena para este capítulo. Espero que os guste. Gracias por el apoyo y los comentarios, se agradecen y mucho. Espero que os gusten las nuevas incorporaciones a la historia.
Londres se despertaba lluvioso. La estación de trenes King´s Cross perdía un poco su color granate pasando a ser de un tono más grisáceo debido al agua que caía sobre el edificio. El carro que arrastraba Albus Potter traqueteaba en cada grieta que se cruzaba por el camino, y Nym estaba de lo más alterada a causa de la lluvia. De haber sido otra la situación sus padres habrían convocado un conjuro para evitar así terminar mojados de los pies a la cabeza, pero estaban rodeados de muggles, por lo que no les quedó de otra que acelerar el paso y entrar en el edificio lo antes posible. Su hermana Lily se entretenía con cualquier cosa que viera por el camino, aquello les retrasó aún más a pesar de los esfuerzos de su madre por hacerla caminar más deprisa. Harry andaba con paso acelerado al lado de James, encabezando la fila, mientras que Albus estaba en el medio de los cuatro, solo, como acostumbraba a estarlo siempre. ALbus era un chico reservado y tímido, que no acostumbraba a contar sus problemas o a expresarse frente a los demás. No es que fuera antisocial en sí, lo que pasaba es que le gustaba analizar a las personas bien y evitar de esa forma a aquellas que no le aportasen nada a su vida. Eso le había librado de muchos problemas aunque también le había privado de conocer a mucha gente. Es más, ni siquiera podía considerar a nadie su amigo con todas las letras. Puede que su hermano fuera lo más cercano a una relación de amistad, y a pesar de eso, notaba a James muy distante y diferente a él. Pero aquello tampoco le quitaba el sueño, se había acostumbrado a ello, o puede ser que simplemente como no sabía lo que era tener amigos, tampoco sabía lo que era no tenerlos. Finalmente consiguieron entrar en la estación librándose por fin de la lluvia. Aquel tiempo no era normal en aquella época del año, pero Londres era Londres, y llovía cuando menos se esperaba. Dejando un rastro de regueros de agua allí por donde pasaban las ruedas de los carros, acompañados de las pisadas húmedas que dejaban sus zapatos empapados, la familia Potter consiguió llegar a la columna que quedaba entre el andén tres y el cuatro. James sin decir nada se dirigió directo a la columna de ladrillos y en un abrir y cerrar de ojos la figura del joven mago había desaparecido. Entonces Albus se dio cuenta de que sus padres estaban esperando a que él cruzase también. Sino recordaba mal Harry cogió de la mano a James para cruzar la pared en su primer año de Hogwarts, sin embargo, a él solo le miró con una ligera sonrisa en los labios. Harry siempre exigía más a Albus que a James, por lo que sabía y había escuchado hablar a sus padres varias veces, su padre decía que tenía un gran talento y que sabía que el pequeño podía valerse por sí mismo y conseguir cosas él solo, cosa que no veía en James. Aquello al pequeño de los Potter le parecía indiferente, y a su madre por el contrario le parecía una postura muy egoísta por parte de Harry, por lo que era un tema que siempre terminaba en discusión por parte de los dos mayore. Sabía que él y su hermano eran completamente distintos, pero le hubiera gustado que su padre le cogiera la mano ese día, pero sin decir nada Albus agarró con fuerza el mango de su carro y se dispuso a atravesar la barrera. Daba gracias a aquel agarre, al menos de esa forma no se notaba tanto lo mucho que le estaban temblando las manos. Con paso decidido se dirigió a la pared mientras que Nym lo miraba con sus dos ojos negros. Sintió que la cabeza le dio un giro completo a la vez que su cuerpo se quedaba totalmente rígido, para después ver por fin el interior del andén 9 y ¾. El tren estaba rodeado de alumnos, nuevos y viejos que subían y bajaban las escaleras de los vagones, muchos padres emocionados se situaban cerca de las paredes del andén y a su vez el sonido y el humo de la caldera del vehículo llenaba el lugar. Cuando se quiso dar cuenta sus padres y su hermana ya estaban a su lado. Su hermano se había perdido entre la multitud, seguramente habría ido a ver a su prima Roxanne, o a cualquier otro miembro de la casa Gryffindor. Empezaron a andar en silencio mientras que por cada segundo que pasaba Albus agarraba con más fuerza el carro, hasta el punto de que sus nudillos se pusieron blancos. Volvía a darle vueltas a lo mismo, el colegio, los alumnos, su casa… hasta que su madre le sacó rápidamente de sus pensamientos.
- ¡Mira! Están ahí.
Y era cierto, allí estaban su tía Hermione y su tío Ron junto a sus dos primos, Rose y Hugo. Sus padres se acercaron rápidamente dejándolo atrás. Aprovechó el momento para pasarse la mano de forma descuidada por el cabello para intentar arreglar el desastre que la lluvia había provocado en este, de lo nervioso que estaba consiguió revolverlo más que lograr arreglar el desastre que era su pelo. No entendía para qué habían usado ese artilugio muggle que su padre llamaba "paraguas". Además su nombre era estúpido, paraba la gran mayor parte de la lluvia, aquello era cierto, pero aun así había terminado empapado. Entonces se dio cuenta de que tenía un cordón desatado y se agachó para atárselo correctamente. Al levantar la cabeza se topó con la mirada de su padre, el cual también se encontraba de rodillas. Le retiró las manos temblorosas de sus cordones y terminó por atarle la zapatilla. En seguida sus mejillas adquirieron un tono rojizo, qué iban a pensar el resto de alumnos al ver que su padre le acababa de atar la zapatilla. No era un niño de cinco años. Pero antes de que pudiera decir nada su padre se levantó y le tendió la mano con una sonrisa.
- ¿Todo bien Albus? – preguntó cuando este ya estaba incorporado del suelo.
- Sí, sí… Es solo que… - dijo a la vez que se incorporaba del suelo agarrando la mano de su padre.-
- No debes preocuparte, los chicos de Gryffindor siempre son de lo más agradables, qué decirte, conocí allí a tus tíos, y desde entonces hemos sido inseparables.
- Sí, lo se… Pero y si… – cuando quiso terminar la frase su padre ya se había dado la vuelta para poder hablar con sus tíos.- Y si entro en Slytherin...
Sin decir nada más volvió a agarrar su carro y mirando más al suelo que al frente se dirigió con el carro al vagón donde se dejaba el equipaje, dejo prácticamente todas sus pertenencias a excepción de un pequeño maletín, en cuyo interior llevaba la túnica negra con el escudo de Hogwarts, y una pequeña novela la cual pensaba leer en el camino sino encontraba nada mejor que hacer, lo cual dudaba bastante. Cuando fue a despedirse de su familia vio que Rose ya había subido al tren, esperaba encontrar a su prima en el tren, por lo que no se demoró más. Se despidió de forma rápida de sus tíos con un cálido abrazo a cada uno, dio dos besos en las mejillas a su madre y cuando se dirigió hacia su padre con intención de repetir el mismo gesto este simplemente le estrechó en un frío abrazo. Sin nadie más de quién despedirse, salvo su primo con el cual se estrechó en un fuerte abrazo ya que desde siempre Hugo había sido su primo favorito, se dirigió camino del vagón y se introdujo en el interior del tren. No se molestó en buscar a su hermano, sabía que de encontrarlo tampoco este le prestaría demasiada atención, estaría más preocupado pensando bromas que gastarle a los de primer curso con su pandilla de amigos. Cuando encontró a Rose esta estaba en un vagón repleto de chicas, tenían asiento para uno más y a pesar de las insistencias de su prima Albus se negó en rotundo a sentirse rodeado del club de fans de la revista "Corazón de Bruja". Finalmente encontró un vagón vacío, aquello era lo que buscaba. Allí podría sentarse tranquilamente y leer su novela sin que nadie le molestara. Dejo su maletín en la barra que había justo encima de su asiento para después sentarse finalmente con el libro entre las piernas. No le dio tiempo abrirlo siquiera cuando otro alumno de primero abrió la puerta corredera del vagón. Su cabellera era rubia, rozando el color platino, y sus ojos eran de un gris claro, acogedor, tranquilo. El muchacho hizo el amago de sonrisa, pero al ver la cara seria de Albus decidió retractarse y adquirir un gesto más serio. Poniendo solo un pie dentro del compartimento el otro chico habló con voz algo temblorosa.
- Si te he molestado puedo buscar otro vagón, aunque lo cierto es que no hay muchos sitios libres a estas alturas.
- No, para nada, puedes pasar y sentarte.
El chico aún sin saber si se trataba de una afirmación retórica o verdaderamente era una invitación a pasar, entró en la estancia con paso lento, como intentando hacer el mínimo ruido posible. Su maletín era de cuero negro, de buena calidad, y tenía grabadas dos iniciales entrelazadas entre sí, "SM". Dejó su maletín en la barra del asiento que quedaba justo delante del de Albus. Y antes de sentarse se giró de nuevo a mirar a su compañero de vagón y le preguntó.
- ¿Seguro que no te importa que esté aquí?
Lo cierto es que Albus siempre había sido muy cortado la primera vez que entablaba conversación con alguien desconocido, y para qué negarlo, bastante frío. Pero por alguna extraña razón la presencia del otro chico no le incomodaba. Levantó la mirada del libro y la fijó en el rubio. Dejó la novela a un lado a la vez que negaba ligeramente con la cabeza. Se incorporó y quedando enfrente del otro se presentó mientras extendía su mano.
- No me importa para nada. Soy Albus, Albus Potter.
- Potter… Bueno, yo soy Scorpius Malfoy, pero puedes llamarme Scorp, Scorpius suena demasiado formal ¿no crees?
Mientras que estrechaba la mano del moreno Scorpius se permitió el lujo de dibujar una sonrisa con los labios, y aunque Albus no llegó a sonreír sí que relajó el gesto y destensó la espalda. Sorprendentemente sus manos no estaban temblando. Había oído mil historias acerca del apellido Malfoy, pero al moreno nunca le habían interesado las viejas historias de la guerra o las relaciones que los mayores mantuvieran entre sí, siempre había decidido mantenerse al margen. Así que, prefirió olvidar que aquel chico era un "Malfoy" y se quedó con que solo era "Scorpius", o bueno, "Scorp". Ambos volvieron a sus asientos, el tren comenzó el camino a la escuela y la novela quedó olvidada en el asiento que quedaba a mano derecha de Albus. Tras llevar unos minutos de conversación la puerta volvió a abrirse.
- ¡Lorcan! Parece que aquí hay sitio.
- Cuantas veces te tengo que decir que…
- No me montes una escenita ahora.
Albus y Scorpius dirigieron la mirada a los dos gemelos que asomaron a la cabina. El rubio tuvo que morderse la lengua para no terminar riéndose, mientras que el moreno arqueó las cejas a la vez que se cruzaba de brazos.
- ¿Vosotros sois? – preguntó Albus sin saber muy bien en cuál de los dos gemelos fijar la mirada.
- Yo soy Lysander, y él es Lorcan.- respondió uno de ellos mientras que el otro rodaba la mirada apartándola de su hermano.
- ¿Sois hermanos? ¿Verdad? – Scorpius no pudo reprimir más la sonrisa que dibujaron sus labios.
- ¡Sí! Y gemelos a decir verdad, por mucho que Lorcan se empeñe en negarlo.
- Lysander, ya es suficiente. Chicos, ¿os importa que os acompañemos en lo que queda de viaje?
- Claro, sin problema. Yo soy Scorpius y él es Albus. Sentaros donde queráis.
Gracias a Scorpius, Albus se había librado del mal trago de presentarse, le daba la sensación de que el rubio le ayudaría en más situaciones como aquella, sobre todo en las relacionadas con aquellos dos. Los dos gemelos se colocaron cada uno enfrente del otro. Tenían el cabello color plata y los ojos de un azul intenso. Lysander escogió el asiento junto a Scorpius arrojando su maletín en la barra de encima de este sin ningún tipo de miramiento, era una maleta color violeta con varios adornos de colores por todas partes, un olor extraño se desprendía de esta y parecía hechizada de alguna forma porque el violeta cambiaba lentamente a rosa y de nuevo vuelta al violeta. También estaba decorada con plumas y lentejuelas, aquella era la maleta más rara que Albus había visto en su vida. Por su parte su hermano se sentó junto al moreno pero no se despegó en ningún momento de su maleta, de la cual una de las hebillas no paraba de soltarse todo el rato. Esta parecía mucho más vieja que la de su hermano, incluso tenía cuatro pares de iniciales grabadas una debajo de la otra en un bordado basto color marrón. Las últimas y menos descoloridas por el tiempo eran "LS". El tren cogió velocidad a la vez que lo hacía la conversación entre los cuatro chicos. Lysander no paraba de hablar a no ser que su hermano le cortase y que así el resto pudiera contestar o pasar a hablar de otra cosa. Scorpius no dejaba de sonreír, parecía que había estado esperando ese día desde hacía bastante tiempo. Y en cuanto a Albus, si la novela había quedado a un lado cuando Scorpius entró en la cabina, no le hubiera importado que en ese momento se cayera al suelo, no se hubiera molestado siquiera en recogerla. Aquella conversación sí que era una auténtica novela, era mucho mejor, porque era real. Cuatro personas que hasta hacía unos minutos no habían cruzado nunca ninguna palabra, y sin embargo, allí estaban. Aquello sí que era magia, y no lo que aprenderían en Herbología. Si Harry encontró a sus mejores amigos en aquel tren, ¿por qué no iba a poder hacerlo Albus? Seguramente el moreno podría llegar a entender el significado de la verdadera amistad en Hogwarts.
