Hola! Este es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora. Espero que lo disfruten :)

No sé si pueda volver a publicar antes de las fiestas de fin de año, porque me voy a pasar unos días con mi familia en el interior del país - eso significa, no internet - así que, en caso de que no vuelva a actualizar hasta el próximo año: ¡Felices Fiestas!


"No cometas errores. La adolescencia es una guerra. Nadie sale indemne."


Serpientes Vs. Leones.

Louis se había comprado una lechuza, August tenía una serpiente – y Cressida estaba segura de que la había traído a escondidas, porque no recordaba que estuviera en la lista de mascotas permitidas, e incluso Bronwen tenía una lechuza. La próxima vez que pudiera ir al Callejón Diagon con sus padres, ella también pediría un gato.

Cressida recordaba que, el año anterior, ella había compartido el mismo compartimiento en el tren con Dominique, Fred, Roxanne y James. Curioso, ése había sido el último día en que los dos habían sido amigos.

Ese día, sin embargo, tenía que escuchar la historia del aburrido verano de Lucretia, que iba con ella, Louis, Bronwen, y August en el mismo compartimiento.

- … y la tía Pansy nos llevó luego a las catacumbas, ¡fue alucinante! Deberían haber estado allí…

De vez en cuando, Cressida asentía o hacía algún comentario para demostrar que seguía escuchando, aunque estaba mucho más concentrada en ganarle esa partida de ajedrez a Louis. Tendría que sacrificar su torre, pero si Louis caía, entonces ella podría llegar hasta la reina.

- ¿Y qué tal tu verano, Cressida? – preguntó Bronwen, cuando Lucretia acabó su parloteo.

- Oh… bien, supongo. No ha sido nada interesante, en verdad. Es bueno estar de vuelta en el colegio.

Y era cierto. Hogwarts era una bendición.

Llegar al colegio fue, para Cressida, tener una bocanada de aire fresco. Tal y como había supuesto, no pudo evitar a James en el verano; inventó tantas excusas como pudo, pero al final había acabado acompañando a Scorps y a Dora un par de veces. Era una suerte, James y ella resultaron buenos actores, y hasta un tonto como él sabía que tenía que interpretar su parte. Para toda su familia, ellos seguían siendo buenos amigos, pero Cressida estaba cansada de fingir. Mentir era agotador.

- ¡Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts…! – Fue tarareando, mientras ella y Louis caminaban hacia el Gran Comedor, con su amigo riéndose de ella.

- No puedo creer que en verdad estés cantando esa canción.

- ¿Qué quieres que diga? –dijo ella, encogiéndose de hombros - En verdad extrañaba este lugar.

- Si, yo también echaba de menos al Barón Sanguinario – dijo Louis con total seriedad.

Ambos intercambiaron una mirada, y echaron a reír a carcajadas. Sin fijarse en su camino, Cressida le pisó los talones a la persona que iba delante y tropezó.

- ¡Ouch! Perdón, lo siento mu… - menuda suerte la suya - … cho.

- Ten más cuidado la próxima vez, te puedes hacer daño – dijo James secamente, y siguió andando con su grupo de amigos.

Se produjo un silencio extraño, que ni ella ni Louis rompieron hasta llegar a la mesa de Slytherin.

- La verdad es que sigo sin entender cuál es su problema – musitó Louis, mirando a la mesa de los Gryffindor.

- Creo que lo de las casas era solo una excusa. No soy lo suficientemente genial para ser su amiga ahora que estamos en el colegio, obviamente- dijo Cressida, apoyando los codos en la mesa, un mal hábito que su abuela nunca dejaba de intentar corregir – ya ves que yo jamás podría hacer esas cosas de las que tanto se enorgullecen ellos, los "Merodeadores".

- Nosotros somos mucho más geniales que ellos. "Louis y Cressa" suena mucho mejor que "los merodeadores" – aseguró Louis, demostrando una vez más su gran autoestima.

- "Cressa y Louis" –le corrigió ella, pero él la ignoró y siguió hablando.

- Sabes, este año haré las pruebas para el equipo de Quidditch. Sé que algunos de los jugadores se graduaron el año pasado.

Cressida arqueó una ceja.

- ¿En serio?

- Aunque no lo creas, sí juego bastante bien. El tío Charlie me enseñó cuando era pequeño, y nadie juega al Quidditch mejor que mi tío Charlie.

- Estaré ahí para verlo desde primera fila – dijo ella, sonriendo.

En ese momento las puertas del comedor se abrieron nuevamente, para dar paso a los alumnos de primer año, que aguardaban nerviosos por su selección. Resultaba emocionante ver llegar a los nuevos Slytherins, y cada vez que un alumno era seleccionado para la casa de verde y plata, todos aplaudían con entusiasmo. La única parte que desilusionó a las serpientes fue que Frank Longbottom, el hijo del profesor y la profesora Longbottom, fuera seleccionado para Gryffindor – habían tenido sus esperanzas, pero el pequeño Frank resultó más parecido a su padre que a su madre, según el sombrero -. Claro, a los chicos Longbottom seguro les hacía lo mismo una casa u otra, sus dos padres eran geniales, y además eran los Jefes de casa de Gryffindor y Slytherin respectivamente.

Ese año no hubo nadie que se quedara con el sombrero puesto por más de tres minutos, y a muchos el sombrero los seleccionaba apenas tocaron sus cabezas. Cressida recordó el año anterior ella había estado esperando por la decisión del sombrero alrededor de seis minutos, probablemente el tiempo más largo en la historia de Hogwarts. Varias veces durante el primer curso ella se había preguntado si no habría encajado mejor en Ravenclaw, pero fue finalmente durante el verano que se dio cuenta de que Slytherin era donde pertenecía, no sólo por herencia sino por naturaleza.

- Oye, Cressida, ¿has visto a ese muchacho de allí? – Lucretia dijo en voz baja y codeándole, y la sacó de sus pensamientos. Bronwen y Lance, que estaban al parecer al tanto de algo que ella no, rieron como tontas.

- ¿Qué?

- Por allá – volvió a indicar Lucretia, a algún punto de la mesa de Ravenclaw. – Marcus Elwyn, de cuarto año. Hoy le sonrió a Lance, en el tren.

Cressida rodó los ojos.

- ¿Y eso qué?

- En serio, Cressida – dijo Lucretia en un tono condescendiente que ella no estaba dispuesta a tolerar. – No te enteras de nada…

Y no quería enterarse tampoco, así que, molesta por el tono que Lucretia utilizó con ella, le dio la espalda y se concentró en su cena. ¿Qué le importaba a ella que un chico fuera amable con Lance y le sonriera? Louis era amable con ella también, todo el tiempo, y no se pondría a reír como una tonta por ello.

La primera semana de clases pasó rápidamente, en un abrir y cerrar de ojos. Era genial estar de vuelta en el castillo, de vuelta a la misteriosa belleza de su sala común y los encantos que rodeaban al colegio; pero en contrapartida, las clases se habían vuelto más exigentes que antes. James y su pandilla podían dedicarse a meterse en problemas como siempre, pero Cressida y Louis sí tenían que estudiar. De hecho, estaban tan ocupados con los deberes – sólo el primer día el profesor Bishopper les había asignado dos ensayos por entregar en la clase de encantamientos -, que ella olvidó por completo el propósito de Louis de presentarse a las pruebas para el equipo de Quidditch, hasta que él mencionó que tendrían lugar el fin de semana.

Ella creía que, incluso si él quedaba dentro, sería mucho trabajo comenzar a asistir a las prácticas y además tener todos los deberes al día, aunque si Louis decidió que él podía hacerlo seguramente estaba muy confiado en sí mismo.

Y resultó que Louis era tan bueno como había dicho, y más de lo que Cressida había esperado. Él y August se presentaron a las pruebas, y Louis anotó cuatro tantos – Cressida nunca había gritado con tanto entusiasmo por unas quaffles cruzando los aros -, impresionó al capitán, Eliah Pucey, y quedó como uno de los cazadores del equipo de Slytherin. Perfectas notas, perfecto cabello, perfecto en los deportes. Algunas personas no se conforman hasta tenerlo todo.

- ¡Lo has conseguido, Louis! –, exclamó ella, emocionada - ¡En verdad lo has conseguido!

- No sé si sentirme contento o indignado por la sorpresa en tu voz, Cressa. – bufó él, pero juntos se dirigieron de vuelta al castillo.

La alegría de Cressida respecto a un tema relacionado con los deportes le duró sólo hasta que se enteró de que James Potter también había logrado ser parte del equipo de su casa, como cazador.

Eso no significaba nada para ella, por supuesto. Gryffindor ya les había ganado la Copa de Quidditch el año anterior – cosa que a Cressida no le había importado tanto, porque Slytherin se quedó con la copa de casas – pero este año ella apoyaría a su equipo, porque Louis estaba en él. No importaba que James jugara en la misma posición para el equipo rival. Para nada.

"Queridos mamá y papá,

Gracias por los dulces que me han mandado ayer. ¿Cómo están todos en casa? ¿Dora ya dejó de llorar acerca de venir a Hogwarts? Aquí en el colegio todo va bien. Louis está jugando como cazador en el equipo de Slytherin - ¿no era esa tu posición en el equipo, desde que estabas en primer año, papá? – y también James jugará como cazador por Gryffindor. Aunque, sinceramente – y espero que no te importe, mamá – prefiero que gane el equipo de mi casa.

Además de eso, no hay muchas cosas que pueda contarles, excepto que tengo un montón de deberes, pero no se preocupen, lo llevo todo bastante bien, como siempre.

Envíenles mis saludos a Scorps, a Dora y a la abuela.

Con amor,

Cressida."

Septiembre y octubre transcurrieron rápidamente, y el paso de los días se hizo sentir en los colores del castillo: para finales de octubre, los jardines estaban cubiertos de color naranja opaco, por el manto de hojas secas que cubrían los árboles. El clima también comenzaba a cambiar: soplaba un viento fuerte durante las últimas semanas, algo de lo que Louis se quejaba constantemente porque dificultaba sus entrenamientos de Quidditch, pero que a Cressida le encantaba. El otoño era su estación favorita del año, aunque prefería Malfoy Manor: los jardines y terrenos de la mansión tenían un aspecto espectacular en esa época del año.

Luego del banquete de Halloween, el siguiente evento más esperado por todos los estudiantes era el inicio de la temporada de Quidditch, con el partido entre Slytherin y Gryffindor. El primer sábado de noviembre, Cressida se vistió con unos jerseys y una camiseta con una enorme serpiente pintada delante. Se había pasado la noche anterior decorando un sombrero con los colores de su casa, y cualquiera que la hubiese conocido antes se sorprendería por lo entusiasta que parecía sobre el deporte.

Ella bajó a desayunar junto con sus compañeros, Louis y August ya estaban vestidos con sus túnicas de Quidditch, listos para ir al campo de juego. Por un momento se permitió a sí misma mirar a la mesa de Gryffindor, donde James hablaba y los compañeros que le rodeaban se reían con él. Tenía tanta suerte, que por un momento los ojos del muchacho viajaron hasta donde ella estaba, y Cressida giró la cabeza, avergonzada.

- ¿Nervioso? – le preguntó a Louis.

Él sonrió, y bajó la voz.

- Pero no se lo cuentes a nadie – dijo.

Las serpientes y los leones eran los más grandes rivales en Hogwarts, desde que Salazar Slytherin abandonara el colegio. Era lógico, entonces, que la expectación por el juego fuera tan grande. Cuando Cressida se despidió de Louis, llegando al campo, fue a buscar un lugar en los estrados junto con Bronwen, Lucretia y Lance.

- ¡Y el juego está por comenzar, señores! Vemos ahora a Ben Wood, capitán de Gryffindor, estrechar manos con Elías Pucey… - Cressida alfó la vista para ver a Molly Weasley, la prima de Louis, en el podio del comentador - ¡Vamos, Leones! (lo sé, lo siento, profesor Longbottom… seré más objetiva…)

El juego dio inicio, y a los tres minutos Fred Weasley anotó el primer tanto para Gryffindor. Luego James se hizo con la Quaffle, y se estaba acercando bastante a los aros cuando una bludger le pasó rozando la oreja, y en el mismo instante Louis le arrebató la pelota, yendo directo a marcar el primer tanto para Slytherin…

Cuarenta minutos de juego después, el marcador entre ambos equipos seguía empatado. Ciento veinte- Ciento veinte para ambos, Louis había marcado la mitad de los tantos para Slytherin, y Cressida estaba a punto de morderse las uñas de la ansiedad. Entonces James, picado por el hecho de que su primo le hubiera robado la quaffle al inicio del juego, encontró el momento oportuno para devolverle el favor. Iba directo a los aros de las serpientes, pero entonces otra bludger, lanzada por August con toda intención, le dio de lleno en la cabeza.

Cressida vio, horrorizada, como James caía en picada, pero por suerte la profesora Longbottom salió al campo para detener la caída. Así que ella dejó su lugar y a sus compañeras, y bajó a toda prisa hacia donde se encontraba James. El buscador de Gryffindor atrapó la Snitch, ella se dio cuenta por los vitores y los gritos de celebración de los leones y de Molly Weasley, pero no importaba.

Louis también había aterrizado, y se veía desanimado.

- Hola Cressa, qué-

Ella no le escuchó terminar. Vio que se llevaban a James a la enfermería y siguió a Madame Pomfrey y los alumnos que la ayudaban. Los estudiantes de Gryffindor la miraron extrañados, porque para todos en el colegio, James y ella no eran nada, nunca habían mostrado ningún signo de amistad.

- ¿Qué haces tú aquí? – preguntó Callum Ericson. Cressida pasó de él. – Te estoy hablando, tú…

- Déjala, no la molestes, Call – dijo Roxanne, y Cressida miró a la chica con gratitud.

Sin embargo, cuando Madame Pomfrey dijo que se podría bien y que despertaría en un rato, todos se marcharon, aliviados, - incluso Callum y Roxanne, porque la chica alegó que no eran muy necesarios en ese momento - y sólo ella se quedó allí para cuando James por fin abrió los ojos.

- ¿Cómo te sientes? – preguntó, preocupada.

- Como si me hubieran aplastado el cráneo – dijo él, haciendo una mueca de dolor – se me pasará. Espero que al menos hayamos ganado el juego.

Cressida sacudió la cabeza. Incluso en ese momento, todo lo que hacía era pensar en Quidditch. Tonto.

- Eres imposible, James. – dijo ella, pero su boca se curvó en una ligera sonrisa - El buscador de tu equipo atrapó la snitch y ganaron.

- Qué bien. – sus ojos azules se encontraron con los de ella y frunció el ceño – creí que estabas con el otro equipo.

- Todavía estoy con el otro equipo – aseguró ella.

Pero los viejos hábitos no mueren fácilmente, y al menos por esos minutos, él no la estaba ignorando.

- Claro. Por supuesto – musitó James.

- Descansa – dijo ella, acomodando la almohada bajo su cabeza – Madame Pomfrey dijo que podrías marcharte en una hora, si te sientes menos mareado.

Se levantó y le echó una última mirada antes de irse, con la sospecha de que al día siguiente haría como si nada hubiera pasado.

Louis le estaba esperando en la sala común, y para su sorpresa, tenía el ceño fruncido. Esa expresión sólo se acentuó más cuando la vio.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Cressida, extrañada.

- ¿Que qué ha pasado? – él se veía ahora terriblemente ofendido - ¡Acabo de perder mi primer partido, nuestra casa acaba de perder, y tú te vas corriendo con el equipo de Gryffindor! ¿Qué crees que me pasa?

- ¡James se hizo daño! – exclamó ella también.

- ¡Le dio una bludger en la cabeza, nada más! – Louis alzó más la voz, y se parecía menos que nunca al Louis que ella conocía - ¡Se supone que esas cosas pasan cuando juegas!

- ¡Es tu primo!

- ¡Y te ha ignorado por un maldito año! ¿¡No puedes apoyarme a mí, que soy tu amigo?!

Por supuesto que lo apoyaba. Había ido entusiasmada a ese estúpido juego que nunca le gustó sólo porque su amigo iba a jugar. ¡Y hasta se hizo un estúpido sombrero! Cressida se lo quitó y lo arrojó al suelo.

- ¡Eres otro tonto, Louis Weasley!

- ¡Pues no más que tú! – gritó él, y se marchó hacia los dormitorios de los chicos enfadado.

Cressida sentía que estaba a punto de llorar, sentía los ojos ardiéndole. Pero de pronto fue consciente de que muchos ojos en la sala común estaban puestos sobre ella, por el espectáculo que los dos grandes amigos acababan de dar.

- ¿Y ustedes qué diablos miran? – dijo, furiosa, sacando su varita – vuelvan a sus asuntos, o les hecho una maldición a todos.