Los ojos de Lydia algún día me iban a dejar loco. Era una de las noches más oscuras que había presenciado en toda mi vida, pero su color verde se notaba perfectamente. Y su cabello estaba perfectamente peinado. Esta chica era la perfección.
¿Acaso lo dije en voz alta?
—¿Qué estas haciendo aquí? —me preguntó ella, sacándome de mis pensamientos.
—Yo podría preguntarte perfectamente lo mismo —le respondí.
—¡Yo te pregunté primero!
—Esta bien, pelirroja. Simplemente me subí a mi auto y sin razón alguna conduje hasta aquí.
Lydia estaba preocupada. Lo notaba en su cara, en la forma en que su frente levemente se arrugaba y se mordía el labio rápidamente. Me hubiera gustado saber la forma de calmarla.
—Es exactamente lo mismo que me ocurrió —me dijo, tímida.
Me quede atónito. No tenía idea que responder.
—¿Stiles? —me susurró Lydia un poco nerviosa.
—¿Qué? —respondí normalmente.
—Lo siento, es que no respondiste y no sé, me preocupé.
Sonreí. Ella se quedó mirando el piso. Parte de mí quería decirle que levantara la cabeza, que deseaba ver sus ojos.
¿No lo dije en voz alta, cierto?
—Es tarde, tengo que irme. Mañana podemos resolver, bueno, esta situación. El por qué...por qué razón llegamos aquí. O si solo fue coincidencia. No lo sé...creo que es mejor que me calle —dijo como una bala. Yo por mi parte, no podía borrar la sonrisa de mi cara
—Seguro, nos vemos mañana pelirroja.
Ella se dió la vuelta y se fue solitaria por el bosque. Me quedé un rato viendo como se marchaba y luego me dirigí a mi coche. Al entrar noté como el olor de las hojas de los árboles había entrado para quedarse por un largo rato. Toqué mi bolsillo en busca de mis llaves, las cuales no encontré.
Mierda.
¿Acaso todo esto, estos últimos minutos, eran una versión mal filmada de cómo había sido mordido Scott? Exceptuando la parte de Lydia, esa parte no había estado del todo mal. Pero no me sorprendería si mañana me miraba al espejo y me encontraba con unos ojos totalmente amarillos.
Empecé a buscar las dichas llaves, con ayuda de la luz de mi celular.
¿Alguna señal? No, ninguna.
Estaba frustrado. Primero, una cazadora me odia sin razón. Ahora esto.
¿Acaso el mundo puede estar de mi lado por segundo?
Me apoyé en mi Jeep y seguí maldiciendo a las llaves, a la pizzeria e incluso a las hojas que se encontraban a mis pies. Si, así de patético era. De un momento a otro, escuché un grito. Era a la vez un aullido de lobo y gritos de auxilio de un niño abandonado.
"Lydia" me dijieron mis instintos.
¿Desde cuando tengo instintos?
Corrí tratando de no chocar con un árbol, ya que mi torpeza siempre estaba presente. Cuando la encontré, estaba arrodillada en el piso y sus rodillas estaban rojas.
—Oye, oye —le susurré mientras sentaba a su lado —. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?
Ella tenía la mirada fija en el piso mientras sus labios articulaban palabras que yo no podía entender.
—¿Pelirroja?
—Tengo nombre, ¿sabes? —respondió ella con un hilo de voz, todavía con la mirada fijada en el suelo.
—Lo sé. ¿Quieres hablar?
—Tengo que hablar, Stiles. Se supone que las muertes eran todos los miércoles...creo que ya han roto el patrón.
Entendí al instante. Lo que había escuchado antes era el arma más poderosa de las banshees: el grito.
—¿Sabés donde se encuentra el cadáver? —le dije despacio y con cuidado.
—Por supuesto que lo sé. Mira —se puso de pie y se dirigió hacia el árbol más cercano hacia nuestra derecha —. Ven, Stiles.
Caminé hacia donde estaba ella. Había visto demasiadas películas como para tener una idea de cómo es un cadáver. Mi concepto estaba completamente erróneo.
Al dar la vuelta por el árbol, los encontré. Dos cuerpos, una chica y un chico, estaban atados al árbol desde su cuello con una fina cuerda roja. Tenían heridas abiertas por todo el cuerpo, pero la que se encontraba en la garganta era la peor de todas.
—Si, todos tienen exactamente las mismas heridas —mencionó Lydia, como si me hubiera leído el pensamiento. Le levantó la camiseta al chico y dejó al descubierto más lesiones. Con su dedo indicó la más grande y profunda, que se encontraba en su abdomen —. ¿Ves? Hace poco, ambos fueron mordidos, con el fin de convertirse en licántropos.
Asentí y me acerqué cada vez más a los cadáveres. Todo esto se estaba volviendo bastante loco. Nunca pensé que ser el mejor amigo de un hombre lobo me traería tantas consecuencias. Y con consecuencias me refiero a tener que examinar cuerpos con feas heridas, encontrarse con pelirrojas en medio del bosque y que su mejor amiga, que aparte es cazadora, te odie.
—Tenemos que llamar a Allison —le dije, cómo si fuera lo más obvio.
—Si pudiera, ¿No crees que lo hubiera hecho? —me respondió un poco alterada —. Mi teléfono no tiene señal.
—Intenta con el mio —saqué el celular de mi bolsillo y se le entregué. Lydia lo tomó con cuidado y marcó el número.
—Allison, soy Lydia. Sí, sí. Estoy en el bosque con el idiota de Stiles...
—¡Cómo que idiota! —le grité.
—¡Shh! —Lydia me hizo callar con un dedo en sus labios —. En resumen, encontramos dos cuerpos más. No lo sé Allison, necesito que vengas. ¡No me importa! Entonces trae a Isaac contigo. Si, okay, te veo aquí.
La miré. Ella me miró. No sabiamos que decir o hacer. Era como su nuestros ojos estuvieran teniendo una animada conversación.
Toda la escena se interrumpió cuando mi teléfono empezó a sonar en las manos de Lydia. Ella se sobresaltó y me entregó el aparato.
—Holaa... —dije, contestando el teléfono. Era Malia. Tenía que inventar una excusa, y rápido —. Sí, no te preocupes. La pizzeria estaba cerrada y pues...tuve que buscar otra y este...bueno, está bastante llena...y eso. Pronto estaré allá. Adiós.
Colgué el teléfono y me tomé la cabeza con las manos. No me gustaba mentir, pero no quería involucrar a Malia en esto.
Lydia me miró con el ceño fruncido.
—Así que...una pizzeria.
—Silencio pelirroja, como si tu no le mintieras aunque sea un poquito a tu novio policía.
—¡No es mi novio! —me respondió. Ella seguía alterada, lo notaba —. Es mi amigo, el primero desde...que Jackson se marchó.
Me arrepentí de haberlo mencionado. Lydia parecía haber recordado a alguien, alguien especial. Tal vez a ella tampoco le gustaba recordar.
—Lo siento...lo siento —me apresuré en decir —. A mi tampoco me gusta recordar. Menos a personas que eran especiales.
—Está bien...tu no sabías, no tienes que disculparte.
Asentí y miré el piso.
—Yo igual soy tu amigo —dije algo tímido.
—Te conocí hoy, idiota —me respondió. Levanté la cabeza y esperé verla a ella confundida pero no, se estaba riendo.
Me reí con ella, y me di cuenta que los ojos no eran la única cosa bonita que Lydia tenía.
—Okey, si eres mi amigo... —dijo, acercándose a mi —, ¿Me dirías el nombre de tu novia?
—¿Y para qué quieres saberlo? —dije, sonriéndole.
—No lo sé. Es lo que los amigos hacen, ¿no?
—Está bien, está bien —respondí, divertido —. Su nombre es Malia, Malia Tate.
Lydia sonrió de lado y me miró sorprendida.
—¿Estás enamorado de un coyote?
—¿Cómo sabes todo lo que pasa en esta ciudad? —le dije con los ojos entrecerrados —Además, no estoy enamorado de ella. Solo estamos saliendo y ya.
Me sentí extraño al decir eso. Sentí que mi subconsciente quería hacerme saber de que Malia era solo una novia más, no el amor de mi vida. Cómo si tratara de transmitirme que mi corazón estaba reservado para alguien más.
Lydia iba a responder algo, pero fué interrumpida por el ruido de pisadas que se acercaban a nosotros. Seguramente Allison y Isaac habían llegado.
Me dí cuenta de lo equivocado que estaba cuando unas garras amenazan mi cuello.
*0* Chan Chan
Espero que les este gustando la historia.
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Manténganse Vivos.
Moii
