IV

Se me cayó el corazón al estómago. Inuyasha se había desechó de mi de una manera justa e inteligente. Me sorprendía que supiera mucho más que yo de aritmética, no es que yo fuera muy buena tampoco. La verdad no quería dejar de "molestar" a Inuyasha. Sentía cierta conexión, algo que me arrastraba hacia él e impedía alejarme. No quería dejar de hablarle, todo por una estúpida apuesta… tenía que pensar en algo…tal vez si le decían que estaba malos…no, sabría que estoy mintiendo ya que aparentemente él si sabe lo que hace.

El resto de las clases consistieron en mi conflicto mental, buscando una solución a mi problema pero no encontraba ninguna, a demás que era muy honesta y justa. No podía negar que sentía un poco de tristeza de que él quisiera deshacerse de mi…

Regresé a casa un tanto deprimida pero me puse a trabajar para que nadie se diera cuenta, por suerte no tenía ninguna asignación para el día siguiente así que al terminar me eché en mi cama. Ya eran las nueve de la noche y hace un rato que había escuchado el bote de Inuyasha en el muelle pero no tenía el valor de bajar y decirle que había ganado la apuesta pues significaba que dejaría de hablarme.

Me hice un ovillo sobre mi cama abrazando mi almohada ¿Por qué me veía tan afectada? ¿Por qué me importaba tanto? ¿Qué tenía Inuyasha que causaba todas estas cosas en mi?

Sin saber que hacer decidí tomar una ducha para despejarme. Caminé arrastrando los pies hasta llegar a mi destino. Me quité la ropa mientras templaba el agua para que estuviese tibia. Con dedicación y tranquilidad lavé mi cabello, enjaboné mi cuerpo, pero sobre todo logré relajarme un poco. Al terminar arropé mi cabello al igual que mi figura con mis toallas aguamarina que combinaban con el color de los azulejos de baño. Cepille mis dientes para después aplicar crema en todo mi cuerpo, una que me había regalado mamá que olía a melón. Sequé mi cabello con la toalla para después peinarlo rápidamente deshaciendo los nudos que habían en él. Luego tomé el secador que estaba en la repisa del baño para terminar de secar bien mi cabello, dormir con el cabello mojado nunca fue una buena idea. Al terminar salí arropada tan salo en mi toalla que llegaba hasta la mitad de mi muslo. Abrí la puerta y me quedé paralizada.

Inuyasha estaba recostado de la pared, justo al lado de mi ventana, cruzado de brazos, ahora viéndome. Sus ojos como dos huevos fritos. Me quedé petrificada en el marco de la puerta sin saber que hacer. El al reaccionar se giró de nuevo viendo hacia la ventana. Mi corazón latía desembocado.

-¿Q-Q-Que haces aquí?- Podía sentir la sangre acumulándose en mis mejillas.

-Em…Yo…em…olvídalo ya me voy- dijo entrecortado corriendo hacia la puerta. Antes de saber que hacia corrí mas rápido que él a la puerta recostándome frente a ella. El quedo frente a mi, con una mano en el pomo mientras su cuerpo rozaba levemente el mío. Nuestras miradas se enlazaron, podía sentir su respiración sobre mi rostro y esperaba que no pudiese escuchar mi corazón latiendo fuertemente. Abrí mi boca para hablar pero no salió nada –Deja que me vaya- dijo a penas en un susurro, su mandíbula tensándose.

-Espera por favor…- susurré de vuelta agarrando como si mi vida dependiera de ello la toalla que me arropaba –Deja que me vista y podemos hablar…- El me miró por unos segundos para luego asentir regresando a donde había estado anteriormente. Respirando profundo para tomar fuerzas caminé hasta mi cama en donde, debajo de la almohada, se encontraba mi pijama. La tomé nerviosa sintiendo que me observaba pero al verlo por el rabillo del ojo no podía ver su mirada. Fui rápidamente a mi closet en busca de mi ropa interior para después salir corriendo al baño y vestirme rápidamente con el miedo de que se fuera mientras terminaba. Por suerte no escuché el sonido de la puerta.

Salí con mi short de cuadros que llegaba un poco más arriba de la mitad de mi muslo con una camiseta blanca con un estampado de alguna cosa que no recordaba, sin embargo me sentía un poco avergonzada. Nunca había tenido "pijamas" como tal, cualquier cosa para mi estaba bien. Me quedé parada en el medio del cuarto jugueteando nerviosamente con el borde de mi vieja camisa mientras me mordía el labio. Inuyasha seguía dándome la espalda.

-Em…ya estoy lista- dije tentativa alzándome en mis tobillos como si de alguna manera eso hiciera que mi voz sonara más fuerte. El se giró entonces viéndome atentamente.

-Disculpa… abusé de tu confianza- susurró realmente apenado, pude notar un leve tinte rojo en sus mejillas ¿Inuyasha sonrojándose? ¡Qué sucede con el mundo!

-N-No te preocupes- dije rápidamente tratando de calmarlo. De nuevo por alguna razón no me importaba un extraño en mi habitación, no me molestaba ni me perturbaba que un hombre al que acababa de conocer se metiera en mi cuarto sin mi permiso. Si Aome, estás loca -¿Necesitabas algo, está todo bien?- él bufó lo cual me tomó fuera de base.

-Tu de verdad que eres extraña…- murmuró cruzándose de brazos, yo incliné la cabeza sin entender nada –Esperaba que me sacaras a patadas, tal vez me empujaras por la ventana pero nunca este recibimiento…¿Estas alucinando?- preguntó realmente preocupado.

-Pues para tu información no soy ninguna loca histérica como para hacer todo eso que tu dices- estoy loca por otras razones – A demás si estás aquí ha de ser por algo importante…-

-¿Qué tal los problemas?- Argh lo sabía…

Sin decir nada y con desánimos caminé hasta mi escritorio en donde reposaba mi mochila, Inuyasha veía atento cada uno de mis movimientos. De mi carpeta saque la asignatura que tenía un flamante veinte en una esquina, sin querer darle mucha vuelta se lo di sin verlo para después sentarme en la cama abrazando mis rodillas viendo al piso.

-¡Keh! Te lo dije, no era nada difícil- vitoreo, podía notar la sonrisa en su voz por lo que subí la mirada simplemente para ver la sonrisa en sus labios, sin embargo reaccioné tarde -¿Por qué tienes esa cara niña tonta?-

-Ganaste la apuesta… ya no te molestaré más y puedes estacionar el bote en el muelle sin problema- regresé mi mirada al suelo apretando con mayor fuerza mis piernas entre mis brazos esperando que se marchara. ¿Por qué me afectaba tanto? Sin darme cuenta había ocultado mi rostro en mis rodillas.

Escuché entonces un respiró profundo, ahí venía la despedida si siquiera habría alguna. Sus pasos se movieron sigilosos sobre la madera antigua que por suerte no rechinaba. Sentí su calor pasar frente a mi, sus pasos se detuvieron y para mi sorpresa el colchón se hundió a mi lado. Confundida subí la mirada topándome con esos soles intensos de Inuyasha que me veían con mucha atención.

-Eres una mala perdedora sabes. Si te pones así no es divertido ganar- dijo de pronto muy dulce logrando hacer que sonriera a penas. Era la primera vez que Inuyasha era algo amable conmigo.

-Bueno ya ganaste ya puedes ir a dormir tranquilo sabiendo que no te molestaré y que ganaste limpiamente- respondí más bajo de lo que imaginaba. El se me quedó mirando.

-¿Cómo se que no mientes?- preguntó tan bajo como yo.

-Porque puedes confiar en mi…siempre mantengo mi palabra- El problema no era que Inuyasha confiara en mi, la cuestión era si yo podía confiar en él. Lo noté tragando duro viendo al suelo con la hoja de mis quehaceres aprisionada en su mano.

Pasaron unos minutos, noté como sus músculos se tensaban de pronto para luego volver a relajarse. Su respiración era casi calculable, lenta. Me di el lujo entonces de verlo detalladamente. Tenía unas cuantas cicatrices en sus brazos obra de ser pescador. Su piel estaba tostada y los vellos eran dorados como sus ojos. El cabello platinado, asumía yo igual por el sol y el salitre, le caía desordenado por detrás de los hombros que estaban bien formados. Tenía una camisa de botones de cuadros y un bermuda beige con los zapatos que siempre usaba. Por alguna razón que me sorprendía Inuyasha nunca olía mal o a pescado, no la veces que me lo había encontrado, siempre olía fresco, al mar. Su perfil era perfecto, digno de un dios griego. Noté entonces en su cuello, debajo de su mandíbula cuadrada otra cicatriz vertical de mas o menos cinco centímetros ¿Por qué Inuyasha tenía tantas cicatrices? Ser pescador no era tan peligroso como decían ¿O si? Escuché entonces como respiraba profundamente al mismo tiempo que se levantaba de mi cama sintiendo como los resortes se movían a su estado original. Sentí que se me aceleraba el corazón, ya se marchaba sin decir nada.

-Toma, tu ganas- me dijo de pronto ofreciéndome la tarea, yo lo miré sin entender arrugando el ceño. El miró respirando profundo de nuevo –Hice trampa, en tus apuntes estaba la solución de los problemas, los vi y los copié- yo seguía inmóvil –Quita esa cara, no es mi culpa que seas un niña tonta y no te des cuenta de esas cosas- dijo cruzándose de brazos.

-¿Gané?- pregunté como una tonta aliviando mi rostro poco a poco sintiendo como la emoción me subía por los pies.

-¡Argh! Ya te dije q- no preste atención a lo que tenía que decir y por mero impulso salté como una catapulta a abrazarlo.

-¡Gané!- chillé aferrándome a sus hombros como un gato. De inmediato sentí como se tensaba, se había quedado paralizado ante mi reacción. Dándome cuenta de lo que había hecho desenredé mis brazos de su cuello lentamente no queriendo hacerlo realmente, me alejé lo suficiente para ver su rostro notando el sonrojo en sus mejillas –Lo siento…- susurré apenada bajando la mirada entrelazando mis dedos.

Thomp- Thomp- Thomp…

Escuché entonces fuera de la habitación, alguien venía. Mis ojos se abrieron como huevos fritos y mi corazón se aceleró desesperado. Sin pensarlo tomé las muñecas de Inuyasha y lo arrastré hasta el baño dejándolo allí cerrando la puerta tras de mi al mismo tiempo que alguien abría mi puerta.

-¿Aome hija estás bien?- preguntó mi madre asomando la cabeza dentro de mi cuarto.

-Si todo bien no te preocupes- dije un tanto nerviosa caminando hacia mi cama.

-Me pareció escuchar un chillido- dijo queriendo inferir algo.

-E-es que me resbalé saliendo del baño eso es todo- sentía que estaba hiperventilando.

-Ay hija tienes que tener cuidado- reprochó mi madre al parecer sin notar mi nerviosismo –Por cierto Antonella pasó por aquí hoy dejando un pedido, me pareció extraño que no viniera Kouga a pasar un rato contigo- En ese mismo instante quería que me tragara la tierra, mi madre hablándome de Kouga e Inuyasha escondido en el baño.

-Tal vez tenía tarea- respondí con indiferencia.

-¿Aome está todo bien entre tu y Kouga? Ayer cuando se marchó parecía un poco triste- Mi madre entró entonces sentándose a mi lado, genial –Sabes que Kouga te quiere mucho ¿Qué pasa? Ustedes son inseparables-

-Tal vez me quiere más de lo que yo lo quiero a él…- dije mirando al suelo, la verdad no quería hablar al respecto.

-¿El hizo algo?- preguntó mi madre atenta, yo me quedé callada -¿Aome, Kouga se sobre pasó contigo?- de pronto su tonó se tiñó de pánico.

-¡No!- exclamé de inmediato –Bueno si, pero no lo que tu crees- noté como se tranquilizaba pero igual puso sus brazos sobre mis hombros.

-¿Qué sucedió pequeña? Desde que tuviste el accidente con aquel muchacho te notó un poco extraña- ¿Por qué mi madre tenía que conocerme tanto?

-No es nada, es solo que Kouga había estado un poco…diferente desde hace un tiempo para acá y bueno… ayer intento darme un beso…pero no lo dejé- mis manos jugueteaban con la orilla de mi camisa, sentía vergüenza por el simple hecho de que Inuyasha estuviese escuchando aquella conversación.

-¿Te forzó a hacerlo?- preguntó preocupada.

-No…no lo hizo pero no deje que lo hiciera tampoco- ella asintió.

-¿Alguna razón en particular? La verdad siempre pensé que ambos se juntarían algún dia- espero que Zeus no te escuche madre.

- Em…simplemente no me gusta…lo veo como un hermano mayor- ella asintió de nuevo.

-Lo sé, pero pensé que le darías una oportunidad, por lo menos ya sabes que se llevan bien y se tienen confianza lo cual es muy importante…piénsalo, es solo una oportunidad- sus manos jugueteaban con mi cabello.

-Mmm no lo sé…ya veré que hago…- susurré viéndola.

-Al menos de que claro haya alguien más que te guste- creo que en ese momento pasé por todos los colores habidos y por haber en la paleta de colores. En eso se escuchó como varias cosas se caían en el baño. OH-NO -¿Qué fue eso?- preguntó mi madre alarmada.

-¿Qué cosa?- pregunté haciéndome la loca.

-¿No escuchaste nada? Venía del baño- dijo levantándose caminando hacia el baño lo cual me asustó.

-Ay mamá pero que cosas dices, eso es el sueño y el trabajo que te tiene imaginando cosas ¿Por qué mejor no te vas a descansar? A lo mejor fue un ratoncito, yo me encargo- disimuladamente fui empujándola hasta la puerta.

-Tienes razón, hoy he trabajado hasta más no poder- respondió exasperada –Bueno, ve a dormir tu también que mañana tienes clases- me dio un beso en la frente –Piensa lo de Kouga si…- yo asentí con una falsa sonrisa viendo como se iba por la puerta –Buenas noches amor-

-Buenas noches mamá- por fin cerré la puerta dándome cuenta que no estaba respirando normalmente. Dudosa caminé hasta la puerta del baño, inconscientemente me mordí el labio y abrí la puerta lentamente, no sabía que esperar de Inuyasha.

Para mi sorpresa Inuyasha se encontraba en el suelo intentando limpiar con el papel el derrame de jabón que al parecer había ocasionado. Aparentemente asustado subió la mirada viéndome con los ojos abiertos como dos ventanas. Aguantando la risa me mordí el labio recostándome de la pared.

-Em…disculpa…yo…estem…- no podía creer que Inuyasha estuviese nervioso aunque ha decir verdad era bastante tierno, pero decidí jugar entonces un poco.

-Mi mamá casi te descubre por andar de escandaloso- cerré la puerta susurrando severamente, él pareció sorprenderse aun más.

-¡Lo sé pero fue un accidente!- exclamó susurrando exasperado. Sin poder contenerme más caí al suelo tapándome la boca con las manos para que no se escapara el sonido de mi risa -¿¡Qué demonios te pasa!?- preguntó acercándose a mi mientras yo seguía riendo -¿¡Aome qué te pasa!?- y fue allí cuando se cortó mi risa…Inuyasha me había llamado por mi nombre…y sonaba simplemente perfecto. Me le quedé mirando a los ojos -¿Qué te pasa?- preguntó ahora tanteando las aguas.

-Creo que nunca te había escuchado decir mi nombre…- susurré aun viéndolo, el parpadeo varias veces extrañado ante mi observación.

-¿Y eso que tiene…?- preguntó alejándose un poco.

-Es agradable…es el comienzo de una amistad- dije sonriente.

-¡Keh!- dijo como siempre mirando hacia otro lado sin embargo no negó nuestra amistad lo cual me emocionó –Enserio…disculpa por lo del jabón…- murmuró apenado.

-No te preocupes, antes simplemente te estaba molestando- le dije sonriendo el entre cerró los ojos.

-Bueno… creo que es hora de irme- susurró levantándose ofreciéndome su mano para ayudarme. Con gusto la tome deslizando mi mano en ella dándome cuenta que era la que yo había vendado el día anterior –Hoy fui al hospital…todo en orden- aclaró al ver como me quedaba viendo la venda. Yo asentí sin soltar su mano. Lo guié fuera del baño para después dejarlo ir –Em…buenas noches Aome-

-Buenas noches Inuyasha- respondí sonriente –Recuerda, me debes un viaje en tu bote- el me miró una vez más sonriendo levemente para luego asentir su cabeza – Y puedes estacionar tu bote en el muelle…no hay problema- dije antes de que saliera por la puerta.

Sonriente me acosté en mi cama viendo al techo. No salió tan mal como esperaba. Si me sorprendió que Inuyasha hubiese hecho trampa pero no me importa. Viendo la hora noté que ya era un poco tarde así que fui a apagar la luz, antes de acostarme me asomé por la ventana viendo como Inuyasha entraba en su bote. Sin más me acosté en mi cama entregándome a los brazos de Morfeo.


Por fin era viernes y aunque solía ser el día más agitado en la posada no me importaba ya que disfrutaba mi trabajo.

Kouga seguía desaparecido, la verdad no se si había decidido aplicarme la ley del hielo o si se sentía apenado por lo que había pasado en mi habitación. Por otra parte Inuyasha se veía más relajado. Las ultimas noches antes de irme a dormir siempre me asomaba por la ventana me despedía de él. Tenía que cobrarle mi viaje en el bote, pero eso lo haría este fin de semana.

Como todos los viernes venía y se iba mucha gente era de costumbre tener un gran banquete tanto de bienvenida como de despedida. Al llegar de la escuela como de costumbre todo el mundo iba de un lado al otro arreglando y sirviendo comida, colocando música agradable y gente hablando. Sonriente dejé mis cosas en mi habitación para después bajar para así poder ayudar en lo que fuera necesario. La tarde pasó volando, sin darme cuenta ya era de noche. Estaba en mi receso de la cena por lo que decidí comer, eran eso de las ocho así que tal vez Inuyasha se encontraría en el muelle. Sin que nadie me viera eché una mirada por la puerta que daba a las escalinatas sonriendo al ver que allí encontraba su bote.

Regresé a la mesa en donde estaba servida la comida y me preparé dos platos, uno para él y uno para mi. Llené un termo con jugo de naranja, tomé unos cubiertos haciéndome la loca para poder salir desapercibida por la puerta trasera lo cual logré. Bajé las escalinatas con cuidado de que no se me cayera nada, al llegar al muelle noté que la lámpara de gas estaba encendida guindando de uno de los tubos del bote.

-¡Inuyasha!- llamé por lo alto.

-¡Argh!- escuché de inmediato asustándome un poco.

-¿Inuyasha?- pregunté esta vez acercándome más al bote cuando lo vi saltando de este desde la parte de atrás hasta el muelle, lanzando maldiciones para variar.

-¡No vuelvas a hacer eso!- exclamó un tango agitado.

-¿A que te refieres?- pregunté sin entender.

-¡A gritarme así de la nada! Estaba pescando y casi me caigo del bote por tu culpa- refunfuñó cruzándose de brazos.

-¡Lo lamento!- dije apenada –Es solo que estoy en mi hora de descanso y pues…me preguntaba si querías acompañarme cenar- él se me quedó mirando extrañado dándose cuenta entonces de los dos platos que tenía en mis manos.

-¿Quieres…cenar conmigo?- preguntó muy confundido.

-Si- dije sin importancia alguna –Me imaginé que estarías aquí solo y bueno, comer en compañía de alguien siempre es más agradable- le sonreí y el simplemente asintió.

-Eh…¿Prefieres comer en el muelle o en el bote?- preguntó luego de unos segundos.

-Bote- respondí simplemente y él asintió. Con cuidado quitó los platos de mis manos saltando dentro del bote en la parte trasera poniéndolos en una pequeña mesa que tenía allí. Luego se giró ofreciéndome su mano para saltar, yo la tomé con gusto apreciando el corto momento en que nuestras manos se tocaban. Aterricé sin problemas dentro del bote que estaba iluminado por la lámpara de gas en un costado junto con la tenue luz de la luna.

Inuyasha sacó dos sillas de sabrá Zeus donde, y las puso a cada uno de los extremos de la mesa. Iba a sentarme cuando Inuyasha como todo un caballero movió la silla para que me sentara y después arrimarme. Sin poder evitarlo se me sonrojaron las mejillas. El se sentó frente mi mientras yo colocaba el termo de jugo en el medio de nosotros acompañado con los cubiertos.

-Buen provecho- dijimos al mismo tiempo, el se cohibió un poco pero yo simplemente sonreí. Comenzamos a comer en silencio aunque no era incomodo, a decir verdad yo estaba muerta de hambre así que no me preocupaba mucho hablar.

-Esto esta muy bueno- escuché murmurar a Inuyasha viendo como devoraba su comida –Hace tiempo que no comía así…- murmuró aun más bajo pero logré escucharlo.

-¿Por qué?- pregunté entonces paralizando pues al parecer no se había dado cuenta de que estaba hablando. El se me quedó mirando sin decir nada -¿Inuyasha?-

-Eso no te importa- respondió luego de unos segundos terminando su comida.

-Pues veras si me importa porque no veo la necesidad de que andes pasando hambre por ahí- le respondí severa.

-¡Keh!- fue lo único que pudo decir cruzándose de brazos.

-Puedes venir a comer en la posada cuando quieras ya te lo he dicho- dije cruzándome de brazos como él.

-Y ya yo te he dicho que no he necesario-Por Zeus…¡Qué testarudo es este hombre!

-Insisto deberías venir a comer, y si es por dinero simplemente pagas el plato que comes y no es caro, te sorprendería la cantidad de personas que lo hacen-

-No es necesario- repitió viéndome de nuevo.

-¡Argh! ¿Por qué eres tan terco?- exclamé echando mis brazos al aire, él se sorprendió ante mi reacción.

-¡Tu que hablas, si te la pasas insistiendo que haga lo que tu quieres!- me exclamó señalándome.

-¡Pues porque quiero ayudarte y tu simplemente no te dejas!- me acerqué teniendo su dedo a tan solo centímetros.

-¡A mi nadie me ayuda, no lo necesito!- exclamó quitando su dedo y acercando su rostro.

-¡Por favor, todos necesitamos ayuda!- bufé rondando los ojos.

-¡Pues yo no!- subió la ceja.

-¡A que si!- lo desafié

-¡Keh, no hay nada en lo que tu puedas ayudarme!-

-¿A si? Pues lo acabo de hacer- él iba a hablar pero cerró su boca rápidamente –Apuesto que estabas pescando tu cena pero no encontrabas nada y justo a tiempo llegué yo con la comida- él entrecerró los ojos.

-Simplemente acepté tu propuesta, no significa que me hayas ayudado- dijo más calmado regresando a su asiento. Yo me le quedé mirando, este Inuyasha era tan diferente al que había estado hace algunas noches en mi habitación.

-¿Por qué no quieres ayuda?- pregunté más tranquila realmente queriendo entenderlo.

-Ya te dije…no lo necesito, yo puedo solo- me recordó como si fuera lo más obvio de este mundo. Me le quedé mirando…¿Quién le había hecho ser así? Sin decir nada me levanté caminando hasta su lado, él me veía atentamente. Tomando toda la valentía que tenía respiré profundo llevando con suma cautela mi mano hasta su mejilla, mis movimientos eran lentos pues no quería alarmarlo, lo notaba tenso pero no me alejó.

-¿Quién te hizo esto?- pregunté en un susurro el abrió sus ojos como platos -¿Quién hizo que desconfiaras tanto de las personas…que no quieras si quiera recibir ayuda?- él se me quedó mirando pero no decía nada. Mi respiración era pausada, mi mano aun seguía en su mejilla e inconscientemente comencé a acariciarla sintiendo los pequeños rastros de barba que comenzaban a crecer. El cerró sus ojos. La verdad no se por cuanto tiempo nos quedamos así. Yo admiraba cada centímetro de su rostro bajo la tenue luz hasta que decidí cerrar mis propios ojos, comencé a pasar mi manos por toda su cara memorizando cada trazado. Sin darme cuenta llegué a su cabello y luego a su cuello…

-Aome…- susurró asiendo que todo mi cuerpo se estremeciera. Sentí entonces sus manos sobre las mías, lentamente las acarició para después alejarlas de su rostro. Abrí mis ojos encontrándome con los suyos que me veían con un sentimiento que no sabría describir, ¿Miedo, dolor, angustia? No lo sé.

-¿Qué sucede?- susurré a penas.

-Deberías irte…- respondió de la misma manera, sin embargo no soltaba mis manos.

-¿Por qué?- pregunté, él me miró, sus ojos dorados destellando.

-Porque esto esta mal…yo…no soy bueno…no quiero que te preocupes por mi porque no lo vale… no pierdas tu tiempo…- dijo por lo bajo pero lo suficientemente alto y firme para que lo escuchara.

-Tal vez…no me importa que no seas bueno- ¡Aome que cosas dices!

-A mi si…no quiero hacerte daño…- el corazón se me comprimió ¿Por qué Inuyasha tenía tan poca confianza en si mismo? A demás…¿Qué podría ser tan grave?

-Inuyasha…- dije arrodillándome para quedar más o menos a su nivel –No sé porqué piensas así de ti mismo…no creo que seas una mala persona, no creo que las malas personas existan a decir verdad, creo que hay situaciones en la vida que no se superan que nos hacen actuar de cierta manera…con toda sinceridad no se nada de ti a parte de tu nombre y de que eres pescador…pero quiero conocerte, quiero ser tu amiga, quiero ayudarte-

-¿Quieres ser mi amiga?- él preguntó sorprendido, yo simplemente asentí.

-¿Tu no tienes amigos?- pregunté, él miró hacia un lado.

-Ya veo…pues yo quiero ser tu amiga- dije sintiendo que estaba tratando con un niño. El se giró a verme lentamente.

-¿Tu novio no se molestara conmigo? Creo que no le caí muy bien- dijo bufando.

-¡Que Kouga no es mi novio!- exclamé rápidamente viendo como Inuyasha alzaba una ceja –Es mi mejor amigo, eso es todo aunque al parecer el quiera algo más ahora…- al recordar el incidente en mi cuarto se me erizó la piel y no de buena manera.

-¿Ese sarnoso intento algo contigo?- preguntó molesto de pronto tomando mis manos con fuerza.

-Em…no…- dije sin poder mentir.

-¿¡Qué te hizo!?- rujió de pronto levantándose –Ya mismo voy y le parto la cara al niño bonito- alarmada lo tomé por los hombros.

-¡Espera! Solo intento besarme, pero yo le dije que no y paró, no me hizo nada malo, enserio- le dije alarmada queriendo detenerlo, aunque muy dentro sentía cierto placer de que Inuyasha quisiera defenderme. El se detuvo viéndome de nuevo.

-¿Estás segura que eso fue todo lo que pasó?- preguntó mirándome fijamente.

-Creo que ya te diste cuenta que no puedo mentir- fue lo que respondí, el se me quedó mirando por un momento más hasta que respiró profundo y volvió a sentarse en la silla –Gracias por preocuparte…- dije sonriendo jugueteando con mis manos en mi regazo.

-Ya te lo dije…no quiero que te hagan daño- yo me sonrojé, Inuyasha era tan…impredecible –Ya deberías regresar… deben preguntarse en donde estas- la verdad no sabía cuanto tiempo había pasado pero probablemente ya iba tarde.

-¡Cierto!- exclamé recogiendo las cosas de la mesa pero la mano de Inuyasha me detuvo.

-Anda, yo mañana te regreso esto, no creo que se den cuenta de que faltan- la promesa de ver a Inuyasha al día siguiente era simplemente muy tentadora para negarla así que asentí caminando hasta el borde del bote –Espera- dijo el alcanzándome para después subir al muelle y extenderme sus manos, las cuales tomé gustosa como había hecho anteriormente. Para mi fortuna Inuyasha me subió con mucha fuerza por lo que inevitablemente colapse contra su pecho –Disculpa- dijo apenado, juraría que se había sonrojado, pero estaba muy oscuro para estar segura.

-No te preocupes…- respondí sintiendo la sangre acumulándose en mis mejillas –Buenas noches Inuyasha…- dije sonriente.

-Buenas noches, Aome- respondió no sonriente pero si de forma cálida. Sin pensarlo mucho porque sabría que no lo haría después le di un beso en la mejilla de despedida, nada comprometedor realmente.

-Lo de ser tu amiga va enserio- dije sin más dejándolo ahí petrificado, salí corriendo a la posada mordiéndome el labio, con el corazón el la garganta.

Rápidamente subí las escalinatas hasta llegar a la puerta, fue entonces cuando por fin me detuve respirando agitada, nerviosa me giré viendo de nuevo al muelle. Para mi felicidad Inuyasha seguía allí, no sabía si me veía porque no había suficiente luz pero podía delimitar su sombra. De la nada vi su mano ondearse en el aire y aunque sabía que él no podía verme sonreí de oreja a oreja ondeando mi mano también.

Entré otra vez a la posada sintiéndome muy feliz, aunque había tenido cierta discusión con el, lo vería mañana y a demás creo que esa despedida era un paso para que fuésemos amigos que para mi es lo más importante en cualquier relación.


Hola chicas¡ Como van? La verdad pensé que me iba a dar chance de actualizar antes pero se me enredó la semana y hasta hora he podido actualizar, leí sus reviews aunque no los pude responder y les doy un milon de gracias! Me inspiran a seguir escribiendo, espero que les haya gustado este cap! Estoy tratando de hacer a los personajes, sobre todo a Inuyasha y a Aome lo más parecidos posible a los de la serie ya que en mis otros fic suelo alterar sus personalidades, por eso es que INu es un poco malo con Aome al principio, pero recuerden que el despues cambia! :) bueno espero que tengan una feliz semana, nos vemos el proximo domingo pues esta semana estoy un tanto complicada! Les mando un beso y un abrazo enorme! xoxo V