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La princesa Moanna tuvo algo de miedo al ver la lanza del príncipe Nuada, sin entender bien el por qué, esa arma le recordaba la daga que el Fauno le mostrara, la daga de su última prueba antes de regresar al reino de su padre.
Buscando protección la niña se abrazó al Fauno, esté la cubrió entre sus brazos.
El príncipe Nuada se lanzó al momento contra un enemigo que la princesa Moanna aun no veía, desafortunadamente la princesa del reino subterráneo no pudo apreciar la maestría de los ataques del príncipe de tez páida ya que el Fauno cubrió la cara de la niña con sus finos dedos para que no viera el enfrentamiento.
Aun así la princesa escuchaba el chocar de las armas, los pasos sobre la hierba como si de una danza mortal se tratara, podía escuchar la respiración del hijo del rey Balor, tranquila a pesar del peligro.
"Aun no ha nacido el que pueda derrotarme" había dicho el príncipe ¿sería cierto? la princesa Moanna pedía en silencio el príncipe no resultara lastimado.
Parecía que había pasado una eternidad entre el escuchar el choque de la lanza y la otra arma y escuchar los latidos del propio corazón de la princesa cuando de pronto se hizo el silencio.
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¿Mirad qué tenemos aquí?- dijo el príncipe Nuada.
La princesa Moanna suspiro aliviada, no parecía que el príncipe estuviera lastimado.
Bajo la lanza del hijo de la Tierra estaba de espalda al suelo una figura envuelta en una capa con capucha completamente cubierta de pies a cabeza, la princesa no sabía de quién podía tratarse; con un rápido movimiento el príncipe Nuada hizo que la capucha cayera hacia atrás. La hija del rey de Bezmorra nunca había visto a alguien igual.
Se trataba de aparentemente un hombre joven, de cabello negro como el ébano que caía hasta los hombros en finas ondulaciones, los ojos eran pálidos como dos lunas grises, y la tez era pálida como el príncipe Nuada; pero, como si se tratara del resplandor de la luna.
Su rostro era noble, aunque ligeramente unas ojeras surcaban esos hermosos ojos.
Es una pálida sombra- dijo el Fauno mientras la princesa se separaba un poco de él- tal vez un explorador.
¿Cuál es tu nombre?- preguntó la princesa.
La sombra no contestó.
¿Preferís que mi lanza os haga hablar?- el príncipe Nuada no era muy paciente.
La princesa Moanna temió por la vida de esa criatura.
Esperad, tal vez tiene miedo- dijo la niña caminando un poco hacia la Sombra.
Una sombra NUNCA tiene miedo- contestó la Sombra.
Cómo te atreves a tal irreverencia- la lanza del príncipe tocaba el pálido cuello de la Sombra.
No- dijo la niña acercándose- no le hagaís daño.
¿Cómo puede- comenzó la sombra mostrando algo de desconfianza- una hija de hombre estar acompañada de elementales?
¿Hija de hombre? Esa Sombra no había reconocido a la princesa Moanna.
Mi nombre es Ofelia- dijo la niña sin mostrar su sorpresa- he conocido al fauno en su laberinto, ella es Orara, es una ninfa, y él- hizo una reverencia al príncipe Nuada- es el príncipe Nuada...
Conozco al príncipe Nuada, lanza de plata, hijo del rey Balor del reino de Bethmoora- dijo la Sombra con una voz que recordaba el murmullo del viento entre los árboles en una noche de luna llena- y al fauno del reino subterráneo de Bezmorra; pero ¿cómo es que una niña puede estar con ellos?
Eso no te concierne- dijo el príncipe Nuada- ahora ¿qué es lo que están planeando las Sombras?
Se hizo un incómodo silencio.
Contesta- sugirió el Fauno- vuestra alteza no es paciente.
Las Sombras seguimos al Maestro, siempre debe haber un maestro- comenzó la sombra- ¿puedo levantarme antes de continuar?
Ofelia dirigió una mirada suplicante al príncipe Nuada.
Nada de trucos, Sombra- dijo el príncipe dándole un poco de espacio.
La Sombra se sentó sobre la hierba.
Siempre debe haber un maestro- continuó- pero ahora, nuestro maestro ha muerto, no tenemos líder... solamente un usurpador; se ha llamado así mismo maestro y ha declarado la guerra contra el reino de Bethmoora y el reino subtérraneo de Bezmorra.
¿Por qué?- preguntó Ofelia
Por la ambición de poder- la Sombra levantó su vista para toparse con los bonitos ojos de la princesita-desea no ser solo maestro de sombras sino también señor de ambos reinos y poder recuperar lo que ha perdido...
¿Y qué ha perdido?- preguntó el Fauno aunque Ofelia sintió que él ya conocía la respuesta.
Ha perdido el cinturon del antiguo maestro- parecía que la Sombra no estaba conforme con las acciones de quién hablaba- los hombres se lo han quitado y cómo teme a los hombres por eso ha preferido ganar poder controlando ambos reinos y después poder lanzar a mis hermanos y a mi contra los hombres mortales condenados a morir para poder recuperar el cinturón.
Debemos detenerle- dijo Orara.
¿Y qué podeís hacer un fauno, una ninfa, una hija de hombres y un príncipe elfo contra todo un ejército de sombras?- preguntó el joven.
Si he podido contigo, tu "Maestro"- dijo el príncipe- no me causará ningún problema... No deseo ayudar a los hombres, por mi que tu raza les destruya; pero, no dejaré que se metan con mi gente o con el reino subtérraneo.
La Sombra se sonrió.
En ese caso, no tengo por qué informar a los demás centinelas sobre lo que me he encontrado esta noche- dijo la Sombra poniéndose de pie.
Tenemos que recuperar ese cinturón- dijo Ofelia.
Pequeña Ofelia...- dijo la Sombra
Ofelia- intervinó el fauno antes de que la sombra pudiera continuar- conoce muy bien a los hombres, así que podrá ayudarnos.
La Sombra pareció inspeccionar de pies a cabeza a la princesa Moanna.
En ese caso, si no tiene miedo, seguidme- dijo la Sombra.
¿Y cuál es vuestro nombre?- preguntó Orara.
Mi nombre es Zathary- dijo la Sombra.
¿Zathary?- Ofelia nunca había escuchado un nombre como ese.
Lo sé, Zathary es nombre de chica- dijo la Sombra- pero qué queréis- dijo encogiéndose de hombros- es el nombre que me han dado...
Continuara...
